Redes de la filosofía

Del 3 al 5 de octubre en el Auditorio de Humanidades de la PUCP, se estará llevando a cabo el coloquio Redes la Filosofía | Filosofía en las Redes. Es un evento que estará explorando tanto las maneras como nuevas tecnologías de la información están cambiando la manera en la que hacemos y comunicamos la filosofía, así como las maneras en las que la filosofía contribuye a echar luz sobre cómo emergen, se configuran y se implementan las diferentes redes de las que participamos: informacionales, sociales, organizacionales, lingüísticas, etc.

Dos razones en particular por las que los invito a asistir o, por lo menos, seguir el webcast en vivo durante los tres días del evento: la primera, y más importante, es porque contará con la participación de Pierre Lévy, filósofo francés que ha prácticamente acuñado las ideas que manejamos en torno a la inteligencia colectiva y la capacidad cognitiva distribuida hecha posible por las tecnología de la información (notablemente en su libro Inteligencia colectiva). Lévy estará presentando el jueves 4 de octubre a las 5pm bajo el título “Beyond Networks: Algorithmic Rhizomes”, una aproximación a la formalización de sistemas complejos multidimensionales representándoles como sucesiones anidadas a su vez de redes complejas. El trabajo de Lévy en los últimos años ha estado dedicado a incrementar nuestra capacidad colectiva para “cartografiar” nuestro universo de conocimiento desarrollando metalenguajes y marcadores (específicamente, el metalenguaje IEML) para poder identificar y rastrear conexiones conceptuales a través de disciplinas, enfoques y lenguajes.

La segunda y autobombística razón es que estaré presentando yo mismo en el coloquio, en una mesa titulada “Hackeando conceptos: Nuevos enfoques para nuevos problemas”, junto a Roberto Bustamante (a.k.a. @elmorsa). Esta mesa está programada para el mismo jueves 4 a las 3pm, justo antes de la presentación de Lévy. La presentación que estoy preparando incluirá elementos de la ética hacker (en los que estoy interesado hace tiempo) y la manera como se comparan con la investigación filosófica y permiten codificar la manera en la que puede operar una “filosofía de las redes” que, al mismo tiempo, permita formular un pensamiento crítico sobre la tecnología que no adelante juicios de valor ni peque de ingenuidad. En ese sentido quiero hablar de cómo la filosofía puede permitirnos navegar y des-entrañar los múltiples niveles anidados en los cuales se configuran las redes y los sistemas de información, junto con sus múltiples supuestos y conceptos, y de cómo la ontologización de estas redes representa tanto una oportunidad como una nueva responsabilidad para la práctica filosófica.

Pero incluso más aún, hay múltiples razones por las que podrían estar interesados en asistir. El evento va desde la mañana del miércoles 3 de octubre con la presentación de Alexandre Lacroix, “Prolegómenos a una filosofía política de Internet”, y en sus tres días incluirá la participación de ponentes nacionales e internacionales como Alessandra Dibós, Miguel Giusti, Víctor J. Krebs, Alejandro León, Daniel Luna, Rosemary Rizo-Patrón, Wilbert Tapia, Fidel Tubino, y Joao Salles, además de los antes mencionados. Pueden encontrar más información en la página en Facebook de El Talón de Aquiles o siguiendo su cuenta en Twitter, o el hashtag #filoenredes, y el programa completo estará pronto en la web para que lo puedan revisar.

El ingreso es libre a todas las presentaciones, y si no son miembros de la comunidad PUCP, pueden inscribirse aquí para poder ingresar. Mientras tanto, en los próximos días espero poder ir también adelantando algunas notas e ideas de lo que será mi presentación.

Actualización. Ya está disponible el programa del coloquio:

Toma tu simposio, octava edición

Del 19 al 21 de setiembre, en el Auditorio de Humanidades de la PUCP, el VIII Simposio de Estudiantes de Filosofía.

