El lenguaje de los nuevos medios: Presentación en la Cátedra Datos de la UBA

Los últimos días he estado sufriendo de un bloqueo terrible para escribir. Doblemente frustrante porque tenía muchísimos textos que preparar y las ideas simplemente no salían. Muy frustrante. La cosa felizmente ha ido mejorando poco a poco y hoy por fin puedo actualizar el blog después de demasiados días no de abandono, sino simplemente de bloqueo.

Esta semana me dio la excusa perfecta. La Cátedra de Procesamiento de Datos de la Universidad de Buenos Aires me invitó a realizar una presentación en una de sus clases teóricas, en la que también presentó Pablo Mancini. Esta vez presenté una versión ampliada y mejorada de las ideas que había presentado antes en las Jornadas Edupunk en Rosario, hace unas semanas. En el blog de la cátedra hay un resumen de la presentación cortesía de Germán Staricco, junto con las diapositivas que utilicé.

Pero claro, en una presentación nunca alcanza el tiempo para elaborar todos los conflictos o responder a todas las preguntas. Y hay una serie de preguntas y objeciones que han ido surgiendo en los comentarios en el blog de la Cátedra que me dan pie a elaborar algunas ideas y agregar algunos recursos adicionales.

Carlos Sanabria comentó:

Ahora me pregunto, el hackeo más grande a uno de los lugares más importantes del planeta, Wiki Leaks, ¿no perdio todo su sentido al ser brindada esa información a El País, Le Monde, The Guardian, Der Spiegel y The New York Times, 5 medios hegemónicos de europa, que son propiedad de grandes grupos económicos?

Estoy de acuerdo contigo. De hecho, aunque Wikileaks es un buen ejemplo de fenómeno emergente, como organización o movimiento me genera muchísimo – es un aparato que está demasiado centrado alrededor de un personaje problemático como es Julian Assange. Es cierto que Assange ha sido victimizado y perseguido de manera injusta, pero el tipo tampoco termina de convencer: las declaraciones de los periodistas que negociaron con él la publicación de los Wikileaks (y por los cuales tuvieron que pagar muchísimo dinero, además) han dado múltiples versiones de cómo todo esto es más sobre él que sobre los temas de fondo. Wikileaks es un buen ejemplo, pero no es el mejor ni el más interesante: es apenas uno de los primeros.

Carlos Gómez hizo la referencia al documental RIP! A Remix Manifesto y agregó:

“Lxs consumidorxs son creadorxs del arte popular del futuro. Lxs propietarixs de la cultura que remezclamos representan el pasado.
Para asegurar el libre intercambio de ideas y el futuro del arte y de la cultura se redacto este manifiesto:
1 – La cultura siempre se construyó basada en el pasado.
2 – El pasado siempre intenta controlar al futuro.
3 – Nuestro futuro se está volviendo menos libre.
4 – Para construir sociedades libres es necesario limitar el control del pasado.”

RIP!, es un peliculón y lo recomiendo totalmente. Sobre todo la música de Girl Talk. Lamentablemente no nos dio el tiempo para retroceder mucho en antecedentes históricos, pero cuando metes la lectura del “hacker” en la cultura, puedes retroceder y encontrar que casi todas las actividades culturales han consistido siempre en alguna forma de hackeo. Esto es aún más cierto mientras más te acercas a la oralidad, donde cada re-interpretación de una historia es siempre una nueva versión. La idea de que la cultura debe ser “cerrada” y limitada sólo a “los que saben”, aunque también es una constante histórica, sólo se vuelve un patrón industrial predominante en los últimos 300-400 años.

Valentina Stacco comentó:

En nuestra clase se armo un mini debate porque habia compañeros que habian notado una actitud demasiado inclinada hacia los intereses economicos, el debate fue interesante porque lo comparamos con lo expuesto por Eduardo (quien hablo de lo importante del software libre, etc)

