El lenguaje de los nuevos medios: Presentación en la Cátedra Datos de la UBA

Los últimos días he estado sufriendo de un bloqueo terrible para escribir. Doblemente frustrante porque tenía muchísimos textos que preparar y las ideas simplemente no salían. Muy frustrante. La cosa felizmente ha ido mejorando poco a poco y hoy por fin puedo actualizar el blog después de demasiados días no de abandono, sino simplemente de bloqueo.

Esta semana me dio la excusa perfecta. La Cátedra de Procesamiento de Datos de la Universidad de Buenos Aires me invitó a realizar una presentación en una de sus clases teóricas, en la que también presentó Pablo Mancini. Esta vez presenté una versión ampliada y mejorada de las ideas que había presentado antes en las Jornadas Edupunk en Rosario, hace unas semanas. En el blog de la cátedra hay un resumen de la presentación cortesía de Germán Staricco, junto con las diapositivas que utilicé.

Pero claro, en una presentación nunca alcanza el tiempo para elaborar todos los conflictos o responder a todas las preguntas. Y hay una serie de preguntas y objeciones que han ido surgiendo en los comentarios en el blog de la Cátedra que me dan pie a elaborar algunas ideas y agregar algunos recursos adicionales.

Carlos Sanabria comentó:

Ahora me pregunto, el hackeo más grande a uno de los lugares más importantes del planeta, Wiki Leaks, ¿no perdio todo su sentido al ser brindada esa información a El País, Le Monde, The Guardian, Der Spiegel y The New York Times, 5 medios hegemónicos de europa, que son propiedad de grandes grupos económicos?

Estoy de acuerdo contigo. De hecho, aunque Wikileaks es un buen ejemplo de fenómeno emergente, como organización o movimiento me genera muchísimo – es un aparato que está demasiado centrado alrededor de un personaje problemático como es Julian Assange. Es cierto que Assange ha sido victimizado y perseguido de manera injusta, pero el tipo tampoco termina de convencer: las declaraciones de los periodistas que negociaron con él la publicación de los Wikileaks (y por los cuales tuvieron que pagar muchísimo dinero, además) han dado múltiples versiones de cómo todo esto es más sobre él que sobre los temas de fondo. Wikileaks es un buen ejemplo, pero no es el mejor ni el más interesante: es apenas uno de los primeros.

Carlos Gómez hizo la referencia al documental RIP! A Remix Manifesto y agregó:

“Lxs consumidorxs son creadorxs del arte popular del futuro. Lxs propietarixs de la cultura que remezclamos representan el pasado.
Para asegurar el libre intercambio de ideas y el futuro del arte y de la cultura se redacto este manifiesto:
1 – La cultura siempre se construyó basada en el pasado.
2 – El pasado siempre intenta controlar al futuro.
3 – Nuestro futuro se está volviendo menos libre.
4 – Para construir sociedades libres es necesario limitar el control del pasado.”

RIP!, es un peliculón y lo recomiendo totalmente. Sobre todo la música de Girl Talk. Lamentablemente no nos dio el tiempo para retroceder mucho en antecedentes históricos, pero cuando metes la lectura del “hacker” en la cultura, puedes retroceder y encontrar que casi todas las actividades culturales han consistido siempre en alguna forma de hackeo. Esto es aún más cierto mientras más te acercas a la oralidad, donde cada re-interpretación de una historia es siempre una nueva versión. La idea de que la cultura debe ser “cerrada” y limitada sólo a “los que saben”, aunque también es una constante histórica, sólo se vuelve un patrón industrial predominante en los últimos 300-400 años.

Valentina Stacco comentó:

En nuestra clase se armo un mini debate porque habia compañeros que habian notado una actitud demasiado inclinada hacia los intereses economicos, el debate fue interesante porque lo comparamos con lo expuesto por Eduardo (quien hablo de lo importante del software libre, etc)

Esta es una discusión que da para largo, muy largo, y es un tema que ha surgido en varios de los comentarios. Es cierto que nuevas tecnologías abren el espacio para la participación ciudadana, pero siguen siendo espacios mediados comercialmente y con dueño – por mucho que parezca lo contrario, Facebook no es un espacio público, y Twitter tampoco, pero nuestras actividades públicas/políticas tienen cada vez más preponderancia allí. Al mismo tiempo no son completamente privados, pues el margen de los propietarios/administradores para hacer cambios está restringido por las preferencias de los usuarios. Al mismo tiempo, estas plataformas están posibilitando un nuevo espacio económico a través del abaratamiento de costos: uno puede llegar a un público “masivo” usando estas redes con un mínimo de inversión, y tener el mismo grado de exposición que una marca trasnacional. De modo que estas plataformas también tienen un poder equilibrante de productores más chicos frente a productores más grandes que hace unos años los habrían absorbido o eclipsado. Lo importante por ahora me parece reconocer que todo esto es conflictivo, y que el mundo digital no es un mundo armónico de paz y felicidad, sino que muchas tensiones políticas y económicas recién están empezando a manifestarse.

Mariel Tellechea comentó:

Pero, por otra parte, algunas de las cosas que se dijeron me parecieron obviedades, unas y generalizaciones, otras. En los perfiles de FB o TW, así como en las interacciones en diferentes lugares y con diferentes personas, nadie muestra todas sus facetas. El hecho de tener identidades virtuales en estos medios no implica que busquemos todo el tiempo la aprobación de los otros, pongamos la mejor música o según cómo respondan nuestros “contactos/seguidores” dejemos de poner o no algo que nos interesa.

Hablar de buscar la “aprobación de los otros” puede ser ambivalente y quizás poco claro. Quizás una mejor manera de formularlo sea de buscar la validación de los otros, que tiene menos de la carga psicológica o de autoestima. Lo más importante es que este proceso, que ocurre tanto online como offline, es algo que opera a un nivel inconsciente y casi automáticamente como capacidad adquirida evolutivamente: nuestra capacidad para leer indicadores en los demás respecto a cómo es recibida nuestra propia conducta es una capacidad fundamental para nuestra vida en sociedad. Esto no quiere decir que nuestro entorno determine indefectiblemente nuestra conducta y las cosas que hacemos, pero sí que en ningún caso presentamos nuestra identidad (como lo formuló Erving Goffman) de manera aislada a un contexto social (como, más bien, lo consideraban las utopías liberales de la modernidad). De la misma manera las conductas en estos nuevos medios, cuyas gramáticas aún se encuentran mayormente en formación, se están moldeando poco a poco a partir de las reacciones y validaciones de las comunidades participantes.