Tengo un aprecio enorme por este simposio. Fue, de hecho, el primer evento académico en el que presenté algo, hace unos años. Y es el foro donde he presentado ideas consistentemente, hasta, si no me equivoco, el año pasado.

El Simposio de Estudiantes es una gran cosa. Es un excelente espacio para la experimentación y la innovación, para probar nuevas ideas y ensayar combinaciones en un entorno relativamente “seguro”: uno no tiene ni la presión de conseguir una buena nota para un curso, ni la de tener que presentar en un contexto más consolidado y menos permisivo. Es una gran manera de foguearse presentando ideas frente a un público, de experimentar con diferentes recursos retóricos y de acostumbrarse a lo que significa someter ideas a la evaluación de tus pares.

Mi primera presentación en el simposio fue en mi primer año de Facultad en filosofía, presentando un texto titulado “Apología del sofista”. Arriesgado, para ese momento, supongo. Desde entonces presenté en casi todas las oportunidades, hasta dos veces en un mismo año, y con temas desde la empleabilidad en la filosofía hasta Watchmen. En todas las ocasiones lo disfruté enormemente y aprendí mucho de la experiencia. En años recientes, además, también disfruté mucho de visitar el simposio para conocer a los “jóvenes talentos” de la facultad y conocer más de cerca qué temas estaban trabajando, cómo estaban pensando, cómo estaban presentando.

Así que sólo puedo decir dos cosas. Primero que nada, si son estudiantes de filosofía, presenten. Presenten lo que sea, aunque no crean que está terminado, aunque no crean que es bueno, presenten y descubran que las ideas son un proceso y no un producto y que se refinan continuamente y mejoran a partir de compartirlas y discutirlas. Segundo, para todos, vayan al simposio. Escuchen las nuevas ideas que allí se presentan, y discútanlas con elegancia: no vayan para destruir, no vayan para aplastar, vayan para contribuir al fortalecimiento de proyectos conceptuales, para descubrir nuevas posibilidades y, también, para identificar nuevos talentos. Es un gran espacio al que me siento especialmente conectado, aún cuando siento que mi tiempo de presentar en él “ya pasó” y que hay que dejar ese espacio para que nuevas generaciones hagan cosas raras. Y que, por lo mismo, me alegro mucho de que se mantenga como una institución entre las nuevas generaciones de estudiantes.

¿Quién vigila a los vigilantes?

Acabo de enviar a la comisión organizadora del V Simposio de Estudiantes de Filosofía, este año organizado entre la PUCP y la UARM, la sumilla de la presentación que quiero realizar en la mesa temática que estamos armando sobre Watchmen, con Martín y Rubén. He podido tomar como punto de partida una presentación que hice hace unos meses sobre Death Note en la que también hablé bastante sobre Watchmen (invitado por el Bunka Yugo Club de la PUCP), y ahora quiero recoger algunas de esas ideas y desarrollarlas un poco más.

Asumiendo que mi propuesta sea aprobada, esto será lo que trabajaré en el simposio (que será del 20 al 23 de octubre, entre la PUCP y la UARM). Tengo también la esperanza de presentar otro trabajo, asumiendo que me alcance el tiempo.

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¿Quién vigila a los vigilantes?
Superhéroes, nihilismo y cultura a partir de Watchmen

¿En qué momento dejamos de necesitar a los superhéroes? En 1986, Alan Moore y Dave  Gibbons se encargaron de implosionar nuestra concepción sobre justicieros enmascarados de una manera que cambió por completo nuestra percepción de la figura de los superhéroes e, incluso, del medio del cómic en general. Moore nos presentó un universo de superhéroes muy distinto de aquel al que estábamos acostumbrados: caracteres fallados, moralmente cuestionables, personalidades llenas de complejos que, sin embargo, pretenden defender un mundo supuestamente moral y justo.