Esta es una discusión que da para largo, muy largo, y es un tema que ha surgido en varios de los comentarios. Es cierto que nuevas tecnologías abren el espacio para la participación ciudadana, pero siguen siendo espacios mediados comercialmente y con dueño – por mucho que parezca lo contrario, Facebook no es un espacio público, y Twitter tampoco, pero nuestras actividades públicas/políticas tienen cada vez más preponderancia allí. Al mismo tiempo no son completamente privados, pues el margen de los propietarios/administradores para hacer cambios está restringido por las preferencias de los usuarios. Al mismo tiempo, estas plataformas están posibilitando un nuevo espacio económico a través del abaratamiento de costos: uno puede llegar a un público “masivo” usando estas redes con un mínimo de inversión, y tener el mismo grado de exposición que una marca trasnacional. De modo que estas plataformas también tienen un poder equilibrante de productores más chicos frente a productores más grandes que hace unos años los habrían absorbido o eclipsado. Lo importante por ahora me parece reconocer que todo esto es conflictivo, y que el mundo digital no es un mundo armónico de paz y felicidad, sino que muchas tensiones políticas y económicas recién están empezando a manifestarse.

Mariel Tellechea comentó:

Pero, por otra parte, algunas de las cosas que se dijeron me parecieron obviedades, unas y generalizaciones, otras. En los perfiles de FB o TW, así como en las interacciones en diferentes lugares y con diferentes personas, nadie muestra todas sus facetas. El hecho de tener identidades virtuales en estos medios no implica que busquemos todo el tiempo la aprobación de los otros, pongamos la mejor música o según cómo respondan nuestros “contactos/seguidores” dejemos de poner o no algo que nos interesa.

Hablar de buscar la “aprobación de los otros” puede ser ambivalente y quizás poco claro. Quizás una mejor manera de formularlo sea de buscar la validación de los otros, que tiene menos de la carga psicológica o de autoestima. Lo más importante es que este proceso, que ocurre tanto online como offline, es algo que opera a un nivel inconsciente y casi automáticamente como capacidad adquirida evolutivamente: nuestra capacidad para leer indicadores en los demás respecto a cómo es recibida nuestra propia conducta es una capacidad fundamental para nuestra vida en sociedad. Esto no quiere decir que nuestro entorno determine indefectiblemente nuestra conducta y las cosas que hacemos, pero sí que en ningún caso presentamos nuestra identidad (como lo formuló Erving Goffman) de manera aislada a un contexto social (como, más bien, lo consideraban las utopías liberales de la modernidad). De la misma manera las conductas en estos nuevos medios, cuyas gramáticas aún se encuentran mayormente en formación, se están moldeando poco a poco a partir de las reacciones y validaciones de las comunidades participantes.

Juan comentó:

Personalmente considero que la forma Broadcast de los medios no va a desaparecer, y esta versión demagógicamente democrática 2.0 será complementaria. Creo que las tres transformaciones de las que se habla al principio son muy relativas. Implican un grado de alfabetización digital que no es tal, al mismo modo que desconoce los usos reales de las tecnologías. Incluso nativos informáticos se quedan atrás.

Coincido en que la forma broadcast no desaparece, pero no en la complementariedad de lo digital. La comunicación broadcast no se mantiene tal cual una vez que aparece la tecnología digital, sino que se ve inevitablemente transformada en sus usos, significados y posibilidades: esto es lo que Henry Jenkins llama la lógica de la convergencia, donde las nuevas tecnologías reconfiguran el significado de las viejas tecnologías. De modo que lo digital tampoco puede ser reducido al lugar del mero complemeto. Respecto a las tres transformaciones, sí, pueden verse como relativas, pero eso no las hace menos interesantes ni menos significativas. El hecho de que estos patrones culturales se puedan empezar a identificar en cada vez más ámbitos de las actividades humanas sugiere, justamente, que hay un cambio de conceptos subyacentes al que hay que prestar atención. Eso hace que el tema de la alfabetización digital sea tanto más importante, justamente porque hay gente que se queda atrás. No es que esto no sea un “uso real de la tecnología” – el problema es lo contrario, que es un uso completamente real del cual muchos no pueden participar por problemas estructurales de acceso a la información. Y ése es un problema que hay que resolver.

Florencia Marano hizo mi pregunta favorita:

Otra cosa, realmente hay que hackear todo? Creo que se pueden hallar caminos alternativos dentro de un medio sin necesidad de hackear. Ni el medio me come ni yo lo como a él, creo que pueden verse posiciones de mediación dentro del mismo.

