Organizaciones virtuales

Uno de mis puntos recurrentes es que hacer cosas es hoy mucho más fácil que nunca, y esta posibilidad abre la puerta para todo tipo de nuevos emprendimientos. La base de esta posible nueva economía viene del abaratamiento de costos de transacción que hace posible la aparición de nuevas formas de organización para la acción colectiva, un punto inteligentemente desarrollado por Clay Shirky (sobre todo en su libro, Here Comes Everybody):

Hace tan sólo unos años, para emprender cualquier tipo de iniciativa se necesitaba de una cantidad significativa de recursos. La capacidad de convocar y reunir un equipo de trabajo y brindarles el acceso a los recursos y la información que necesitan para poder sacar adelante un proyecto tenían una valla de entrada mucho más alta: si las opciones de comunicación son limitadas, entonces tengo que reunir al equipo en un mismo espacio físico donde poder reunirse, que además esté habilitado para trabajar. El costo de adquisición de información era también más alto: para acceder a ella debo invertir en libros, en suscripciones a revistas, en cursos o seminarios, lo cual eleva el costo de mantener al equipo informado. Si, además, el propósito es comunicar ideas al público, eso tiene otro costo adicional: si la oferta mediática es limitada (pensemos en los medios impresos, la televisión y la radio), acceder a su capacidad limitada de transmisión es sumamente costoso – una de las principales razones por las cuales la profesión del relacionista público pasó a ser tan importante. Si quiero imprimir un libro con ideas, debo también llevar ese libro al mercado, distribuirlo, promocionarlo, y el costo de todo ese proceso será directamente proporcional al alcance que quiero que tenga mi mensaje.

La sumatoria de todos estos costos elevados se traduce en que hay un enorme desincentivo para hacer cosas por simple interés propio. Emprender un proyecto quiere decir poder asumir estos costos, lo cual a menudo se traduce en requerir de inversiones externas de capital que usualmente se darán sólo bajo la condición de ofrecer un cierto retorno sobre la inversión. Las organizaciones que mejor se posicionen para reducir sus costos de operación y brindar el mejor retorno posible se convierten en aquellas que son más capaces de recibir estas inversiones, y con ellas asumir los costos que tienen sus iniciativas.

Esto hoy ha cambiado por completo. Pero a pesar de que los costos para organizarse para un proyecto se han reducido enormemente, la percepción pública se mantiene en gran medida dentro de los viejos parámetros (hay gente, incluso, que piensa que uno tiene que pedir permiso o enviar una solicitud para hacer algo como crear un #hashtag en Twitter). Lo cual hace que la valla percibida que tiene el hacer cosas sea bastante mayor de lo que es realmente.

Ensamblar una operación virtual, de hecho, es relativamente fácil, incluso de una manera que sirve para empezar a comunicar ideas al público. Es muy rápido, y además gratuito, inaugurar una presencia web creando un blog en una plataforma como WordPress, a través de la cual, además, por unos US$17 anuales se puede registrar un dominio .com, .org o .net que le da una apariencia mucho más “profesional” al blog (lo mágico de este es que, para muchas personas, tener tu propio dominio .com es entendido incorrectamente como algo reservado para organizaciones o empresas “grandes”, no como algo al acceso de potencialmente cualquier persona, lo cual eleva aún más el valor percibido de una acción simple como ésta).

Una vez que tienes el dominio, hay un beneficio adicional que puedes conseguir para tu proyecto: Google ofrece una versión gratuita de Google Apps para grupos de trabajo de hasta 10 usuarios. Es decir que, si tienes menos de 10 personas participando del proyecto puedes acceder a la colección de herramientas profesionales de Google que incluyen, especialmente, cuentas de correo electrónico que funcionan con tu propio dominio (otro valor importante en términos de comunicación con el público), la posibilidad de crear y editar documentos colaborativamente a través de Google Docs, y de manejar calendarios compartidos utilizando Google Calendar.

