Una lectura computacional del Informe Final de la CVR, 2

Siguiendo en la línea de mi post anterior, algunas muestras más generadas por el código que tengo y el tipo de preguntas o narrativas que se pueden generar cuando se examinan. En el caso anterior, a manera de ejemplo generé mapeos simples de términos como “PCP-SL” o “MRTA” en el documento de la cronología de eventos que está incluido en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Aunque son interesantes, no son terriblemente profundos.

Pero también podemos hacer otros tipos de mapeos. Por ejemplo, si queremos hacer un poco de historia política reciente, podemos mapear búsquedas de los principales personajes de la historia política durante el periodo de violencia interna en el Perú entre 1978 y el año 2000. A manera de ejemplo, estos son los resultados de mapear en el documento la incidencia de los nombres de presidentes peruanos en este periodo (Belaúnde, García, Fujimori, Paniagua, Toledo), a lo largo del mismo periodo. Mayor o menor frecuencia puede indicar mayor o menor participación en la vida política a lo largo de este periodo, al menos en lo que refiere a lo documentado por la CVR.

Belaúnde:

1978: ##1
1979: ##1
1980: ###################################12
1981: #######################8
1982: ############################################15
1983: ##################################################17
1984: #########################################14
1985: ##1
1986: ##1
1987: ##1
1988: ########3
1989: ##1
1990: ##1
1991: ##1
1992: ##1
1993: ########3
1994: ##1
1995: 0
1996: ##1
1997: 0
1998: ##1
1999: #####2
2000: #################6

García (el término es problemático por ser un apellido bastante común, se presta a usos potencialmente ambiguos):

1978: #1
1979: ###2
1980: 0
1981: #1
1982: ###2
1983: ########5
1984: ########5
1985: #####################################22
1986: ##################################################29
1987: ####################12
1988: #####################################22
1989: ##################################################29
1990: ####################12
1991: ######4
1992: ###############9
1993: ###2
1994: #############8
1995: ########5
1996: ###2
1997: #1
1998: #1
1999: ######4
2000: ########5

Fujimori:

1978: 0
1979: 0
1980: 0
1981: 0
1982: 0
1983: 0
1984: 0
1985: 0
1986: 0
1987: 0
1988: 0
1989: 1
1990: ########################42
1991: ######################38
1992: ###############################54
1993: ##############################52
1994: ###############################55
1995: ################################56
1996: #########################43
1997: ##########################46
1998: ##############25
1999: #############################51
2000: ##################################################86

Paniagua:

1978: 0
1979: 0
1980: 0
1981: 0
1982: ##########1
1983: 0
1984: ##########1
1985: 0
1986: 0
1987: 0
1988: 0
1989: 0
1990: 0
1991: 0
1992: 0
1993: 0
1994: 0
1995: 0
1996: 0
1997: 0
1998: 0
1999: 0
2000: ##################################################5

Toledo:

1978: 0
1979: 0
1980: 0
1981: 0
1982: 0
1983: 0
1984: 0
1985: 0
1986: 0
1987: 0
1988: 0
1989: #####2
1990: 0
1991: 0
1992: 0
1993: 0
1994: #######################8
1995: ########3
1996: 0
1997: 0
1998: 0
1999: #####2
2000: ##################################################17

Cuando vemos los mapeos en comparación, ¿qué tipo de observaciones podemos hacer? Primero que nada, podemos ver que las “estelas” de Belaúnde y García son más extensas que las de los demás. Como podríamos anticipar, Fujimori no existe antes del 89: la data no hace sino validar su categoría de “outsider” al sistema política partidario, y su incremento abrupto y marcado en los años subsiguiente coincide con el descenso en la frecuencia de los demás nombres – coincidente con el desmantelamiento de la clase política tradicional que operó el fujimorismo. Paniagua tiene un rol menor en los ochentas y luego virtualmente desaparece hasta la transición del 2000, mientras que Toledo registra solamente en periodos electorales (1995 y 2000).

En realidad estos cuadros no muestran nada que no sepamos ya – de hecho, a muchas de estas observaciones sólo podemos llegar porque ya sabemos muchas de estas cosas, y apenas comparamos nuestro conocimiento con lo que muestra la data. Lo interesante está, creo, en que la data, sin haber sido diseñado para eso (o para siquiera ser considerada como data) efectivamente valida estos patrones. Si no supiéramos varias de las cosas que ya sabemos, y trabajáramos con documentos menos estructurados, un análisis de este tipo nos mostraría tendencias para poder volver sobre estos vacíos y patrones y examinar en detalle por qué se dan discrepancias o se generan tendencias.

En este caso los ejemplos nos sirven más bien para validar que la herramienta efectivamente arroja datos válidos y por extensión, potencialmente interesantes. Si nos mostrara patrones que no tienen mayor sentido, alrededor de los no podemos construir una narrativa coherente, entonces pensaríamos o que el algoritmo está mal diseñado o que mi capacidad de programación es muy pobre. Felizmente, parece que ambas cosas no son (totalmente) ciertas porque de hecho tenemos resultados en apariencia válidos, con lo cual podemos seguir buscando nuevas cadenas y combinaciones y comparaciones que nos empiecen a insinuar cosas que no sabemos.

Con lo cual vale la pena mencionar algo más sobre el código: por ahora, a lo mucho hay una o dos funciones interesantes y una capacidad muy pobre de representación gráfica. Pero espero ir ampliando esto con el tiempo para darle mayor utilidad. Por lo cual cualquier feedback me sirve para ir pensando en maneras cómo se pueden generar interrogaciones sistemáticas extendiendo el código. Una de las primeras cosas que quiero agregar, además, es la capacidad para generar mejores gráficos que reflejen con mayor claridad los patrones, y quizás incluso con la capacidad de comparar múltiples resultados al mismo tiempo (por ejemplo, la data presentada arriba sería mucho más útil comparada lado a lado que como cinco gráficos separados). También quiero buscar la manera de hacer búsquedas por colocaciones (bigramas, trigramas o enegramas) para poder buscar nombres completos, nombres de organizaciones e instituciones.

Una lectura computacional del Informe Final de la CVR

He estado trabajando últimamente en un proyecto que involucra el uso de procedimientos computacionales para el análisis de datos, trabajando en el desarrollo de programas en Python para catalogar y analizar datos o para procesar textos en busca de patrones. Una de las cosas interesantes que ha salido de esto es un trabajo a partir del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación peruana, que además este año cumple diez años de haber sido publicado. El Informe Final es un esfuerzo masivo de investigación que involucró a un equipo enorme trabajando a través del Perú durante varios años, y es quizás el documento más comprehensivo de nuestra historia reciente sobre nuestra historia reciente. Se trata de nueve tomos más sus anexos, para un total de, si mal no recuerdo, alrededor de ocho mil páginas.

Por ello mismo, es sumamente difícil poder leerlo todo – a pesar de que lo he intentado varias veces, nunca lo he logrado. Existe Hatun Willakuy, la versión abreviada del IF en un solo volumen, pero obviamente no tiene la misma densidad y profundidad de información. De modo que se me ocurrió que el texto mismo del informe podría prestarse para una forma de lectura lejana (lo opuesto a una lectura cercana) donde el texto es tomado como la base de un análisis computacional que procesa el texto en busca de patrones significativos. Esto es totalmente un experimento, pero la idea del experimento es realizar este tipo de lecturas no con la intención de que un algoritmo agote el significado del texto, sino de que podamos utilizar un algoritmo para alzar preguntas y exponer áreas de interrogación que quizás no hubiéramos considerado antes. Esta aclaración es importante porque este tipo de herramientas de análisis basadas en computación o métodos en el ámbito de las humanidades digitales son suficientemente nuevas como para que su uso se pueda confundir o malinterpretar en el sentido de que intentemos dejar que la computadora responda preguntas, cuando en realidad es más interesante que genere posibilidades de interrogación.

Como un primer experimento dentro de lo espero se vaya volviendo un proyecto más completo con el tiempo (y que espero pueda resultar de interés a otras personas que se quieran ir sumando), he trabajado con la cronología de eventos entre 1978-2000 que forma parte de los anexos del informe. El archivo original en PDF, por supuesto, no está disponible en un formato fácilmente analizable, así que lo primero que hice fue convertirlo en un archivo de texto que pudiera ser analizado. Luego, dividí el archivo en secciones por año, para poder hacer un análisis comparativo a lo largo del tiempo. Todo el código que he generado está disponible en Github como el proyecto CVR Analytics para que cualquiera lo clone o analice. El código se apoya en el módulo NLTK para procesamiento y análisis del lenguaje natural, y es todavía un trabajo en progreso – de hecho, varias cosas importantes como la identificación de eventos y fechas todavía no funcionan como deberían.

