El peligro de McLuhan

Hace unas semanas comenté que tuve oportunidad de participar en el congreso McLuhan Galaxy Barcelona 2011, co-organizado por las universidades Pompeu Fabra y Oberta de Catalunya a fines de mayo. El evento estuvo muy interesante y lleno, sobre todo, de buenas conversaciones. La infraestructura de ambos campus que pude visitar era de primera y ciertamente envidiable, muy por delante de las universidades que he podido conocer en América Latina (La ciudad, por supuesto, ayuda muchísimo. Barcelona ofrece un sistema de transporte público que incluye buses articulados, tranvía, subterráneo, bicicletas de acceso público y taxis organizados, infraestructura urbana de por sí envidiable). Dos edificios muy modernos en el distrito barcelonense de la innovación albergaron, apropiadamente, largas discusiones sobre las consecuencias de la modernidad.

El clímax del evento, ciertamente, fue la presentación de Manuel Castells al cierre del segundo día. Aunque no presentó material significativamente nuevo (por lo que me comentaron, presentó una serie de ideas que pueden encontrarse distribuidas entre La era de la información y La galaxia Internet), el manejo de Castells de la información fue abrumador, así como su capacidad para referir a información empírica de estudios sobre los temas de los que hablaba. Fue una introducción general a ideas suyas, seguida de preguntas sorprendentemente interesantes para el calibre de lo que uno suele escuchar en congresos y conferencias. El quote de oro fue sobre la relevancia de los medios sociales en la gestación de los nuevos movimientos sociales y políticos que emergen en diferentes lugares del mundo: “No se trata de que ‘la revolución sea twitteada’. Sino que, sin Twitter, ya no hay revolución”.

Todo esto era, por supuesto, en el marco de la celebración del centenario de Marshall McLuhan, sobre como bien sabrán suelo hablar bastante. Y en realidad, empiezo a pensar que debería dejar de hacerlo. Pues una de las líneas centrales que atravesaron el evento fue, justamente, la exaltada celebración del canadiense (y no lo digo decorativamente: su carácter de canadiense fue elemento central de las discusiones probablemente más de lo realmente necesario). Con la participación de muchos de sus colaboradores y más distinguidos discípulos, la cosa por ratos se volvía anécdotica, casi pastoral, conforme recordaban historias sobre cómo era Marshall y se preguntaban cómo Marshall evaluaría las cosas que pasan hoy – o, más aún, cómo vería sus predicciones cumplidas años después.

Pero todo esto, en realidad, me termina pareciendo un poco peligroso. Como un autor que está recién empezando a ser explorado con seriedad y detenimiento, y como un autor que ofrece multitud de capas de interpretación posibles, uno tranquilamente podría pasarse la vida leyendo, dilucidando, descifrando e interpretando la obra de McLuhan. Pero eso sería (1) aburrido, desde mi punto de vista personal, y (2) anti-mcluhaniano. Me parece que en los próximos años podríamos empezar a ver que ocurre con McLuhan algo similar a lo que se puede ver que ocurre en años recientes con autores como Lacan o Heidegger: que desarrollan una feligresía apasionada, dedicada a encontrar dentro de los textos del maestro todas las respuestas y a reinterpretar todo aporte posterior como aclaraciones o notas al pie a la obra del maestro. Y, de nuevo, eso me parece soberanamente aburrido.

Definitivamente he encontrado en la obra de McLuhan ideas sumamente interesantes y una cantidad de posibles vínculos teóricos que vale mucho la pena explorar. Pero eso no quiere decir ni por asomo que el asunto se acabe allí, ni siquiera que empiece por allí. Ni siquiera estoy terriblemente interesado en explorar qué dijo McLuhan o por qué lo dijo – cuestiones exegéticas que me parecen secundarias, si no terciarias – sino que me interesa más ver qué podemos tomar de su arsenal conceptual para ayudarnos explicar ciertos patrones y fenómenos, y cómo podemos retomar plásticamente sus conceptos para juntarlos con otros que a su vez sean explicativos, útiles, interesantes.

Así queda entonces, para mí personalmente, la advertencia de que este camino podría volverse altamente probable (y tentador por ser potencialmente fácil de recorrer). Y también la constatación de que no quiero ir por ahí, por el camino del filósofo-profeta cuyas escrituras deben ser interpretadas. Que es, justamente, lo que me parece más mcluhaniano (obviamente diciendo, con todo esto, que no quiero ser tal cosa como un “mcluhaniano”), en el sentido de una frase que McLuhan repetía continuamente: “no quiero que me crean, quiero que piensen”.

Tecnología como lenguaje

Hoy día tuve una presentación en el McLuhan Galaxy Barcelona 2011, una conferencia que va desde hoy lunes hasta el miércoles bajo el título “Understanding Media, Today”: una relectura contemporánea de la obra de Marshall McLuhan en el año del centenario de su nacimiento.

El título de mi presentación fue “Technology as a Form of Language: The Folklore of Electronic Man” (sí, la presentación está en inglés). En ella intenté elaborar la noción latente de “gramática” que se puede encontrar en McLuhan como el conjunto de protocolos sociales que norman el uso socialmente apropiado de una u otra plataforma tecnológica (e incluso la propiedad de optar por una o por otra plataforma).

Para ello también recurrí al buen Ludwig Wittgenstein y su concepto de juegos del lenguaje para describir cómo funcionan estas gramáticas internamente y cómo es que las aprendemos (es decir, cómo aprendemos a utilizar la tecnología), y Walter Benjamin para entender cómo la capacidad para ampliar los límites de las expresiones aceptadas se está ampliando con la aparición de nuevas tecnologías, así como el significado político y cultural de esta ampliación. Responder a esta ampliación requiere, entre otras cosas, que cambiemos nuestras nociones sobre lo que significa educar en el uso de nuevas tecnologías.

Si están interesados en el tema, pueden descargar el texto de la presentación aquí, que está disponible también en las actas de la conferencia que incluyen todas las demás presentaciones que se harán en estos tres días. Este texto, junto con todos los demás, están bajo una licencia Creative Commons que permite su reproducción y redistribución.

