CxM 2.0

[Foto CC: Banksy street cleaner - Chalk Farm, por DanBrady]

Estoy en proceso de reordenar un poco este espacio. En realidad he empezado por cambiar el estilo visual por un tema un poco más actualizado, que permitiera más espacio horizontal para la lectura, y he actualizado las páginas enlazadas en la parte de arriba y agregado a la derecha una sección con enlaces a lecturas en la web que encuentro y que son interesantes.

Los estilos visuales de WordPress.com son un poco limitados, pero creo que ésta ha sido una buena opción. Aún barajo en mi mente la posibilidad de migrar este blog a un servidor propio, para tener más control sobre la funcionalidad y el aspecto visual, pero hasta que tenga claro cómo quiero hacerlo creo que podremos seguir por aquí.

Espero que les guste el nuevo estilo visual y si tienen comentarios son más que bienvenidos. Seguiré haciendo algunas tareas de mantenimiento y limpieza en los últimos días para afinar el blog.

Necesito ayuda

Ya más de una vez debo haber mencionado que estoy metido en más cosas de las que puedo manejar. Tengo un poco de desorden obsesivo compulsivo cruzado con déficit de atención – una combinación que ni siquiera sé si es posible. El hecho es que sigo teniendo varias ideas y proyectos, y no me doy en absoluto abasto para hacerle seguimiento y mover todo.

Así que éste es mi primer llamado de ayuda. Me cuesta hacerlo porque soy un poco control freak, otro poco orgulloso, y no me es fácil darme cuenta que si sigo tratando de manejarlo todo yo solo, simplemente no llegaré muy lejos. La experiencia, además, me ha enseñado a ser demasiado selectivo de con quién trabajo, lo cual tampoco me facilita las cosas. Así que hago un primer llamado como para ver qué pasa.

El panorama es un poco el siguiente – además de este blog, manejo otros dos directamente. Uno que menciono continuamente, Invasiones Bárbaras, es un blog sobre industrias culturales y tercer mundo. El tema es amplio y, a mi juicio, interesante, y da mucho para pensar actualmente en el Perú y sobre todo involucrando nuevas tecnologías. De a pocos, lentamente, empiezan a surgir en IB líneas e ideas que bien pueden irse articulando en proyectos multidimensionales de gestión cultural y producción y demás cosas. Uno, por ejemplo, tentativamente llamado 4C (al menos en mi cabeza), busca explorar las diferentes relaciones entre consumidores, creadores, críticos y curadores de arte y cultura en el Perú, con el objetivo de ampliar el circuito y el mercado para el arte y la cultura, que son un poco cerrados. Otro considera desarrollar recursos, materiales y espacios de intercambio para educadores que quieran incorporar nuevas tecnologías y medios sociales (e incluso, por qué no, elementos de cultura popular) en sus currículas y metodologías. Y así hay más.

El otro blog, del que no hablo tanto porque lo actualizo incluso menos, es Enchufa.Pe. El tema de este blog es tecnología desde un punto de vista amplio – no se trata de dar noticias sobre tecnología, sino más bien un laboratorio para pensar cómo está impactando la tecnología nuestra cultura local, cómo promoverla, apropiarla, generar mercados y oportunidades utilizándola, y en general, cómo crear las condiciones para que el Perú sea, realmente, una potencia tecnológica y no un exportador de materias primas. Sí, los objetivos son ambiciosos, pero no veo por qué eso debería ser un problema. Las líneas temáticas van desde tendencias en tecnología en el sector privado, prácticas de gobierno electrónico y políticas públicas en torno a la tecnología, y también cosas como fortalecimiento de capacidades tecnológicas en la ciudadanía. Hablar de “tendencias” es un poco exagerado porque, realmente, no hay tanto contenido en el sitio, pero es un tema que me interesa mucho seguir explorando.

