Susana Villarán y la conquista del imaginario limeño

Regreso a Buenos Aires luego de pasar un mes en Lima, y aún estoy en el lento proceso de reconexión con la realidad. Lima celebró hace unos días el aniversario 477 de su fundación en medio de una polémica y bizantina discusión sobre su administración: un grupo “independiente” de “ciudadanos preocupados” ha lanzado una iniciativa para conseguir la revocatoria de la actual alcaldesa, Susana Villarán, y de todos los regidores del gobierno municipal.

Muchas cosas de este iniciativa por la revocatoria me son incomprensibles. Para el tipo de discurso que se escucha por estos días en diferentes medios limeños, uno esperaría que Lima se hubiera convertido en un infierno imposible de vivir y tolerar como para haber tal grado de odio y rechazo hacia la alcaldesa, y mi experiencia antes y durante este mes ha sido que eso está lejos de ser verdad. En el PEOR de los casos, creo que uno estaría obligado a decir que Lima está “igual”, y difícilmente eso podría ser justificación para una revocatoria. Por otro lado, es una gestión que apenas tiene un año en el ejercicio de sus funciones, y aunque no creo que eso sea justificación como para no hacer cosas, sí creo que para la magnitud del aparato que debe movilizarse es poco probable que en un año se puedan tener resultados tangibles y demostrables.

Más aún, me es completamente incomprensible la calidad del discurso. No sé cómo, pero la “tía regia” se las ha arreglado para acaparar odios por todas partes, y he leído y oído diversas manifestaciones viscerales en su contra que son horriblemente preocupantes – preocupantes porque, antes que nada, enarbolan una bandera de “me zurro en el voto popular” y de querer sacarla a cualquier costo.

Pero en fin, gente más inteligente e informada que yo ya se ha dedicado al proceso de desmitificación sobre los logros de la gestión Villarán – sobre los montos reales del presupuesto de inversiones ejecutado, sobre las percepciones de los vecinos de La Herradura sobre la obra, sobre “el olón”, sobre el tráfico en el centro de Lima, etc. Así que no quiero detenerme más sobre ello, como tampoco quiero detenerme a echar luz sobre el cargamontón mediático que, me parece, existe claramente, pero no es por sí solo justificación de los resultados de aprobación de su gestión que se han publicado en los últimos días.

Ya es casi un lugar común decir que el problema de la gestión Villarán no es, valga la redundancia, un problema de gestión, sino uno político y mediático, de comunicaciones. Que al adoptar la posición moral de que “la esperanza vencerá al miedo” lo único que hace es someterse innecesariamente a un apanado mediático, además de cerrarse al mismo tiempo la posibilidad de defenderse o incluso de contraatacar. La situación actual me recuerda a la escena en El Padrino cuando Michael Corleone decide reemplazar a Tom Hagen como el consiglieri de los asuntos familiares, diciéndole que “él no era un consiglieri para tiempos de guerra”. Desde mi percepción externa, es un poco lo mismo lo que ocurre con la gestión Villarán: siguen jugando desde la posición moral, platónica, de que el Bien brilla por sí mismo, la esperanza vencerá al miedo y que no tienen necesidad de responder. Y, por lo mismo, los acribillan como a Sonny Corleone en la caseta de peaje.

Desmitificar las acusaciones está perfectamente bien, pero mi principal incomodidad – y lo digo habiendo votado por la actual alcaldesa – es que no hay una contramitificación, una remitificación del trabajo de la Municipalidad. La alcaldía no nos está construyendo un mito del cual participar, una historia de la cual ser parte: no puede ser el bus patrón, no puede ser el Metropolitano, no pueden ser corredores viales. Tiene que ser una gran idea, un eje que lo articule todo y que yo quiera comprar – y sí, algo que quiera comprar para mí, no para todos o para los demás. El slogan de “Lima para todos” es moralmente correcto y políticamente inclusivo, ¿pero cómo es eso Lima para mí? ¿Cómo “chorrea” el crecimiento de Lima para todos hasta mí?

Mi percepción es que lo que más necesita la alcaldesa en este momento es construir un mito, un mito enorme sobre la ciudad de Lima, un mito que inspire a la gente. Una gran idea que capture un creciente orgullo de los limeños por su ciudad y un optimismo hacia las posibilidades que les ofrece en los próximos años. Convertir la imagen de Lima de desordenada, gris e insegura en la expectativa de una ciudad emergente, de oportunidades para sus habitantes, de cosas por hacer. No entiendo cómo es posible que la Municipalidad no esté aprovechando, por ejemplo, el Bicentenenario del 2021 como gran idea eje, o incluso el aniversario 500 de Lima, como excusas perfectas para construir una imagen de la Lima del futuro. El aniversario 500 de Lima está a sólo 23 años, lo cual en términos de grandes obras públicas es relativamente pronto.