La presentación que usé esta tarde pueden encontrarla también aquí debajo (aunque por sí solas no sé cuán útiles sean):

Cualquier comentario es siempre bienvenido. Espero también compartir luego más noticias del McLuhan Galaxy Barcelona 2011, que pueden seguir en Twitter bajo el hashtag #mcluhanBCN11.

¿Quieres enterarte más de las ideas de McLuhan? Te recomiendo el e-book que compilé hace poco con algunas ideas sobre sus ideas.

Voluntad, autonomía, tecnología, medios

Leo un artículo reciente en TechCrunch de Alexia Tsotsis: Bill Keller, editor del NY Times, criticando los medios sociales por no permitir discusiones reales. Está bien, ese tema merece discusión por sí mismo, pero creo que Tsotsis ya se encargó de resaltar la serie de problemas que se desprenden de ello – principalmente, Keller creyendo que las “discusiones reales” son las que él tiene (como editor del NY Times, además) y las demás, bueno, no.

En realidad me llamó la atención este pasaje. Es lo que Marshall McLuhan, a quien hace referencia, llamaría una muestra del sonambulismo de nuestra época:

Twitter is a tool. Like any tool you use it as you see fit, within constraints. Apologies to Marshall McLuhan, but arguing that a tool or a medium makes you a certain way (in this case less human) is a bit like arguing that the existence of supermarkets make people fat or that haikus make people brief. Yes, the supermarket makes it easier to buy the food that makes you fat, but how much of it you eat it is ultimately your choice.

Aquí es donde me pierdo. Todo el argumento de Tsotsis gira en torno a cómo Twitter cambia nuestro sentido de las conversaciones, que genera nuevos tipos de valor. Es decir, Twitter transforma nuestras expectativas precisamente en aquellos sentidos que Bill Keller falla en tomar en consideración. Pero luego retrocede a la lógica de la herramienta, del medio como envase de contenidos mentales. Twitter puede ser bueno o malo según cómo se use, porque nuestras ideas y experiencias son linealmente traducibles a través de cualquier medio.

Y la base de su argumento es que la fuerza de voluntad, la capacidad autónoma e individual de decisión de las personas está por encima de la información, opciones y experiencias que nos son otorgadas por las tecnologías que utilizamos. No, ninguna consideración de que esa misma voluntad autónoma se correlaciona, precisamente, con la tecnología del libro y su reproducción a gran escala como sustentos tecnológicos. Somos seres autónomos y estamos por encima de la manipulación de los medios.

Es tierno, pero es inexacto e incorrecto. Es precisamente el punto de McLuhan que la herramienta nos transforma porque introduce un nuevo conjunto de reglas y expectativas. El supermercado modifica nuestros patrones de alimentación, de consumo. Cambia nuestros patrones de alimentación al cambiar la oferta de alimentos que están disponibles, y la manera como estos nos son ofrecidos. La expresión a través de haikus cambia nuestra aproximación al poema y a la estética. De la misma manera que tener conversaciones en Twitter es encontrar un valor diferente a leer un editorial del NY Times, sin tener que medir las cosas en la misma escala.

No es lo mismo que decir que los medios nos manipulan. Si miramos la campaña electoral en el Perú ahorita, el 90% de los medios están en contra de la candidatura de Ollanta Humala, pero enarbolados bajo las banderas de la objetividad, del periodismo serio y la libertad de expresión, supuestamente. Pero eso no ha generado una caída del 90% de su preferencia electoral, porque tampoco funcionan así las cosas. No se trata, cuando exploramos estos problemas, que lo que está en los medios determine nuestras decisiones más allá de nuestra voluntad. Se trata de que cada plataforma mediática y tecnológica modifica nuestras expectativas y experiencias de manera tal que la base desde la que tomamos decisiones se ve modificada, así como se modifican nuestros patrones de comportamiento. La fuerza de voluntad no es tan fuerte, la autonomía no es tan autónoma, pues nuestras decisiones se configuran en una serie de conexiones y relaciones mucho más complejas que líneas rectas.

Comprender a Marshall McLuhan: el e-book

Hace un año (y resulta que hace exactamente un año) publiqué aquí en el blog una serie de posts en los que quise explicar algunos de los conceptos centrales que presenta Marshall McLuhan en Comprender los medios de comunicación. Fue personalmente un gran ejercicio porque me permitió esclarecer varias ideas y fue particularmente útil pues era contenido que estaba preparando para el curso mi curso de Sociología de la Comunicación en la UPC.

Bueno, siendo éste el año del centenario del nacimiento de McLuhan, y habiendo una serie de actividades a nivel global que se están organizando en torno a esto, se me ocurrió que sería buena ocasión para volver sobre estos artículos introductorios, y circularlos para que dada la ocasión, más personas puedan conocer estas ideas. Así que decidí hacer un pequeño experimento: he compilado los artículos del año pasado en un sólo documento, he revisado un poco el texto y he corregido las referencias para que sea un texto de estudio más útil, y he intentado darle un formato bonito y legible, y lo estoy publicando aquí como un e-book de libre disponibilidad, bajo una licencia Creative Commons.

Comprender a Marshall McLuhan: el e-book

El texto tiene 8 artículos cortos: los primeros tres están destinados a explicar diferentes dimensiones del aforismo mcluhaniano que dice que “el medio es el mensaje”, y establecen un marco conceptual básico. Los siguientes toman ese hilo para explorar otros conceptos vinculados: automatización, hibridación, arte, inmunización, aldea global, y finalmente cierra una evaluación del sentido de la tarea mcluhaniana.

No es un trabajo puramente exegético, tampoco. Se trata de mi propia interpretación de McLuhan, sin un afán puramente textual sino más en un sentido de encontrar aquellas dimensiones que son relevantes e interesantes para seguir explorando y expandiendo en la actualidad. En ese sentido, trato de ampliar y complementar pasajes e ideas de Comprender los medios de comunicación con otras obras, autores y textos que vengan al caso.

Para descargar el e-book, haz click aquí.

