Aprender a programar programando

Introducción al diseño empírico de sistemas de información

No soy ingeniero, ni soy programador. Pero en las últimas semanas me he estado metiendo más y más en el tema de aprender a programar y a la implementación de herramientas informáticas sencillas para resolver algunos problemas o necesidades. Y aunque sé que no lo estoy haciendo “bien”, en el sentido de que sé que mis soluciones no son las mejores ni las mejor optimizadas, es una experiencia de la cual saco mucho: siento que tengo más control sobre la tecnología que utilizo, que puedo personalizar mejor la manera como manejo la información, y que entiendo mejor la manera como funcionan otras herramientas que utilizo. En el proceso de crearlas, las herramientas se desmitifican.

Mi “proceso”, si puede llamarse así, es completamente empírico. Siento que una de las principales barreras que uno enfrenta en este tipo de situaciones de aprendizaje es que el costo de empezar es muy alto: aprender a programar significa, por ejemplo, aprender la sintaxis de un lenguaje de programación, aprender a utilizar ciertas herramientas de desarrollo, montar un entorno de desarrollo, etc. Así que estoy tratando de modelar mi proceso no como una alternativa a metodologías profesionales de desarrollo de software o tecnologías en general, sino más como una recomendación sobre cómo empezar para aquel que no sabe bien por dónde. Y es que en estos casos en mi propia experiencia me ha parecido importante, primero, no hacerlo en abstracto, como suelen hacerlo la mayoría de tutoriales de programación con ejercicios de ciertos conceptos formales, sino empezar desde el principio trabajando sobre un problema que resulte personalmente importante. Y segundo, simplemente empezar e ir arreglando los problemas sobre la marcha, en lugar de intentar tener todas las preguntas resueltas de antemano.

Lo que sigue es un intento por esquematizar este proceso, como lo he venido experimentando armando herramientas como CVRanalytics o Gamedex.

1. Identificar un problema

Siempre que he intentado aprender con tutoriales, mi experiencia ha sido frustrante porque pierdo el interés rápidamente y pierdo la constancia para seguir practicando. Lo mismo ocurre con herramientas como Codeacademy.

He tenido mucho mejores resultados cuando parto desde el principio trabajando en un proyecto, cualquiera que sea el proyecto, incluso cuando no tenga objetivos claramente definidos. Trabajar con un proyecto específico le da propósito a aprender conceptos básicos como bucles, condicionales, funciones, clases, y demás. Y se vuelve más un tema de qué es lo que quiero hacer: con CVRanalytics, por ejemplo, mi intención era simplemente ver cómo era posible explorar el Informe Final de la CVR usando código y herramientas computacionales, sin saber bien cuál sería el resultado. Con Gamedex, en cambio, necesitaba una herramienta de investigación que me permitiera catalogar información sobre producción de videojuegos, para luego poder analizarla. Partir de necesidades personales sirvió como incentivo personal para seguir aprendiendo.

Lo interesante además fue que en ambos casos, era consciente de que existían mejores maneras de cumplir con estos objetivos. Pero como se trataba de aprender a diseñar estas herramientas, en realidad no importaba que ya fuera un problema resuelto, sino al contrario, que las soluciones ya existentes podían servirme como plantilla para responder a algunas preguntas o resolver problemas.

2. Modelar los datos

Escoger un problema para trabajar entonces era un tema medianamente trivial, a partir de los problemas o tareas en las que estaba trabajando. Lo siguiente era pensar en el tipo de modelado de datos que tenía que hacer. En otras palabras: decidir cuáles eran los inputs de información sobre los cuales quería hacer algún tipo de procesamiento, y qué tipo de datos necesitaba sobre ellos para poder hacerlo.

Tiene mucho que ver que desde el principio me enfoqué en trabajar con programación orientada a objetos. En este paradigma, uno define ciertos objetos con los cuales trabajará, que tienen ciertos atributos. Un cuadrado, por ejemplo, tiene un solo atributo, longitud, a partir del cual todo el cuadrado puede calcularse. En una aplicación web, un usuario puede tener atributos como su nombre de usuario y contraseña para poder acceder al sistema. Y así sucesivamente. Entonces un primer paso es decidir (1) cuáles serán los objetos con los cuales trabajaremos, y (2) qué atributos tienen que tener estos objetos que nos interese luego poder manipular o analizar.

En Gamedex esto fue fácil, pues el objeto era claramente un videojuego. Pero luego se fueron desprendiendo, sobre la marcha, la necesidad de otros objetos: el objeto Organización para registrar información de los desarrolladores, el objeto Nota para almacer comentarios e información adicional sobre los juegos, o el objeto Evento para información sobre la historia de una Organización. En CVRanalytics, la elección y el diseño de los objetos estuvo mucho más atado al análisis de secciones específicas del Informe y la manera como presentaban la información: así, por ejemplo, leyendo la cronología de los acontecimientos uno podía encontrar que un objeto podía delimitarse en función a cada una de las secciones anuales en esa parte del documento. Estas decisiones se convierten luego en clases dentro del modelo de programación orientada a objetos, y cada instancia de una clase se vuelve un objeto operable.

Lo importante aquí es recalcar también que esto es un proceso iterativo, y que se complica poco a poco. No es importante tener el modelo de datos perfecto para poder empezar: implicar tener simplement alguno que se pueda ir probando. Esto es a lo que me refiero por diseño empírico: podemos ensayar una hipótesis en código, probarla, y seguir trabajando sobre ella hasta chocar contra un problema que nos obliga ampliar o corregir el código, y así sucesivamente. En este modelo, empezar con cualquier esquema es mejor que esperar hasta tener el esquema “correcto” para poder empezar.