Tener un gran mito transformador sirve dos propósitos importantes. Si hablamos de Lima 500, por ejemplo, es una idea que inspira y motiva. ¿Para qué hacemos esto? ¿Para qué nos comemos el desvío del tránsito, las pistas rotas, las ordenanzas? Lima 500. En 23 años queremos hacer que Lima sea la nueva capital de América Latina, el rostro sudamericano hacia el Pacífico y hacia Asia, capital gastronómica mundial, etc. Para eso, estamos poniendo los cimientos hoy día. Y a pesar de ser la construcción de un mito, eso no quiere decir que sea mentira ni que esté desprovisto de contenido: es solamente una ilustración de cómo queremos que se vea nuestro futuro. Por ejemplo, el otro día estaba leyendo el artículo de Wikipedia sobre el Metro de Lima, e incluía el siguiente mapa:

Es un mapa de la red propuesta del Plan Maestro de Transporte Urbano de Lima y Callao, desarrollado en el 2005 y finalmente reemplazado por el mapa de la red básica, que tiene cinco líneas en lugar de las siete de la red propuesta. Todo bien con la dosis de realidad para efectivamente implementar el Metro, y no digo que no debamos ser realistas en la gestión urbana, pero sí quiero decir que la Lima del futuro, la Lima 500, el gran mito fundacional que la Municipalidad necesita hoy día, está lleno de cosas de este tipo: una Lima con siete líneas de Metro, conectadas con el Metropolitano en estaciones articuladas con un sistema electrónico de boletos y rastreo electrónico de los vehículos para que uno sepa cuándo debe salir de su casa para tomar el siguiente bus o tren. Es corredores peatonales en el centro, es reducción del parque automotor con un transporte público en el cual uno viaje tranquilo y no como sardina a un precio razonable, ahorrando tiempo y dinero. Es corredores comerciales en diferentes puntos de la ciudad, planificados con años de anticipación, para que la gente pueda poner negocios, tiendas, restaurantes, distritos temáticos con incentivos para instalar empresas de alto valor. Es formular la idea de una ciudad con 500 años de historia, capaz de mejorar la calidad de vida de 10 millones de personas que viven en ella.

Tener un mito le permitiría a la Municipalidad movilizar, articular, inspirar a la gente y dejar muy clara la idea de para qué se está trabajando, cuál es la meta a la cual se quiere llegar. Y por lo mismo, maquiavélicamente hablando, tener un gran mito fundacional que movilice a la población se vuelve un arma defensiva importantísima: permite exponer, pública y claramente, que la Municipalidad está haciendo *esto*. Por tanto, la revocatoria de la alcaldesa se convierte en el sabotaje del futuro de Lima, se convierte en estar en contra de una imagen de la cual la gente quiere participar. Si “Lima 500″ o “Lima 2021″ ofrecieran el plan maestro de hacia dónde va la ciudad, la revocatoria significaría estar en contra de un plan de esta envergadura. Si la población estuviera movilizada bajo una gran idea de este tipo, no sólo sería más fácil hacer las cosas, sino que sería más fácil también defenderse de los ataques.

Sí, mis razones para pensar en algo así son completamente maquiavélicas, y es el uso de la estrategia como táctica. Pero, por un lado, no veo muchas alternativas para que la Municipalidad se defienda efectivamente con los recursos disponibles, y por otro lado, veo mucho valor de realmente tener un plan y un mito de este tipo. Tal como están las cosas, la gestión Villarán necesita ganarse de un considerable capital político y mediático para siquiera poder operar efectivamente. Ese capital político y mediático puede ser conquistado a través de la conquista del imaginario público y la construcción de un futuro deseable para los limeños.

Más sobre datos, aplicaciones y ciudades

Ayer escribí un poco sobre mi interés creciente por el tema del manejo de datos y cómo podemos extraer de la enorme cantidad de datos que capturamos (o que deberíamos capturar) información significativa para mejorar nuestras condiciones de vida.

Hay muchas aplicaciones en torno a esto que se están explorando para monitorear y optimizar diversos sistemas públicos en ciudades. De hecho, hace un tiempo compartí aquí un ejemplo de cómo Copenhague estaba utilizando bicicletas como sensores baratos para monitorear condiciones climáticas y de tráfico en la ciudad. Ahora encontré un artículo en Mashable sobre una serie de ciudades que están abriendo a sus ciudadanos sus bases de datos para que construyan aplicaciones utilizando la información que está allí sin explotar, para mejorar las condiciones de vida en la ciudad.

Major city governments across North America are looking for ways to share civic data — which normally resides behind secure firewalls — with private developers who can leverage it to serve city residents via web and mobile apps. Cities can spend on average between $20,000 and $50,000 — even as much as $100,000 — to cover the costs of opening data, but that’s a small price to pay when you consider how much is needed to develop a custom application that might not be nearly as useful.

Hay varias razones por las cuales esto es una gran iniciativa:

  • Fomenta la transparencia y la participación ciudadana. Por un lado, evidencia de parte del gobierno de la ciudad la disposición de abrir sus datos al público, y al brindar la oportunidad de crear maneras accesibles de interpretar esta información, permite que un número mayor de personas pueda entender y participar de la gestión municipal.
  • Permite mejorar las condiciones de vida en la ciudad. Creando aplicaciones que contextualizan datos sobre tráfico, criminalidad, educación, medio ambiente, etc., se tienen elementos mucho mejores para tomar decisiones en materia de políticas públicas. Éste es uno de los mejores rasgos de jugar SimCity: uno puede ver cómo cambios en la zonificación industrial afectan a lo largo del tiempo los patrones de contaminación o de tráfico en una zona de la ciudad, y puede adoptar medidas en función a eso. Con mejores fuentes de datos, lo mismo puede hacerse con ciudades reales.
  • Desarrolla un mercado y una base de talento locales. Al abrir las bases de datos para que los ciudadanos jueguen con ellas, se fomenta el desarrollo de habilidades en construcción de aplicaciones a nivel local, que luego pueden ser contratadas por la misma gestión municipal o por el sector privado o quien fuera. En términos simples, se genera un espacio de aprendizaje muy accesible donde los ciudadanos pueden aprender a hacer aplicaciones basadas en datos y empezar a hacerse un nombre con lo cual luego puede empezar a forjarse un mercado local en este rubro.