El e-book: un experimento

Hacía mucho tiempo que quería hacer algo así, pero por alguna razón me resistía. Dentro de todo, por formación no puedo dejar de darle un privilegio ontológico al libro físico, además como producto editorial que representa algo así como un triunfo, más que como una intención comunicativa. Compilar mis propios textos, y además soltarlos digitalmente, era desde un punto de vista académico algo así como izar una bandera blanca, como admitir que no considero que esto podría ser nunca publicable.

He tratado de dejar todo eso de lado, y aún así me resulta un poco difícil, pero creo finalmente que son objeciones poco relevantes. Creo que estos textos pueden ser útiles a otras personas, y creo que brindar una edición mejor cuidada y presentada puede ayudar a hacer el texto más accesible. Y creo, también, que una edición digital fácilmente disponible puede facilitar mucho más su difusión y acceso, así como también su discusión.

Es parte de la incomodidad que introducen nuevos procesos de producción y distribución, pero esta facilidad nos ofrece la posibilidad de llevar ideas a una circulación masiva mucho más rápido de lo que antes era posible. Es cierto, más rápido no necesariamente es mejor: por eso mismo, el producto así publicado es de una naturaleza, una contextura diferente. No se trata del libro como punto final, sino más bien del libro, del texto como invitación a la discusión, como evaluación abierta de ideas.

Por esto último también he procurado rescatar lo propiamente digital del libro electrónico, enmarcando este documento como un permanente trabajo en progreso. Conforme encuentro nuevos temas, nuevas referencias, y nuevas ideas que me interese incorporar, espero ir editando, corrigiendo y mejorando este documento. Por ello mismo ésta es la versión 1.0, y el documento incluye un registro de cambios donde iré detallando y explicando los cambios en versiones sucesivas. De esta manera, el libro electrónico puede ser un documento vivo, cambiante, e histórico, de maneras que el libro físico simplemente no puede.

Pensé también en la necesidad de hacer algo así. Finalmente, los textos ya estaban publicados en el blog, y podía actualizarlos y circularlos como tales. Pero el mensaje comporta una gramática distinta: des-contextualizar los textos, y re-contextualizarlos entre ellos les da una lógica, un significado integrado diferente. Adquieren, espero, una organicidad que guía su lectura y su evolución como conjunto.

Me gustaría recibir sus impresiones, tanto sobre el contenido como sobre el medio (porque, por supuesto, el medio es el mensaje). Descárguenlo, compártanlo, difúndanlo, envíenlo a quien crean que podría interesarle a quien esté involucrado de alguna manera con el trabajo del buen Marshall, y espero que podamos utilizar también este documento para complementar nuestras discusiones sobre su trabajo a lo largo de este año.

“You Know Nothing Of My Work!”, biografía de Marshall McLuhan

Acabo de terminar la biografía de Marshall McLuhan escrita por Douglas Coupland, Marshall McLuhan: You Know Nothing Of My Work!

El título, por supuesto, viene de la conocida aparición de McLuhan en Annie Hall, la película de Woody Allen:

El texto de Coupland es bueno por varias razones, y sumamente accesible. No es un intento por desmenuzar o elaborar las ideas y lo conceptos de McLuhan, sino que más bien los va desplegando cronológicamente conforme sus influencias, encuentros y reflexiones se fueron dando en su biografía. Así, nos introduce a sus influencias familiares, a las influencias geográficas que el medio canadiense ejerció sobre sus ideas de comunicación – no es que yo sea particularmente un determinista geográfico, pero la hipótesis de que el canadiense tiene que pensar con más intensidad en cómo comunicarse para atravesar praderas, bosques e inviernos, es una hipótesis por lo menos sugerente a la luz de McLuhan e influencias suyas como Harold Innis.

Pero también es un interesante ejercicio de ubicación de McLuhan en un panorama mediático más actual – el texto es reciente, apenas del año pasado, y está no sólo escrito en un estilo muy mcluhaniano y propiamente digital, con referencias que van y vienen y textos fragmentados que se entrecruzan, sino que además introduce también extractos de comentarios en YouTube, listados de libros de McLuhan en la web o direcciones de mapas que ilustran los recorridos que hicieron McLuhan y su familia por Norteamérica.

Finalmente, Coupland consigue retratar la complejidad de un personaje sumamente complejo. McLuhan era una mezcla extraña de devoción religiosa por lo eterno y fuerte ambición por lo mundano, alguien que aparece como tecnófilo radical pero en el fondo era un nostálgico del mundo antiguo y medieval, y añoraba un orden de cosas que fuera, justamente, más ordenado. McLuhan fue capaz de anticiparse a su tiempo pero no miraba hacia los cambios inminentes con grandes expectativas, sino que más bien estaba fuertemente preocupado por la manera de prepararnos, inmunizarnos para que la civilización como la conocemos o conocíamos no se viera arrasada. Aunque se trata de alguien que solemos identificar de manera muy liberal, se trataba en el fondo de un personaje sumamente conservador, pero de una apertura destacable a enfrentarse con ideas y perspectivas muy diferentes a las suyas.

McLuhan meets Cotler

En el capítulo 1 de Comprender los medios de comunicación, Marshall McLuhan señala lo siguiente en torno al impacto que tiene el ferrocarril en los patrones de conducta de una sociedad:

No obstante, lo que estamos considerando aquí son las consecuencias mentales y sociales de los diseño o esquemas en cuanto amplifiquen o aceleren los procesos existentes. Porque el “mensaje” de cualquier medio o tecnología es el cambio de escala, ritmo o patrones que introduce en los asuntos humanos. El ferrocarril no introdujo en la sociedad humana el movimiento ni el transporte, ni la rueda, ni las carreteras, sino que aceleró y amplió la escala de las anteriores funciones humanas, creando tipos de ciudades, trabajo y ocio totalmente nuevos. Ello ocurrió tanto si el ferrocarril circulaba en un entorno tropical o septentrional, y es un hecho totalmente independiente de la mercancía o contenido del medio ferroviario. Por otro lado, el avión, al acelerar la velocidad del transporte, tiende a disolver la forma ferroviaria de las ciudades, de la política y de las asociaciones, independientemente del uso a que se destine el avión.