Pero incluso en su forma actual se pueden formular algunas preguntas interesantes. La función word_map(), por ejemplo, permite buscar un término específico en el texto y visualizar la frecuencia con la que aparece en la cronología año por año. Esto genera algunos resultados interesantes, aún cuando muchos de ellos pueden ser esperables. Por ejemplo, una búsqueda por “PCP-SL” como término genera lo siguiente:

1978: 0
1979: ###2
1980: ########5
1981: #############8
1982: ####################################21
1983: #####################################22
1984: ##################################################29
1985: ##################11
1986: #############8
1987: #################10
1988: ########################14
1989: ################################19
1990: ######################13
1991: #########################15
1992: ####################################21
1993: ########################14
1994: ######################13
1995: #####3
1996: ###2
1997: #1
1998: ###2
1999: #1
2000: #1

Una búsqueda por “MRTA” genera la siguiente distribución:

1978: 0
1979: 0
1980: ##1
1981: 0
1982: ########3
1983: ##1
1984: ######################8
1985: #################################12
1986: #############5
1987: #################################12
1988: ##############################11
1989: ##################################################18
1990: #################################12
1991: ################6
1992: ###################7
1993: ################6
1994: ##1
1995: #####2
1996: ######################8
1997: #################################12
1998: 0
1999: ########3
2000: #####2

(Soy consciente de que mis visualizaciones son un poco crudas, pero vamos, esto es sólo una prueba de concepto.)

Otra función interesante es la de yearly_collocations(), que utiliza las funciones incluidas en NLTK para generar bigramas frecuentes: palabras que coinciden juntas con una inusual frecuencia. Las colocaciones para los años 1979-1981, por ejemplo, son éstas:

1978
Building collocations list
Asamblea Constituyente; Movimientos sociales; Francisco Morales; Hugo
Blanco; Óscar Molina; Cisneros Vizquerra; Partidos políticos; paro
nacional; Blanco Galdós; Fuerzas Armadas; Molina Pallochia; Morales
Bermúdez; alto nivel; decretos legislativos; las elecciones; origen
político; más alto; Luis Cisneros; Alva Orlandini; Estados Unidos
1979
Building collocations list
Partidos políticos; Morales Bermúdez; Francisco Morales; Junta
Militar; Movimientos sociales; Pacto Andino; Partido Comunista; Bedoya
Reyes; Cuadros Paredes; Raúl Haya; otro lado; Armando Villanueva; Por
otro; movimiento popular; Víctor Cuadros; Víctor Raúl; Luis Bedoya;
garantías individuales; las Fuerzas; Asamblea Constituyente
1980
Building collocations list
Belaunde Terry; Richter Prada; Partidos políticos; Pedro Richter;
origen político; Barrantes Lingán; Movimientos sociales; Manuel
Ulloa; Elecciones Generales; Alfonso Barrantes; Ulloa Elías; José
María; Orrego Villacorta; Silva Ruete; Eduardo Orrego; San Martín;
Armando Villanueva; Mientras tanto; Javier Silva; del Interior

Claramente no es un análisis perfecto – parte de los problemas que he encontrado hasta ahora han girado en torno al trabajo con un texto en español, cuando la mayoría de documentación y cuerpos de análisis disponibles están todos en inglés, de modo que el análisis es muchas veces menos que perfecto. Pero es un punto de partida, y muchos de los problemas seguramente pueden corregirse (seguramente con facilidad por alguien con mejor manejo del código que yo). Lo que quiero señalar con esto es simplemente que este tipo de análisis de textos masivos, como el Informe Final, pueden servir para elucidar preguntas y evidenciar patrones que de otra manera podrían permanecer ocultos en el texto y pasar desapercibidos a una lectura pormenorizada.

De ninguna manera esto es un mejor modo de lectura, o reemplaza al trabajo exegético y analítico que las humanidades y las ciencias sociales están acostumbradas a hacer. Pero ciertamente puede servir como un complemento, ayudando a abrir líneas de investigación u oportunidades de trabajo a seguir explorando. En mi caso, representa un primer experimento para seguir trabajando no sólo como aproximación analítica sino con suerte para luego complementarlo con un trabajo productivo, tomando no sólo la cronología sino también otras partes del informe y procesándolas para generar visualizaciones, archivos, o reinterpretaciones que permitan que un público más amplio pueda aproximarse a esta información y navegarla sin tener que saltar la valla altísimo de enfrentarse al informe en su totalidad.

Y claro, nunca está de más decir que cualquier comentario o pregunta sobre esto es bienvenido, para ir mejorando y ampliando el proyecto en otras direcciones.

Por qué “No”

El tema de la revocatoria a Susana Villarán como alcaldesa de Lima me parece, personalmente, el punto más bajo al que ha llegado la política peruana – o más bien limeña, porque no puedo hablar realmente por todo el país – en los últimos años. Y eso es decir bastante. Pero ya nada tiene sentido, es un Juego de Tronos criollo donde los ciudadanos podemos poco más que contemplar y preguntarnos por qué las casas se pelean entre ellas con nosotros de por medio.

No voy a poder votar en esta revocatoria por estar en el extranjero, y sorprendentemente no me considero afortunado por ello. Va a ser una votación muy ajustada y seguramente cada voto hará la diferencia, aunque suene trillado. De modo que mi inequívoco voto por el “No” no podrá ser contado. Pero lo que sí puedo hacer es, al menos, explicar las razones por las que, si pudiera votar, votaría por el “No”.

Las cosas que sabemos

La revocatoria es, efectivamente, una facultad legítima. Mal utilizada con abundante frecuencia, pero finalmente legítima. Pero la revocatoria tiene un sentido que, aunque susceptible a diferentes interpretaciones, apunta a condiciones objetivas: revocar a una autoridad que abusa de sus funciones o comete actos de corrupción. Es un mecanismo cuyo sentido es proteger al ciudadano del abuso de la autoridad.

Pero el argumento que sustenta la revocatoria sobre la base de la eficiencia no es convincente. Primero porque ha sido desmentido repetidamente, en el caso más reciente por un artículo en la revista Poder. Si hacemos las comparaciones respectivas, los primeros años de la gestión de Susana Villarán no sólo no han sido menos eficientes que los de sus predecesores inmediatos, sino quizás han sido hasta más, según varias de las cifras oficiales. Que la capacidad comunicacional de la Municipalidad de Lima haya sido casi nula en el mismo tiempo de gestión es algo totalmente cierto, pero que no invalida por sí mismo lo que sí ha ejecutado. Sobre todo, no es una buena justificación del hipotético “revocador responsable” que dice ser un votante informado pues, si efectivamente lo fuera, conocería la información detrás del vacío comunicacional.

Decir que la persistencia de problemas estructurales, o incluso su agravamiento, como la inseguridad ciudadana o los problemas de tráfico y transporte, son motivo suficiente como para considerar la gestión ineficiente, es también una falta importante de perspectiva. Primero, porque a pesar de que indudablemente le afecta directamente, la MML no tiene toda la injerencia ni capacidad como organismo para lidiar con estos problemas. Recordemos que los serenazgos distritales sólo existen, primero que nada, porque la Policía Nacional no es capaz de darse abasto y responder efectivamente a problemas locales. Pero garantizar el orden interno es primeramente responsabilidad del Ministerio del Interior, el cual por lo menos debería marcar la pauta y llevar la agenda sobre el tema. La MML no puede en este tema sino llevar a cabo reformas superficiales o a lo mucho intentar convocar a los actores responsables, pero el que respondan termina estando fuera de su esfera de influencia (o al menos, así queda a la falta de operadores políticos experimentados).

Algo parecido ocurre con el transporte: Susana Villarán no ha venido a causarte el tráfico de Lima. Años sucesivos de malas políticas de transporte, junto con crecimiento económico y mayor acceso a crédito tienen efectos que se componen durante mucho tiempo. La falta de articulación institucional en la materia no ayuda: que el Ministerio de Transportes pueda sacar adelante un proyecto de tren eléctrico que no esté desde el principio diseñado para articularse con el proyecto ya existente de buses segregados de alta capacidad es una muestra de que la responsabilidad, de nuevo, no recae sólo sobre la MML. Y de hecho, el compromiso demostrado con la reforma de transportes, en contra de continua presión política, es definitivamente un paso importante en la dirección correcta.

