Tetralogía

Hoy día, este blog cumple cuatro años, y me está costando mucho créermelo.

Siento que fue hace realmente poco que estaba escribiendo el post por el tercer aniversario, y ya estoy aquí escribiendo el siguiente.

Este blog me ha acompañado ya durante mucho tiempo, y muchas transiciones – lo empecé cuando estaba terminando la carrera de filosofía como una manera de ir soltando algunas ideas y explorando algunos intereses. Desde entonces se ha mantenido como mi vínculo con una serie de temas con los que estoy vinculado y que quiero seguir investigando, me ha permitido ir evolucionando ideas y conectarme con otras personas interesadas y ha sido una experiencia sumamente gratificante.

Siento que es tiempo de hacer algunos cambios aquí. Me gustaría mudar este blog a su propio dominio, a un servidor independiente donde pueda jugar más con el diseño y la configuración, agregar secciones, etc. Especialmente me gustaría poder agregar espacios donde publicar trabajos y textos, varios que tengo desde la época de la universidad y que me gustaría compilar en alguna parte, y también poder tener un espacio donde ir desarrollando un poco más sistemáticamente ideas y textos nuevos.

Pero todavía no tomo la decisión final sobre cuál será la siguiente iteración de Castor Ex Machina como espacio o como proyecto o como lo que fuera. Por lo pronto, sigo sorprendido de estar celebrando el cuarto aniversario. Gracias a todos los que me acompañan por, bueno, acompañarme, y sepan que en verdad aprecio todos sus aportes en los comentarios, o por correo electrónico o Twitter.

Selva de concreto

Esta mañana encontré varios blogs que hablaban sobre el aniversario de Lima, y bueno, la mayoría de ellos coinciden en lo débil e insuficiente de la gestión de Luis Castañeda (lo cual contrasta perturbadoramente con el nivel de aprobación pública de su gestión).

Personalmente, la gestión de Castañeda me parece un desastre por lo desperdiciado de las oportunidades, por lo lineal de las soluciones, por la ausencia de total de soluciones innovadoras y sistemáticas. El actual alcalde parcha la ciudad allí donde hay problema, y la parcha siempre de la misma manera, es decir, tirando concreto sobre el problema en la forma de pistas, obras viales, escaleras, y demás. No me malentiendan: entiendo perfectamente la necesidad, y probablemente urgencia, de todas estas cosas. Pero son soluciones que, si las pensamos un poco, no resuelven propiamente los problemas de fondo.

De hecho, evidencian varias cosas. En primer lugar, que no escapamos a los remanentes del positivismo en nuestra sociedad, y Castañeda menos aún. El público exige progreso, desarrollo, y eso es sinónimo, en términos materiales, de concreto, de asfalto. El cemento es ampliamente asociado con un indicador de progreso, de que las cosas se están edificando y son sólidas. De allí que el primer instinto que vemos suele ser el de arrojar concreto a los problemas pues lo entendemos como si algo estuviera mejorando. Es interesante que, en zonas de la ciudad más económicamente privilegiadas donde la valla del concreto fue superada hace tiempo, la lógica del progreso y el desarrollo ha sido reemplazada por otro elemento material directo: los adoquines. Los alcaldes de, por ejemplo, San Isidro o Miraflores, ahora tienen la obsesión de levantar pistas completamente funcionales para decorarlas con adoquines que, aunque menos funcionales, se ven mejor. Son el siguiente paso. Es algo así como una forma de demostrarle al resto de la ciudad que, aunque todos pueden estar tirando concreto, ellos pueden darse el lujo de levantar el concreto y poner adoquines. Porque sí, porque les da la gana.

Lo otro que evidencia, en la misma línea, es la absoluta linealidad de las soluciones. Es decir, los problemas urbanos en Lima, particularmente hablando de la gestión de Castañeda, se entienden como simples relaciones de causa y efecto. Hay un problema, digamos, el tráfico en una zona de la ciudad. Si aplicamos una obra vial aquí, el problema desaparecerá. Es tierno, pero ingenuo e impreciso. La misma lógica cuasipositivista del concreto y los bypasses y las vías expresas se reflejan en la ausencia de una concepción orgánica, sistémica de la ciudad. Entender la ciudad prácticamente como un organismo, donde todo está conectado y los cambios en un lugar significan siempre cambios muchas veces imprevistos en otro lugar. Lo que muchas veces se expresa cuando decimos que no hay un plan para Lima, que no hay una política urbana. Bueno, viene más o menos de lo mismo: antes que una política urbana, falta una lógica y una concepción de lo que Lima significa, integradamente, como ciudad.