No, no creo que haya que ir por ahí hackeándolo todo o pensando que todo tiene que hackearse. Creo que es más bien la idea de que todo puede ser hackeado, todo refleja un “código” y una estructura que uno puede influenciar y, de ser necesario, transformar. Es importante resaltar que hablar de “hackear” no tiene que ser algo confrontacional o destructivo, como la interpretación popular de los hackers podría sugerir. La ética hacker, más bien, se centra en el hecho de que el mundo está lleno de problemas interesantes, y uno puede dedicarse a resolverlos – en un proceso que siempre involucra aprendizaje y colaboración. Puesto de otra manera, es una lectura tecnologizada de la idea de democracia participativa, y de creer que las estructuras de la sociedad no son “algo” allá afuera, lejos de mi influencia, sino reconocer que uno puede intervenir significativamente en los procesos sociales en los que está inmerso.

Laura Moreno comentó:

En relación a la primera parte de la clase, el hecho de que todo sea hackeable como lo planteó Eduardo Marisca puede abrirnos interrogantes. En nuestra clase práctica surgió un debate sobre cuál es el lugar que le queda a los periodistas o comunicadores dentro de este cambio de paradigma.

Es un tema abierto y que sí, justamente requiere de mucho debate. Lo importante para rescatar es que el rol de los periodistas y comunicadores ha pasado a un momento de renegociación social: si antes su lugar cumplía una función sostenida sobre una escasez de información y lo complicado de su acceso, cuando esas condiciones de escasez cambian por extensión deberíamos suponer también que ese rol y esa función cambian. La discusión se vuelve estéril y poco interesante cuando se formula desde el punto de vista de que el periodismo debería preservarse porque ha cumplido una cierta función valiosa en el pasado que no deberíamos querer perder. Aunque eso puede ser cierto, la idea de preservarlo como existe porque respondía a necesidades del pasado no es muy interesante ni tampoco muy realista: es casi una cuestión museográfica. De modo que, al menos a mí personalmente, me resultan mucho más interesantes los experimentos que están surgiendo en la periferia y en las fronteras de la actividades, que están diseñando y experimentando con nuevos modelos y reinterpretaciones de la profesión que podrían volverse predominantes en el futuro.

En fin, esto es sólo un recorrido por algunos de los comentarios que encontré y que me parecía valía la pena agregar algunas notas. Agradezco a la Cátedra de Procesamiento de Datos por la invitación a lo que fue al final una discusión bastante interesante, y que obviamente ha tenido su extensión transmediática y ha continuado aún después de la clase.

Tecnología como lenguaje

Hoy día tuve una presentación en el McLuhan Galaxy Barcelona 2011, una conferencia que va desde hoy lunes hasta el miércoles bajo el título “Understanding Media, Today”: una relectura contemporánea de la obra de Marshall McLuhan en el año del centenario de su nacimiento.

El título de mi presentación fue “Technology as a Form of Language: The Folklore of Electronic Man” (sí, la presentación está en inglés). En ella intenté elaborar la noción latente de “gramática” que se puede encontrar en McLuhan como el conjunto de protocolos sociales que norman el uso socialmente apropiado de una u otra plataforma tecnológica (e incluso la propiedad de optar por una o por otra plataforma).

Para ello también recurrí al buen Ludwig Wittgenstein y su concepto de juegos del lenguaje para describir cómo funcionan estas gramáticas internamente y cómo es que las aprendemos (es decir, cómo aprendemos a utilizar la tecnología), y Walter Benjamin para entender cómo la capacidad para ampliar los límites de las expresiones aceptadas se está ampliando con la aparición de nuevas tecnologías, así como el significado político y cultural de esta ampliación. Responder a esta ampliación requiere, entre otras cosas, que cambiemos nuestras nociones sobre lo que significa educar en el uso de nuevas tecnologías.

Si están interesados en el tema, pueden descargar el texto de la presentación aquí, que está disponible también en las actas de la conferencia que incluyen todas las demás presentaciones que se harán en estos tres días. Este texto, junto con todos los demás, están bajo una licencia Creative Commons que permite su reproducción y redistribución.

La presentación que usé esta tarde pueden encontrarla también aquí debajo (aunque por sí solas no sé cuán útiles sean):

Cualquier comentario es siempre bienvenido. Espero también compartir luego más noticias del McLuhan Galaxy Barcelona 2011, que pueden seguir en Twitter bajo el hashtag #mcluhanBCN11.

