Más allá del fetichismo de la mercancía

Una columna de la revista Fortune sobre Occupy Wall Street señala:

Our current capital markets are structured around a dangerous lie — that the sole function of the corporation is to return value to shareholders. Under this construct, every action undertaken by Wall Street traders, mortgage brokers and the rest make perfect sense and are morally unambiguous. It was their job to sell as much as they could, to grab as much value as possible, in order to return that value to shareholders. So long as shareholder-value-maximization remains our governing principle, no change in regulations will change the fundamental behavior. Executives are simply acting according to their incentives.

Lo que me hizo pensar:

1. El capitalismo tardío es nuestra época más metafísica. Como señalé en “La ética hacker y el espíritu del post-capitalismo“, es la radicalización del fetichismo de la mercancía del que hablaba Marx en El capital: Marx señalaba que más que su uso, los objetos pasaban a tener importancia por su valor de cambio. Las cosas tenían significado porque permiten conseguir otras cosas. Pero en la era del capitalismo financiero, ya ni siquiera las cosas importan. El capital sirve para apalancar capital, para moverse a sí mismo. Ya ni siquiera es necesario que remita a objetos efectivamente existentes. Es el fetichismo del fetichismo.

2. En la misma línea vale la pena pensar en términos object-oriented onthology y considerar las relaciones entre capital, corporaciones, consumidores, empleados e inversionistas. Se supone que la corporación está al servicio de sus inversionistas. Pero claramente no lo está: el cortoplacismo propio de managers cuyo único propósito es inflar el valor de las acciones (para incrementar sus propias utilidades) en lugar de crear estructuras rentables y sostenibles a largo plazo es evidencia de esto. Aquí también el capital sirve al capital, ni siquiera a sus propios inversionistas. La corporación, como objeto-sistema, cobra una cierta autonomía para vincularse con otros objetos-sistema y retroalimentar su propia existencia como objetos-sistema. La corporación existe para que la corporación exista, no como predicado de sus inversionistas sino como su sujeto (al puro purito estilo de Feuerbach).

3. Hace poco leí un librazo, The Intelligent Investor de Benjamin Graham. Un clásico del ámbito de las finanzas y la inversión. Graham construye toda su metodología de inversiones (“value investing”) sobre una idea básica contraria a lo que se suele creer: él parte, más bien, de asumir que el mercado es fundamentalmente irracional, y no de que es una reunión de compradores y vendedores racionales e informados, donde los precios reflejan la mejor información posible. Graham está en la misma línea que el artículo de Fortune y, por extensión, de Occupy Wall Street, bajo cierta interpretación: cuando las inversiones se han puramente como especulaciones sobre el movimiento del precio de una acción a corto plazo, se incrementa el riesgo y se genera un daño a la economía. El inversionista debe más bien, según Graham, pensar a largo plazo e involucrarse e interesarse por la gestión de la compañía: debe apuntar a generar valor y amplificar el crecimiento real de una empresa, no sólo su valor nominal. La estrategia le sirvió muy bien al propio Graham como inversionista, y también a quien es su discípulo más reconocido, Warren Buffet.

4. Vale la pena apuntar al tema estructural que podría decirse “subyace” a la crisis económica global del momento y que alimenta la frustración del movimiento de OWS. No se trata, me parece, simplemente de un frenazo en la demanda y el consecuente encogimiento de la economía, sino más bien un reacomodo sustancial de las piezas económicas y fuerzas productivas. En esto estoy totalmente influenciado por Race Against the Machine, el libro de Eric Brynjolfsson y Andrew McAfee que salió hace poco. Brynjolfsson y McAfee observan que el cambio tecnológico de las últimas décadas está generando transformaciones sustanciales en nuestra matriz productiva que obligan a un desplazamiento de la fuerza laboral. No se trata, entonces, de reactivas el aparato industrial que alimentaba nuestra economía conocida, sino de redireccionar a la fuerza laboral para un conjunto de nuevas estructuras. Lo que require, por supuesto, que pensemos en nuevos tipos de organizaciones y en nuevas maneras de capacitar a la fuerza de trabajo para un nuevo conjunto de desafíos.

Entrándole al OOO

Me está llamando mucho la atención lo que se viene cuajando, en gran parte en algunos blogs de filosofía (y poco a poco también en nuevas publicaciones) en torno a la ontología orientada a objetos. Tengo una pequeña fascinación con el pensamiento en torno a los objetos, en diferentes formas y en algunas relaciones con el pensamiento del diseño.

No he profundizado lo suficiente en el tema, y aún no entiendo bien a qué va, pero algunos recursos/comentarios de lo que voy encontrando…

En primer lugar, Timothy Morton ha colgado una serie de recursos introductorios a la ontología orientada a objetos, que son principalmente grabaciones de clases y conferencias. Entre ellos, un enlace a un artículo de Graham Harman sobre los orígenes y diferencias entre realismo especulativo y filosofía orientada a objetos. En él, Harman explica los dos principios de los que parte su filosofía orientada a objetos:

1. Individual entities of various different scales (not just tiny quarks and electrons) are the ultimate stuff of the cosmos.

2. These entities are never exhausted by any of their relations or even by their sum of all possible relations. Objects withdraw from relation.

Todo me terminó resultando mucho más claro cuando leí este artículo de Levy Bryant con precisiones respecto a su entendimiento de lo que son o cómo operan los objetos. En resumen, la manera como todo objeto exhibe comportamiento de sistema, compuesto a su vez por objetos pero incapaz de ser reducido a la suma lineal de sus partes sino más bien comportando propiedades emergentes. El prize quote para mí es éste:

Within the framework of my onticology, there are only objects, properties, and relations. While objects differ from one another– a cat is certainly different than a rock –they all fall under the category of objects. As such, I do not begin from a fundamental split between subjects on the one hand and objects on the other hand. An object is not what stands in opposition to a subject. Indeed, subjects themselves are, for me, a type of object. They are particularly important objects for us insofar as we happen to be subjects, yet metaphysically they are no more or less an object than anything else.

I conceive objects as autopoietic and allopoietic machines as outlined by Maturana and Varela, but above all by Niklas Luhmann.

Luego de ese fragmento todo tuvo un poquito más de sentido, por la incorporación del pensamiento sistemático de Maturana/Varela/Luhmann(/Von Bertalanffy/Kant, pero eso es para otro día).

Hablar de que todo consiste en objects, properties and relations es también un poco la manera como esto se puede aproximar a la programación orientada a objetos. Los objetos entendidos como sistemas son entonces algo así como andamios de los cuales, a su vez, colgamos otros objetos. Esto me quedó aún más claro luego de otro artículo de Bryant sobre las propiedades de los objetos, con otro prize quote:

Three of the central claims of my onticology are 1) that objects are always composed of other objects, 2) that objects exist at all levels of scale, and 3) that objects are negentropic in that they both resist dissolution and perpetually face the problem of dissolution or entropy.

La parte de la entropía todavía hace “whoosh” cuando pasa completamente por encima de mi cabeza sin que yo entienda que está pasando.

Daniel Luna tiene más y mejores ideas sobre todo esto, pues lo viene explorando mucho más en detalle que yo por mucho más tiempo.