¿Quiere esto decir que la gestión Villarán está libre de polvo y paja, y es una gestión maravillosa? No, en ningún momento dije eso. Hay cosas que rescatar, especialmente a nivel de construcción institucional, así como también varias que criticar – el vacío comunicacional siendo una de las más importantes. Pero que se le pueda y deba criticar no quiere decir que se le deba revocar. Por cualquier ángulo que lo mire, la revocatoria NO se justifica sobre la base de los argumentos que se circulan. Y el instrumento de la revocatoria no está diseñado simplemente para expresar tu desacuerdo – para eso están las elecciones. Si no te gustan sus políticas, y aún así gana, pues así como defenderías la revocatoria deberías defender su legitimidad para terminar su periodo de gobierno. El “referéndum” sobre si un alcalde debe seguir o no es su capacidad para postular a la reelección. La revocatoria es un instrumento diseñado para lidiar con el abuso. Y que no esté de acuerdo con tus políticas personales no es una forma de abuso, es justamente la base de la arquitectura democrática.

Las cosas que sospechamos

De modo que, si el voto a favor de revocar a Susana Villarán no está motivado por la eficiencia o efectividad de sus políticas públicas y “obras”, entonces es, a falta de una mejor palabra, un voto estrictamente político, en su sentido de manejo de intereses. No tienen nada de malo que se manejen intereses: pero sí tiene mucho de malo que se me vengan con huevadas a tratar de justificarme el voto revocador por cualquiera de las razones anteriores, o tratar de escudar el “no me cae” o la izquierdofobia debajo de la fachada institucional de la revocatoria como “ejercicio de la democracia”.

Pero esto es contraproducente por dos razones. La primera es que votar por el “Sí” es un autogol. Es no sólo preservar, sino radicalizar todas las razones por las que supuestamente se apoya la revocatoria. En este momento, Susana Villarán, desde su precaria posición política, es el dique de contención de una serie de cosas: el descontrol en el transporte público, el descontrol en el ordenamiento urbano, etc. Si es revocada, sea quien sea que entre no va a tener siquiera el endeble aparato político para continuar y defender estas reformas estructurales. Que una ciudad del tamaño y complejidad de Lima pierda 18 meses durante un momento de transformaciones profundas es indefendible y, a la vez, irrescatable. Todas las razones que se argumentan para estar a favor de la revocatoria son precisamente las razones por las que habría que estar en contra.

La segunda razón es que reventar ese dique de contención va a generar una serie de vacíos de poder por todos lados. Todos los espacios que la MML ha recuperado o ganado quedarían de un día para otro abiertos al mejor postor: las reformasp pueden ser desarmadas por sus opositores, la gestión enflaquecida obligada a recurrir a todo tipo de consultores y proveedores externos para cumplir con funciones básicas sin ningún tipo de fiscalización o control, y, especialmente, el vacío político cooptado por una serie de personajes que hoy dicen no ser los dueños del circo. Pero al final, todo parece estar armado de tal manera que puedan cómodamente deslizarse a esos vacíos de poder, políticos y organizacionales, y enquistarse en todos sus niveles. No hay corrupción en las gestiones previas si no hay quién la investigue, no hay negociados políticos y pactos de no agresión que han durado años si no hay quién los denuncie y enfrente.

Pero por alguna razón, que no comprendo, al que apoya la revocatoria todo esto parece no importarle, porque “Susana no hace nada”, o porque simplemente le cae mal y que se vaya. Por eso la revocatoria es como la democracia deliberativa, funciona todo lindo en experimentos conceptuales donde todos saben lo que quieren y respetan las condiciones dentro de las cuales pueden intentar conseguirlo.

La revocatoria es la paradoja perfecta en la cual nadie sabe realmente qué quiere, y para intentar conseguirlo hacen cualquier cosa con las reglas de juego para finalmente conseguir exactamente lo contrario.

Complejidad económica y economías en red

Mapa ilustrando los niveles de complejidad económica a nivel global

Hace relativamente poco encontré el trabajo de Ricardo Hausmann (de la Harvard Kennedy School) y César Hidalgo (del grupo Macro Connections del MIT Media Lab) sobre complejidad económica, y se está convirtiendo en uno de los pilares sobre los que estoy armando mi actual proyecto de investigación (que está yendo más o menos en esta dirección).

Según el modelo que han desarrollado, las economías nacionales a nivel global pueden interpretarse como más o menos complejas a partir de un análisis de lo que producen – algunos productos son más complejos cuando requieren de un grado más alto de conocimiento disponible para su producción, y vice versa. Los productos en este modelo son entendidos en función al conocimiento y las habilidades necesarios para producirlos (sólo puedo producir turbinas de avión si en mi economía existen todas las habilidades necesarias para la producción de turbinas de avión), y la presencia de ciertas habilidades en una economía puede constatarse a partir de si dicha economía exporta cierto producto (si un país tiene exportaciones de turbinas de avión mayores a cero, entonces se sigue que en su economía están presentes todas las habilidades necesarias para producir turbinas de avión).

Pero las habilidades no mantienen una relación de exclusividad respecto a los productos que permiten producir – por ejemplo, hay cierto grado de similitud en las habilidades necesarias para producir una turbina de avión, y las necesarias para producir un motor de automóvil. Hay habilidades que comparten, y habilidades que serán particulares de cada uno. Eso quiere decir también que si tengo las habilidades para uno, me será más fácil iniciar la producción del otro. Lo cual en su análisis permite explicar por qué ciertas naciones han podido crecer mucho más rápido que otras al diversificar su economía y ampliar su capacidad productiva a partir de su universo de habilidades existente.

Hidalgo and Hausmann have found that GDP correlates pretty well with diversity of outputs, but it correlates much better with diversity of inputs. And the cases where the correlation breaks down could actually be more interesting than the cases where it holds, because they could indicate economies poised for growth. In 1970, for instance, the Korean economy had much greater diversity of inputs, according to Hidalgo’s measure, than the Peruvian economy; but Peru had twice Korea’s GDP per capita. Over the next 30 years, the relative diversity of inputs in the two countries’ economies stayed more or less the same, but by 2003, Korea had four times Peru’s GDP per capita.

A partir de esto se siguen varias cosas. Primero, que las economías de mayor complejidad  generan productos que enfrentan menor competencia porque existen menos economías con las capacidades para producirlos. Lo inverso es también verdadero: los productos de menor complejidad son los que enfrentan la mayor competencia porque las barreras de acceso son tanto más bajas. O lo que es lo mismo: el valor agregado es difícil de reproducir y, por lo mismo, genera retornos mucho mayores.

Segundo, que la adquisición de nuevas habilidades y generación de nuevos productos se vuelve continuamente más fácil para las economías de mayor complejidad. Dado que existe cierto grado de coincidencia entre diferentes productos, la capacidad productiva puede ampliarse continuamente incorporando las habilidades más próximas en el espectro productivo. La capacidad para producir turbinas de avión está más cerca, por ejemplo, de la producción automotriz que de la producción agrícola. Esta es una inversión que resulta mucho más difícil para las economías menos complejas, haciendo que la brecha en complejidad a lo largo del tiempo se vuelva cada vez más difícil de reducir.

Tercero, el grado de complejidad de una economía se vuelve también una medida de su resiliencia. Economías menos complejas tienen un universo de habilidades menor y por lo mismo menor capacidad para readaptarse ante cambios imprevistos en la demanda por sus productos. Economías más complejas, en cambio, sin volverse inmunes a los shocks económicos, tienen una mayor diversidad de habilidades que pueden realocarse en diferentes actividades productivas: por ejemplo, una economía capaz de producir software puedes más fácilmente readaptarse a otras áreas productivas (en servicios informáticos, procesamiento de datos, etc) que una economía dedicada principalmente a la exportación de recursos naturales. El caso del Perú es paradigmático en este sentido: aunque el boom del precio de los commodities ha permitido un crecimiento económico acelerado a partir principalmente de la inversión minera, un cambio repentino en esos precios (si, por ejemplo, el día de mañana se anunciara tecnología segura y accesible para la explotación minera de asteroides) afectaría profundamente la perspectiva de crecimiento de la economía y sería considerablemente difícil de compensar. (Alguien podría argumentar aquí que con más de $50 mil millones en reservas internacionales esto se podría amortiguar, en lo cual estoy de acuerdo, pero el hecho de tener un colchón de seguridad disponible no me parece argumento suficiente como para no contemplar las alternativas.)

Diversidad de las exportaciones peruanas, con data del 2008, según el Atlas

A través del Observatorio de la Complejidad Económica, han compilado un Atlas de complejidad económica que contiene no sólo las ideas principales que se ven reflejadas en el índice, sino hojas de datos para decenas de países formuladas a partir de su data disponible sobre productos exportados (dado que las exportaciones constatan la presencia de un producto, que a su vez constata la presencia de las habilidades requeridas para producirlo). Allí también consideran algunos de los límites de este modelo (por ejemplo, que está limitado por la data disponible a considerar solamente productos y no servicios) y lo comparan con otros modelos disponibles para rankear países. Existe también un paper disponible, “The Network Structure of Economic Output”, que detalla las ideas e implicancias centrales del modelo y contiene todo el aparato matemático utilizado para formularlo.