Cuando lanzamos el Laboratorio de Videojuegos de Lima hace alrededor de dos años y medio, teníamos poco más que esta infraestructura, y no necesitábamos mucho más tampoco. Con esto nos era posible circular ideas entre el equipo de trabajo y comunicarnos con otras personas manteniendo una imagen integrada (todos con el mismo dominio), coordinar eventos y actividades entre nosotros, y publicar artículos, ideas y comentarios utilizando nuestro blog. Incluso hoy, es poco más que esto lo que tenemos o necesitamos. Funcionamos como una organización totalmente virtual, sin una base fija de operaciones (de hecho, coordinamos ideas y actividades entre Lima y Buenos Aires), sin un espacio físico, teniendo reuniones por Skype y comunicando ideas con un blog. Pero incluso este mínimo de infraestructura tiene un importante valor psicológico cuando presentamos la iniciativa: la percepción de que hay todo un aparato complejo y articulado detrás, una inversión de recursos propia de grandes estructuras. No es que nos presentemos como tal, pues no lo hacemos: es simplemente un hecho inductivo, de asumir por asociación que esta apariencia de complejidad debe requerir una cierta infraestructura a su vez compleja. Pero la realidad es que las herramientas a nuestra disposición nos permiten una infraestructura mucho más versátil y mecanismos organizativos mucho más dinámicos.

En realidad, es poco más lo que se necesita para empezar un proyecto. Ese valor psicológico externo sirve también internamente: el otro día, me quejaba en Twitter de que mi solución a cualquier problema es crear un sitio web, aún cuando no necesariamente venga al caso. Es mi mecanismo de entrada para empezar a pensar en cómo hacer algo, cómo movilizar un proyecto (cómo “hacer cosas”): establecer este tipo de presencia virtual es también decirse a uno mismo, y a un equipo de trabajo, que un proyecto va en serio. Es una forma de hacerlo público, lanzarlo al mundo: una especie de acto fundacional. Como poner la primera piedra. Esta primera piedra, además, sirve como eje de articulación para todas las actividades del proyecto.

Es también relativamente fácil complementar esta infraestructura básica con otros canales de comunicación y de articulación de una comunidad: crear una página en Facebook o una cuenta en Twitter ayudan, también, a difundir públicamente actividades e ideas, son relativamente fáciles de mantener y aportan colectivamente a la idea de que hay un esfuerzo articulado y planificado detrás del proyecto.

No estoy intentando decir que haciendo todas estas cosas, uno ya haya hecho todo lo que tiene que hacer. Ése no es el punto. El punto es que uno puede hacer estas cosas, relativamente fáciles, y estar en excelentes condiciones para la operación de un proyecto, sin tener que esperar (o utilizar como excusa) a contar con herramientas más sofisticadas o infraestructura más compleja para poder empezar a implementar ideas. Hoy tenemos más flexibilidad que nunca para iniciar proyectos, pero solemos utilizar las herramientas como excusa para no sacarlos adelante; o un apego demasiado fuerte hacia manera tradicionales de hacer las cosas como razón para no experimentar con nuevos modelos organizacionales y formas de trabajo. De hecho, tenemos mucho más que ganar experimentando con nuevos modelos y herramientas. Y aunque también es cierto que la facilidad para implementar ideas nos introduce a un contexto donde, también, serán más las ideas que fracasen, esto nos da también la posibilidad de fallar a un costo muy bajo que nos permita reformular, reevaluar y reconsiderar ideas y proyectos antes de que nuestro costo hundido sea demasiado significativo. Aquí es, más bien, nuestro soporte cultural el que no se está viendo actualizado suficientemente rápido: seguimos dándole mucho más valor a un camino costoso hacia el éxito antes que a uno muy barato hacia el fracaso. Pero la ventaja estructural de valorar el fracaso barato es que nuestro proceso de aprendizaje y refinamiento es muchísimo más acelerado pues aprendemos continuamente a partir de un proceso de prototipado rápido. Es parte de una lógica operacional, popularizada, entre otros, por organizaciones como Google, de “release early, release often, iterate” (“publica temprano, publica seguido, e itera”).

Entre tantos proyectos

Estoy con un poco de insomnio esta noche, lo cual inevitablemente será un problema por la mañana.

