Cómo criar a un pingüino

Recién terminé de leer The Penguin and the Leviathan: The Triumph of Cooperation Over Self-Interest. Es el más reciente libro de Yochai Benkler, profesor de la universidad de Harvard y miembro del Berkman Center for Internet and Society, y autor también del (a mi juicio) fundamental The Wealth of Networks.

Aunque es un muy buen libro, no me parece que sea tan contundente en su argumentación como el anterior. En The Wealth of Networks, Benkler parte de observar que una serie de cambios tecnológicos están haciendo posible que se desarrolle un nuevo espectro de actividades productivas que no se inscriben necesariamente ni en las acciones del mercado ni en las iniciativas del Estado. Para él, la tecnología está haciendo posible un nuevo modo de producción que antes no había podido desarrollarse significativamente: un segmento de actividades que podríamos llamar “sostenibles”, capaz de generar suficientes recursos como para mantenerse en funcionamiento, o de generar suficiente valor como para mantener a sus participantes involucrados. Y desarrolla contundentemente cómo funciona este nuevo modo de producción a través de más de quinientas páginas.

En The Penguin and the Leviathan, Benkler ya da por sentado que este modo de producción existe, y más bien trata de dar cuenta de algo diferente – o, más bien, dar cuenta de varias otras cosas. El libro es un examen de la cooperación entre individuos y de los sistemas cooperativos diversos que hemos construido en diferentes momentos y lugares, y busca destilar cuáles son los diferentes principios que intervienen al hacer posible que un sistema cooperativo funcione. Así, toma en consideración los diferentes incentivos, normas sociales, valores, códigos morales, factores culturales y demás variables que pueden intervenir en alguno de estos sistemas, intentando desde el principio cuestionar uno de los supuestos básicos del liberalismo político y sobre todo económico: el del individuo autónomo maximizador, que busca siempre satisfacer racionalmente sus propios intereses al mayor grado posible. Apoyándose en investigación neurológica, evolutiva, psicológica y social, Benkler busca quitar centralidad a la tesis aceptada del individuo maximizador para mostrar que no sólo no nos comportamos de manera egoísta todo el tiempo, sino que además sí cooperamos mutuamente con las personas a nuestro alrededor buena parte del tiempo. Así es que se vuelve posible que se formen y funcionen “pingüinos”, sistemas cooperativos como las comunidades del software libre que hicieron posible Linux, sin la necesidad de que surjan Leviatanes, sistemas de control, supervisión y castigo como los Estados modernos, destinados a limitar el egoísmo del individuo.

El problema, me parece, es que el libro intenta ser demasiadas cosas al mismo tiempo sin tenerlas todas completamente claras. Por un lado, intenta mostrar que la cooperación es posible, es frecuente y responde a una serie de principios y elementos; pero por momentos lleva esta argumentación demasiado lejos, insinuando o implicando que somos fundamentalmente cooperativos y no egoístas, para luego retroceder sobre la gravedad de estas implicaciones y devolverle un lugar en la naturaleza humana al egoísmo. Por otro lado, intenta explicar la manera como ciertos ejemplos de sistemas cooperativos funcionan o han funcionado, desde cooperativas campesinas que regulan el uso de una cuenca hasta Wikipedia; pero no llega a explorar la manera en la cual estos sistemas fueron posibles, o si es que representan algún tipo de singularidad que sea demasiado difícil, o quizás imposible, de replicar. Y por otro lado aún, busca catalogar o documentar los diferentes principios que deben tenerse en consideración al momento de diseñar sistemas cooperativos; pero presupone que tal diseño es posible, y no llega nunca a definir del todo si lo que está intentando hacer es observar sistemas cooperativos en su funcionamiento, o establecer un marco a partir del cual interpretar o diseñar dichos sistemas cooperativos.

No es que crea que un sólo libro no pueda abordar todas estas tensiones y navegarlas exitosamente. Es que me parece que el libro no plantea todas estas problemáticas explícitamente, sino que se va tropezando con unas y con otras en el camino de una manera un poco confusa que me parece no contribuye a la claridad de lo que, aún así, es un argumento sumamente interesante y que merece mucho examen. Más aún cuando uno lee TPATL a la luz de TWON.

Pero mi principal reparo con TPATL es que presupone muchas cosas de un calibre muy pesado. Presupone, por ejemplo, algo así como que los sistemas cooperativos, o los “pingüinos”, fueran no sólo un nuevo patrón, sino una nueva norma que lo cambia todo. Puede que esto sea así, pero no me parece que ofrezca suficiente evidencia para ello. De la misma manera que presupone que los mismos sistemas cooperativos, inspirados por Wikipedia, son ampliamente posibles si se presta atención a un conjunto de variables y principios, cuando en realidad una lectura histórica de estos sistemas fácilmente podría revelar sus propias complejidades internas y que, además, son quizás más los casos de fracaso que de éxito.

Entre estos presupuestos, el que más me resulta incómodo es el presupuesto de que este tipo de sistemas pueden diseñarse intencionalmente. Creo que esto es inconsistente con el tipo de individuo que describe Benkler, que no está plenamente en control de sus voliciones y de los factores ambientales que rigen sus deseos, intereses y acciones, y es donde también creo que habría venido bien una lectura histórica de sistemas cooperativos como los desarrolladores de Linux o los editores de Wikipedia: tal lectura evidenciaría cuanto lo que vemos realmente se ajusta a algún “diseño” o a las intenciones de algún “diseñador”. O si se trata, más bien, de sistemas que van evolucionando y sobreviven en la medida en que son capaces de adaptarse a los intereses multidimensionales de las comunidades que los mantienen y empujan. En ese sentido, no estoy convencido de que el “diseño de sistemas cooperativos” sea plenamente posible en el mismo sentido que uno diseña una silla, una campaña de comunicaciones y una aplicación web. Aunque puede tratarse de una nueva aproximación interesante al diseño de sistemas, éste es uno de los elementos que me parecieron menos consistentes y explicados del libro, y que al mismo tiempo tenía las implicancias más grandes.

Aún así, creo que se trata de un muy buen libro y lleno de temas interesantes como para dejar abiertas preguntas y líneas de trabajo para seguir desarrollando. Uno de sus puntos fuertes es que está fuertemente documentado con estudios empíricos tanto de laboratorio como del mundo real, que ayudan a establecer ideas que pueden sonar contraintuitivas o que corren en contra de creencias aceptadas hace largo tiempo. Ofrece, además, una importante cantidad de materia prima para varios de los puntos que he mencionado arriba, y en particular, creo que permite construir o reconstruir un marco explicativo o un framework para entender qué está en juego en el funcionamiento de sistemas cooperativos y diferentes tipos de comunidades, qué principios hacen posible que se formen y cuáles hacen posible que puedan seguir funcionando. Es, por eso mismo, una buena introducción al arte de la crianza de pingüinos.

