¿Por qué Quora funciona?

Sí, ya sé que Pinterest se ha convertido en la tercera red social más importante en nada de tiempo, y que Instagram fue adquirido ayer por Facebook nada menos que por mil millones de dólares. Sé que debería interesarme, no tanto por una obligación moral, sino simplemente porque es el tipo de nuevas experiencias que me interesan y sobre las que suelo comentar. Pero no lo logro. Creo que es la prueba irrefutable de que me estoy volviendo viejo.

Me resulta mucho más interesante Quora, un servicio que llamó mucho la atención hace unos meses pero parece haberse calmado luego de eso. Quora es un servicio de preguntas y respuestas – uno puede hacer preguntas y otros usuarios pueden responderlas, o uno puede responder las preguntas de otros usuarios. Así de simple. Las preguntas están categorizadas bajo una cantidad infinita de etiquetas que uno puede seguir, así como puede seguir también a otros usuarios o seguir simplemente las respuestas a una pregunta específica.

Lo más importante que consiguió Quora es no convertirse en Yahoo! Answers, que como Mos Eisley es básicamente uno de los lugares menos recomendables del universo. Y lo más interesante que es ha conseguido armar una red de gente realmente interesante contribuyendo respuestas realmente relevantes – a menudo llegan a ser artículos completos, llenos de referencias y enlaces a recursos adicionales. Gracias a un simple sistema de moderación, los usuarios pueden subirle o bajarle el nivel a las respuestas que consideran interesantes, lo cual consigue que las mejores respuestas se alcen por encima de las demás. No es raro encontrar respuestas escritas por los propios protagonistas involucrados con la pregunta – preguntar por el New York Times, por ejemplo, y que respondan reporteros que trabajan ahí, o preguntar por qué se siente trabajar en la Casa Blanca que recibir respuestas de ex-staffers que estuvieron ahí con bastante detalle.

No termino de entender, sin embargo, por qué funciona. Ni entiendo bien por qué la gente hace las preguntas que hace (no que las tengan, sino por qué las exteriorizan cuando son, frecuentemente, esotéricas). Pero sobre todo me llama la atención que reciban respuestas, y sobre todo de las personas que las responden. Mi mejor hipótesis es que Quora es un mercado donde la principal moneda es el status y la autoridad, y por mucho que uno ya tenga tanto el status como la autoridad, responder las preguntas que encuentra que lo atañen a uno personalmente es un mecanismo para afianzar ambas cosas de manera pública. El trade-off es entre tiempo y atención a cambio de reconocimiento de la comunidad de usuarios de Quora, que a su vez es una comunidad de alto valor.

Es un gran recurso para informarse rápidamente sobre un tema, no a nivel de profundidad (lo que uno conseguiría, por ejemplo, leyendo un artículo de Wikipedia para entender qué es algo) sino a nivel de “estado de la cuestión”: ¿Cuáles son las preguntas y discusiones relevantes sobre un tema en particular? ¿Cómo sé si mis preguntas son relevantes o interesantes? Y así sucesivamente.

No sé si Quora sea más interesante que Pinterest o Instagram, aunque ciertamente es menos popular. Pero los incentivos para los usuarios en Pinterest e Instagram me parecen más claros porque su experiencia de usuario gira en torno a simplificar las transacciones lo más posible – “Pin It”, o eliminar obstáculos para tomar y compartir fotos. Pero Quora en realidad los incrementa, porque el incentivo es hacia generar respuestas más elaboradas y sofisticadas, sin una contraprestación claramente establecida. Y aún así, cada vez que puedo tengo una pestaña abierta con Quora para orientarme hacia las preguntas relevantes del momento. Lo sé, me estoy volviendo viejo.

(Hay un subtexto aquí que se podría elaborar, pero que honestamente no lo tengo claro, respecto al valor de plataformas como Pinterest e Instagram, y es difícil formularlo sin saltar directamente a juicios de valor. ¿Por qué estas plataformas son interesantes? A primera vista parecería que son interesantes porque son interesantes, una especie de círculo que se ha ido retroalimentando hasta alcanzar mil millones de dólares. Pero más allá de eso, no me queda claro cómo representan experiencias mediáticas innovadoras o contribuciones tecnológicas interesantes. Lo mismo, claro, se ha dicho sobre Facebook, pero Facebook es interesante por muchas razones: por sus consecuencias sobre nuestra expresión social de la identidad, por su capacidad para convertirse en un servicio que alcanza 800 millones de usuarios y por las innovaciones que ha generado para poder mantener eso, por ejemplo. Facebook resuelve un problema que no sabíamos que teníamos – como lo hizo también el iPad. Pero no me queda claro cómo lo hacen Pinterest o Instagram o el valor que contribuyen, y es una pregunta que no me parece menor a la luz de los problemas mayores o menores a los que estamos dedicando nuestros mejores recursos tecnológicos. En fin, queda entre paréntesis, hasta que pueda pensarlo mejor.)