Por todo esto, no sólo no es descabellado, sino que sería también deseable explorar este tipo de aplicaciones en una ciudad como Lima. En Lima, sin embargo, quizás haya que empezar por capturar datos y consolidarlos en bases de datos accesibles, algo que no es imposible pero que ciertamente arrastra un costo. Las unidades de transporte público, por ejemplo, podrían estar equipadas con sensores que monitoreen su recorrido a lo largo del día, junto con una serie de factores además del tiempo, como condiciones medioambientales o contaminación sonora. Con una serie de sensores bien ubicados en líneas estratégicas, uno podría construirse una figura razonable de los patrones de tráfico, los cuellos de botella y los focos de contaminación en puntos clave de la capital.

(Obviamente esta información y toda su riqueza serían seguramente objetadas por gremios que no quieren ser monitoreados, ya que eso evidenciaría, expondría y documentaría las infracciones que cometen cotidianamente. A mi juicio, una razón más por la cual implementar algo así, a pesar del costo político.)

Otro lugar muy importante donde podría ensayarse esto es en la mejora de la seguridad ciudadana, construyendo sistemas que hagan extremadamente fácil para una persona reportar incidentes o crímenes y empezar a compilar toda esa información de manera sistemática. Debidamente organizada, esto permitiría construir un mapa de criminalidad e inseguridad en Lima que correlacionara no solamente ubicación geográfica, sino también hora, fecha, contexto, y todas las demás variables ambientales cuya influencia en la tasa de criminalidad podría luego empezar a explorarse. Ésta sería, a mi juicio, una inversión mucho más razonables y realista que los gastos más bien aparatosos y propagandísticos que muchos municipios hacen para dar la impresión de que hacen algo por la seguridad ciudadana – instalar cámaras de vigilancia puede estar muy bien, pero a menos que se tenga un plan integral y sistemático para hacer algo con esa nueva fuente de información, en realidad es tirar plata al tacho, jugar con las expectativas de la población y solamente intentar crear una falsa sensación de seguridad.

(Imaginen por ejemplo una aplicación que correlacione un mapa de criminalidad con la posición de uno vía GPS, y le emita una alerta vía celular cuando uno se acerca o se encuentra en un área de alta peligrosidad, junto con una serie de recomendaciones. Quizás son cosas que uno viviendo en una ciudad más o menos internaliza, pero que podría tener enormes aplicaciones, por ejemplo, para el turismo.)

Viviendas urbanas sustentables: colaborando para crear ciudades inclusivas

Un desafío de Ashoka Changemakers está buscando hasta el 11 de febrero soluciones innovadoras para el tema de la vivienda urbana sustentable:

Ashoka Changemakers está buscando soluciones innovadoras para comprometer a las comunidades, emprendedores e instituciones claves para que colaboren y desarrollen viviendas urbanas inclusivas, sustentables y accesibles y que respeten el medio ambiente, las culturas y las prácticas locales.

Este desafío se lanza como anticipo de la Cumbre de las Américas del 2012 y en apoyo de la Alianza de Energía y Clima de las Américas (ECPA) del presidente Barack Obama. El desafío está financiado por la Fundación Rockefeller, en un esfuerzo conjunto con el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos, el Departamento de Estado de los Estados Unidos y la American Planning Association.

Presenta tu solución, o nomina un proyecto, antes del 11 de febrero de 2011 en este desafío para colaborar con el desarrollo de viviendas urbanas sustentables para ciudades habitables e inclusivas.

Premios a los ganadores: Las tres mejores participaciones enviadas antes de las 5 p. m., hora del Este de los Estados Unidos del 11 de febrero de 2011, ganarán USD 10.000 cada una.

Notas tecnológicas para la seguridad ciudadana

Estuve leyendo un par de posts recientes sobre seguridad ciudadana de Hans Rothgiesser (Mildemonios) y de Roberto Bustamante (El Morsa) que intentan desinflar la burbuja de exageración en torno a la ola de violencia que estaría viviendo Lima. De ninguna manera pretenden decir que Lima no sea una ciudad insegura – solamente que el asunto está siendo llevado mediática y políticamente por un camino de exageraciones e imprecisiones que hacen aún más difícil solucionar los problemas de fondo. Como siempre, hay una telaraña compleja de intereses en el asunto, como señala el Morsa:

Como se ha señalado antes, lo que ha aumentado, más bien, es la sensación de inseguridad que no es lo mismo que la inseguridad crezca. Allí, gran responsabilidad la tiene la prensa que nos bombardea con muertes, asesinatos y robos todos los días. Existe una relación, digámoslo así, de simbiosis o “parasitismo mutuo” entre la prensa masiva y la policía nacional: La prensa necesita rating y la sangre trae rating, y la policía nacional necesita limpiar su imagen.

Es cierto que se necesita mucha más inversión en el rubro de seguridad, no sólo en Lima, pero también que se necesita una inversión inteligente y que esté amparada en datos actualizados, en indicadores y en un continuo monitoreo de cómo va evolucionando la situación. Algo que, por lo que veo, no sólo no tenemos, sino como señala el Morsa, tenemos más bien mucho de un “pensamiento mágico” a la hora de formular políticas de seguridad. Por este mismo pensamiento mágico es que terminamos implementando iniciativas que no promueven una mejora en la seguridad, sino simplemente en la sensación o ilusión de seguridad: por ejemplo, las cámaras de vigilancia que ahora cubren varios distritos. Que alguien pueda ver por la tele que te están robando, no se traduce por sí solo en que alguien aparecerá más rápido para ayudarte. Y eso que en el Perú ni siquiera tuvimos una discusión sobre cómo esto vulneraba nuestra libertad o privacidad personal, el ser vigilados constantemente: hace mucho tiempo ya que en el debate entre libertad vs. seguridad optamos por la seguridad más allá de cualquier protección de la libertad.

