Dos aplicaciones inmediatas para explotar datos

Hace tiempo estoy indagando más en el tema de aplicaciones para el uso de grandes conjuntos de datos: pueden leer un poco más aquí, aquí y aquí.

Creo que hay mucho potencial para explotar en los ámbitos del data mining o el sector llamado big data, pero ese valor intangible es a menudo complicado de comunicar o ilustrar claramente. Así que aquí hay dos ideas sobre cómo se pueden aplicar datos cotidianos de manera significativa para afectar nuestras decisiones futuras.

1. Finanzas personales

Si lees este blog, hay una alta probabilidad de que no prestes demasiada atención a tus finanzas personales (probabilidad, no necesidad). Pero en serio, deberías. Hay muchas maneras de empezar a capturar datos sobre tus finanzas – utilizando el registro de transacciones disponible a través de tu banco (seguramente a través de la banca por Internet), utilizando software de finanzas personales o en el caso más elemental, llevando un registro de todas las transacciones que realizas (depósitos, retiros, gastos, pagos, etc.) utilizando una planilla de Excel. Es quizás la más trabajosa, pero es una herramienta que seguro tienes disponible inmediatamente.

Digamos que empiezas a capturar datos básicos sobre cada transacción: la fecha, el lugar, y el monto, para empezar. Pero idealmente, también si es que está asociado a alguna cuenta, y si puede englobarse bajo alguna categoría (gastos de transporte), por ejemplo. Al principio, esto es trabajoso, molesto y no parece tener mucho sentido. Pero conforme vas acumulando más y más datos, empiezas a adquirir la posibilidad de encontrar patrones: si filtras, por ejemplo, todas tus transacciones del mes de marzo. O todas las del supermercado. O todos tus gastos en la categoría “entretenimiento”.

Y eso es tan sólo el principio. ¿Cuánto gastaste en entretenimiento en julio comparado a agosto? ¿Cómo se ha incrementado tu nivel de ahorro desde enero? Y así sucesivamente. Mientras más datos tienes, más patrones puedes empezar a encontrar. ¿Estás gastando cada mes más de lo que ganas? ¿Tienes un hueco en tus ahorros que compensar antes de fin de año? Probablemente no te darías cuenta de estas cosas a menos que empieces a hacer un seguimiento de la información.

2. Campañas de márketing en línea

Digamos que quieres promocionar un nuevo negocio haciendo publicidad vía Internet. El referente más importante en este segmento es Google, que ofrece la capacidad de posicionar anuncios publicitarios que acompañan y se ajustan a sus resultados de búsqueda. Cuando alguien busca algo asociado a tu negocio, Google muestra el anuncio junto a los resultados normales, y esto incrementa la posibilidad de que tus clientes te encuentren y generes más ventas.

Todo el modelo de publicidad de Google se basa sobre el procesamiento de enormes cantidades de datos, y muchos de los datos son mostrados de vuelta al usuario para que pueda optimizar su campaña. Al contratar publicidad en Google, tengo que escoger unas pocas variables: el texto de mi anuncio, el presupuesto diario que quiero dedicar a la campaña y los términos de búsqueda con los que quiero asociar mi anuncio. Empezando con eso, Google me empieza a reportar datos sobre la performance de mis anuncios: cuántas veces está apareciendo junto a qué términos, y de entre ésas, cuántas veces un usuario le hace click al anuncio. En función a eso puedo ver qué términos son buscados más frecuentemente y cuáles son más efectivos para mi anuncio, pudiendo mejorar mi anuncio o modificar su posición en función a los resultados que obtengo.

Si encuentro que mi anuncio, por ejemplo, aparece más frecuentemente junto a términos que no había anticipado, puedo optimizar el texto para apelar hacia esos términos o crear un segundo anuncio que ayude a captar más clicks. Si, además, combino la información de la campaña con información de estadísticas de tráfico (de un paquete como Google Analytics, por ejemplo), puedo tener acceso a más información como qué páginas reciben más visitas, cuánto tiempo permanecen los usuarios en mi sitio web, y así sucesivamente.

Estos dos usos seguramente no serán particularmente útiles para todo el mundo. Pero en aquellos casos donde sí lo son, pueden hacer una enorme diferencia en la manera como nos relacionamos cotidianamente con la información y qué decisiones tomamos a partir de ella. Y son ejemplos inmediatamente accesibles de cómo las aplicaciones basadas en datos están cobrando cada vez mayor importancia en nuestras actividades cotidianas.