En estos días estoy leyendo de nuevo el clásico libro de Julio Cotler, Clases, Estado y nación en el Perú, y me encontré con este pasaje que ilustra lo poco que la aristocracia peruana del siglo XIX entendió a McLuhan (anacronismo FTW):

Pero los ferrocarriles no produjeron ninguno de los efectos esperados. Originalmente los civilistas pensaron que la puesta en marcha de estas construcciones tendría un efecto multiplicador: ampliaría y diversificaría las exportaciones agrícolas y mineras, que a su vez dinamizarían la producción de alimentos y artesanal. Si evidentemente la construcción procuró de alguna manera la proletarización de un sector sometido hasta entonces a la férula servil, su incidencia fue reducida (Klaren, 1974). Al contrario, los indígenas se vieron forzados a trabajar en dichas obras en beneficio de las oligarquías provinciales. Por otro lado, la demanda interna se satisfacía mayormente con productos importados debido a sus menores costos y a la abundancia monetaria del fisco. Por último, los ferrocarriles fracasaron como medio de abaratar y difundir la producción y el transporte de las mercancía. Después de un par de años de haber recibido la concesión del ferrocarril Arequipa-Puno, Meiggs la devolvía al gobierno peruano, aduciendo que el transporte de mulas constituía una competencia insuperable.

Dos cosas son interesantes aquí:

  • La introducción e implementación de una nueva tecnología no es nunca una progresión aritmética. Difícilmente es necesariamente una progresión, no es simplemente la amplificación en la misma dirección de aquello que ya se conoce. Las nuevas tecnologías vienen con nuevos manuales de instrucción, con nuevas gramáticas y nuevos protocolos de uso, y el significado que adoptan en diferentes contextos depende, en gran medida, de la apropiación que de ella hagan sus usuarios.
  • Podemos excusar a la aristocracia del XIX por no haber leído a McLuhan, pero no es como que la idea está tan clara hoy tampoco. En muchos casos seguimos viendo políticas de introducción de tecnologías que son (1) lineales, (2) verticales y (3) asistemáticas, o en otras palabras, simplemente ingenuas. Un gran caso es el de la OLPC, que bien podría analogizarse con la construcción de los ferrocarriles descrita por Cotler: es una tecnología, se dice, cuya presencia de alguna manera mágica resolverá nuestra “conexión” con los mercados internacionales (así como el tren conectaría a las mercaderías del interior con Europa). Pero las cosas son siempre más complejas, porque cada nueva tecnología no hace que “el Perú avance” más rápido, sino que lleva a sus usuarios en una nueva dirección. Como que a estas alturas deberíamos entender el asunto del “progreso” de maneras menos ingenuas.

Objetos

Por culpa de Daniel estoy cada vez más leyendo sobre la ontología orientada a objetos. Sé muy poco al respecto, la verdad, pues recién me estoy enterando de qué rayos significa. Pero me llamó aún más la atención porque en los últimos días varios de sus representantes más importantes empezaron a publicar ideas interesantes sobre la conexión con Marshall McLuhan. Otra de las razones por las cuales particularmente me llama la atención es porque me imagino que debe haber una conexión directa con el concepto de la programación orientada a objetos, algo que he estado intentando aprender también un poco en las últimas semanas. Creo que esto es especialmente importante porque uno de los principales miembros de este movimiento es Ian Bogost, quien no sólo es filósofo sino que también trabaja en el desarrollo de juegos de video, con lo cual suficientes elementos están alineados como para suponer que aquí podría haber algo interesante.

Hace tiempo encontré una conversación particularmente interesante sobre la noción de objetos, en el contexto del desarrollo de plataformas sociales en la web, en el blog de Robert Benedict (con quien tuve la suerte de trabajar hasta hace un tiempo). Particularmente, en torno a la noción de los objetos sociales y cómo funcionan en línea:

RQB: You’re right, but the object is more than a topic, its a changing scaffold that you can hang things on, but the real key is that the object is constantly being negotiated by the people having the conversation.

JC: Still online we have to get concrete, thats the web, its 0’s and 1’s. So we can only really get a slice of the conversation.

RQB: Then the question is, how do both parties negotiate the object online? I mean, in a scenario where the object is being co-created by users and the folks running the site?

JC: Well one way you do that is to bookend the conversation, or circumstance.

RQB: How so?

JC: For instance, at a party there’s always two people that represent the extreme ends of a behavior continuum, lets call them the teetotaler and the party animal. The teetotaler is one bookend of behavior, they drink bottled water or diet coke with lemon. The party animal is drinking long island ice tea after his/her first beer representing the other end. These create social bookends.

RQB …and most people are relieved to be in “the middle,” having a couple beers and chatting knowing that they are at neither end of the continuum because those places are already taken.

Éste es el fragmento clave que me llamó la atención, por dos razones. Primero, la noción de objeto como “scaffold”, que se puede traducir como “andamiaje”: el objeto, o el objeto social, es entendido como tal porque puedo asumir un rol de andamio, porque de él podemos “colgar cosas” – por ejemplo, asignarle atributos, hacer afirmaciones sobre él, relacionarlo con otros objetos, etc. El otro aspecto clave aquí es el de negociación – el objeto social está permanentemente negociando los parámetros de su existencia, de su significado, de su actuación.

En el documento de Apple enlazado arriba, sobre programación orientada a objetos, se incluye la siguiente explicación:

Object-oriented programming doesn’t so much dispute this view of the world as restructure it at a higher level. It groups operations and data into modular units called objects and lets you combine objects into structured networks to form a complete program. In an object-oriented programming language, objects and object interactions are the basic elements of design.

Every object has both state (data) and behavior (operations on data). In that, they’re not much different from ordinary physical objects. It’s easy to see how a mechanical device, such as a pocket watch or a piano, embodies both state and behavior. But almost anything that’s designed to do a job does, too. Even simple things with no moving parts such as an ordinary bottle combine state (how full the bottle is, whether or not it’s open, how warm its contents are) with behavior (the ability to dispense its contents at various flow rates, to be opened or closed, to withstand high or low temperatures).

