Descubriendo redes de innovación periférica

Los últimos días estuve de paso por Santiago, Chile, para la conferencia COINs 2013 (Collaborative Innovation Networks), organizada en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue la primera vez que he visitado Chile y fue una visita muy interesante, tanto por la conferencia como por haberme permitido conocer más de primera mano cosas que vienen sucediendo por el sur – sea recorriendo la ciudad de Santiago o escuchando las presentaciones de miembros de instituciones como el CONICYT o la CORFO, o conocer más de cerca lo que la misma universidad está haciendo para convertirse en una potencia regional en investigación e innovación, que les ha valido alcanzar el segundo lugar en el QS World University Rankings para la región latinoamericana, pisándole los talones a la Universidad de Sao Paulo.

En la conferencia, presenté un poco sobre el trabajo que he venido haciendo para mi tesis de maestría sobre la industria de videojuegos en el Perú – concretamente, uno de los primeros componentes que incluye el marco de referencia en el cual estoy ubicando la investigación, referido al tema de la complejidad económica, y parte de la reconstrucción de la historia de la creación de videojuegos en el Perú a través de los años noventa. El paper que presenté busca empezar a formular algunas preguntas e ideas sobre cómo pueden las economías en desarrollo maximizar su inversión en innovación de manera que diversifiquen sus fuentes de ingresos y actividades productivas, pero evitando tener que hacer inversiones gigantescas en implementar infraestructura en sectores específicos. La posibilidad que me interesa aquí es la de explorar el trabajo que hacen de manera casi invisible y difícil de registrar diferentes comunidades informales de producción tecnológica, mediática y cultural, cuyas actividades pueden ser potenciadas, consolidadas y aceleradas para convertirse en sectores productivos, innovadores y de alto impacto.

El paper mismo con el análisis completo está publicado en Arxiv junto con las actas de la conferencia, mientras que las diapositivas de mi presentación están aquí:

Cualquier comentario o pregunta sobre este contenido es más que bienvenido, ya que es la base sobre la que vengo desarrollando mi trabajo de investigación sobre este tema, y sobre la que he estado haciendo trabajo de campo en Lima los últimos dos meses. Así que cualquier idea o aporte, no duden en hacérmelo saber.

“El Ciclo Hacker” completo en audio

Se me fue muy rápidamente una semana de paso por Lima, demasiado cargada de actividades. Como anuncié unos días antes, esta visita sirvió también como oportunidad para presentar algunas nuevas ideas (junto con algunas ideas recicladas) en un arco que llamé “el ciclo hacker”, dado que la ética y la cultura hacker fueron los hilos conductores de todas las presentaciones.

Daniel Luna, quien entre otras cosas está pasando por una etapa de grabación compulsiva, tuvo la amabilidad de grabar las tres presentaciones y colgarlas en su blog. No he tenido oportunidad de revisar los audios yo mismo, pero igual quiero compartir los enlaces a sus posts para aquellos que puedan estar interesados en escuchar las tres partes del Ciclo Hacker.

La ética hacker y el espíritu del post-capitalismo. Filosofía para épocas de apocalipsis financiero.

Hackear la educación. Alfabetización tecnológica y ciudadanía informacional.

Hackers, trolls y memes. El lenguaje de los nuevos medios.

Tengo la intención de editar estos audios para juntarlos con las presentaciones que utilicé en cada caso, pero dado que eso podría aún demorar varios días, no quiero dejar de compartir estos audios ahora que ya están publicados. (Y un agradecimiento especial a Daniel por el material.)

El Ciclo Hacker: Presentaciones en Lima, 9 y 12 de setiembre

La próxima semana estaré por unos días en Lima y ha coincidido con la oportunidad de realizar una serie de presentaciones en varios contextos, en las que estoy mashupeando ideas que vengo trabajando y presentando en las últimas semanas aquí en Argentina. Pero estas presentaciones también me dan la oportunidad de ampliar y puntualizar un poco más estas ideas.

