El Ciclo Hacker: Presentaciones en Lima, 9 y 12 de setiembre

La próxima semana estaré por unos días en Lima y ha coincidido con la oportunidad de realizar una serie de presentaciones en varios contextos, en las que estoy mashupeando ideas que vengo trabajando y presentando en las últimas semanas aquí en Argentina. Pero estas presentaciones también me dan la oportunidad de ampliar y puntualizar un poco más estas ideas.

Lo interesante del asunto es que ha coincidido también con que la temática de los eventos es más o menos próxima. Así que estoy intentando formular la temática de las tres como un sólo arco continuo, abordando temas de la cultura hacker y el lenguaje y la cultura de los nuevos medios desde varios puntos de vista. De modo que en tres presentaciones estaré elaborando el Ciclo Hacker: una exploración filosófica de la idea de hackear (en una lectura amplia del término) y sus ramificaciones culturales y políticas.

¡Espero verlos por ahí!

La ética hacker y el espíritu del post-capitalismo: Filosofía para épocas de apocalipsis financiero.
Viernes 9 de setiembre, 3:45pm, Auditorio de Humanidades de la PUCP.

Estaré de regreso en el VII Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP, lo cual me encanta porque es volver a un evento en el que he podido presentarme casi todos los años recientes, desde que estaba estudiando en el pregrado. El título de la presentación es obviamente una alusión a Weber, pero ésta no es una presentación sobre Weber. Es, más bien, una exploración de los conceptos que subyacen a la ética hacker (articulados en algunos de sus textos fundacionales). Y lo que quiero hacer con esto es ver cómo algunos de estos principios están manifestándose en las tecnologías que usamos y convirtiéndose en patrones de comportamiento y culturales cada vez más difundidos. Al mismo tiempo, como se están convirtiendo en la base de una re-concepción económica (a su vez posibilitada por nuevas tecnologías) que se está traduciendo en la implementación de nuevas estructuras de interacción económica.

Hackear la educación: Alfabetización tecnológica y ciudadanía informacional.
Viernes 9 de setiembre, 6pm, Salón 402 del Pabellón Z de la PUCP.

La Asociación para la Educación y el Desarrollo, un grupo de estudiantes de psicología educacional, está organizando un evento bajo el título “Formación Ciudadana y Educación“, y me han invitado a formar parte de la mesa sobre “Ciencia, tecnología y formación ciudadana”. Siguiendo en la línea del cambio del modelo de producción de sociedades industriales al de sociedades informacionales, nuestras necesidades en términos de educación y aprendizaje deben ser también significativamente diferentes. ¿Qué, cuándo, dónde, y cómo aprendemos en un mundo altamente hiperconectado? Cuando la escuela, como lugar, deja de ser el eje articulador de nuestro procesamiento de información y conocimiento, ¿cómo respondemos? Hackear la educación quiere decir que en estas condiciones, las sociedades contemporáneas no necesitan formar primordialmente trabajadores que llenen las líneas de producción, sino que necesitan formas ciudadanos capaces de participar mediática y tecnológicamente: necesitan, en esencia, de hackers, en todas las áreas del conocimiento.

Hackers, trolls y memes: El lenguaje de los nuevos medios.
Lunes 12 de setiembre, 7pm, Auditorio de la Fundación Telefónica.

Esto es en el marco del Simposio Internacional: Interpretando los Medios, una de las actividades en Lima vinculadas a la celebración del centenario de Marshall McLuhan. En este caso, quiero explorar un poco los elementos que configuran el lenguaje propio de los nuevos medios y de la comunicación digital, y elaborar algunos de sus efectos sociales y políticos. Esto, claro, en la línea de Marshall McLuhan y la idea de ecosistemas mediáticos (o “media ecology”). El punto de partida es el meme, como el mecanismo de reproducción y circulación de información entre comunidades digitales (y no digitales, también). Así como la capacidad de modificar y producir memes libremente es un rasgo distintivo de la cultura digital, también lo son figuras complementarias que se construyen sobre esta libertad: el troll como subversivo comunicacional y “culture jammer” con efectos diversos; y el hacker como patrón ético de una cultura de remixeo y reinterpretación, donde el código de las gramáticas sociales y técnicas está abierto a su modificación continua y constante. ¿Cuál es, entonces, el valor y el potencial significado político de los memes, los trolls y los hackers?