Publicidad argentina

Una de las mejores cosas que veo aquí en Buenos Aires es la publicidad. Aunque no veo mucho de la televisión local, de todas maneras me gano con comerciales en la televisión que son muy, muy buenos. Así que les dejo un pequeño muestrario, como por ejemplo este comercial de la bebida H2OH:

A diferencia de los comerciales horribles que Telefónica está sacando últimamente en Perú, que no tienen ningún sentido en el peor de los sentidos, éste es un comercial de Telefónica reciénte aquí:

Personalmente me gustan mucho también los comerciales del Banco Hipotecario, que ya se van un poco más hacia lo absurdo (en este caso, en un buen sentido):

Este comercial de Arnet le resultará familiar a todo aquel acostumbrado a trabajar desde su casa, vía Internet:

Claro, esto no quiere decir que toda la publicidad sea buena o mejor, sino simplemente que me parece que uno tiene mejores probabilidades de encontrar comerciales divertidos, que vale la pena ver. Si encuentro más ejemplos buenos los publicaré también.

Dreampolitik

Otro libro que terminé de leer hace muy poco es Dream: Reimagining Progressive Politics in an Age of Fantasy, de Stephen Duncombe. El título del libro resume en gran medida la premisa central: la política progresista está fundamentalmente fallada porque se construye sobre una base de moralismo y racionalidad propias de la Ilustración – asumiendo que la gente debería seguir sus propuestas en virtud a que están mejor argumentadas o sustentadas – y deja de lado el universo de construcción de ficciones e ilusiones que tienen lugar en el universo mediático cotidiano. Debo decir que es uno de los libros que mejor presenta mis propios sentimientos hacia la política, en particular la política de izquierda: una política que aunque puede tener muy buenas ideas, está incapacitada para saber venderlas e indispuesta a transarlas en el espacio público de manera que se vuelvan accesibles a un público masivo.

El libro documenta una serie de experiencias de lo que Duncombe llama un espectáculo ético: una propuesta política que utiliza todas las herramientas propias del discurso mediático, pero de tal manera que directa o indirectamente promueven ideas dentro del espectro político progresista. Lo hacen dejando de lado cualquier pretensión de moralismo, o de intransigencia – de hecho, gran parte de lo que Duncombe encuentra valioso en estas experiencias marginales de hacer política es que no son simples discurso sobre cómo debería ser el mundo, sino que son plataformas para que los ciudadanos puedan realizar el cambio que ellos mismos encuentran deseable. Hay algo fundamentalmente fallado en la política de izquierda en la medida en que presenta plataformas que, a pesar de la maner como se venden, son eminentemente no participativas, donde las tácticas y estrategias son recreaciones del arsenal de antaño donde uno participa de una protesta, marcha, grita, escucha a los líderes y organizadores articular lo que debe ser el discurso colectivo, y luego corre del gas lacrimógeno. Cuando el repertorio de acciones disponible se reduce a una serie de variantes en torno a ese mismo tema, Duncombe no se sorprende de que nadie quiera participar de este espectáculo. No hay ninguna motivación. Es aburrido.

Los progresistas, dice Duncombe, se han olvidado de construir sobre los sueños e ilusiones de las personas, de alimentar sus deseos para promover sus propias causas. En ese sentido, deben reorientar su mirada hacia el mundo del espectáculo y del entretenimiento, no para construir aparatos de propaganda más eficientes (al estilo de Goebbels o Stalin), sino para entender cómo el aparato de las industrias culturales se las arregla para construir y satisfacer los deseos de las personas. Duncombe dedica todo un capítulo a la exploración de cómo, por ejemplo, Grand Theft Auto brinda una plataforma para reinterpretar la acción política: porque comunica la idea de que la acción política es una plataforma abierta, donde jugar el juego debería ser gratificante, no solamente el hecho de conseguir tal o cual objetivo. Demasiadas políticas progresistas se construyen bajo la idea de sacrificio, de que la recompensa vendrá después (de algo), y que es racional y moral aceptar el sacrificio presente en función al beneficio futuro. Pero si pensamos la política como un videojuego, entendemos cómo el proceso de construcción de las propuestas políticas debe ser, como proceso, gratificante él mismo. Jugar a la política debería ser divertido, aunque no por eso menos serio. Pero el reconocimiento y la satisfacción de los activistas y los participantes de las acciones políticas debería ser un importantísimo factor a ser tomado en consideración en el diseño de cualquier plataforma de participación política.