Lo interesante del asunto es que ha coincidido también con que la temática de los eventos es más o menos próxima. Así que estoy intentando formular la temática de las tres como un sólo arco continuo, abordando temas de la cultura hacker y el lenguaje y la cultura de los nuevos medios desde varios puntos de vista. De modo que en tres presentaciones estaré elaborando el Ciclo Hacker: una exploración filosófica de la idea de hackear (en una lectura amplia del término) y sus ramificaciones culturales y políticas.

¡Espero verlos por ahí!

La ética hacker y el espíritu del post-capitalismo: Filosofía para épocas de apocalipsis financiero.
Viernes 9 de setiembre, 3:45pm, Auditorio de Humanidades de la PUCP.

Estaré de regreso en el VII Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP, lo cual me encanta porque es volver a un evento en el que he podido presentarme casi todos los años recientes, desde que estaba estudiando en el pregrado. El título de la presentación es obviamente una alusión a Weber, pero ésta no es una presentación sobre Weber. Es, más bien, una exploración de los conceptos que subyacen a la ética hacker (articulados en algunos de sus textos fundacionales). Y lo que quiero hacer con esto es ver cómo algunos de estos principios están manifestándose en las tecnologías que usamos y convirtiéndose en patrones de comportamiento y culturales cada vez más difundidos. Al mismo tiempo, como se están convirtiendo en la base de una re-concepción económica (a su vez posibilitada por nuevas tecnologías) que se está traduciendo en la implementación de nuevas estructuras de interacción económica.

Hackear la educación: Alfabetización tecnológica y ciudadanía informacional.
Viernes 9 de setiembre, 6pm, Salón 402 del Pabellón Z de la PUCP.

La Asociación para la Educación y el Desarrollo, un grupo de estudiantes de psicología educacional, está organizando un evento bajo el título “Formación Ciudadana y Educación“, y me han invitado a formar parte de la mesa sobre “Ciencia, tecnología y formación ciudadana”. Siguiendo en la línea del cambio del modelo de producción de sociedades industriales al de sociedades informacionales, nuestras necesidades en términos de educación y aprendizaje deben ser también significativamente diferentes. ¿Qué, cuándo, dónde, y cómo aprendemos en un mundo altamente hiperconectado? Cuando la escuela, como lugar, deja de ser el eje articulador de nuestro procesamiento de información y conocimiento, ¿cómo respondemos? Hackear la educación quiere decir que en estas condiciones, las sociedades contemporáneas no necesitan formar primordialmente trabajadores que llenen las líneas de producción, sino que necesitan formas ciudadanos capaces de participar mediática y tecnológicamente: necesitan, en esencia, de hackers, en todas las áreas del conocimiento.

Hackers, trolls y memes: El lenguaje de los nuevos medios.
Lunes 12 de setiembre, 7pm, Auditorio de la Fundación Telefónica.

Esto es en el marco del Simposio Internacional: Interpretando los Medios, una de las actividades en Lima vinculadas a la celebración del centenario de Marshall McLuhan. En este caso, quiero explorar un poco los elementos que configuran el lenguaje propio de los nuevos medios y de la comunicación digital, y elaborar algunos de sus efectos sociales y políticos. Esto, claro, en la línea de Marshall McLuhan y la idea de ecosistemas mediáticos (o “media ecology”). El punto de partida es el meme, como el mecanismo de reproducción y circulación de información entre comunidades digitales (y no digitales, también). Así como la capacidad de modificar y producir memes libremente es un rasgo distintivo de la cultura digital, también lo son figuras complementarias que se construyen sobre esta libertad: el troll como subversivo comunicacional y “culture jammer” con efectos diversos; y el hacker como patrón ético de una cultura de remixeo y reinterpretación, donde el código de las gramáticas sociales y técnicas está abierto a su modificación continua y constante. ¿Cuál es, entonces, el valor y el potencial significado político de los memes, los trolls y los hackers?