Juan comentó:

Personalmente considero que la forma Broadcast de los medios no va a desaparecer, y esta versión demagógicamente democrática 2.0 será complementaria. Creo que las tres transformaciones de las que se habla al principio son muy relativas. Implican un grado de alfabetización digital que no es tal, al mismo modo que desconoce los usos reales de las tecnologías. Incluso nativos informáticos se quedan atrás.

Coincido en que la forma broadcast no desaparece, pero no en la complementariedad de lo digital. La comunicación broadcast no se mantiene tal cual una vez que aparece la tecnología digital, sino que se ve inevitablemente transformada en sus usos, significados y posibilidades: esto es lo que Henry Jenkins llama la lógica de la convergencia, donde las nuevas tecnologías reconfiguran el significado de las viejas tecnologías. De modo que lo digital tampoco puede ser reducido al lugar del mero complemeto. Respecto a las tres transformaciones, sí, pueden verse como relativas, pero eso no las hace menos interesantes ni menos significativas. El hecho de que estos patrones culturales se puedan empezar a identificar en cada vez más ámbitos de las actividades humanas sugiere, justamente, que hay un cambio de conceptos subyacentes al que hay que prestar atención. Eso hace que el tema de la alfabetización digital sea tanto más importante, justamente porque hay gente que se queda atrás. No es que esto no sea un “uso real de la tecnología” – el problema es lo contrario, que es un uso completamente real del cual muchos no pueden participar por problemas estructurales de acceso a la información. Y ése es un problema que hay que resolver.

Florencia Marano hizo mi pregunta favorita:

Otra cosa, realmente hay que hackear todo? Creo que se pueden hallar caminos alternativos dentro de un medio sin necesidad de hackear. Ni el medio me come ni yo lo como a él, creo que pueden verse posiciones de mediación dentro del mismo.

No, no creo que haya que ir por ahí hackeándolo todo o pensando que todo tiene que hackearse. Creo que es más bien la idea de que todo puede ser hackeado, todo refleja un “código” y una estructura que uno puede influenciar y, de ser necesario, transformar. Es importante resaltar que hablar de “hackear” no tiene que ser algo confrontacional o destructivo, como la interpretación popular de los hackers podría sugerir. La ética hacker, más bien, se centra en el hecho de que el mundo está lleno de problemas interesantes, y uno puede dedicarse a resolverlos – en un proceso que siempre involucra aprendizaje y colaboración. Puesto de otra manera, es una lectura tecnologizada de la idea de democracia participativa, y de creer que las estructuras de la sociedad no son “algo” allá afuera, lejos de mi influencia, sino reconocer que uno puede intervenir significativamente en los procesos sociales en los que está inmerso.

Laura Moreno comentó:

En relación a la primera parte de la clase, el hecho de que todo sea hackeable como lo planteó Eduardo Marisca puede abrirnos interrogantes. En nuestra clase práctica surgió un debate sobre cuál es el lugar que le queda a los periodistas o comunicadores dentro de este cambio de paradigma.

Es un tema abierto y que sí, justamente requiere de mucho debate. Lo importante para rescatar es que el rol de los periodistas y comunicadores ha pasado a un momento de renegociación social: si antes su lugar cumplía una función sostenida sobre una escasez de información y lo complicado de su acceso, cuando esas condiciones de escasez cambian por extensión deberíamos suponer también que ese rol y esa función cambian. La discusión se vuelve estéril y poco interesante cuando se formula desde el punto de vista de que el periodismo debería preservarse porque ha cumplido una cierta función valiosa en el pasado que no deberíamos querer perder. Aunque eso puede ser cierto, la idea de preservarlo como existe porque respondía a necesidades del pasado no es muy interesante ni tampoco muy realista: es casi una cuestión museográfica. De modo que, al menos a mí personalmente, me resultan mucho más interesantes los experimentos que están surgiendo en la periferia y en las fronteras de la actividades, que están diseñando y experimentando con nuevos modelos y reinterpretaciones de la profesión que podrían volverse predominantes en el futuro.

En fin, esto es sólo un recorrido por algunos de los comentarios que encontré y que me parecía valía la pena agregar algunas notas. Agradezco a la Cátedra de Procesamiento de Datos por la invitación a lo que fue al final una discusión bastante interesante, y que obviamente ha tenido su extensión transmediática y ha continuado aún después de la clase.

#edupunkarg

El fin de semana estuve en Rosario, Argentina, para la III Jornada Intercátedras Digicom/Datos, excelentemente titulada “Aprendiendo en tiempos de bárbaros, zombies y post-humanos”. Conocí a Alejandro Piscitelli, quien dirige una de las cátedras involucradas, en el McLuhan Galaxy Barcelona 2011, y por él pude participar de este encuentro de no-docentes y no-alumnos dedicados a “hackear la educación” (además de a los cuchillos, los pandas, los canguros, y discusiones particularmente largas sobre las mejores estrategias para sobrevivir a una invasión zombie. Hardcore-geek-style, en otras palabras). Si quieren ver un poco el tipo y volumen de actividad que adquirieron las jornadas pueden pasear por el hashtag #edupunkarg en Twitter. Fue una excelente jornada, la verdad, con muchísimo que comentar y aún más para procesar.

Hice una presentación durante la sesión inicial de la jornada. Intenté volver sobre ideas que he ido explorando hace tiempo aquí en el blog, en otros textos y presentaciones. intentando explorar la manera como nuestra cultura, o al menos la cultura más próxima y cercana al cambio tecnológico, está progresivamente desplazándose de una concepción que podríamos llamar “ingenua” de la tecnología, hacia una cultura permeada por la ética hacker y articulada en torno a varios de sus principios (ética hacker que, por cierto, no es autónoma, sino que en una medida considerable se articula ella misma alrededor de lo que las tecnologías digitales nos permiten). Hay algo que está pasando, algo que amerita mayor análisis, cuando en una época empezamos a ver que nuestros referentes culturales de certeza y estabilidad empiezan a derrumbarse o cuestionarse.

