Más sobre la “extinción de la filosofía”

Algunas notas complementarias a las pregunta del otro día sobre si la filosofía está en peligro de extinción cuando se pone en juego su apoyo institucional universitario (hay, además, buenos comentarios que han llegado al post original).

1. Slavoj Zizek da una buena entrevista al diario El País de España, del cual saco un pequeño fragmento relevante:

Ahora mismo estoy en Londres y tenemos una huelga masiva en la educación superior. El Plan Bolonia es una catástrofe. La derecha quiere suprimir las humanidades. En vez de pensadores, quieren convertirnos en expertos que cumplan los encargos que las élites plantean. Me parece importante defender que los grandes problemas nos conciernen a todos. La derecha debería estar en contra del Plan Bolonia. Convertir la Universidad en una empresa es mucho más peligroso para Europa que el fundamentalismo islámico.

Lamentablemente no entra aquí en más detalle. El Plan Bolonia es un convenio de la Unión Europea para homologar títulos y programas educativos a través de sus realidades nacionales, y fomentar el proceso de una serie de reformas universitarias comunes y alineadas. El proceso ha atraído múltiples críticas particularmente por considerar que elitiza la educación superior y que se concentra en formar trabajadores, en lugar de profesionales.

2. En otras noticias, un artículo del Harvard Business Review señala que para conseguir ideas innovadoras las empresas deben contratar gente de las humanidades, en lugar de sus canteras acostumbradas. Aunque he comentado antes sobre esta relación, es algo muy diferente que lo diga yo a que lo diga el Harvard Business Review, sobre todo porque el HBR lo leen directamente empresarios y funcionarios que efectivamente pueden hacer algo al respecto. Señala el HBR:

This is because our educational systems focus on teaching science and business students to control, predict, verify, guarantee, and test data. It doesn’t teach how to navigate “what if” questions or unknown futures. As Amos Shapira, the CEO of Cellcom, the leading cell phone provider in Israel, put it: “The knowledge I use as CEO can be acquired in two weeks…The main thing a student needs to be taught is how to study and analyze things (including) history and philosophy.”

People trained in the humanities who study Shakespeare’s poetry, or Cezanne’s paintings, say, have learned to play with big concepts, and to apply new ways of thinking to difficult problems that can’t be analyzed in conventional ways.

No deja de haber un toque de ingenuidad en esto, como si uno pudiera tomar a un humanista recién formado, ponerlo en un entorno corporativo y ver cómo suceden milagros inesperados. Hay una serie de capas intermedias y aprendizajes que explorar y promover para que algo así pueda pasar. Y hay, también, muchísimos prejuicios que reconsiderar que vienen de ambos lados del espectro.

3. Vivek Wadhwa publicó para TechCrunch hace unos días un artículo contraponiendo necesidades educativas desde los puntos de vista de Bill Gates y de Steve Jobs. Para Wadhwa la posición de Gates se ve reflejada no sólo en sus esfuerzos por repotenciar la educación en matemática, ciencia y tecnología en EEUU, sino por extensión en sus productos poco elegantes, poco amigables y con el tiempo cada vez menos populares. En cambio, Steve Jobs ha hablado públicamente sobre cómo el diseño de los productos de Apple son una combinación entre un enfoque de ingeniería y de las humanidades (“liberal arts”) que hace que sus productos sean mucho más inteligentemente diseñados y, en los últimos años, han hecho de Apple quizás la compañía tecnológica más importante del mundo. El mercado, parecería, le está dando más la razón a Jobs que a Gates.

Because I am a professor at the Pratt School of Engineering at Duke University, and given all the positive things I say about U.S. engineering education, The Times assumed that I would side with Bill Gates; that I would write a piece that endorsed his views. But, even though I believe that engineering is one of the most important professions, I have learned that the liberal arts are equally important. It takes artists, musicians, and psychologists working side by side with engineers to build products as elegant as the iPad.  And anyone—with education in any field—can achieve success in Silicon Valley.

En resumen: la crisis de las humanidades en las universidades contemporáneas es trágica, pero real y creciente. Eso es en sí mismo un problema. Pero también empiezan a aparecer espacios de problemas interesantes donde los filósofos y los humanistas pueden encontrar oportunidades para desarrollarse, asumiendo, claro, disposición de ambos lados del espectro.

