Just do it

Este post va a terminar sonando bastante de autoayuda, pero les juro que no es la idea. Es más bien algo así como una síntesis de varios aprendizajes.

Esto viene de mi obsesión de larga data en torno a la idea de “hacer cosas”. Mi formación académica nunca me enseñó a hacer cosas, sino a pensar cosas, pero siempre estuve interesado en hacer algo con las cosas que pensaba. De modo que ha sido un aprendizaje complicado y continuo para ir consiguiendo herramientas para hacer cosas, en un proceso que realmente no ha terminado.

El asunto es que, si tienes una idea para algo que quieras hacer, mi mejor recomendación es simplemente que lo hagas. En serio. Lo digo porque durante años me la he pasado procesando y regurgitando proyectos, dándoles vueltas una y otra vez, pensando siempre que algo falta para poder hacer algo con ellos: primero tengo que terminar la universidad (que luego se convierte en tengo que tener la maestría, y luego en tengo que tener el doctorado), o primero tengo que tener las herramientas correctas, o no tengo los recursos suficientes para hacer esto, o primero tengo que saber más sobre el tema antes de poder pronunciarme, o no tengo suficiente tiempo. Todo se reduce a diferentes maneras de decir “no estoy listo” o “no es el momento correcto” – pero el problema es que en realidad nunca vas a estar listo, y nunca va ser el momento correcto. La verdad de la milanesa.

Nos petrificamos ante la idea de que cuando empecemos a hacer algo, haremos el ridículo o nuestros pares y la gente a nuestro alrededor pensará que estamos metiendo la pata o haciendo algo estúpido, y asumimos que algún tipo de validación externa podrá mitigar eso. Pero en realidad, al mundo no le importa un carajo. Sí, es muy posible que la gente a tu alrededor te mire un poco raro, pero incluso si fracasas completa y radicalmente habrás ganado enormemente. No lo digo en el sentido new-age-friendly, como el final de un capítulo de Tres por Tres de “has aprendido algo importante” (que no deja de ser cierto); sino en el sentido mucho más mundano y pragmático de que haber intentado algo y fracasado es una habilidad sumamente valiosa para futuros proyectos, colaboradores y empleadores. Es preferible contratar a alguien que fracasó con un proyecto (y entiende por qué fracasó) que alguien que nunca intentó nada y cuyas habilidades no han sido puestas a prueba.

Es sumamente difícil de procesar porque culturalmente estamos totalmente acostumbrados a lo contrario. Mantén un perfil bajo, infórmate, edúcate, y sólo cuando estés preparado, inténtalo. Nos ha funcionado para muchas cosas durante mucho tiempo, y todo bien con eso. Pero no tiene por qué ser así en todos los casos – sobre todo en una época cuando empezar algo es más fácil que nunca en la historia. No necesitas plata, no necesitas una formación en particular, no necesitas credenciales ni el permiso de nadie en particular para hacer millones de cosas posibles a gran escala. Sí necesitas, eso sí, una idea que te apasione lo suficiente como para mantenerte trabajando largas horas incluso cuando eso implique olvidarse, a veces, de comer y dormir. La idea y la determinación por sí solas no garantizan una ejecución prolija ni buenos resultados, pero sí está garantizado que sin la idea y la determinación tampoco se consigue nada.

De modo que lo mejor que puedes hacer para empezar es simplemente empezar, pero hacerlo con el “footprint” más reducido posible: con la menor cantidad de recursos que se pueda. Sobre todo cuando no tienes del todo claro que es lo que quieres hacer, empieza de manera muy pequeña y anda definiendo la visión y concretando las cosas orgánicamente. No importa si en el camino cambias por completo el sentido de lo que querías hacer originalmente, sino que eso es simplemente el reflejo de estar progresivamente informándote mejor y teniendo más claro el sentido de lo que estás haciendo.

Creo que cada uno tiene su propia manera para empezar un proyecto – algunos escriben artículos, otros hacen mapas conceptuales, otros tienen más facilidad para reunir grupos de personas para trabajar juntos, otros organizan eventos, etc. Haz lo que mejor te acomode. Personalmente, para mí es haciendo un sitio web. Esto por tres razones: (1) porque es de entrada un compromiso forzosamente público, (2) porque es algo que manejo con cierta comodidad y (3) porque la mayoría de proyectos en los que trabajo están vinculados con nuevas tecnologías e Internet de alguna manera. Mi proceso de ideación se vuelve concreto creando un website o un blog donde empezar a reunir y ordenar la información y poder ir madurando las ideas.