Creo que se puede hablar aquí de tres “desplazamientos”. El primero es el desplazamiento de un entendimiento de la tecnología como una herramienta, al de la tecnología como lenguaje: siguiendo a McLuhan, entender la tecnología como una forma de lenguaje o gramática implica quitar el énfasis en el objeto o el soporte tecnológico, y empezar a observar con mayor atención las relaciones sociales y los protocolos que construimos en torno y a partir de la introducción de una tecnología. Cuando McLuhan señala que “el medio es el mensaje”, el mensaje del medio es su impacto sensorial y social y sus efectos sobre nuestra conducta como cultura, los cuales se nos vuelven completamente transparentes cuando pensamos que las tecnologías son sólo vehículos para nuestras ideas y nuestra voluntad.

El segundo desplazamiento va en la misma dirección: el paso de los espectadores a los usuarios. La lógica y el lenguaje de los nuevos medios es de espacios de co-creación, o mejor dicho, espacios abiertos donde nadie tiene que pedir permiso para ensayar y exploras nuevos tipos de expresiones. Esto no es posible en el modelo de los medios tradicionales, donde para comunicarse masivamente uno tiene que pedir permiso; esa necesidad de pedir permiso y de recibirlo quiere decir que la comunicación aparecía como si tuviera algún tipo de garantía. Alguien, por alguna razón, tiene que haber aprobado esto. Pero, como vemos en casos como el de Rupert Murdoch y News of the World, toda esa garantía es meramente aparente, una ilusión producto de la escasez de canales: el nuevo ecosistema mediático diluye esa ilusión en la medida que le permite a cualquier persona tener un canal. Cuando el espectador se vuelve usuario, cuando deviene prosumidor, es imbuido con un conjunto de superpoderes que evidencian que, en verdad, no tienen nada particularmente especial: cualquiera puede comunicar mensajes masivamente, sin tener que pedirle permiso a nadie, pero por lo mismo, sin ofrecer ningún tipo de garantía. En este ecosistema se vuelve clave desarrollar las habilidades para navegar un flujo de información sobre el cual, a priori, no podemos formular ningún juicio.

El tercer desplazamiento es consecuencia de los dos anteriores: el paso de los consumidores, a los hackers. O, lo que es más o menos lo mismo, el paso de consumidores a ciudadanos, en la medida en que la ciudadanía empieza a redefinirse en términos hackerísticos. Prometedor, pero también peligroso. La ciudadanía así concebida implica entender la realidad que nos rodea como un gran libro abierto, reinterpretable, hackeable. En lugar de ver instituciones que se consumen, a las cuales uno se adapta, el hacker ve problemas, instituciones perfectibles, procesos mejorables. De esta manera es como el ciudadano empieza a apropiarse del espacio, de lo público, de la cultura. Se vuelve de esta manera en el núcleo de una ciudadanía activa, abierta y transparente.

Pero esto es también peligroso, y es un gran desafío, y se desprenden de eso tres preocupaciones sobre las cuales debemos preocuparnos en los siguientes meses/años, si es que no lo hemos hecho ya. La primera es que, si la lógica y la ética hacker empiezan a volverse tan impregnadas en nuestros procesos sociales/culturales, entonces se vuelve pertinente aprender a hackear (y entender cómo se aprende a hackear). Como proceso cultural, o como habilidad técnica, o en realidad como ambos, ya no es algo que se puede dejar simplemente a “otros”, sino que se vuelve una responsabilidad personal también.

La segunda preocupación es que tenemos que desarrollar la habilidad para identificar patrones rápida y efectivamente. Como ya lo señalaba McLuhan, la habilidad para identificar patrones en la cultura será la marca del futuro: las personas que consigan afinar esta habilidad tendrán una ventaja considerable sobre todos los demás. Esto es claro, por ejemplo, en focos de innovación como Silicon Valley, donde la diferencia entre identificar patrones o de crearlos se diluye casi completamente. Identificar los patrones a tiempo, darles nombre, significarlos, tematizarlos, es básicamente crearlos. Aprender a hacer esto a nivel cotidiano se convierte en una habilidad básica para nuestra adaptación a nuevos modelos culturales.

La tercera preocupación, quizás la más preocupante, es que a medida que más y más procesos se mediatizan digitalmente o adquieren al menos mayor significación digital, el tema de la brecha tecnológica se vuelve infinitamente más importante. Si la ciudadanía requiere cada vez más de aprender a hackear, y aprender a identificar patrones y actuar sobre ellos rápidamente, entonces ese segmento enorme de la población que ya de por sí se está quedando atrás en lo tecnológico, se empieza a convertir en una ciudadanía de segunda categoría. Y para los que más nos interesa explorar estas transformaciones y sus posibilidades, y que además podemos corroborar cómo estos espacios o no-espacios virtuales y comunitarios se enriquecen y vuelven más interesantes mientras más gente participe, se nos impone la responsabilidad de hacer algo al respecto. Empezando por tematizarlo, y por discutirlo, pero sobre todo, aprendiendo lo que significa diseñar tecnologías y protocolos para la inclusión.

Éste es un poco el resumen de lo que presenté en #edupunkarg. Aquí también están las diapositivas de la presentación:

La jornada misma merece un comentario aparte. Las sesiones del primer día fueron, digamos, más teóricas o exploratorias, y revisando varias experiencias concretas de hackeo de la educación, de la evaluación, de lo contenidos y demás. Hackear la educación fue el tema recurrente de toda la jornada, visto desde el punto de vista de investigadores, de alumnos, de docentes, de profesionales, o más bien, visto sobre todo desde no-lugares: no intentando definir perspectivas a partir de profesiones o trabajos, sino ver cómo todas se conjugaban entre sí en colaboratorios.

Surgieron muchas preguntas y muchas propuestas. ¿Cómo actualizar, por ejemplo, lo que es la evaluación en un salón de clase para que deje de ser simplemente un “cumplir con el sistema” y se vuelva una herramienta realmente útil para el alumno? Podemos repensar por completo la evaluación cuando podemos empezar a capturar, procesar y sistematizar datos casi en tiempo real. Aníbal Rossi de la Universidad Nacional de Rosario presentó una experiencia en la que el algoritmo de Google sirvió como modelo para procesar las autoevaluaciones de los alumnos de un curso: en lugar de analizar cómo los alumnos evaluaban entre sí, evaluar cómo los mejor evaluados evaluaban a los demás. Si empezamos a llevar este modelo a niveles más complejos podemos incluir más fuentes de datos, procesamientos más complejos, e incluso cursos que terminan evaluándose y corrigiéndose a sí mismos y brindando información sobre el grupo y sobre cada individuo en cualquier momento, en tiempo real.

