Teoría provisional, o la Minimum Viable Theory

Hace poco terminé de leer The Lean Startup, el libro de Eric Ries que está en cierta medida alimentando un movimiento y una cultura sobre cómo gestionar el trabajo que hace un start-up – una organización que quiere introducir un nuevo producto, servicio o modelo en el mercado la sociedad. Soy intencionalmente genérico en esta descripción porque Ries abre el espacio del start-up mucho más allá de sólo empresas, o sólo servicios tecnológicos, y juega con una definición mucho más amplia para el start-up:

A startup is a human institution designed to deliver a new product or service under conditions of extreme uncertainty.

De modo que esto puede aplicarse a múltiples tipos de organizaciones o grupos, con diferentes propósitos, mientras que su objetivo común sea la introducción de algo nuevo al mundo y sus condiciones operativas sean de extrema incertidumbre. La metodología del lean startup, entonces, debería servir a la gestión de cualquier iniciativa que exhiba estas características.

El propio Ries sintetiza el núcleo de esta metodología en esta presentación del 2010 en el Web 2.0 Expo:

Ayer venía a casa caminando y empecé a darle más vueltas al asunto, pero intentando traducir estas categorías y herramientas a la labor teórica y a las diferentes maneras de realizar trabajo teórico que hoy en día se están volviendo tanto posibles como necesarias. Solía ser el caso de que la teoría era algo confinado a unos ciertos ámbitos – principalmente académicos – y construido de una cierta manera arquitectónica, lo cual encerraba además supuestos ontológicos, epistemológicos y éticos de ninguna manera triviales. Y solía ser el caso también de que estas construcciones respondían a condiciones estructurales: los recursos para la investigación y el trabajo teórico eran de difícil acceso y por ello era necesario concentrarlos físicamente para reducir costos e incrementar la eficiencia, y los problemas explorados y desarrollados se movían a una velocidad y un ritmo que les permitía comprometerse a resultados y mantener relevancia durante largos periodos de tiempo.

Parto de una observación simple, y por supuesto, cuestionable: que estas condiciones estructurales que afianzaban el edificio del trabajo teórico se han venido abajo. Por un lado, ya no es cierto que los recursos necesarios para realizar investigaciones y construir modelos teóricos deban concentrarse por temas de eficiencia y acceso, porque la tecnología disponible nos permite nuevas alternativas (no equivalentes ni mejores, simplemente nuevas). Por otro lado, aparecen hoy objetos y temas de estudio cuya naturaleza rápidamente cambiante y difícil de abarcar desafía nuestras nociones tradicionales de teoría, pero no por ello requieren de menor comprensión de nuestra parte. Que nosotros estemos acostumbrados a hacer teoría de una cierta manera, no quiere decir que Internet o la economía se van a mover más lento como para que captemos con “claridad y distinción” lo que está ocurriendo. Simplemente quiere decir que nuestros modelos se vuelven bastante menos efectivos, en gran medida porque terminan siendo obsoletos incluso antes de ser terminados. Alejandro Piscitelli, presentando el libro Facebook es el mensaje de Clara Ciuffoli y Guadalupe López, lo pone de esta manera:

Si hace un tiempo decíamos que en la red un año son 7 del mundo real, quizás ahora deberíamos hablar de 12 o 14 años. Lo cierto es que el presente de hoy difiere tanto del presente de 1 año o 2 atrás, para no decir de 10 años o 20 (cuando nació la web), que resulta casi imposible sacar fotos de este flujo incesante de experiencias, plataformas, realineamientos y en definitiva de diseño multivariado de experiencias.

Pero el valor de nuestra comprensión de estos fenómenos no ha disminuido. En el caso de la tecnología, nuestra capacidad para comprender y explicar los efectos sociales de nuevos fenómenos emergentes es lo que marca la diferencia entre que la tecnología haga cosas con nosotros, y que nosotros hagamos cosas con la tecnología (no como herramienta, sino más bien como colaboración). Nuestra capacidad para formular rápida, efectiva y eficientemente modelos teóricos para explicar nuevas fenomenologías se convierte en una capacidad de primordial importancia para nuestra adaptación cultural: en otras palabras, nuestra capacidad para hacer teoría bajo condiciones de extrema incertidumbre.

La Minimum Viable Theory

Uno de los elementos de la metodología lean startup de Ries es el Minimum Viable Product (MVP), o producto mínimamente viable. El objetivo de formular un MVP es implementar un producto funcional que pueda ser llevado al mercado lo antes posible, para evaluar las hipótesis sobre el mercado, el consumidor y el producto que un start-up ha formulado al empezar su proceso de diseño. Es diferente a un prototipo, en tanto un prototipo está destinado sola o principalmente a evaluar la funcionalidad de un producto y que de hecho pueda hacer lo que se espera que haga. El MVP, más bien, busca evaluar la viabilidad de todo un modelo de negocios: no sólo la funcionalidad de un producto o servicio, sino su capacidad para ingresar al mercado y cumplir, aunque sea mínimamente, con sus objetivos propuestos.

