(O cómo impactar algo tan grande como el Grupo El Comercio.)
Hoy día vi que rebotaba repetidamente en Facebook el enlace a una página, “Cruzada para no comprar El Comercio ni Perú 21“. La página se describe a sí misma en estos términos:
Este es un acto simbólico de rechazo a la amenaza de la libertad de expresión que representan el Grupo El Comercio y sus medios de información.
Ahora, todo bien con la iniciativa. En las semanas que estuve en Lima recientemente pude, una vez más, corroborar que el Grupo El Comercio está quizás en su momento más nefasto. El conglomerado mediático más grande e “influyente” del país asusta porque es como una figura sombría indeterminable, cuya verdadera extensión nos elude cotidianamente.
Pero un acto simbólico que consista en no comprar El Comercio o Perú 21, realmente no genera mayor trascendencia. Al momento de escribir esto, la página tiene 3,931 seguidores – es decir que, asumiendo que efectivamente 3,931 personas dejen de comprar El Comercio o Perú 21, el impacto real contra ventas diarias de 201,200 (sumando los promedios diarios de venta para ambos periódicos durante el primer semestre del 2011, según la SEPP - nota aparte, qué difícil que fue finalmente encontrar este dato) es ínfimo. Al final, la iniciativa termina sirviendo más para reafirmar las creencias de los que participan en el “acto simbólico” que para conseguir un impacto real en la economía o la dirección de los periódicos del Grupo El Comercio – algo reforzado, además, porque ni siquiera se menciona la principal publicación del grupo, el diario Trome, cuyo promedio de venta diario, según la misma fuente, es de 419,698 ejemplares. En otras palabras: unirse a dicha cruzada es un acto efectivamente simbólico, tanto en el gesto como en los posibles resultados que puede conseguir.
Mi intención, sin embargo, no es venir a derrochar pesimismo o a abogar por el “mejor no hacemos nada” – simplemente trato de echar luz sobre lo que poco que pensamos respecto al impacto que queremos conseguir con una iniciativa, y en cuáles son los mejores medios para conseguir ese impacto. En el caso del Grupo El Comercio, conseguir ese impacto también pasa por “tangibilizar” la inmaterialidad del grupo completo: llevar al ciudadano de a pie el conocimiento de que no se trata sólo del diario El Comercio y Perú 21, o a lo más Canal N, sino que el universo involucrado es mucho más grande y complejo. Según su propia página web, el Grupo El Comercio contempla todas las siguientes unidades:
De modo que es un aparato bastante complejo donde el propio diario El Comercio es apenas la cara visible. Esto pone un poco en contexto lo que 3,931 lectores menos significan para el Grupo El Comercio – pero también revela que, incluso sin comprar ninguno de los diarios involucrados en la cruzada, uno podría estar aún, sin saberlo, dándole dinero al Grupo a través de cualquiera de sus subsidiarias.
Entonces, asumamos que el objetivo último es generar un impacto sobre las finanzas de la Empresa Editoria El Comercio S.A. – nombre legal de la mayor parte del grupo – para que abandonen ciertas prácticas mediáticas condenables (como el despido de los periodistas que no se ajustan a los intereses no declarados del Grupo) o por lo menos sinceren su discurso y reconozcan públicamente ciertos apoyos y preferencias. Claramente, una cruzada para dejar de comprar El Comercio y Perú 21 no será el camino, y de hecho, los diarios quizás ni siquiera sean el mejor camino. Información relativamente reciente de las actividades de negocios de la empresa se puede encontrar en la información que están obligados a entregar a la Bolsa de Valores de Lima para poder cotizar públicamente: allí se pueden encontrar las Memorias Anuales hasta la del 2010, y estados financieros actualizados hasta el 2011 para los más avezados en meterse en los números.
Finalmente, aunque la venta de impresos es parte importante de los negocios del grupo, en realidad, como en casi todos los diarios, la venta del periódico mismo es sólo un canal para entregar publicidad empaquetada a los lectores. Es la venta de publicidad la que mantiene funcionando a cualquier periódico (la misma que ha subido año tras año tanto para El Comercio como para Perú 21). Y es, por lo mismo, su fuente de vida más importante.
De modo que un ejercicio potencialmente más interesante sería quizás el siguiente: mañana, domingo, compra El Comercio. La edición dominical tiene el doble de tamaño y por lo mismo el doble de publicidad. Recorre la edición y fíjate en los anuncios publicitarios, y presta especial atención a aquellos anuncios de marcas que consumes. Presta doble atención especial a los anuncios de marcas que has consumido por mucho tiempo y consumes regularmente. Toma nota de estas marcas en dos columnas. Cuando hayas terminado, todavía falta un poco de tarea: googlea un poco cada marca, y busca la información de los gerentes o encargados de marketing de cada una de ellas. Con esa información, escribe una carta que enviarás a cada una de estas personas. En ellas, indica que eres consumidor de la marca (o consumidor desde hace X años, o fiel seguidor, o lo más adecuado), que la disfrutas y esperas seguir consumiéndola. Pero que notaste que en la edición del domingo de El Comercio, publicaron un anuncio… Expresa tu frustración y decepción ante este auspicio, dadas las prácticas que ha adoptado el periódico en los últimos meses – de preferencia, sé específico, pues es muy probable que la persona que lo lea no tenga la mima percepción que tú. Sé específico, sé muy claro, y sobre todo, sé amigable y atento. Y concluye diciendo que a pesar de que disfrutas mucho la marca, si continúan auspiciando indirectamente ese tipo de prácticas, no tendrás otra alternativa que empezar a consumir otra (y por supuesto, que estás compartiendo esta información con tu familia y tus amigos). Imprime cada carta (o al menos algunas de ellas) y envíalas vía Serpost a las direcciones que hayas identificado previamente.
No puedo garantizar que esto vaya a conseguir directamente algo. Pero sí ocurre que, por el hecho de que implica una inversión de tiempo mayor, es más posible que alguien lo tome en serio. Así como también es posible que, si esto realmente se volviera una cruzada o una iniciativa medianamente masiva, entonces los anunciantes se vean obligados a realmente prestar atención antes que correrse el riesgo de ver sus propias ventas disminuidas por las acciones de uno de sus auspiciados. Y si esa presión, más fácil de realizar, se empieza a sentir, se convierte en una presión mucho más real sobre el medio mismo. Los auspiciadores suelen pasar bajo el radar en este tipo de cosas, pero lo cierto es que indirectamente están auspiciando también prácticas y conductas mediáticas – y como consumidores, tenemos cierto grado de injerencia en la manera como las marcas hacen las cosas.
Éste es un tipo de táctica que se usa mucho en Estados Unidos o Europa, donde hay un orden de institucionalidad mucho más establecido. Pero debidamente coordinado, no veo por qué no podría tener resultados también en nuestro medio. No tiene ninguna garantía, y es más difícil conseguir gente para comerse el roche completo, pero es aquí cuando uno empieza a pensar realmente en términos de impacto y en términos de cambiar la conducta de las personas, las organizaciones y las instituciones: cuando lo simbólico consigue ser no solamente simbólico, sino volverse fáctico y efectivo.