Mildemonios señala, además, en uno de sus posts recientes sobre seguridad ciudadana:

Como comentaba en otro post, no es casualidad que la policía siempre esté proponiendo compras y contrataciones millonarias (que dan lugar a manejos de dinero cuestionables) y nunca gastos simples como acceso a internet para las comisarías.  Ahora último se ha dado una norma por la cual podrán ADEMAS usar dinero de las municipalidades para gastos que tengan que ver con la lucha contra la inseguridad.  Lo cual, como todos podemos ir suponiendo, ya sabemos que no ayudará en nada.  Pero igual se justifica en la idea de que turbas armadas de delincuentes están invadiendo las ciudades y que necesitamos comprar más y más equipo para luchar contra ellos.  Cuando lo que se necesita es reformar la carrera profesional de la gente que compone la institución de la policía.

No quiero discutir aquí el tema de fondo, el de la necesidad de una reforma estructural de la policía como institución y de todo nuestro aparato de seguridad ciudadana. Quiero colgarme solamente de ese pequeño dato: el del acceso a Internet para las comisarías. Y en general, en la inversión tecnológica en la implementación de sistemas que mejoren la calidad de la seguridad ciudadana en Lima y en todo el país. No como grandes inversiones que tengan que realizarse, sino que podrían utilizarse y desarrollarse sistemas relativamente baratos y sencillos de implementar y utilizar, que nos permitan ir no sólo brindando mejores mecanismos para brindar seguridad, sino sobre todo capturar información y alimentar indicadores para tomar mejores decisiones al formular políticas públicas.

No tienen necesariamente que ser sistemas demasiado complejos. Pero partamos de tener acceso a Internet en las comisarías. Luego, que las denuncias policiales se realicen llenando un formulario vía web desde la misma comisaría, en lugar de tomar la denuncia en un cuadernito o tipeándola en una máquina de escribir. Al ingresarse la denuncia al sistema, se envía una copia automáticamente por correo electrónico al denunciante, con un código de seguimiento que puede utilizar para monitorear la evolución de su denuncia en el sistema, desde su casa. Esto tiene dos ventajas. Primero, conveniencia: el hacer una denuncia es mucho más sencillo, y es muy fácil saber qué ocurre después y qué tengo que hacer sin tener que regresar o llamar o nada. Pero sobre todo, se empieza a capturar el agregado de datos en una sola base de datos centralizada que luego puedo comparar con otros lugares, otras fechas y horas, etc. Puedo empezar a representar estos datos para formular una imagen de cómo evolucionan o se comparan las denuncias en diferentes localidades.

(Dicho sea de paso – los sitios web de agencias del Estado no tienen por qué ser desastrosos. El sector público tiene mucho de aprender de todo lo desarrollado por el sector privado en temas de comunicación en la web. El Departamento de Salud de EEUU, por ejemplo, recientemente lanzó un portal sobre opciones en seguros de salud para información del público, que ha recibido muy buenas críticas por la manera como ha conseguido eficientemente comunicar de manera simple información que puede ser muy compleja. Además, por la manera como han desarrollado un sitio web a través de todo un proceso integral de diseño y retroalimentación de los usuarios, en lugar de un producto estático lanzado al aire y abandonado, como suele ser el caso. ¿Por qué no podrían los sitios web de las comisarías ser desarrollados también de esta manera? Ojo que el costo no es por cada comisaría – un mismo diseño y desarrollo puede luego implementarse en todas las comisarías a nivel nacional, utilizando infraestructura centralizando y mejorando así, además, la capacidad para capturar información de manera agregada y centralizada.)

Llevado un poco más lejos, encontramos iniciativas como quenoteroben.pe, que en realidad es un concepto muy simple. Un formulario, y un mapa, para denunciar un robo y marcarlo geográficamente. Listo. Si tomamos la aplicación del párrafo anterior y empezamos a correlacionar la data con información geográfica, empezamos a tener un mapa bastante más claro de dónde ocurre la actividad delincuencial en la ciudad. Al mismo tiempo, porque reducimos la fricción social que implica formular una denuncia, generamos incentivos a que la gente quiera denunciar. Y de yapa, el hecho de brindar herramientas para el seguimiento, un mecanismo para que el ciudadano pueda sentirse involucrado y sienta cierto grado de control sobre el proceso (porque puede hacer, desde su casa, seguimiento al estado de su denuncia) genera una sensación mayor de seguridad y mejora la imagen de la policía al brindar una solución tecnológica simple para que los ciudadanos estén involucrados.

Y éstas son sólo dos posibles aplicaciones. Tecnología de localización es una gran oportunidad, y especialmente la tecnología móvil tiene un enorme potencial para ayudar en la mejora de la seguridad ciudadana. La posibilidad de reportar delitos no sólo desde tu propia casa, sino quizás incluso desde cualquier lugar (asumiendo, claro, que no te robaron el celular). E, internamente, la posibilidad de administrar mejor los recursos de seguridad cuando se tiene un flujo actualizado y en tiempo real de dónde se está dando actividad problemática. Son aplicaciones que, sin ser demasiado complejas ni demasiado costosas, podrían brindar una significativa mejora en la calidad de la seguridad ciudadana en la ciudad, y no solamente mejorar una cierta ilusión de que estamos más seguros.