En la definición computacional, entonces, encontramos un entendimiento parecido del objeto (pero no igual): el objeto computacional es un objeto que funciona como un andamiaje, un constructo sobre el cual “colgamos cosas” – datos y operaciones, en este caso. Es, sin embargo, menos claro su componente social o su componente de negociación, al menos a esta altura.

Otro personaje de la ontología orientada a objetos, Levy Bryant, tiene esto que decir sobre la conexión de las nociones mcluhanianas de figura y fondo en relación con la OOO:

The relation between foreground and background is tremendously important in McLuhan’s thought. One gets the sense that for McLuhan the background always rumbles with hidden potentials that threaten the integrity of forms that appear in the foreground. In this connection, McLuhan’s analysis of the genesis of geometrical space is particular interesting. McLuhan’s striking thesis is that geometrical space came into existence with the rise of phonetic writing. Where acoustic and tactile space are always characterized by foreground/background relations where the background rumbles with hidden potentials, the visual space of phonetic writing tended to abolish background altogether as a result of transforming sounds into fixed units (phonemes) that were divorced from meaning and that could be repeated again and again as the same. Indeed, with writing we can always return to what has been written once again as identical, whereas speech disappears or falls away. (…)

McLuhan’s analysis of the origins of visual, geometrical space and the relation between this type of space and writing, are, I believe, of great significance for object-oriented ontology. The conception of objects that arises based on this unconscious conception of space is that of objects as fixed and self-identical entities that are fully present. In other words, geometric space leads to a conception of being where withdrawal is erased. For example, for the geometer all points on an infinite line are fully present, simultaneous, and actual even if we can’t directly perceive this line. Visual spatialized thought thereby “objectivizes” entities in the bad sense of erasing their withdrawal.

Y en una dirección similar (la relación figura/fondo), junto con la concepción de la tétrada de los medios que aparece en Laws of Media, otro personaje del OOO, Graham Harman, afirma lo siguiente en una entrevista:

Now, let’s get back to McLuhan. The “tetrad” in Laws of Media is not identical with Heidegger’s fourfold, but there is an obvious common point. Heidegger is concerned with the layer of reality that withdraws, and so is McLuhan when he speaks of background media that are not perceived as long as we are inside them. Furthermore, both of them are concerned with how the ground reverses into figure, and vice versa. McLuhan has far greater talent than Heidegger for applying the method to specific cases, though. He also does not suffer from the sort of judgmental romanticism that would lead him, like Heidegger, to despise all entities made of plastic or aluminum and evict them from philosophy altogether to make way for hand-carved peasant shoes and genuine Black Forest Lederhosen. McLuhan can analyze absolutely anything, whereas Heidegger shirks this duty deliberately, filled as he is with contempt for telephones and Disney characters. In this sense, McLuhan and Latour are a lot alike in their whimsical openness to even the most trivial products of popular culture.

My biggest objection to the McLuhan tetrad, of course, is the claim that it only holds good for human artifacts, since they alone have the structure of a language. I fail to see why anything linguistic is necessary for the interplay of depth and surface to begin. I see reality per se as already constituted by this drama.

Entonces, al final de todo, me queda la pregunta: ¿Qué rayos es un objeto? Hasta ahora, la metáfora del andamiaje y la definición computacional del objeto (como andamiaje virtual que integra una serie de estados con una serie de operaciones en un entramado complejo de objetos que interactúan). Es una extraña confluencia de intereses la que me lleva por aquí, pero por ello mismo particularmente interesante: creo que, en alguna medida (y ojo, aún sé muy poco de esto), la ontología orientada a objetos es un resultado de una cultura informacional o informatizada. El componente filosófico/ontológico es en cierta forma indesligable del componente técnico/tecnológico, o puesto de otra manera, nuestra concepción de los objetos se ve irremediablemente configurada hasta cierto punto por el hecho de que los pensamos en un mundo en el que existen computadoras que corren programas que trabajan con objetos que tienen atributos. Sin decir algo como que estamos encontrando el lenguaje de la naturaleza, que claramente no lo es, si es algo así como que es una formulación ontológica, o un descubrimiento del lenguaje del mundo que construimos a nuestro alrededor, un mundo que está constituido por una serie de objetos cada uno de los cuales dice algo diferente.

No es coincidencia que estos elementos confluyan, entonces. Es, más bien, una exploración del código fuente de los objetos sociales que se encuentran entramados a nuestro alrededor. Con múltiples preguntas de por medio, como por ejemplo, cuál es el punto en el cual el componente filosófico se separa del componente técnico, de haber alguno. O, hasta qué punto, así como el medio es el mensaje, estas exploraciones son consustanciales con ciertas apariciones mediáticas que modifican nuestro espectro de pensamiento.

Pero en fin, repito, todo es culpa de Daniel.

Un día como hoy nació Marshall McLuhan

Hoy día, Marshall McLuhan habría cumplido 99 años. La revista Wired le dedica un perfil donde resume algunos de sus aportes principales, destacando su perfil casi de “celebrity” así como su carácter como visionario de los cambios que recién llegarían con la tecnología digital:

By the time McLuhan died on the last day of 1980, he had accrued more medals, citations, honorary degrees, controversy and pop-culture shout-outs than almost any other academic on Earth. Genesis sang about him in its acclaimed 1974 concept album The Lamb Lies Down on Broadway, while his work influenced cultural critics like Jean Baudrillard, artists like Andy Warhol and even politicians like Jerry Brown. (Who, it might be noted, is currently running for governor of California, the home of both Hollywood and Silicon Valley, where much of the digital age’s most important and distracting innovations are created.)

As the years pass, McLuhan’s circle of influence has a tendency to widen that way. During his life, it extended to marketers and multinationals. He consulted with and gave speeches to the corporate megaminds at AT&T and IBM, and became a media celebrity commanding explication in NewsweekHarper’sLife and even Playboy. Columbia Records released a theoretically ambitious but often impenetrable audio version of his 1967 bestseller The Medium Is the Massage: An Inventory of Effects.

Boing Boing lo celebra también compartiendo el conocido fragmento de la película Annie Hall, de Woody Allen, donde aparece el propio McLuhan.