De allí se desprenden una serie de oportunidades desperdiciadas, o nuevos problemas generados. Seguimos tendiendo pistas y caminos para autos, a pesar de que no renovamos el parque automotor ni proponemos alternativas al transporte público. Esto no es coincidencia: es construir una sociedad como la estadounidense, de individuos atomizados con poca interacción entre ellos. Salgo de mi casa, subo a mi auto, voy al trabajo, salgo del trabajo, subo a mi auto, voy a mi casa. Nunca me veo obligado a enfrentarme, a relacionarme con los demás. Aunque compartimos el espacio, no estamos dentro de él juntos, sino tan sólo en simultáneo (que no es lo mismo).

Pero las obras viales son fáciles, la gente las entiende rápido y proveen beneficios electorales. Pero eso quiere decir que más autos son necesarios para usarlas, porque no hay alternativas. Lo cual, además de las consecuencias culturales del aislacionismo y la exacerbación del individualismo, quiere decir también un pasivo ambiental. Es testimonio supremo de la desconexión de Castañeda con la realidad que, en una época donde la preocupación ambiental y climática es tan central, él siga tendiendo pistas para autos cuya contaminación agregada significa agravar un problema que nos afecta directamente.

¿Y qué alternativas existen? Bueno, ninguna, realmente. El Metropolitano se construye siguiendo la misma lógica lineal, que no entiende la ciudad en su conjunto. Vivimos en una ciudad de casi 10 millones de personas, que requiere de transporte público masivo y accesible, una solución difícil y de largo alcance como un metro, pero que requiere de pensar el problema distinto. Igualmente, si han tenido oportunidad de circular por la ciudad en bicicleta, o caminando, se habrán dado cuenta de la enorme falta de infraestructura para esto. Las veredas, los cruces, los puentes, simplemente no favorecen la idea de que alguien camine por la ciudad (con contadas excepciones), lo cual es una enorme oportunidad desperdiciada. Aquí entra a tallar, además, el problema de la seguridad ciudadana. Con lo cual, de nuevo, todo obliga al ciudadano a pensar en autos, en transporte urbano entendido desde una única dimensión, sin mayores alternativas.

Hace tiempo, en el blog del curso de Filosofía Moderna que dictamos el semestre pasado en la PUCP, escribí un post sobre la relación entre los ideales de la modernidad y nuestra concepción de la ciudades. La cuestión va más o menos por la misma dirección: una ciudad de estas dimensiones, en esta época, requiere de una lógica y una concepción diferente a la concepción lineal, acumulativa, progresiva que aprendimos con la modernidad. No, no es que necesitemos una ciudad posmoderna (que en muchos sentidos uno podría decir que es lo que tenemos), sino que tenemos que pensar la ciudad de manera distinta. Lo cual, además, no es tanto por un imperativo moral, sino porque nos conviene, sobre todo en este momento, pues nos permitiría hacer de Lima algo radicalmente diferente.

Feliz cumpleaños, Lima.

Cada 27 de noviembre

El 27 de noviembre es una fecha especial para mí, que tengo marcada en el calendario. Es el día en que Castor Ex Machina cumple años. Y es particularmente especial porque de una u otra manera e ido pensando aquí. Mis ideas de los últimos ya tres años están puestas aquí con mayor o menor complejidad y claridad. Así que celebrar el aniversario de este blog siempre es una cuestión de sentimientos encontrados, de ver atrás pero también de ver hacia adelante y ahora pasarse un poco de vueltas porque son tres años tres.

Siempre recomiendo a todo el mundo que bloggee. Aunque no sea por una cuestión de construir una gran audiencia, aunque no sea por decir muchas cosas, simplemente porque el proceso de poner las ideas en posts, e intentar refinarlas con el tiempo, es un buen proceso para esclarecer ideas, encontrar conexiones, y demás. Por eso luego, en fechas simbólicas como ésta es interesante volver sobre los archivos para encontrar qué pensaba antes… cómo se relaciona con lo de ahora…

En fin. Ésta es nada más una pequeña nota para eso. Para contar que CxM tiene hoy tres años, que es alucinante que los tenga, y que empiezen a bloggear, todos, right now.

Dos años después

No sé por qué no escribo más.