¿Quieres enterarte más de las ideas de McLuhan? Te recomiendo el e-book que compilé hace poco con algunas ideas sobre sus ideas.

Hibridación mediática

El proceso por medio del cual nuevas medios y nuevas tecnologías se suceden unas a otras es descrito por McLuhan no solamente como no lineal, sino además como un proceso conflictivo. Al fin y al cabo, lo que entra en juego con la aparición de nuevas tecnologías no es solamente la entrada en escena de un nuevo soporte o un nuevo mecanismo para reproducir un mismo tipo de contenido, sino que en la medida en que todo medio comporta a su vez una gramática, es la aparición de una nueva relación con nuestros sentidos y con la realidad misma. De manera que la aparición de un nuevo medio se nos presenta como una nueva manera de ver el mundo que no necesariamente es compatible con la que manejamos.

Cualquier invención o tecnología es una extensión o auto-amputación de nuestros cuerpos físicos, y tal extensión también exige nuevas proporciones y nuevos equilibrios entre los otros órganos y extensiones del cuerpo.

[…]

Contemplar, usar o percibir cualquier extensión de nosotros mismos en su forma tecnológica es necesariamente aceptarla. Escuchar la radio o leer la página impresa es aceptar estas extensiones de nosotros mismos en nuestro sistema personal y atravesar el “cierre” o el desplazamiento de la percepción que se sigue automáticamente. Es esa continua aceptación de nuestra propia tecnología en su uso cotidiano que nos pone en el rol de Narciso de una conciencia subliminal y un entumecimiento en relación a estas imágenes de nosotros mismos. [Traducción mía]

Quiero partir de este pasaje del capítulo 4 de Comprender los medios de comunicación para ilustrar la relación conflictiva y ambivalente que tiene el efecto de los medios de comunicación. Si tomamos en consideración, además, el determinismo tecnológico presente en McLuhan, no nos queda sino derivar una versión un tanto fatalista en la cual los individuos no tenemos otra opción más que recibir los impactos e influencias de los nuevos medios que transforman nuestra sensibilidad, y luego dedicarnos al lento proceso de adaptación y aprendizaje. Nuestra participación o voluntad en todo el proceso pasan a un segundo plano.

Hay otro aspecto que me parece aquí sumamente interesante: es el hecho de que en este pasaje McLuhan vuelve sobre la idea de que usar la tecnología no es únicamente usarla como uno usa una herramienta, como algo externo a uno. La tecnología es parte de uno, uno se instala en el ámbito de la tecnología que utiliza porque se instala en el uso de su gramática como quien habla un lenguaje. Es bajo esta perspectiva que la idea del trauma o el choque del cambio tecnológico adopta todo su sentido: cuando nos introducimos en el ámbito de una nueva gramática nos vemos obligados a traducir, a reinterpretar la realidad de manera apresurada y por ensayo y error para adquirir un mínimo de competencia en el uso de la nueva tecnología y de su nueva gramática. Al hacerlo, no podemos si no entender lo nuevo a partir de las categorías de lo viejo, lo cual nunca le hace justicia ni a lo uno ni a lo otro. Es de esta relación de donde surge la idea mcluhaniana de la energía híbrida o de la hibridación mediática, el proceso a través del cual un nuevo medio o una nueva tecnología adquieren su propio significado a partir de su relación conflictiva con las gramáticas anteriores.

La interacción entre medios es sólo otro nombre para esta “guerra civil” que tiene lugar en nuestra sociedad al mismo tiempo que en nuestras psiques. Se ha dicho que “para el ciego, todas las cosas son repentinas”. Los cruces o hibridaciones de los medios liberan una gran fuera y energía como por fisión o fusión. No tiene por qué haber ninguna ceguera en estos asuntos una vez que hemos sido informados de que hay algo que observar. [Traducción mía]

Todos los medios son formas híbridas porque el significado y el efecto de todo medio solamente puede establecerse a partir de la manera como lo interpretamos desde los medios anteriores. Así, en su infancia toda forma mediática se ve limitada a reproducir los efectos de la generación anterior: la televisión, por ejemplo, durante mucho tiempo se estructuró en función a reproducir el ámbito de la radio pero agregando el sentido visual. La web se organizó durante mucho tiempo a partir de la lógica de la imprenta, del papel y de las librerías, y no como un medio con su propio sentido de organización y comunicación. No es sino hasta después que el uso de cada medio consigue cierta independencia frente a las generaciones anteriores y empieza a adquirir sus propios usos específicos.