Cuando empezamos el Laboratorio de Videojuegos de Lima empezó solamente como un blog y con muchas buenas intenciones, y esto nos dio dos resultados muy interesantes. Primero, la gente interesada empezó a reaccionar a las ideas que publicábamos: e-mails, comentarios en el blog, incluso menciones en medios de comunicación. Fue un poco impactante porque no esperábamos ese tipo de respuesta, así que eso nos llevó al segundo resultado: empezar a pensar un poco más ampliamente, a diseñar iniciativas, a conversar con otras personas e ir planificando como ampliar nuestros esfuerzos. ¿Éramos especialistas ungidos por alguien al empezar con el LVL? La verdad, no: éramos gamers, y éramos académicos, y teníamos ganas de combinar ambas cosas. ¿A alguien le importó? La verdad, no: la respuesta del público nos dejó claro que había una demanda por el tipo de contenido que queríamos generar, que había otros actores con los cuales colaborar y que, además, nadie estaba haciendo el tipo de trabajo que queríamos hacer.

Algo similar ha venido pasando con Apócriphos: empezamos originalmente como un blog para ir estructurando nuestra idea de una editorial digital. Conforme nos íbamos informando más sobre el tema fuimos ampliando el enfoque y empezando a incorporar otras ramas del trabajo con aprendizaje y nuevas tecnologías, dentro y fuera de ámbitos académicos, y al uso de aplicaciones de conocimiento para construir organizaciones inteligentes. Nada de esto lo sabíamos al principio, pero era necesario empezar e ir corrigiendo sobre la marcha para llegar al punto en el que estamos ahora.

Ocurren así dos cosas. La primera es la auto-selección: si empiezas a trabajar en tu idea, sea cual sea tu mecanismo para hacerlo, y al poco tiempo descubres que no le dedicas el tiempo necesario para que salga adelante, pues lo más probable es que nunca te interesó tanto. Puedes replantear lo que quieres hacer o puedes simplemente dejarlo. Cuando el costo de empezar es bajo, esto se vuelve relativamente fácil, e igual puedes reaplicar lo que hayas trabajado para otro proyecto. La segunda es “selección natural”: a veces, simplemente, las ideas no funcionan. Y es mejor saberlo temprano que tarde, habiendo invertido menos recursos.

Puedo pensar en al menos dos casos donde esto me ha pasado (hay más en realidad, pero tomemos dos): uno de ellos fue Invasiones Bárbaras, un proyecto de publicación académica heterodoxa que empecé hace años. La idea era conseguir aportes de académicos jóvenes que escribieran textos no-especializados y fuertemente interdisciplinarios. Pero simplemente no despegó, porque no conseguí reunir los aportes suficientes ni coordinar un equipo como para que salga adelante. Regresó por un tiempo como un blog sobre industrias culturales, pero la carga de mantener dos blogs con temas muy cercanos no tenía mucho sentido, y ahora simplemente flota por el éter de la web. El segundo caso es el de Enchufa.pe (que ya no está online), una publicación digital que pretendía cubrir un espacio similar al de Wired pero para el mercado peruano: noticias de ciencia, tecnología y cultura digital. Pero el proyecto desde el principio tuvo hasta problemas técnicos, siendo uno de mis primeros esfuerzos jugando con Drupal y terminé gastando más de mi tiempo en arreglar problemas técnicos que en generar contenido. Con el tiempo, la falta de interés terminó sofocando el proyecto y murió lentamente.

Son cosas que pasan – sacas lo mejor que puedes y pasas al siguiente proyecto. Como dije más arriba, incluso esta experiencia es valiosa, sea para siguientes proyectos o para presentarse a un trabajo con experiencia interesante bajo el brazo. Lo importante de todo esto es que siendo tan “barato”, en términos transaccionales, poner en acción un proyecto o una idea, la mejor recomendación es que lo hagas. Se termina volviendo un hábito, y además se va refinando con el tiempo, y los proyectos que funcionan van creciendo y ampliándose y poniéndose más interesantes.

