Los blogs y la subversión de la academia

Mucho se ha dicho en una serie de blogs vinculados a la ontología orientada a objetos sobre la relación entre las publicaciones académicas y los nuevos formatos disponibles a los autores como los blogs. Son muchas fuentes y prefiero dirigirlos al buen resumen de la discusión que ha hecho Daniel Luna, capturando la diversidad de perspectivas y metiendo su cuchara.

Recojo la conclusión de Daniel:

Bueno, ¿qué podemos decir después de todo este recorrido? Simplemente que la academia y la blogósfera no tienen que ser enemigos. No tiene que haber antagonismo y polarización entre lo “serio” y lo “superficial”. Ambos medios, y muchos más, pueden servirnos para desarrollar una mejor producción intelectual. Ambos espacios pueden enriquecerse y no debe pretenderse que uno logrará acabar con el otro. En nuestro medio local, publicar es difícil por recursos y creo que si los estudiantes que tienen intereses académicos empiezan a escribir desde temprano podrán ir desarrollando mejor sus ideas, su manera de escribir, sus habilidades para discutir por escrito y quién sabe, quizá hasta ir desarrollando los Grundrisse para una tesis, trabajos, ensayos, ponencias o artículos. Creo que bloggear sería un complemento excelente para un futuro académico que recién es estudiante y se encuentra en sus primeros años. Quizá en el futuro sea algo tan recomendable como aprender más idiomas (¿qué es un medio sino otro tipo de lenguaje?).

Creo, sin embargo, que el antagonismo en este momento es un tanto inevitable, y es hasta un poco deseable. Con el tiempo, sí, a medidas que cada medio/formato encuentre su propia, nueva delimitación, entonces sí la relación podrá ser algo más pacífico. Pero sí me parece que la publicación en blogs está cumpliendo una función sumamente necesaria: está subvirtiendo el orden conocido de las publicaciones académicas, está siendo una fuente de profunda incomodidad.

Entonces, a todo esto, algunos comentarios:

1. Creo que algo que recoge Daniel y otros de los comentaristas que cita es que los blogs en la frontera de lo académico están subvirtiendo relaciones de poder en torno a lo académico. Hace unos años, era impensable que un alumno sin títulos nobiliarios pudiera volverse más conocido y popular respecto a un tema que sus profesores. Ahora es algo relativamente común. Como señala Daniel en su conclusión, en realidad NO bloggear es una muy mala idea para un académico joven que esté tratando de hacerse un nombre y encontrar su espacio. Por lo mismo, uno ya no está obligado a recorrer el mismo proceso tradicional de “ganarse su derecho de piso”. Esto me parece saludable.

2. Creo que obviamente, al menos dentro de la filosofía, esto lleva a pensar en nuevas formas de filosofar. No es pues, lo mismo, trazar reflexiones en función al ciclo de publicaciones de los journals impresos, con sus procesos de verificación y edición, que lo es a partir de discusiones bloggeras. Emerge así una forma de pensar sobre la marcha, ni mejor ni peor, pero que sí debemos hacer el esfuerzo por ver cómo, a partir de eso, podemos derivar formas de capturar momentos del discurso. Snapshots. Pero nuestra aproximación cambia así como el medio es el mensaje.

3. En esa misma dirección me parece interesantísimo el desafío que plantea Ian Bogost a partir de esta discusión.

For a while now, I’ve been advancing the philosophical construction of artifacts, a practice I’ve given the name carpentry. Taking up that philosophical hobby horse, I wonder what a writing and discussion system would look like if it were designed more deliberately for the sorts of complex, ongoing, often heated conversation that now takes place poorly on blogs. This is a question that might apply to subjects far beyond philosophy, of course, but perhaps the philosopher’s native tools would have special properties, features of particular use and native purpose. What if we asked how we want to read and write rather than just making the best of the media we randomly inherit, whether from the nineteenth century or the twenty-first?

En lugar de pensar cómo nuestros medios configuran nuestra experiencia de la escritura, podemos también pensar a la inversa, cómo podemos diseñar un medio que se configure en función a lo que nos gustaría de la escritura.

4. Estoy pensando sobre esto último bastante, en función a este mismo espacio. Siguiendo a Daniel, los posts en este blog son un flujo continuo de Grundrisse, de anotaciones y anotaciones que fluyen y van formando ideas. Pero ocasionalmente también pueden capturarse estas notas, tomar un snapshot, y formar un producto más elaborado: es lo que he intentado hacer con el experimento del e-book sobre McLuhan y otros proyectos similares que a partir de esto se me han ocurrido. El blog, o más allá y alrededor del blog, se puede fácilmente construir esta estructura: un flujo de notas, a partir del cual se tiene la materia prima para otros tipos de productos (papers, ensayos, libros incluso, videos, lo que fuera). El blog como laboratorio filosófico, del cual, efectivamente, progresivamente van saliendo prototipos, productos. Bonita idea.

Cada 27 de noviembre

El 27 de noviembre es una fecha especial para mí, que tengo marcada en el calendario. Es el día en que Castor Ex Machina cumple años. Y es particularmente especial porque de una u otra manera e ido pensando aquí. Mis ideas de los últimos ya tres años están puestas aquí con mayor o menor complejidad y claridad. Así que celebrar el aniversario de este blog siempre es una cuestión de sentimientos encontrados, de ver atrás pero también de ver hacia adelante y ahora pasarse un poco de vueltas porque son tres años tres.

Siempre recomiendo a todo el mundo que bloggee. Aunque no sea por una cuestión de construir una gran audiencia, aunque no sea por decir muchas cosas, simplemente porque el proceso de poner las ideas en posts, e intentar refinarlas con el tiempo, es un buen proceso para esclarecer ideas, encontrar conexiones, y demás. Por eso luego, en fechas simbólicas como ésta es interesante volver sobre los archivos para encontrar qué pensaba antes… cómo se relaciona con lo de ahora…

En fin. Ésta es nada más una pequeña nota para eso. Para contar que CxM tiene hoy tres años, que es alucinante que los tenga, y que empiezen a bloggear, todos, right now.

(re)Cursos

Este semestre estoy dictando dos cursos que puede que le resulten interesantes a las almas que deambulan por aquí. Especialmente, porque en ambos estoy haciendo un esfuerzo por construir recursos de información paralelos la curso en la web, que terminan siendo un recurso para mí también para seguir trabajando en el futuro.