Hace tiempo, mucho tiempo, que tengo un proyecto en la cabeza pero que no consigo cuajar del todo. Por algo será. En los últimos años he tenido oportunidad de familiarizarme con una serie de tecnologías y herramientas con las cuales me divierto mucho trabajando. Hace varios años vengo trabajando ya armando, configurando y manteniendo sitios y aplicaciones en Drupal, y la mayoría de blogs y sitios personales que manejo los hago casi todos con WordPress. Además, he trabajado por mucho tiempo con instancias de Salesforce.com con niveles mayores o menores de personalización y he llegado a entender el potencial que ofrece esta plataforma dentro de una organización, para comunicaciones internas, para data mining, etc.

Y hay, además, otras cosas con las que me gustaría empezar a trabajar también, familiarizarme más y empezar a utilizarlo directamente. No sé programar ne PHP, por ejemplo, pero me gustaría mucho, así como poder interactuar con bases de datos mySQL directamente. Así como también quisiera saber utilizar instancias de servidores virtuales EC2 de Amazon al derecho y al revés. La plataforma Moodle es otra que no he explorado lo suficiente pero me parece que tiene mucho potencial. Son cosas que me llaman mucho la curiosidad pero no he tenido tiempo de explorarlas en suficiente detalle.

Se vuelven tanto más interesantes cuando uno empieza a conectarlas todas entre sí y a ver qué se puede hacer con ellas. Desde implementaciones muy simples hasta proyectos más complejos. Quiero empezar a hacer algo con todo esto, pues creo que todas estas plataformas/herramientas sirven perfectamente bien para generar nodos de creación/transformación/distribución de conocimiento. Como individuos y como organizaciones producimos cantidades inmanejables de información que, debidamente procesada y presentada, puede volverse en un conocimiento contextualizado, relevante, interesante. Y con el uso de alguna de estas tecnologías eso se puede conseguir mucho más fácilmente, puede apalancarse y generarse un impacto mayor.

Eso es lo que vengo pensando hace tiempo. Cómo utilizar estas herramientas para explotar el potencial de organizaciones por las cuales fluye conocimiento implícito que no necesariamente es explotado, sea para su uso interno o para su uso externo. Es decir, por ejemplo, como un profesional independiente puede utilizar un blog en WordPress para sintetizar sus ideas y articularlas como productos de conocimiento, y en función a eso ofrecer productos y servicios a partir de las ideas que explora. Cómo eso se conecta quizás con una implementación más sofisticada donde se puedan colgar ebooks, videos, podcasts, o incluso se puedan ofrecer cursos virtuales.

O quizás utilizando una instancia de Drupal para reunir a una comunidad, quizás los trabajadores de una organización, para que publiquen ideas sobre proyectos internos que les gustaría ver. Permitir a los demás trabajadores comentar sobre las ideas, formar equipos, realizar preguntas, votar sobre las mejores, conseguir que se implementen.

En fin. No sé. No puedo dormir y tampoco puedo dejar de pensar en todo esto, y en cómo hacer que funcione.

Drupal y WordPress

Últimamente he estado bastante dedicado a montar nuevos sitios usando como plataformas tanto Drupal como WordPress. Ambos son especies distintas de plataformas CMS – Content Management Systems, o sistemas de gestión de contenido. En esencia, una plataforma CMS es un software que nos permite montar un sitio web utilizando un esqueleto completamente funcional para todas las características más importantes (y más), de modo que podemos preocuparnos menos por la administración y concentrarnos en producir y publicar contenido. Así, no tengo que estar diseñando cada página nueva que agrego a mi sitio, o preocupándome por volver a codificar un menú cuando quiero agregar un nuevo elemento, porque el CMS se encarga a aplicar automáticamente a todo contenido nuevo plantillas que hacen que el estilo visual se conforme con el de todo el sitio, y tiene funciones avanzadas de administración para no tener que estar redescubriendo la pólvora todo el tiempo.

Lo que cedemos a cambio de esta comodidad es flexibilidad. No podemos hacer todo el tiempo cualquier cosa que queramos con cualquier elemento de nuestro sitio – al menos no fácilmente. Estamos limitados por los parámetros y la funcionalidad del CMS, a cambio de poder concentrarnos en el lado del contenido. Al implementar un CMS, hacemos una fuerte inversión inicial de tiempo en la configuración, y luego prácticamente no tenemos que preocuparnos por la configuración del sitio a menos que queramos hacer cambios grandes, arquitectónicos.