¿Por dónde empezar? De nuevo, depende mucho de tus preferencias personales y estilo de trabajo. Sé que lo que funciona para mí es una especie de “reverse-McLuhan”, tomando a McLuhan desde la malformación popular de “el medio es el mensaje”: empezando por el final, a mí me resulta más fácil partir por el medio y dejar que éste vaya dándole forma a mi mensaje. En una época en que cualquier organización termina operando como su propia central de medios, esta aproximación me resulta natural y orgánica, pero eso no quiere decir que funcione para cualquiera. Experimenta con diferentes opciones y quédate con aquella que te haga sentir más cómodo.

Listo, eso. Les advertí que terminaría sonando mucho como post de autoayuda, pero sólo es de autoayuda en la medida en que me ha ayudado a mí a sintetizar algunas cosas que he aprendido en los últimos años.

P.D.: si tienes un problema de este tipo, con una idea que te interesa y te gustaría convertirla en “algo” pero no sabes bien por dónde empezar, avísame si puedo ayudar. A veces es bueno tener con quien rebotar un poco las ideas y darles algunas vueltas, y si mi experiencia puede serle útil a alguien más, pues excelente.

Back To Back To Roots

OK, necesito sincerar algunas cosas, estimados lectores imaginarios. ¿Recuerdan mi proyecto Back To Roots? La idea era aprovechar unas cuantas semanas en que iba a tener un poco más de tiempo disponible para regresar sobre dos autores que me importan mucho, Marx y Hume. En la práctica, ese tiempo disponible nunca apareció (empiezo a pensar que, realmente, ya nunca lo hará). Nunca tuve oportunidad de volver sobre nada de Hume, y tan sólo pude volver sobre algunas cosas sobre Marx sin poder regresar mucho sobre los textos – mi idea ilusa era que, finalmente, podría leer bien El Capital.

Así que, hasta este punto, el proyecto BTR solamente ha podido tener lo siguiente:

Ahora que la carga laboral ha vuelto a la normalidad que nunca abandonó, no sé bien qué hacer con esto. Quiero seguir con la idea del back to roots, quiero llegar eventualmente a ver algo de Hume, pero no me queda muy claro que esto como “proyecto estacional” vaya a funcionar – sobre todo porque su estación ya acabó. Así no sé bien cómo organizar esto – tomarlo como un recurso separado, dejarlo como una subsección de este blog, moverlo a otro blog, cancelarlo, no lo sé bien. Por ahora, quiero seguirlo actualizando por aquí hasta que se me ocurra algo mejor (incluso se me ocurrió que sería interesante buscar colaboradores para abrir otro blog, sólo dedicado al tema de reinterpretaciones de Marx y el marxismo, pero la sola idea de dedicarme a colaborar con otro blog más me aterra – lo dejo para almas más valientes que la mía). Espero poder hacerlo, porque ya tenía pensados varios temas en torno a Marx que quería trabajar (vean esto como un “coming soon”):

  • El problema de la categoría de “clase social”
  • La obsesión por la consistencia interna del marxismo
  • El problema del moralismo y la revolución (o el kantianismo de Marx)
  • La tensión entre revolución y reforma
  • La relación de Marx con la tecnología
  • La necesidad de la autoconsciencia para la revolución

Todos son problemas que me parece quedan abiertos en los textos de Marx, o han sido re-abiertos por los 150 años que le han sucedido, y sobre los que vale la pena regresar y ver qué puede retomarse o reformularse. Entonces, tengo la esperanza de volver sobre estos temas para darles un poco de vueltas, y con un poco de suerte volviendo también sobre los textos para complementarlo realmente con un back to roots.

¿Y con Hume? Ahí estoy más perdido todavía. Nunca he podido enfrentarme como es debido con el Tratado sobre la naturaleza humana, una obra muy larga y muy dura, que requiere mucho tiempo y esfuerzo. Pero no sé exactamente qué quiero sacar de allí, a diferencia de Marx. Así que por este lado creo que necesito pensarlo un poco más – creo que el asunto iría un poco por el lado de los sentimientos morales (y sería interesante combinarlo con Adam Smith en ese sentido) como un intento de actualizar un trabajo que escribí hace un tiempo, sobre influencia de las emociones en las decisiones racionales. En fin, creo que esto es para darle un poco más de vueltas.

Tribulaciones de la vida moderna, supongo.

Espacios

Quizás lo hayan notado, pero me gusta mucho hablar de estos espacios que creo compulsivamente en la web como laboratorios. En realidad, siento que faltan espacios.