En la UPC estoy dictando un curso de Sociología de la Comunicación, es decir, básicamente analizar y mapear los cambios sociales que han venido de la mano con el desarrollo de los medios de comunicación, especialmente en el último siglo. Como es comprensible, con un énfasis particular en el cambio de mentalidad que significa el paso hacia una sociedad informacional (como preferiría llamarla Castells) y la manera como ese tránsito nos está obligando a reconceptuar una serie de categorías que hemos solido interpretar de manera casi natural. El curso pretende ser un ejercicio histórico y comparativo, además de que pretende también formular un marco teórico medianamente sólido para poder tener una perspectiva del cambio mediático, el cambio tecnológico y el cambio social que resulte un poco menos ingenua. Lo chévere es que para este curso estoy armando un wiki con las notas de cada sesión, vinculándolas con los textos, agregando recursos como videos, enlaces, bibliografía complementaria, y además utilizándolo como el canal oficial para toda la información vinculada al curso. Es un trabajo bastante interesante de curación de la información que termina, además, dejando un recurso reusable que se va completando y perfeccionando con el tiempo (de hecho, lo vengo ampliando desde que dicté el curso el semestre anterior).

En la PUCP, estoy como jefe de prácticas del curso de Temas de Filosofía Moderna de Víctor Krebs. Con Víctor y el equipo de JPs (Daniel Luna y Raúl Zegarra) hemos rediseñado el curso que ya habíamos dictado hace un tiempo, renovando las lecturas e introduciendo varios autores que antes no habíamos tenido oportunidad de explorar en tanto detalle (autores como Pascal, Hobbes, Rousseau, Locke, por ejemplo) que se suman a los autores que trabajábamos antes, pero que ahora estamos intentando renovar un poco (Descartes, Kant, Marx, Kierkegaard, Nietzsche). El enfoque que queremos darle al curso, además, es intentando no sólo aproximarnos a los problemas, autores, y textos, entendiéndolos en su contexto, pero tratando también de entender cómo esos problemas se reflejan en nuestras construcciones culturales de la actualidad o en problemas que siguen abiertos en la contemporaneidad. Y, la herramienta que estamos usando en este caso es un blog del curso, que utilizamos no sólo para circular información metodológica sino también para ampliar y complementar lo que vamos discutiendo en las clases y las prácticas. Es como un anexo donde agregar más información, complementar con ejemplos y otros recursos, y donde se puede, además, ir armando una conversación permanente con los alumnos interesados. El último fin de semana, por ejemplo, colgué un post sobre el experimento conceptual del cerebro en la batea y la relación que tiene con el argumento cartesiano sobre la existencia de la realidad sensible.

Todo esto es, por supuesto, trabajo en progreso y muy experimental, viendo qué tal funciona el asunto. Pero quizás estos recursos le sean de interés a alguien. Es interesante, además, de que no se necesita ningún tipo de gran infraestructura para habilitar nada parecido – básicamente, cualquier interesado en armar algo así para un curso puede encontrar herramientas perfectamente funcionales y sencillas de usar en la web. Y, además, gratuitas: para el wiki, utilizo PBWorks que me funciona bastante bien (y es más sencillo de usar que MediaWiki), y para el blog utilizamos WordPress.com. Así que es muy fácil replicar experimentos similares.

Blog Day (back on track)

Me tomo unos días libres y al volver es sorprendente lo difícil que es recuperar el ritmo de actualizar el, o los, blog(s). Así que se me ocurrió que empezaría por algo fácil, y ya que empiezo a ver por todos lados que la gente recomienda sus cinco blogs por el BlogDay, se me ocurrió empezar por ahí. Cinco cosas interesantes que recomiendo para aquellos interesados en los temas del blog, ninguno de los cuales, estoy seguro, resultará una sorpresa.

1. El blog de Henry Jenkins. Ex-director del programa de Comparative Media Studies en MIT (mi posgrado soñado), ahora se ha movido a la University of Southern California. Jenkins ha sido llamado algo así como el “nuevo McLuhan”, y sus reflexiones sobre medios de comunicación y el impacto cultural de nuevas tecnologías están entre lo menos ingenuo y lo más refrescante que se puede encontrar en la academia. Esperen largos posts repletos de ejemplos oscuros tomados de la cultura popular.

2. Adaptive Path. Consultora de diseño en San Francisco, Adaptive Path lleva el concepto del diseño un paso más allá, al diseño mismo de la experiencia. En su blog, experimentan con conceptos y comentan experimentos conceptuales en el uso del diseño y productos cotidianos que realmente vale la pena tener en consideración.

3. Sleeping alone and starting out early. Blog de Jenna McWilliams, antes del Project New Media Literacies en MIT, ahora se ha mudado a estudiar un doctorado en educación en la universidad de Indiana. Ideas contraintuitivas respecto a los nuevos medios y la manera como están transformando la educación, que son más que bienvenidas.

4. El regreso de La Buena Onda. La ex-batería fina reaparece después de tomarse un break con un poco de todo en el espectro circular entre la filosofía y la curiosidad.

5. La paloma coja. Fotolog supreme.

A pesar de tener como 200 suscripciones, me ha costado tanto hacer esta lista que siento que tengo que leer más blogs. Soy un information junkie total.

Actualizando el blogroll

Me di cuenta de que los enlaces de mi blogroll (en la barra de la izquierda) estaban recontra desactualizados. Examiné un poco mis “trends” en el GReader para ver qué cosas leo más y qué blogs considero que valen la pena recomendar. Hay muchos más y múltiples criterios, claro, pero he hecho una pequeña selección de aquellos que van con los temas de este blog o aquellos que simplemente van.

De todas maneras, la unidad “blog” puede ser demasiado en algunos casos. Hay varios posts de varios blogs que a menudo valen la pena leerse, así que si por alguna razón les interesan más recomendaciones de lectura, pueden suscribirse al feed RSS de mis elementos compartidos en Google Reader. Espero que valga la pena.

Qué podría significar una nueva forma de periodismo

Ahora, después de haber considerado (1) que el periodismo y las organizaciones que lo han albergado hasta ahora no son lo mismo, y (2) que el influjo del periodismo ciudadano presenta un desafío de importancia al periodismo para recuperar su especificidad, quiero volver al artículo de Brian Solís que dio inicio a toda esta discusión. Y con ello, volver a otra de las preguntas centrales: entonces, ¿cómo se puede re-configurar el periodismo para funcionar en el nuevo ecosistema mediático?

Creo que lo que digo es que en un momento cuando los caminos tradicionales hacia carreras en el periodismo están siendo cuestionados, periodistas excepcionales pueden crear su propio destino. Su futuro está en sus libretas de notas (o en sus laptops), listo para escapar del papel al mundo en línea y al mundo real.

