Cosas que deberías saber

Hace tiempo y varias veces y he comentado sobre el vacío que existe, en general, entre la filosofía (hablando desde mi experiencia personal) y la tecnología, en particular las tecnologías de la información. Digo “en general”, porque obviamente esto no se da en todos los casos, y hay contraejemplos muy significativos e importantes. Pero estuve pensando un poco en esa separación, y en las nuevas habilidades que hoy son cada vez más necesarias para participar de discusiones que a menudo se dan en múltiples formatos y contextos al mismo tiempo. Así que se me ocurrió compilar estar pequeña lista de habilidades tecnológicas que, a mi humilde juicio, un filósofo debería manejar con mediana competencia para formular un mensaje, participar de discusiones y, sobre todo, para poder comunicar y enseñar diferentes ideas. Aunque lo pienso desde el punto de vista de la filosofía, creo que esto en realidad se aplica para muchas otras disciplinas.

  • Blogs. ¿Tienes uno? ¿Por qué no? Creo que hay muchas ventajas a tener un blog, aunque debo admitir que aquí hay un poco de contrabando ideológico: el tipo de pensamiento que facilita un blog es uno fragmentado, progresivo, en constante construcción y revisión. Dudo mucho que Kant habría bloggeado a través de su periodo crítico, por ejemplo, en el cual se dedicó a construir grandes catedrales de conocimiento. Un blog, en cambio, es como un laboratorio conceptual, donde uno va soltando ideas, discutiéndolas con otros y refinando los conceptos. Y lo obliga a uno, también, a aprender a hablar en un lenguaje más accesible, menos técnico y oscuro. Cosas que uno debería saber: crear un blog (al menos en un servicio como Blogger o WordPress), actualizarlo, moderar comentarios. Los más osados pueden jugar con el estilo visual.
  • Manejar videos en YouTube. Si no tienes una cuenta en YouTube, créala. Eso te permite marcar videos como favoritos y ordenarlos en listas de reproducción, con lo cual puedes mantener un archivo de videos interesantes que vayas encontrando – por ejemplo, puedes recopilar una lista de las conferencias disponibles en línea dadas por un autor o sobre un tema. También es importante saber bajar videos de YouTube, usando una herramienta como TubeMaster++, que luego se pueden utilizar para reproducir en un salón de clase, o dentro de una presentación. Además, deberías también saber subir un video a YouTube. Lo cual me lleva a…
  • Capturar y editar video. Esto ya es un poco más exigente, pero ahora cualquier celular o cámara de fotos también toma video. Acá lo que importa es saber subir el video a la PC, hacerle algunos arreglos menores (por ejemplo, cortar un pedazo relevante), guardarlo y comprimirlo en un formato amigable para que luego pueda subirse a un sitio como  YouTube. Casi todo lo que necesitas para esto probablemente lo tienes ya: la cámara, y un software como el Windows Movie Maker que viene por defecto con Windows (o el iMovie en la Mac). ¿Por qué querrías crear video? Puedes grabar conversaciones, presentaciones, sesiones de clase, en un formato fácil de manejar y usualmente más efectivo que el texto solo.
  • Seguir blogs usando fuentes RSS. El formato RSS es un formato de sindicación – es decir, es una fuente que envía una notificación cada vez que un blog o un sitio de noticias se actualiza. Usando un lector RSS, uno puede mantenerse actualizado con las novedades de cientos o miles de blogs y sitios web, sin la necesidad de visitarlos todos individualmente. Quizás la manera más fácil de utilizar esto es con el lector RSS de Google, el Google Reader, que es además uno de los mejores.
  • Descubrir y ordenar fuentes de información. Hay dos cosas aquí recomendables, además del RSS que ya mencioné. Lo primero es utilizar un servicio de marcadores sociales, como Delicious, que le permite a uno marcar sus favoritos y guardarlos en línea (de modo que uno puede usarlos desde cualquier computadora). Pero además, uno puede etiquetar sus sitios web favoritos con diferentes categorías, y también ver quién más ha marcado ese mismo sitio como favorito y qué categorías le ha puesto. El resultado es que puedo ver qué otros sitios favoritos tienen otras personas bajo las categorías que a mí me interesan, con lo cual uno termina descubriendo todo tipo de nuevas fuentes. La otra gran fuente de información es, por supuesto, …
  • Twitter. Hay muchas razones por las cuales uno podría twittear, o al menos por las que uno debería saber de qué se trata. Pero me concentro en una: Twitter es quizás la manera más rápida y efectiva de descubrir información. Uno simplemente debe dedicarse a cultivar una lista de personas a seguir que tengan más o menos los mismos intereses, y rápidamente estará descubriendo todo lo que ellos comparten con sus seguidores. Twitter ha desplazado en gran medida a muchos otros canales para compartir y descubrir información. Bonus points por utilizar un cliente Twitter de escritorio como TweetDeck, que además les permitirá organizar sus contactos en grupos, y hacerle seguimiento a términos de búsqueda en la red de Twitter (p.ej., muéstrame cada vez que aparezca un tweet que mencione la palabra “filosofía”).
  • Hacer y compartir buenas presentaciones. La clave aquí es “buenas”. Mucha gente se queja del Powerpoint, pero en verdad, mucha gente lo usa terriblemente mal (a mi humilde juicio). Así que uno debe esforzarse por preparar una buena presentación visual, diseñada como presentación visual y no sólo como una extensión del discurso o del texto escrito. Hay muchas fuentes en línea con tips sobre cómo preparar presentaciones, pero en general, reglas como no usar más de 7 palabras por diapositiva, de no utilizar viñetas ni listas largas, de nunca copiar textos ni leer directamente de la diapositiva, y de utilizar una fuerte presencia gráfica (que no sea de las imágenes predeterminadas de Office), todo ello ayuda muchísimo a preparar una mejor presentación. Bonus points: comparte tus presentaciones en línea usando un servicio como Slideshare.
  • Crear recursos digitales. Esto suena bastante genérico y lo es, y tiene también mucho que ver con manejar un blog. La idea de manejar un recurso digital es aplicar un poco de todo lo anterior para algún propósito específico. Compilar enlaces, videos, blogs, artículos, referencias bibliográficas, sobre algún tema en particular. O empezar a mantener un wiki con información sobre algo que te resulte de interés, con el tema de un curso o con información sobre un autor o un texto. El objetivo de un recurso digital es crear y mantener una capa de intermediación entre el usuario interesado y el viejo oeste que es la web: realizar el trabajo editorial de verificar y asegurar la relevancia de lo que está siendo compilado. La utilidad y los beneficios de recursos de este tipo son altísimos, y es un trabajo relativamente fácil de hacer.