El lenguaje de los nuevos medios: Presentación en la Cátedra Datos de la UBA

Los últimos días he estado sufriendo de un bloqueo terrible para escribir. Doblemente frustrante porque tenía muchísimos textos que preparar y las ideas simplemente no salían. Muy frustrante. La cosa felizmente ha ido mejorando poco a poco y hoy por fin puedo actualizar el blog después de demasiados días no de abandono, sino simplemente de bloqueo.

Esta semana me dio la excusa perfecta. La Cátedra de Procesamiento de Datos de la Universidad de Buenos Aires me invitó a realizar una presentación en una de sus clases teóricas, en la que también presentó Pablo Mancini. Esta vez presenté una versión ampliada y mejorada de las ideas que había presentado antes en las Jornadas Edupunk en Rosario, hace unas semanas. En el blog de la cátedra hay un resumen de la presentación cortesía de Germán Staricco, junto con las diapositivas que utilicé.

Pero claro, en una presentación nunca alcanza el tiempo para elaborar todos los conflictos o responder a todas las preguntas. Y hay una serie de preguntas y objeciones que han ido surgiendo en los comentarios en el blog de la Cátedra que me dan pie a elaborar algunas ideas y agregar algunos recursos adicionales.

Carlos Sanabria comentó:

Ahora me pregunto, el hackeo más grande a uno de los lugares más importantes del planeta, Wiki Leaks, ¿no perdio todo su sentido al ser brindada esa información a El País, Le Monde, The Guardian, Der Spiegel y The New York Times, 5 medios hegemónicos de europa, que son propiedad de grandes grupos económicos?

Estoy de acuerdo contigo. De hecho, aunque Wikileaks es un buen ejemplo de fenómeno emergente, como organización o movimiento me genera muchísimo – es un aparato que está demasiado centrado alrededor de un personaje problemático como es Julian Assange. Es cierto que Assange ha sido victimizado y perseguido de manera injusta, pero el tipo tampoco termina de convencer: las declaraciones de los periodistas que negociaron con él la publicación de los Wikileaks (y por los cuales tuvieron que pagar muchísimo dinero, además) han dado múltiples versiones de cómo todo esto es más sobre él que sobre los temas de fondo. Wikileaks es un buen ejemplo, pero no es el mejor ni el más interesante: es apenas uno de los primeros.

Carlos Gómez hizo la referencia al documental RIP! A Remix Manifesto y agregó:

“Lxs consumidorxs son creadorxs del arte popular del futuro. Lxs propietarixs de la cultura que remezclamos representan el pasado.
Para asegurar el libre intercambio de ideas y el futuro del arte y de la cultura se redacto este manifiesto:
1 – La cultura siempre se construyó basada en el pasado.
2 – El pasado siempre intenta controlar al futuro.
3 – Nuestro futuro se está volviendo menos libre.
4 – Para construir sociedades libres es necesario limitar el control del pasado.”

RIP!, es un peliculón y lo recomiendo totalmente. Sobre todo la música de Girl Talk. Lamentablemente no nos dio el tiempo para retroceder mucho en antecedentes históricos, pero cuando metes la lectura del “hacker” en la cultura, puedes retroceder y encontrar que casi todas las actividades culturales han consistido siempre en alguna forma de hackeo. Esto es aún más cierto mientras más te acercas a la oralidad, donde cada re-interpretación de una historia es siempre una nueva versión. La idea de que la cultura debe ser “cerrada” y limitada sólo a “los que saben”, aunque también es una constante histórica, sólo se vuelve un patrón industrial predominante en los últimos 300-400 años.

Valentina Stacco comentó:

En nuestra clase se armo un mini debate porque habia compañeros que habian notado una actitud demasiado inclinada hacia los intereses economicos, el debate fue interesante porque lo comparamos con lo expuesto por Eduardo (quien hablo de lo importante del software libre, etc)