(…) Personalidad, motivación, determinación, y la habilidad para aceptar el riesgo y lanzarse hacia territorios desconocidos e impredecibles es la única manera de empujar el cambio e influir en la dirección de las aventuras profesionales. [Traducción mía]

De acuerdo, quizás hasta ahí la cosa no queda demasiado clara, pero el asunto mejora.

La hipótesis central de Solís en este sentido es que aunque las organizaciones de noticias pueden colapsar, lo que no desaparecerá aún en tiempos de crisis es la demanda por parte de lectores de contenidos interesantes y de calidad, con los cuales puedan vincularse personalmente. De esto se sigue que, en la medida en que los periodistas consigan conectar con esta demanda, podrán generar emprendimientos noticiosos/informativos que reconstruyan el panorama de la oferta mediática más allá de instituciones colapsadas como los periódicos. Creo que en este punto Solís pone demasiado énfasis en el peso del contenido por sí solo -como si tradujera la lógica de la palabra impresa y la traspusiera al medio digital- pero plantea suficientes puntos interesantes como para seguir el hilo de su argumento.

Entonces, siguiendo este hilo, lo que es posible que encontremos es que existen alternativas profesionales en el futuro periodístico para aquellos periodistas (y uso aquí el término en sentido amplio) que mejor consigan engancharse con un público: para los que consigan conectar de un modo personal mucho más cercano con sus lectores o con su audiencia de tal manera que consigan articular lo que Seth Godin llamaría una “tribu”:

Es suficiente si la tribu que lideras te conoce y le importas y quiere seguirte. Es suficiente si tu liderazgo cambia cosas, sorprende a la audiencia y pone al status quo bajo presión. Y es suficiente si el liderazgo que brindas hace una diferencia.

Recorre la lista de historia de éxito en línea. Los grandes ganadores son organizaciones que brindan a tribus de gente una plataforma para conectarse. [Traducción mía]

El problema es, claro, que los periodistas tradicionalmente no están formados, acostumbrados, ni realmente buscan/esperan/quieren tener que liderar ningún tipo de tribu. El periodismo profesional entendido tradicionalmente cumple una función bastante lineal: recoger información, procesar información, transmitir información. Todas las funciones accesorias o periféricas corresponden a otras personas dentro de la organización. Pero, un momento. La organización ya no existe, o está en vías de colapso. Por lo tanto, las funciones mismas que cumple el periodista tendrán que ampliarse también: ya no se trata simplemente de crear el filtro de información entre los que saben y los que no (algo que hemos visto, además, ya no es exclusividad del periodista), sino que el verdadero valor del periodista recaerá más en su capacidad de crear una conexión con el público, y entre el público mismo.

¿Qué quiere decir esto, y con qué se come? Por un lado, que el periodismo reconfigurado requiere de un conjunto de nuevas habilidades propiamente “periodísticas”. Eso, me parece, está ya mejor cubierto en otro lado. La novedad que creo se puede introducir en este punto con Solís concierne más bien a este nuevo rol abstracto de articulador que compete a los periodistas detrás de estas nuevas iniciativas periodísticas, un rol de articulación que, me parece, involucra tres competencias diferentes pero profundamente vinculadas entre sí: (1) la capacidad para construir un efectivo branding personal, (2) la capacidad para articular de manera auténtica una comunidad, y (3) la capacidad para llevar adelante algo-así-como una empresa unipersonal (o casi unipersonal).

Lo que esto quiere decir es muy simple: lo primero es que, en la crisis, los periodistas tienen también que aprender a ser emprendedores y a generarse sus propias alternativas. Esto no es nuevo, porque lo mismo o algo muy similar podría decirse de casi cualquier otra actividad económica en estos tiempos. Y sí, es cierto, y hay que admitir, que quizás ésta no sea una solución adecuada para cualquier persona por diferentes razones, pero mi argumento aquí más que una columna de autoayuda es que ésta podría ser la forma de iniciativas periodísticas en el futuro cercano. Dentro de estos nuevos emprendimientos, el valor principal se ve derivado de la narrativa que el periodista sea capaz de articular: el contenido, la historia, la consistencia, el núcleo en torno al cual se construye todo lo demás. De nuevo, quizás no se trate necesariamente de historias que resalten por su objetividad, por su neutralidad, sino que quizás sean justamente lo contrario: historias auténticas que no tengan miedo de tomar partido abiertamente (no por eso volverse fundamentalistas) y de esa manera conectar de una manera mucho más cercana con su público objetivo. Paul Swider tiene un buen comentario en este sentido sobre por qué esto es valioso:

Las organizaciones de noticias podrían y deberían estar a la vanguardia de esto [llevar a los ciudadanos de discutir a resolver problemas] porque trae contexto a la experiencia del usuario, lo cual moviliza audiencias que es lo que hará que la gente quiera pagar, por cualquier medio. La primera organización de noticias que ayude a la gente a dar un significado real y sobre el que se pueda actuar a la avalancha de información en sus vidas tendrá una ventaja sobre un éxito de negocios clave. Pero para hacer eso, la organización debe deshacerse de “los dos lados” y la falsa objetividad. El HuffPost consiguió esta última parte y puede que esté en camino a la siguiente. [Traducción mía]

Swider hace una mención al HuffPost que me resulta relevante porque el HuffPost, que no pretende esgrimir ningún tipo de objetividad en ningún momento, está ahora también abriéndose camino dentro del periodismo de investigación, el tradicional bastión de las organizaciones de noticias tradicionales y uno de los principales argumentos detrás de la defensa de los periódicos como instituciones de la democracia. Las premisas no son irreconciliables: el periodismo de investigación bien puede estar comprometido con objetivos o alineaciones específicas, y esto no tendría por qué ser problemático mientras se tenga transparentemente para todos cuáles son estos objetivos y alineaciones. De nuevo, preservar la objetividad como algo a lo que aferrarse no es una premisa del todo útil, porque sigue pareciéndome que sólo nos engañamos a nosotros mismos, cuando sería mucho más beneficioso para la sociedad enfocarnos en fortalecer las capacidades de los consumidores de información.

Si la capacidad de articular un branding personal, una cierta narrativa que sea capaz de movilizar a una audiencia a involucrarse con un tema en particular, el segundo componente es el valor agregado: si la idea es vincular, conectar a la audiencia y movilizarlos, entonces hay que brindarles también la plataforma a través de la cual estas conexiones tendrán lugar. Porque los usuarios, los lectores, los consumidores, primero que nada, ya no son simples consumidores, y segundo, en el mundo en línea, cada vez más los usuarios distribuyen su tiempo a través de una variedad de servicios y espacios. Para llamar su atención, y más importante aún, para conectar con ellos, hay que estar donde ellos están y brindarles todos los medios posibles para que ellos mismos puedan interactuar con las historias y con las personas detrás de ellas.