Circuitos de desinformación

Hay tantas lecciones que sacar del pequeño escándalo que circuló en Lima el último par de días respecto a Taxi Satelital, que vale la pena tomarme un café y tratar de desmenuzar el asunto.

El escandalete

Taxi Satelital es una empresa que brinda el servicio de taxis en Lima pedidos por teléfono, que llegan entre 10 y 15 minutos luego de llamarlos y por la conveniencia y por brindar un poco más de seguridad que un taxi de la calle, son también más caros. Dentro de todo mi experiencia personal con ellos ha sido buena, y nunca he tenido problemas. Hace un par de días empezó a circular por Facebook y Twitter una denuncia de una chica que afirmaba haber sido drogada, secuestrada por tres horas y finalmente robada en un taxi que pidió a dicha empresa:

La denuncia empezó a circular furiosamente porque la empresa se ha vuelto enormemente popular por la facilidad del servicio, pero lo extraño era que la denuncia se sostenía sobre sí misma. No había mayor ampliación, cobertura o información más que dada por la misma persona que denunciaba. Pero hoy, hace un rato, en el programa de Rosa María Palacios salió toda la evidencia abrumadora que en gran medida desmentía la denuncia:

Aunque es posible que esto aún pueda seguir girando y ampliándose, en realidad la evidencia me parece hasta ahora bastante decisiva. Pero en todo caso, no es tampoco lo que me llamó más la atención.

Circuitos de desinformación

Lo fascinante de esto es en primer lugar la velocidad con la que se difundió la información sin mayor reparo en su contenido o veracidad. Esto es, claro, sólo un ejemplo de una larga lista: es también así como todos los días matan a alguien en Twitter para ser desmentido horas o minutos después. De la misma manera, la gente empezó a retuitear y compartir la información una y otra vez, con pocas preguntas de por medio al respecto de lo que estaba siendo recirculado.

Los circuitos de información que hemos construido no están diseñados para observar ningún tipo de criterio de veracidad. Los que solíamos utilizar sí, quizás, tenían incluidos una serie de filtros para asegurar la calidad de la información que circulaba: periodistas, editores, fuentes, formación profesional, filtros monetarios, licitaciones de espectro radioeléctrico, etc. Pero los nuevos a los que tenemos acceso ahora carecen de todos los filtros con los que habíamos aprendido a convivir.

El resultado es que el circuito de información es exactamente igual de eficiente para convertirse en un circuito de desinformación. Y como se solía decir sobre el software de Microsoft, “it’s not a bug, it’s a feature“: esto sólo se puede entender como un problema cuando se le observa desde el punto de vista de los circuitos anteriores y sus filtros. Lo que ganamos con capacidad comunicacional y expresiva viene con el trade-off de que obviamos los filtros de calidad y nos encontramos potencialmente rodeados de desinformación en cualquier momento dado. El problema, entonces, pasa a ser otro: que al hacer uso de estos nuevos circuitos lo hagamos como si fueran los viejos circuitos. El problema es cuando dejamos de suponer que nada viene con ninguna garantía y que cualquier filtro de calidad termina siendo una responsabilidad personal.

Verosimilitud vs. certeza

¿Por qué consigue este tipo de información difundirse así? ¿Por qué le hacemos caso? ¿Qué es lo que deberíamos observar frente a la información que recibimos o encontramos en línea?

Pues hay dos cosas a tener en cuenta. La primera es que es importante una buena dosis de sano escepticismo. Sólo porque algo está online, no quiere decir que sea verdad – sólo quiere decir que está online (dicho sea de paso, lo mismo aplica en mayor o menor medida a cualquier información en cualquier otro medio). De modo que tenemos que hacernos mucho más fuerte el hábito de dar un paso atrás e interpelar a la información cuando la consumimos, hacerle preguntas, indagar sobre sus fuentes, etc.: ¿Quién publica esto? ¿De dónde sabe lo que dice? ¿Por qué lo hace? ¿Qué ha publicado en el pasado, y qué pasó con eso? En el fondo es muy simple: si en verdad no puedes tener ni mediana claridad respecto a este tipo de preguntar sobre cualquier cosa, ¿entonces por qué lo compartirías? Al final, todo lo que publicas en tu muro de Facebook o tu feed de Twitter dice inevitablemente algo sobre ti. Si publicas consistentemente información falsa, sin verificar o cuestionable (por ejemplo, si sigues publicando links sobre el apocalipsis maya) terminas poniéndote entre paréntesis como fuente de información. Es un poco como Pedro y el lobo, digamos, pero sin el final de fábula: simplemente te dejo de seguir o, por lo menos, te dejo de hacer caso.

La segunda es el estatuto epistemológico de la información que consumimos todo el tiempo, cada vez más rápido. ¿Qué es lo que evaluamos cuando leemos este tipo de noticias en la web? Claramente no estamos evaluando la certeza de la información que encontramos, porque no podemos: yo no puedo verificar todas las fuentes, la data, la información, para todo lo que leo. De modo que debemos suponer de entrada que no tenemos certeza en estos casos. Lo más que podemos decir en estos casos es que la información nos parece verosímil: si asumimos que las premisas son verdaderas entonces la conclusión tendría que ser verdadera también, y atribuimos esa verdad transitoria a cosas como el registro histórico de la fuente o la persona. No podemos decir mucho más al respecto. Y tampoco deberíamos esperar mucho más sobre lo que leemos o vemos: la información que circula activamente no lo hace en función a su valor de verdad o certeza (“wow, todo el mundo publica esto, debe ser realmente cierto”), sino en su capacidad de verosimilitud (“wow, todo el mundo publica esto, debe ser que muchos consideran que realmente podría haber pasado”). Diferencias sutiles pero epistemológicamente importantes.

¿Pero por qué era verosímil? El problema de los taxis en Lima

Lo triste de todo esto está en el contenido mismo de la denuncia: la persona afirmaba haber sido drogada, secuestrada y robada en un taxi. Y todos los que lo vimos, sabiendo lo que sabemos sobre los taxis en Lima, consideramos que era una posibilidad verosímil: esto realmente podría haber pasado, aún si la manera como está presentado me hace tener dudas al respecto.

No creo ser el único que piense que esto es terrible. Uno no debería tener miedo de tomar un taxi y ser drogado, secuestrado y robado, por muy grande y caótica que sea la ciudad en la que uno vive. Eso está mal, y está doblemente mal porque no debería ser tan difícil de evitar, y triplemente mal porque no se me ocurre que nadie pudiera razonablemente oponerse o resistirse a un esfuerzo de este tipo.

Tanto la inseguridad como el caos del transporte en Lima están en niveles absolutamente sin precedentes. Y es inevitable que eso nos tenga a todos un poco alborotados, al punto en el cual una denuncia de este tipo es inmediatamente verosímil y nos lleva a rebotarla lo más rápido posible como precaución (un poco en la onda dispara primero, haz preguntas después). Sin embargo, no parece que nos lleve a la cuestión de fondo de por qué esto se hace verosímil:

  • ¿Por qué Lima no tiene un registro de taxis y taxistas oficial, centralizado, actualizado, que se pueda efectivamente hacer cumplir?
  • ¿Por qué sigue siendo posible que en una ciudad de la magnitud de Lima, y con sus problemas, uno pueda volverse taxista comprándose un cartel de taxi y poniéndolo sobre su auto?
  • ¿Por qué, como ciudadanos y pasajeros, seguimos tolerando un sistema que perjudica a todas las partes, no brinda ninguna garantía y genera una enorme inseguridad?
  • ¿Por qué no hay un código mínimo de derechos y responsabilidades tanto de taxistas como de pasajeros?

No me parece que uno tenga que irse a Suiza para implementar cosas como ésta. No puede ser que cualquier pueda ser taxista porque se le ocurrió, o por lo menos, no es aceptable cuando eso genera los efectos negativos que tenemos: que un taxi pueda robarte, que genere un exceso de oferta que se trae abajo el precio y que además genere un exceso de tráfico. Nos hemos acostumbrado a cosas como negociar la tarifa en medio de la calle, a viajar en autos en mal estado, o incluso vehículos que tienen una jaula instalada para proteger al conductor, que tampoco puede saber si el pasajero lo asaltará o no. Nos hemos acostumbrado a revisar la maletera para ver que no haya nadie escondido, a bajar la luna para que no nos puedan “drogar con algo”, y a escuchar que “no, para allá no voy” como si fueran cosas normales. Y en realidad el único beneficio que se me ocurre es que, a cambio de todo eso, los taxis en Lima son ridículamente baratos.