Watchmen tuvo un significado singular en la historia de los comics, pues significó un doble salto hacia la “madurez”. Por un lado, al reinterpretar tan fundamentalmente una institución tan central como el ideal de los superhéroes, significó el acceso a una dimensión completamente nueva de complejidad y profundidad en la construcción de personajes e historias. Por otro lado, y por lo mismo, llevó a un nuevo grado de complejidad el calibre de los temas que podían trabajarse a partir del cómic: el trabajo de Moore, junto con otros trabajos de la época, empezaron a mostrar que el medio del cómic podía ser utilizado para expresar temáticas y problemáticas “serias” que se contraponían a los clásicos comics usualmente entendidos como historias para niños y jóvenes (y, en ese sentido, fueron también un paso decisivo para la aceptación del cómic como una forma de expresión artística).

En la formación de la cultura occidental contemporánea, sobre todo a partir del influjo de la industria cultural estadounidense, la figura del superhéroe ha tenido un lugar central como símbolo cultural. De allí que resulte forzosa la pregunta: ¿por qué Moore y Gibbons encontraron pertinente, si no necesario, atomizar esta imagen en su momento? ¿Por qué surge en esa época una tendencia hacia el cuestionamiento de la función que cumple el superhéroe, y la manera como la cumple?

En el presente trabajo espero responder a varios temas que se desprenden de estas preguntas. En primer lugar, quiero utilizar Watchmen como el hilo conductor para entender qué está pasando en nuestra cultura para que pueda tener lugar una historia como ésta (e historias similares) y resultarnos interesante. Partiendo de esta manifestación particular quiero extrapolar una serie de explicaciones y conclusiones posibles de por qué es posible que pensemos, hoy, en un mundo sin los superhéroes de antaño.

En segundo lugar, quiero preguntar por lo que queda, entonces, en su lugar. ¿Desaparecen los superhéroes de nuestra cultura, o es más bien su rol reinterpretado? ¿Qué nueva narrativa cultural puede extraerse a partir de los superhéroes de Watchmen? ¿Qué implicaciones tienen sus historias personales para la construcción de una narrativa cultural más amplia de la cual participamos nosotros los lectores? Quiero sugerir que la historia que se construye en Watchmen es también una metáfora de cómo nos encontramos en medio de la transición hacia otro – o varios otros – modelos sobre cómo construimos nuestra cultura, que tienen implicancias directas y personales para todos nosotros.

Finalmente, habiendo intentado trazar el hilo de esta narrativa cultural, quiero dar un paso atrás para preguntar por el sentido y el valor que me parece que tiene realizar esta lectura. Partiendo de poner en cuestión una cada vez menos útil separación entre la “cultura popular” y la “cultura ilustrada”, pero reconociendo que ésta no es ni puede ser una explicación de facto de cómo opera nuestra dinámica cultural, intentaré sugerir que el cómic ofrece una vía de entrada original a la interpretación de nuestra cultura y pensamiento por la singularidad de su formato. Es, en otras palabras, uno de los nuevos terrenos donde ha pasado a jugarse la construcción de nuestra cultura, y de los cuales la lectura filosófica no puede abdicar si desea no sólo mantener su actualidad, sino, principalmente, cuestionarse a sí misma permanentemente en la búsqueda de posibilidades y modelos interesantes.

Referencias

  • Adorno, Theodor y Max Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración. Trotta, Madrid, 1998.
  • Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica. En: Benjamin, Walter. Discursos interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires, 1989.
  • Jenkins, Henry. Convergence Culture: Where Old And New Media Collide. New York University Press, New York, 2006.
  • Johnson, Steven. Everything Bad Is Good For You: How Today’s Popular Culture Is Actually Making Us Smarter. Riverhead Books, New York, 2006.
  • Kierkegaard, Soren. Migajas filosóficas, o un poco de filosofía. Trotta, Madrid, 1999.
  • Kierkegaard, Soren. Temor y temblor. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
  • McCloud, Scott. Understanding Comics: The Invisible Art. Harper Collins, New York, 1994.
  • McLuhan, Marshall. Understanding Media: The Extensions of Man. Routledge, London, 2002 (1964).
  • Millar, Mark y Dave Johnson. Superman: Red Son. DC Comics, New York, 2003.
  • Miller, Frank. Batman: The Dark Knight Returns. DC Comics, New York, 1986.
  • Moore, Allan y Brian Bolland. Batman: The Killing Joke. DC Comics, New York, 1988.
  • Moore, Alan y Dave Gibbons. Watchmen. DC Comics, New York, 1987.
  • Moore, Alan y Curt Swan. Whatever Happened To The Man Of Tomorrow? DC Comics, New York, 2009 (1986).
  • Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
  • Nolan, Christopher (dir). The Dark Knight. DC Comics/Warner Bros., 2008.
  • Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