Éste es un aspecto importante porque es aquí donde la cosa empieza a diversificarse, y la función del periodista a ampliarse más allá del rol de producción de contenido al de promoción, al de vinculación, al de articulación de comunidades. Pero es importante entender que esto mismo es parte de la lógica propia de los nuevos medios, y de la articulación de lo que se llaman “narrativas transmediáticas“: que una historia no se desarrolla ya en un solo medio, sino que traza un camino a través de una serie de medios, formatos y lenguajes, a través de los cuales la historia es apropiada y transformada. Los medios digitales y tradicionales forman una continuidad a través de la cual los contenidos se desplazan, reconfigurándose en el camino. En esta continuidad es que tienen lugar conversaciones dentro de la cuales las historias se introducen y se reproducen en las manos de los lectores, o como lo pone Solís, la comunidad que debe articular el periodista:

Es la supervivencia del más fuerte determinada por aquello en lo que te afirmas y cuán hambriento estás por construir y mantener una comunidad en torno a ti y tu trabajo. Lo que tiene lugar ahora es una increíble oportunidad para que los buenos periodistas humanicen sus historias y proyecten hacia afuera una extensión de sus personas para conectarse con lectores existentes y potenciales en el punto de apertura de su atención, la ventana de oportunidad para conectarse con alguien en sus propios términos y en su propio tiempo. Y no es diferentes de las tácticas usadas por bloggers innovadores, emprendedores y determinados que aspiran a crear una congregación en torno a su perspectiva. [Traducción mía]

El tercer componente -el de la empresa unipersonal- viene del hecho de que no se necesitan grandes recursos para montar una operación de este tipo. Es, incluso, algo que una sola persona puede llevar a cabo por sí solo hasta coger la tracción suficiente como para necesitar y poder contar con manos adicionales. Lo importante de este componente, sin embargo, es que implica la importante toma de conciencia de que el papel del periodista, desde esta perspectiva, termina incorporando también funciones administrativas y de soporte que previamente pueden no haber sido de su competencia o interés. Algunos están más dispuestos que otros a involucrarse en este sentido. Pero indudablemente, las condiciones del sector en la actualidad probablemente empujen con mayor fuerza a ver las cosas con apertura y a considerar todas las alternativas para poder generar oportunidades y diversificar el espectro de enclaves mediáticos existentes en nuestro ecosistema. La posibilidad abstracta y abstrusa que aquí está esbozada no es la única -algunos otros modelos posibles e interesantes he mencionado antes- para la supervivencia y reconfiguración del periodismo, pero sí es una perspectiva interesante del tipo de transformaciones que podemos esperar.

Ahora que he hablado más de una vez del tema del ecosistema mediático, quizás sería un buen momento para regresar sobre esa idea y elaborarla un poco más. Y, sobre todo, qué espacio en ese ecosistema ocupan diferentes roles -periodistas, organizaciones, ciudadanos, y demás-.

El problema de hablar de periodismo ciudadano

Una saludable dosis de escepticismo me vino de parte del Morsa hace unos días en una nota a su viernes digital:

Nota: ¿No cansa ya ese término de “periodismo ciudadano” o “periodismo digital”? Es simplemente periodismo con otros medios (a mi gusto, más estremecedores y potentes). Pablo Mancini Rodrigo Orihuela en un post reciente va por el mismo sentido: “El periodismo es periodismo y punto. Mejor hablar de cobertura digital de las noticias, y lo que se necesita ahí a corto, mediano o largo plazo es dejar de ser un añadido del papel que sirve sólo para el último momento.”

¿De qué estamos hablando cuando decimos “periodismo ciudadano”? Primero intenté establecer que el colapso de las organizaciones de noticias no era lo mismo que el del periodismo, pero eso no quita que el periodismo mismo esté bajo transformación, en particular por el incremento de la participación de los “ciudadanos de a pie” en este espacio. La nota me hizo pensarlo un poco más. El principal problema que yo encuentro, en general, con la categoría de “periodismo”, es esta barrera divisoria que existe entre los que saben y los que no. Los que tienen acceso al conocimiento del arte del periodista, legitimados para informar y comunicar los devenires diarios de este nuestro mundo, y los demás, que por lo tanto nos vemos automáticamente asignados al espacio del consumidor de información. Si queremos podemos conversar de las noticias en nuestro foro privado, con nuestras familias y amigos; podemos incluso enviar una carta al editor, el cual, si lo considera pertinente, la imprimirá con el diario. En un mundo donde los nodos transmisores son pocos, esto tiene sentido: cuando el espectro radiofónico es limitado, cuando no cualquiera puede implementar una prensa de árboles muertos, entonces tiene sentido que especialicemos a un grupo de gente para que maneje más adeptamente la tarea de sintetizar, sistematizar y transmitir la información de una manera efectiva.

Cuando estas restricciones técnicas desaparecen, sin embargo, la distinción deja de ser tan clara. ¿Por qué, entonces, si ahora cualquiera puede publicar, tiene sentido que sigamos distinguiendo a unos como “periodistas” frente a los demás? Sobre todo ahora que ya no somos, por defecto, simplemente consumidores de información. La primera respuesta que suele venir en este punto es que los periodistas son aquellos que reciben formación en el tratamiento y el manejo de la información: buscar fuentes, cruzarlas, corroborarlas, guiarse por ciertos criterios de objetividad, de veracidad, y en los casos más extremos, por tal cosa como que el periodismo busca la verdad. Y, por supuesto, la única manera, en principio, de acceder a este conocimiento, es siendo formado dentro del periodismo. Pero esta limitación es triplemente cuestionable: es cuestionable, en primer lugar, porque aunque es un bonito wishful thinking, no necesariamente refleja la práctica efectiva del periodismo cotidianamente -bien puede ser lo que muchos hagan, y les agradezco el hacerlo enormemente, pero no pareciera ser la práctica generalizada-. En segundo lugar, es cuestionable porque quizás ya no sea éste el tipo de información del que derivamos valor: información objetiva y veraz en la cual ya no sentimos que podamos realmente confiar como tal. En tercer lugar, es cuestionable porque los mismos criterios de objetividad y veracidad son, epistemológicamente, bastante menos claros hoy día de lo que lo fuerona hace 150 años cuando estos cánones empezaron a cobrar forma.