Estoy dando por descontado lo básico: usar la computadora, programas básicos como el Word, el Excel o el Powerpoint, manejo de Internet, correo electrónico, mensajería instantánea, navegación en la web, uso de buscadores como Google, etc. Sí, todo esto es lo básico, y lo que es lo básico se seguirá ampliando con cosas como éstas conforme vaya pasando el tiempo.

En fin, quizás vaya ampliando la lista si se me ocurren más cosas (de hecho creo que hay varias más, como para una segunda lista) y si se les ocurre algo más que deba ir aquí, inclúyanlo en los comentarios.

Textos (neo)clásicos

Pasé mucho de mi infancia robando horas a una conexión RDSI cuando era una de las pocas opciones existentes en Lima para tener un acceso dedicado a Internet. No se podía hacer mucho, pero pasaba mis horas, sobre todo, jugando una y otra vez con la idea de ser hacker. Descargué cientos de archivos TXT con codificaciones extrañas e imprimí quizás miles de páginas sobre el tema. Era joven e ingenuo, claro, y mucho más de lo que aprendí en esa época sobre efectivamente ser un hacker lo aprendí sobre la cultura hacker que en eso momento predominaba con mucha más fuerza en la web. Creo que ese conocimiento, sobre todo esa edad, sirvió mucho para formar varias de las ideas que tengo hoy día.

Me he estado topando últimamente con varios de los textos que leí entonces, de nuevo. Y creo que vale la pena mencionar y recomendar varios textos de antaño sobre ética y cultura hacker que empezaron a surgir por entonces, y que han servido como la espina vertebral ideológica de la cultura digital que conocemos hoy en día. Así que aquí una pequeña lista de algunos textos que son, me parece, ahora también clásicos.

The Hacker’s Manifesto. Publicado por el hacker The Mentor en la revista Phrack, en 1986, se trata de uno de los primeros documentos donde se articula una visión primigenia de los valores de la cultura hacker, que desde entonces hacía un esfuerzo importante por distinguirse de los crackers, los piratas informáticos que les daban mala fama. La cultura hacker intentaba estructurarse en torno a una ética de la meritocracia, del descubrimiento y de la experimentación, de la idea de que la realidad y la información estaban allí para jugar con ellas, si uno tenía las habilidades y el conocimiento para hacerlo. Y si no los tenía, pues podía conseguirlos.

This is our world now… the world of the electron and the switch, the beauty of the baud. We make use of a service already existing without paying for what could be dirt-cheap if it wasn’t run by profiteering gluttons, and you call us criminals. We explore… and you call us criminals. We seek after knowledge… and you call us criminals. We exist without skin color, without nationality, without religious bias… and you call us criminals. You build atomic bombs, you wage wars, you murder, cheat, and lie to us and try to make us believe it’s for our own good, yet we’re the criminals.