Universidades 2.0

Últimamente he notado una tendencia un poco confusa. Universidad que, imagino como parte de su estrategia de marketing, empiezan a aparecer en diferentes redes y medios sociales con información institucional. Gran parte de esta información, además, está orientada específicamente al sector de los postulantes, jóvenes en sus últimos años de educación secundaria que empiezan a buscar un poco confundidamente más información sobre la manera como piensan dedicar, por lo menos, los próximos cinco años de su vida (incluso haciéndome el loco de la perversa presión que significa pedirle a alguien de 16 o 17 años que decida lo que quiere hacer el resto de su vida).

He visto tres casos últimamente de esto. El primero es uno que ya comenté hace un tiempo, el sitio de carreras con futuro de la Universidad San Martín de Porres, que pretende brindar información a los jóvenes respecto a las carreras que tendrán mayor valor y demanda en el futuro y delinear el nuevo panorama de tendencias laborales y profesionales. Luego de ello, pasan a ofrecer su colección de carreras bastante tradicionales y con descripciones de sus perfiles que resultan plenamente familiares.

Pero no son los únicos. Hace un rato me enteré, a través del Twitter de la Universidad del Pacífico, que tenían un grupo en Facebook para los postulantes a la UP. El objetivo, según la descripción del grupo, es brindar mayor información sobre la UP y sus actividades a los interesados en postular – el grupo tiene en este momento 395 miembros. Por otro lado, aunque menos orientados a capturar nuevos postulantes, la PUCP también ha abierto su cuenta en Twitter destinada, mayormente, a promocionar noticias institucionales y actividades internas. En general, la interacción de @pucp me parece un poco más fluida y flexible, pero claro, tengo que confesar mi propio sesgo siendo egresado de allí.

Viendo todo esto se me ocurrieron dos cosas. La primera de ellas es preguntarme si esto, realmente, ayuda a los postulantes a tomar mejores decisiones respecto a sus carreras, o si más bien, como parte de la avalancha de información que ya reciben normalmente, esto les complica aún más el proceso de tomar una decisión desmesuradamente relevante. ¿A dónde puede ir el postulante que quiera revisar información que no esté filtrada por la visión de marketing de alguna de estas universidades? ¿Qué recursos están brindando estas mismas universidades para comparar, contrastar, evaluar más profundamente la información que se genera a través de estos medios? Es cierto que uno podría decir que eso iría contra el interés de las mismas universidades, pero es el tipo de recursos que van con toda la “onda 2.0″ que parecen querer transmitir. Para reflejar plenamente esta lógica, sus presencias en la web deberían funcionar menos como un jardín amurallado dentro del cual te bombardeo con información publicitaria, y más como un recurso que verdaderamente me permita, como postulante, evaluar mejor la información y sentirme más cómodo en tomar una decisión que es realmente angustiante. Me parece que, al menos en estos casos, esa opción realmente no existe.

Lo segundo es un poco más de fondo y más amplio, también. Y es que, una vez ingresados a cualquiera de estas universidades, ¿qué se encontrarán los alumnos? De lo que es mi experiencia, aunque la PUCP ha recorrido un camino enorme con una significativa iniciativa institucional para volver más “2.0″, la universidad sigue siendo en gran medida una institución casi medieval, muy tradicional y formalista en su enfoque y gestión. Muchos de los cursos y contenidos siguen este mismo patrón, y lo contrario o lo diferente resulta ser la excepción. Entonces, lo que terminamos teniendo son universidades que se maquillan como muy progres, muy 2.0, muy futuristas, pero que después de la fachada publicitaria son realmente lo mismo que vienen siendo hace ya muchos años.