El diseño de las cosas cotidianas, 2

Un segundo pasaje de The Design of Everyday Things, de Donald Norman, que sigue una línea similar al pasaje anterior en la medida en que cambios en nuestro diseño tecnológico cambian aquello que priorizamos o en lo que podemos enfocarnos al realizar una misma tarea, pero en este caso enfocado principalmente en la tarea de la escritura. Es, en cierto sentido, mcluhaniano.

With changes in writing tools, the speed of writing increases. In handwriting, thought runs ahead, posing special demands on memory and encouraging slower, more thoughtful writing. With the typewriter keyboard, the skilled typist can almost keep up with thought. With the advent of dictation, the output and the thought seem reasonably well matched.

Even greater changes have come about with the popularity of dictation. Here the tool can have a dramatic effect, for there is no external record of what has been spoken; the author has to keep everything in memory. As a result, dictated letters often have a long, rambling style. They are more colloquial and less structured – the former because they are based on speech, the latter because the writer can’t easily keep track of what has been said. Style may change further when we get voice typewriters, where our spoken words will appear on the page as they are spoken. This will relieve the memory burden. The colloquial nature may remain and even be enhanced, but – because the printed record of the speech is immediately visible – perhaps the organization will improve.

The widespread availability of computer text editors has produced other changes in writing. On the one hand, it is satisfying to be able to type your thoughts without worrying about minor typographical errors or spelling. On the other hand, you may spend less time thinking and planning. Computer text editors affect structure through their limited real estate. With a paper manuscript, you can spread the pages upon the desk, couch, wall or floor. Large sections of the text can be examinated at one time, to be reorganized and structured. If you use only the computer, then the working area (or real estate) is limited to what shows on the screen. The conventional screen displays about twenty-four lines of text. Even the largest screens now available can display no more than about two full printed pages of text. The result is that corrections tend to be made locally, on what is visible. Large-scale restructuring of the material is more difficult to do, and therefore seldom gets done. Sometimes the same text appears in different parts of the manuscript, without being discovered by the writer. (To the writer, everything seems familiar.)

Vale la pena mencionar que las pantallas de las que habla son los monitores entre los años ochenta y los noventas (en la época en que fue publicado el libro), no las pantallas gigantes con interfaces gráficas a las que estamos acostumbrados ahoras.

El diseño de las cosas cotidianas, 1

Anoche terminé de leer The Design of Everyday Things, un clásico sobre diseño centrado en el usuario para diferentes productos y tecnologías, de Donald Norman. Es un gran libro que resalta una serie de cosas que no son obvias y deberían serlo sobre la manera como el mundo a nuestro alrededor está diseñado, pero es también curioso por la manera como este libro de los años ochenta hace proyecciones o predicciones sobre cómo funcionará la tecnología en el futuro (muchas de las cuales podemos ver realizadas en productos que aparecen en los últimos años).

Quería compartir algunos fragmentos que me llamaron la atención de la última parte del libro, que es la dedicada justamente al diseño centrado en el usuario y a la manera como el diseño de nuevas tecnologías tiene un fuerte impacto en nuestra conducta cotidiana y nuestros patrones sociales, así que este es el primer fragmento de dos o tres que quiero publicar aquí.

En este fragmento, Norman habla sobre la manera como la aparición de nuevas tecnologías para la automatización de tareas mecánicas libera nuestros cerebros para encargarse de tareas más complejas y potencialmente más interesantes, algo que recientemente Clay Shirky ha explorado en su libro Cognitive Surplus.

Don’t these so-called advances also cause us to lose valuable mental skills? Each technological advance that provides a mental aid also brings along critics who decry the loss of the human skill that has been made less valuable. Fine, I say: if the skill is easily automated, it wasn’t essential.

I prefer to remember things by writing them on a pad of paper rather than spending hours of study on the art of memory. I prefer using a pocket calculator to spending hours of pencil pushing and grinding, usually only to make an arithmetic mistake and not discover it until after the harm has been done. I prefer prerecorded music to no music, even if I risk becoming complacent about the power and beauty of the rare performance. And I prefer writing on a text editor or word processor so that I can concentrate on the ideas and the style, not on making marks on the paper. Then I can go back later and correct ideas, redo the grammar. And with the aid of my all-important spelling correction program, I can be confident of my presentation.

Do I fear that I will lose my ability to spell as a result of overrealiance on this technological crutch? What ability? Actually, my spelling is improving through the use of this spelling corrector that continually points out my errors and suggests the correction, but won’t make a change unless I approve. It is certainly a lot more patient than my teachers used to be. And it is always there when I need it, day or night. So I get continual feedback about my errors, plus useful advice. My typing does seem to be deteriorating because I can now type even more sloppily, confident that my mistakes will be detected and corrected.

In general, I welcome any technological advance that reduces my need for mental work but still gives me the control and enjoyment of the task. That way I can exert my mental efforts on the core of the task, the thing to be remembered, the purpose of the arithmetic or the music. I want to use my mental powers for the important things, not fritter them away on the mechanics.