Tecnología como lenguaje

Hoy día tuve una presentación en el McLuhan Galaxy Barcelona 2011, una conferencia que va desde hoy lunes hasta el miércoles bajo el título “Understanding Media, Today”: una relectura contemporánea de la obra de Marshall McLuhan en el año del centenario de su nacimiento.

El título de mi presentación fue “Technology as a Form of Language: The Folklore of Electronic Man” (sí, la presentación está en inglés). En ella intenté elaborar la noción latente de “gramática” que se puede encontrar en McLuhan como el conjunto de protocolos sociales que norman el uso socialmente apropiado de una u otra plataforma tecnológica (e incluso la propiedad de optar por una o por otra plataforma).

Para ello también recurrí al buen Ludwig Wittgenstein y su concepto de juegos del lenguaje para describir cómo funcionan estas gramáticas internamente y cómo es que las aprendemos (es decir, cómo aprendemos a utilizar la tecnología), y Walter Benjamin para entender cómo la capacidad para ampliar los límites de las expresiones aceptadas se está ampliando con la aparición de nuevas tecnologías, así como el significado político y cultural de esta ampliación. Responder a esta ampliación requiere, entre otras cosas, que cambiemos nuestras nociones sobre lo que significa educar en el uso de nuevas tecnologías.

Si están interesados en el tema, pueden descargar el texto de la presentación aquí, que está disponible también en las actas de la conferencia que incluyen todas las demás presentaciones que se harán en estos tres días. Este texto, junto con todos los demás, están bajo una licencia Creative Commons que permite su reproducción y redistribución.

La presentación que usé esta tarde pueden encontrarla también aquí debajo (aunque por sí solas no sé cuán útiles sean):

Cualquier comentario es siempre bienvenido. Espero también compartir luego más noticias del McLuhan Galaxy Barcelona 2011, que pueden seguir en Twitter bajo el hashtag #mcluhanBCN11.

¿Quieres enterarte más de las ideas de McLuhan? Te recomiendo el e-book que compilé hace poco con algunas ideas sobre sus ideas.

Interpreta tu papel

All the world’s a stage,
And all the men and women merely players;
They have their exits and their entrances;
And one man in his time plays many parts

- William Shakespeare, As You Like It

El título de este post es una traducción de “Play Your Part” – el nombre de la primera pista del disco Feed The Animals, de Girl Talk. Girl Talk es un artista del remix y del mashup, es decir, construye sus composiciones a partir de pedazos y samples de otras canciones. Corta pedazos, los recompone de maneras creativas y construye nuevas canciones. El resultado son pistas como éstas, justamente, la titulada “Play Your Part”:

Es, quizás, un poco difícil de digerir al principio, porque definitivamente es música que suena muy diferente a lo acostumbrado. Pero tiene buen ritmo, y una muy buena construcción. Es un formato extraño – de hecho, el único instrumento que Girl Talk necesita es una laptop y, armado de una buena cantidad de samples, puede componer un disco o animar una noche de música en vivo. Sus shows son sumamente divertidos e incluyen una interacción directa con el público, como lo muestran las escenas de sus presentaciones capturadas en el documental RiP: A Remix Manifesto. El documental de Brett Gaylor tiene a Girl Talk como uno de sus casos principales, centrado en torno a la manera como el tipo de producción artística y cultural de Girl Talk es un desafío para nuestra noción y entendimiento tradicional de cosas como el copyright, los derechos de autor y similares construcciones sociales. Construcciones que respondieron a una necesidad dada en un momento histórico, pero que son en sí mismas históricas, y deberían modificarse conforme las necesidades sociales cambian.

Ésta es la primera parte de RiP. La película completa pueden verla en YouTube entrando a esta lista de reproducción.