Y finalmente, aunque no exactamente celebrando su cumpleaños, Daniel Luna ha venido publicando una serie de posts sobre las ideas de McLuhan en su blog, Vacío.

Lo sé, soy totalmente un fanboy (si les queda alguna duda, pueden revisar mi serie de artículos a partir de “Comprender a McLuhan“). McLuhan es un autor que me fascinó desde que lo descubrí, allá por el 2007, cuando llegué a Comprender los medios de comunicación nada más y nada menos que desde Kierkegaard, e intenté buscar un vínculo entre nuestras tecnologías de la comunicación y nuestro compromiso con la existencia (algo que luego he querido desarrollar un poco más bajo la categoría de “tecnoexistencialismo“). Pero siempre he intentado leerlo más allá de como profeta, en su conexiones con otros temas y autores y siempre con un alto grado de escepticismo, también.

El hombre y los medios

Acabo de terminar de leer Understanding Me: Lectures and Interviews, un libro que recoge una serie de conferencias y entrevistas de Marshall McLuhan a lo largo de su vida. Son textos bastante esclarecedores respecto a una serie de conceptos que introduce en sus libros y que quizás no consigue elaborar la suficiente, como por ejemplo la distinción entre medios “fríos” y medios “calientes”, o el significado de entender la televisión como un medio frío cuando todo parecería indicar lo contrario. Es, sobre todo, interesante por la manera en la cual McLuhan va elaborando con los años su entendimiento de los efectos que la tecnología electrónica tienen sobre la cultura: haciendo posible que, bajo la velocidad de la tecnología eléctrica, “los efectos aparezcan antes que las causas” y nos generen toda una serie de problemas analíticos y de comprensión – sobre todo cuando tratamos de ver los efectos de lo electrónico, que son simultáneos e interconectados, desde el punto de vista de lo textual, que es lineal y secuencial.

Aún así, quizás el libro esclarece tanto como oscurece. Aunque aclara y elabora varias cosas, introduce varias otras, o introduce análisis y ejemplos que McLuhan utiliza que más bien terminan confundiendo un poco más. Esto es especialmente cierto de sus entrevistas, muchas de ellas para la televisión, donde quizás por el formato o las expectativas del medio McLuhan es mucho más aforístico e impactante que analítico y explicativo. Digamos, en sus entrevistas, McLuhan busca impresionar al público para llevarlo a una consideración atípica de los medios y la tecnología, mientras que en sus conferencias resulta mucho más accesible. Pero es, sobre todo, una muy interesante perspectiva “detrás de cámaras” de McLuhan, mostrando cómo presentaba sus ideas ante públicos diversos y construía discursos orales que abundan, por ejemplo, en chistes (y reflexiones sobre chistes). Esta serie de conferencias y entrevistas dan una imagen bastante completa de un autor que era también un “intelectual público” en su propio sentido y caracterización.

El último texto de esta compilación, “Man and Media” (“El hombre y los medios”) es quizás una de las conferencias más interesantes, la última conferencia grabada que se tiene de McLuhan, de 1979. En ella hace una serie de observaciones sugerentes sobre los efectos de la tecnología eléctrica, como por ejemplo la manera como éstas configuran un “cuarto mundo” que le da la vuelta al primero, segundo y tercero:

The Fourth World is the electric world that goes around the First, Second and Third worlds. The First World is the industrial world of the nineteenth century. The Second World is Russian socialism. The Third World is the rest of the world, where industrial institutions have yet to establish themselves, and the Fourth World is a world that goes around all of them. The Fourth World is ours. It is the electric world, the computer world, the instantaneous communication world. The Fourth World can come to Africa before the First or Second worlds. Radio came to Africa and began to penetrate African institutions and psyches a long time ago. Radio went to China and India long before anything else from the West. The coming of the Fourth World, the electric instantaneous world, has been completely ignored by the journalists and by the Marxists. Marx, by the way, was a nineteenth-century man, a hardware man of the First World only, who knew nothing about electricity, nothing about the instantaneous. He could not possibly have known what might happen in the Fourth World, an instantaneous world of electric information. His entire thought was based upon production and distribution of product. His conviction was that if everybody could have enough of everything, problems would disappear. It never occurred to him that perhaps the most important commodity in the twentieth century would be information and not hardware products. Information is not only our biggest business, but has become education itself.

La idea del “cuarto mundo” viene al caso porque se ajusta a la visión no lineal del progreso que tiene McLuhan, a diferencia de la visión lineal que sí tiene más bien Marx. Para Marx era, por ejemplo, improbable que la revolución comunista se diera en Rusia dado que Rusia no era un país industrializado – algo que Lenin tuvo luego que compensar al reformular la teoría, para permitirle al campesinado un rol en la revolución bolchevique en ausencia de las masas obreras industriales. Esto puede encontrarse también extensamente en las discusiones del socialismo latinoamericano que se preguntaban si el socialismo era posible en América Latina dado que, propiamente, no había un capitalismo plenamente desarrollado, sino en muchos lugares ordenamientos sociales más bien feudales. Para McLuhan esa pregunta no tiene sentido, o mejor dicho, esa pregunta se formula con un pleno desconocimiento de que las tecnologías ya existentes en estas sociedad vicia por completo la elección: en las sociedad informacionales deja de ser tan importante el hecho de haber pasado o no por las categorías de la Revolución Industrial, pues el cambio tecnológico no es acumulativo ni equivalente en todos los contextos sociales.

En esta conferencia, McLuhan también elabora la idea de que los medios de comunicación y las tecnologías deben entenderse fundamentalmente como formas lingüísticas. Encontrar esto me ha parecido genial, pues es una idea que he venido jalando de sus ideas en Comprender los medios de comunicación donde me parecía que se encontraban más bien implícitas, y aquí tiene una formulación más literal y completa del asunto:

I was gradually forced to conclude that all human extensions are utterings or outerings of our own beings and are literally linguistic in character. Whether it is your shoes or a walking stick, a zipper or a bulldozer, all of these forms are linguistic in structure and are outerings or utterings of man’s own being. They have their own syntax and grammar as much as any verbal form. This was an unexpected result of looking at these innovations structurally, not with an intent to discover anything except individual structures. Eventually I realized that these structures are literally linguistic; there is no difference between hardware and software, between verbal and non-verbal technology in terms of this linguistic character or sharing.