Personalmente me tocó participar en muchas de las discusiones que involucraban el uso de los videojuegos como herramientas educativas, algo que me interesa particularmente por mi experiencia con el Laboratorio de Videojuegos de Lima. En sesiones temáticas grupales, el segundo día de la jornada consistió básicamente en una experiencia de diseño: primero explorando un problema y desarmándolo en sus elementos componentes, y a partir de ellos buscando posibilidades de acción y de impacto. El resto del día fue una oportunidad para diseñar colectivamente recursos y productos para, en este caso, la integración de los videojuegos en el proceso educativo, trabajando por un lado con docentes, por otro lado con jugadores. Salieron buenas ideas, que con suerte serán reunidas pronto en un primer prototipo y eventualmente en un producto que podamos mostrar al público. Lo increíble es lo rápido que un grupo de gente puede hackear este proceso: en menos de un día teníamos un contexto, una serie de ideas, diversas posibilidades para un producto, e incluso los principios de un prototipo. Quizás con un poco más de tiempo habríamos podido cerrar la jornada con un prototipo funcional terminado, analizado, y con feedback capturado.

En fin. Fue una sesión sumamente interesante, que a mí particularmente me sirvió para entender mucho mejor lo que está sucediendo en Argentina en términos de estudios de medios y tecnología y cómo se están leyendo y sobre todo aplicando diversas ideas. Mucha gente muy creativa, muy bien informada, con muchos fundamentos, y con muchísimas buenas ideas para explorar y desarrollar. Así que tengo muy buenas expectativas de ver los resultados que saldrán de esto en las próximas semanas.

Tecnología como lenguaje

Hoy día tuve una presentación en el McLuhan Galaxy Barcelona 2011, una conferencia que va desde hoy lunes hasta el miércoles bajo el título “Understanding Media, Today”: una relectura contemporánea de la obra de Marshall McLuhan en el año del centenario de su nacimiento.

El título de mi presentación fue “Technology as a Form of Language: The Folklore of Electronic Man” (sí, la presentación está en inglés). En ella intenté elaborar la noción latente de “gramática” que se puede encontrar en McLuhan como el conjunto de protocolos sociales que norman el uso socialmente apropiado de una u otra plataforma tecnológica (e incluso la propiedad de optar por una o por otra plataforma).

Para ello también recurrí al buen Ludwig Wittgenstein y su concepto de juegos del lenguaje para describir cómo funcionan estas gramáticas internamente y cómo es que las aprendemos (es decir, cómo aprendemos a utilizar la tecnología), y Walter Benjamin para entender cómo la capacidad para ampliar los límites de las expresiones aceptadas se está ampliando con la aparición de nuevas tecnologías, así como el significado político y cultural de esta ampliación. Responder a esta ampliación requiere, entre otras cosas, que cambiemos nuestras nociones sobre lo que significa educar en el uso de nuevas tecnologías.

Si están interesados en el tema, pueden descargar el texto de la presentación aquí, que está disponible también en las actas de la conferencia que incluyen todas las demás presentaciones que se harán en estos tres días. Este texto, junto con todos los demás, están bajo una licencia Creative Commons que permite su reproducción y redistribución.

La presentación que usé esta tarde pueden encontrarla también aquí debajo (aunque por sí solas no sé cuán útiles sean):

Cualquier comentario es siempre bienvenido. Espero también compartir luego más noticias del McLuhan Galaxy Barcelona 2011, que pueden seguir en Twitter bajo el hashtag #mcluhanBCN11.

¿Quieres enterarte más de las ideas de McLuhan? Te recomiendo el e-book que compilé hace poco con algunas ideas sobre sus ideas.

El hombre y los medios

Acabo de terminar de leer Understanding Me: Lectures and Interviews, un libro que recoge una serie de conferencias y entrevistas de Marshall McLuhan a lo largo de su vida. Son textos bastante esclarecedores respecto a una serie de conceptos que introduce en sus libros y que quizás no consigue elaborar la suficiente, como por ejemplo la distinción entre medios “fríos” y medios “calientes”, o el significado de entender la televisión como un medio frío cuando todo parecería indicar lo contrario. Es, sobre todo, interesante por la manera en la cual McLuhan va elaborando con los años su entendimiento de los efectos que la tecnología electrónica tienen sobre la cultura: haciendo posible que, bajo la velocidad de la tecnología eléctrica, “los efectos aparezcan antes que las causas” y nos generen toda una serie de problemas analíticos y de comprensión – sobre todo cuando tratamos de ver los efectos de lo electrónico, que son simultáneos e interconectados, desde el punto de vista de lo textual, que es lineal y secuencial.

Aún así, quizás el libro esclarece tanto como oscurece. Aunque aclara y elabora varias cosas, introduce varias otras, o introduce análisis y ejemplos que McLuhan utiliza que más bien terminan confundiendo un poco más. Esto es especialmente cierto de sus entrevistas, muchas de ellas para la televisión, donde quizás por el formato o las expectativas del medio McLuhan es mucho más aforístico e impactante que analítico y explicativo. Digamos, en sus entrevistas, McLuhan busca impresionar al público para llevarlo a una consideración atípica de los medios y la tecnología, mientras que en sus conferencias resulta mucho más accesible. Pero es, sobre todo, una muy interesante perspectiva “detrás de cámaras” de McLuhan, mostrando cómo presentaba sus ideas ante públicos diversos y construía discursos orales que abundan, por ejemplo, en chistes (y reflexiones sobre chistes). Esta serie de conferencias y entrevistas dan una imagen bastante completa de un autor que era también un “intelectual público” en su propio sentido y caracterización.

El último texto de esta compilación, “Man and Media” (“El hombre y los medios”) es quizás una de las conferencias más interesantes, la última conferencia grabada que se tiene de McLuhan, de 1979. En ella hace una serie de observaciones sugerentes sobre los efectos de la tecnología eléctrica, como por ejemplo la manera como éstas configuran un “cuarto mundo” que le da la vuelta al primero, segundo y tercero:

The Fourth World is the electric world that goes around the First, Second and Third worlds. The First World is the industrial world of the nineteenth century. The Second World is Russian socialism. The Third World is the rest of the world, where industrial institutions have yet to establish themselves, and the Fourth World is a world that goes around all of them. The Fourth World is ours. It is the electric world, the computer world, the instantaneous communication world. The Fourth World can come to Africa before the First or Second worlds. Radio came to Africa and began to penetrate African institutions and psyches a long time ago. Radio went to China and India long before anything else from the West. The coming of the Fourth World, the electric instantaneous world, has been completely ignored by the journalists and by the Marxists. Marx, by the way, was a nineteenth-century man, a hardware man of the First World only, who knew nothing about electricity, nothing about the instantaneous. He could not possibly have known what might happen in the Fourth World, an instantaneous world of electric information. His entire thought was based upon production and distribution of product. His conviction was that if everybody could have enough of everything, problems would disappear. It never occurred to him that perhaps the most important commodity in the twentieth century would be information and not hardware products. Information is not only our biggest business, but has become education itself.