Dos novedades bibliográficas

Estoy a punto de hacer dos adiciones importantes a mi ya de por sí descontrolada lista de lecturas pendientes. Se trata de los nuevos libros de dos autores que aparecieron antes en mi lista de “Ocho libros fundamentales para entender la sociedad de la información“, así que tengo expectativas muy altas respecto a sus nuevos trabajos.

The Penguin and the Leviathan: How Cooperation Triumphs Over Self-Interest, de Yochai Benkler

Yochai Benkler es un maestro. Su libro anterior tuvo la osadía de titularse La riqueza de las redes (The Wealth of Networks), y definitivamente me parece que es un libro demasiado central para entender muchos de los fenómenos que observamos hoy día.

En TWON, Benkler elabora un análisis sumamente pormenorizado de lo que considera como la aparición de un nuevo modo de producción económica hecho posible por las características de la tecnología digital: la aparición de un modelo cooperativo-colaborativo donde individuos comparten libre y voluntariamente su propio tiempo y esfuerzo en la construcción de iniciativas mayores que ellos mismos, motivados nada más que por su propio interés. The Penguin and the Leviathan desarrolla aún más esa idea:

For centuries, we as a society have operated according to a very unflattering view of human nature: that, humans are universally and inherently selfish creatures. As a result, our most deeply entrenched social structures – our top-down business models, our punitive legal systems, our market-based approaches to everything from education reform to environmental regulation – have been built on the premise that humans are driven only by self interest, programmed to respond only to the invisible hand of the free markets or the iron fist of a controlling government.

In the last decade, however, this fallacy has finally begun to unravel, as hundreds of studies conducted across dozens of cultures have found that most people will act far more cooperatively than previously believed. Here, Harvard University Professor Yochai Benkler draws on cutting-edge findings from neuroscience, economics, sociology, evolutionary biology, political science, and a wealth of real world examples to debunk this long-held myth and reveal how we can harness the power of human cooperation to improve business processes, design smarter technology, reform our economic systems, maximize volunteer contributions to science, reduce crime, improve the efficacy of civic movements, and more.

Este concepto de Benkler sobre un “nuevo modo de producción” está explorado con sumo detalle en TWON, así que tengo altas expectativas sobre este nuevo libro. Los libros referidos a temas digitales suelen devaluarse bastante rápido, y aunque TWON es excepcional en que mantiene mucho de su valor para ser un libro ya del 2005, una actualización que observe casos más recientes promete ser muy interesante. Se conecta muy bien, además, y sirve como un sustento teórico muy bien documentado, para ideas que trabajan otros autores, particularmente Clay Shirky o Lawrence Lessig (de hecho, el libro Remix de Lessig bien puede leerse como una versión “simplificada” de TWON).

Bonus track: encontré también ahora un artículo de Benkler del 2002 en el Yale Law Journal, titulado “Coase’s Penguin, or, Linux and The Nature of the Firm“. (A Ronald Coase y su conocido artículo “The Nature of the Firm” me he referido antes para hablar de ética hacker y post-capitalismo).

Too Big to Know: Rethinking Knowledge Now That the Facts Aren’t the Facts, Experts Are Everywhere, and the Smartest Person in the Room Is the Room, de David Weinberger

El título del nuevo libro de Weinberger es tan largo que no entra en un twit, pero suena igualmente prometedor. Su libro anterior, Everything is Miscellaneous, nos confrontaba con el problema y la posibilidad del “desorden digital”: la opción novedosa que tenemos hoy de pensar en la manera como ordenamos la información desvinculada de las limitaciones físicas que tenemos para almacenar esa información. Aunque eso nos ofrece una cantidad de opciones prácticamente ilimitadas, tiene por lo mismo un efecto a su vez traumático en tanto trastoca todo el orden de categorías que utilizamos para manejar la realidad. Weinberger, filósofo de formación, elabora la idea de que este cambio informacional tiene implicancias ontológicas en la manera como pensamos y nos relacionamos con objetos, categorías, relaciones sociales, etc. (Escribí algo vinculado a este tema y el contexto del problema hace tres años.)

Gran parte de lo traumático, y eso es un poco lo que elabora Weinberger tanto en Everything… como Too Big To Know, es que tenemos que formular nuevas estrategias para lidiar con una cantidad abusiva de información que procesamos todos los días y con el trastocamiento de relaciones de poder, autoridad, legitimidad y confiabilidad que deviene de pasar de un ordenamiento físico a un ordenamiento virtual de la información. Pero Weinberger es el contrapeso para las posturas de autores como Nicholas Carr o Andrew Keen que creen que todo esto nos está haciendo más brutos o más superficiales. Para Weinberger la solución al problema de la sobrecarga de información es, en realidad, más información (o como lo ha puesto Shirky, no hay tal cosa como sobrecarga de información, sólo hay el colapso de nuestros filtros). Cory Doctorow dixit:

Weinberger presents us with a long, fascinating account of how knowledge itself changes in the age of the Internet — what it means to know something when there are millions and billions of “things” at your fingertips, when everyone who might disagree with you can find and rebut your assertions, and when the ability to be heard isn’t tightly bound to your credentials or public reputation for expertise.

Weinberger wants to reframe questions like “Is the Internet making us dumber?” or “Is the net making us smarter?” as less like “Is water heavier than air?” and more like “Will my favored political party win the election?” That is, the kind of question whose answer depends on what you, personally, do to make the answer come true.

Bonus track: en una línea parecida, otro libro que descubrí recientemente y que está en mi lista de lectura es Knowing Knowledge de George Siemens, al que llegué a través de otro libro recomendado, The Digital Scholar: How Technology Is Transforming Scholarly Practice de Martin Weller (EDLJ ha estado compartiendo algunos apuntes sobre The Digital Scholar en el blog de Apócriphos, donde se ha vuelto referencia central para el trabajo que estamos construyendo allí).

Carrera contra las máquinas

La semana pasada leí uno de los mejores libros que he leído últimamente: Race Against the Machine, de Eric Brynjolfsson y Andrew McAfee. Uno de esos libros que no se pueden NO terminar en una sola leída, y donde te encuentras resaltando prácticamente todos los pasajes del libro.

El libro es interesantísimo porque está escrito desde una perspectiva tecno-optimista, es decir que parte de la idea de que la tecnología está mejorando nuestras condiciones de vida. Pero los autores, haciendo un muy buen análisis económico, encuentran información contradictoria que más bien apunta a la creciente realidad de que está ocurriendo precisamente lo contrario: la automatización ofrecida por la introducción de nuevas tecnologías de la información está agravando los problemas de desempleo y subempleo a nivel global a medida que más y más actividades productivas pueden verse reemplazadas por nuevas tecnologías. De esta observación desprenden el que creo es el argumento más interesante del libro: aunque hay buenas razones para creer que la tecnología mejora nuestras condiciones materiales y expande nuestras oportunidades, no hay ninguna ley que diga que esta relación positiva es estrictamente necesaria.