El problema es grave porque juega con las expectativas de las nuevas generaciones que ingresan al sistema educativo superior para desencantarse, una vez más, y pasar por 5 años de nihilismo para luego trabajar en algo. La universidad ha pasado a ser una experiencia gratificante y personalmente significativa, quizás, en la minoría de los casos, lo cual es terrible. Y el que nuevas generaciones empiecen a llegar a la universidad ya formadas y versadas en el uso de herramientas web para gestionar su propia información significa un desafío enorme para las universidades como instituciones generadores y difusoras del conocimiento. La cosa, me parece, es tan complicada como para preguntarnos cuál es la vigencia o validez de las universidades hoy en día. No porque pretenda demolerlas o volverlas obsoletas; sino porque, como instituciones medievales que son y por la función que cumplen y la manera como lo hacen, bien podrían quedar contradictoriamente reñidas con la lógica social del mundo “2.0″, o mejor dicho, de los cambios culturales que están generando las nuevas tecnologías. Allí donde la universidad depende de cerrar y proteger espacios, el conocimiento en las nuevas tecnologías se beneficia de abrir y ampliar el espectro. No necesariamente ambas cosas deben poder reconciliarse, pero quizás sí sea posible pensar en algún tipo de hibridación entre una forma tradicional y una forma nueva – que es, finalmente, la manera como hemos venido construyendo nuestra cultura durante cientos de años. ¿Qué sería, entonces, esta forma hibridada? ¿Qué sentido y qué consecuencias tiene que estas universidades se quieren vender como tan innovadoramente tecnológicas?

¿Y ahora quién podrá defendernos?

Ésta es el soporte visual de la presentación que realicé ayer en la conferencia sobre Death Note y filosofía que organizó el Bunka Yugo Club de la PUCP. Para el trasfondo, pueden ver también el post anterior que hice sobre el tema.

http://www.slideshare.net/piscosour/y-ahora-quin-podr-defendernos-death-note-en-un-mundo-sin-superhroes

Tengo muchísimo más que comentar sobre esta conferencia. Pero por ahora, me voy al concierto de Drexler. Hablamos más tarde.

The Making of el V Simposio de Estudiantes de Filosofía

El Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP es definitivamente mi laboratorio favorito. Es un espacio organizado y articulado por estudiantes de la especialidad con el apoyo del Centro de Estudios Filosóficos de la PUCP, y es una de las pocas oportunidades que tenemos en el año de presentarnos mutuamente cosas en las que estamos trabajando o que nos interesan. Cierto, no es perfecto: sería bueno que hubieran más ponencias, sería bueno que hubieran más preguntas, pero es un trabajo en progreso de varios años que ha ido evolucionando con el tiempo.

El asunto es que ya está en marcha la organización del V Simposio, programado para fines de este año, y como novedad, los organizadores han creado desde ya un blog donde han abierto la discusión a propuestas y sugerencias sobre cómo organizar el simposio de este año. La primera cuestión en la agenda es, por supuesto, la siempre polémica discusión sobre cuál será el tema del simposio. Tengo que confesar que me encanta la idea – una especie de behind-the-scenes de cómo va cuajando esta cuestión, y abre la posibilidad a que el resultado sea algo con lo que aquellos que solemos estar más en la periferia nos sintamos más involucrados. Además, y sobre todo, de que promete ser algo sumamente divertido (no sólo de filosofía vive el hombre).

Por supuesto, mi primera pregunta fue dónde quedábamos aquellos que ya no somos formalmente hablando “estudiantes de filosofía”. La respuesta llegó de parte de uno de los honorables miembros de la honorable comisión organizadora:

Estudiante de Filosofía es todo aquel que coge un texto (tratado, poemario, publicación virtual, etc.) y le da vueltas y vueltas, cual pollo a la brasa. No son una sarta de cursos, sino una forma de ser. Los que así somos, lo hemos sido antes y lo seremos después de la universidad. Así habló Zarathustra.