La categoría de periodismo se vuelve así una categoría bastante difusa: porque su especificidad no está del todo definida, y porque lo que antes la hacía especial, en la explosión mediática de la era digital, se vuelve algo accesible casi a cualquiera.  Y surge allí la figura del “periodismo ciudadano”, junto con un cierto pánico de que los códigos morales y profesionales del oficio empiezan a colapsar. Me apoyo aquí una vez más en Jenna McWilliams:

Si pensamos en el periodismo como una profesión, una en la que la tarea del reportaje riguroso recae sobre periodistas de élite en los enclaves mediáticos más respetados, una para la cual existen estándares y códigos de ética que pueden y deben ser transmitidos de maestros a aprendices, entonces sí, el periodismo está en medio de un preocupante declive. Pero si pensamos en el periodismo como, para apropiarme del lenguaje de Clay Shirky, un comportamiento temporal más que una identidad profesional, entonces podemos ver cómo el periodismo está en auge. En lugar de unos cuantos periodistas estacionados estratégicamente alrededor del mundo, ahora tenemos personas estacionadas literalmente en cualquier lugar donde haya personas habitando, cualquiera de las cuales puede tener acceso y, si hacemos bien esto de la revolución cultural, la capacidad para revelar la primicia de la siguiente gran historia. [Traducción mía]

La figura del periodismo ciudadano viene de la mano con una nueva manera para entender las categorías en las que ordenamos la sociedad. Esta nueva manera puede casi entenderse en el sentido de entender una sociedad organizada a partir de carpetas, frente a una sociedad organizada en base a etiquetas -algo que será comprensible a cualquier usuario de Gmail-. Una sociedad organizada en carpetas asume que hay un solo lugar, una sola función, que puede ocupar una persona. Uno cae dentro de la carpeta “periodista”, cumple con el rol de periodista siguiendo los criterios que están establecidos para todos aquellos dentro de la carpeta “periodista”. De manera similar para las demás profesiones, y siguiendo esta lógica se ha articulado y diseñado todo nuestro sistema educativo y de formación profesional. En una sociedad basada en etiquetas, sin embargo, la figura cambia: no se trata de que yo sea periodista porque tengo el título de periodista o la formación de periodista (es decir, no porque me encuentr dentro de la “carpeta” “periodista”). Una persona puede caer bajo varias etiquetas al mismo tiempo, sin que ninguna defina por completo ni agote las posibilidades de lo que una persona pueda hacer. Bajo esta lógica se entiende el problema del periodismo ciudadano: no es que cualquiera sea periodista, sino que cualquiera puede, en la práctica, actuar como periodista, recoger información y compartirla, evaluarla y criticarla. Luego de hacerlo, volver a lo que hace normalmente, o a cualquier otra cosa, sin que su estatuto ontológico se vea íntimamente modificado. Uno es “periodista” por la simple razón de que se ha comportado como tal: no hay una barrera de conocimiento que separe a los periodistas de los no-periodistas, sino simplemente una cuestión de qué rol está cumpliendo uno en un momento dado.

Ahora, más allá de esta socioepistemología de medianoche, quiero volver a la pregunta del Morsa. Todo esto está bien, y es muy bonito, pero, ¿por qué nos empeñamos en llamarlo periodismo? ¿Qué sentido tiene seguirlo llamando periodismo? ¿Por qué no reconocer que estamos simplemente en presencia de otra cosa, y dejar al periodismo ser lo que es? Creo que sí, y creo que no, y aquí incurriré inevitablemente en una contradicción flagrante que espero me perdonen por el momento.

Creo que sí tiene sentido poner énfasis en la figura del periodismo ciudadano por una cuestión desmitificante: porque ayuda a cimentar la idea de que la barrera tradicionalmente asumida entre periodistas y el resto del mundo ha colapsado, y que, en todo caso, lo que hace especial al periodismo no es que sean ni abanderados de la verdad, ni los únicos legitimados para comunicar la información de lo que está pasando. La figura del periodismo ciudadano refleja que, en la práctica, cualquiera puede en el mundo de hoy cumplir las funciones de un periodista, y que esto será un cambio que muy probablemente no desaparecerá. Si no desaparecerá, eso también significa que debemos hacer algo al respecto: o nos esforzamos por “profesionalizar” a los amateurs, con lo cual destruimos todo el sentido de la amateurización; o nos esforzamos por desarrollar mejores capacidades en los consumidores de información, con lo cual entramos en el terreno de la alfabetización mediática.

Pero, al mismo tiempo, creo que no porque estamos efectivamente en presencia de otra cosa. O, en todo caso, tenemos la posibilidad de estar en presencia de un fenómeno mucho más grande: que este reinterpretación del rol que cumple el ciudadano de a pie frente a la información que lo rodea es efectivamente el vehículo que lo lleva de ser consumidor de la información a ser un emisor el mismo, un productor de contenidos, un creador. Un creador que, por supuesto, no es un hongo, sino que se introduce dentro de todo un ecosistema de información que fluye por múltiples medios y redes al mismo tiempo. El potencial que me resulta aquí interesante no es que estemos en presencia de una nueva ramificación de lo que hemos entendido o queremos seguir entendiendo por periodismo: me resulta más interesante pensar que estamos frente a una reinterpretación del rol y el comportamiento del ciudadano, propiamente hablando. Ahora que los medios para involucrarse en una discusión más amplia sobre los asuntos públicos son mucho más accesibles, el rol del ciudadano adquiere también esta dimensión de filtro y crítico de la información que consume y que comparte con los demás.

Quiero volver más adelante sobre el sentido que esto tiene dentro del “ecosistema mediático” del que vengo hablando. Pero por ahora quiero adelantarme a una primera crítica – y sí, es cierto que todas estas herramientas podrían llevar a una ciudadanía mejor articulada, pero en la práctica los blogs y las redes sociales están llenas de contenido que nada tiene que ver con los “asuntos públicos” o con una ciudadanía fortalecida. Respondo preliminarmente dos cosas. La primera es evidente: una objeción de este tipo presupone lo que son los asuntos públicos, es decir, sigue viniendo desde una perspectiva que pretende estar por encima y más allá de lo que interesa a las personas (de la forma “yo sé lo que es importante más que ellos”). Terreno peligroso: jugamos con la línea de asumir que los asuntos públicos se deberían regir democráticamente, aún cuando sabemos que lo que serían, entonces, asuntos públicos, no serían lo que queremos que sean. Pero un punto válido para tener en cuenta. La segunda es un poco más estructural: y es que, en realidad, la cuestión material de lo que ciudadanos discutan utilizando estos medios (ejerciendo una forma de “periodismo ciudadano”, si se quiere) no me es lo más interesante. Lo más interesante es el ejercicio formal de introducirse en estas discusiones en foros públicos (en otras palabras, “el medio es el mensaje”). Porque en el transcurso de este ejercicio, lo que estamos fomentando es el desarrollo de un conjunto de habilidades formales que pueden fácilmente traducirse a otros ámbitos de la discusión pública. No, no necesariamente se traducirán: pero el simple hecho de tener una mayor cantidad de personas acostumbradas a la discusión y participación pública en torno a asuntos que les interesan, hace tanto más posible que una cantidad de ellas escoja, también, participar de otros foros, espacios y discusiones similares.