De todos modos, creo que aquí vemos que se apunta a algo mayor. Hay, claramente, valor en estas ideas, en estos conocimientos y en estos procesos mentales (valor que se puede definir de múltiples maneras). Y hay un espacio que tiene problemas graves para definir su identidad, como es la universidad. De modo que hay, también, una gran oportunidad y mucho potencial para redefinir o recrear espacios de pensamiento, de reflexión, de crítica, que no necesariamente sean académicos o universitarios, que sí exhiban múltiples formas de valor, donde los filósofos puedan hacer lo que más les gusta de múltiples maneras.

No es que sepa cuáles son ni que tenga la respuesta, pero sí empiezo a notar cómo empiezan a aparecer una serie de piezas del rompecabezas.

Zizek, el Plan Bolonia, el Harvard Business Review, Bill Gates, Steve Jobs. Un buen sábado por la tarde.

¿Puede extinguirse la filosofía?

A través del blog Leiter Reports me entero continuamente de cómo uno tras otro diferentes departamentos de filosofía en los EEUU se ven amenazados y al borde de la desaparición. El argumento es siempre el mismo, y es que dadas las condiciones económicas por las que pasa la universidad o algo por el estilo, se vuelve necesario hacer recortes presupuestales y casi siempre es más fácil empezar por aquellos programas que por su naturaleza no son particularmente rentables. Parece ser lo que viene ocurriendo en Greenwich, Nevada, Keele, entre otras, y parece ser un sentimiento generalizado.

De entrada, podemos afirmar que la filosofía existió mucho antes de que hubiera algo así como una universidad. Pero con los siglos, la filosofía y su ejercicio académico se han vuelto efectivamente inseparables del contexto de las universidades: a pesar de su complicada relación con lo material, los filósofos no pueden evitar tener necesidades del mundo real que la universidad ha pasado históricamente a satisfacer. Pero ahora parecería que poco a poco la universidad viene cerrando ese caño.

No quiero entrar aquí en la discusión normativa sobre lo terrible que es esto, cómo es un golpe horrible al espíritu humanista que construyó la educación moderna y una terrible concepción mercantilista de la formación y el quehacer humano. Todo eso, sobre todo aquel que estudia o practica la filosofía, ya lo sabemos y podemos todos apuntar con satisfacción moral a Martha Nussbaum para que nos explique por qué la democracia requiere de las humanidades. Comparto este espíritu y creo que las humanidades y la filosofía cumplen un papel importante en la educación universitaria, y que eliminarla sería algo horrible. Pero no vayamos por ese camino.

Vayamos, más bien, por el camino de constatar que esto está pasando. En Lima hay cuatro universidades, si no me equivoco, que enseñan filosofía. Dudo mucho, por no decir absolutamente, que aparezca alguna otra en el futuro cercano o a mediano plazo. ¿Debería haber alguna otra? ¿Tendría sentido? Finalmente, no es que como están las cosas tengamos muy claro qué hace un filósofo o qué oportunidades tiene, sí, en el mercado.

Vemos la tendencia más amplia (particularmente en EEUU y en el Reino Unido) y vemos que los departamentos de filosofía empiezan a ser un poco perseguidos. ¿Y entonces qué pasa? Aunque obviamente hay una retórica de resistencia y un esfuerzo organizado por evitar que esto ocurra, en el corto plazo es razonable suponer que varios departamentos de filosofía desaparecerán o se reducirán significativamente. ¿Y entonces qué?

Si mañana despertáramos y el apoyo institucional universitario a la filosofía hubiera desaparecido, ¿qué nos quedaría? Pregunto esto por algo muy simple: la filosofía preexistió a la universidad, y sin embargo, se ha vuelto prácticamente indisociable de ella. Sin la figura de la universidad, nos resulta sumamente imaginar lo que significaría hacer filosofía de manera realista y sostenible. Entonces, ¿qué nos queda?

No tengo una respuesta ahora. Sólo quiero dejar el problema sobre la mesa. Los apoyos institucionales que tradicionalmente conocemos podrían desaparecer con el tiempo, y es pertinente, me parece (además de ser un problema interesante) que pensemos también en qué significa hacer filosofía más allá del claustro universitario. Más aún cuando disponemos de herramientas que están subvirtiendo el orden de ese claustro en primer lugar. ¿Cómo se vería una filosofía que no esté necesariamente atada a lo universitario? ¿Es por eso menos académica? ¿Importaría si lo fuera?