Walt Disney, el urbanismo y las "comunidades del futuro"

“Experimental Prototype Community Of Tomorrow”

Walt Disney es conocido por muchas cosas (como ratones y parques de diversiones), pero no tanto por su faceta de urbanista. Luego de abrir su concepto revolucionario de parque temático, Disneyland, en California, un lugar cuidadosamente diseñado para brindar una experiencia única a sus visitantes, Walt Disney empezó a trabajar en un concepto mucho más grande y ambicioso. A pesar de todo lo bueno que había conseguido con Disneyland, Disney no estaba satisfecho con el ambiente que había surgido alrededor de su parque temático en California, sobre el cual no ejercía ningún control. Así que empezó a pensar, diseñar y luego implementar un proyecto que le permitiría no sólo crear una comunidad de experiencias únicas, perfectamente planificadas, sino también controlar todo el ambiente en el cual esta comunidad se situaría. El resultado se construiría sobre una extensión de tierra en Florida de aproximadamente el doble del tamaño de la isla de Manhattan: la Experimental Prototype Community Of Tomorrow, o EPCOT. En 1966, Disney grabó este video, donde explica los detalles de su visión para lo que sería EPCOT como experimento urbanista:

El concepto es espectacularmente ambicioso: una sociedad construida sobre un esquema radial, en cuyo centro se concentra toda la actividad económica y comercial. En torno a ese centro irradian diferentes “capas”, para vivienda de alta densidad, espacios verdes y de recreación, y vivienda de baja densidad. Una ciudad pensada para peatones, con sistemas eléctricos de transporte público masivo que mueven a la gente de la periferia donde viven al centro donde trabajan, bajo un domo que controla el clima para crear las condiciones ideales de vida. Todos en EPCOT tienen trabajo en alguna de las funciones de la comunidad, sea en su aspecto turístico (pues tiene, por supuesto, un enorme parque de diversiones integrado), en las actividades comerciales, o en un parque industrial donde las corporaciones pueden acceder al talento de una fuerza de trabajo altamente innovadora y futurista para el desarrollo de nuevos conceptos y productos.

Éste es uno de los detalles más interesantes d EPCOT: todos tienen un trabajo, todos contribuyen al mantenimiento y la preservación de la comunidad ideal. Lo cual, también, quiere decir que no había población retirada:

As to who would live in EPCOT, Walt was somewhat explicit: “There will be no retirees. Everyone must be employed. One of our requirements is that people who live in EPCOT must keep it alive.”[12] This proposition seems counterintuitive for a man well into his sixties, whose business partner and older brother (Roy O. Disney) was considering retirement. But it does fit with EPCOT’s grounding in capitalism and industry: a city designed to ‘showcase American free enterprise’ should, by this logic, be filled with those who would work and produce. It should also be noted that Walt had spent his entire career providing and marketing entertainment to the American nuclear family. The middle class family was his focal point, and he designed a city just for them. [Matthew C. Arnold, EPCOT, the Creation of a Commodified Utopia]

Es, sin embargo, un poco irónico, porque EPCOT fue construido como un modelo donde no habrían propietarios. Para garantizar que el ritmo de la innovación y el progreso nunca se detuvieran, Walt diseñó el concepto de EPCOT de tal manera que todos sus habitantes alquilaban su espacio, pero el espacio nunca estaba en venta. Tan radical era esto, que Disney consiguió un permiso especial del estado de Florida que le daba status de municipalidad a la administración de Disney sobre sus terrenos: todo lo que ocurría dentro del espacio de Disney, todo el universo de EPCOT, era completamente controlado por la compañía, el diseño de los edificios, los servicios públicos, las normas de transporte, todo. Si juntamos ambas cosas tenemos la ironía de que este bastión del capitalismo y la industria termina evidenciando una serie de rasgos propios de las utopías socialistas del siglo XIX y XX: espacios cuidadosamente planificados y administrados donde los individuos contribuyen todos al mantenimiento de la comunidad ideal.

Visiones incompletas

Sin embargo, EPCOT como fue concebida por Walt Disney nunca se construyó. Walt murió dos meses después de la grabación de la película de arriba, y la junta directiva de Disney no tenía el mismo compromiso con el proyecto que su creador. El terreno en Disney se convirtió en Walt Disney World, y aunque muchas de las ideas de la visión de Walt fueron incorporadas, el resultado no pretendía estar siquiera cerca de la ambiciosa visión de la comunidad ideal del futuro, sino limitarse únicamente al aspecto de parque temático del proyecto. Aún así, en 1982 Disney inauguró el segundo parque temático en su terreno de Florida, con el nombre de EPCOT Center, una visión resumida, mucho más pequeña y menos ambiciosa que la visión original de Walt Disney:

Años después, en los noventa, la corporación Disney diseñó y construyó la comunidad “ideal” de Celebration, en Florida, en los mismos terrenos de Walt Disney World. Pero Celebration no es una comunidad ideal como Walt Disney la había planeado o imaginado, sino más bien como una experiencia un tanto plastificada, idílico-cincuentera de lo que la vida suburbana-estadounidense en comunidades pequeñas era o debía ser. El cuidado al detalle prestado a la construcción de Celebration no respondía tanto a una obsesión por la construcción de un futuro mejor, sino más bien a la delicada manufactura y preservación del mundo tal cual lo conocemos, o como quisiéramos que fuera, sin que nada sea realmente cambiado.