En el punto en el que nos encontramos, no me siento en un posición como para entender cuál es el rol o sentido que tiene, entonces, hablar de “periodismo ciudadano”. Pero por lo pronto veo que es una bisagra útil para cumplir una doble función: por un lado, para desmitificar y ampliar el espectro de lo que se puede hacer con y desde el periodismo. Por otro, porque amplía también el espectro de funciones y roles que estamos encontrando que pueden cumplir los ciudadanos que adoptan un rol participativo y activo en torno a los asuntos que les son de interés particular.

Ahora, si el influjo de “periodismo ciudadano” está desafiando la especificidad de la función periodística, la siguiente pregunta que se nos abre es, dentro del contexto de instituciones noticias que colapsan y formas de periodismo cambiantes, cuál será la nueva configuración que adoptará el rol del periodista.

El futuro de las noticias

En los últimos días se ha venido diciendo muchísimo sobre la crisis que están enfrentando los periódicos a nivel global. Lo que empezamos a encontrar por doquier, como en tantos otros casos, es la manera como un modelo de negocios se ve colapsado cuando las condiciones de su entorno cambian. Morsa le da una explicación del tipo La ideología alemana meets Manuel Castells que resume bien el asunto:

De hecho, aquí ha habido un doble factor. Primero, el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación que ha desplazado a los diarios, al formato impreso, y segundo, la aparición del prosumer (en gran medida, como una forma de los medios masivos y de las nuevas empresas como Google para salvar el negocio en medio de una recesión que ya lleva casi una década). Dos factores entrelazados y dependientes. Una crisis que llevó a la promoción de un negocio que terminó matando una industria, durante la prolongación de la crisis. Como dicen, parte del desarrollo de las fuerzas productivas que entran en contradicción con las relaciones sociales de producción, basado en el informacionalismo como paradigma

Dos cosas. Primero, contexto; segundo, y ahora qué. En EEUU, la publicidad en los periódicos ha caído 16.6% y no parece dejar de caer. La circulación ha colapsado y ha obligado a más de un periódico a cerrar sus operaciones o transformarlas radicalmente: sea fusionándose con otros diarios, sea convirtiéndose en operaciones basadas sólo en la web. Al problema que la industria enfrentaba ya, como señala Morsa, debido a cambios tecnológicos y a la “desprofesionalización” del mundo de la publicación, se agrega ahora el enorme problema de la crisis financiera y el colapso del mercado de anuncios de bienes raíces. Los grandes diarios han acumulado deudas gigantescas que ya no están en posición de afrontar. Y todo esto lleva a que nos hagamos la incómoda pregunta: ¿por qué, entonces, es que sigue existiendo este modelo? ¿Por qué seguimos o queremos seguir manteniendo los diarios en circulación, cuando pareciera que su modelo ya no funciona? Ésta es la pregunta que se hizo hace uno días Clay Shirky en una larga columna que ha hecho temblar a más de uno en el mundo editorial.

Varias de estas noticias tuve oportunidad de comentarlas hace unos días en el blog de Ashoka Perú, hablando de transformaciones en los medios. Y es que desde el programa de Medios & Conocimiento de Ashoka también hemos lanzado la pregunta, ¿y ahora qué se puede hacer con los periódicos? ¿Cuál será el nuevo modelo que funcionará para publicar las noticias?

Es indudable que cualquiera que sea este nuevo modelo, la publicación en línea será un componente central en su formulación. No queda tan claro qué pasará con los árboles muertos que se siguen imprimiendo, pero el hecho es que la web y el diario impreso están cada vez más integrados, por decir lo menos, pero este mismo acercamiento radicalmente transforma lo que entendemos o esperamos del “periodista” (el link va a Invasiones Bárbaras, blog homónimo de mi otro blog que descubrí en los últimos días y que es muy interesante). Además de que son los periodistas en línea los que ven con mayor optimismo el futuro de sus medios, con mayor o menor razón. De toda esta maraña confusa de lo que está pasando, muchas cosas están en juego: primero, que los valores tradicionalmente asociados con el periodismo están siendo puestos en cuestionamiento: cuando se desprofesionaliza la publicación de noticias, se hace más difícil tener algún tipo de expectativa sobre la supuesta “búsqueda de la verdad” y los “hechos objetivos” que el periodismo dice buscar. Francamente, hasta ahí no encuentro problema, porque me parece que eso es más engañarnos a nosotros mismos si creemos que es posible. Pero lo que sí me parece problemático es que los estándares de calidad y de rigurosidad que podamos esperar de la publicación de noticias se vean puestos bajo cuestión.

En este punto me parece que el problema radica justamente en que hayamos creído que los medios nos brindaban visiones objetivas del mundo, cuando siempre la figura ha sido sumamente más compleja. De allí que la solución no es, creo, pretender que podamos recuperar estándarse de objetividad y veracidad que muy probablemente nunca tuvimos, sino más bien que sepamos educarnos nosotros mismos para evaluar la información de manera crítica. Es decir, el nuevo panorama mediático pone sobre el tapete la importancia central de una alfabetización mediática que acompañe a todas esas otras alfabetizaciones que nos faltan.

La cosa, sin embargo, va más allá todavía. Y es que, dentro de todo, los medios tradicionales, y en particular los diarios, cumplen (a veces mejor, a veces peor) una función social importante al dedicar recursos para la investigación de historias de interés público que de otra manera no recibirían mayor atención. En otras palabras: en la ausencia de los diarios, ¿quién financiará los reportajes de investigación cuyo trabajo continuo requiera un esfuerzo que va más allá del interés de un blogger? ¿Cómo saldrán estas historias a la luz sin algún tipo de soporte que va desde la protección legal hasta el financiamiento logístico?