This suggests, therefore, that man’s technology is the most human thing about him. Our hardware – mechanisms of all types: spectacles, microphones, paper, shoes – all of these forms are utterly verbal and linguistic in character and are utterly human. The word utter is from outer, and “outering” is the nature of technology. Extension of bodily organs into the environment is a form of utterance or expression. There is, therefore, a completely intelligible character and pattern in these “outerings” or “utterings”.

Creo que aquí lo singular para McLuhan de llegar a esta conclusión es que entonces se pueden empezar a trazar paralelos entre la manera como opera el cambio tecnológico a la manera como entendemos el cambio lingüístico, y viceversa. Es, también, una manera más de formular la idea que recorre su concepción de la tecnología no meramente como algo que utilizamos, sino como algo en y a través de lo que somos, algo que forma parte de nosotros y nos configura tanto como nosotros lo configuramos.

Ambas estas cosas – la no linealidad del progreso en la idea del cuarto mundo, y la lingüisticidad del cambio tecnológico – puestas juntas, nos permiten también entender los efectos que tanto este cambio tecnológico como su reintepretación y apropiación fuera de Occidente tienen de vuelta sobre Occidente mismo. O la manera como las reglas de juego cambian también para el hombre tipográfico y “civilizado”:

The civilized man imagines that he is going to help the native by stripping off the native’s world of myth and legend, ritual and superstition. The paradox is that in the electric age we ourselves are moving into, returning to, the acoustic world of simultaneous involvement and awareness, experiencing the surfacing of the subliminal life. When all things are simultaneous, that is, at the speed of light, the things that are ordinarily put aside into the subconscious simply come up into the conscious. This is the meaning of Freud’s Interpretation of Dreams. The surfacing of man’s subconscious came with the telegraph, the telephone, radio, and then TV and other electric media. It is impossible to sublimate or keep anything hidden at that speed. So we have to invent a new concept of civilization and humanizing in order to live at the speed of light. We had imagined that we could simply strip off the acoustic culture of these primitives or these natives in order to civilize them, but the same stripping off or our civilization is taking place at the same time, by means of our new electric technology. We are losing our civilization even faster than we stripped off the institutions of the Indians and the Africans.

Esto tiene múltiples interpretaciones. Una de ellas es que la retribalización del hombre moderno viene de la mano con un redescubrimiento del ícono, de la figura y de lo ritual como maneras de introducir marcadores de significado en una continuidad simultánea que no se jerarquiza por sí misma. Es decir, en el mundo eléctrico la información fluye tan rápido que es imposible discernir lo importante con facilidad, de manera que reintroducimos prácticas de culturas orales para rescatar y destacar aquello que marca acontecimientos en nuestras vidas. En las culturas orales el mito y el ritual servía la función de destacar acontecimientos cotidianos como eternos, ante la imposibilidad de registrar la historia por escrito. Llamaban la atención sobre aquello que debía ser recordado, que debía contarse a las nuevas generaciones. La retribalización del hombre opera de manera similar, llamando la atención de los individuos hacia acontecimientos para destacarlos de un fondo de información que nunca cesa. La capacidad histórica de la alfabetización se invierte cuando capturamos todo y nos volvemos incapaces de leerlo.

Todo el libro Understanding Me está lleno de buenas observaciones como éstas, pero quería dejar unas cuantas muestras. Ahora empezaré a leer The Work Of Art In The Age Of Its Technological Reproducibility And Other Writings On Media, una compilación de textos de Walter Benjamin, así que esperen encontrar algunas notas sobre eso también en las próximas semanas.

Ocho libros fundamentales para entender la sociedad de la información

No son los únicos, pero son ciertamente una base fundamental: les dejo aquí una pequeña selección de ocho libros que me parece son imprescindibles para entender el funcionamiento de la sociedad de la información en la época de los medios digitales. La lista podría ser mucho más amplia, pero quería hacer una breve selección arbitraria de libros recientes que me parecen determinantes por una serie de razones. Sin ningún orden en particular, ocho libros fundamentales para entender la sociedad de la información:

Convergence Culture. El libro más importante de Henry Jenkins (a quién deberías conocer si estás interesado en el tema de los media studies) introduce una serie de conceptos sumamente útiles y novedosos, entre ellos el enfoque de la convergencia mediática para entender el cambio tecnológico no como un proceso de reemplazos y desplazamientos, sino como uno de prácticas sociales en constante reinterpretación. Jenkins habla también aquí de su concepto de transmedia para ilustrar la manera como tanto los contenidos que consumimos, como nosotros mismos como consumidores, no existimos ya bajo experiencias mediáticas aisladas, sino que participamos de múltiples experiencias en paralelo e incluso en simultáneo, lo cual introduce nuevas demandas y expectativas hacia las narrativas con las que nos involucramos.

The Wealth of Networks. He comentado hace poco por qué me parece que este libro de Yochai Benkler es un referente imprescindible: Benkler hace una investigación sumamente detallada sobre las prácticas económicas emergentes en el mundo digital y la manera como estas prácticas están generando una nueva forma de producción. La reducción en los costos de transacción y organización hace viables empresas (en todo el sentido de la palabra) que no están necesariamente motivadas por el lucro, sino que contribuyen a la creación y acumulación de capital social entre las personas que participan de ellas. Benkler analiza las maneras como esta nueva forma de producción tiene un enorme potencial para dinamizar una serie de sectores económicos, pero también evalúa la manera como los actores establecidos están colaborando consciente o inconscientemente para entrampar este nuevo universo productivo en gestación. El texto completo del libro pueden encontrarlo en línea.