Mi punto aquí no es, sin embargo, sobre el copyright, aunque mucho podría decirse sobre eso. Es más bien sobre la creación. El hecho de que Girl Talk pueda hacer música con tan sólo su laptop. Es decir, no sólo hacer música: hacerla, grabarla, mezclarla, producirla, distribuirla, promocionarla, todo. Sólo con su laptop. Y con eso conseguir, además, una cantidad enorme de seguidores alrededor del mundo. Incluso que en un lugar “remoto y exótico” como el Perú alguien pueda escuchar la música de Girl Talk y encontrarla no solamente buena como música, sino significativa como proceso cultural y social.

La imagen de Shakespeare de todo el mundo como un escenario se vuelve así mucho más real – no en el sentido dramatúrgico de Goffman, sino en el sentido de la intimidad como espectáculo de la que habla Paula Sibilia. Sí, hoy tenemos todos los medios a nuestra disposición para exhibirnos. Unos mejor que otros, por supuesto, o de maneras más interesantes que otros. Pero todos podemos crear algo, aunque sea malo – y muy probablemente será malo. Este blog, por ejemplo. Es un gran bloc de notas, una lluvia de ideas constante que me permite soltar cosas y ver si hay reacciones, ir conectando puntos conforme pasa el tiempo.

No es que todos tengamos un papel predeterminado que cumplir. Sino que nos construimos un papel. Encontramos un rol que queremos interpretar, y bueno, lo interpretamos. Simplemente porque podemos, no hay una cuestión moral de por medio. No es que debamos, o debamos no hacerlo. Pero de por medio hay todo un aparato técnico y cultural que nos permite llegar a esta posibilidad.

También significa que nuestra adaptación al medio significa, hoy, aprender a ser creadores. Técnica y culturalmente, que no es lo mismo. No solamente se trata de saber capturar y transmitir ideas. Se trata de tener alguna noción de lo que eso implica, en alguna medida. Las campañas “no te comas las comillas” que hace la PUCP internamente en contra del plagio son un poco ridículas, pero capturan un punto importante: la creación y transformación de ideas y conocimiento debería, idealmente, mantener ciertas consideraciones. La atribución podría ser una de ellas (relevante en ciertos contextos, y en otros no).

Nunca nadie nos enseñó a consumir, y bueno, resulta que somos también muy malos consumidores. Y todos asumíamos que los productores sabían producir y sabían más o menos lo que hacían, pero ahora que cualquiera puede producir, nos damos cuenta de que eso también era un mito. Como que eso resalta la importancia de la idea de aprender mejores hábitos tanto de consumo como de producción, ya que todos vamos a estar haciendo un poco de eso.

Escuchen Girl Talk, es buenazo.

Atando cabos

En los últimos días he venido publicando en partes un gran resumen de varias ideas que he tenido oportunidad de trabajar en las últimas semanas en clase. Son ideas muy sueltas y esquemáticas y que ameritan mucha mayor discusión y elaboración, pero quería hacer algún tipo de sistematización para poder empezar a trazar más conexiones. Se trata de un muy rápido catálogo de las diferentes transformaciones que están operando sobre nuestros procesos sociales a partir del rápido cambio tecnológico que experimentamos desde el siglo XX, y que estamos experimentando desde la manera como concebimos al mundo hasta cómo organizamos la economía y la política. A manera de resumen, aquí un pequeño “índice” de la cuestión:

  1. Extensiones de nuestros sentidos. Una introducción para dar un poco de marco al asunto a partir de Marshall McLuhan.
  2. La construcción de la cultura. Un breve repaso a los cambios en la cultura de masas a partir de la tecnología del siglo XX.
  3. Reordenando el mundo. Epistemologías para el mundo digital, o repensar cómo pensamos.
  4. Personalidades múltiples. La expresión de la identidad en la vida globalizada.
  5. Una nueva lógica de participación. La nueva economía y los nuevos espacios de organización de la acción colectiva.
  6. Atando cabos (este post). Algunas conclusiones generales.