Esta es una discusión que da para largo, muy largo, y es un tema que ha surgido en varios de los comentarios. Es cierto que nuevas tecnologías abren el espacio para la participación ciudadana, pero siguen siendo espacios mediados comercialmente y con dueño – por mucho que parezca lo contrario, Facebook no es un espacio público, y Twitter tampoco, pero nuestras actividades públicas/políticas tienen cada vez más preponderancia allí. Al mismo tiempo no son completamente privados, pues el margen de los propietarios/administradores para hacer cambios está restringido por las preferencias de los usuarios. Al mismo tiempo, estas plataformas están posibilitando un nuevo espacio económico a través del abaratamiento de costos: uno puede llegar a un público “masivo” usando estas redes con un mínimo de inversión, y tener el mismo grado de exposición que una marca trasnacional. De modo que estas plataformas también tienen un poder equilibrante de productores más chicos frente a productores más grandes que hace unos años los habrían absorbido o eclipsado. Lo importante por ahora me parece reconocer que todo esto es conflictivo, y que el mundo digital no es un mundo armónico de paz y felicidad, sino que muchas tensiones políticas y económicas recién están empezando a manifestarse.

Mariel Tellechea comentó:

Pero, por otra parte, algunas de las cosas que se dijeron me parecieron obviedades, unas y generalizaciones, otras. En los perfiles de FB o TW, así como en las interacciones en diferentes lugares y con diferentes personas, nadie muestra todas sus facetas. El hecho de tener identidades virtuales en estos medios no implica que busquemos todo el tiempo la aprobación de los otros, pongamos la mejor música o según cómo respondan nuestros “contactos/seguidores” dejemos de poner o no algo que nos interesa.

Hablar de buscar la “aprobación de los otros” puede ser ambivalente y quizás poco claro. Quizás una mejor manera de formularlo sea de buscar la validación de los otros, que tiene menos de la carga psicológica o de autoestima. Lo más importante es que este proceso, que ocurre tanto online como offline, es algo que opera a un nivel inconsciente y casi automáticamente como capacidad adquirida evolutivamente: nuestra capacidad para leer indicadores en los demás respecto a cómo es recibida nuestra propia conducta es una capacidad fundamental para nuestra vida en sociedad. Esto no quiere decir que nuestro entorno determine indefectiblemente nuestra conducta y las cosas que hacemos, pero sí que en ningún caso presentamos nuestra identidad (como lo formuló Erving Goffman) de manera aislada a un contexto social (como, más bien, lo consideraban las utopías liberales de la modernidad). De la misma manera las conductas en estos nuevos medios, cuyas gramáticas aún se encuentran mayormente en formación, se están moldeando poco a poco a partir de las reacciones y validaciones de las comunidades participantes.

Juan comentó:

Personalmente considero que la forma Broadcast de los medios no va a desaparecer, y esta versión demagógicamente democrática 2.0 será complementaria. Creo que las tres transformaciones de las que se habla al principio son muy relativas. Implican un grado de alfabetización digital que no es tal, al mismo modo que desconoce los usos reales de las tecnologías. Incluso nativos informáticos se quedan atrás.

Coincido en que la forma broadcast no desaparece, pero no en la complementariedad de lo digital. La comunicación broadcast no se mantiene tal cual una vez que aparece la tecnología digital, sino que se ve inevitablemente transformada en sus usos, significados y posibilidades: esto es lo que Henry Jenkins llama la lógica de la convergencia, donde las nuevas tecnologías reconfiguran el significado de las viejas tecnologías. De modo que lo digital tampoco puede ser reducido al lugar del mero complemeto. Respecto a las tres transformaciones, sí, pueden verse como relativas, pero eso no las hace menos interesantes ni menos significativas. El hecho de que estos patrones culturales se puedan empezar a identificar en cada vez más ámbitos de las actividades humanas sugiere, justamente, que hay un cambio de conceptos subyacentes al que hay que prestar atención. Eso hace que el tema de la alfabetización digital sea tanto más importante, justamente porque hay gente que se queda atrás. No es que esto no sea un “uso real de la tecnología” – el problema es lo contrario, que es un uso completamente real del cual muchos no pueden participar por problemas estructurales de acceso a la información. Y ése es un problema que hay que resolver.

Florencia Marano hizo mi pregunta favorita:

Otra cosa, realmente hay que hackear todo? Creo que se pueden hallar caminos alternativos dentro de un medio sin necesidad de hackear. Ni el medio me come ni yo lo como a él, creo que pueden verse posiciones de mediación dentro del mismo.