La idea del “cuarto mundo” viene al caso porque se ajusta a la visión no lineal del progreso que tiene McLuhan, a diferencia de la visión lineal que sí tiene más bien Marx. Para Marx era, por ejemplo, improbable que la revolución comunista se diera en Rusia dado que Rusia no era un país industrializado – algo que Lenin tuvo luego que compensar al reformular la teoría, para permitirle al campesinado un rol en la revolución bolchevique en ausencia de las masas obreras industriales. Esto puede encontrarse también extensamente en las discusiones del socialismo latinoamericano que se preguntaban si el socialismo era posible en América Latina dado que, propiamente, no había un capitalismo plenamente desarrollado, sino en muchos lugares ordenamientos sociales más bien feudales. Para McLuhan esa pregunta no tiene sentido, o mejor dicho, esa pregunta se formula con un pleno desconocimiento de que las tecnologías ya existentes en estas sociedad vicia por completo la elección: en las sociedad informacionales deja de ser tan importante el hecho de haber pasado o no por las categorías de la Revolución Industrial, pues el cambio tecnológico no es acumulativo ni equivalente en todos los contextos sociales.

En esta conferencia, McLuhan también elabora la idea de que los medios de comunicación y las tecnologías deben entenderse fundamentalmente como formas lingüísticas. Encontrar esto me ha parecido genial, pues es una idea que he venido jalando de sus ideas en Comprender los medios de comunicación donde me parecía que se encontraban más bien implícitas, y aquí tiene una formulación más literal y completa del asunto:

I was gradually forced to conclude that all human extensions are utterings or outerings of our own beings and are literally linguistic in character. Whether it is your shoes or a walking stick, a zipper or a bulldozer, all of these forms are linguistic in structure and are outerings or utterings of man’s own being. They have their own syntax and grammar as much as any verbal form. This was an unexpected result of looking at these innovations structurally, not with an intent to discover anything except individual structures. Eventually I realized that these structures are literally linguistic; there is no difference between hardware and software, between verbal and non-verbal technology in terms of this linguistic character or sharing.

This suggests, therefore, that man’s technology is the most human thing about him. Our hardware – mechanisms of all types: spectacles, microphones, paper, shoes – all of these forms are utterly verbal and linguistic in character and are utterly human. The word utter is from outer, and “outering” is the nature of technology. Extension of bodily organs into the environment is a form of utterance or expression. There is, therefore, a completely intelligible character and pattern in these “outerings” or “utterings”.

Creo que aquí lo singular para McLuhan de llegar a esta conclusión es que entonces se pueden empezar a trazar paralelos entre la manera como opera el cambio tecnológico a la manera como entendemos el cambio lingüístico, y viceversa. Es, también, una manera más de formular la idea que recorre su concepción de la tecnología no meramente como algo que utilizamos, sino como algo en y a través de lo que somos, algo que forma parte de nosotros y nos configura tanto como nosotros lo configuramos.

Ambas estas cosas – la no linealidad del progreso en la idea del cuarto mundo, y la lingüisticidad del cambio tecnológico – puestas juntas, nos permiten también entender los efectos que tanto este cambio tecnológico como su reintepretación y apropiación fuera de Occidente tienen de vuelta sobre Occidente mismo. O la manera como las reglas de juego cambian también para el hombre tipográfico y “civilizado”:

The civilized man imagines that he is going to help the native by stripping off the native’s world of myth and legend, ritual and superstition. The paradox is that in the electric age we ourselves are moving into, returning to, the acoustic world of simultaneous involvement and awareness, experiencing the surfacing of the subliminal life. When all things are simultaneous, that is, at the speed of light, the things that are ordinarily put aside into the subconscious simply come up into the conscious. This is the meaning of Freud’s Interpretation of Dreams. The surfacing of man’s subconscious came with the telegraph, the telephone, radio, and then TV and other electric media. It is impossible to sublimate or keep anything hidden at that speed. So we have to invent a new concept of civilization and humanizing in order to live at the speed of light. We had imagined that we could simply strip off the acoustic culture of these primitives or these natives in order to civilize them, but the same stripping off or our civilization is taking place at the same time, by means of our new electric technology. We are losing our civilization even faster than we stripped off the institutions of the Indians and the Africans.

Esto tiene múltiples interpretaciones. Una de ellas es que la retribalización del hombre moderno viene de la mano con un redescubrimiento del ícono, de la figura y de lo ritual como maneras de introducir marcadores de significado en una continuidad simultánea que no se jerarquiza por sí misma. Es decir, en el mundo eléctrico la información fluye tan rápido que es imposible discernir lo importante con facilidad, de manera que reintroducimos prácticas de culturas orales para rescatar y destacar aquello que marca acontecimientos en nuestras vidas. En las culturas orales el mito y el ritual servía la función de destacar acontecimientos cotidianos como eternos, ante la imposibilidad de registrar la historia por escrito. Llamaban la atención sobre aquello que debía ser recordado, que debía contarse a las nuevas generaciones. La retribalización del hombre opera de manera similar, llamando la atención de los individuos hacia acontecimientos para destacarlos de un fondo de información que nunca cesa. La capacidad histórica de la alfabetización se invierte cuando capturamos todo y nos volvemos incapaces de leerlo.

Todo el libro Understanding Me está lleno de buenas observaciones como éstas, pero quería dejar unas cuantas muestras. Ahora empezaré a leer The Work Of Art In The Age Of Its Technological Reproducibility And Other Writings On Media, una compilación de textos de Walter Benjamin, así que esperen encontrar algunas notas sobre eso también en las próximas semanas.

