Cómo criar a un pingüino

Recién terminé de leer The Penguin and the Leviathan: The Triumph of Cooperation Over Self-Interest. Es el más reciente libro de Yochai Benkler, profesor de la universidad de Harvard y miembro del Berkman Center for Internet and Society, y autor también del (a mi juicio) fundamental The Wealth of Networks.

Aunque es un muy buen libro, no me parece que sea tan contundente en su argumentación como el anterior. En The Wealth of Networks, Benkler parte de observar que una serie de cambios tecnológicos están haciendo posible que se desarrolle un nuevo espectro de actividades productivas que no se inscriben necesariamente ni en las acciones del mercado ni en las iniciativas del Estado. Para él, la tecnología está haciendo posible un nuevo modo de producción que antes no había podido desarrollarse significativamente: un segmento de actividades que podríamos llamar “sostenibles”, capaz de generar suficientes recursos como para mantenerse en funcionamiento, o de generar suficiente valor como para mantener a sus participantes involucrados. Y desarrolla contundentemente cómo funciona este nuevo modo de producción a través de más de quinientas páginas.

En The Penguin and the Leviathan, Benkler ya da por sentado que este modo de producción existe, y más bien trata de dar cuenta de algo diferente – o, más bien, dar cuenta de varias otras cosas. El libro es un examen de la cooperación entre individuos y de los sistemas cooperativos diversos que hemos construido en diferentes momentos y lugares, y busca destilar cuáles son los diferentes principios que intervienen al hacer posible que un sistema cooperativo funcione. Así, toma en consideración los diferentes incentivos, normas sociales, valores, códigos morales, factores culturales y demás variables que pueden intervenir en alguno de estos sistemas, intentando desde el principio cuestionar uno de los supuestos básicos del liberalismo político y sobre todo económico: el del individuo autónomo maximizador, que busca siempre satisfacer racionalmente sus propios intereses al mayor grado posible. Apoyándose en investigación neurológica, evolutiva, psicológica y social, Benkler busca quitar centralidad a la tesis aceptada del individuo maximizador para mostrar que no sólo no nos comportamos de manera egoísta todo el tiempo, sino que además sí cooperamos mutuamente con las personas a nuestro alrededor buena parte del tiempo. Así es que se vuelve posible que se formen y funcionen “pingüinos”, sistemas cooperativos como las comunidades del software libre que hicieron posible Linux, sin la necesidad de que surjan Leviatanes, sistemas de control, supervisión y castigo como los Estados modernos, destinados a limitar el egoísmo del individuo.

El problema, me parece, es que el libro intenta ser demasiadas cosas al mismo tiempo sin tenerlas todas completamente claras. Por un lado, intenta mostrar que la cooperación es posible, es frecuente y responde a una serie de principios y elementos; pero por momentos lleva esta argumentación demasiado lejos, insinuando o implicando que somos fundamentalmente cooperativos y no egoístas, para luego retroceder sobre la gravedad de estas implicaciones y devolverle un lugar en la naturaleza humana al egoísmo. Por otro lado, intenta explicar la manera como ciertos ejemplos de sistemas cooperativos funcionan o han funcionado, desde cooperativas campesinas que regulan el uso de una cuenca hasta Wikipedia; pero no llega a explorar la manera en la cual estos sistemas fueron posibles, o si es que representan algún tipo de singularidad que sea demasiado difícil, o quizás imposible, de replicar. Y por otro lado aún, busca catalogar o documentar los diferentes principios que deben tenerse en consideración al momento de diseñar sistemas cooperativos; pero presupone que tal diseño es posible, y no llega nunca a definir del todo si lo que está intentando hacer es observar sistemas cooperativos en su funcionamiento, o establecer un marco a partir del cual interpretar o diseñar dichos sistemas cooperativos.

No es que crea que un sólo libro no pueda abordar todas estas tensiones y navegarlas exitosamente. Es que me parece que el libro no plantea todas estas problemáticas explícitamente, sino que se va tropezando con unas y con otras en el camino de una manera un poco confusa que me parece no contribuye a la claridad de lo que, aún así, es un argumento sumamente interesante y que merece mucho examen. Más aún cuando uno lee TPATL a la luz de TWON.

Pero mi principal reparo con TPATL es que presupone muchas cosas de un calibre muy pesado. Presupone, por ejemplo, algo así como que los sistemas cooperativos, o los “pingüinos”, fueran no sólo un nuevo patrón, sino una nueva norma que lo cambia todo. Puede que esto sea así, pero no me parece que ofrezca suficiente evidencia para ello. De la misma manera que presupone que los mismos sistemas cooperativos, inspirados por Wikipedia, son ampliamente posibles si se presta atención a un conjunto de variables y principios, cuando en realidad una lectura histórica de estos sistemas fácilmente podría revelar sus propias complejidades internas y que, además, son quizás más los casos de fracaso que de éxito.