Pero Celebration no desafía la imaginación en ninguna medida. Sí, es una comunidad autosuficiente, pero lo es más en el sentido liberal de no-necesitar-de-nadie-más, más que en el sentido de ser una comunidad autosostenible, integrada, internamente consistente. Celebration es más un retorno al recuerdo nostálgico de pequeños pueblos norteamericanos barridos por el tiempo, que el intento de desafiar concepciones urbanísticas o experimentar con nuevos modelos de comunidades. Es, además, el encuentro un tanto perverso de dos lógicas: en el concepto original de EPCOT, los residentes no eran propietarios pues eso permitía a la administración asegurarse que los espacios y los elementos en ellos siempre estaban a la vanguardia, siempre eran ejemplos de innovación. En Celebration, en cambio, los residentes sí son propietarios pero la administración sigue a cargo del manejo de los asuntos de la comunidad. Es la realización suprema del ciudadano que se vuelve consumidor, habitando en un espacio privado, cuidadosamente diseñado no como comunidad urbana, sino como producto marketeable.

¿Recuerdos de Midgar?

Midgar es la ciudad más importante en Final Fantasy VII, originalmente lanzado para el primer Playstation. Es la ciudad donde se encuentra el cuartel general de la corporación Shinra, dueña y administradora de la ciudad y gobernante de facto de todo el planeta. Midgar es una ciudad completamente tecnológica, potenciada por ocho reactores de Mako, una fuente de energía natural explotada por la corporación Shinra, cuya explotación destruye progresivamente el planeta. Los ocho reactores están dispuestos alrededor de una gran torre central, la sede de Shinra, formando una estructura radial. La ciudad tiene dos niveles: una placa enorme sobre la cual viven los ciudadanos más adinerados y poderosos, especialmente los funcionarios de Shinra; y debajo de ellos, los barrios pobres donde viven todos los demás residentes, muchos de los cuales viven sin haber visto nunca el cielo. Cada reactor designa un sector de los barrios bajos, que no se encuentran conectados entre sí. La única forma de viajar a través de Midgar es utilizando la red de trenes que da vueltas a la ciudad y se conecta con la torre central de Shinra.

Las primeras escenas del juego dan una imagen de la disposición de la ciudad:

Con todo esto, hay una serie de elementos en Midgar que pueden recordarnos al concepto original de EPCOT. Primeramente, su estructura radial, construida en torno a un centro que concentra las actividades más importantes. Es más, al centro de EPCOT se erigía una enorme torre que funcionaría como hotel y centro de convenciones, uno de cuyos rasgos distintivos era que podría ser visible desde cualquier otro punto de la ciudad. Las imágenes tienen un aire extrañamente familiar:

Más allá del paralelo estructural, hay otra similitud interesante: Midgar es, como EPCOT, una ciudad construida y administrada por una corporación (Shinra en el primer caso, Disney en el segundo). Lo cual plantea una serie de paradojas respecto al uso del espacio. Midgar, en cierto sentido, es una especie de advertencia de lo que podría pasar si todas las promesas de EPCOT resultaran incumplidas: aunque son promesas tentadoras, inevitablemente termina pareciendo, como en el caso de Celebration, que el rol de los individuos participantes como ciudadanos queda disminuido. En otras palabras: a pesar de que EPCOT ofrece la promesa de una comunidad ideal, esto termina ingenuamente dejando de lado los múltiples problemas sociales que podrían generarse como en cualquier otro espacio de interacción humana.

No estoy sugiriendo que Square, los creadores de FF7, hayan tenido en mente EPCOT al diseñar Midgar. Sí estoy sugiriendo, sin embargo, que Midgar es un elemento narrativo y especulativo interesante a considerar al pensar en EPCOT: Midgar es también, finalmente, una suerte de “comunidad ideal” para todos aquellos que viven en el nivel superior, bajo el cuidado de la corporación Shinra. Pero todo aquello que la ciudad reprime no desaparece, sino que simplemente es empujado al nivel inferior, justamente, reprimido. Todo ello desencadena una serie de problemas sociales que van más allá de la utopía tecnológica. Y parte de eso tiene que ver, también, con el hecho de que ambas estas comunidades ideales no son espacios de participación, de desenvolvimiento y acción, sino espacios para participar con modos de comportamiento claramente designados y planificados.

Dongtan y el “urbanismo integrado”

En mayo del 2007 la revista Wired publicó un artículo sobre el proyecto urbanístico de Dongtan, en China. Se trataba de un proyecto sumamente ambicioso para crear un nuevo tipo de comunidad y ciudad ideal, construyéndola completamente desde cero en las afueras de Shangai. Dongtan quería marcar un cambio en la cultura urbanística China: luego de años de construir su industria a expensas del medio ambiente, Dongtan sería un experimento para probar que China podía construir urbes sostenibles para un futuro verde. La firma Arup pasó a encargarse del diseño y el concepto del proyecto.

Arup believes good design can do something about this mess. Dongtan’s master plan — hundreds of pages of maps, schematics, and data — has almost nothing to say about architectural style. Instead, it outlines the world’s first green city, every block engineered in response to China’s environmental crisis. It’s like the source code for an urban operating system. “We’re not focused on the form,” Gutierrez explains. “We’re focused on the performance of the form.” He and his team imagine a city powered by local, renewable energy, with superefficient buildings clustered in dense, walkable neighborhoods; a recycling scheme that repurposes 90 percent of all waste; a network of high tech organic farms; and a ban on any vehicle that emits CO2.