At least since the followers of Ned Ludd smashed mechanized looms in 1811, workers have worried about automation destroying jobs. Economists have reassured them that new jobs would be created even as old ones were eliminated. For over 200 years, the economists were right. (…) However, this empirical fact conceals a dirty secret. There is no economic law that says that everyone, or even most people, automatically benefit from technological progress.

De esta idea general desprenden una serie de conclusiones en múltiples niveles. La línea general es que, a pesar de que la introducción de nuevas tecnologías incrementa el nivel de productividad en general de una economía, esto no necesariamente quiere decir que, por lo mismo, incremente el número de empleos disponibles. De hecho, probablemente sea lo contrario. Con lo cual la economía, en conjunto, crece, pero no todos los participantes de esa economía se benefician por igual (o en absoluto).

The threat of technological unemployment is real. To understand this threat, we’ll define three overlapping sets of winners and losers that technical change creates: (1) high-skilled vs. low-skilled workers, (2) superstars vs. everyone else, and (3) capital vs. labor.

El resultado es que aunque las condiciones de vida de un subconjunto de la población mundial mejoran enormemente, las de la gran mayoría se mantienen iguales e incluso empeoran – algo que ilustran con la casi nula variabilidad en la mediana del ingreso familiar en los últimos años en EEUU. La clase media termina siendo progresivamente desplazada por el abaratamiento de costos generado por las nuevas tecnologías de la información, que incrementa la productividad pero deja a un buen número de trabajadores obsoletos.

Digital technologies change rapidly, but organizations and skills aren’t keeping pace. As a result, millions of people are being left behind. Their incomes and jobs are being destroyed, leaving them worse off in absolute purchasing power than before the digital revolution.

Y aún a pesar de esto, el libro consigue ser principalmente optimista. Los autores buscan reformular el discurso en torno a la actual crisis económica global no como una recesión o un estancamiento del cual nos recuperaremos regresando a hacer las mismas cosas que hacíamos antes. Esto lo consideran como la forma equivocada de ver el problema. Estaríamos, más bien, frente a una gran reestructuración de las economías y la capacidad productiva de nuestras sociedades. La misma tecnología que está descomponiendo la vieja tecnología industrial está, al mismo tiempo, abriendo oportunidades para la aparición de nuevas actividades productivas que no se han empezado a aprovechar y que podrían iluminar el camino de salida de esta gran reestructuración.

Sobre todo, estas nuevas tecnologías están abriendo un enorme espacio en el ámbito de las innovaciones en los diseño organizacionales, permitiendo que se formen estructuras operativas mucho más ligeras y dinámicas y a costos infinitamente más reducidos. Esto, en esencia, se convierte en un gigantesco laboratorio de innovación en paralelo en múltiples frentes desde el cual empiezan a surgir las actividades, los productos y los servicios de la siguiente economía, que no son los mismos de la economía que conocemos.

As technology makes it possible for more people to start enterprises on a national or even global scale, more people will be in the position to earn superstar compensation. While winner-take-all economics can lead to vastly disproportionate rewards to the top performer in each market, the key is that there is no automatic ceiling to the number of different markets that can be created.

En esta nota el libro elabora una serie de sugerencias en términos de políticas públicas e incentivos que podrían ayudar a facilitar esta transición, en lugar de dificultarla. Esto principalmente porque, frente a la actual crisis financiera global, la respuesta en general está orientada a la reactivación de la economía en función a las categorías conocidas. Hay que reactivar el aparato productivo industrial a como dé lugar, parecería ser la consigna, y no hay mucho espacio para introducir, más bien, la consideración de que el aparato así concebido está ya obsoleto. La apuesta tiene que ir más bien por un proceso de innovación abierta, rápida e iterativa que inaugure nuevos mercados y posibilidades.

(Hay aquí algo que me gustaría elaborar a partir de mis observaciones en Argentina, pero que dejaré para procesar después: en este mismo contexto, Argentina está haciendo una apuesta fuerte, justamente, por ensamblar un aparato tecnológico-industrial del corte de la industria pesada, principalmente. A través de un control cercano de los intercambios comerciales con el extranjero e incentivando a la instalación de capacidad productiva industrial local, la idea es que se genere un sector local que satisfaga al mercado interno, se vuelva productivo y empiece a exportar al extranjero. Pero el mismo problema que RATM encuentra para la economía estadounidense se aplicaría para este modelo: la viabilidad a largo plazo de este modelo no es fuertemente puesta en consideración y, de hecho, en el caso argentino existen una serie de barreras institucionales a la innovación organizacional que bien podrían impedirle la transición a través de la Gran Reestructuración. Pero eso prefiero dejarlo para comentarlo luego más en detalle.)

En todo este recorrido, la educación, por supuesto, tiene un papel fundamental y, a juicio del libro, una función social que en la actualidad no se está satisfaciendo – lo cual ven, a su vez, como una oportunidad también para que nuevos innovadores entren a transformar el sector por completo. Pero alternativas educativas se vuelven una necesidad estructural para re-acondicionar al aparato productivo para una nueva forma de trabajo y producción, precisamente allí donde el sistema educativo de la era industrial ha pasado también a volverse prácticamente obsoleto.

Con todo, el libro en verdad es una fascinante lectura de las múltiples y contradictorias realidades económicas del cambio tecnológico. La tecnología no nos hace automáticamente más libres a medida que nos hace más productivos, pero tampoco es cierto, como señalan los autores, que estemos simplemente presenciando cómo somos progresivamente reemplazados por máquinas cada vez más eficientes. Se trata, más bien, de plantear el problema de la gran reestructuración en toda su complejidad para verla más allá de la oposición entre humanos y máquinas, sino más bien para buscar los complementos a partir de los cuales surgen nuevas oportunidades para la actividad humana, en lugar de buscar introducir obstáculos artificiales para poder mantener los aparatos y las instituciones que conocemos. El libro además ubica muy bien toda esta discusión en el marco de las discusiones actuales sobre generación de empleos y reformas económicas y financieras necesarias frente a la crisis financiera internacional, y para poder introducirse rápida y efectivamente en la discusión ha sido publicado como e-book. Esto ha hecho posible su rápida difusión y distribución y ampliado el alcance de las ideas en el libro, algo que los autores declaran como su intención explícita al publicar el libro por medios electrónicos en lugar de medios tradicionales.

Leer otras cosas

Hace un rato comenté en Twitter que casi nunca puedo leer solamente un libro. Normalmente, siento que necesito leer 4 o 5 libros al mismo tiempo, porque no siempre me provoca leer lo mismo en cualquier momento dado, y eso me permite saltar entre diferentes lecturas/temas/intereses. Pero, claro, eso hace más difícil terminar cualquier libro en particular en incrementa no aritmética sino geométricamente las posibilidades de no terminar ninguno.