No, no creo que haya que ir por ahí hackeándolo todo o pensando que todo tiene que hackearse. Creo que es más bien la idea de que todo puede ser hackeado, todo refleja un “código” y una estructura que uno puede influenciar y, de ser necesario, transformar. Es importante resaltar que hablar de “hackear” no tiene que ser algo confrontacional o destructivo, como la interpretación popular de los hackers podría sugerir. La ética hacker, más bien, se centra en el hecho de que el mundo está lleno de problemas interesantes, y uno puede dedicarse a resolverlos – en un proceso que siempre involucra aprendizaje y colaboración. Puesto de otra manera, es una lectura tecnologizada de la idea de democracia participativa, y de creer que las estructuras de la sociedad no son “algo” allá afuera, lejos de mi influencia, sino reconocer que uno puede intervenir significativamente en los procesos sociales en los que está inmerso.

Laura Moreno comentó:

En relación a la primera parte de la clase, el hecho de que todo sea hackeable como lo planteó Eduardo Marisca puede abrirnos interrogantes. En nuestra clase práctica surgió un debate sobre cuál es el lugar que le queda a los periodistas o comunicadores dentro de este cambio de paradigma.

Es un tema abierto y que sí, justamente requiere de mucho debate. Lo importante para rescatar es que el rol de los periodistas y comunicadores ha pasado a un momento de renegociación social: si antes su lugar cumplía una función sostenida sobre una escasez de información y lo complicado de su acceso, cuando esas condiciones de escasez cambian por extensión deberíamos suponer también que ese rol y esa función cambian. La discusión se vuelve estéril y poco interesante cuando se formula desde el punto de vista de que el periodismo debería preservarse porque ha cumplido una cierta función valiosa en el pasado que no deberíamos querer perder. Aunque eso puede ser cierto, la idea de preservarlo como existe porque respondía a necesidades del pasado no es muy interesante ni tampoco muy realista: es casi una cuestión museográfica. De modo que, al menos a mí personalmente, me resultan mucho más interesantes los experimentos que están surgiendo en la periferia y en las fronteras de la actividades, que están diseñando y experimentando con nuevos modelos y reinterpretaciones de la profesión que podrían volverse predominantes en el futuro.

En fin, esto es sólo un recorrido por algunos de los comentarios que encontré y que me parecía valía la pena agregar algunas notas. Agradezco a la Cátedra de Procesamiento de Datos por la invitación a lo que fue al final una discusión bastante interesante, y que obviamente ha tenido su extensión transmediática y ha continuado aún después de la clase.

¿Quién vigila a los vigilantes?

Acabo de enviar a la comisión organizadora del V Simposio de Estudiantes de Filosofía, este año organizado entre la PUCP y la UARM, la sumilla de la presentación que quiero realizar en la mesa temática que estamos armando sobre Watchmen, con Martín y Rubén. He podido tomar como punto de partida una presentación que hice hace unos meses sobre Death Note en la que también hablé bastante sobre Watchmen (invitado por el Bunka Yugo Club de la PUCP), y ahora quiero recoger algunas de esas ideas y desarrollarlas un poco más.

Asumiendo que mi propuesta sea aprobada, esto será lo que trabajaré en el simposio (que será del 20 al 23 de octubre, entre la PUCP y la UARM). Tengo también la esperanza de presentar otro trabajo, asumiendo que me alcance el tiempo.

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¿Quién vigila a los vigilantes?
Superhéroes, nihilismo y cultura a partir de Watchmen

¿En qué momento dejamos de necesitar a los superhéroes? En 1986, Alan Moore y Dave  Gibbons se encargaron de implosionar nuestra concepción sobre justicieros enmascarados de una manera que cambió por completo nuestra percepción de la figura de los superhéroes e, incluso, del medio del cómic en general. Moore nos presentó un universo de superhéroes muy distinto de aquel al que estábamos acostumbrados: caracteres fallados, moralmente cuestionables, personalidades llenas de complejos que, sin embargo, pretenden defender un mundo supuestamente moral y justo.