Esos son mis laboratorios. Y éste, que es mi gran bloc de notas de temas de los cuales van saliendo los demás. Bueno – hay otro más, recién salidito del horno, del que esperaba hablar por separado, pero ya estamos aquí. Hace un par de días lanzamos al aire el LVL – el Laboratorio de Videojuegos de Lima. Es un nuevo proyecto con el que estoy muy afanado y con el que venimos conversando hace un tiempo con unos amigos. Somos jugadores de videojuegos desde siempre, hemos crecido con el medio, pero también hemos tenido oportunidad de tomar una distancia crítica para tratar de entender su significado cultural: el objetivo del laboratorio es empezar a discutir los videojuegos desde una perspectiva “seria” y menos ingenua, que es una discusión que no se está teniendo actualmente, nos parece, en el Perú. Queremos empezar a generar recursos que permitan a los jugadores enmarcar y contextualizar mejor su experiencia de juego, no como una “pérdida de tiempo”, sino como una actividad cultural que encierra una serie de rasgos específicos. Con el tiempo, nos gustaría también explorar temas de desarrollo, y de cómo generar una cultura gamer en el Perú no sólo consumidora, sino también productora de sus propios juegos. Pero vamos de a pocos – empecemos por presentar el laboratorio al mundo.

Entre estas cosas también estoy metido en más, y me vuelvo un poco loco. Pero en fin. Reitero: cualquier ayuda, colaboración, es bienvenida. A largo plazo, me encantaría empezar a armar un equipo interesado en estos temas con los cuales no sólo ir actualizando los canales, sino también generando nuevas iniciativas a partir de ellos. Por lo pronto, me contento con feedback, ideas, y por ahí una que otra colaboración. Interesados en contribuir a cualquiera de estos proyectos, manifestarse aquí.

Contra la pontificación

Hace unos días me hicieron el comentario, que me parece en gran medida válido, de que muchos de mis últimos artículos “pontificaban demasiado”, y que prácticamente lindaban con la frontera del oscuro y peligroso mundo de la futurología.

Por lo cual me parece relevante interrumpir nuestra programación regular para recordar algo que nunca está demás recordar: con lo que escribo, no estoy intentando decir que tenga ningún tipo de respuesta determinada a ninguno de los problemas que trato de enfocar. Es más, ni siquiera creo que los problemas estén lo suficientemente definidos como para ensayar soluciones. Lo que aquí presente son esbozos, experimentos, dentro de lo que es para mí un enorme laboratorio de ideas donde voy sentando cosas por escrito para poder confrontarlas, transformarlas, e ir esclareciendo un poco algunos conceptos.

Me parece pertinente hacer la aclaración porque no quiero dar gato por liebre a la pequeña comunidad de lectores que pasan por aquí. Es más, trato siempre de enfatizar que los posts que aquí encontrarán son ideas sueltas que buscan, más que “explicar” el mundo ni nada que se le parezca, armar y promover un diálogo sobre estos fenómenos contemporáneos. No creo que ni yo ni nadie tenga respuestas a estas cosas, así que no pretendo pontificar, aún cuando el lenguaje pueda por ratos traicionar esa intención.

Ahora, podemos continuar con nuestra programación regular, que es básicamente seguir acomodando las piezas de diferentes maneras hasta que nos topemos con algo que llame la atención.

The Making of el V Simposio de Estudiantes de Filosofía

El Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP es definitivamente mi laboratorio favorito. Es un espacio organizado y articulado por estudiantes de la especialidad con el apoyo del Centro de Estudios Filosóficos de la PUCP, y es una de las pocas oportunidades que tenemos en el año de presentarnos mutuamente cosas en las que estamos trabajando o que nos interesan. Cierto, no es perfecto: sería bueno que hubieran más ponencias, sería bueno que hubieran más preguntas, pero es un trabajo en progreso de varios años que ha ido evolucionando con el tiempo.

El asunto es que ya está en marcha la organización del V Simposio, programado para fines de este año, y como novedad, los organizadores han creado desde ya un blog donde han abierto la discusión a propuestas y sugerencias sobre cómo organizar el simposio de este año. La primera cuestión en la agenda es, por supuesto, la siempre polémica discusión sobre cuál será el tema del simposio. Tengo que confesar que me encanta la idea – una especie de behind-the-scenes de cómo va cuajando esta cuestión, y abre la posibilidad a que el resultado sea algo con lo que aquellos que solemos estar más en la periferia nos sintamos más involucrados. Además, y sobre todo, de que promete ser algo sumamente divertido (no sólo de filosofía vive el hombre).

Por supuesto, mi primera pregunta fue dónde quedábamos aquellos que ya no somos formalmente hablando “estudiantes de filosofía”. La respuesta llegó de parte de uno de los honorables miembros de la honorable comisión organizadora:

Estudiante de Filosofía es todo aquel que coge un texto (tratado, poemario, publicación virtual, etc.) y le da vueltas y vueltas, cual pollo a la brasa. No son una sarta de cursos, sino una forma de ser. Los que así somos, lo hemos sido antes y lo seremos después de la universidad. Así habló Zarathustra.