Si utilizamos el MVP como base para un analogía respecto a la formulación de modelos teóricos, podríamos pensar en una Minimum Viable Theory (MVT), o teoría mínimamente viable, como la base de la concepción de una teoría provisional que nos permite comprender fenómenos bajo condiciones de extrema incertidumbre.

Pero es importante tener en cuenta que una MVT tiene objetivos epistemológicos muy diferentes a la manera como solemos entender la theoría. En primer lugar, porque su objetivos principal no es alcanzar la certidumbre, sino minimizar la incertidumbre: a través del ensayo y error, una MVT evalúa y descarta rápidamente diferentes hipótesis para restringir el alcance y la viabilidad de su modelo, y para reducir el espacio del error, pero sin la pretensión de que todas sus explicaciones sean por eso verdaderas o certeras. Es un modelo, en todo caso, probabilístico: al reducir el margen de error aumenta la proporción de afirmaciones y explicaciones correctas, pero no por eso alcanza una descripción o definición última ni absoluta de aquello que busca explicar.

Además, y en la misma línea, los valores sobre los que se formula una MVT son diferentes a los tradicionalmente aceptados para el trabajo teórico, y es importante tener eso presente. Si una teoría está destinada principalmente a buscar certidumbre y claridad, y para ello se somete a un pormenorizado y largo proceso de evaluación cuidadosa de evidencia, fuentes y referencias como aquel que distingue al trabajo académico, una MVT está enfocada más bien en construir un modelo eficaz (consigue presentar explicaciones para aquello que pretende explicar), eficiente (lo hace sin multiplicar innecesariamente los entes) y efectivo (presenta explicaciones que podemos utilizar posteriormente para orientar otras teorías, acciones e iniciativas) aún a expensas de un proceso comparativamente menos pulcro.

Si un modelo teórico se ha distinguido tradicionalmente por su capacidad popperiana para la falseabilidad – la búsqueda de evidencia que falsee el modelo para probar su validez – una MVT se comporta de la manera contraria. Lo cual no quiere decir que opere por eso de manera ingenua, falaz o exagerando sus propios alcances, sino simplemente que una MVT busca ser útil antes que verdadera. Esto por la simple razón de que una MVT, en tanto teoría provisional, encierra la idea de que será rápidamente reemplazada cuando aquello que pretende explicar cambie tan radicalmente que sus explicaciones ya no encuentren asidero. La MVT es teoría rápida, interconectada y hasta cierto punto descartable, que nos brinda conocimiento operativo sobre fenómenos nuevos que nos afectan y a través de ese conocimiento nos permite tomar decisiones e iniciar acciones.

¿Por qué sería necesaria una MVT?

Por tres razones. En primer lugar, como intenté explicar antes, porque hoy día vemos una serie de fenómenos que se mueven y cambian demasiado rápido como para que nuestros mecanismos tradicionales para formular teorías nos den explicaciones útiles. En el tiempo que le toma a un libro o a un paper ser publicados, por ejemplo, muchas explicaciones y descripciones sobre cambios tecnológicos o conductas sociales emergentes pueden haber cambiado significativamente, o incluso haber desaparecido. Procesos tradicionales como el peer-review, que no dejan de ser importantes, no necesariamente tienen tanto sentido cuando nos enfrentamos al tipo de desafíos teóricos como aquellos a los que responder una MVT. Esencialmente, es algo así como pasar de un modelo filter, then publish, a un modelo publish, then filter.

En segundo lugar, porque el agotamiento institucional y económico de ciertos modelos tradicionales de investigación está haciendo evidente la necesidad de alternativas. Las instituciones de educación superior y nuestro modelo educativo industrial en general esté enfrentándose a desafíos estructurales que están desafiando su propia supervivencia, y la creciente disponibilidad de información está posibilidad que se haga trabajo de investigación y construcción de modelos teóricos fuera de los claustros universitarios. Una MVT es un modelo que potencialmente podría funcionar fuera de los espacios tradicionales, pero que al mismo tiempo nos haga conscientes de aquello que estamos dejando sobre la mesa, los diferentes enfoques, valores y objetivos que se tiene frente al trabajo teórico tradicional.

En tercer lugar, porque los modelos teóricos tradicional no se distinguen por ser accionables (actionable, un poco difícil de traducir, pero básicamente queriendo decir que no son “orientados a la acción”). Mucho se ha escrito en múltiples contextos sobre como toda teoría tiene algo de praxis y toda praxis encierra una teoría, pero eso no quiere decir que los modelos teóricos que construimos estén diseñados para permitir y facilitar tomas de decisión, construcción de iniciativas e inicio de acciones. La MVT, en cambio, responde a propósitos mucho más claramente pragmáticos y operativos: implica construir modelos teóricos que nos sirvan para orientar la acción, de modo que son intrínsecamente mucho más orientados a la acción.

¿Y qué pasa con las otras formas de teoría?

Nada, realmente. Que haya espacio y necesidad para una MVT no quiere decir que la MVT llene todos los espacios y satisfaga todas las necesidades, o que no haya lugar para modelos y conductas teóricas que respondan a otros valores y objetivos. De hecho, prefiero pensar que es en realidad todo lo contrario: la posibilidad de una MVT como alternativa reafirma el valor, sentido y utilidad de otras formas de hacer teoría, tanto conocidas como por conocer.