Watchmen tuvo un significado singular en la historia de los comics, pues significó un doble salto hacia la “madurez”. Por un lado, al reinterpretar tan fundamentalmente una institución tan central como el ideal de los superhéroes, significó el acceso a una dimensión completamente nueva de complejidad y profundidad en la construcción de personajes e historias. Por otro lado, y por lo mismo, llevó a un nuevo grado de complejidad el calibre de los temas que podían trabajarse a partir del cómic: el trabajo de Moore, junto con otros trabajos de la época, empezaron a mostrar que el medio del cómic podía ser utilizado para expresar temáticas y problemáticas “serias” que se contraponían a los clásicos comics usualmente entendidos como historias para niños y jóvenes (y, en ese sentido, fueron también un paso decisivo para la aceptación del cómic como una forma de expresión artística).

En la formación de la cultura occidental contemporánea, sobre todo a partir del influjo de la industria cultural estadounidense, la figura del superhéroe ha tenido un lugar central como símbolo cultural. De allí que resulte forzosa la pregunta: ¿por qué Moore y Gibbons encontraron pertinente, si no necesario, atomizar esta imagen en su momento? ¿Por qué surge en esa época una tendencia hacia el cuestionamiento de la función que cumple el superhéroe, y la manera como la cumple?

En el presente trabajo espero responder a varios temas que se desprenden de estas preguntas. En primer lugar, quiero utilizar Watchmen como el hilo conductor para entender qué está pasando en nuestra cultura para que pueda tener lugar una historia como ésta (e historias similares) y resultarnos interesante. Partiendo de esta manifestación particular quiero extrapolar una serie de explicaciones y conclusiones posibles de por qué es posible que pensemos, hoy, en un mundo sin los superhéroes de antaño.

En segundo lugar, quiero preguntar por lo que queda, entonces, en su lugar. ¿Desaparecen los superhéroes de nuestra cultura, o es más bien su rol reinterpretado? ¿Qué nueva narrativa cultural puede extraerse a partir de los superhéroes de Watchmen? ¿Qué implicaciones tienen sus historias personales para la construcción de una narrativa cultural más amplia de la cual participamos nosotros los lectores? Quiero sugerir que la historia que se construye en Watchmen es también una metáfora de cómo nos encontramos en medio de la transición hacia otro – o varios otros – modelos sobre cómo construimos nuestra cultura, que tienen implicancias directas y personales para todos nosotros.

Finalmente, habiendo intentado trazar el hilo de esta narrativa cultural, quiero dar un paso atrás para preguntar por el sentido y el valor que me parece que tiene realizar esta lectura. Partiendo de poner en cuestión una cada vez menos útil separación entre la “cultura popular” y la “cultura ilustrada”, pero reconociendo que ésta no es ni puede ser una explicación de facto de cómo opera nuestra dinámica cultural, intentaré sugerir que el cómic ofrece una vía de entrada original a la interpretación de nuestra cultura y pensamiento por la singularidad de su formato. Es, en otras palabras, uno de los nuevos terrenos donde ha pasado a jugarse la construcción de nuestra cultura, y de los cuales la lectura filosófica no puede abdicar si desea no sólo mantener su actualidad, sino, principalmente, cuestionarse a sí misma permanentemente en la búsqueda de posibilidades y modelos interesantes.