El equipo de Arup desarrolló un entendimiento holístico, sistemático del comportamiento urbano, de manera similar a como lo quiso hacer también Walt Disney. Todo en la ciudad está conectado, y el diseño de los sistemas puede optimizarse para, en este caso, generar el menor impacto ambiental negativo posible. Hay mucho de similar entre Dongtan y EPCOT, pero hay también mucho de diferente: en primer lugar, en términos de los recursos que ahora se tienen disponibles para formular este tipo de grandes visiones. Sin embargo, Dongtan todavía no ha despegado. A pesar de todo el trabajo y los recursos que se han invertido hasta este momento, la construcción del megaproyecto de Dongtan, una ciudad completamente diseñada y optimizada para albergar a medio millón de personas, aún no ha comenzado.

Estos proyectos de comunidades ideales son sumamente interesantes, aún cuando uno podría cuestionar si es que son viables o realistas. Quizás esa no sea la pregunta correcta. Por un lado, proyectos como Dongtan, incluso como EPCOT, responden a una necesidad sumamente relevante y apremiante: el hecho de que nuestras metrópolis urbanas, producto de la era industrial, no son un producto o una forma sostenible dadas nuestras condiciones de vida actuales. Tanto Dongtan como EPCOT, por ejemplo, e incluso Midgar, son ciudades diseñadas de tal manera que sus habitantes no tengan la necesidad de circular en autos, sino que puedan tomar otros medios de transporte masivo que funcionen con energía renovable (lo cual no es el caso, por ejemplo, de Celebration, razón por la cual se evidencia que no es una comunidad pensada para el futuro como la que quería Walt Disney). Ambas tienen también considerado en su diseño la inclusión de grandes espacios de áreas verdes. Y son, además, conceptos de ciudades pensados para poblaciones vinculadas al desarrollo de altas tecnologías y de innovaciones científicas e industriales. Pero son siempre visiones incompletas, como tanto Celebration como Midgar dejan ver: aún cuando uno se dedique de manera obsesiva a la construcción de la comunidad ideal, y aún cuando esta concepción pueda brindar muchas ideas interesantes, es poco plausible que uno pueda efectivamente administrar la ciudad de esa manera – o al menos que pueda hacerlo sin altas cuotas de represión y autoritarismo.

Las ciudades del futuro no se verán igual que las ciudades del presente, así como las ciudades del presente no serán iguales a las del pasado. La forma de vida en la ciudad responde a una serie de factores históricos, cuyo cambio abre la puerta también al cambio de la forma ciudad. En una sociedad informacional, por ejemplo, ¿cuál es la necesidad de que la gente “vaya” al trabajo? ¿Por qué tienen que haber horas punta? Si la gente puede trabajar desde su casa, al menos parcialmente, eso cambia por completo lo que puede ser la dinámica de movimiento en una ciudad. En todo caso, conceptos de ciudades futuristas como EPCOT, o como Dongtan, nos brindan una serie de elementos para especular sobre cómo podríamos transformar la vida en las ciudades actualmente existentes.

Selva de concreto

Esta mañana encontré varios blogs que hablaban sobre el aniversario de Lima, y bueno, la mayoría de ellos coinciden en lo débil e insuficiente de la gestión de Luis Castañeda (lo cual contrasta perturbadoramente con el nivel de aprobación pública de su gestión).

Personalmente, la gestión de Castañeda me parece un desastre por lo desperdiciado de las oportunidades, por lo lineal de las soluciones, por la ausencia de total de soluciones innovadoras y sistemáticas. El actual alcalde parcha la ciudad allí donde hay problema, y la parcha siempre de la misma manera, es decir, tirando concreto sobre el problema en la forma de pistas, obras viales, escaleras, y demás. No me malentiendan: entiendo perfectamente la necesidad, y probablemente urgencia, de todas estas cosas. Pero son soluciones que, si las pensamos un poco, no resuelven propiamente los problemas de fondo.

De hecho, evidencian varias cosas. En primer lugar, que no escapamos a los remanentes del positivismo en nuestra sociedad, y Castañeda menos aún. El público exige progreso, desarrollo, y eso es sinónimo, en términos materiales, de concreto, de asfalto. El cemento es ampliamente asociado con un indicador de progreso, de que las cosas se están edificando y son sólidas. De allí que el primer instinto que vemos suele ser el de arrojar concreto a los problemas pues lo entendemos como si algo estuviera mejorando. Es interesante que, en zonas de la ciudad más económicamente privilegiadas donde la valla del concreto fue superada hace tiempo, la lógica del progreso y el desarrollo ha sido reemplazada por otro elemento material directo: los adoquines. Los alcaldes de, por ejemplo, San Isidro o Miraflores, ahora tienen la obsesión de levantar pistas completamente funcionales para decorarlas con adoquines que, aunque menos funcionales, se ven mejor. Son el siguiente paso. Es algo así como una forma de demostrarle al resto de la ciudad que, aunque todos pueden estar tirando concreto, ellos pueden darse el lujo de levantar el concreto y poner adoquines. Porque sí, porque les da la gana.