Lo digo en el sentido de, habiendo probado más de un espacio académico, y habiendo encontrado más de uno bastante frustrante, creo que hay un vacío que espera ser llenado. La academia tradicional, claro, tiene sus pros y sus contras con los cuales nunca me he llevado del todo bien. Pero creo, también, que para muchas cosas que quiero trabajar hoy no hay, propiamente, los espacios que me gustaría que hubiera.

Hace poco hablé del ciclo de vida de las ideas. Es una de las cosas que me parece que falta. No en el sentido de decir “creo que la formación académica debería ir en esta o aquella dirección”. No, que los espacios que existan sigan haciendo lo que saben hacer bien. Nuestro experimento debe venir de afuera, debe experimentar con el ciclo de vida, acompañar una idea desde que nace hasta que sale al mundo, hasta que se ve transformada por su propia práctica.

Espero, quizás, tener un piloto de esta idea suelta en el futuro cercano. Un espacio externo, no regido por las convenciones y los formalismos de la academia profesional, pero sí marcado por su rigurosidad, su profundidad, su diversidad. Un laboratorio, donde se pueda experimentar con nuevas cosas sin que los temas y patrones estén delimitados de entrada. Pocas personas, experiencias diversas, intereses comunes. Ideas, pilotos, productos. Muchos lenguajes, muchos medios, muchas tecnologías.

¿Cómo se vería una cosa así?

El ciclo de vida de las ideas

Este tema surgió durante la conversación del almuerzo, y que también vengo teniendo en la cabeza en los últimos días a partir de tanto darle vueltas a los diferentes proyectos en los que estoy metido. Una idea no es sólo una idea, creo, o en todo caso, encierra el potencial para ser también varias otras cosas.

Así que he venido jugando con la idea de que hay un ciclo de vida para las ideas: nacen como ideas, y en su crecimiento se vuelven proyectos cuando las ideas empiezan a encontrar algún tipo de aplicación tentativa, aunque sea para agrupar más personas en torno a suyo que comparten el mismo interés. Los proyectos se desarrollan, y en el camino, con un poco de suerte también, resultan en un piloto, algún tipo de experiencia de prueba que se puede llevar al mundo real para probar y refinar el concepto y su aplicación. Los pilotos exitosos, refinados y mejorados, encuentran quizás el camino para convertirse en productos – una suerte de versión final, lanzada al mercado, lista para su consumo.

Sé que esto parece muy parcializado al comercialismo, pero no quiero llevarlo por ese camino. Es, más bien, una radiografía de cómo se implementan las ideas, que finalmente se realizan en el mundo de alguna manera: sea a través de prácticas, conductas, artefactos, objetos, o lo que fuera, alguna forma de producto. Me molesta un poco la linealidad del proceso, pero fácil no es realmente un proceso lineal: la existencia del producto, aunque profundamente vinculada a la idea, no es lo mismo, ni es su reemplazo ni desplazamiento. Quizás las etapas coexistan pacíficamente en simultáneo. Al mismo tiempo que un mismo proyecto puede llevar a muchos pilotos, y así sucesivamente.

Lo que más me gusta: a partir de esta radiografía, me parece más fácil preguntar cómo podríamos típicamente describir los rasgos de cada etapa. Y si podemos hacer eso, también podemos, quizás, describir los rasgos típicos de los movimientos entre cada etapa. En otras palabras: identificar qué es lo necesario, lo que hace falta, para llevar una idea de una etapa a la siguiente. Y esto es lo que más me interesa porque, como también salió el tema durante el almuerzo, quizás en la implementación de varias ideas, los proyectos que vengo trabajando se encuentran en el limbo entre la etapa de proyecto y la de piloto.

Necesito ayuda

Ya más de una vez debo haber mencionado que estoy metido en más cosas de las que puedo manejar. Tengo un poco de desorden obsesivo compulsivo cruzado con déficit de atención – una combinación que ni siquiera sé si es posible. El hecho es que sigo teniendo varias ideas y proyectos, y no me doy en absoluto abasto para hacerle seguimiento y mover todo.

Así que éste es mi primer llamado de ayuda. Me cuesta hacerlo porque soy un poco control freak, otro poco orgulloso, y no me es fácil darme cuenta que si sigo tratando de manejarlo todo yo solo, simplemente no llegaré muy lejos. La experiencia, además, me ha enseñado a ser demasiado selectivo de con quién trabajo, lo cual tampoco me facilita las cosas. Así que hago un primer llamado como para ver qué pasa.