Me resulta difícil pensar que alguien pueda estar contento con el estado actual de las cosas, una situación tan precarizada que cuando nos encontramos como una denuncia como la de arriba, consideramos que es posible y nuestra respuesta no es indagar ni resolver el problema de fondo, sino tachar a la empresa y buscar otra. Pero éste es un problema donde ni siquiera se necesita implementar infraestructura pesada, sino tan sólo establecer mejores controles y sistemas de información, al menos como primer paso. Como para dejar de entrar en pánico cada vez que tu taxi dobla por una esquina que no conoces.

El costo de las oportunidades

Llegué de regreso a Lima hace casi dos semanas, y a pesar de que es literalmente un retorno, uno empieza inevitablemente a notar y observar cosas. Diferencias, cambios, patrones.

Una de las cosas que más me han llamado la atención es totalmente obvia, lo sé, pero creo que por contraste me ha resultado mucho más extraño: los salarios en el Perú son increíblemente bajos. No es ninguna novedad. Pero para todo el discurso de los últimos años del crecimiento económico, de que “el Perú avanza” y demás, no deja de resultarme sorprendente que en general no haya habido un aumento significativo en lo que se paga por diferentes trabajos.

(Empecé a investigar un poco cuando empecé a armar este post y llegué a esta página de ProInversión con información de sueldos y salarios compilada a partir de cifras del BCRP, que da lo siguiente como promedios para Lima Metropolitana:

En este caso, sin embargo, creo que el promedio podría ser un poco engañoso y tendríamos que prestar más atención a los datos completos. Alguien con más paciencia y habilidad que yo puede buscar los datos completos en las bases de datos del BCRP. La cifra más reciente del cuadro de arriba, de unos S/.3250 para junio del 2010, sirve para ilustrar mi punto aquí.)

Porque lo que sí hay es trabajos, o “chambas”, que al parecer abundan. Últimamente paso mucho tiempo en mi casa y dejo la TV prendida como ruido de fondo, y termino viendo cosas como Yo trabajo, tú tampoco, un programa de ATV+ sobre oportunidades de trabajo, de donde puedo observar que hay diferentes tipos de oportunidades en diferentes rubros y mercados. Pero la enorme mayoría de estos trabajos (y esto es estrictamente observacional, no he procesado ningún tipo de data ni nada por el estilo) ofrecen condiciones precarias o semi-precarias, o en el mejor de los casos apenas el sueldo mínimo supuestamente vital. El costo de vida en el Perú, incluso en Lima, no se ha incrementado tanto como en otros lugares de América Latina (Buenos Aires y Sao Paulo, los estoy mirando a ustedes), pero aún así se ha incrementado, y en realidad no es mucho lo que una persona pueda hacer con S/.750 mensuales.

Esto me resultó particularmente relevante en dos rubros puntuales: vivienda, y educación. Y es que, con un bajo nivel de ingresos, uno se ve obligado a tomar decisiones respecto a la calidad de vida que puede llevar y las oportunidades a las que tiene acceso. En ese sentido, un nivel bajo de ingresos básicamente quiere decir que uno carece de libertad para independizarse de su núcleo familiar, pues tiene que participar de una economía familiar para poder cubrir todos sus gastos de vida. A pesar de que el acceso a créditos hipotecarios se ha ampliado significativamente en Lima en los últimos años, es aún un producto relativamente costoso que asumir individualmente, lo cual termina restándole dinamismo al mercado inmobiliario y volviéndolo esencialmente un mercado relativamente conservador. Finalmente, quienes busquen estos productos serán parejas o matrimonios que puedan asumir la obligación en conjunto, con lo cual buscarán unidades de corte familiar, lo cual reduce la variabilidad de los espacios que se ofrecen en el mercado. Puesto simplemente: es sumamente difícil intentar comprar individualmente un espacio en el mercado inmobiliario limeño.

Luego está el rubro educación. Una amiga me contaba que estaba investigando maestrías para llevar localmente, y encontraba costos que oscilaban entre los S/.20 mil y los S/.45 mil por programas de dos años en maestrías con una proyección laboral razonable. Siendo que en el Perú la educación es cara, y no tenemos ningún concepto desarrollado ni del crédito educativo ni de facilitar el acceso a través de políticas sistemáticas de becas, ni de hacer la educación de calidad más accesible fortaleciendo el sistema público de educación superior, en realidad terminan quedando pocas opciones que no sean simplemente pagar. Estoy, claro, pensando aquí en el tema de la educación a nivel de posgrado, que no me parece trivial porque se conecta con otra serie de dimensiones: el desarrollo continuo de nuestra fuerza laboral, el desarrollo de actividades económicas más sofisticadas, y en general la evolución de nuestro aparato productivo. Que necesitamos gente más especializada y con más educación es un buen indicador, porque es a su vez uno de los elementos que necesitamos para poder abandonar modelos económicos de poco valor agregado, como el de la minería, o al menos poder reducir el peso que tienen en nuestra economía. Para poder hacer esto necesitamos educación superior y educación de posgrado de calidad y accesibles, y al dificultarnos el acceso a estos rubros básicamente nos disparamos en el pie.

(Paréntesis de importancia aquí: deberíamos también prestar atención a España y lo que allí viene ocurriendo por dos razones. Primero porque, por la crisis que están atravesando, muchos profesionales altamente calificados – y seguramente muchos de ellos peruanos – no están encontrando buenas oportunidades y podrían percibir como más beneficioso repatriarse, lo cual es un beneficio en términos de importación de profesionales calificados, pero también distorsiona el mercado local. Segundo, porque justamente en España ha terminado siendo un “problema” que estas categorías educativas hayan sido tan accesibles, pues la economía “real” no necesariamente estaba alineada con los profesionales que generaba sistemáticamente. Ese crecimiento profesional no se tradujo en crecimiento económico en la misma dirección, lo cual ha sido uno de los factores que ha contribuido a su situación actual.)

Mi punto con todo esto es que empecé a sacar el cálculo: con los sueldos medios que uno puede razonablemente encontrar por diversos trabajos en el Perú, pero especialmente en Lima, uno podría encontrarse con que realmente no tiene acceso a ninguna de estas dos oportunidades para su desarrollo personal, económico y profesional. Si tomamos las cifras del cuadro más arriba, por ejemplo, estimando unos S/.3250 mensuales, una persona podría quizás pagar una hipoteca que no fuera demasiado cara, o quizás pagar un posgrado que no fuera demasiado caro, pero difícilmente ambas cosas. ¿Se puede vivir con S/.3250? Por supuesto que sí, y hasta con cierta holgura. Pero si uno quiere intentar invertir, costear oportunidades y mejorar su perspectiva, ya se empieza a poner mucho más complicado. Es decir, con un sueldo medio, es poco probable que puedas escoger vivir solo cómodamente y además tener un colchón de ahorros, o escoger invertir en pagar un posgrado para ampliar o especializar tu conocimiento para acceder a un mejor trabajo, para brindar servicios especializados o para formar tu propia empresa. Y lo que es casi imposible es que puedas hacer ambas cosas.

Uno podría responderme que todo mi argumento es “tierno”, pero que el Perú tiene problemas más graves como las desnutrición, la pobreza, o el acceso a educación básica y alfabetización funcional para la mayoría de personas. Y no estoy diciendo que eso no sea cierto. Lo que estoy diciendo es que es estratégico para nosotros como economía y país fortalecer una clase media con acceso a oportunidades, espacio de crecimiento e innovación, y conocimiento y habilidades para desarrollar una economía más integral, inteligente, y de producción de valor agregado. Sin esos elementos, podemos dedicarnos a seguir buscando cómo sacar más oro y mover lagunas, porque en realidad no creamos el armazón para dar más oportunidades para todos.

Por eso es que este tipo de observaciones deberían interesarnos a todos – y no, tampoco estoy intentando hacer un pliego de reclamos para áreas donde el gobierno debería resolver estos problemas. Creo que el Estado tiene un rol que cumplir en toda esta discusión, pero personalmente, no me gustaría ver ni que lidere el esfuerzo ni que lo acapare. Pero en fin, eso ya es otra discusión. Mi punto central aquí es uno: nuestra clase media, me parece, no gana lo suficiente como para ampliar su propio acceso a más y mejores oportunidades. Todo bien (o bueno, más o menos, en realidad) con los créditos de consumo y carros más baratos, pero nos falta pensar más en cosas estructurales y a largo plazo como la manera en la que dinamiza y crea nuevos mercados, accede a mayores oportunidades educativas, y a espacios de innovación y aprendizaje.