Lo otro que evidencia, en la misma línea, es la absoluta linealidad de las soluciones. Es decir, los problemas urbanos en Lima, particularmente hablando de la gestión de Castañeda, se entienden como simples relaciones de causa y efecto. Hay un problema, digamos, el tráfico en una zona de la ciudad. Si aplicamos una obra vial aquí, el problema desaparecerá. Es tierno, pero ingenuo e impreciso. La misma lógica cuasipositivista del concreto y los bypasses y las vías expresas se reflejan en la ausencia de una concepción orgánica, sistémica de la ciudad. Entender la ciudad prácticamente como un organismo, donde todo está conectado y los cambios en un lugar significan siempre cambios muchas veces imprevistos en otro lugar. Lo que muchas veces se expresa cuando decimos que no hay un plan para Lima, que no hay una política urbana. Bueno, viene más o menos de lo mismo: antes que una política urbana, falta una lógica y una concepción de lo que Lima significa, integradamente, como ciudad.

De allí se desprenden una serie de oportunidades desperdiciadas, o nuevos problemas generados. Seguimos tendiendo pistas y caminos para autos, a pesar de que no renovamos el parque automotor ni proponemos alternativas al transporte público. Esto no es coincidencia: es construir una sociedad como la estadounidense, de individuos atomizados con poca interacción entre ellos. Salgo de mi casa, subo a mi auto, voy al trabajo, salgo del trabajo, subo a mi auto, voy a mi casa. Nunca me veo obligado a enfrentarme, a relacionarme con los demás. Aunque compartimos el espacio, no estamos dentro de él juntos, sino tan sólo en simultáneo (que no es lo mismo).

Pero las obras viales son fáciles, la gente las entiende rápido y proveen beneficios electorales. Pero eso quiere decir que más autos son necesarios para usarlas, porque no hay alternativas. Lo cual, además de las consecuencias culturales del aislacionismo y la exacerbación del individualismo, quiere decir también un pasivo ambiental. Es testimonio supremo de la desconexión de Castañeda con la realidad que, en una época donde la preocupación ambiental y climática es tan central, él siga tendiendo pistas para autos cuya contaminación agregada significa agravar un problema que nos afecta directamente.

¿Y qué alternativas existen? Bueno, ninguna, realmente. El Metropolitano se construye siguiendo la misma lógica lineal, que no entiende la ciudad en su conjunto. Vivimos en una ciudad de casi 10 millones de personas, que requiere de transporte público masivo y accesible, una solución difícil y de largo alcance como un metro, pero que requiere de pensar el problema distinto. Igualmente, si han tenido oportunidad de circular por la ciudad en bicicleta, o caminando, se habrán dado cuenta de la enorme falta de infraestructura para esto. Las veredas, los cruces, los puentes, simplemente no favorecen la idea de que alguien camine por la ciudad (con contadas excepciones), lo cual es una enorme oportunidad desperdiciada. Aquí entra a tallar, además, el problema de la seguridad ciudadana. Con lo cual, de nuevo, todo obliga al ciudadano a pensar en autos, en transporte urbano entendido desde una única dimensión, sin mayores alternativas.

Hace tiempo, en el blog del curso de Filosofía Moderna que dictamos el semestre pasado en la PUCP, escribí un post sobre la relación entre los ideales de la modernidad y nuestra concepción de la ciudades. La cuestión va más o menos por la misma dirección: una ciudad de estas dimensiones, en esta época, requiere de una lógica y una concepción diferente a la concepción lineal, acumulativa, progresiva que aprendimos con la modernidad. No, no es que necesitemos una ciudad posmoderna (que en muchos sentidos uno podría decir que es lo que tenemos), sino que tenemos que pensar la ciudad de manera distinta. Lo cual, además, no es tanto por un imperativo moral, sino porque nos conviene, sobre todo en este momento, pues nos permitiría hacer de Lima algo radicalmente diferente.

Feliz cumpleaños, Lima.

Relacionarse con el espacio

El otro día, por completa casualidad, paseaba con dos arquitectos. Creo que nunca lo había hecho antes, y si lo había hecho, había sido a lo mucho con uno. Pero ahora habían dos. Esto es importante, porque entre ellos conversaban. “Arquitectónicamente”. Y nunca lo había escuchado. Y me sorprendió.

Me sorprendió por algo sumamente singular. Me sorprendió la relación que tenían con el espacio. Es decir, para ellos el espacio alrededor era una cuestión plástica, y lo visualizaban transformado, digamos, en tiempo real. Mover esto para allá, una estructura aquí, va a dar tal o cual perspectiva, pero del otro lado se verá terrible, si cambiaras tal material, quizás algo de esta forma. Y así sucesivamente, todo el camino. Tenían una relación mucho más cercana, casi íntima con el espacio a su alrededor, como si estuviera allí, materia esperando para ser moldeada, para ser significada de manera creativa.

Dos cosas. Primero, es un poco perverso y sumamente moderno: el mundo, allí, inerte, simplemente esperando para ser imbuido de significado por nuestras voluntades racionales. Sujetos constituyentes de sentido, muy a la kantiana. Pero creo, claro, que esto no es suficiente.

Segundo. Quizás todos deberíamos ser un poco más arquitectos. No, obviamente no me interesa que sepamos cómo armar estructuras o diseñas planos. Simplemente me refiero a que tenemos una relación muy extraña, cotidianamente, con el espacio. No lo transgredimos, sino que lo asumimos como dado. Está ahí para que lo usemos, pero en sus términos. ¿Y su jugáramos con él? No para dominarlo, sino para integrarnos a él. Para significarnos mutuamente. Para apropiarnos un poco de él.

Quizás empezarían a pasar cosas interesantes.