El último post de El Morsa sobre la mal llamada “ordenanza gay” me dejó pensando sobre la precaria condición del liberalismo en el Perú. Salvo muy contadas y rescatables excepciones, lo que se suele entender por liberalismo en el Perú enarbola a personajes inefables como Aldo Mariátegui, fuerzas políticas conservadoras como el Partido Popular Cristiano y principalmente organizaciones e individuos alineados con la derecha económica: el liberalismo en el Perú es confundido con la doctrina económica del laissez faire, del “dejar hacer”, como si fueran idénticos y lo mismo, y ese definitivamente no es el caso. La libertad económica y no intervención del Estado se vuelve el único punto de la agenda liberal, cuando en verdad el tema es bastante más complicado e interesante. Personalmente me identifico con muchísimas de las ideas del liberalismo (tanto político como económico), y creo además que históricamente muchas de sus premisas son ya inescapables: es decir, cualquier planteamiento político contemporáneo no puedo retroceder antes de ellas, o intentar ignorarlas, sino simplemente buscar cómo incorporarlas armoniosamente.
De modo que quiero repasar, muy por encima, algunas de las que me parecen las ideas y los antecedentes centrales del liberalismo, con la esperanza de que si estos antecedentes se difunden un poco más, podamos efectivamente tener discusiones más saludables y productivas con frentes liberales. Intentar resumir 400 años de teoría política sólo puede generar una gran cantidad de errores, imprecisiones y omisiones, así que invito a cualquiera que quiera ampliar la discusión a escribir sus propios posts para empezar a extender una “campaña por un mejor liberalismo”.
El origen
El liberalismo tiene como elemento fundante el individuo. Esto es importantísimo, y ante cualquier duda, vuelvan sobre este principio básico y dirimente de cualquier discusión. El liberalismo busca ante todo preservar la libertad del individuo y garantizarlo las condiciones en las cuales pueda tomar sus propias decisiones. Los orígenes del pensamiento liberal retroceden a las guerras religiosas en Europa, cuando era ampliamente aceptado que la religión de un monarca era, por extensión, la religión de sus súbditos: si el rey se convertía al protestantismo, todo el pueblo se volvía protestante, y cuando venía un católico, lo mataba y lo reemplazaba, todo el pueblo se convertía de nuevo. No había, por tanto, tal cosa como libertad de credo, o lo que es lo mismo, no había libertad de opinión: lo que se determinaba públicamente normaba sobre lo que los individuos hacían en sus propias casas, o incluso lo que pensaban en sus propias cabezas.
Frente a esto empiezan a surgir las ideas que consideran que el individuo debería estar no sólo protegido de esto (que es la concepción de Thomas Hobbes, un monarca absoluto que con su absoluto poder se dedica a protegernos unos de otros, para que cada uno pueda hacer su vida), sino que, incluso, uno debería tener garantizados ciertos derechos básicos, mínimos. El Estado, el monarca, el gobierno, no deberían estar legitimados para robarme o atropellarme estos derechos, y deberían dejarme vivir mi vida como a mí mejor me convenga. Es la misma época en que Lutero le empieza a decir a los católicos que pueden liberarse de Roma y tener una relación personal con Dios, que Gutenberg empieza a imprimir libros que uno puede leer sólo y en silencio, y que Descartes empieza a pensar que la búsqueda de la verdad científica parte de la certeza de mi propia existencia, de mi única consciencia individual.
El individuo es, por tanto, la base fundacional del liberalismo, y es un individuo provisto de ciertos derechos usualmente otorgados por ley natural – osea, porque sí. La libertad es, entonces, uno de esos derechos: tengo derecho a tomar mis propias decisiones y formar mis propias opiniones sin que ningún Estado o ningún otro individuo quieran forzarme las suyas, y tengo estos derechos por el simple hecho de haber nacido. Por lo mismo, tengo también un derecho natural a la vida y la integridad, porque si puedo pensar lo que quiera pero otros pueden matarme porque pienso distinto, mi libertad no sirve de mucho.
Esta base se completa con el derecho a la propiedad, que ya es un poco más complicado, o menos obvio: para asegurarme los medios que garanticen mi integridad, y salvaguardar mi libertad, tengo que poder garantizar mi propio sustento. Ese sustento lo gano con el producto de mi trabajo, a través del cual mi voluntad libre es objetivada en el mundo que me rodea: si cultivo la tierra, al yo invertir mi trabajo adquiero derechos sobre lo que la tierra produzca. Por tanto, debo tener garantizado un derecho a la propiedad sobre los objetos y productos de mi trabajo. He aquí el origen del concepto moderno de propiedad privada, que con más o menos cambios llega hasta nuestros días.