¿Cómo se sostiene? ¿Cómo consigue recursos? ¿Cómo conecta a sus participantes?

Si un día sorpresivamente llega el huracán, luego no digan que no les advertí.

Así que quieres un posgrado en humanidades…

El mundo académico no es todo lo que se pinta. Aquí hay toda una serie más de razones que lo explican.

La mejor parte: “I will work hard”. Creer que solamente esforzándose mucho se conseguirá todo es el núcleo que sustenta el sueño dogmático. En el mundo académico, como en cualquier otro lado, es condición necesaria pero ciertamente no suficiente.

Investigación colaborativa

Al menos de donde yo vengo (la filosofía) la investigación siempre es una actividad individual. Al menos entendida como tal, quizás no necesaria o estrictamente practicada así. Es decir, al menos en la filosofía, y en general en las humanidades, el trabajo de investigación es una labora del investigador, solo, en una biblioteca, en una oficina, qué sé yo, pero siempre en un lugar con muchos libros, leyendo compulsiva y desmesuradamente enormes cantidades de contenido y quizás tomando algunas notas, haciendo apuntes. Luego de suficientes notas y apuntes, el investigador empieza a reunir sus ideas y sintetizas sus descubrimientos en algún tipo de producto escrito, en un artículo, un ensayo, quizás hasta un libro.

La investigación es una práctica concebida de manera solipsista, autónoma, individual. Digo pensada, porque en la práctica no funciona tan así: uno conversa con otros sobre lo que investiga, busca sugerencia, recibe recomendaciones que van ayudando a expandir o dirigir lo que uno intenta encontrar. Pero a pesar de ese grado de socialización, el acto mismo de investigar lo sigue haciendo uno por sí solo, en la gran mayoría de los casos.

Hay, creo, y están apareciendo cada vez más maneras diferentes de entender la investigación. Como una práctica menos aislada, menos solitaria, más integrada, social y colaborativa. Aún así, en la filosofía esto no se ve mucho – aún. Pero tiene sentido pensar en grupos de investigación trabajando sostenidamente en productos conjuntos, retroalimentándose continuamente en el curso mismo de sus investigaciones y no solamente como algo externo.

Es, también, parte de cambiar el enfoque del producto, al proceso mismo de investigar, como un acto de continua transformación. Es análogo, si quieren, a la diferencia de demostrar autoridad publicando un artículo o un libro, o publicando un blog: el objeto impreso demuestra la autoridad del autor en tanto producto, mientras que el blog lo hace en tanto proceso, en tanto conversación siempre en movimiento, siempre falible y siempre abierta a crítica. Es el proceso de formación y transformación el que importa, más que el resultado mismo que es, en gran medida, descartable y continuamente superado.

Tenemos que pensar en nuevas formas de investigar, y de aprender a investigar como actos colectivos. Esto tiene muchas implicaciones, desde cómo escogemos temas, cómo los formulamos, cómo los presentamos, cómo los mejoramos. Cómo nos organizamos socialmente para investigar: quizás en pequeños grupos, continuos, constantes, y qué utilizamos para organizarlo ahora que tenemos nuevas herramientas para hacerlo.

Educación, humanidades y tecnología

[Foto CC: Post-Katrina School Bus, por laffy4k]

Varias ideas reunidas sobre la educación en las humanidades y cómo está cambiando a partir de la tecnología. Si no quieren leerlo todo, igual les pediría que revisen la última y me den sus ideas.

Des-escolarizar la sociedad. Vía un texto de Marshall McLuhan llego a Ivan Illich, filósofo austriaco, que tiene un libro llamado Deschooling Society. Una suerte de manifiesto para la reinterpretación de la educación universal en sociedades post-industriales (o informacionales, si nos ponemos Castellianos, y si el adjetivo “Castelliano” existe). Dice Illich:

Universal education through schooling is not feasible. It would be no more feasible if it were attempted by means of alternative institutions built on the style of present schools. Neither new attitudes of teachers toward their pupils nor the proliferation of educational hardware or software (in classroom or bedroom), nor finally the attempt to expand the pedagogue’s responsibility until it engulfs his pupils’ lifetimes will deliver universal education. The current search for new educational funnels must be reversed into the search for their institutional inverse: educational webs which heighten the opportunity for each one to transform each moment of his living into one of learning, sharing, and caring. We hope to contribute concepts needed by those who conduct such counterfoil research on education–and also to those who seek alternatives to other established service industries.

