Más sobre datos, aplicaciones y ciudades

Ayer escribí un poco sobre mi interés creciente por el tema del manejo de datos y cómo podemos extraer de la enorme cantidad de datos que capturamos (o que deberíamos capturar) información significativa para mejorar nuestras condiciones de vida.

Hay muchas aplicaciones en torno a esto que se están explorando para monitorear y optimizar diversos sistemas públicos en ciudades. De hecho, hace un tiempo compartí aquí un ejemplo de cómo Copenhague estaba utilizando bicicletas como sensores baratos para monitorear condiciones climáticas y de tráfico en la ciudad. Ahora encontré un artículo en Mashable sobre una serie de ciudades que están abriendo a sus ciudadanos sus bases de datos para que construyan aplicaciones utilizando la información que está allí sin explotar, para mejorar las condiciones de vida en la ciudad.

Major city governments across North America are looking for ways to share civic data — which normally resides behind secure firewalls — with private developers who can leverage it to serve city residents via web and mobile apps. Cities can spend on average between $20,000 and $50,000 — even as much as $100,000 — to cover the costs of opening data, but that’s a small price to pay when you consider how much is needed to develop a custom application that might not be nearly as useful.

Hay varias razones por las cuales esto es una gran iniciativa:

  • Fomenta la transparencia y la participación ciudadana. Por un lado, evidencia de parte del gobierno de la ciudad la disposición de abrir sus datos al público, y al brindar la oportunidad de crear maneras accesibles de interpretar esta información, permite que un número mayor de personas pueda entender y participar de la gestión municipal.
  • Permite mejorar las condiciones de vida en la ciudad. Creando aplicaciones que contextualizan datos sobre tráfico, criminalidad, educación, medio ambiente, etc., se tienen elementos mucho mejores para tomar decisiones en materia de políticas públicas. Éste es uno de los mejores rasgos de jugar SimCity: uno puede ver cómo cambios en la zonificación industrial afectan a lo largo del tiempo los patrones de contaminación o de tráfico en una zona de la ciudad, y puede adoptar medidas en función a eso. Con mejores fuentes de datos, lo mismo puede hacerse con ciudades reales.
  • Desarrolla un mercado y una base de talento locales. Al abrir las bases de datos para que los ciudadanos jueguen con ellas, se fomenta el desarrollo de habilidades en construcción de aplicaciones a nivel local, que luego pueden ser contratadas por la misma gestión municipal o por el sector privado o quien fuera. En términos simples, se genera un espacio de aprendizaje muy accesible donde los ciudadanos pueden aprender a hacer aplicaciones basadas en datos y empezar a hacerse un nombre con lo cual luego puede empezar a forjarse un mercado local en este rubro.

Por todo esto, no sólo no es descabellado, sino que sería también deseable explorar este tipo de aplicaciones en una ciudad como Lima. En Lima, sin embargo, quizás haya que empezar por capturar datos y consolidarlos en bases de datos accesibles, algo que no es imposible pero que ciertamente arrastra un costo. Las unidades de transporte público, por ejemplo, podrían estar equipadas con sensores que monitoreen su recorrido a lo largo del día, junto con una serie de factores además del tiempo, como condiciones medioambientales o contaminación sonora. Con una serie de sensores bien ubicados en líneas estratégicas, uno podría construirse una figura razonable de los patrones de tráfico, los cuellos de botella y los focos de contaminación en puntos clave de la capital.

(Obviamente esta información y toda su riqueza serían seguramente objetadas por gremios que no quieren ser monitoreados, ya que eso evidenciaría, expondría y documentaría las infracciones que cometen cotidianamente. A mi juicio, una razón más por la cual implementar algo así, a pesar del costo político.)

Otro lugar muy importante donde podría ensayarse esto es en la mejora de la seguridad ciudadana, construyendo sistemas que hagan extremadamente fácil para una persona reportar incidentes o crímenes y empezar a compilar toda esa información de manera sistemática. Debidamente organizada, esto permitiría construir un mapa de criminalidad e inseguridad en Lima que correlacionara no solamente ubicación geográfica, sino también hora, fecha, contexto, y todas las demás variables ambientales cuya influencia en la tasa de criminalidad podría luego empezar a explorarse. Ésta sería, a mi juicio, una inversión mucho más razonables y realista que los gastos más bien aparatosos y propagandísticos que muchos municipios hacen para dar la impresión de que hacen algo por la seguridad ciudadana – instalar cámaras de vigilancia puede estar muy bien, pero a menos que se tenga un plan integral y sistemático para hacer algo con esa nueva fuente de información, en realidad es tirar plata al tacho, jugar con las expectativas de la población y solamente intentar crear una falsa sensación de seguridad.

(Imaginen por ejemplo una aplicación que correlacione un mapa de criminalidad con la posición de uno vía GPS, y le emita una alerta vía celular cuando uno se acerca o se encuentra en un área de alta peligrosidad, junto con una serie de recomendaciones. Quizás son cosas que uno viviendo en una ciudad más o menos internaliza, pero que podría tener enormes aplicaciones, por ejemplo, para el turismo.)

Repensando la ciudadanía

OK, soy consciente de que si sigo repitiendo que todo está bajo profundas transformaciones, empiezo a sonar aburrido.

Mejor al menos elaborar un poco del asunto. Todo este asunto de la época 2.0 se traduce en un fuerte espíritu de colaboración. Por alguna razón, en nuestra época gozamos de un espíritu mucho más dispuesto y abierto hacia colaborar de maneras más o menos gratuitas. Esto viene, además, asociado a que hoy disponemos de tecnologías que nos permiten comunicarnos, compartir y colaborar de maneras mucho más sencillas a las antes conocidas.

Hoy es sumamente fácil articular a un grupo de gente en torno a intereses o preocupaciones comunes, intercambiar información y experiencias, generar una base común de conocimiento y de ella derivar cursos de acción que se puedan desarrollar en conjunto. Esto lo hemos venido viendo surgir en diversos ámbitos de nuestra cultura.

La ciudadanía y el gobierno no es diferente, y de la misma manera, se está viendo transformado por los nuevos requerimientos que le plantea este espíritu. Cuando hay muchos más ojos concentrados en vigilar, es mucho más difícil que alguien pueda esconder algo debajo de la mesa. Cuando es más fácil expresarse y participar, el proceso político empieza a transformarse en algo mucho más integrador.

Detrás de esto hay un fuerte componente tecnológico y mediático, conforme estas herramientas posibilitan formas crecientemente complejas de colaboración, interacción y acción conjunta. Detrás de esto está, también, una forma o un modelo como compartimos la información y generamos bases colectivas de conocimiento. La regla general de este espíritu sigue siendo una de confianza: canales abiertos, información transparente, participación colectiva.

Todo suena muy bonito.  Pero aún más bonito lo pone Tara Hunt en esta presentación (a la cual llegué por el blog de Luis Suárez).

Los efectos de todo esto recién empiezan a sentirse, y no debemos tampoco ser presas de una fe ciega que vea solución a todos nuestros problemas sin crear otros tantos en el camino.