Hibridación mediática

El proceso por medio del cual nuevas medios y nuevas tecnologías se suceden unas a otras es descrito por McLuhan no solamente como no lineal, sino además como un proceso conflictivo. Al fin y al cabo, lo que entra en juego con la aparición de nuevas tecnologías no es solamente la entrada en escena de un nuevo soporte o un nuevo mecanismo para reproducir un mismo tipo de contenido, sino que en la medida en que todo medio comporta a su vez una gramática, es la aparición de una nueva relación con nuestros sentidos y con la realidad misma. De manera que la aparición de un nuevo medio se nos presenta como una nueva manera de ver el mundo que no necesariamente es compatible con la que manejamos.

Cualquier invención o tecnología es una extensión o auto-amputación de nuestros cuerpos físicos, y tal extensión también exige nuevas proporciones y nuevos equilibrios entre los otros órganos y extensiones del cuerpo.

[…]

Contemplar, usar o percibir cualquier extensión de nosotros mismos en su forma tecnológica es necesariamente aceptarla. Escuchar la radio o leer la página impresa es aceptar estas extensiones de nosotros mismos en nuestro sistema personal y atravesar el “cierre” o el desplazamiento de la percepción que se sigue automáticamente. Es esa continua aceptación de nuestra propia tecnología en su uso cotidiano que nos pone en el rol de Narciso de una conciencia subliminal y un entumecimiento en relación a estas imágenes de nosotros mismos. [Traducción mía]

Quiero partir de este pasaje del capítulo 4 de Comprender los medios de comunicación para ilustrar la relación conflictiva y ambivalente que tiene el efecto de los medios de comunicación. Si tomamos en consideración, además, el determinismo tecnológico presente en McLuhan, no nos queda sino derivar una versión un tanto fatalista en la cual los individuos no tenemos otra opción más que recibir los impactos e influencias de los nuevos medios que transforman nuestra sensibilidad, y luego dedicarnos al lento proceso de adaptación y aprendizaje. Nuestra participación o voluntad en todo el proceso pasan a un segundo plano.

Hay otro aspecto que me parece aquí sumamente interesante: es el hecho de que en este pasaje McLuhan vuelve sobre la idea de que usar la tecnología no es únicamente usarla como uno usa una herramienta, como algo externo a uno. La tecnología es parte de uno, uno se instala en el ámbito de la tecnología que utiliza porque se instala en el uso de su gramática como quien habla un lenguaje. Es bajo esta perspectiva que la idea del trauma o el choque del cambio tecnológico adopta todo su sentido: cuando nos introducimos en el ámbito de una nueva gramática nos vemos obligados a traducir, a reinterpretar la realidad de manera apresurada y por ensayo y error para adquirir un mínimo de competencia en el uso de la nueva tecnología y de su nueva gramática. Al hacerlo, no podemos si no entender lo nuevo a partir de las categorías de lo viejo, lo cual nunca le hace justicia ni a lo uno ni a lo otro. Es de esta relación de donde surge la idea mcluhaniana de la energía híbrida o de la hibridación mediática, el proceso a través del cual un nuevo medio o una nueva tecnología adquieren su propio significado a partir de su relación conflictiva con las gramáticas anteriores.

La interacción entre medios es sólo otro nombre para esta “guerra civil” que tiene lugar en nuestra sociedad al mismo tiempo que en nuestras psiques. Se ha dicho que “para el ciego, todas las cosas son repentinas”. Los cruces o hibridaciones de los medios liberan una gran fuera y energía como por fisión o fusión. No tiene por qué haber ninguna ceguera en estos asuntos una vez que hemos sido informados de que hay algo que observar. [Traducción mía]

Todos los medios son formas híbridas porque el significado y el efecto de todo medio solamente puede establecerse a partir de la manera como lo interpretamos desde los medios anteriores. Así, en su infancia toda forma mediática se ve limitada a reproducir los efectos de la generación anterior: la televisión, por ejemplo, durante mucho tiempo se estructuró en función a reproducir el ámbito de la radio pero agregando el sentido visual. La web se organizó durante mucho tiempo a partir de la lógica de la imprenta, del papel y de las librerías, y no como un medio con su propio sentido de organización y comunicación. No es sino hasta después que el uso de cada medio consigue cierta independencia frente a las generaciones anteriores y empieza a adquirir sus propios usos específicos.

Esta cuestión es sumamente importante porque deja claro que toda interpretación mediática es, a su vez, mediática. Somos siempre seres introducidos en la realidad mediática de una u otra manera, y nuestro manejo gramatical, si se quiere, nos exige que manejemos de manera competente el uso de muchos medios (y de cada vez más). Pero esta misma competencia nos permite distinguir, al menos a grandes rasgos, cuando un medio es apropiado para un propósito, y cuando no. Es, por ejemplo, mal visto que uno termine una relación por chat, o por mensaje de texto. Esto porque hemos estructurado el significado de estos medios de maneras diferentes: unos son más personales, otros más rápidos, unos transmiten más, otros menos información, y así sucesivamente. Ninguno tiene intrínsecamente un uso o un valor específicos, sino que es a partir de la interacción entre diferentes gramáticas que podemos interpretar que unos sirven para ciertos propósitos, y otros para otros.

De lo cual resulta que no hay forma mediática pura, como no hay experiencia propiamente pura o que no se entienda siempre en el contexto de su propio medio y gramática. Y de lo cual resulta, también, que somos algo así como seres profundamente traumados, porque nos vemos inmersos en el juego de la hibridación todo el tiempo, con todas sus consecuencias psicológicas y sociales. O, más bien, McLuhan parece indicar que somos estos seres traumados en la medida en que no tomamos conciencia o caemos en cuenta de que estamos así inmersos: la posibilidad de reconocernos como individuos sobre los cuales se ejercen todas estas fuerzas mediáticas abrirá la posibilidad (como espero que veamos más claramente al explorar el rol del arte y del artista) a que diseñemos e implementemos los mecanismos de compensación que, cuando menos, reduzcan el trauma de las amputaciones.

Continuidad

Tengo muchas ideas en la cabeza por culpa del café que no sé bien cómo separar. Haré mi mejor esfuerzo: todo comenzó con este artículo de Brian Solis en TechCrunch sobre si los blogs están perdiendo autoridad. Lo que sugiere Solis es que nuestros criterios de medición parecen sugerir que la “blogósfera” está perdiendo peso en término de influencia, pero que en realidad deberíamos estar llevados a pensar que son nuestras herramientas de medición disponibles las que no nos permiten contemplar el panorama completo.