Entre estos presupuestos, el que más me resulta incómodo es el presupuesto de que este tipo de sistemas pueden diseñarse intencionalmente. Creo que esto es inconsistente con el tipo de individuo que describe Benkler, que no está plenamente en control de sus voliciones y de los factores ambientales que rigen sus deseos, intereses y acciones, y es donde también creo que habría venido bien una lectura histórica de sistemas cooperativos como los desarrolladores de Linux o los editores de Wikipedia: tal lectura evidenciaría cuanto lo que vemos realmente se ajusta a algún “diseño” o a las intenciones de algún “diseñador”. O si se trata, más bien, de sistemas que van evolucionando y sobreviven en la medida en que son capaces de adaptarse a los intereses multidimensionales de las comunidades que los mantienen y empujan. En ese sentido, no estoy convencido de que el “diseño de sistemas cooperativos” sea plenamente posible en el mismo sentido que uno diseña una silla, una campaña de comunicaciones y una aplicación web. Aunque puede tratarse de una nueva aproximación interesante al diseño de sistemas, éste es uno de los elementos que me parecieron menos consistentes y explicados del libro, y que al mismo tiempo tenía las implicancias más grandes.

Aún así, creo que se trata de un muy buen libro y lleno de temas interesantes como para dejar abiertas preguntas y líneas de trabajo para seguir desarrollando. Uno de sus puntos fuertes es que está fuertemente documentado con estudios empíricos tanto de laboratorio como del mundo real, que ayudan a establecer ideas que pueden sonar contraintuitivas o que corren en contra de creencias aceptadas hace largo tiempo. Ofrece, además, una importante cantidad de materia prima para varios de los puntos que he mencionado arriba, y en particular, creo que permite construir o reconstruir un marco explicativo o un framework para entender qué está en juego en el funcionamiento de sistemas cooperativos y diferentes tipos de comunidades, qué principios hacen posible que se formen y cuáles hacen posible que puedan seguir funcionando. Es, por eso mismo, una buena introducción al arte de la crianza de pingüinos.

Textos (neo)clásicos

Pasé mucho de mi infancia robando horas a una conexión RDSI cuando era una de las pocas opciones existentes en Lima para tener un acceso dedicado a Internet. No se podía hacer mucho, pero pasaba mis horas, sobre todo, jugando una y otra vez con la idea de ser hacker. Descargué cientos de archivos TXT con codificaciones extrañas e imprimí quizás miles de páginas sobre el tema. Era joven e ingenuo, claro, y mucho más de lo que aprendí en esa época sobre efectivamente ser un hacker lo aprendí sobre la cultura hacker que en eso momento predominaba con mucha más fuerza en la web. Creo que ese conocimiento, sobre todo esa edad, sirvió mucho para formar varias de las ideas que tengo hoy día.

Me he estado topando últimamente con varios de los textos que leí entonces, de nuevo. Y creo que vale la pena mencionar y recomendar varios textos de antaño sobre ética y cultura hacker que empezaron a surgir por entonces, y que han servido como la espina vertebral ideológica de la cultura digital que conocemos hoy en día. Así que aquí una pequeña lista de algunos textos que son, me parece, ahora también clásicos.

The Hacker’s Manifesto. Publicado por el hacker The Mentor en la revista Phrack, en 1986, se trata de uno de los primeros documentos donde se articula una visión primigenia de los valores de la cultura hacker, que desde entonces hacía un esfuerzo importante por distinguirse de los crackers, los piratas informáticos que les daban mala fama. La cultura hacker intentaba estructurarse en torno a una ética de la meritocracia, del descubrimiento y de la experimentación, de la idea de que la realidad y la información estaban allí para jugar con ellas, si uno tenía las habilidades y el conocimiento para hacerlo. Y si no los tenía, pues podía conseguirlos.

This is our world now… the world of the electron and the switch, the beauty of the baud. We make use of a service already existing without paying for what could be dirt-cheap if it wasn’t run by profiteering gluttons, and you call us criminals. We explore… and you call us criminals. We seek after knowledge… and you call us criminals. We exist without skin color, without nationality, without religious bias… and you call us criminals. You build atomic bombs, you wage wars, you murder, cheat, and lie to us and try to make us believe it’s for our own good, yet we’re the criminals.