No es, de ninguna manera, un recuento exhaustivo de todo lo que se podría decir. Es, en el mejor de los casos, un punto de partida que busca rescatar, sobre todo, que para entender mejor estos problemas debemos hacer un esfuerzo particular por no pensar lo nuevo a partir de las categorías de lo viejo, y eso es mucho más complicado de lo que suena. Dice Clay Shirky que es recién cuando la tecnología se vuelve tecnológicamente aburrida que se empieza a poner socialmente interesante: que un montón de chicos universitarios empiecen a experimentar con redes sociales no tiene nada de espectacular, pero cuando el público de crecimiento más rápido empiezan a ser los adultos por encima de los 40 años la dinámica social se vuelve mucho más compleja. Es decir que los efectos sociales de las tecnologías que estamos viviendo hoy aún deben asentarse en nuestro imaginario para poder entenderlos plenamente.

Pero una idea central que hay que rescatar aquí es la idea del desafío que esto nos plantea como cultura. No estamos, y eso resulta ya bastante claro, en una posición en la cual podemos decir “no, gracias” a toda esta transformación y volver a la manera como nos organizábamos y comportábamos antes. Simplemente ya no es una opción. Y al mismo tiempo empiezan a surgir preguntas bizarras: ¿a qué edad es pertinente que un niño tenga un perfil en Facebook? ¿A qué edad y quién y cómo les enseñamos a hacer un mejor uso de todas estas tecnología sociales? ¿Queremos formarlos como consumidores, como productores, tiene sentido incluso hacer la referencia? ¿Cómo es transformador, en el sentido más amplio, formar una nueva generación consciente de su capacidad de producir y de las implicancias de esa capacidad?

Este desafío es, también, que tenemos que recorrer la delgada línea que separa la fe ciega en la tecnología de la resistencia necia hacia sus efectos, sabiendo que ni uno ni otro polo tendrá un modelo que nos sea efectivo. La tecnología no se va a ir; pero tampoco está aquí para solucionar todos nuestros problemas. De hecho, en el camino va a causarnos varios problemas más, y se me ocurren dos que son enormes. Primero, que toda esta gran promesa tecnológica ha venido de la mano de un costo enorme para nuesta supervivencia como especie: el producir todo este mundo de plástico ha significado que no es reciclable, y que la misma lógica que nos ha permitido hacer todo lo que ahora podemos hacer, es la misma lógica que nos está llevando cada vez más rápido al camino de la extinción.

El segundo problema está relacionado. Y es que, al mismo tiempo, toda esta gran promesa tecnológica ha dejado excluido a un enorme porcentaje de la población de este planeta – y además, en gran medida, su crecimiento depende de que este enorme sector excluido se lleve la peor parte del uso y el consumo de aparatos y procesos que nunca aprenderán a utilizar y de los que nunca conocerán beneficios. El gran “desarrollo” de la humanidad ha venido con el costo de considerar “prescindible” a buena parte de la misma. Al mismo tiempo, la brecha que separa a los excluidos de los incluidos se sigue ensanchando cada vez más: a la separación de la alfabetización, ahora se agrega no sólo la alfabetización informática, sino en la era de los medios participativos también la alfabetización mediática, y nuevos subconjuntos de alfabetización siguen apareciendo todo el tiempo para los cuales ni siquiera tenemos idea cómo responder.

Visto gruesamente, si alguna idea general quiero desprender de todo esto es que necesitamos de una nueva lógica para comprender el proceso tecnológico en su dimensión más amplia, como un proceso social a través del cual estamos virtiendo nuestra cultura. La tecnología ya no es más, solamente, aparatos que están allí afuera para responder a nuestra voluntad, sino que son en gran medida la forma de nuestra voluntad, la delimitación del espectro posible de lo que podemos querer. Nuestra capacidad para responder efectivamente a este desafío sin extinguirnos pasará por nuestra capacidad para aprender a coexistir con estas extensiones de nosotros mismos de una manera no ingenua, de una manera que reconozca las singularidades de la época en la que vivimos sin entenderlas como versiones radicales de aquello que ya hemos conocido. Sirva, quizás, esto como un segundo apunte de que tenemos que pensar un poco más en alguna forma de tecnoexistencialismo: la comprensión de nuestra existencia que derivamos a través de y en la tecnología, como la posibilidad de imaginarnos futuros posibles y plantearnos la manera como llegar a ellos.