Es aquí donde empiezan a configurarse las imágenes de lo que, posiblemente, emerja como las raíces de un nuevo paradigma. Una propuesta en el Senado estadounidense se basa en la idea de convertir a las organizaciones de noticias en organizaciones sin fines de lucro, para que no paguen impuestos y sean elegibles para una serie de beneficios legales y tributarios. Aunque pueda ser una idea interesante, no es una idea que no venga acompañada de problemas. Pero también es cierto que uno de los modelos de generación de contenidos que está emergiendo es el de grupos con intereses particulares -a menudo think tanks, u organizaciones del sector social- que están acoplando a sus actividades usuales la función de generar noticias, reportes, y todo tipo de contenidos asociados con su tema en particular.

No es, claro, la única posibilidad. Otras alternativas también están en bandeja: el Huffington Post, por ejemplo, acaba de anunciar un fondo para financiar periodismo de investigación para historias en torno a la economía estadounidense. El anuncio del propio HuffPost dice lo siguiente:

El popular sitio web está colaborando con The Atlantic Philanthropies y otros donantes para lanzar el Fondo de Investigación del Huffington Post con un presupuesto inicial de $1.75 millones. Eso debería ser suficiente para un equipo de 10 periodistas que coordinarán historias principalmente con freelancers, dijo Ariana Huffington, co-fundadora y editora principal del Huffington Post.

El asunto sigue siendo muy confuso y oscuro por ahora, a medida que vemos las tensiones que se generan entre viejos medios en transformación y nuevos medios en crecimiento, pero creo que no deberíamos ser tan ingenuos como para pensar ni que los diarios desaparecerán por completo, ni que debemos aferrarnos al paradigma conocido de supuesta veracidad y objetividad. En algún punto más allá de ambas posibilidades tenderemos hacia una suerte de convergencia donde cada medio encontrará su lugar frente a los demás, cumpliendo diferentes funciones sociales. Nuestro gran desafío ahora es que estamos acostumbrados a enfrentar este tipo de problemas desde un punto de vista institucional: cuando encontramos este tipo de crisis, buscamos la manera organizacional de encontrarle algún tipo de solución. Pero quizás el nuevo panorama nos exige pensar el problema de una manera diferente. Y esto me viene a la mente porque, ya que últimamente he estado muy afanado viendo charlas de TED, es el tipo de cambio de modelo conceptual que he escuchado, justamente, de Clay Shirky:

Continuidad

Tengo muchas ideas en la cabeza por culpa del café que no sé bien cómo separar. Haré mi mejor esfuerzo: todo comenzó con este artículo de Brian Solis en TechCrunch sobre si los blogs están perdiendo autoridad. Lo que sugiere Solis es que nuestros criterios de medición parecen sugerir que la “blogósfera” está perdiendo peso en término de influencia, pero que en realidad deberíamos estar llevados a pensar que son nuestras herramientas de medición disponibles las que no nos permiten contemplar el panorama completo.

Es fascinante, porque de lo imperfectas que ya eran estas herramientas, nos encontramos con que, unos pocos años después, ya no son capaces de abarcar un espectro suficientemente amplio como para darnos una idea medianamente clara de lo que ocurre en el panorama de los nuevos medios. Todo esto me recordó a un post de hace un tiempo donde me preguntaba por el futuro de los blogs, y ahora me veo obligado a revisar en gran medida lo que antes pensaba. Ampliarlo, corregirlo. El panorama cambia sumamente rápido, y el horizonte que antes configuraban primordialmente los blogs ahora viene a ser acompañado por las comunidades en línea, las redes sociales, los servicios de microblogging, y el sinfín de interacciones que existen entre todos estos mundos.

Es decir: 

Todo se remonta a la definición de autoridad. Los enlaces de los blogs ya no son lo único que se puede medir. Enlaces potencialmente valiosos son cada vez con más frecuencia compartidos en microcomunidades y redes sociales como Twitter, Facebook y FriendFeed y están desviando la atención y el tiempo de las respuestas formales en los blogs.

(…) Estamos aprendiendo a publicar y reaccionar al contenido en “tiempo de Twitter” y yo diría que muchos de nosotros pasamos menos tiempo bloggeando, comentando directamente en blogs, o escribiendo en blogs como respuesta a otros blogs debido a nuestra participación activa en microcomunidades. [Traducción mía]

Comunidades virtuales como el Facebook se están volviendo cada vez de mayor importancia – llegando incluso a suscitar levantamientos populares con sus propias conclusiones interesantes. Pero la tendencia es sugerente: los blogs de por sí colapsaron la valla de lo que significaba tener una voz en un cierto “espacio público”, porque cualquiera podía tener un blog y publicar lo que quisiera (obviamente dentro de ciertos límites, p.ej. aquellos con una computadora con acceso a Internet). Hasta ahí muy bien, pero aunque millones lo hicieron, no fueron millones los que continuaron haciéndolo (la gran mayoría de blogs son abandonados al poco tiempo) y, en general, hay una valla de entrada más o menos alta para comprometerse a publicar en un blog. Finalmente, uno tiene que dedicarse a escribir, con una cierta regularidad, a responder a comentarios, y si uno realmente quiere dedicarse, también a seguir otros blogs y comentar en ellos e insertarse en una comunidad. Cuando los costos se computan de esa manera, aunque en general siguen siendo bajos, ya no son tantos los que están tan dispuestos a meterse en el submundo de los blogs.

Luego, servicios de microblogging como Twitter vuelven a alterar esa ecuación. Reducen la valla aún más. ¿Quieres compartir algo? Puedes hacerlo en 140 caracteres. Enlaces, ideas, comentarios, lo que fuera. El costo de transacción de 140 caracteres vs. un artículo de un blog es drásticamente menor, e incluso, entonces, es hasta más accesible – lo cual hace sorprendente que la mayoría de personas a quienes les explico el sentido del Twitter lo encuentren bastante inútil. Si no tienes tiempo de bloggear, ciertamente tienes tiempo de actualizar tu feed de Twitter con cosas interesantes que vas encontrando a lo largo del día. Con la última actualización al Facebook esta premisa es ahora también central allí: actualizaciones pequeñas, constantes. Microcontenido.