El panorama es un poco el siguiente – además de este blog, manejo otros dos directamente. Uno que menciono continuamente, Invasiones Bárbaras, es un blog sobre industrias culturales y tercer mundo. El tema es amplio y, a mi juicio, interesante, y da mucho para pensar actualmente en el Perú y sobre todo involucrando nuevas tecnologías. De a pocos, lentamente, empiezan a surgir en IB líneas e ideas que bien pueden irse articulando en proyectos multidimensionales de gestión cultural y producción y demás cosas. Uno, por ejemplo, tentativamente llamado 4C (al menos en mi cabeza), busca explorar las diferentes relaciones entre consumidores, creadores, críticos y curadores de arte y cultura en el Perú, con el objetivo de ampliar el circuito y el mercado para el arte y la cultura, que son un poco cerrados. Otro considera desarrollar recursos, materiales y espacios de intercambio para educadores que quieran incorporar nuevas tecnologías y medios sociales (e incluso, por qué no, elementos de cultura popular) en sus currículas y metodologías. Y así hay más.

El otro blog, del que no hablo tanto porque lo actualizo incluso menos, es Enchufa.Pe. El tema de este blog es tecnología desde un punto de vista amplio – no se trata de dar noticias sobre tecnología, sino más bien un laboratorio para pensar cómo está impactando la tecnología nuestra cultura local, cómo promoverla, apropiarla, generar mercados y oportunidades utilizándola, y en general, cómo crear las condiciones para que el Perú sea, realmente, una potencia tecnológica y no un exportador de materias primas. Sí, los objetivos son ambiciosos, pero no veo por qué eso debería ser un problema. Las líneas temáticas van desde tendencias en tecnología en el sector privado, prácticas de gobierno electrónico y políticas públicas en torno a la tecnología, y también cosas como fortalecimiento de capacidades tecnológicas en la ciudadanía. Hablar de “tendencias” es un poco exagerado porque, realmente, no hay tanto contenido en el sitio, pero es un tema que me interesa mucho seguir explorando.

Esos son mis laboratorios. Y éste, que es mi gran bloc de notas de temas de los cuales van saliendo los demás. Bueno – hay otro más, recién salidito del horno, del que esperaba hablar por separado, pero ya estamos aquí. Hace un par de días lanzamos al aire el LVL – el Laboratorio de Videojuegos de Lima. Es un nuevo proyecto con el que estoy muy afanado y con el que venimos conversando hace un tiempo con unos amigos. Somos jugadores de videojuegos desde siempre, hemos crecido con el medio, pero también hemos tenido oportunidad de tomar una distancia crítica para tratar de entender su significado cultural: el objetivo del laboratorio es empezar a discutir los videojuegos desde una perspectiva “seria” y menos ingenua, que es una discusión que no se está teniendo actualmente, nos parece, en el Perú. Queremos empezar a generar recursos que permitan a los jugadores enmarcar y contextualizar mejor su experiencia de juego, no como una “pérdida de tiempo”, sino como una actividad cultural que encierra una serie de rasgos específicos. Con el tiempo, nos gustaría también explorar temas de desarrollo, y de cómo generar una cultura gamer en el Perú no sólo consumidora, sino también productora de sus propios juegos. Pero vamos de a pocos – empecemos por presentar el laboratorio al mundo.

Entre estas cosas también estoy metido en más, y me vuelvo un poco loco. Pero en fin. Reitero: cualquier ayuda, colaboración, es bienvenida. A largo plazo, me encantaría empezar a armar un equipo interesado en estos temas con los cuales no sólo ir actualizando los canales, sino también generando nuevas iniciativas a partir de ellos. Por lo pronto, me contento con feedback, ideas, y por ahí una que otra colaboración. Interesados en contribuir a cualquiera de estos proyectos, manifestarse aquí.

Dos años después

No sé por qué no escribo más.

Claro, podrán decir que tener un blog -o bueno, quizás varios- es una muestra de todo lo contrario, de una verborrea un poco desmesurada. Pero en realidad no. Estuve pensando y conversando sobre esto el otro día, que escribo, y escribimos, muy poco. Todo es un paquete, por supuesto: hay como una reticencia a plasmar ideas en un papel, a darles materialidad. Como que sentimos -siento- una especie de falta de legitimidad para decir y afirmar cosas con cualquier grado de categoricidad.