Así que no se diga más. La cuestión está abierta y las sugerencias son bienvenidas, y desde ya, como bien saben los honorables miembros de la honorable comisión, cuentan con esta humilde tribuna para la difusión que pueda brindarles y con la ayuda que pueda ofrecerles.

Y bueno, ya que estamos en el business, un poco de ego trip: las presentaciones que hice en el III Simposio en el 2007, y en el IV Simposio el año pasado. Aquí está tu simposio.

Hierros de madera

No soy muy aficionado a la religión… nada, la verdad. Las navidades son de por sí lo suficientemente pesadas como para recargarlas de contenidos religiosos. (De hecho, no deja de sorprenderme cómo se ofenden personas religiosas -cristianas, particularmente- ante la intromisión de lo ateo en el discurso de lo público, pero no es analógicamente problemática la intromisión de lo religioso en el mismo espacio compartido. Y no, el argumento “siempre ha sido así” no me convence.) Aún así creo que es un poco inevitable reconocer que la religión, como tema, resulta un poco inevitable: sobre todo en la medida en que, especialmente en los últimos años, la experiencia de lo religioso y la “religiosidad” (en toda su amplitud New Age y post-New Age) se han vuelto dimensiones de particular importancia. Es decir: mucho más allá de las tres grandes religiones que tienen cientos de años, hoy es un tema más interesante preguntarse por la particularidad de una cierta experiencia religiosa que no pueda propiamente enmarcarse dentro de un conjunto ordenado de reglas sobre cómo vivir la vida o alguna forma de moral empaquetada.

Esto es, me parece, un sentido mucho más interesante para enfocar lo religioso como experiencia, en lugar de verlo desde su dimensión, digamos, catecista. Pero que no deja de ser una perspectiva injusta y problemática: en el caso del cristianismo católico, por ejemplo, es en la práctica difícil pensar en algo así que no se dé a través de la institucionalización de la iglesia. Al mismo tiempo que no es propiamente la experiencia cotidiana que tienen los creyentes de a pie, e incluso, podríamos decir, quizás ni siquiera es el tipo de experiencia que quieran tener (si asumimos que, en general, la religión pasa como una cuestión de tradición que no busca ser problematizada). Es un problema abierto que se sigue discutiendo desde diversos frentes, aún cuando tal cosa como “filosofía cristiana”, como decía Heidegger, sea algo así como decir “hierro de madera”.

En todo caso, uno de los más adeptos a la dimensión del hierro de madera es Raúl Zegarra, quien entre otras cosas estudió filosofía conmigo en la PUCP. Raúl viene trabajando estos temas desde hace tiempo y aunque no estamos de acuerdo en muchas cosas (como la consistencia entre el pensamiento de Kierkegaard y el Gran Tornillo de Rayuela), tiene una serie de ideas interesantes al respecto del problema -ideas que probablemente lo lleven a la excomunión, pero creo que no parará hasta conseguirla-. Raúl ha lanzado un nuevo blog, Sagrada Anarquía, y supongo (espero) que él sabe mejor de lo que habla:

Creo con firmeza que en la cultura posmoderna conviene una lectura renovada de la religión atendiendo a lo que pasa en nuestro entorno. La tesis es que no hay motivo de temor a lo posmoderno. Trataremos de demostrar que la experiencia religiosa es profundamente enriquecida por la aparente anarquía de sentido y verdad de este, nuestro mundo de supuesto sinsentido. Se trata, en efecto, de una travesía extensa que nos llevará de la teología al lenguaje, del lenguaje a la filosofía, seguro también al cine y, sospecho, al arte. Emergerá, indudable, el silencio y, más de una vez, tocará lidiar con lo inefable.

En fin, supongo que el asunto dará para discusiones tanto virtuales como en los lugares donde propiamente se juega la religión, léase chifas y bares alrededor de la ciudad.

Dos años después

No sé por qué no escribo más.

Claro, podrán decir que tener un blog -o bueno, quizás varios- es una muestra de todo lo contrario, de una verborrea un poco desmesurada. Pero en realidad no. Estuve pensando y conversando sobre esto el otro día, que escribo, y escribimos, muy poco. Todo es un paquete, por supuesto: hay como una reticencia a plasmar ideas en un papel, a darles materialidad. Como que sentimos -siento- una especie de falta de legitimidad para decir y afirmar cosas con cualquier grado de categoricidad.