Esta cuestión es sumamente importante porque deja claro que toda interpretación mediática es, a su vez, mediática. Somos siempre seres introducidos en la realidad mediática de una u otra manera, y nuestro manejo gramatical, si se quiere, nos exige que manejemos de manera competente el uso de muchos medios (y de cada vez más). Pero esta misma competencia nos permite distinguir, al menos a grandes rasgos, cuando un medio es apropiado para un propósito, y cuando no. Es, por ejemplo, mal visto que uno termine una relación por chat, o por mensaje de texto. Esto porque hemos estructurado el significado de estos medios de maneras diferentes: unos son más personales, otros más rápidos, unos transmiten más, otros menos información, y así sucesivamente. Ninguno tiene intrínsecamente un uso o un valor específicos, sino que es a partir de la interacción entre diferentes gramáticas que podemos interpretar que unos sirven para ciertos propósitos, y otros para otros.

De lo cual resulta que no hay forma mediática pura, como no hay experiencia propiamente pura o que no se entienda siempre en el contexto de su propio medio y gramática. Y de lo cual resulta, también, que somos algo así como seres profundamente traumados, porque nos vemos inmersos en el juego de la hibridación todo el tiempo, con todas sus consecuencias psicológicas y sociales. O, más bien, McLuhan parece indicar que somos estos seres traumados en la medida en que no tomamos conciencia o caemos en cuenta de que estamos así inmersos: la posibilidad de reconocernos como individuos sobre los cuales se ejercen todas estas fuerzas mediáticas abrirá la posibilidad (como espero que veamos más claramente al explorar el rol del arte y del artista) a que diseñemos e implementemos los mecanismos de compensación que, cuando menos, reduzcan el trauma de las amputaciones.

El medio es el mensaje (3)

Ésta es la última, lo prometo, respecto a problemas o precisiones que se desprenden de la sentencia mcluhaniana, “el medio es el mensaje”. Primero quise precisar a qué se refería McLuhan con esto, o al menos, la manera que me parece interesante de interpretarlo: en el sentido de enfocarse en los efectos psicológicos y sociales de un medio o tecnología. Luego, eso tenía que precisarse aún más elaborando la manera como McLuhan entiende la tecnología y el cambio tecnológico.

Para cerrar esta parte, quiero introducir dos conceptos que, a pesar de que creo que se pueden encontrar en McLuhan, nunca los explicita ni los trabaja directamente. Pero me parece que son dos conceptos útiles e importantes de resaltar porque facilitan el entendimiento de muchas de sus otras ideas. Se trata de los conceptos de soporte y de gramática, que me parece pueden extrapolarse a partir de un pasaje que no se detiene sobre su mención:

El cardenal Newman dijo de Napoleón, “él entendió la gramática de la pólvora”. Napoleón también prestó algo de atención a otros medios, especialmente el telégrafo en semáforo que le dio gran ventaja sobre sus enemigos. Han quedado registros suyos diciendo que “tres periódicos hostiles son más temibles que mil bayonetas”.

Alexis de Tocqueville fue el primero en dominar la gramática de la imprenta y la tipografía. Pudo así leer el mensaje del cambio venidero en Francia y América como si leyera en voz alta de un texto que le hubiera sido entregado. De hecho, el siglo diecinueve en Francia y en América fueron un libro tan abierto para de Tocqueville porque había aprendido la gramática de la imprenta. De modo que que él, también, sabía cuando esa gramática no era aplicable. [Traducción mía]

Hay, entonces, algo que McLuhan considera que tanto Napoleón como Alexis de Tocqueville entendieron que sus contemporáneos no, o que no entendieron también, respecto al medio de la imprenta. Algo que no es estrictamente el uso del medio, es decir, a ninguno de los dos les importaba realmente cómo se disponen los tipos en una imprenta del mecanismo que sea para reproducir textos en gran volumen. Lo que McLuhan describe que entendieron es, más bien, aquello precisamente a lo que apunta cuando dice que el medio es el mensaje: entendieron las consecuencias, los efectos de los medios que estaban siendo utilizados, y por ello mismo, los cambios que estaban por ejercer en las sociedades donde estaban siendo introducidos. Por ser capaces de adelantarse a estas transformaciones, fueron entonces también capaces de explotarlas o entenderlas mejor.