Esto es de 1971, dicho sea de paso. En otras palabras, nuestras nuevas circunstancias culturales tanto permiten como reclaman una nueva forma de educar y aprender. La yapa es que con nuevos procesos/instituciones para el lenguaje y el aprendizaje, se vuelven por extensión necesarios nuevos procesos/instituciones para muchas otras funciones sociales.

Transformar la educación en humanidades. El programa de Comparative Media Studies en MIT (uno de mis programas de postgrado soñados) organizó un simposio bajo el título “Applied Humanities: Transforming Humanities Education”. El simposio planteó una discusión entre diversos especialistas que están trabajando con diferentes enfoques y experiencias interdisciplinarias en humanidades con un enfoque aplicado, que van desde el uso de videojuegos como herramientas educativas hasta estrategias innovadoras para la educación en literatura clásica.

El video pueden verlo en su sitio web o pueden descargarlo directamente.

Humanidades digitales. El campo de las humanidades digitales es muy cercano a lo anterior (humanidades aplicadas) pero desde su punto de intersección más específico con la computación y los medios digitales. Es no solamente un campo que se pregunta por cómo las herramientas digitales pueden aportar al trabajo de las humanidades (que sería la lógica de cómo hacer lo mismo pero más rápido o mejor), sino más profundamente cómo las herramientas digitales transforman la actividades académica en las humanidades, y permiten hacer cosas que antes no eran posibles.

El blog de Dan Cohen, director del Center for History and New Media de la George Mason University reúne algunas de las preguntas posibles bajo la idea de “hackear la academia“:

Can an algorithm edit a journal? Can a library exist without books? Can students build and manage their own learning management platforms? Can a conference be held without a program? Can Twitter replace a scholarly society?

As recently as the mid-2000s, questions like these would have been unthinkable. But today serious scholars are asking whether the institutions of the academy as they have existed for decades, even centuries, aren’t becoming obsolete. Every aspect of scholarly infrastructure is being questioned, and even more importantly, being hacked. Sympathetic scholars of traditionally disparate disciplines are cancelling their association memberships and building their own networks on Facebook and Twitter. Journals are being compiled automatically from self-published blog posts. Newly-minted Ph.D.’s are foregoing the tenure track for alternative academic careers that blur the lines between research, teaching, and service. Graduate students are looking beyond the categories of the traditional C.V. and building expansive professional identities and popular followings through social media. Educational technologists are “punking” established technology vendors by rolling their own open source infrastructure.

Estas preguntas se volvieron la base para Hacking The Academy, un libro escrito colaborativamente en menos de una semana y que reunió aportes en una serie de categorías vinculadas a cómo la tecnología hackea la academia, o cómo replantea sus prácticas y sus instituciones.

Integrando la tecnología y las humanidades. En paralelo, pero en relación con todo lo anterior, he estado pensando últimamente en armar un taller sobre herramientas tecnológicas para humanistas y académicos. Me han hecho varias preguntas al respecto y podría ser una idea interesante, donde podría compartir un poco mi propia experiencia con herramientas digitales como este mismo blog, el uso de wikis como materiales de curso y otras plataformas o herramientas que podrían ser útiles para humanistas en la actualidad, y la manera como estas herramientas transforman nuestro entendimiento tradicional del trabajo en las humanidades.

Aún la idea es totalmente embrionaria, pero quiero compartirla primero para ver si más personas consideran que sería una idea interesante, pero sobre todo para que me ayuden a armar la lista de contenidos. ¿Qué cosas les gustaría ver en un taller como éste? ¿Qué preguntas tienen sobre tecnología, academia, humanidades y educación para las que no tienen respuestas claras? Cualquier sugerencia sobre preguntas, temas, contenidos o demás es bienvenida para la preparación de este taller experimental.