Lo cual, claro, es terrible, por múltiples razones. Pero principalmente porque nos pone en desventaja: porque en el proceso de ir cimentando ideas, no tenemos referentes previos dentro de nuestro propio discurso. Quizás esto suena demasiado abstracto: quiero decir que en el futuro, cuando tengamos que responder a una u otra pregunta, a uno u otro problema, no tendremos tomas de posición aunque sea esquemáticas, aunque sea esbozadas, a partir de las cuales construir un argumento. Y es que ponemos la valla demasiado alta, el papel comporta una lógica perversa – lo que se pone por escrito es muy brutal, es demasiado comprometedor, y como tal debe arrastrar una cierta reverencia, una cierta autoridad. Odio esta idea, y en el fondo parece que me la creyera. Al final, yo mismo no comprometo al papel o al formato que fuera ideas beta que se puedan ir puliendo, trabajando con los años, que se les pueda ir dando un nuevo sentido.

Hace poco comenté que Castor Ex Machina cumplía dos años. Lo cual es todo un hito para mí, sobre todo cuando me pongo a revisar los primeros posts, las primeras intenciones, y lo que ha ido pasando en el camino. El primer post ya refleja poco lo que pasa ahora por mi cabeza, y el único trackback que tiene (el post del primer aniversario) también ya se siente sumamente lejano. CxM funciona para mí como un laboratorio de ideas, donde de alguna manera puedo plasmar cosas sueltas y ver cómo empiezan a surgir y aparecer conexiones de diferentes maneras. Es una suerte de incubadora, dentro de la cual, cuando algunas cosas empiezan a exhibir una cierta consistencia interna, cuando se empiezan a esbozar temáticas, pienso que tengo material suficiente como para darle vida propia en otro lado. Así, por ejemplo, ideas sobre cultura, industrias culturales y tercer mundo terminaron definiendo la línea de uno de mis proyectos paralelos, Invasiones Bárbaras. O también, problemas de tecnología, herramientas digitales, Internet, redes y medios sociales, y su relación con el Perú y Latinoamérica, ahora están encontrando un espacio en otro nuevo proyecto paralelo, Enchufa.Pe. No son espacios plenamente constituidos, no son lugares que la tengan clara, pero supongo que muy en el estilo 2.0 me gusta mantener las cosas innecesariamente en beta.

En verdad tengo la esperanza de que esto siga creciendo y empiece a articularse orgánicamente. Creo que CxM, IB y Enchufa.Pe son un punto de partida en el que quiero seguir involucrando gente, cada vez de manera más cercana, para la discusión sobre estos temas, primero, y para empezar a articular proyectos e iniciativas, después. Hay varias ideas que tengo en cola, muchas de las cuales espero vean la luz este verano, otras seguirán durmiendo el sueño de los justos. Pero este espacio sigue manteniendo un cierto sentido originario: en primer lugar, como incubadora a partir de la cual ir articulando esbozos que poco a poco van formando un dibujo, que luego se puede colorear en otra parte.

En segundo lugar, porque lo que aquí me atañe es la filosofía. Y aunque a veces no entiendo bien por qué, sí siento que es pertinente e interesante plantearse esta serie de problemas desde ese punto de vista. Creo que la filosofía se verá inevitablemente transformada por todo lo que está pasando, por un lado, y por el otro, que todo lo que está pasando se vería beneficiado por alguna forma de lectura filosófica, alguna forma que piense en el significado, en el sentido, en la transformación misma. Suele pasarme que me choco con una serie de muros porque encuentro, constantemente, que la filosofía, y los filósofos, esto no les parece tan bien: puesto simplemente, que muchos simplemente no consideran que lo que yo haga sea filosofía. Pero me cuesta mucho aceptar una filosofía cuyo sentido sea pretender dedicarse a altas cosas, a cumplir una magna teoría que la pone por encima de todas las demás ciencias de las que, además, es madre. No, yo no creo que sea eso, la verdad. No sé bien qué es, tampoco – me resulta más una forma de patología, un deseo interno que sentimos que tenemos que, perversamente, realizar. Una forma de terapia, si quieren. Pero no siento que la filosofía sea ninguna forma privilegiada de nada, ninguna tarea magnífica a la que algunos estemos llamados: es simplemente una forma particular de enfocar problemas, de reflexionar críticamente y problematizar que puede aplicarse a una serie de cosas.