Una de las cosas que más me gusta es balancear mi “portafolio” de lecturas. Trato de que nunca todas mis lecturas sean del mismo tema al mismo tiempo, y de hecho, trato de que sean lo más diferentes posibles. Equilibrando ficción con no ficción, antiguos con nuevos, inglés con español, ligeros con densos, y demás criterios, para poder cubrir un amplio espectro (uno de los criterios más recientes es físico y digital, también).

Desde que terminé la facultad de filosofía -hace ya bastante tiempo, en el 2007- es relativamente baja la proporción de lecturas propiamente “filosóficas” respecto al total de lo que leo. No es que ya no lea filosofía, sino que me he esforzado porque no sea lo único que leo, y progresivamente ha representado una tajada cada vez menor. Actualmente, probablemente sólo el 20 o 30% del total de mis lecturas en cualquier momento puedan fácilmente adscribirse al rubro de filosofía. Esto se ha visto directamente reflejado en mis patrones de compra de libros, también. El canon filosófico, por sí solo, me parece inabarcable: y si uno tiene la intención de familiarizarse con algunos otros cánones, la tarea se hace absolutamente insensata. Pero por algún lado hay que empezar, supongo.

Entonces, he tratado de diversificar lo más posible mis lecturas. He tratado de agregar una dosis saludable de historia, tanto del Perú como historia universal, que me parece fundamental para entender procesos sociales y políticos. Y le he puesto énfasis también a lecturas de economía y finanzas por ser sistemas cuya por lo menos superficial comprensión es básica para entender lo que pasa actualmente en el mundo: disfruto muchísimo buscando las complejidades filosóficas de la obra de Marx, pero también me interesa saber cómo funciona el mercado de valores, cuáles son los instrumentos de capitalización disponibles a una organización o cómo la inflación y las tasas de interés referenciales (y la política monetaria en general) afectan el mercado de bonos y los patrones de consumo de una economía. Es lornaza de mi parte, pero me parece alucinante (e insisto, en un mundo paralelo no muy lejano, hay una versión de mí que se dedicó a la banca de inversión).

Luego hay cuestiones más prácticas o técnicas que van desde libros sobre tecnología y programación hasta introducciones a la gestión de proyectos, a la administración de empresas o a conceptos, principios y estrategias de marketing. Leo muchísimo sobre sociedad de la información y sobre nuevas tecnologías, particularmente cuando hay aparatos conceptuales interesantes o estudios empíricos sobre fenómenos poco explorados.

Y, al mismo tiempo, hay una especie de obligación de mantenerse informado y de seguir descubriendo nuevas fuentes, lo cual hago principalmente a través de las 436 suscripciones de mi Google Reader y de las diversas cosas que uno encuentra por Twitter. Es una dieta de lecturas bastante hinchada, pero es así porque hago un esfuerzo consciente por mantenerla bastante diversa. Soy consciente, también, de que no me volveré un experto en ninguna de estas materias, pero para muchas de ellas, en realidad, no se necesitan conocimientos enciclopédicos ni excesivamente rigurosos: muchas de estas disciplinas, más que rigurosidad, más bien se mueven perfectamente bien con principios generales y una dosis saludable de práctica, ensayo y error. De modo que leyendo de múltiples fuentes, uno aprende, también, que hay múltiples maneras de leer, y múltiples expectativas posibles de un texto. De lo que se trata, finalmente, no es de ser necesariamente EL o UN experto en la materia, sino de adquirir una cierta competencia, un manejo del lenguaje propio y la ontología regional de un tema como para poder participar de sus discusiones y conversaciones, o cuando menos para hacer preguntas informadas para poder aprender más.

El libro de Humala

Se dijo mucho sobre el libro de Ollanta Humala durante la campaña, pero creo que se leyó poco. Al parecer no era fácil de conseguir en el Perú, y sin embargo no fue difícil encontrarlo en Buenos Aires: De Locumba a candidato a la Presidencia en Perú es el título del libro que aparece como de autoría de Ollanta Humala, pero en realidad parece ser una serie de entrevistas realizadas por el periodista español Ramón Pérez Almodóvar.

Es un libro extraño. Primero porque está escrito como preguntas y respuestas. Segundo porque no tiene ningún tipo de introducción, explicación o contexto, sino que salta directamente a hablar de la formación de Humala y su trayectoria militar. Tercero porque no es un libro profusamente documentado, pero eso no es particularmente sorprendente: es un libro de campaña, y como tal uno espera y anticipa algo más panfletario. Y aunque no es particularmente panfletario, sí se nota que son respuestas producidas (cuestionando que efectivamente se trate de entrevistas) y que buscaba el posicionamiento de una serie de sound bites.

Aún así, el libro es interesante. Es una lectura ligera, e incluso pudo terminarlo en un solo día. Pero brinda bastantes antecedentes interesantes, muchos de los cuales, sí, me gustaría corroborar con otras fuentes. Algunas de las cosas que me llamaron la atención:

  • La relación de Humala con la lucha antisubversiva. Humala describe el origen del etnocacerismo como una serie de prácticas contrainsurgentes “desde abajo”, que se oponían al manual estandarizado de prácticas del ejército que, más bien, daba carta blanca a la violación sistemática y masiva de los derechos humanos de las poblaciones civiles. El etnocacerismo habría surgido de las reuniones y conversaciones de oficiales que estaban en desacuerdo con este manual y que habrían compartido prácticas recomendadas para un trato más humanitario que incorporara a la población civil en la lucha antisubversiva. No sé si efectivamente sea el caso, y creo que amerita mayor análisis: además, el libro hace un esfuerzo desmesurado por plantear a Humala como el súper soldado que “la vio” y entendió cómo se debía luchar contra Sendero y cómo no. De todos modos me parece relevante que un oficial del ejército reconozca estos temas aún después de sucedidos, y evidencia un entendimiento bastante completo de las complejidades de la lucha antisubversiva en el Perú.
  • El etnocacerismo, según la narración de Humala, es luego devenido en movimiento político por su hermano Antauro con apoyo de su padre. Cuando deviene tal, ya no es el espíritu en el que se originó, sino se vuelve más bien una ideología extremista con la cual Humala no pudo simpatizar. El quiebre final de Humala con el etnocacerismo de Antauro habría sido, según el libro, el Andahuaylazo, cuando la sugerencia de Ollanta a Antauro de deponer las armas es tomada por este último como una traición al movimiento, y consiguientemente se vuelven enemigos del emergente nacionalismo.
  • La descripción detallada de lo ocurrido en Locumba, en el 2000, cuando Humala lideró a una unidad del ejército con el apoyo de su hermano Antauro y se levantaron en contra del gobierno de Fujimori y Montesinos. La descripción permite entender mucho mejor qué fue lo que supuestamente pasó, pero no deja claros cuáles eran los objetivos y las intenciones, más que al parecer restaurar la dignidad de las fuerzas armadas. Quedan, más bien, muchas cosas claras del carácter del personaje Ollanta Humala, en términos de capacidad de liderazgo respecto a sus tropas y su compromiso con la moral del ejército y cosas así, que obviamente son todo el propósito de la narración. Hace también hincapié en describir cómo a partir de estos sucesos empezó a ser perseguido dentro de la institución militar y más tarde, como político, por el poder judicial.
  • Su relación con Antauro. El libro no pierde oportunidad para dar a entender que Antauro está loco. Que favorece opciones violentistas, que no toma bien las decisiones, que es impulsivo, que no evalúa bien la información. Incluso cuando no lo está condenando explícitamente, el libro busca dejar clarísimo que Ollanta rompe con su hermano Antauro, con el movimiento etnocacerista que Antauro estaba organizando con reservistas del ejército, e incluso con su padre Isaac, por las posturas extremistas y violentistas de todos estos. En palabras del propio Ollanta, él se considera un “radical”, mientras que los otros eran “extremistas” con los que no se podía dialogar.
  • El programa del partido nacionalista. El libro es del año 2009, de modo que es previo a la campaña y a la bajada de tono que recibió su programa para las elecciones del 2011, y más aún para la segunda vuelta. De modo que los ataques contra el modelo neoliberal son tanto más frontales, así como lo son la necesidad de llevar al Perú por el camino del cambio que considera está viviendo América Latina. Nunca habla explícitamente de Venezuela, pero queda más o menos claro que la cosa va por ahí. Del mismo modo es mucho más intenso en su reivindicación de la protección de los recursos naturales, pero sí evidencia mucha mayor apertura frente a su discurso del 2006, lo cual deja claro que hubo una importante evolución. No se trata simplemente de aniquilar el modelo económico, sino que se ve ya la intención de construir una economía nacional de mercado: una que no esté en contra del capital, sino que busque promover el mercado interno y fortalecerlo para darle competitividad frente al capital extranjero.

Hay bastante más en el libro pero esto me pareció lo más resaltante, y sí hay pasajes quizás que ameritan mayor comentario y veré si puedo darles un poco más de espacio posteriormente.

Viviendo en el ecosistema Kindle

Creo que hay que empezar por aquí:

Soy un bibliófilo. Compro infinitamente más libros de los que puedo leer, incluso más de los que puedo cómodamente almacenar. Reconozco que tengo un problema, y que no tengo ninguna intención de hacer algo para solucionarlo (bueno, quizás instalar más repisas).

Hace tiempo venía considerando la posibilidad de conseguirme un Kindle por las múltiples ventajas ofrecidas por los libros electrónicos. Finalmente, terminé consiguiéndome un iPad, para el cual existe una aplicación de Kindle que permite comprar, descargar y leer todo el catálogo disponible para el Kindle en el tablet de Apple. Y quería compartir algunas notas de la experiencia.

  • Leo muchísimo más. No se trata simplemente de “leer en el iPad”. Como dice el título del post, el Kindle genera un ecosistema. Cuando estoy en casa puedo avanzar la lectura en cualquier momento donde la dejé en el iPad. Pero cuando salgo a la calle, puedo sincronizar mi lectura con la nube en el iPod antes de salir (también hay una aplicacón Kindle para iPhone/iPod), y seguir desde donde me quedé mientras viajo en el transporte público. Leer en el iPod no es ideal, pero es suficientemente cómodo como para avanzar un rato en el colectivo.
  • Compro aún más libros. La “fricción” de ir a la librería desaparece – puedo comprar los libros que quiera en cualquier momento. Esto es genial y es terrible. Si leo una recomendación de un libro, puedo entrar a Amazon, buscar el libro, comprarlo con un click, y ya lo tengo en el tablet listo para leer. Maravilloso. Pero uno encuentra estas recomendaciones todo el tiempo, así que termina haciéndolo mucho más seguido. De hecho, el otro día me encontré a mí mismo comprando libros en Amazon mientras estaba en una librería (un libro te recuerda a otro que no tienen, lo buscas, lo encuentras, lo compras). A Amazon le encanta esta idea, pero a mi cuenta bancaria no tanto.
  • Precios y disponibilidad. Para mí esto es lo mejor, sobre todo participando de este ecosistema desde América Latina. Porque por este canal, puedo acceder a los libros más recientes en sus ediciones originales, sin tener que esperar que lleguen al sur o incluso a que se hagan traducciones. Las ediciones de Kindle deberían ser más baratas que, por ejemplo, las ediciones en paperback, es cierto. Pero aún al precio al que están son más baratas que el típico libro importado/traducido que uno encuentra en la librería: un libro de US$15 es, por ejemplo, un libro de unos S/.45 o AR$60, que en realidad, no es caro para un libro. Pero uno tiene acceso seguro a la edición antes de que llegue al país, si es que llega, y probablemente llegaría más caro.
  • Extraño el objeto físico. Es inevitable, termino extrañando el libro mismo. Verlos acumulados en pilas de colores y demás. Hay una plasticidad que se pierde inevitablemente en la relación con el libro.
  • Segmento mi lectura. Esto está relacionado con lo anterior. Por lo mismo que añoro el objeto físico del libro, encuentro que termino usando más el ecosistema Kindle para leer más de libros que son, de alguna manera, menos significativos para mí. Más utilitarios. Encuentro difícil apegarme a un libro sobre negocios o sobre programación de la misma manera como me apego a mi novela favorita, o un texto con el que trabajo continuamente y tengo todo marcado. De modo que se me produce una suerte de segmentación natural. Lo cual está incentivando, además, que lea muchísimo más sobre temas que no exploraba antes y, por lo mismo, esté aprendiendo muchísimas cosas nuevas.
  • Esto recién comienza. Utilizando estas herramientas rápidamente uno se va dando cuenta que aún hay mucho más por explorar. Cuando estas herramientas recién aparecían me preguntaba cómo transformarían la experiencia de la lectura (irónicamente, me quejaba también del iPad). La descripción la tienen en los puntos anteriores, pero creo que falta mucho por explorar. Por lo que he visto, las ediciones electrónica siguen siendo la última rueda del coche en su cuidado y calidad, a pesar de los incrementos enormes en ventas en los últimos meses. Por otro lado, hay integraciones que uno espera como naturales que aún no se han dado – seleccionar un pasaje y enviarlo al blog para poder comentarlo directamente, o compartirlo a través de redes sociales. La integración social de la lectura apenas si ha sido explorada, quizás porque choca de cara con la interpretación típica de la lectura como experiencia individual, aislada, casi solipsista.

Estoy muy interesado en este segmento y siguiendo los desarrollos con atención. Con Daniel Luna estamos en proceso de investigación y de organización para armar un proyecto de “editorial electrónica”, aprovechando los recursos que hoy hay disponibles. Repensando la publicación y la función de la editorial para el contexto presente, y el sentido mismo de los “textos”, y cómo eso transforma el mercado. Así que seguramente seguiré comentando el tema continuamente.