Dos cosas sobre la PUCP

Gente mejor informada que yo seguro comentará sobre el acuerdo que han alcanzado los directivos de la PUCP con la Iglesia Católica en torno a la cuestión de sus estatutos y su autonomía. Yo sólo quiero agregar dos notas que me parecen relevantes:

1. ¿En serio? Después de sonar el tambor de guerra, mover a las masas en torno al grito común de la defensa de la autonomía, el final (si es que realmente éste es el final) me parece absolutamente anticlimáctico. Si la postura iba a ser conciliatoria, ¿el tema de la autonomía era solamente una estrategia para fortalecer la posición de negociación? ¿Por qué no negociar desde un primer momento (ignoro si algún obstáculo en particular lo impedía en su momento)?

Mi problema con la resolución del conflicto, sin entrar en los detalles, es la increíble desazón que deja en una comunidad universitaria movilizada como no se veía desde hacía muchísimo tiempo. Incluso asumiendo que sea la mejor solución posible, no deja de ser decepcionante porque había tanta energía de por medio y tanta expectativa de un “lovainazo”, en el cual la universidad prefiriera reafirmarse como autónoma antes que como católica. En otras palabras: si el resultado iba a ser éste, habría sido preferible que lo fuera desde mucho antes de generar expectativas de que iba ser otra cosa. Pero en fin, en realidad…

2. El problema de fondo ni siquiera es la PUCP. El problema con la PUCP es sintomático de un problema más grande en el sistema de educación superior peruano, donde hablar de “universidades” es para muchos hablar de “centros de formación superior”. No tengo nada contra un centro de formación superior, pero no es lo mismo: uno tiene una orientación mucho más pragmática y dirigida, mientras que el otro encierra espacios más fuertes para la exploración y la formulación de nuevos problemas y soluciones. Mi razonamiento aquí no es moralista ni principista, sino que es principalmente económico: necesitamos instituciones que formen a la fuerza de trabajo de una nueva economía, no a la de la economía presente. Y no tenemos realmente eso.

No voy a entrar en un argumento de que la PUCP sea “mejor” ni nada por el estilo, que me parece no tiene fundamento y es además un poco pedante. Pero sí es diferente, como cultura interna, y en realidad mucho de aquello que es caricaturizado desde afuera (p.ej. el alumno que no va a clases por ir a una protesta en el tontódromo) es también mucho de lo que le da valor a su cultura, internamente. El problema no es la PUCP, que finalmente es católica y apostólica y romana por mucho que nos pese a los que a pesar de ello estudiamos ahí: el problema es que no haya otras opciones similares, que además idealmente sean seculares. La universidad pública debería, idealmente, cumplir ese rol de espacio de formación no sólo de trabajadores y profesionales, sino también de visionarios e innovadores y en última instancia de ciudadanos, en un espacio plural y diverso. Pero primero por un tema de gestión, segundo por un tema de políticas públicas (o carencia de tales) y tercero por un tema de recursos – y en ese orden – no lo consigue. Y la universidad privada tiene un conjunto de incentivos y un marco regulativo (legal y social) que privilegian “agitar el gallinero” lo menos posible. En el medio, nada.

Lo preocupante del tema de la PUCP es que socialmente su posición haya sido tan precaria (la “universidad caviar” como descalificativo) como para que le haya sido tan difícil defenderse. El fortalecimiento de un “Tea Party perucho”, como lo caracterizó Alberto Vergara, viene de la mano del antiintelectualismo y el anticientificismo propios del Tea Party original, algo que debería preocupar no solamente a la izquierda, sino también a todo aquel que se precie de ser un verdadero liberal. Pensar diferente, desde cualquier lado del espectro político, no debería ser visto como un “problema” que hay que corregir.

Necesitamos nuevas instituciones y nuevos espacios de pensamiento, de investigación, de creación y de innovación que no van a salir de seguir haciendo las cosas como siempre las hemos hecho. Pero mi principal preocupación es que estos espacios no tienen oportunidad de crecer y desarrollarse en un ecosistema como el que nos ha dado este problema – de nuevo, sintomático – respecto a la educación superior en el Perú.

¿Un Ministerio de Magia?

Me gustó un post de hoy de Maite Vizcarra en Techtulia sobre el debate en torno a la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en el Perú. Me gustó principalmente por dos razones: porque describe claramente las medidas que se discuten para el sector en lo que queda del presente gobierno (hasta el 2016), y porque no adopta una posición sensacionalista de “OMG MINISTERIO!!!1!!11!1″ que suele dominar este tipo de discusiones. En cambio, refleja el tipo de preguntas complejas que deberíamos estar haciéndonos:

Visto el overview, la pregunta que cae a cuenta entonces es: ¿si durante los primeros años de las reformas CTI las inversiones no serán tan dramáticas y si las acciones planteadas pueden ser ejecutadas por entidades ya existentes (Fincyt, Fidecom, Consejo Nacional de Competitividad-MEF) es necesario un ministerio en esta etapa?, ¿no sería mejor contar con una entidad como esa con el enforcement necesario a partir del punto de inflexión, cuando las inversiones serán considerables y en verdad se requiera capacidad de negociación y empoderamiento? ¿No sería mejor que el actual Comité Consultivo CTI se transforme en uno de transferencia de cara a un ministerio en dos años?

De Immanuel Kant se decía que cada vez que se encontraba con un problema nuevo, se inventaba una nueva facultad para la mente humana. De manera similar, me parece que podríamos decir que cada vez que nos encontramos en el Perú con un problema nuevo, nuestra respuesta es crearle un ministerio, y es la manera en que el poder político intenta decir “este problema nos parece importante”.

El asunto es que, por sí solo, eso no quiere decir realmente nada. La principal razón por la cual soy un escéptico respecto a las posibilidades un ministerio de CTI en el Perú es porque tal ministerio no sería el resultado de una política estratégica integral que se esté ejecutando a nivel nacional sobre ciencia, tecnología e innovación, donde el ministerio sea uno de los componentes de esa estrategia. Termina siendo la construcción de una entidad gigantesca cuyo propósito será el de construir dicha estrategia. Es poner el carro delante del caballo.

Procesos similares pueden encontrarse en el pasado reciente, con matices mejores o peores: la creación de los Ministerios del Medio Ambiente, de Cultura o de Desarrollo e Inclusión Social fueron el reconocimiento de que cada uno de estos ámbitos era un problema importante, pero la formulación misma del ministerio no era una afirmación de que se tuviera una estrategia o un plan para cualquiera de estos sectores. Esto es terrible, por una serie de razones: (1) porque genera un costo enorme en términos de instalación y operación para el Estado; (2) porque genera expectativas que probablemente terminen resultando insatisfechas entre los diferentes actores vinculados e interesados en el sector; y (3) porque al crear una dependencia legitimada y responsable del sector, si ésta termina siendo inoperante en la práctica se convierte en un obstáculo más que en un incentivo. En un sector como el de CTI, donde es relevante generar un entorno sumamente dinámico y donde la capacidad de articular e implementar iniciativas rápida y efectivamente es muy importante, un clima institucional desfavorable puede por sí solo generar trabas estructurales de importancia.

Aún cuando crear un ministerio de CTI hoy me parece una mala idea, eso no quiere decir que piense que no se debe hacer nada al respecto. Sólo que no deben hacerse las cosas por hacerse. Si creáramos un ministerio, ¿cuáles serían sus objetivos estratégicos? Si le asignáramos un presupuesto para realizar inversiones estratégicas en investigación y desarrollo, ¿cuáles serían sus áreas prioritarias de inversión? Si su visión es la de mejorar la productividad y competitividad de la economía peruana a largo plazo, ¿qué actividades económicas concentrarán su atención? ¿Se concentrará en hacernos más o hacernos menos una economía concentrada en torno a la minería? Estas son algunas de las preguntas que deberíamos hacernos al momento de formular una estrategia de CTI para el país a largo plazo.