Cosas que deberías saber

Hace tiempo y varias veces y he comentado sobre el vacío que existe, en general, entre la filosofía (hablando desde mi experiencia personal) y la tecnología, en particular las tecnologías de la información. Digo “en general”, porque obviamente esto no se da en todos los casos, y hay contraejemplos muy significativos e importantes. Pero estuve pensando un poco en esa separación, y en las nuevas habilidades que hoy son cada vez más necesarias para participar de discusiones que a menudo se dan en múltiples formatos y contextos al mismo tiempo. Así que se me ocurrió compilar estar pequeña lista de habilidades tecnológicas que, a mi humilde juicio, un filósofo debería manejar con mediana competencia para formular un mensaje, participar de discusiones y, sobre todo, para poder comunicar y enseñar diferentes ideas. Aunque lo pienso desde el punto de vista de la filosofía, creo que esto en realidad se aplica para muchas otras disciplinas.

  • Blogs. ¿Tienes uno? ¿Por qué no? Creo que hay muchas ventajas a tener un blog, aunque debo admitir que aquí hay un poco de contrabando ideológico: el tipo de pensamiento que facilita un blog es uno fragmentado, progresivo, en constante construcción y revisión. Dudo mucho que Kant habría bloggeado a través de su periodo crítico, por ejemplo, en el cual se dedicó a construir grandes catedrales de conocimiento. Un blog, en cambio, es como un laboratorio conceptual, donde uno va soltando ideas, discutiéndolas con otros y refinando los conceptos. Y lo obliga a uno, también, a aprender a hablar en un lenguaje más accesible, menos técnico y oscuro. Cosas que uno debería saber: crear un blog (al menos en un servicio como Blogger o WordPress), actualizarlo, moderar comentarios. Los más osados pueden jugar con el estilo visual.
  • Manejar videos en YouTube. Si no tienes una cuenta en YouTube, créala. Eso te permite marcar videos como favoritos y ordenarlos en listas de reproducción, con lo cual puedes mantener un archivo de videos interesantes que vayas encontrando – por ejemplo, puedes recopilar una lista de las conferencias disponibles en línea dadas por un autor o sobre un tema. También es importante saber bajar videos de YouTube, usando una herramienta como TubeMaster++, que luego se pueden utilizar para reproducir en un salón de clase, o dentro de una presentación. Además, deberías también saber subir un video a YouTube. Lo cual me lleva a…
  • Capturar y editar video. Esto ya es un poco más exigente, pero ahora cualquier celular o cámara de fotos también toma video. Acá lo que importa es saber subir el video a la PC, hacerle algunos arreglos menores (por ejemplo, cortar un pedazo relevante), guardarlo y comprimirlo en un formato amigable para que luego pueda subirse a un sitio como  YouTube. Casi todo lo que necesitas para esto probablemente lo tienes ya: la cámara, y un software como el Windows Movie Maker que viene por defecto con Windows (o el iMovie en la Mac). ¿Por qué querrías crear video? Puedes grabar conversaciones, presentaciones, sesiones de clase, en un formato fácil de manejar y usualmente más efectivo que el texto solo.
  • Seguir blogs usando fuentes RSS. El formato RSS es un formato de sindicación – es decir, es una fuente que envía una notificación cada vez que un blog o un sitio de noticias se actualiza. Usando un lector RSS, uno puede mantenerse actualizado con las novedades de cientos o miles de blogs y sitios web, sin la necesidad de visitarlos todos individualmente. Quizás la manera más fácil de utilizar esto es con el lector RSS de Google, el Google Reader, que es además uno de los mejores.
  • Descubrir y ordenar fuentes de información. Hay dos cosas aquí recomendables, además del RSS que ya mencioné. Lo primero es utilizar un servicio de marcadores sociales, como Delicious, que le permite a uno marcar sus favoritos y guardarlos en línea (de modo que uno puede usarlos desde cualquier computadora). Pero además, uno puede etiquetar sus sitios web favoritos con diferentes categorías, y también ver quién más ha marcado ese mismo sitio como favorito y qué categorías le ha puesto. El resultado es que puedo ver qué otros sitios favoritos tienen otras personas bajo las categorías que a mí me interesan, con lo cual uno termina descubriendo todo tipo de nuevas fuentes. La otra gran fuente de información es, por supuesto, …
  • Twitter. Hay muchas razones por las cuales uno podría twittear, o al menos por las que uno debería saber de qué se trata. Pero me concentro en una: Twitter es quizás la manera más rápida y efectiva de descubrir información. Uno simplemente debe dedicarse a cultivar una lista de personas a seguir que tengan más o menos los mismos intereses, y rápidamente estará descubriendo todo lo que ellos comparten con sus seguidores. Twitter ha desplazado en gran medida a muchos otros canales para compartir y descubrir información. Bonus points por utilizar un cliente Twitter de escritorio como TweetDeck, que además les permitirá organizar sus contactos en grupos, y hacerle seguimiento a términos de búsqueda en la red de Twitter (p.ej., muéstrame cada vez que aparezca un tweet que mencione la palabra “filosofía”).
  • Hacer y compartir buenas presentaciones. La clave aquí es “buenas”. Mucha gente se queja del Powerpoint, pero en verdad, mucha gente lo usa terriblemente mal (a mi humilde juicio). Así que uno debe esforzarse por preparar una buena presentación visual, diseñada como presentación visual y no sólo como una extensión del discurso o del texto escrito. Hay muchas fuentes en línea con tips sobre cómo preparar presentaciones, pero en general, reglas como no usar más de 7 palabras por diapositiva, de no utilizar viñetas ni listas largas, de nunca copiar textos ni leer directamente de la diapositiva, y de utilizar una fuerte presencia gráfica (que no sea de las imágenes predeterminadas de Office), todo ello ayuda muchísimo a preparar una mejor presentación. Bonus points: comparte tus presentaciones en línea usando un servicio como Slideshare.
  • Crear recursos digitales. Esto suena bastante genérico y lo es, y tiene también mucho que ver con manejar un blog. La idea de manejar un recurso digital es aplicar un poco de todo lo anterior para algún propósito específico. Compilar enlaces, videos, blogs, artículos, referencias bibliográficas, sobre algún tema en particular. O empezar a mantener un wiki con información sobre algo que te resulte de interés, con el tema de un curso o con información sobre un autor o un texto. El objetivo de un recurso digital es crear y mantener una capa de intermediación entre el usuario interesado y el viejo oeste que es la web: realizar el trabajo editorial de verificar y asegurar la relevancia de lo que está siendo compilado. La utilidad y los beneficios de recursos de este tipo son altísimos, y es un trabajo relativamente fácil de hacer.