Lo cual, claro, es terrible, por múltiples razones. Pero principalmente porque nos pone en desventaja: porque en el proceso de ir cimentando ideas, no tenemos referentes previos dentro de nuestro propio discurso. Quizás esto suena demasiado abstracto: quiero decir que en el futuro, cuando tengamos que responder a una u otra pregunta, a uno u otro problema, no tendremos tomas de posición aunque sea esquemáticas, aunque sea esbozadas, a partir de las cuales construir un argumento. Y es que ponemos la valla demasiado alta, el papel comporta una lógica perversa – lo que se pone por escrito es muy brutal, es demasiado comprometedor, y como tal debe arrastrar una cierta reverencia, una cierta autoridad. Odio esta idea, y en el fondo parece que me la creyera. Al final, yo mismo no comprometo al papel o al formato que fuera ideas beta que se puedan ir puliendo, trabajando con los años, que se les pueda ir dando un nuevo sentido.

Hace poco comenté que Castor Ex Machina cumplía dos años. Lo cual es todo un hito para mí, sobre todo cuando me pongo a revisar los primeros posts, las primeras intenciones, y lo que ha ido pasando en el camino. El primer post ya refleja poco lo que pasa ahora por mi cabeza, y el único trackback que tiene (el post del primer aniversario) también ya se siente sumamente lejano. CxM funciona para mí como un laboratorio de ideas, donde de alguna manera puedo plasmar cosas sueltas y ver cómo empiezan a surgir y aparecer conexiones de diferentes maneras. Es una suerte de incubadora, dentro de la cual, cuando algunas cosas empiezan a exhibir una cierta consistencia interna, cuando se empiezan a esbozar temáticas, pienso que tengo material suficiente como para darle vida propia en otro lado. Así, por ejemplo, ideas sobre cultura, industrias culturales y tercer mundo terminaron definiendo la línea de uno de mis proyectos paralelos, Invasiones Bárbaras. O también, problemas de tecnología, herramientas digitales, Internet, redes y medios sociales, y su relación con el Perú y Latinoamérica, ahora están encontrando un espacio en otro nuevo proyecto paralelo, Enchufa.Pe. No son espacios plenamente constituidos, no son lugares que la tengan clara, pero supongo que muy en el estilo 2.0 me gusta mantener las cosas innecesariamente en beta.

En verdad tengo la esperanza de que esto siga creciendo y empiece a articularse orgánicamente. Creo que CxM, IB y Enchufa.Pe son un punto de partida en el que quiero seguir involucrando gente, cada vez de manera más cercana, para la discusión sobre estos temas, primero, y para empezar a articular proyectos e iniciativas, después. Hay varias ideas que tengo en cola, muchas de las cuales espero vean la luz este verano, otras seguirán durmiendo el sueño de los justos. Pero este espacio sigue manteniendo un cierto sentido originario: en primer lugar, como incubadora a partir de la cual ir articulando esbozos que poco a poco van formando un dibujo, que luego se puede colorear en otra parte.

En segundo lugar, porque lo que aquí me atañe es la filosofía. Y aunque a veces no entiendo bien por qué, sí siento que es pertinente e interesante plantearse esta serie de problemas desde ese punto de vista. Creo que la filosofía se verá inevitablemente transformada por todo lo que está pasando, por un lado, y por el otro, que todo lo que está pasando se vería beneficiado por alguna forma de lectura filosófica, alguna forma que piense en el significado, en el sentido, en la transformación misma. Suele pasarme que me choco con una serie de muros porque encuentro, constantemente, que la filosofía, y los filósofos, esto no les parece tan bien: puesto simplemente, que muchos simplemente no consideran que lo que yo haga sea filosofía. Pero me cuesta mucho aceptar una filosofía cuyo sentido sea pretender dedicarse a altas cosas, a cumplir una magna teoría que la pone por encima de todas las demás ciencias de las que, además, es madre. No, yo no creo que sea eso, la verdad. No sé bien qué es, tampoco – me resulta más una forma de patología, un deseo interno que sentimos que tenemos que, perversamente, realizar. Una forma de terapia, si quieren. Pero no siento que la filosofía sea ninguna forma privilegiada de nada, ninguna tarea magnífica a la que algunos estemos llamados: es simplemente una forma particular de enfocar problemas, de reflexionar críticamente y problematizar que puede aplicarse a una serie de cosas.