Observaciones porteñas, 8: la Feria del Libro de Buenos Aires

La Feria del Libro de Buenos Aires merece una nota aparte. Lamentablemente, a pesar de que fui tres veces, en ninguna fui lo suficientemente astuto como para llevar cámara de fotos y documentar el asunto. Es una cuestión absolutamente masiva: la feria del libro es a Buenos Aires lo que Mistura sería a Lima, aproximadamente. La cola para entrar, en los días más concurridos, tranquilamente llegaba a 4-5 cuadras. La gran diferencia, es quizás, que la cola avanzaba con facilidad y que la organización del evento fluía sin problemas tanto por el lado de la organización como por el lado del público.

El mercado editorial en Argentina es absolutamente masivo. Comparativamente, la Feria Internacional del Libro de Lima, la más grande que creo que tiene, sería en el mejor de los casos alrededor de un tercio de la de Buenos Aires, y eso es siendo generosos. La diversidad del mercado es a su vez espectacular: la oferta disponible, por ejemplo, en los segmentos de comics, anime y manga era algo que no habría imaginado, con no solamente una oferta enorme sino con todos los stands dedicados al tema completamente llenos de gente.

La feria consigue realmente ser una feria, un evento al que la gente puede ir en familia y pasarse todo un día el fin de semana, con docenas de actividades de diversos tipos en diferentes lugares, restaurantes, cafés, cafeterías, y cientos de miles de libros de todo tipo. Es verdaderamente un acontecimiento familiar, y sorprende un poco también ver a niños e incluso adolescentes caminando en grupos por la feria, todos con bolsas de libros en la mano, un sábado por la tarde.

Las universidades tienen también mucha presencia, con estrategias editoriales simples pero efectivas: los cursos generales requieren de literatura general que se compila a partir de trabajos de los profesores de la universidad. Ensayos accesibles que permiten panoramas generales con autores cercanos, que tienen además el valor agregado de que incrementan la visibilidad de los autores y realzan el perfil académico de la institución. Todos ganan.

Otra de las cosas fascinantes este año fue la presencia del libro digital. La feria tenía una sala de lectura digital donde los visitantes podían jugar con Kindles, iPads, y demás tipos de tablets destinados a la lectura. Un stand de la embajada de Estados Unidos ofrecía una alternativa parecia. Y además, Movistar lanzó en la feria una tienda virtual de ebooks también disponibles para su lectura en tablets. De modo que la cosa andaba lejos de formar parte de la tecnofobia acostumbrada en torno al futuro del libro.

Finalmente, una de las cosas que más me sorprendió fue la disponibilidad de libros vinculados al pensamiento latinoamericano y peruano. Muchos textos, muchos análisis sobre historia del pensamiento y la filosofía latinoamericana con secciones considerables sobre pensadores peruanos. Muchos textos, aparentemente muy buenos, sobre autores como José Carlos Mariátegui. Y una de las cosas que más me sorprendió encontrar, entre todos los lugares, en Buenos Aires: un libro, aparentemente “co-escrito” con Ollanta Humala, detallando claves de la evolución de sus ideas desde su formación temprana. Me arrepiento ahora de no haberlo comprado, pero estaba un poco caro.

Dicho todo eso, un repaso de las adquisiciones de este periplo obsesivo, sin ningún orden en particular:

  • Scolari, Carlos. Hipermediaciones: elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Gedisa, Barcelona, 2008.
  • Igarza, Roberto. Burbujas de ocio: nuevas formas de consumo cultural. La Crujía, Buenos Aires, 2009.
  • Mancini, Pablo. Hackear el periodismo: manual de laboratorio. La Crujía, Buenos Aires, 2011.
  • Horrocks, Christopher. Marshall McLuhan y la realidad virtual. Gedisa, Barcelona, 2004.
  • Entel, Alicia, Víctor Lenarduzzi y Diego Gerzovich. Escuela de Frankfurt: razón, arte y libertad. Eudeba, Buenos Aires, 2008.
  • Volóshinov, Valentín Nikoláievich. El Marxismo y la filosofía del lenguaje. Ediciones Godot, Buenos Aires, 2009.
  • Mazzeo, Miguel. Invitación al descubrimiento: José Carlos Mariátegui y el socialismo de nuestra América. El Colectivo, Buenos Aires, 2008.
  • Beigel, Fernanda. El itinerario y la brújula: el vanguardismo estético-político de José Carlos Mariátegui. Biblos, Buenos Aires, 2003.
  • Marcaida, Elena (comp.). Historia económica mundial contemporánea: de la revolución industrial a la globalización neoliberal. Dialektik, Buenos Aires, 2007.

Sí, soy plenamente consciente de que tengo un problema, y lo disfruto a cada minuto.

Los blogs y la subversión de la academia

Mucho se ha dicho en una serie de blogs vinculados a la ontología orientada a objetos sobre la relación entre las publicaciones académicas y los nuevos formatos disponibles a los autores como los blogs. Son muchas fuentes y prefiero dirigirlos al buen resumen de la discusión que ha hecho Daniel Luna, capturando la diversidad de perspectivas y metiendo su cuchara.

Recojo la conclusión de Daniel:

Bueno, ¿qué podemos decir después de todo este recorrido? Simplemente que la academia y la blogósfera no tienen que ser enemigos. No tiene que haber antagonismo y polarización entre lo “serio” y lo “superficial”. Ambos medios, y muchos más, pueden servirnos para desarrollar una mejor producción intelectual. Ambos espacios pueden enriquecerse y no debe pretenderse que uno logrará acabar con el otro. En nuestro medio local, publicar es difícil por recursos y creo que si los estudiantes que tienen intereses académicos empiezan a escribir desde temprano podrán ir desarrollando mejor sus ideas, su manera de escribir, sus habilidades para discutir por escrito y quién sabe, quizá hasta ir desarrollando los Grundrisse para una tesis, trabajos, ensayos, ponencias o artículos. Creo que bloggear sería un complemento excelente para un futuro académico que recién es estudiante y se encuentra en sus primeros años. Quizá en el futuro sea algo tan recomendable como aprender más idiomas (¿qué es un medio sino otro tipo de lenguaje?).

Creo, sin embargo, que el antagonismo en este momento es un tanto inevitable, y es hasta un poco deseable. Con el tiempo, sí, a medidas que cada medio/formato encuentre su propia, nueva delimitación, entonces sí la relación podrá ser algo más pacífico. Pero sí me parece que la publicación en blogs está cumpliendo una función sumamente necesaria: está subvirtiendo el orden conocido de las publicaciones académicas, está siendo una fuente de profunda incomodidad.