Estoy dando por descontado lo básico: usar la computadora, programas básicos como el Word, el Excel o el Powerpoint, manejo de Internet, correo electrónico, mensajería instantánea, navegación en la web, uso de buscadores como Google, etc. Sí, todo esto es lo básico, y lo que es lo básico se seguirá ampliando con cosas como éstas conforme vaya pasando el tiempo.

En fin, quizás vaya ampliando la lista si se me ocurren más cosas (de hecho creo que hay varias más, como para una segunda lista) y si se les ocurre algo más que deba ir aquí, inclúyanlo en los comentarios.

Acostumbrarse a la realidad

Esto del “mundo real” no deja de ser un problema para mí. Como filósofo, sobre todo, encontrar la manera de adaptarme es por lo demás complicado. Supongo que uno se las arregla, forzosamente, para encontrar la manera de sacarle provecho a la situación.

En el otro blog/webzine que vengo editando hace un tiempo, Invasiones Bárbaras, desde hace unos días vengo publicando una serie de artículos, bajo el título de “Sobrevivir en el mundo real para dummies”. El objetivo es introducir una serie de consejos o sugerencias para desadaptados de mi misma calaña (filósofos y demás humanistas o marginados del mundo “productivo”) respecto a cómo lidiar con cosas reales como el mundo laboral, el éxito profesional y demás cuestiones a las que solemos tenerles miedo, pero que más bien deberíamos acercar a nuestro lenguaje. Aunque a veces terminan sonando a manual de autoayuda, no pretenden en ninguna medida ser algo así. Son más bien mis anotaciones sobre cómo lidiar con el mundo para tratar de darle un poco de sentido. Con un poco de suerte, quizás podrán servirle a alguien más.

Incluyo aquí los enlaces a las cuatros partes publicadas:

Comentarios bienvenidos.