Este último semestre, como jefe de prácticas de un curso de Filosofía Contemporánea, ha sido muy interesante poder explorar temas como estos y conversarlos con gente que, de yapa, no viene con preconcepciones y prejuicios demasiado cerrados respecto a cómo debe realizarse la actividad filosófica. De hecho, más aún, me he encontrado con gente muy dispuesta a entender la filosofía desde un punto de vista más amplio, menos propiamente en torno a un conocimiento particular y más en torno a una actitud hacia las cosas. Claro, en gran medida quizás eso sea mi culpa, o quizás me hayan dicho lo que quería escuchar para satisfacer mi ego -lo cual finalmente los beneficiaba-. Es interesante ver cómo, sobre todo con nuevas generaciones, la actividad filosófica misma se va transformando, quizás en el camino también los filósofos. Es un bonito consuelo pensar como Marx, o como McLuhan, y creer que este cambio es inevitable, y que quienes lo resistan simplemente serán arrastrados por la historia. Pero lamentablemente no es tan sencillo: sí, quizás el cambio sea inevitable, pero la pregunta se vuelve por cuán traumático resultará cuando miremos atrás y nos demos cuenta que ya pasó.

O más perturbadoramente aún: cuando miremos atrás y nos demos cuenta que somos los únicos haciendo esto, cuando todos los demás están en otra cosa. Vivir en una época de transformaciones radicales como ésta tiene la ventaja de que nadie sabe bien qué está pasando. ¿Por qué eso es bueno? Porque como pocas veces, leer alemanes, estadounidenses, ingleses, franceses, o lo que fuera hablando sobre el tema es en la práctica tan valioso no sólo como leernos a nosotros mismos, sino como escribirlo nosotros mismos. Y eso es una enorme oportunidad para desarrollar nuestras propias ideas, para preguntarnos cómo queremos ver el mundo, y el futuro.

El futuro. Ésa será la idea que me obsesionará más a lo largo de este nuevo año. Habrá que sacarle el ancho al futuro de múltiples manera para ver cómo conseguimos que responda a nuestras preguntas.

Un momento para buscarle sentido a las cosas

Hoy encontré un post en el blog de Seth Godin sobre cómo concibe el tener un blog no como una obligación, sino como una oportunidad. El enfoque me resultó interesante, y me hizo pensar en cómo veía yo mismo mi propio blog, y creo que más bien lo veo como un deseo, un objetivo. Es decir, no me siento obligado a postear, pero tampoco llego al punto de sentir que tengo tanto que decir y debo restringirme. El ejercicio es bueno y me permite mantenerme circulando ideas, planteando pensamientos y demás; pero también es cierto que me cuesta formular qué decir, cómo decirlo, que me cuesta mucho decidirme por un tema, por un enfoque. Pero supongo que es todo parte del proceso.

Tengo, como siempre, ganas de iniciar muchos proyectos. Me preocupo demasiado por el enfoque, y aún así no logro realmente avanzar con ninguno. Es terrible, esto de pensar demasiado las cosas. Allí están las ideas del micro y de la ducha, y sé que giran en torno al conocimiento, a manejarlo, crearlo, transformarlo, pero no logro rastrear ni delinear del todo por dónde va el asunto. Mientras tanto seguiré con algunos otros ensayos, como éste, como los demás, tratando de articular y empujar líneas que emerjan, conexiones que se hagan evidentes para poder más o menos armar un panorama.

Quiero explicarlo un poco más claramente. Creo que el conocimiento es uno de los valores más importantes en el mundo y la economía de hoy, y creo también que en el Perú hemos hecho un muy mal trabajo de ordenar nuestro conocimiento, darle sentido, buscar estructuras y conexiones que emergen y, en otras palabras, entender en dónde estamos parados. Eso es lo que me gustaría hacer, perderme en el conocimiento, buscar líneas, forzar órdenes y dar sentido un poco a las cosas, porque creo que eso encierra el potencial enorme de generar valor para todos nosotros. Enfocar distintas áreas temáticas, explorarlas, profundizarlas, llevarlas a nuevos niveles. Crear conocimiento, exportarlo, llevar nuestras ideas al mundo. Pero el primer paso es volver sobre las ideas que ya hemos tenido para encontrar lo valioso y lo terrible, y no intentar inventar la pólvora, una vez más.