Es fascinante, porque de lo imperfectas que ya eran estas herramientas, nos encontramos con que, unos pocos años después, ya no son capaces de abarcar un espectro suficientemente amplio como para darnos una idea medianamente clara de lo que ocurre en el panorama de los nuevos medios. Todo esto me recordó a un post de hace un tiempo donde me preguntaba por el futuro de los blogs, y ahora me veo obligado a revisar en gran medida lo que antes pensaba. Ampliarlo, corregirlo. El panorama cambia sumamente rápido, y el horizonte que antes configuraban primordialmente los blogs ahora viene a ser acompañado por las comunidades en línea, las redes sociales, los servicios de microblogging, y el sinfín de interacciones que existen entre todos estos mundos.

Es decir: 

Todo se remonta a la definición de autoridad. Los enlaces de los blogs ya no son lo único que se puede medir. Enlaces potencialmente valiosos son cada vez con más frecuencia compartidos en microcomunidades y redes sociales como Twitter, Facebook y FriendFeed y están desviando la atención y el tiempo de las respuestas formales en los blogs.

(…) Estamos aprendiendo a publicar y reaccionar al contenido en “tiempo de Twitter” y yo diría que muchos de nosotros pasamos menos tiempo bloggeando, comentando directamente en blogs, o escribiendo en blogs como respuesta a otros blogs debido a nuestra participación activa en microcomunidades. [Traducción mía]

Comunidades virtuales como el Facebook se están volviendo cada vez de mayor importancia – llegando incluso a suscitar levantamientos populares con sus propias conclusiones interesantes. Pero la tendencia es sugerente: los blogs de por sí colapsaron la valla de lo que significaba tener una voz en un cierto “espacio público”, porque cualquiera podía tener un blog y publicar lo que quisiera (obviamente dentro de ciertos límites, p.ej. aquellos con una computadora con acceso a Internet). Hasta ahí muy bien, pero aunque millones lo hicieron, no fueron millones los que continuaron haciéndolo (la gran mayoría de blogs son abandonados al poco tiempo) y, en general, hay una valla de entrada más o menos alta para comprometerse a publicar en un blog. Finalmente, uno tiene que dedicarse a escribir, con una cierta regularidad, a responder a comentarios, y si uno realmente quiere dedicarse, también a seguir otros blogs y comentar en ellos e insertarse en una comunidad. Cuando los costos se computan de esa manera, aunque en general siguen siendo bajos, ya no son tantos los que están tan dispuestos a meterse en el submundo de los blogs.

Luego, servicios de microblogging como Twitter vuelven a alterar esa ecuación. Reducen la valla aún más. ¿Quieres compartir algo? Puedes hacerlo en 140 caracteres. Enlaces, ideas, comentarios, lo que fuera. El costo de transacción de 140 caracteres vs. un artículo de un blog es drásticamente menor, e incluso, entonces, es hasta más accesible – lo cual hace sorprendente que la mayoría de personas a quienes les explico el sentido del Twitter lo encuentren bastante inútil. Si no tienes tiempo de bloggear, ciertamente tienes tiempo de actualizar tu feed de Twitter con cosas interesantes que vas encontrando a lo largo del día. Con la última actualización al Facebook esta premisa es ahora también central allí: actualizaciones pequeñas, constantes. Microcontenido.

Ojo – acá hay que tener cuidado de no entrar en el terreno del “pánico de reemplazo” (“replacement panic“), una expresión sumamente útil que encontré en A.K.M. Adam (curiosamente, teólogo y tecnologista). El pánico de reemplazo según Adam consiste en “el miedo – a menudo una reacción espontánea a las evaluaciones positivas de la tecnología en línea – de que los medios digitales suplantarán las interacciones físicas” [traducción mía]. A esto yo agregaría algo así como un “pánico de desplazamiento” (algo así como un “displacement panic”) – una suerte de miedo de que todo nuevo medio, sólo en virtud de ser nuevo desplazará al anterior. Creo que esta lógica lineal y pseudoevolutiva es demasiado simplista como para permitirnos entender lo que está pasando. Más bien, una idea de la convergencia mediática como de la que habla Henry Jenkins parece tener un poco más de sentido:

Por convergencia, me refiero al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias de medios, y el comportamiento migratorio de audiencias mediáticas que irían casi a cualquier lugar en busca del tipo de experiencias de entretenimiento que desean. Convergencia es una palabra que se las arregla para describir cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales, dependiendo de quién está hablando y de lo que cree que está hablando. [Traducción mía, pasaje de la introducción a su libro Convergence Culture: Where Old and New Media Collide – que, dicho sea de paso, hace poco descubrí está ya disponible en traducción al español.]

Bajo un concepto como el de convergencia nuestro panorama es sumamente más complejo, pero nuestro análisis, también, consigue ser mucho más completo. Me parece útil la idea de convergencia aquí y creo que viene vinculado a lo que venía diciendo – el movimiento de la atención desde los blogs a las microcomunidades y al microcontenido – y al título de este post, la idea de continuidad, por una cuestión en la que he venido pensando últimamente leyendo a Wittgenstein, y una idea tentativa y tentadora de que entre diferentes formas o juegos del lenguaje se articula una suerte de continuidad, de la misma manera que nuestra experiencia del mundo es continua y sólo arbitrariamente (y en función a objetivos específicos siempre) es que puede la experiencia volverse discreta para permitir su análisis. 

Continuidad. ¿Qué tiene que ver la continuidad en el lenguaje con los blogs, Twitter y Facebook? Que de la misma manera, nuestra experiencia como usuarios de todos estos medios se nos articula como una forma de continuidad en la cual nos vemos introducidos. El problema al cual apunta el artículo de Solis del que partí es que nuestras herramientas de medición no son capaces de abarcar la totalidad de este espectro, ni son capaces de establecer con claridad en qué puntos de quiebre deben establecerse las discontinuidades, como para configurarnos una imagen de cómo funciona este proceso. En el uso de estas herramientas, no nos detenemos a pensar cómo es que funciona la continuidad de cada uno de estos espacios al otro, simplemente los utilizamos para servir diferentes propósitos comunicativos.