Esto es lo que considero útil entender como la gramática de un medio, que suele confundirse con el soporte de un medio. El soporte nos remite al medio en su dimensión física – aunque “físico” ya no termina de describirlo. Es el aparato, el transmisor, la imprenta misma, el teléfono mismo, la computadora, o lo que fuera. Es el “algo” que hace posible la comunicación, aquello que es utilizado y que suele confundirse como aquello que agota lo que un medio es. Pensar en la televisión, por ejemplo, como el conjunto del estudio, la cámara, la consola, el transmisor, el receptor, y la pantalla, un simple circuito de distribución de contenidos.

Hablar de una gramática que se construye en torno a ese soporte, en cambio, nos habla de los efectos sociales que tiene el uso de de soporte, así como de las construcciones sociales que utilizamos para normar su uso. Esto es lo que es el mensaje de un medio: los patrones culturales, las nuevas costumbres que se introducen en un contexto a partir de su uso, que no se encuentran plenamente bajo el control de ningún individuo o usuario, pero cuyo conocimiento y manejo determinan lo que podríamos considerar la competencia en el uso de un medio o una tecnología.

Por ilustrarlo con un ejemplo más o menos cotidiano, podemos pensar en el manejo de un automóvil. Salvando algunas diferencias obvias (p.ej., timón a la derecha o timón a la izquierda), un auto se maneja más o menos igual en todas partes. Pero esto que se maneja igual es simplemente el uso del soporte. Incluso podemos ir un poco más lejos y decir que en casi todas partes, el semáforo puede significar lo mismo. Sin embargo, la gramática de manejar un auto varía significativamente en diferentes lugares. Diferentes ciudades tienen diferentes patrones de tráfico, y la necesidad de diferentes normas. El entramado social que construimos en torno al uso de un mismo soporte no es el mismo en todos los contextos.

En su libro Convergence Culture, Henry Jenkins utiliza una categorización similar inspirado en Lisa Gitelman, que me llevó a asociarlo con estas categorías tácitas en McLuhan. Jenkins señala:

Para definir a los medios, vayamos a la historiadora Lisa Gitelman, quien ofrece un modelo que funciona en dos niveles: en el primero, un medio es una tecnología que permite la comunicación; en el segundo, un medio es un conjunto de “protocolos” asociados o prácticas culturales y sociales que han crecido junto a esa tecnología. Los sistemas de distribución son simple y llanamente tecnologías; los medios son también sistemas culturales. Las tecnologías de distribución [delivery technologies] van y vienen todo el tiempo, pero los medios persisten como capas dentro de un aún más complicados estratos de información y entretenimiento. [Convergence Culture, pp. 13-14. Traducción mía]

Entonces, me parece que estas categorías son útiles por lo siguiente. Primero, apuntan a que la comprensión de un medio de comunicación o de una tecnología pasa no solamente por saber cómo se usa, el conocimiento estrictamente técnico, sino también por el entendimiento de la manera como un medio ejerce efectos y transformaciones sobre la sociedad. Pero, un medio no puede nunca reducirse plenamente ni a lo uno ni a lo otro: aunque distinguir estos dos aspectos es analíticamente útil, son dimensiones indisociables de una misma realidad social, la manera como es utilizado un medio de comunicación.

Segundo, y aquí hay una dimensión que exploraré más en detalle más adelante, porque la idea de hablar de una “gramática” (o, muy similarmente, de un “protocolo”) ilustra enormemente lo que ocurre cuando aprendemos a utilizar un medio o una tecnología y todo lo que ello implica, así como las diferentes interacciones que ocurren en la relación entre diferentes medios: no es solamente la interacción entre diferentes soportes, sino también entre diferentes gramáticas, diferentes maneras de relacionarse con el mundo. De modo que estas interacciones, en estos términos, pueden describirse en una complejidad más comprehensiva que entendiéndolas solamente como una acumulación lineal de nuevas tecnologías.