Bueno, todo esto es simplemente porque quería hablar de Drupal y WordPress, quizás los dos CMS de libre acceso más populares que hay en el mercado. No soy de la idea de que estas plataformas estén enfrentadas o se tenga que optar por una o por la otra como LA plataforma única – más bien, cada una tiene sus fuertes, su espacio y su contexto.

WordPress es utilizada principalmente para blogs, pero utilizando diferentes plantillas y plug-ins en verdad su funcionalidad puede extenderse de maneras espectaculares. Cualquiera puede crear un blog gratuito utilizando wordpress.com que corre sobre la versión 3.0 de WordPress. Su gran elemento a favor es su simplicidad de uso – sobre todo para usuarios sin mucha experiencia técnica, actualizar un sitio construido en WordPress es muy, muy sencillo. Otro de sus grandes pros es la enorme comunidad de gente trabajando con WordPress, lo cual quiere decir que es muy sencillo encontrar muy buenos estilos visuales, gratuitos, que se pueden implementar sobre un sitio WordPress. Ojo que trabajando en wordpress.com las opciones son, más bien, un poco más limitadas. WordPress empieza a volverse más poderoso a aún más interesante cuando instalamos el software en nuestro propio servidor. Esto es un procedimiento más técnico, pero no es imposible de realizar, y de hecho hay muy buenos tutoriales en línea para hacerlo. Además, muchos proveedores de alojamiento web (hosting) ofrecen programas de instalación automática de plataformas populares como WordPress, haciendo aún más sencillo el proceso.

Se trata de un plataforma con la que disfruto mucho trabajar, pero tiene también sus inconvenientes. WordPress es muy bueno para blogs o sitios web chicos (por ejemplo, para pequeñas empresas, o profesionales independientes, proyectos, o grupos de trabajo). Pero conforme el proyecto y la complejidad del proyecto empiezan a crecer, WordPress empieza a quedarse un poco chico, y a pesar de ser muy flexible, no es quizás la mejor opción para ampliar demasiado la funcionalidad.

Otra plataforma con la que trabajo mucho es Drupal. Drupal es software de acceso gratuito también, y donde Drupal me parece que destaca es allí donde WordPress se queda corto – en el manejo de sitios grandes, bastante más complejos y que requieren de muchos tipos distintos de funcionalidad. Drupal es completamente modular – está compuesto por un núcleo que maneja las funciones básicas, y a partir de allí su funcionalidad puede ampliarse casi ilimitadamente mediante la instalación de módulos que habilitan funciones puntuales y concretas. Esto hace que realmente no hay instalaciones “estándar” de Drupal, sino que a partir de la infraestructura básica cada uno más o menos configura su sitio según sus propias necesidades puntuales. Esto hace que no sólo no tenga que utilizar todas las funciones, sino que en muchos casos ni siquiera tengo que instalar los módulos si no los necesito.

Pero Drupal es problemático en el otro aspecto: no es, quizás, la plataforma más amigable para instalar o para administrar. Requiere un poco más de experiencia técnica para ambas cosas, pues hace visibles muchos componentes del servidor que en plataformas como Drupal son completamente transparentes. La guía de instalación disponible en la misma página de Drupal es bastante buena y completa, pero requiere de mayor complejidad técnica para que sea útil. Lo bueno es que la comunidad de usuarios de Drupal es muy involucrada y crece rápidamente, con lo cual los recursos disponibles de tutoriales, documentación, así como de plantillas visuales y módulos están mejorando muy rápidamente. Para implementaciones más complejas de sitios web – lindando, quizás, ya con la frontera de “aplicaciones web” – Drupal es realmente una muy buena opción.

Así que ahí lo tienen – dos opciones de plataformas CMS, muy buenas, cada una con sus pros y sus contras pero, sobre todo, cada una con uno u otro contexto en el cual destaca más o resulta más útil o conveniente para la implementación. Si esta información les resulta útil por favor dejen un comentario, y quizás luego puedo escribir un poco más sobre mi experiencia con cada una.