Por otro lado, para poder implementar y ejecutar esa estrategia hay cosas que pueden hacerse como primeros pasos para fortalecer un sector nacional de CTI. Están, por ejemplo, las trabas existentes para la inversión de dinero proveniente del canon para tareas de investigación, que recoge Marcos Garfias del IEP (“La investigación en la universidad pública regional y los fondos del canon, 2004-2008“, Economía y Sociedad 76, CIES, diciembre 2010):

En esta realidad poco alentadora, desde el año 2004 se comenzó a inyectar importantes recursos provenientes del canon al presupuesto de varias universidades públicas con el objetivo de incentivar la investigación científica y tecnológica pertinente al desarrollo regional. Casi cinco años después, este objetivo no ha sido alcanzado ni siquiera parcialmente. La universidad pública no investiga ni más ni mejor que en 2004. Salvo una efímera iniciativa desarrollada en la universidad de Cajamarca en el segundo semestre de ese año y la canalización de pequeños porcentajes para apoyo financiero a los estudiantes que elaboran sus tesis de licenciatura, estos recursos no han sido utilizados en ningún proyecto de investigación de impacto regional en ninguna de las instituciones universitarias beneficiadas con el canon durante este período. Los fondos del canon han servido básicamente para financiar importantes obras de infraestructura y de equipamiento que están cerrando un déficit arrastrado durante décadas.

Esto se ha debido a que la iniciativa por dotar con fondos del canon a la universidad pública no calibró la pobreza de las capacidades de investigación de esta institución, y tampoco advirtió que la organización institucional de la investigación universitaria ha sido adecuada para beneficiar a las planas docentes con asignaciones adicionales a sus salarios bajo un formalismo burocrático que los convierte a todos en investigadores sin la necesidad de comprobar la solidez y pertinencia de sus estudios, todo ello en medio de la
prolongada dificultad que ha tenido la universidad pública para edificar una gestión eficiente que le permita salir del descalabro académico, administrativo y de gobierno que se inició por múltiples razones en la década de 1960. Una situación que sí fue advertida por los funcionarios del Ministerio de Economía, que promovieron rápidamente algunas normas que regularon el gasto del canon, como por ejemplo la prohibición de que estos recursos fueran destinados a cualquier tipo de remuneración, pero que sin embargo no promovieron simultáneamente mejores alternativas para aprovecharlos en uno de sus objetivos centrales: la investigación de impacto regional.

La prohibición de que fondos del canon fueran a pago de remuneraciones de investigadores ignora el hecho de que la investigación consiste, en gran medida, en inversión del tiempo de investigadores en diversas tareas, y presupone básicamente que estos se dedicarán a la tarea de investigar “por amor al arte” – algo que claramente no ocurre. Además, condiciona que los fondos tengan que invertirse en equipos e infraestructura, que sin dejar de ser importantes, por sí solos son incapaces de fortalecer las capacidades de CTI de una región o del país.

Nuestra deficiencia en el sector responde, además, a deficiencias estructurales que también tienen que ser atendidas si se quiere construir un sector sólido de CTI: por ejemplo, la debilidad de la oferta y demanda universitaria en carreras de ciencias e ingeniería, que va de la mano con el desfase entre la demanda estudiantil y la oferta laboral en el Perú. Nuestro sistema educativo no está alineado con nuestro modelo productivo, ni en el presente ni hacia adelante.

En otras palabras: un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación no es un Ministerio de Magia, y no deberíamos esperar que lo sea ni creernos un discurso político que nos lo venda como tal. La aparición de un ministerio de CTI no nos va a construir mágicamente un sector dinámico, activo y efectivo, justamente porque el problema debe verse multidimensionalmente y no solamente como un tema de asignación presupuestal y responsabilidad ministerial. Pero, sobre todo, require que nos hagamos preguntas complejas sobre el tipo de país y economía que queremos ser en el futuro a largo plazo.

“La mate es muy difícil”

Hace unas semanas volvía del trabajo a casa y pasé frente a una facultad de ingeniería, y terminé pensando en por qué no estudié una carrera de ciencias o ingeniería. Yo estudié Filosofía, pero durante mucho tiempo antes de ingresar a la universidad consideré seriamente estudiar ingeniería – ingeniería de sistemas, en particular. Pero finalmente, me llamaron más las letras y terminé convenciéndome de que no era particularmente bueno para las matemáticas, el lugar clásico y común de mucha gente que estudió conmigo en la universidad para descartar una carrera de ciencias o ingeniería.

El desarrollo de un fuerte sector de ciencias e ingeniería es fundamental para la construcción de una economía de alta tecnología. Un fuerte sector profesional junto con un sector haciendo investigación científica sólida se convierten en el caldo de cultivo de futuros descubrimientos científicos, patentes, desarrollo de nuevos procesos e innovaciones técnicas. Y, de hecho, las carreras en ingeniería están entre las más demandadas en la economía peruana, y entre las mejor remuneradas para un recién graduado. Según una nota en Universia del 2011 sobre demanda de profesionales en el Perú:

Iván Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Rectores, explica que actualmente son las diversas ramas de la ingeniería las especialidades que están liderando la demanda laboral. “Hay trabajo, principalmente, en Ingeniería Civil (por el aumento  de construcciones), Informática, Electrónica e Industrial”, precisó.

Y aquí se pone un poco más interesante. Si uno revisa la información de estudiantes de pre-grado del censo nacional universitario del 2010, de la Asamblea Nacional de Rectores, encontrará dos cuadros que me llamaron particularmente la atención. El primer cuadro compara las 10 carreras más estudiadas entre el censo de 1996 y el del 2010:

En el censo de 1996 las carreras de ingeniería suman un 17.9% de las 10 más estudiadas, y en el 2010 este número se incrementa a 24.8%. Es decir, no llegan a ser la cuarta parte de las diez carreras más estudiadas, a pesar de ser las carreras profesionales que tenderían, por lo visto, a encontrar mayor demanda para sus egresados.

Un segundo cuadro muestra algo también muy interesante: las carreras profesionales con mayor población estudiantil por departamento.

Sólo en el Callao, Huancavelica y Cajamarca aparecen opciones de ingeniería con las mayores poblaciones estudiantiles. Doblemente espectacular por la cantidad de rojos, naranjas y amarillos en el mapa: abogados, administradores y contadores.

¿Por qué? He escrito antes sobre los conflictos que nos genera asumirnos como país minero, a pesar de que fácticamente lo somos, y que definitivamente me parece que deberíamos estar apuntando a no serlo y a construir una nueva economía, post-industrial.  Este conflicto se traduce en que no sabemos, no decidimos y no formulamos claramente qué tipo de economía tenemos o qué queremos hacer (no tiene que ser una sola respuesta, pero difícilmente tenemos alguna sistemática). Pero este mapa, ¿qué tipo de economía nos dice que estamos construyendo? ¿Qué cuentan todos esos contadores, y qué administran todos esos administradores? ¿Y por qué la gente no está eligiendo las carreras profesionales que tienen mayor salida laboral? ¿De dónde viene el desfase?

Ensayar una respuesta completa sería demasiado complicado para este post. Pero creo que vale la pena señalar algunas cosas:

  • ¿Por qué no estudiamos más carreras de ciencias? Porque somos pésimos. Cuando un joven, como me pasó a mí mismo, tiene que escoger su carrera universitaria, y parte de reconocer su falencia estructural en el ámbito de la matemática y la ciencia, hace tanto más difícil (1) que escoja una carrera de ciencias o ingeniería, y (2) que la termine exitosamente. En las pruebas PISA 2009, Perú quedó en el puesto 62 en lectura, 60 en matemática y 63 en ciencias, sobre una muestra de 65 países.
  • Estamos promoviendo una visión muy limitada de lo que son las carreras del futuro – de hecho, no estamos promoviendo ninguna visión. Nuestros diseños institucionales favorecen la dificultad de la innovación y experimentación en términos de materia educativa: en los 5 años que estudié una carrera de letras, mi confrontación con cursos de ciencias, ingeniería, o matemáticas no sumarían, en conjunto, ni un semestre. Probablemente algo similar podría decirse del otro lado. Tenemos una visión compartimentalizada de la educación superior, que diluye el hecho de que las profesiones y los roles laborales se encuentran cada vez más mezclados. Esto impide que, incluso si uno no está estudiando una carrera “de ciencias”, pueda explorar algunos cursos o temas desde su propia carrera y encuentre los incentivos institucionales para hacerlo.
  • En una nota publicada en Facebook hace unos días, Kiko Mayorga, director de Escuelab.org, criticaba la falta de políticas e incentivos por parte del Ministerio de Cultura y del CONCYTEC para generar nuevos proyectos de investigación y desarrollo, sobre todo comparados a países de nuestra propia región como Colombia o Chile. Lo cual nos genera un círculo vicioso: no estamos formando los profesionales que requieran de estas políticas, y no estamos formulando las políticas que incentiven la formación de estos profesionales. Acá también operan visiones un poco limitadas sobre el tipo de investigación y desarrollo que queremos generar a nivel país, sin ningún tipo de marco global de prioridades para incentivar en función a las oportunidades que nos ofrece el medio local, nuestro base de talento existente y la posibilidad de posicionar nuestro conocimiento en el mercado internacional. Una buena alineación de estas piezas nos permitiría armar un mapa estratégico de las políticas de inversión en investigación y desarrollo para los próximos años; alineando, además, la oferta educativa con la participación de universidades públicas en diferentes lugares del país.