Understanding Media. Éste es un poco trampa, porque es el más viejo de la lista. Se trata del texto más importante de Marshall McLuhan, donde se acuñaron expresiones confusas como “el medio es el mensaje” o “la aldea global“. A pesar de ser un texto de 1964, sirve como un adelanto de lo que vendrían a ser las consecuencias de la tecnología electrónica en lo que McLuhan llamaba el “hombre tipográfico”, el hombre propio de una cultura formada a partir de la lógica lineal, secuencial, masiva e industrial de la imprenta y la tipografía. McLuhan es sumamente oscuro en este libro y profundizar en sus ideas es complicado, pero su capacidad para adelantarse a cambios tecnológicos que aún no se hacían presentes es sorprendente. Esto es, quizás, propio además de su concepción de la nueva cultura mediática, una concepción de la tecnología donde los efectos se muestran antes que las causas y donde la linealidad del progreso debe ser abandonada por un entendimiento del cambio mediático como transformaciones cualitativas de nuestro entendimiento del mundo.

La era de la información. El magnum opus de Manuel Castells está compuesto por tres volúmenes que establecieron en los 90s la línea de base a partir de la cual entender la sociedad informacional (que, además, distingue por primera vez de la “sociedad de la información”). Castells se da el trabajo de realizar un análisis social de todas las múltiples dimensiones que se ven afectadas por el cambio en los patrones de conducta en la sociedad de la información, cuando dejamos de únicamente circular información (algo propio de todas las sociedades) y la producción, distribución y transformación de información se convierten, más bien, en la actividad económica y social más importante de nuestra cultura. La política, la economía, la identidad, las relaciones sociales, las relaciones internacionales, las afinidades nacionales, el trabajo, el comercio, los medios de comunicación, son sólo algunas de las categorías que Castells evalúa en la manera como se ven impactadas por este cambio fundamental en nuestra actitud hacia el conocimiento y la información.

Free Culture. Este libro de Lawrence Lessig, disponible libremente (también en su traducción en español como Cultura libre) explora la relación compleja que se establece en la economía digital con la legislación en derechos de autor. Lessig plantea que, a medida que más y más de nuestra cultura pasa por alguna forma mediática y tecnológica, y a medida que nuestro uso de la tecnología nos permite hacer cosas nuevas antes impensables, la legislación que regula nuestro consumo de información y de productos culturales no se ha mantenido igualmente dinámica. El aparato legal existente ha llevado a la sociedad a una posición donde una mayoría se ha vuelto delincuente por hacer algo que parece completamente cotidiano y coherente, y en ese sentido la ley se ha vuelto un obstáculo para el florecimiento de nuevas producciones culturales, en lugar de un incentivo. En este libro Lessig establece los fundamentos sobre los cuales se construirá luego el movimiento Creative Commons.

The Long Tail. Chris Anderson, el editor de la revista Wired, introdujo la idea de la larga cola en un artículo para la misma revista en el 2004 (disponible traducido al español) que luego expandió en un libro del mismo nombre. La idea de la larga cola es simple: la tecnología hace que sea más fácil tanto producir como consumir, y esto es en sí mismo un incentivo para que más personas produzcan más cosas en torno a intereses cada vez más específicos, al mismo tiempo que los consumidores pueden fácilmente encontrar cosas por específicas a sus gustos que sean, dado que Internet (con herramientas como Google) hacen muy sencillo conectar la oferta con la demanda. Lo que esto hace posible, sobre todo respecto a economías de bienes virtuales, es que la larga cola de la distribución de Pareto, o todos aquellos productos que antes fueron comercialmente inviables, se vuelven ahora un espacio de oportunidades por explotar en la medida en que se puede agregar la demanda por ellos. Esto abre la puerta para una nueva generación de emprendimientos digitales de pequeña y mediana escala (o incluso enorme escala, como Amazon).

Inteligencia colectiva. Pierre Lévy subtitula esta obra “Por una antropología del cibersespacio”. Lévy explora la manera como el ciberespacio está transformándonos cognitivamente y replanteando nuestras asociaciones sociales en torno a la resolución de problemas. En la sociedad informacional hay tanta información que procesar que es imposible que ningún individuo emprenda esa tarea por sí mismo, pero incluso aquello que un individuo sí necesita procesar es demasiado para sus propias capacidades. Pero esta nueva imposibilidad viene de la mano con tecnologías que nos permiten compartir, cooperar y colaborar de maneras mucho más sencillas que cualquier otra forma conocida, lo cual hace posible que se construyan así inteligencias colectivas: redes conectadas de individuos donde ningún individuo puede saberlo todo, pero todos pueden saber algo y compartirlo con los demás. Para Lévy, éste s el punto de partida de toda una serie de transformaciones en nuestras organizaciones sociales, pues este nuevo principio subvierte la existencia de jerarquías verticales y transforma el significado de ejercer un rol o una función en una organización o estructura social. El texto completo en español se encuentra disponible en línea gracias a una edición virtual de la OMS.

Everything is Miscellaneous. El tema epistemológico es también el interés de David Weinberger, aunque Weinberger lo trabaja más bien desde el punto de vista de cómo ordenamos los conceptos. Según Weinberger, nuestro entendimiento del ordenamiento de la información en la forma de categorías excluyentes es propio de una sociedad que ordena su información utilizando un espacio físico: como el espacio es finito y tiene una serie de características limitantes para la disposición de las cosas, nos hemos visto obligados a adaptar nuestros esquemas mentales a nuestros esquemas físicos. Nuestras mentes, básicamente, funcionan como archivadores, o como librerías. Pero la web elimina esa condición básica: el espacio se vuelve virtualmente infinito, la cantidad de contenido que almacenar y ordenar también, y no se aplican las mismas limitaciones que tenemos en el espacio físico. De repente nos vemos enfrentados a un mundo en el cual todo puede encajar bajo múltiples categorías al mismo tiempo sin que eso sea un problema, excepto porque se vuelve una inmanejable sobrecarga de información. La solución para Weinberger es contraintuitiva: la solución a la sobrecarga de información es más información, información sobre información, para navegar esta nueva red de conocimiento. La información se vuelve un commodity, y saber navegarla y encontrar lo importante se vuelve la habilidad realmente valiosa. El prólogo y el primer capítulo del libro se encuentran disponibles en su sitio web.