Este último semestre, como jefe de prácticas de un curso de Filosofía Contemporánea, ha sido muy interesante poder explorar temas como estos y conversarlos con gente que, de yapa, no viene con preconcepciones y prejuicios demasiado cerrados respecto a cómo debe realizarse la actividad filosófica. De hecho, más aún, me he encontrado con gente muy dispuesta a entender la filosofía desde un punto de vista más amplio, menos propiamente en torno a un conocimiento particular y más en torno a una actitud hacia las cosas. Claro, en gran medida quizás eso sea mi culpa, o quizás me hayan dicho lo que quería escuchar para satisfacer mi ego -lo cual finalmente los beneficiaba-. Es interesante ver cómo, sobre todo con nuevas generaciones, la actividad filosófica misma se va transformando, quizás en el camino también los filósofos. Es un bonito consuelo pensar como Marx, o como McLuhan, y creer que este cambio es inevitable, y que quienes lo resistan simplemente serán arrastrados por la historia. Pero lamentablemente no es tan sencillo: sí, quizás el cambio sea inevitable, pero la pregunta se vuelve por cuán traumático resultará cuando miremos atrás y nos demos cuenta que ya pasó.

O más perturbadoramente aún: cuando miremos atrás y nos demos cuenta que somos los únicos haciendo esto, cuando todos los demás están en otra cosa. Vivir en una época de transformaciones radicales como ésta tiene la ventaja de que nadie sabe bien qué está pasando. ¿Por qué eso es bueno? Porque como pocas veces, leer alemanes, estadounidenses, ingleses, franceses, o lo que fuera hablando sobre el tema es en la práctica tan valioso no sólo como leernos a nosotros mismos, sino como escribirlo nosotros mismos. Y eso es una enorme oportunidad para desarrollar nuestras propias ideas, para preguntarnos cómo queremos ver el mundo, y el futuro.

El futuro. Ésa será la idea que me obsesionará más a lo largo de este nuevo año. Habrá que sacarle el ancho al futuro de múltiples manera para ver cómo conseguimos que responda a nuestras preguntas.

Un momento para buscarle sentido a las cosas

Hoy encontré un post en el blog de Seth Godin sobre cómo concibe el tener un blog no como una obligación, sino como una oportunidad. El enfoque me resultó interesante, y me hizo pensar en cómo veía yo mismo mi propio blog, y creo que más bien lo veo como un deseo, un objetivo. Es decir, no me siento obligado a postear, pero tampoco llego al punto de sentir que tengo tanto que decir y debo restringirme. El ejercicio es bueno y me permite mantenerme circulando ideas, planteando pensamientos y demás; pero también es cierto que me cuesta formular qué decir, cómo decirlo, que me cuesta mucho decidirme por un tema, por un enfoque. Pero supongo que es todo parte del proceso.

Tengo, como siempre, ganas de iniciar muchos proyectos. Me preocupo demasiado por el enfoque, y aún así no logro realmente avanzar con ninguno. Es terrible, esto de pensar demasiado las cosas. Allí están las ideas del micro y de la ducha, y sé que giran en torno al conocimiento, a manejarlo, crearlo, transformarlo, pero no logro rastrear ni delinear del todo por dónde va el asunto. Mientras tanto seguiré con algunos otros ensayos, como éste, como los demás, tratando de articular y empujar líneas que emerjan, conexiones que se hagan evidentes para poder más o menos armar un panorama.

Quiero explicarlo un poco más claramente. Creo que el conocimiento es uno de los valores más importantes en el mundo y la economía de hoy, y creo también que en el Perú hemos hecho un muy mal trabajo de ordenar nuestro conocimiento, darle sentido, buscar estructuras y conexiones que emergen y, en otras palabras, entender en dónde estamos parados. Eso es lo que me gustaría hacer, perderme en el conocimiento, buscar líneas, forzar órdenes y dar sentido un poco a las cosas, porque creo que eso encierra el potencial enorme de generar valor para todos nosotros. Enfocar distintas áreas temáticas, explorarlas, profundizarlas, llevarlas a nuevos niveles. Crear conocimiento, exportarlo, llevar nuestras ideas al mundo. Pero el primer paso es volver sobre las ideas que ya hemos tenido para encontrar lo valioso y lo terrible, y no intentar inventar la pólvora, una vez más.