Yes, I am a criminal. My crime is that of curiosity. My crime is that of judging people by what they say and think, not what they look like. My crime is that of outsmarting you, something that you will never forgive me for.

En esa misma dirección, uno de los documentos más interesantes para entender cómo los hackers se ven (o se veían) a sí mismos, es How To Become A Hacker, de Eric S. Raymond. Raymond no sólo es un desarrollador importante en el mundo del software libre, sino que tiene también excelentes ensayos sobre cultura digital, tecnología y libertades civiles. En HTBAH, Raymond describe la actitud general que define la personalidad del hacker:

1. The world is full of fascinating problems waiting to be solved.
2. No problem should ever have to be solved twice.
3. Boredom and drudgery are evil.
4. Freedom is good.
5. Attitude is no substitute for competence.

Comprenderán entonces por qué, al ver el asunto así descrito, empecé a pensar que la ética hacker no era tanto definida por el objeto de estudio o de manipulación, sino más bien por la actitud o la aproximación – lo cual tiene mucho que ver con la manera como he venido a entender que cobran sentido los problemas filosóficos. Otros dos excelentes ensayos de Raymond son A Brief History of Hackerdom, que describe el panorama del mundo y la cultura hacker en su periodo ochentero, cuando la cuestión recién empezaba a emerger, y, sobre todo, The Cathedral And The Bazaar.

TCATB es, realmente, un libro, disponible libremente en varios idiomas incluyendo una traducción al español, y es el trabajo más popular de Raymond. Es un texto fascinante, donde Raymond describe los modelos de desarrollo de software de la comunidad del software libre comparado al modelo de los desarrolladores comerciales. Software de empresas como Microsoft se construye como se construye una catedral: se planifican los recursos, se hacen planos, pruebas, modelos, luego se ejecutan los planes intentando mantenerse lo más cercano posible a lo previsto, y finalmente se tiene un gran aparato colosal cuyos diseñadores conocen íntimamente. En cambio, el modelo de desarrollo de software que ha sido popularizado por Linux ha sido radicalmente diferente:

El estilo de desarrollo de Linus Torvalds (“libere rápido y a menudo, delegue todo lo que pueda, sea abierto hasta el punto de la promiscuidad”) me cayó de sorpresa. No se trataba de ninguna forma reverente de construir la catedral. Al contrario, la comunidad Linux se asemejaba más a un bullicioso bazar de Babel, colmado de individuos con propósitos y enfoques dispares (fielmente representados por los repositorios de archivos de Linux, que pueden aceptar aportaciones de quien sea), de donde surgiría un sistema estable y coherente únicamente a partir de una serie de artilugios.

Y, de nuevo, resultará evidente a muchos que esta lógica no solamente se aplica a la construcción de sistemas operativos o de software en general. De hecho, esta descripción refleja mucho de la manera como nuestra concepción del mundo ha venido a ser transformada en los últimos años: hemos pasado de creer en grandes ideologías y complejas representaciones del mundo que le daban sentido articulado a la totalidad de la realidad, a construir más bien modelos temporales, cambiantes, evolutivos cuyo propósito principal es adaptarse a nuestras necesidades cambiantes. Raymond está prácticamente describiendo, en términos técnicos, el cambio filosófico que ha significado pasar de modelos representacionalistas, totalizantes de la realidad misma, a concepciones más bien heterogéneas, experienciales del mundo, construcciones colectivas que utilizamos para darle sentido y significado a la experiencia cotidiana.

Otro muy interesante ensayo que permite mapear la manera como diferentes herramientas nos aportan no sólo diferentes aproximaciones a su creación, sino también diferentes actitudes y personalidades, es el ensayo de Neal Stephenson, In The Beginning Was The Command Line (el artículo original de 1999 cuenta con un comentario actualizado de Garrett Birkel del 2004). Stephenson se concentra en el universo de los sistemas operativos, básicamente describiendo las diferentes actitudes que sistemas como Windows, Mac OS, Linux o BeOS despiertan en sus usuarios, y por qué reflejan diferentes características. Es interesante, también, porque plantea una serie de consideraciones sugerentes en torno a las diferentes maneras como la interacción entre usuarios y máquinas se estructura.

Todos estos textos clásicos son muy interesantes, y de lectura muy recomendada a todo aquel que esté interesado en conocer un poco más de las raíces culturales del mundo digital desde el submundo hacker, mucho de lo cual ha terminado influenciando enormemente las herramientas que usamos hoy día (finalmente, las personas que construyeron esas herramientas se formaron a partir de muchas de estas referencias.

Filosofía e informática

En Slashdot, se ha abierto una discusión interesante sobre la relación entre la filosofía y la informática, que parte de constatar la actualidad de la filosofía para una serie de problemas nuevos que surgen en el desarrollo de la computación.

Vale la pena para explorar fronteras que los humanistas solemos cruzar poco.