Así que no se diga más. La cuestión está abierta y las sugerencias son bienvenidas, y desde ya, como bien saben los honorables miembros de la honorable comisión, cuentan con esta humilde tribuna para la difusión que pueda brindarles y con la ayuda que pueda ofrecerles.

Y bueno, ya que estamos en el business, un poco de ego trip: las presentaciones que hice en el III Simposio en el 2007, y en el IV Simposio el año pasado. Aquí está tu simposio.

Hierros de madera

No soy muy aficionado a la religión… nada, la verdad. Las navidades son de por sí lo suficientemente pesadas como para recargarlas de contenidos religiosos. (De hecho, no deja de sorprenderme cómo se ofenden personas religiosas -cristianas, particularmente- ante la intromisión de lo ateo en el discurso de lo público, pero no es analógicamente problemática la intromisión de lo religioso en el mismo espacio compartido. Y no, el argumento “siempre ha sido así” no me convence.) Aún así creo que es un poco inevitable reconocer que la religión, como tema, resulta un poco inevitable: sobre todo en la medida en que, especialmente en los últimos años, la experiencia de lo religioso y la “religiosidad” (en toda su amplitud New Age y post-New Age) se han vuelto dimensiones de particular importancia. Es decir: mucho más allá de las tres grandes religiones que tienen cientos de años, hoy es un tema más interesante preguntarse por la particularidad de una cierta experiencia religiosa que no pueda propiamente enmarcarse dentro de un conjunto ordenado de reglas sobre cómo vivir la vida o alguna forma de moral empaquetada.

Esto es, me parece, un sentido mucho más interesante para enfocar lo religioso como experiencia, en lugar de verlo desde su dimensión, digamos, catecista. Pero que no deja de ser una perspectiva injusta y problemática: en el caso del cristianismo católico, por ejemplo, es en la práctica difícil pensar en algo así que no se dé a través de la institucionalización de la iglesia. Al mismo tiempo que no es propiamente la experiencia cotidiana que tienen los creyentes de a pie, e incluso, podríamos decir, quizás ni siquiera es el tipo de experiencia que quieran tener (si asumimos que, en general, la religión pasa como una cuestión de tradición que no busca ser problematizada). Es un problema abierto que se sigue discutiendo desde diversos frentes, aún cuando tal cosa como “filosofía cristiana”, como decía Heidegger, sea algo así como decir “hierro de madera”.

En todo caso, uno de los más adeptos a la dimensión del hierro de madera es Raúl Zegarra, quien entre otras cosas estudió filosofía conmigo en la PUCP. Raúl viene trabajando estos temas desde hace tiempo y aunque no estamos de acuerdo en muchas cosas (como la consistencia entre el pensamiento de Kierkegaard y el Gran Tornillo de Rayuela), tiene una serie de ideas interesantes al respecto del problema -ideas que probablemente lo lleven a la excomunión, pero creo que no parará hasta conseguirla-. Raúl ha lanzado un nuevo blog, Sagrada Anarquía, y supongo (espero) que él sabe mejor de lo que habla:

Creo con firmeza que en la cultura posmoderna conviene una lectura renovada de la religión atendiendo a lo que pasa en nuestro entorno. La tesis es que no hay motivo de temor a lo posmoderno. Trataremos de demostrar que la experiencia religiosa es profundamente enriquecida por la aparente anarquía de sentido y verdad de este, nuestro mundo de supuesto sinsentido. Se trata, en efecto, de una travesía extensa que nos llevará de la teología al lenguaje, del lenguaje a la filosofía, seguro también al cine y, sospecho, al arte. Emergerá, indudable, el silencio y, más de una vez, tocará lidiar con lo inefable.

En fin, supongo que el asunto dará para discusiones tanto virtuales como en los lugares donde propiamente se juega la religión, léase chifas y bares alrededor de la ciudad.