Referencias

  • Adorno, Theodor y Max Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración. Trotta, Madrid, 1998.
  • Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica. En: Benjamin, Walter. Discursos interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires, 1989.
  • Jenkins, Henry. Convergence Culture: Where Old And New Media Collide. New York University Press, New York, 2006.
  • Johnson, Steven. Everything Bad Is Good For You: How Today’s Popular Culture Is Actually Making Us Smarter. Riverhead Books, New York, 2006.
  • Kierkegaard, Soren. Migajas filosóficas, o un poco de filosofía. Trotta, Madrid, 1999.
  • Kierkegaard, Soren. Temor y temblor. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
  • McCloud, Scott. Understanding Comics: The Invisible Art. Harper Collins, New York, 1994.
  • McLuhan, Marshall. Understanding Media: The Extensions of Man. Routledge, London, 2002 (1964).
  • Millar, Mark y Dave Johnson. Superman: Red Son. DC Comics, New York, 2003.
  • Miller, Frank. Batman: The Dark Knight Returns. DC Comics, New York, 1986.
  • Moore, Allan y Brian Bolland. Batman: The Killing Joke. DC Comics, New York, 1988.
  • Moore, Alan y Dave Gibbons. Watchmen. DC Comics, New York, 1987.
  • Moore, Alan y Curt Swan. Whatever Happened To The Man Of Tomorrow? DC Comics, New York, 2009 (1986).
  • Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
  • Nolan, Christopher (dir). The Dark Knight. DC Comics/Warner Bros., 2008.
  • Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

Revelaciones

Ayer mientras me hundía irremediablemente en el inmanejable torrente que es mi Google Reader, encontré un enlace a este PPT que me abrió por completo los ojos. ¿Qué significa, en términos reales, concretos y cotidianos, trabajar con medios sociales? Una buena respuesta de Chrystie Corns, Social Media Marketing Manager de Where.com.

En resumen: me hizo entender de manera infinitamente más clara mi propio trabajo y cómo mejor organizarlo y distribuirlo e integrarlo. He descubierto un mundo nuevo.

Cambiando de lenguaje

Hay algo más en lo que la experiencia del blog me ha ayudado significativamente. En la filosofía, tenemos frecuentemente la tendencia de perdernos en un lenguaje excesivamente técnico, excesivamente complicado, y bastante hermético al acceso de forasteros. Aprender a escribir en un tono y con unos términos que hacen nuestro contenido sumamente difícil: personalmente, creo que esto responde, a su vez, a la creencia de que para lidiar con profundos problemas, uno debe también hablar en un lenguaje profundo que refleje la profundidad de lo profundo y ese tipo de cosas. Quizás en la misma medida en que no considero que la filosofía sea una tarea o un trabajo más digno, más enaltecido que los demás, tampoco creo que tenga por qué hablar en un lenguaje más complicado, sólo para iluminados.

Escribir en un blog, en un entorno más informal, y buscando comunicarse con un público mucho más amplio, ayuda muchísimo en términos de aprender a comunicarse más efectivamente. Uno se ve obligado a buscar construcciones más simples, términos más comunes, y a darse cuenta de que, si no puede decirse en términos sencillos, quizás no vale la pena que se diga.

Este cambio de lenguaje es algo que he tratado de incluir también en mis presentaciones. El estilo académico formal que predomina en congresos, coloquios, simposios y demás, es el de leer un texto, un trabajo de investigación formal y rigurosa, citando las referencias en el camino y toda la parafernalia. Pero en las últimas presentaciones que realicé en el Simposio de Estudiantes en la PUCP, escogí cambiar un poco la fórmula, y el experimento fue interesante. Partí de una premisa muy simple: en los 20 minutos asignados, no iba a tener el tiempo necesario ni para (1) leer la totalidad del trabajo que quería presentar, ni para (2) realmente transmitir el resultado de varias horas de lectura, investigación y preparación. En 20 minutos no es posible que la audiencia llegue a captar la totalidad de lo que sea que se quiere exponer. Entonces, en esos 20 minutos lo mejor a lo que podía aspirar era a, (1) brindar un conjunto básico de ideas en torno al tema trabajado, y (2) buscar despertar el interés del público por el mismo tema. Es cierto: ya no estaba tanto presentando una investigación, como marketeando una idea.

