Alguna vez conversaba con un entonces decano de una facultad de la PUCP que me contaba como, si tuviera la posibilidad de construir especialidades jalando cursos de diversas facultades, podría sin mayores cambios ofrecer de un día para otro 39 especialidades nuevas. Pero que, sin embargo, por diferentes trabas administrativas aquello era imposible.
(Curiosamente, en una ocasión distinta, conversando con otro entonces decano de otra facultad, me dejaron bastante claro que la universidad no formaba filósofos, sino historiadores de la filosofía, y que cualquiera que pretendiera lo contrario estaba equivocado. Me vomité un poquito, y entré en crisis existencial durante un par de meses, antes de empezar a superarlo.)
Estamos acostumbrados a pensar en la diferentes disciplinas como edificios, o como islas aisladas con sus propias “ontologías regionales” o con sus propios léxicos y cánones. Pero claro, estas fronteras son sumamente artificiales y se han ido tallando, definiendo y redefiniendo a lo largo de cientos de años respondiendo a diferentes necesidades de las épocas.
Pero pareciera que la necesidad de nuestra época, más bien, es transgredir esas fronteras con diferentes niveles de faltosidad. De manera similar a como los libros en una librería ya no responden a nuestras expectativas cuando reconocemos que deberíamos tener mayor libertad para encontrarlos, las disciplinas dejan de responder a nuestras expectativas cuando se vuelven más una limitación que una oportunidad para explorar diferentes espacios de conocimiento.
Con el conocimiento articulado y entendido como una red, los múltiples enfoques disciplinarios no se aproximan a diferentes regiones específicas de la red en aislamiento de las demás, sino que sirven más bien como enfoques a través de los cuales diferentes conexiones y enlaces adquieren visibilidad o prioridad dentro de la red. El resto de la red de conocimientos no desaparece ni se vuelve inaccesible, sino que desciende en orden de prioridad según los intereses disciplinarios o metodológicos con los cuales nos aproximemos a un cuerpo de conocimiento.
Desarrollar maneras innovadoras, desconocidas de aproximarnos, de encontrar conexiones, es la manera como terminamos desarrollando nuevas disciplinas o nuevas combinaciones entre diferentes campos, áreas grises, espacios “interdisciplinarios”, y demás. Creo que en ese punto deja de tratarse de taxonomías, de árboles del conocimiento que traten de dar cuenta de LA manera como nuestros cerebros funcionan o como el mundo esté ordenado.
Me parece que estamos en una coyuntura particularmente interesante para explorar esto, porque la gran mayoría de campos se resistirán. De modo que sólo por ahora es que realmente tendremos la posibilidad de, propiamente, “transgredir”. Cuando la transgresión, más bien, se vuelva legítima, se vuelva la norma, habremos perdido esa posibilidad (y entonces, se convertirá en transgresor el querer reafirmar los límites y las fronteras. O quizás un problema completamente diferente e inaccesible para nosotros, yo qué sé).