Entre otras cosas, parte del fracaso de la política progresista para capturar el imaginario popular radica en su incapacidad para formular, justamente, propuestas. La derecha se las ha arreglado para arrinconar a la izquierda hasta un punto en el cual se limita a lanzar críticas y ataques contra las políticas que se implementan, pero no consiguen articular o convertir esa crítica en propuestas capaces de emocionar a la población. Allí donde la derecha ofrece ficciones coherentes, capaces de capturar y emocionar, de movilizar, la izquierda formula argumentos sumamente consistentes pero poco emocionantes respecto a por qué esas ficciones son incorrectas o indeseables. Pero no consiguen desplazar o reemplazar el objeto del deseo, ni siquiera consiguen desmontarlo, pues no ofrecen una alternativa consistente.

El libro de Duncombe es previo a la victoria de Obama en las últimas elecciones en EEUU, y sería sumamente interesante considerar cómo eso podría modificar su percepción de la política progresista estadounidense (aunque quizás él mismo haya ensayado ya una respuesta). Quizás lo interesante sea ver cómo justamente la campaña de Obama se construye a partir de todo aquello que Duncombe considera que le falta a la política progresista: la capacidad para articular un discurso convincente, anclado en los hechos, que consiga emocionar y movilizar a una población de tal manera que ella misma se considere en la posición como para ejercer un cambio, en lugar de simplemente legitimar a otro para que lo haga. Para muchos en la izquierda, esto es utilizar las armas del enemigo, pues significa hacer uso de tácticas y estrategias mediáticas propias de universos como el fascismo, o el capitalismo. Y sí, es totalmente cierto, pero se trata de tácticas y estrategias que funcionan. Dejarlas de lado, considera Duncombe, es no solamente poco estratégico, sino patentemente ingenuo. Pero, sobre todo, es una perspectiva que deja de lado el hecho de que estas mismas herramientas pueden transformarse tanto como pueden transformar, si se toma lo mejor del universo del espectáculo y se le utiliza para construir un espectáculo ético: una plataforma progresista de participación que movilice a los ciudadanos a una forma diferente de acción política, a partir de la construcción de sueños convincentes.

Construyendo identidades

Un poco de publicidad.

Primero, el comercial pegajoso que me ha tenido hablando de él todo el día.

Sí, ya me enteré de que este comercial parece ser simplemente una copia de uno de otra compañía en otro país.  Eso no es importante ahora. El asunto es que este comercial me llevó a otros dos comerciales que había visto antes, y que me fascinaron absolutamente.

El primero es de Quilmes para la campaña del mundial de fútbol 2006 en Argentina.

El segundo también es de Quilmes, y también para la misma campaña, pero en el 2002.

¿Por qué me importan estos comerciales? Porque hoy que mucha de nuestra cultura… toda nuestra cultura… se construye a través de los medios de comunicación, la publicidad ejerce un rol determinante en este proceso. No sólo la publicidad, sino el hecho mismo del consumo y de las elecciones que hacemos al escoger los productos que compramos y las marcas que utilizamos, ejercen una influencia en la manera como construimos nuestras identidades individuales y colectivas.

Estos comerciales me parecen un ejemplo claro, de marcas y conceptos que no sólo se aprovechan de un sentimiento popular arraigado, sino que lo crean, lo transforman, son parte del propio zeitgeist y por eso no es ilegítimo que lo hagan. Es la misma razón por la cual Wong antes hacía el corso de fiestas patrias, y ya no puede hacerlo: Wong se había ganado la legitimidad de hacerlo, se había vuelto parte de la cultura, y cuando la compañía cambió de manos, los nuevos dueños no habían recibido nuestra confianza colectiva como para poder arrogarse ese derecho.

Últimamente he estado pensando mucho en esto y en desarrollar un poco más a profundidad estas ideas, y la manera como los medios y sus lenguajes están articulándose en la construcción de discursos, de narrativas y en última instancia de identidades. Nuestras identidades son finalmente narraciones de lo que somos y de quienes somos, y por eso en función a la manera como contamos nuestras historias encontraremos también las maneras como armamos nuestras identidades. De allí que debamos volver también a la publicidad para entender, con un poco más de claridad, por qué creemos que somos quienes somos.

Touch Remix

Es ya noticia vieja, pero igual vale… Nick Haley, un estudiante inglés, estaba tan contento con su nuevo iPod Touch que le rindió tributo editando el siguiente clip promocional, que colgó en YouTube.

A Apple le gustó suficiente su trabajo amateur como para llamarlo y llevarlo hasta Los Angeles para producir su clip en alta definición, para ser el nuevo comercial del iPod Touch.

Todo lo hizo con su MacBook, utilizando Final Cut Pro, un track de un grupo brasilero (CSS) e imágenes que consiguió en la web de Apple.

Cultura de remezcla.