Yes, I am a criminal. My crime is that of curiosity. My crime is that of judging people by what they say and think, not what they look like. My crime is that of outsmarting you, something that you will never forgive me for.

En esa misma dirección, uno de los documentos más interesantes para entender cómo los hackers se ven (o se veían) a sí mismos, es How To Become A Hacker, de Eric S. Raymond. Raymond no sólo es un desarrollador importante en el mundo del software libre, sino que tiene también excelentes ensayos sobre cultura digital, tecnología y libertades civiles. En HTBAH, Raymond describe la actitud general que define la personalidad del hacker:

1. The world is full of fascinating problems waiting to be solved.
2. No problem should ever have to be solved twice.
3. Boredom and drudgery are evil.
4. Freedom is good.
5. Attitude is no substitute for competence.

Comprenderán entonces por qué, al ver el asunto así descrito, empecé a pensar que la ética hacker no era tanto definida por el objeto de estudio o de manipulación, sino más bien por la actitud o la aproximación – lo cual tiene mucho que ver con la manera como he venido a entender que cobran sentido los problemas filosóficos. Otros dos excelentes ensayos de Raymond son A Brief History of Hackerdom, que describe el panorama del mundo y la cultura hacker en su periodo ochentero, cuando la cuestión recién empezaba a emerger, y, sobre todo, The Cathedral And The Bazaar.

TCATB es, realmente, un libro, disponible libremente en varios idiomas incluyendo una traducción al español, y es el trabajo más popular de Raymond. Es un texto fascinante, donde Raymond describe los modelos de desarrollo de software de la comunidad del software libre comparado al modelo de los desarrolladores comerciales. Software de empresas como Microsoft se construye como se construye una catedral: se planifican los recursos, se hacen planos, pruebas, modelos, luego se ejecutan los planes intentando mantenerse lo más cercano posible a lo previsto, y finalmente se tiene un gran aparato colosal cuyos diseñadores conocen íntimamente. En cambio, el modelo de desarrollo de software que ha sido popularizado por Linux ha sido radicalmente diferente:

El estilo de desarrollo de Linus Torvalds (“libere rápido y a menudo, delegue todo lo que pueda, sea abierto hasta el punto de la promiscuidad”) me cayó de sorpresa. No se trataba de ninguna forma reverente de construir la catedral. Al contrario, la comunidad Linux se asemejaba más a un bullicioso bazar de Babel, colmado de individuos con propósitos y enfoques dispares (fielmente representados por los repositorios de archivos de Linux, que pueden aceptar aportaciones de quien sea), de donde surgiría un sistema estable y coherente únicamente a partir de una serie de artilugios.

Y, de nuevo, resultará evidente a muchos que esta lógica no solamente se aplica a la construcción de sistemas operativos o de software en general. De hecho, esta descripción refleja mucho de la manera como nuestra concepción del mundo ha venido a ser transformada en los últimos años: hemos pasado de creer en grandes ideologías y complejas representaciones del mundo que le daban sentido articulado a la totalidad de la realidad, a construir más bien modelos temporales, cambiantes, evolutivos cuyo propósito principal es adaptarse a nuestras necesidades cambiantes. Raymond está prácticamente describiendo, en términos técnicos, el cambio filosófico que ha significado pasar de modelos representacionalistas, totalizantes de la realidad misma, a concepciones más bien heterogéneas, experienciales del mundo, construcciones colectivas que utilizamos para darle sentido y significado a la experiencia cotidiana.

Otro muy interesante ensayo que permite mapear la manera como diferentes herramientas nos aportan no sólo diferentes aproximaciones a su creación, sino también diferentes actitudes y personalidades, es el ensayo de Neal Stephenson, In The Beginning Was The Command Line (el artículo original de 1999 cuenta con un comentario actualizado de Garrett Birkel del 2004). Stephenson se concentra en el universo de los sistemas operativos, básicamente describiendo las diferentes actitudes que sistemas como Windows, Mac OS, Linux o BeOS despiertan en sus usuarios, y por qué reflejan diferentes características. Es interesante, también, porque plantea una serie de consideraciones sugerentes en torno a las diferentes maneras como la interacción entre usuarios y máquinas se estructura.

Todos estos textos clásicos son muy interesantes, y de lectura muy recomendada a todo aquel que esté interesado en conocer un poco más de las raíces culturales del mundo digital desde el submundo hacker, mucho de lo cual ha terminado influenciando enormemente las herramientas que usamos hoy día (finalmente, las personas que construyeron esas herramientas se formaron a partir de muchas de estas referencias.