El resultado fueron dos presentaciones concebidas de manera diferente, y ejecutas de la misma manera: escogí no leer, sino exponer oralmente. Escogí utilizar el PowerPoint, pero de manera tal que (creo) apoyaba y no perjudicadaba el contenido de lo que iba exponiendo. Y escogí utilizar un lenguaje y una estructura que fueran lo más accesible posible, de tal manera que realmente pudiera compenetrar al auditorio. La experiencia fue sumamente gratificante: porque, a diferencia de oportunidades en las que he leído un trabajo, sentí mucho más cercanamente la relación con la audiencia, y podía ver directamente si estaban o no siguiendo lo que iba diciendo, y eso me permitía hacer modificaciones sobre la marcha. Por lo que podía percibir, la gente estaba más interesada, cuando menos por lo exótico del experimento. Y eso de por sí ya era, creo, un triunfo.

Claro, de hecho tuvo mucho que ver que el experimento estaba inspirado por la idea de que el medio es el mensaje.

Nuevos conceptos

Me gustaría desarrollar un nuevo concepto. Siempre me gusta jalar elementos de todos lados, de múltiples fuentes, en múltiples formatos. Recuerdo hace un par de años cuando fui a un tributo a Radiohead hecho aquí en Lima, donde un grupo local (Space Bee) intepretó todo el OK Computer de manera genial, a la par que se proyectaban una serie de clips llenos de leit motifs radioheadianos.

El último sábado, Jorge Drexler se presentó en Lima. Su concierto fue formidable, su dominio de escena es excelente y sumamente divertido, y su música es de primera. Este tipo de experiencias me hacen reconsiderar cosas como la distancia entre la exposición de ideas y el espectáculo. Desde lo que me enseñan, desde la filosofía, al presentar uno sus ideas debe hacerlo de manera formal, rigurosa, académicamente seria. Y eso está bien, asegura que el cuerpo del conocimiento de alguna manera tiene cierto asidero, cierta continuidad. Pero personalmente, para mí, hay algo que falta. Y es que no puedo evitar sentir que eso hace que la propuesta se quede un poco corta. Cuando el objetivo es que se me escuche, se me reinterprete y algo quede de lo que digo, pues todo se siente un poco incompleto.

En principio, porque creo que uno no debería engañarse: aún cuando uno lee una ponencia filosófica, uno está vendiendo algo, en un sentido muy amplio. Uno no presenta un texto, un concepto, una idea que ha trabajado con la simple pretensión de ser escuchado y de que se le deje a uno vivir. Presentar algo es comunicar el asombro al cual uno ha llegado al encontrar una serie de conexiones que antes no se habían visto en el mismo lugar. Mucho más que un compartir intelectual, es hacer que el otro forme parte de mi intensa experiencia emocional al aproximarme al tema. Además, no espera ser tomado con neutralidad, o al menos yo particulamente considero que no debería serlo: leer para un auditorio neutralizado es peor que no leer nada. No conseguir reacción alguna, la crucifixión más terrible. Uno busca, o debería buscar, incitar algún tipo de reacción en su público. Cualquiera. Cuando menos, el despertar un nuevo interés que no hubiera estado allí antes. Despertar la curiosidad, el deseo de saber más.

Creo que pretender que un concepto o una idea que a uno le ha tomado buen tiempo desarrollar, sea entendido por un público en 20 o 30 minutos, es un poco iluso. Más bien, creo más efectivo tratar de transmitir la emoción del chispazo inicial, del sentido del descubrimiento, y tratar de llevar al otro por el mismo camino. Si le interesa a algunos pocos, pues bien. Si le interesa a muchos, pues muy bien, tanto mejor. Así se forjan comunidades de gente con las cuales se puede entablar una conversación, en torno al punto que han descubierto comparten.

Por eso quiero desarrollar un nuevo concepto. Que involucra no sólo a la filosofía y al mensaje que se puede querer transmitir, sino que apunta al diseño, a la construcción de toda una experiencia comunicativa. Arte, música, movimiento, imágenes, video, ideas, conceptos, discurso, creo que todo debe más o menos mezclarse en una performance más compleja, pero también más comprometida y comprometedora. Algo que realmente interpele al público y lo obligue a tomar una postura, sea a favor o en contra.

Creo que es por este tipo de cosas que me dicen que soy un sofista… Pero claro, yo nunca he tenido mayor problema con eso.