Susana Villarán y la conquista del imaginario limeño

Regreso a Buenos Aires luego de pasar un mes en Lima, y aún estoy en el lento proceso de reconexión con la realidad. Lima celebró hace unos días el aniversario 477 de su fundación en medio de una polémica y bizantina discusión sobre su administración: un grupo “independiente” de “ciudadanos preocupados” ha lanzado una iniciativa para conseguir la revocatoria de la actual alcaldesa, Susana Villarán, y de todos los regidores del gobierno municipal.

Muchas cosas de este iniciativa por la revocatoria me son incomprensibles. Para el tipo de discurso que se escucha por estos días en diferentes medios limeños, uno esperaría que Lima se hubiera convertido en un infierno imposible de vivir y tolerar como para haber tal grado de odio y rechazo hacia la alcaldesa, y mi experiencia antes y durante este mes ha sido que eso está lejos de ser verdad. En el PEOR de los casos, creo que uno estaría obligado a decir que Lima está “igual”, y difícilmente eso podría ser justificación para una revocatoria. Por otro lado, es una gestión que apenas tiene un año en el ejercicio de sus funciones, y aunque no creo que eso sea justificación como para no hacer cosas, sí creo que para la magnitud del aparato que debe movilizarse es poco probable que en un año se puedan tener resultados tangibles y demostrables.

Más aún, me es completamente incomprensible la calidad del discurso. No sé cómo, pero la “tía regia” se las ha arreglado para acaparar odios por todas partes, y he leído y oído diversas manifestaciones viscerales en su contra que son horriblemente preocupantes – preocupantes porque, antes que nada, enarbolan una bandera de “me zurro en el voto popular” y de querer sacarla a cualquier costo.

Pero en fin, gente más inteligente e informada que yo ya se ha dedicado al proceso de desmitificación sobre los logros de la gestión Villarán – sobre los montos reales del presupuesto de inversiones ejecutado, sobre las percepciones de los vecinos de La Herradura sobre la obra, sobre “el olón”, sobre el tráfico en el centro de Lima, etc. Así que no quiero detenerme más sobre ello, como tampoco quiero detenerme a echar luz sobre el cargamontón mediático que, me parece, existe claramente, pero no es por sí solo justificación de los resultados de aprobación de su gestión que se han publicado en los últimos días.

Ya es casi un lugar común decir que el problema de la gestión Villarán no es, valga la redundancia, un problema de gestión, sino uno político y mediático, de comunicaciones. Que al adoptar la posición moral de que “la esperanza vencerá al miedo” lo único que hace es someterse innecesariamente a un apanado mediático, además de cerrarse al mismo tiempo la posibilidad de defenderse o incluso de contraatacar. La situación actual me recuerda a la escena en El Padrino cuando Michael Corleone decide reemplazar a Tom Hagen como el consiglieri de los asuntos familiares, diciéndole que “él no era un consiglieri para tiempos de guerra”. Desde mi percepción externa, es un poco lo mismo lo que ocurre con la gestión Villarán: siguen jugando desde la posición moral, platónica, de que el Bien brilla por sí mismo, la esperanza vencerá al miedo y que no tienen necesidad de responder. Y, por lo mismo, los acribillan como a Sonny Corleone en la caseta de peaje.

Desmitificar las acusaciones está perfectamente bien, pero mi principal incomodidad – y lo digo habiendo votado por la actual alcaldesa – es que no hay una contramitificación, una remitificación del trabajo de la Municipalidad. La alcaldía no nos está construyendo un mito del cual participar, una historia de la cual ser parte: no puede ser el bus patrón, no puede ser el Metropolitano, no pueden ser corredores viales. Tiene que ser una gran idea, un eje que lo articule todo y que yo quiera comprar – y sí, algo que quiera comprar para mí, no para todos o para los demás. El slogan de “Lima para todos” es moralmente correcto y políticamente inclusivo, ¿pero cómo es eso Lima para mí? ¿Cómo “chorrea” el crecimiento de Lima para todos hasta mí?

Mi percepción es que lo que más necesita la alcaldesa en este momento es construir un mito, un mito enorme sobre la ciudad de Lima, un mito que inspire a la gente. Una gran idea que capture un creciente orgullo de los limeños por su ciudad y un optimismo hacia las posibilidades que les ofrece en los próximos años. Convertir la imagen de Lima de desordenada, gris e insegura en la expectativa de una ciudad emergente, de oportunidades para sus habitantes, de cosas por hacer. No entiendo cómo es posible que la Municipalidad no esté aprovechando, por ejemplo, el Bicentenenario del 2021 como gran idea eje, o incluso el aniversario 500 de Lima, como excusas perfectas para construir una imagen de la Lima del futuro. El aniversario 500 de Lima está a sólo 23 años, lo cual en términos de grandes obras públicas es relativamente pronto.

Tener un gran mito transformador sirve dos propósitos importantes. Si hablamos de Lima 500, por ejemplo, es una idea que inspira y motiva. ¿Para qué hacemos esto? ¿Para qué nos comemos el desvío del tránsito, las pistas rotas, las ordenanzas? Lima 500. En 23 años queremos hacer que Lima sea la nueva capital de América Latina, el rostro sudamericano hacia el Pacífico y hacia Asia, capital gastronómica mundial, etc. Para eso, estamos poniendo los cimientos hoy día. Y a pesar de ser la construcción de un mito, eso no quiere decir que sea mentira ni que esté desprovisto de contenido: es solamente una ilustración de cómo queremos que se vea nuestro futuro. Por ejemplo, el otro día estaba leyendo el artículo de Wikipedia sobre el Metro de Lima, e incluía el siguiente mapa:

Es un mapa de la red propuesta del Plan Maestro de Transporte Urbano de Lima y Callao, desarrollado en el 2005 y finalmente reemplazado por el mapa de la red básica, que tiene cinco líneas en lugar de las siete de la red propuesta. Todo bien con la dosis de realidad para efectivamente implementar el Metro, y no digo que no debamos ser realistas en la gestión urbana, pero sí quiero decir que la Lima del futuro, la Lima 500, el gran mito fundacional que la Municipalidad necesita hoy día, está lleno de cosas de este tipo: una Lima con siete líneas de Metro, conectadas con el Metropolitano en estaciones articuladas con un sistema electrónico de boletos y rastreo electrónico de los vehículos para que uno sepa cuándo debe salir de su casa para tomar el siguiente bus o tren. Es corredores peatonales en el centro, es reducción del parque automotor con un transporte público en el cual uno viaje tranquilo y no como sardina a un precio razonable, ahorrando tiempo y dinero. Es corredores comerciales en diferentes puntos de la ciudad, planificados con años de anticipación, para que la gente pueda poner negocios, tiendas, restaurantes, distritos temáticos con incentivos para instalar empresas de alto valor. Es formular la idea de una ciudad con 500 años de historia, capaz de mejorar la calidad de vida de 10 millones de personas que viven en ella.

Tener un mito le permitiría a la Municipalidad movilizar, articular, inspirar a la gente y dejar muy clara la idea de para qué se está trabajando, cuál es la meta a la cual se quiere llegar. Y por lo mismo, maquiavélicamente hablando, tener un gran mito fundacional que movilice a la población se vuelve un arma defensiva importantísima: permite exponer, pública y claramente, que la Municipalidad está haciendo *esto*. Por tanto, la revocatoria de la alcaldesa se convierte en el sabotaje del futuro de Lima, se convierte en estar en contra de una imagen de la cual la gente quiere participar. Si “Lima 500″ o “Lima 2021″ ofrecieran el plan maestro de hacia dónde va la ciudad, la revocatoria significaría estar en contra de un plan de esta envergadura. Si la población estuviera movilizada bajo una gran idea de este tipo, no sólo sería más fácil hacer las cosas, sino que sería más fácil también defenderse de los ataques.

Sí, mis razones para pensar en algo así son completamente maquiavélicas, y es el uso de la estrategia como táctica. Pero, por un lado, no veo muchas alternativas para que la Municipalidad se defienda efectivamente con los recursos disponibles, y por otro lado, veo mucho valor de realmente tener un plan y un mito de este tipo. Tal como están las cosas, la gestión Villarán necesita ganarse de un considerable capital político y mediático para siquiera poder operar efectivamente. Ese capital político y mediático puede ser conquistado a través de la conquista del imaginario público y la construcción de un futuro deseable para los limeños.