Entonces, a todo esto, algunos comentarios:

1. Creo que algo que recoge Daniel y otros de los comentaristas que cita es que los blogs en la frontera de lo académico están subvirtiendo relaciones de poder en torno a lo académico. Hace unos años, era impensable que un alumno sin títulos nobiliarios pudiera volverse más conocido y popular respecto a un tema que sus profesores. Ahora es algo relativamente común. Como señala Daniel en su conclusión, en realidad NO bloggear es una muy mala idea para un académico joven que esté tratando de hacerse un nombre y encontrar su espacio. Por lo mismo, uno ya no está obligado a recorrer el mismo proceso tradicional de “ganarse su derecho de piso”. Esto me parece saludable.

2. Creo que obviamente, al menos dentro de la filosofía, esto lleva a pensar en nuevas formas de filosofar. No es pues, lo mismo, trazar reflexiones en función al ciclo de publicaciones de los journals impresos, con sus procesos de verificación y edición, que lo es a partir de discusiones bloggeras. Emerge así una forma de pensar sobre la marcha, ni mejor ni peor, pero que sí debemos hacer el esfuerzo por ver cómo, a partir de eso, podemos derivar formas de capturar momentos del discurso. Snapshots. Pero nuestra aproximación cambia así como el medio es el mensaje.

3. En esa misma dirección me parece interesantísimo el desafío que plantea Ian Bogost a partir de esta discusión.

For a while now, I’ve been advancing the philosophical construction of artifacts, a practice I’ve given the name carpentry. Taking up that philosophical hobby horse, I wonder what a writing and discussion system would look like if it were designed more deliberately for the sorts of complex, ongoing, often heated conversation that now takes place poorly on blogs. This is a question that might apply to subjects far beyond philosophy, of course, but perhaps the philosopher’s native tools would have special properties, features of particular use and native purpose. What if we asked how we want to read and write rather than just making the best of the media we randomly inherit, whether from the nineteenth century or the twenty-first?

En lugar de pensar cómo nuestros medios configuran nuestra experiencia de la escritura, podemos también pensar a la inversa, cómo podemos diseñar un medio que se configure en función a lo que nos gustaría de la escritura.

4. Estoy pensando sobre esto último bastante, en función a este mismo espacio. Siguiendo a Daniel, los posts en este blog son un flujo continuo de Grundrisse, de anotaciones y anotaciones que fluyen y van formando ideas. Pero ocasionalmente también pueden capturarse estas notas, tomar un snapshot, y formar un producto más elaborado: es lo que he intentado hacer con el experimento del e-book sobre McLuhan y otros proyectos similares que a partir de esto se me han ocurrido. El blog, o más allá y alrededor del blog, se puede fácilmente construir esta estructura: un flujo de notas, a partir del cual se tiene la materia prima para otros tipos de productos (papers, ensayos, libros incluso, videos, lo que fuera). El blog como laboratorio filosófico, del cual, efectivamente, progresivamente van saliendo prototipos, productos. Bonita idea.

Publicar

No se me ocurre una buena traducción al español de la palabra “publisher”. Quizás lo más cercano que se usa es “editorial”, pero un publisher no es eso. Un publisher es un publicador, alguien que se encarga de llevar algo al público (frecuentemente un libro, pero la categoría aguanta bastantes formatos).

Publicar es una cosa curiosa. Es convertir algo en público, ponerlo a la disposición de un público que lo consuma/utilice. Habermas tuvo mucho que decir en su momento respecto al desarrollo de la “publicidad” en Europa durante la Modernidad – no publicidad en el sentido de vallas donde vayas, sino publicidad en la capacidad de las sociedades y de los individuos especialmente de hacer públicas sus opiniones y de tener discusiones en espacios públicos. Esto, para Habermas, no solamente enriquece los regímenes democráticos, sino que los hace posibles en primer lugar, en su concepción moderna.

Los publicadores – los publishers – han cumplido un rol en todo esto, sirviendo como los brokers, los intermediarios que de alguna manera tomaban una masa no estructurada de cosas privadas con intención de ser publicadas, las filtraban, las mejoraban, y las convertían en productos públicos. El tema del filtrado es siempre polémico: finalmente, un publicador puede tener como su principal interés el mejoramiento de la sociedad o el fomento de una diálogo constructivo en torno a un tema, pero aún con tan nobles intenciones tendrá que ver la manera de que tal intención encuentre una demanda por parte del público consumidor que haga que su iniciativa no se hunda en la insostenibilidad. De modo que el publicador navega una complicada frontera entre el mercado y el interés público, o muchas veces no navega ninguna complicación sino que simplemente publica lo que el público quiere (y eso no es necesariamente malo, tampoco).

El rol de los publicadores era hecho posible por una asimetría fundamental: la capacidad de reproducir los contenidos a gran escala era limitada y costosa, de modo que sólo unos cuantos centros eran capaces de agregar esa posibilidad y concentrar las expectativas de autores para publicar sus obras. Como es bastante obvio, esta asimetría fundamental se ha visto subvertida con la aparición de las tecnologías digitales: desde que tenemos fotocopiadoras e impresoras láser, desde que tenemos procesadores de textos y software de diagramación, el rol esencialmente técnico del publicador puede efectivamente ser reemplazado por una organización mucho más chica, o incluso por una persona, que bien puede ser el mismo autor. Con esto, tenemos una explosión de publicaciones, pues los autores ya no dependen necesariamente de los publicadores para publicar sus obras, pero al mismo tiempo los filtros de calidad que teníamos – los publicadores – dejan de ser tan efectivos. El mercado se ve inundado de opciones, que no necesariamente son las mejores opciones posibles (aunque, en teoría, se supone que el mercado se encarga de equilibrar eso – en teoría).

Lo que es fácil olvidar es que el publicador no hace solamente eso. Paul Carr lo recoge claramente en un artículo para TechCrunch: el publicador, en realidad, se encarga también de temas logísticos, contables, promocionales, todos los cuales han posible que la publicación llegue a un público amplio de manera eficiente. En un modelo que prescinde del publicador y donde el autor es su propio modelo de distribución, son también estas funciones las que deben ser absorbidas de manera más o menos eficiente por el autor. No se trata solamente de publicar buen contenido; hay que también manejar todo un orden de servicios periféricos necesarios para que ese contenido llegue efectivamente al público.

El argumento de Carr es resumido por él mismo de esta manera:

For all of the reasons above, there are really only two types of person for whom it makes a jot of sense to tear up their book deal and abandon the professionalism, billion-dollar print market, and immeasurable cachet of traditional publishing. The first are highly skilled self-promoters like Godin who have successfully identified their entire (niche) audience and who know they will only ever sell a certain number of copies of their books to that same audience. Marketers like Godin tend to make the bulk of their money with speaking gigs anyway – books are just a throwaway promotional tool, full of ideas that even they admit will be out of date by this time next week.  Might as well take the money and keep running.