Claro, podrán decir que tener un blog -o bueno, quizás varios- es una muestra de todo lo contrario, de una verborrea un poco desmesurada. Pero en realidad no. Estuve pensando y conversando sobre esto el otro día, que escribo, y escribimos, muy poco. Todo es un paquete, por supuesto: hay como una reticencia a plasmar ideas en un papel, a darles materialidad. Como que sentimos -siento- una especie de falta de legitimidad para decir y afirmar cosas con cualquier grado de categoricidad.

Lo cual, claro, es terrible, por múltiples razones. Pero principalmente porque nos pone en desventaja: porque en el proceso de ir cimentando ideas, no tenemos referentes previos dentro de nuestro propio discurso. Quizás esto suena demasiado abstracto: quiero decir que en el futuro, cuando tengamos que responder a una u otra pregunta, a uno u otro problema, no tendremos tomas de posición aunque sea esquemáticas, aunque sea esbozadas, a partir de las cuales construir un argumento. Y es que ponemos la valla demasiado alta, el papel comporta una lógica perversa – lo que se pone por escrito es muy brutal, es demasiado comprometedor, y como tal debe arrastrar una cierta reverencia, una cierta autoridad. Odio esta idea, y en el fondo parece que me la creyera. Al final, yo mismo no comprometo al papel o al formato que fuera ideas beta que se puedan ir puliendo, trabajando con los años, que se les pueda ir dando un nuevo sentido.

Hace poco comenté que Castor Ex Machina cumplía dos años. Lo cual es todo un hito para mí, sobre todo cuando me pongo a revisar los primeros posts, las primeras intenciones, y lo que ha ido pasando en el camino. El primer post ya refleja poco lo que pasa ahora por mi cabeza, y el único trackback que tiene (el post del primer aniversario) también ya se siente sumamente lejano. CxM funciona para mí como un laboratorio de ideas, donde de alguna manera puedo plasmar cosas sueltas y ver cómo empiezan a surgir y aparecer conexiones de diferentes maneras. Es una suerte de incubadora, dentro de la cual, cuando algunas cosas empiezan a exhibir una cierta consistencia interna, cuando se empiezan a esbozar temáticas, pienso que tengo material suficiente como para darle vida propia en otro lado. Así, por ejemplo, ideas sobre cultura, industrias culturales y tercer mundo terminaron definiendo la línea de uno de mis proyectos paralelos, Invasiones Bárbaras. O también, problemas de tecnología, herramientas digitales, Internet, redes y medios sociales, y su relación con el Perú y Latinoamérica, ahora están encontrando un espacio en otro nuevo proyecto paralelo, Enchufa.Pe. No son espacios plenamente constituidos, no son lugares que la tengan clara, pero supongo que muy en el estilo 2.0 me gusta mantener las cosas innecesariamente en beta.

En verdad tengo la esperanza de que esto siga creciendo y empiece a articularse orgánicamente. Creo que CxM, IB y Enchufa.Pe son un punto de partida en el que quiero seguir involucrando gente, cada vez de manera más cercana, para la discusión sobre estos temas, primero, y para empezar a articular proyectos e iniciativas, después. Hay varias ideas que tengo en cola, muchas de las cuales espero vean la luz este verano, otras seguirán durmiendo el sueño de los justos. Pero este espacio sigue manteniendo un cierto sentido originario: en primer lugar, como incubadora a partir de la cual ir articulando esbozos que poco a poco van formando un dibujo, que luego se puede colorear en otra parte.

En segundo lugar, porque lo que aquí me atañe es la filosofía. Y aunque a veces no entiendo bien por qué, sí siento que es pertinente e interesante plantearse esta serie de problemas desde ese punto de vista. Creo que la filosofía se verá inevitablemente transformada por todo lo que está pasando, por un lado, y por el otro, que todo lo que está pasando se vería beneficiado por alguna forma de lectura filosófica, alguna forma que piense en el significado, en el sentido, en la transformación misma. Suele pasarme que me choco con una serie de muros porque encuentro, constantemente, que la filosofía, y los filósofos, esto no les parece tan bien: puesto simplemente, que muchos simplemente no consideran que lo que yo haga sea filosofía. Pero me cuesta mucho aceptar una filosofía cuyo sentido sea pretender dedicarse a altas cosas, a cumplir una magna teoría que la pone por encima de todas las demás ciencias de las que, además, es madre. No, yo no creo que sea eso, la verdad. No sé bien qué es, tampoco – me resulta más una forma de patología, un deseo interno que sentimos que tenemos que, perversamente, realizar. Una forma de terapia, si quieren. Pero no siento que la filosofía sea ninguna forma privilegiada de nada, ninguna tarea magnífica a la que algunos estemos llamados: es simplemente una forma particular de enfocar problemas, de reflexionar críticamente y problematizar que puede aplicarse a una serie de cosas.