En el siglo XVII, un grupo de colonos ingleses huyeron de las guerras religiosas en busca de un lugar donde poder tener su religión en paz, sin estar a merced de lo que la corona inglesa crea o no crea o quiera dejar creer. Desembarcaron en América del Norte y en los próximos 200 años empezaron a construir el experimento liberal más grande de todos, lo que terminó siendo los Estados Unidos de América. Precisamente, los colonos que llegaban migraban por la guerra y a menudo estaban familiarizados con el discurso liberal temprano, lo cual contribuyó significativamente a su causa independentista: la idea que motivó el Boston Tea Party (que, por favor, no guarda ninguna conexión con el “Tea Party” del que se escucha hoy) era la de “no taxation without representation”: el rechazo a que se cobre impuestos a los colonos sin que se les diera a cambio representación en las decisiones de gobierno de las colonias. Si nos ponemos excesivamente formales (y repito, excesivamente), un impuesto vulnera mis libertades básicas en tanto me coacciona a ceder parte de mi propiedad privada más allá de mi voluntad (el impuesto se cobra, así yo esté de acuerdo con él o no). Cuando menos, la idea de que mi libertad puede continuar siendo ejercida a través de mis impuestos, por ejemplo a través de la representación política, puede amortiguar esta vulneración, pero los colonos no tenían acceso a representación.
Como consecuencia de la guerra de independencia americana, fundaron una nueva nación cuya declaración de independencia dice casi al principio:
We hold these truths to be self-evident, that all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness.
El derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad individual (cercanamente asociado a la propiedad) se convirtieron así en los pilares fundamentales de un nuevo diseño institucional, cuyas decisiones hasta el día de hoy refieren de vuelta a estos principios. Cada vez que una decisión política estadounidense hace referencia a los “founding fathers”, es a estos principios y a estas discusiones tempranas a las que se refieren.
Lo privado y lo público
Hasta ahí todo bien. En resumen, el liberalismo es una doctrina política según la cual el individuo debe tener garantizada la libertad de formular sus propias decisiones y hacer su propia vida. Nadie puede dictarle qué hacer o cómo hacerlo. Pero ocurre que, inevitablemente, la libertad de un individuo chocará en algún momento con la de otro y surgirán conflictos. Para mediar esos conflictos y garantizar la preservación de sus derechos, los individuos, de mutuo acuerdo, forman un Estado. La función del Estado, por tanto, emerge de la voluntad de los individuos, y consiste principalmente en la resolución de los conflictos de los intereses particulares. Para el liberalismo, el Estado no debe tener sus propios intereses.
Así es como en el liberalismo surge la separación entre lo privado y lo público. Mis derechos me garantizan las condiciones de vivir mi vida privada y particular como a mi mejor me parezca, siempre y cuando eso no atente ni infrinja la integridad, la libertad o la propiedad de los demás individuos. Cada uno hace por sí solo lo que quiera, hasta que, por alguna razón, choquemos, y en ese caso vamos donde el Estado para que resuelva nuestro conflicto (porque ninguno de nosotros puede individualmente hacerlo). Es necesario, entonces, para que el Estado pueda ser garante de mis derechos, que no se adhiera a ninguno de los intereses particulares de las personas que representa. El Estado debe ser neutro. En el experimento liberal de los EEUU, esto se cristalizó en la separación entre la Iglesia y el Estado (recuerden aquí el trasfondo original de las guerras religiosas): para garantizar que los ciudadanos son libres de creer en lo que les dé la gana, el Estado no puede favorecer a ninguna creencia sobre otra. Esto se formalizó en la primera enmienda al constitución estadounidense:
Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances.
El liberalismo, por tanto, es minimalista frente al Estado: la formulación misma de la enmienda, por ejemplo, es mínima. No es un tratado ni una ley con múltiples artículos. Esto es porque cualquier individuo debería ser capaz de entender la ley que norma su propia vida, y capaz de suscribirla. Y es, también, porque toda ley es vista como un mal necesario, como un obstáculo a la libertad individual: por tanto, debe haber la menor cantidad de leyes posibles. Y todo lo que no esté regulado está, obviamente, permitido. Cada vez que el Estado crece, la libertad del individuo se reduce.
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Quiero seguir, pero ya van como 1600 palabras y todavía siento que hay mucho por decir. Esta descripción claramente está incompleta aún, así que en un siguiente post me gustaría ver:
- Cómo todo esto se relaciona con el liberalismo económico
- El problema de garantizar la igualdad de condiciones para los individuos
- El problema de la relación entre el Estado y el ciudadano
- El neoliberalismo, el libertarianismo y el liberalismo en el Perú
Y en fin, alguna cosa más si se me ocurre. Pero creo que por aquí hay bastante para comenzar.