Ojo – acá hay que tener cuidado de no entrar en el terreno del “pánico de reemplazo” (“replacement panic“), una expresión sumamente útil que encontré en A.K.M. Adam (curiosamente, teólogo y tecnologista). El pánico de reemplazo según Adam consiste en “el miedo – a menudo una reacción espontánea a las evaluaciones positivas de la tecnología en línea – de que los medios digitales suplantarán las interacciones físicas” [traducción mía]. A esto yo agregaría algo así como un “pánico de desplazamiento” (algo así como un “displacement panic”) – una suerte de miedo de que todo nuevo medio, sólo en virtud de ser nuevo desplazará al anterior. Creo que esta lógica lineal y pseudoevolutiva es demasiado simplista como para permitirnos entender lo que está pasando. Más bien, una idea de la convergencia mediática como de la que habla Henry Jenkins parece tener un poco más de sentido:

Por convergencia, me refiero al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias de medios, y el comportamiento migratorio de audiencias mediáticas que irían casi a cualquier lugar en busca del tipo de experiencias de entretenimiento que desean. Convergencia es una palabra que se las arregla para describir cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales, dependiendo de quién está hablando y de lo que cree que está hablando. [Traducción mía, pasaje de la introducción a su libro Convergence Culture: Where Old and New Media Collide - que, dicho sea de paso, hace poco descubrí está ya disponible en traducción al español.]

Bajo un concepto como el de convergencia nuestro panorama es sumamente más complejo, pero nuestro análisis, también, consigue ser mucho más completo. Me parece útil la idea de convergencia aquí y creo que viene vinculado a lo que venía diciendo – el movimiento de la atención desde los blogs a las microcomunidades y al microcontenido – y al título de este post, la idea de continuidad, por una cuestión en la que he venido pensando últimamente leyendo a Wittgenstein, y una idea tentativa y tentadora de que entre diferentes formas o juegos del lenguaje se articula una suerte de continuidad, de la misma manera que nuestra experiencia del mundo es continua y sólo arbitrariamente (y en función a objetivos específicos siempre) es que puede la experiencia volverse discreta para permitir su análisis. 

Continuidad. ¿Qué tiene que ver la continuidad en el lenguaje con los blogs, Twitter y Facebook? Que de la misma manera, nuestra experiencia como usuarios de todos estos medios se nos articula como una forma de continuidad en la cual nos vemos introducidos. El problema al cual apunta el artículo de Solis del que partí es que nuestras herramientas de medición no son capaces de abarcar la totalidad de este espectro, ni son capaces de establecer con claridad en qué puntos de quiebre deben establecerse las discontinuidades, como para configurarnos una imagen de cómo funciona este proceso. En el uso de estas herramientas, no nos detenemos a pensar cómo es que funciona la continuidad de cada uno de estos espacios al otro, simplemente los utilizamos para servir diferentes propósitos comunicativos.

Así, Twitter y Facebook reducen grandemente la barrera de entrada. Tomemos por ejemplo el fenómeno del RT o del retweet, en Twitter: consiste simplemente en copiar un mensaje de alguien más que encontramos interesante, pegarlo y distribuirlo entre nuestros seguidores, haciendo referencia al autor original. La amplificación de este fenómeno es potencialmente exponencial: RTs siguen a RTs que siguen a RTs, y en cuestión de segundos un mismo mensaje puede llegar a miles de personas. Dos notas: 1) esto hace que el hecho de participar sea muy simple, pues con un acto tan simple como la repetición puedo, ya, estar introducido en el flujo de los discursos (podría incluso ser considerado un gran retweetero, ¿por qué no?). 2) No partamos de creer que esto es ningún tipo de forma inferior. Ni tampoco caigamos en creer aquello que escribí hace dos oraciones, que esto es “simple repetición”. No podemos dejar de lado que en todas estas formas aparentemente simples opera siempre algún tipo de forma o medida de procesos de apropiación: aún el usuario que retweetea ha tenido primero que escoger a qué otros usuarios sigue, luego ha tenido que escoger cuál de sus mensajes retweetear. Aquel que sea considerado un “gran retweetero” destacará por su habilidad de combinar y equilibrar exitosamente, cuando menos, ambas estas variables.

Desde y hacia estos puntos de entrada fluyen los diferentes contenidos, transformándose en el camino. Yo mismo he tenido esta experiencia últimamente. Descubrí la posibilidad de enlazar mi fuente de favoritos del Google Reader con mi perfil de Facebook, y ahora puedo “recomendar” enlaces directamente desde el primero hacia mi red en el segundo. Esto me sirve, entre otras cosas, para promocionar enlaces hacia este blog – y, de hecho, revisando las estadísticas recientes encuentro que un número considerable de visitantes llegan hasta aquí desde el Facebook. De la misma manera descubro enlaces recomendades y recomiendo otros a través del Twitter, que a menudo me redirigen hacia artículos en blogs, a los que luego me suscribiré y luego recomendaré, o que podré utilizar para referir en otros artículos, y en fin, la cadena continúa. Nuestras interacciones están dispersas entre diversos espacios virtuales y no virtuales también, y hoy están articuladas las interacciones que permiten que el discurso y nuestra experiencia fluya de manera más o menos continua de un espacio a otro.

Así, me veo en la necesidad de revisar aquello hacia lo que antes iba, que los blogs de alguna manera iban a empezar a consolidarse en proveedores de contenido más complejos (o al menos creo que antes iba a eso), para empezar a fijarme, más bien, que el soporte de estos contenidos (lo que viene de una lógica muy blog) termina cediendo al flujo y la continuidad del desplazamiento de estos contenidos entre diferentes soportes. Convergencia y continuidad: mi experiencia de consumo de contenidos en diferentes medios, que además está cada vez más entretejida con mi experiencia de apropiación y creación en cada uno de estos, se vuelva una experiencia continua, cuyos pliegues son, por ahora, difíciles de distinguir.

Éste es un blog de autoayuda

Lo cual no quiere decir que sea para ayudarlos a ustedes, ni para que se ayuden a ustedes mismos, sino para que yo me ayude a mí mismo.

“El blog como camino al autoconocimiento”, podría ser el título de un nuevo libro que fusione budismo, psicoanálisis y la web 2.0. Probablemente (y lamentablemente) sería un éxito.

Si no lo han probado, lo recomiendo. Tampoco tienen que publicarlo, pero es un gran plus. Empezar a escribir e ir soltando ideas, comprometiéndolas con un cierto “papel”, someterlas al escrutinio público, y luego tener la posibilidad de volver sobre ellas para darse cuenta cómo han ido cambiando, qué cosas quedaron y qué cosas no. Es una excelente manera de irse dando cuenta por dónde va uno más o menos teniendo ideas.

Sí, supongo que por allí es por donde un blog se asemeja a lo que solían ser los diarios personales, pero con el componente público y tecnológico y voyeurista y exhibicionista de por medio. Es parte de lo divertido del asunto. Y tiene más sentido, todavía, si empezamos a pensar en la filosofía como una forma de terapia de nuestros conceptos, y ese tipo de cosas divertidas.