Aquí está tu simposio

Vía La Batería Fina, me entero que ya está al aire el blog para el IV Simposio de Estudiantes de Filosofía, que se realizará en noviembre en la PUCP, junto con la correspondiente convocatoria:

El Comité Organizador del IV Simposio de Estudiantes de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Perú invita a los estudiantes de las distintas universidades y especialidades del país a participar del IV Simposio de Estudiantes de Filosofía PUCP, el cual se llevará a cabo los días 11, 12, 13 y 14 de noviembre en el Auditorio de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Este año, las reflexiones del simposio girarán en torno al tema “hombre y naturaleza”. El tema puede abordarse desde distintas perspectivas que quedan a criterio de los participantes.

El tema es lo suficientemente abierto como para que a cualquiera se le pueda ocurrir algo. Ahora, me sorprende que el simposio ya no sea metropolitano, fácil es sólo de nombre o fácil realmente ha dejado de serlo, en fin, últimamente la comunidad filosófica local la veo bastante disgregada, así que no tengo idea cuál será el behind the scenes.

He participado y disfrutado mucho los últimos tres simposios -cuando, en efecto, aún era estudiante :( - y tengo toda la expectativa de participar también en éste, siempre y cuando mi condición ontológica no sea un problema. Me parece que es un excelente lugar para probar cosas nuevas y someterlas a la crítica y destrucción de la respetable concurrencia, y por eso tengo que ponerme a pensar en qué experimento quiero plantear este año, y cómo se la vendo a la comisión organizadora para que no me veten. Veremos qué pasa.

(Por ahí se insinúa una mesa redonda sobre Asimov y las tres leyes de la robótica, que podría ser divertida.)

I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica

Hace unos días me llegó por correo electrónico la información sobre el I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica, que se realizará del 18 al 20 de agosto en la Facultad de Letras de San Marcos. El programa se ve interesante, e incluye invitados, entre otras, de las universidades de Virginia, San Marcos, MIT, PUCP, Oxford, etc.

Me encantaría ir a algunas de las conferencias, pero creo que el tiempo no me lo permitirá. En fin. Estaré allí en espíritu (lo sé, eso es lo mismo que no estar, por obvias razones).

Plaza de la Memoria

La PUCP es un lugar de amplias y abundantes contradicciones. Salomón Lerner, ex-rector y ahora rector emérito, fue también presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. A partir de ello, el tema de los derechos humanos cobró particular importancia en la universidad, particularmente en relación al apoyo al trabajo de la CVR. En el campus, existe un espacio llamado la Plaza de la Memoria, donde se conmemoraba con una placa recordatoria a miembros de nuestra comunidad universitaria muertos o desaparecidos durante la guerra política interna que vivimos entre los 80s y 90s (guerra o conflicto para el cual, por lo demás, parecemos incapaces de dar nombre).

Hace poco, la plaza en cuestión fue remodelada. Pero en el centro de ella, donde antes se encontraba la placa, se levanta ahora una cafetería Starbucks-wannabe de Cafetal, con silloncitos y diseño post-industrial y todo, y la placa ha sido desplazada a un extremo de la plaza, lejos del centro de atención, literalmente.

En fin, uno no puede evitar preguntarse quiénes son los genios detrás de decisiones descriteriadas como ésa. Convertir la Plaza de la Memoria en un lugar mediado por el consumo y el branding es, por decir lo menos, problemático. Habría sido tan fácil simplemente poner el café en otro lado, y nadie se habría visto perjudicado. Nadie habría dicho nada. Pero no, eso habría sido demasiado coherente.

Desde hoy circula una carta abierta de alumnos y profesores de la Universidad que censuran la decisión y piden se subsane la medida (léase, que se retire el café). En fin, dudo sinceramente que esto pase, pero por lo menos servirá como mensaje para el descriteriado que tomó decisión tamañamente estúpida para darse cuenta que metió todas las patas en lo que es, para unos más para otros menos, una situación sumamente sensible.