Este último semestre, como jefe de prácticas de un curso de Filosofía Contemporánea, ha sido muy interesante poder explorar temas como estos y conversarlos con gente que, de yapa, no viene con preconcepciones y prejuicios demasiado cerrados respecto a cómo debe realizarse la actividad filosófica. De hecho, más aún, me he encontrado con gente muy dispuesta a entender la filosofía desde un punto de vista más amplio, menos propiamente en torno a un conocimiento particular y más en torno a una actitud hacia las cosas. Claro, en gran medida quizás eso sea mi culpa, o quizás me hayan dicho lo que quería escuchar para satisfacer mi ego -lo cual finalmente los beneficiaba-. Es interesante ver cómo, sobre todo con nuevas generaciones, la actividad filosófica misma se va transformando, quizás en el camino también los filósofos. Es un bonito consuelo pensar como Marx, o como McLuhan, y creer que este cambio es inevitable, y que quienes lo resistan simplemente serán arrastrados por la historia. Pero lamentablemente no es tan sencillo: sí, quizás el cambio sea inevitable, pero la pregunta se vuelve por cuán traumático resultará cuando miremos atrás y nos demos cuenta que ya pasó.

O más perturbadoramente aún: cuando miremos atrás y nos demos cuenta que somos los únicos haciendo esto, cuando todos los demás están en otra cosa. Vivir en una época de transformaciones radicales como ésta tiene la ventaja de que nadie sabe bien qué está pasando. ¿Por qué eso es bueno? Porque como pocas veces, leer alemanes, estadounidenses, ingleses, franceses, o lo que fuera hablando sobre el tema es en la práctica tan valioso no sólo como leernos a nosotros mismos, sino como escribirlo nosotros mismos. Y eso es una enorme oportunidad para desarrollar nuestras propias ideas, para preguntarnos cómo queremos ver el mundo, y el futuro.

El futuro. Ésa será la idea que me obsesionará más a lo largo de este nuevo año. Habrá que sacarle el ancho al futuro de múltiples manera para ver cómo conseguimos que responda a nuestras preguntas.

Feliz cumpleaños

Hoy día, Castor Ex Machina cumple su segundo aniversario.

Quisiera tener tiempo para realmente detenerme a pensar en esto, pero ahorita no puedo. Sólo sé que es fuerte, pensar que ya van dos años de publicar pastruladas en este rinconcito ciberespacial al cual le he desarrollado cariño.

Espero mañana, o quizás pasado, volver sobre esto para procesarlo un poco. Mientras tanto, las horas se acaban…

Feliz Aniversario

Hace un año publiqué mi primer post en este blog.

Un año después, cuando todo es radicalmente diferente, Castor Ex Machina ha crecido, se ha diversificado, ha cogido cierta tracción. En diciembre del año pasado, recibí 122 hits. En lo que va de noviembre de este año, 3186. La experiencia de este crecimiento ha sido fascinante, y me ha dado la oportunidad de aprender muchas cosas en el camino.

He tenido oportunidad de, por este medio, vincularme con otros estudiantes de filosofía, tanto a nivel local como incluso a nivel internacional, que compartían inquietudes o intereses similares a los míos. He conocido gente de otros blogs más o menos afines. Incluso, tuve la sorpresa de ver ideas mías reproducidas en algún lugar de la web (no me avisaron al respecto, pero al menos hicieron la salvedad de referir a la fuente).

Desde entonces, Castor Ex Machina ha llegado a estar entre los 3 primeros blogs de filosofía en el Perú (según el ranking de Perublogs), y entre los primeros 10 de Latinoamérica (según el ranking de Blogalaxia), lo cual me resulta fascinante cuando reviso los primeros posts perdidos de este experimento con el cual sigo jugando y probando ideas y cosas nuevas y viendo qué pasa.

En fin, sólo quería detenerme brevemente para celebrar este primer año, agradeciendo a todos los que han pasado por aquí, han comentado, me han escrito y con quienes he tenido oportunidad de compartir e intercambiar ideas. Espero que puedan seguir saliendo cosas interesantes de aquí, de interés para alguien en alguna parte, y que con ellas pueda seguir conociendo gente y novedades a las cuales no habría llegado de otra manera.

Y prometo publicar más cosas sobre castores.