Y esto tiene mucho sentido, pero creo que deja mucho de lado. Porque se concentra en autores que ya existen dentro del circuito de publicaciones. Pero creo que ocurren dos cosas.

Primero, que existe todo un espectro de autores que no participan de este circuito, para lo cuales la posibilidad de la autopublicación es una excelente opción. Finalmente, les permite soltar ideas al mundo sin tener que estar esperando a que los movimientos de los círculos publicadores les den su favor. Lo que significa publicar en este sentido cambia, y no es quizás lo mismo que lo que tradicionalmente significa publicar un libro. Pero lo importante es que aún significa algo, y es, sobre todo, una muy buena manera de que un autor empiece a publicar ideas que luego pueden engancharse con publicaciones de orden más tradicional.

Segundo, para un orden de autores superestrellas, cuyo aparato de producción crece lo suficiente, es perfectamente razonable pensar que pueden prescindir del aparato de publicación. No tienen por qué hacerlo, puesto que las condiciones de juego ya se inclinan a su favor. Pero también es cierto que autores muy grandes son su propia industria, y podrían fácilmente independizarse y convertirse en su propia rama editorial y de publicación y concentrar todos los beneficios.

Lo más interesante, me parece, empieza a ocurrir hacia el centro. Hacia ese espacio de intersección entre autores menores que empiezan a publicar, y el mundo de la publicación más parecido a como lo entendemos. Dadas las más accesibles condiciones de producción y distribución, hay un mercado potencial enorme para editoriales mucho más chicas enfocadas en temas mucho más específicos – operaciones más boutique – que empiecen a agregar autores nuevos y jóvenes y a brindarles servicios editoriales en condiciones más favorables a las que encontrarían de otra manera.

Hay mucho mercado creciendo en este sentido, y mucha facilidad para descubrir autores que ya están incursionando por sí solos en el ámbito de la publicación. No creo que la industria de la publicación desaparezca, pero sí creo que se vuelve más compleja y empieza a crear espacio para nuevos actores y nuevas reglas de juego, y eso está muy bien. Hace que todo se ponga un poco más interesante.

(Es importante mencionar que todo este tema de la publicación, sus prejuicios y sus instituciones y organizaciones me es particularmente interesante últimamente luego de publicar un primer experimento de e-book y explorar lo que significa esa experiencia.)

Comprender a Marshall McLuhan: el e-book

Hace un año (y resulta que hace exactamente un año) publiqué aquí en el blog una serie de posts en los que quise explicar algunos de los conceptos centrales que presenta Marshall McLuhan en Comprender los medios de comunicación. Fue personalmente un gran ejercicio porque me permitió esclarecer varias ideas y fue particularmente útil pues era contenido que estaba preparando para el curso mi curso de Sociología de la Comunicación en la UPC.

Bueno, siendo éste el año del centenario del nacimiento de McLuhan, y habiendo una serie de actividades a nivel global que se están organizando en torno a esto, se me ocurrió que sería buena ocasión para volver sobre estos artículos introductorios, y circularlos para que dada la ocasión, más personas puedan conocer estas ideas. Así que decidí hacer un pequeño experimento: he compilado los artículos del año pasado en un sólo documento, he revisado un poco el texto y he corregido las referencias para que sea un texto de estudio más útil, y he intentado darle un formato bonito y legible, y lo estoy publicando aquí como un e-book de libre disponibilidad, bajo una licencia Creative Commons.

Comprender a Marshall McLuhan: el e-book

El texto tiene 8 artículos cortos: los primeros tres están destinados a explicar diferentes dimensiones del aforismo mcluhaniano que dice que “el medio es el mensaje”, y establecen un marco conceptual básico. Los siguientes toman ese hilo para explorar otros conceptos vinculados: automatización, hibridación, arte, inmunización, aldea global, y finalmente cierra una evaluación del sentido de la tarea mcluhaniana.

No es un trabajo puramente exegético, tampoco. Se trata de mi propia interpretación de McLuhan, sin un afán puramente textual sino más en un sentido de encontrar aquellas dimensiones que son relevantes e interesantes para seguir explorando y expandiendo en la actualidad. En ese sentido, trato de ampliar y complementar pasajes e ideas de Comprender los medios de comunicación con otras obras, autores y textos que vengan al caso.

Para descargar el e-book, haz click aquí.

El e-book: un experimento

Hacía mucho tiempo que quería hacer algo así, pero por alguna razón me resistía. Dentro de todo, por formación no puedo dejar de darle un privilegio ontológico al libro físico, además como producto editorial que representa algo así como un triunfo, más que como una intención comunicativa. Compilar mis propios textos, y además soltarlos digitalmente, era desde un punto de vista académico algo así como izar una bandera blanca, como admitir que no considero que esto podría ser nunca publicable.

He tratado de dejar todo eso de lado, y aún así me resulta un poco difícil, pero creo finalmente que son objeciones poco relevantes. Creo que estos textos pueden ser útiles a otras personas, y creo que brindar una edición mejor cuidada y presentada puede ayudar a hacer el texto más accesible. Y creo, también, que una edición digital fácilmente disponible puede facilitar mucho más su difusión y acceso, así como también su discusión.

Es parte de la incomodidad que introducen nuevos procesos de producción y distribución, pero esta facilidad nos ofrece la posibilidad de llevar ideas a una circulación masiva mucho más rápido de lo que antes era posible. Es cierto, más rápido no necesariamente es mejor: por eso mismo, el producto así publicado es de una naturaleza, una contextura diferente. No se trata del libro como punto final, sino más bien del libro, del texto como invitación a la discusión, como evaluación abierta de ideas.

Por esto último también he procurado rescatar lo propiamente digital del libro electrónico, enmarcando este documento como un permanente trabajo en progreso. Conforme encuentro nuevos temas, nuevas referencias, y nuevas ideas que me interese incorporar, espero ir editando, corrigiendo y mejorando este documento. Por ello mismo ésta es la versión 1.0, y el documento incluye un registro de cambios donde iré detallando y explicando los cambios en versiones sucesivas. De esta manera, el libro electrónico puede ser un documento vivo, cambiante, e histórico, de maneras que el libro físico simplemente no puede.

Pensé también en la necesidad de hacer algo así. Finalmente, los textos ya estaban publicados en el blog, y podía actualizarlos y circularlos como tales. Pero el mensaje comporta una gramática distinta: des-contextualizar los textos, y re-contextualizarlos entre ellos les da una lógica, un significado integrado diferente. Adquieren, espero, una organicidad que guía su lectura y su evolución como conjunto.

Me gustaría recibir sus impresiones, tanto sobre el contenido como sobre el medio (porque, por supuesto, el medio es el mensaje). Descárguenlo, compártanlo, difúndanlo, envíenlo a quien crean que podría interesarle a quien esté involucrado de alguna manera con el trabajo del buen Marshall, y espero que podamos utilizar también este documento para complementar nuestras discusiones sobre su trabajo a lo largo de este año.