Borrón y cuenta nueva: ¿Debemos reiniciar nuestro social graph?

El viernes Facebook salió al mercado en una oferta pública inicial en el NASDAQ, con una valuación que fluctuó alrededor de los $115 mil millones. Son muchos millones. Hay quienes piensan que una compañía como Facebook no debería valer tanto, y otros dicen que la oferta pública inicial ha sido un fracaso o, por lo menos, una decepción, pues la acción cerró prácticamente al mismo valor al que abrió, desinflando las expectativas de millones de personas que esperaban una farra financiera.

Es interesante volver sobre la historia de cómo llegamos hasta aquí, en años recientes. Cuando empezamos a utilizar las redes sociales online, en realidad no teníamos idea de lo que hacíamos. Primero Friendster, luego Myspace, en algunos casos también Hi5 (¿recuerdan los “testimonials”?). Eventualmente Facebook abrió sus puertas y dejó que todo el mundo entre a jugar a su jardín amurallado, y nos adaptamos como mejor pudimos. La manera como utilizamos Facebook ha ido cambiando con el tiempo, de la misma manera que el producto mismo ha ido evolucionando, ampliándose y brindando nuevas posibilidades.

El conflicto es, quizás, que nunca hemos aprendido a ser muy diligentes respecto a nuestro rastro digital: el conjunto de perfiles, objetos y contenidos que hemos ido creando y publicando en la web a través de los años, y que hemos ido dejando atrás sin ningún tipo de mantenimiento, curaduría o consideración. Incluso dentro del mismo Facebook uno puede hacer este ejercicio de auto-arqueología continuamente: cada cierto tiempo verás el anuncio de que es el cumpleaños de alguien que quizás te importa poco, quizás no entiendes por qué lo saludarías o quizás simplemente no entiendes por qué rayos es tu amigo en Facebook.

Si recuerdan, al principio cuando estábamos construyendo nuestro “social graph”, nuestra red de conexiones en línea, no intentamos ser particularmente prolijos. En un esfuerzo por tener más “amigos” y ampliar nuestras redes, muchas veces aceptamos a cualquier persona, organización, objeto o ente como amigo en Facebook sin pensarlo mucho. Más aún, nunca nos detuvimos demasiado tampoco en limpiar eso posteriormente, eliminando personas o entes a los que quizás no queríamos darle acceso privilegiado a toda nuestra información personal (a medida que fuimos volcando más y más de ella en nuestros muros, perfiles y ahora, biografías).

Ahora, espero, somos un poco más conscientes de esas cosas, pero en muchos casos el daño a nuestro social graph ya está hecho. A medida que más y más aplicaciones se construyen utilizando ese social graph, esos primero “errores” o aprendizajes terminan afectando la información que recibimos y utilizamos: si los resultados de búsqueda en Google, por ejemplo, utilizan mi social graph para darme resultados más interesantes, ¿cómo aporta a esa relevancia la presencia de una persona que estuvo en mi colegio un año y no volví a ver más en la vida? Además, el costo de transacción de hacer limpieza es alto: no solamente consume tiempo, sino que eliminar gente de nuestra lista de amigos es una decisión complicada. ¿Estoy mandando un mensaje a esta persona? ¿Se enterará? ¿Se ofenderá? Todo lo cual hace que sea mejor no hacer nada que hacer algo.

Steven Levy escribía el año pasado que Facebook debería darnos la opción de empezar de nuevo. No perder nuestro contenido, no tener que crear un nuevo perfil, pero reiniciar nuestras lista de amigos para poder volver a empezar con mucha más consciencia de las consecuencias y las implicaciones. Michael Arrington fue un paso más allá al decir que esto podría convertirse en un talón de Aquiles a largo plazo para Facebook, cuando los usuarios empiecen a preferir opciones sociales online mucho más personalizadas y donde los “mundos no colisionen” continuamente.

No creo que pase ni lo uno ni lo otro, pero igual tenemos que empezar a observar y hacer algo respecto a las consecuencias de todo esto. Finalmente, no estamos realmente acostumbrados a cargar con toda nuestra historia social, todo el tiempo: pre-Facebook, era relativamente fácil dejar cosas atrás. Ya no. Ahora quedan marcadas como eventos en nuestra biografía, y cuando empezamos a marcarlas nunca pensamos que quizás, tiempo después, tendríamos que retroceder para hacer un poco de housekeeping.