Así, Twitter y Facebook reducen grandemente la barrera de entrada. Tomemos por ejemplo el fenómeno del RT o del retweet, en Twitter: consiste simplemente en copiar un mensaje de alguien más que encontramos interesante, pegarlo y distribuirlo entre nuestros seguidores, haciendo referencia al autor original. La amplificación de este fenómeno es potencialmente exponencial: RTs siguen a RTs que siguen a RTs, y en cuestión de segundos un mismo mensaje puede llegar a miles de personas. Dos notas: 1) esto hace que el hecho de participar sea muy simple, pues con un acto tan simple como la repetición puedo, ya, estar introducido en el flujo de los discursos (podría incluso ser considerado un gran retweetero, ¿por qué no?). 2) No partamos de creer que esto es ningún tipo de forma inferior. Ni tampoco caigamos en creer aquello que escribí hace dos oraciones, que esto es “simple repetición”. No podemos dejar de lado que en todas estas formas aparentemente simples opera siempre algún tipo de forma o medida de procesos de apropiación: aún el usuario que retweetea ha tenido primero que escoger a qué otros usuarios sigue, luego ha tenido que escoger cuál de sus mensajes retweetear. Aquel que sea considerado un “gran retweetero” destacará por su habilidad de combinar y equilibrar exitosamente, cuando menos, ambas estas variables.

Desde y hacia estos puntos de entrada fluyen los diferentes contenidos, transformándose en el camino. Yo mismo he tenido esta experiencia últimamente. Descubrí la posibilidad de enlazar mi fuente de favoritos del Google Reader con mi perfil de Facebook, y ahora puedo “recomendar” enlaces directamente desde el primero hacia mi red en el segundo. Esto me sirve, entre otras cosas, para promocionar enlaces hacia este blog – y, de hecho, revisando las estadísticas recientes encuentro que un número considerable de visitantes llegan hasta aquí desde el Facebook. De la misma manera descubro enlaces recomendades y recomiendo otros a través del Twitter, que a menudo me redirigen hacia artículos en blogs, a los que luego me suscribiré y luego recomendaré, o que podré utilizar para referir en otros artículos, y en fin, la cadena continúa. Nuestras interacciones están dispersas entre diversos espacios virtuales y no virtuales también, y hoy están articuladas las interacciones que permiten que el discurso y nuestra experiencia fluya de manera más o menos continua de un espacio a otro.

Así, me veo en la necesidad de revisar aquello hacia lo que antes iba, que los blogs de alguna manera iban a empezar a consolidarse en proveedores de contenido más complejos (o al menos creo que antes iba a eso), para empezar a fijarme, más bien, que el soporte de estos contenidos (lo que viene de una lógica muy blog) termina cediendo al flujo y la continuidad del desplazamiento de estos contenidos entre diferentes soportes. Convergencia y continuidad: mi experiencia de consumo de contenidos en diferentes medios, que además está cada vez más entretejida con mi experiencia de apropiación y creación en cada uno de estos, se vuelva una experiencia continua, cuyos pliegues son, por ahora, difíciles de distinguir.

El efecto sofístico

Encontrado esta mañana, leyendo en la 73 (el micro):

En el Tratado del no ser de Gorgias, algunas décadas después del Poema [de Parménides], la cuestión es una relación muy distinta entre el ser y el decir. Gorgias pone de manifiesto que el poema también es, ante todo -sépalo o no y quiéralo o no-, una performance discursiva: lejos de estar encargado de decir una donación originaria, algún “es” o “hay”, produce realmente su objeto, aun en la sintaxis de sus frases y por ella. De manera radicalmente crítica con respecto a la ontología, el ser no es lo develado por la palabra sino lo creado por el discurso, “efecto” del poema, así como el héroe “Ulises” es un efecto de la Odisea. Si la filosofía quiere reducir la sofística al silencio, es sin duda porque, a la inversa, la sofística produce la filosofía como un hecho de lenguaje. Propongo denominar logología, con un término tomado de Novalis, esta percepción de la ontología como discurso, esta insistencia en la autonomía performativa del lenguaje y en el efecto mundo producido por él. Era posible, por lo tanto, ser presocrático de otra manera.

Lo saqué de El efecto sofístico, de Barbara Cassin, libro que encontré por absoluta casualidad. Y que hasta ahora, me gusta. Seguro iré encontrando más pasajes interesantes. Pero lo más interesante, creo, es ir viendo cómo puedo irlo conectando con otras cosas que van flotando en el aire.

Salirse con la suya

La idea de lenguajes experimentales y sobre cómo es importante para el artista, al experimentar con el lenguaje, salirse con la suya para introducir nuevas convenciones, me parece que queda bien reflejada en estos ejemplos.

Sobre cómo no salirse con la suya – intentar jugar con el lenguaje de una manera nueva, pero cuya novedad simplemente no consigue introducirse como una nueva convención:

O, por otro lado, lanzar la nueva posibilidad y, pasado el momento traumático inicial en el cual nada tiene mucho sentido, salirse con la suya y que la innovación sea reasimilada por el lenguaje:

Como verán, hay mil variables que influyen contextual y ambientalmente en esto – difícilmente es como para hacer una ciencia apodíctica al respecto, sólo para entender un poco cómo el lenguaje se transforma.

Sobre fusiones y separaciones musicales, grupos peruanos en YouTube, y manifestaciones más o menos populares en géneros musicales, es algo que será más interesante discutirlo en Invasiones Bárbaras.

Lenguajes experimentales

Soy un poco desastroso para las convocatorias – resulta que el martes presenté una ponencia en el IV Simposio de Estudiantes de Filosofía, en la PUCP, pero me olvidé de avisarle a todos. En fin. Fue una presentación interesante, creo/espero, sobre varios temas que resultan familiares a los que siguen este blog. Para los que no pudieron estar – la gran mayoría de la humanidad – incluyo aquí tanto el fondo de imágenes que presenté, pero sobre todo, para tener un poco de contexto, también el texto en el cual está basada la presentación. (Incluí también unos videos que no puedo subir a la web, pero incluyo los links a sus versiones en línea también.) Creo que vale la pena notar que entre el texto original, y lo que terminó siendo la presentación, media una distancia considerable de lo que es, aún, un trabajo en progreso.

¿Sobre qué trata? Pues regreso sobre algunas ideas abiertas en mi presentación del año pasado. En la época de la explosión mediática en que vivimos, que nos obliga a reconfigurar cómo entendemos le mundo, ¿qué significado cobra el arte? ¿Cómo se reconfiguran las manifestaciones expresivas que tomamos por arte, y qué significado social adquieren? Sobre todo… ¿Cómo es que los medios y las artes se las pueden arreglar para generar experiencias transformadoras de la realidad? Son muchas preguntas abiertas que espero, por lo menos, conseguir plantear de modo interesante.

Comentarios bienvenidos. Por si acaso, el Simposio corre hasta mañana por la tarde en la PUCP, para los interesados.