3. Escoger herramientas

Me ha pasado incontables veces que la selección de las herramientas correctas se vuelve una parte importantísima de un proyecto. ¿Qué lenguaje, qué framework, qué entorno de desarrollo usar para programar?

No importa. Lo que importa es empezar.

Las herramientas más importantes para empezar con una aplicación básica son un buen editor de textos (diferente a un procesador de textos) y una terminal de comandos. No se necesita mucho más que eso. Las opciones de lenguajes de programación son varias, y para alguien que recién empieza deberían ser más contingentes a la facilidad de su curva de aprendizaje y el volumen de recursos de ayuda existentes: lenguajes con comunidades de usuarios extensas son preferibles a lenguajes altamente especializados. Algunas opciones recomendables pueden ser Python (que es lo que yo he escogido hasta ahora), Javascript (que es lo que quiero aprender luego), Ruby, o Processing.

Varios de estos lenguajes ofrecen herramientas sobre las cuales uno puede empezar a programar directamente, sin nada adicional. Pero quizás la mejor opción es utilizar un buen editor de textos, idealmente uno que resalte elementos de sintaxis del lenguaje escogido. Algunas buenas opciones son Notepad++, TextWrangler o Sublime Text.

¿Es necesario algún software adicional especial para empezar a programar? No. Cualquier otra cosa, para alguien que recién empieza, probablemente confunda más que ayude, y puede llevar a depender más de una herramienta que del conocimiento que se adquiera sobre el lenguaje. Es mucho más importante aprender a utilizar bien herramientas como Google y, especialmente, Stack Overflow para saber dónde buscar soluciones cada vez que uno encuentra un problema. Otra herramienta muy útil es GitHub, que te permite ir actualizando versiones de tu código y ver a versiones anteriores si encuentras que algún cambio que hiciste malogra algo, además de poder subir tu repositorio de código a la web para poder compartirlo con otras personas o utilizarlo desde varias computadoras. Y en Quora puedes encontrar buenas respuestas sobre por qué utilizar una herramienta, plataforma o tecnología por encima de otra.

4. Crear una versión básica

Tienes tu proyecto, los datos con los que quieres trabajar, y las herramientas que utilizarás. Ahora solo se trata de empezar.

Aquí es donde los tutoriales pueden ser útiles para saber cómo empezar a empezar. Pero el ciclo de desarrollo, al menos en mi experiencia, es algo más o menos así:

  1. Quiero implementar una función X en el lenguaje Y
  2. Googleo “función X en lenguaje Y”
  3. Encuentro un artículo en Stack Overflow, o un mensaje en un foro, o un blog post que habla sobre el tema.
  4. Leo dos o tres como para comparar las opciones.
  5. Reproduzco el código que ofrecen y lo adapto para funcionar con el código que ya tengo.
  6. Volver a 1.

De cuando en cuando, este ciclo incluirá descubrimientos como que necesito un módulo o componente adicional, que entonces debo instalar y configurar para poder seguir avanzando, pero en general es un ciclo iterativo de resolución de problemas. Esto es programar en su versión más cotidiana.

Lo importante aquí es aspirar a una primera versión básica, un prototipo, que permita ir evaluando algunos de nuestros supuestos en el proceso de diseño e implementación. Simplemente que funcione, aunque esté incompleto o no haga mucho. Por ejemplo, cuando uno trabaja con Python, es muy probable que la primera versión funcione solo a través de la línea de comando y se vea sumamente primitiva para estándares actuales. Pero no importa, pues eso es suficiente para permitirnos evaluar varias cosas.

5. Agregar funciones

Lo que sigue a partir de ese prototipo es ir ampliando y mejorando nuestro diseño original. De nuevo, iterando. Y muchas veces, conforme vamos perfeccionando la técnica, regresando sobre los primeros esfuerzos para corregirlos, mejorarlos, o rehacerlos por completo. La primera interface web que hice en Python, para CVRanalytics, era una implementación un poco torpe de web.py. Pero luego con Gamedex aprendí a hacerlo mejor utilizando Flask, lo que me motivó a volver y rehacer la original de nuevo con Flask. Es el tipo de decisiones y ajustes que uno va haciendo sobre la marcha.

Un desarrollador profesional no haría esto, sino que tomaría estar decisiones de antemano, a partir de una investigación y análisis de las diferentes opciones existentes – un análisis de sistemas. Pero los que no somos desarrolladores profesionales, y queremos aprender, no tenemos este lujo, sino que más bien aprendemos a hacerlo empíricamente. El segundo proyecto se vuelve mejor, y luego el tercero, y así sucesivamente. A partir de jugar con diferentes módulos, versiones y herramientas, uno aprender a comparar y evaluar qué versiones son mejores en función al proyecto en el que está trabajando.

Quizás esta no es una buena introducción para el absoluto neófito, sino para aquel que ya tiene cierta noción del interés que tiene y que lo ha intentado algunas veces. Pero para aquel que está en esta posición, me parece importante desmitificar los requerimientos iniciales para poder crear algo, y mostrar que en realidad, con un editor de textos y acceso a Google uno puede empezar a experimentar con cosas interesantes.

Aceleración de sectores

A pesar de que nos gusta pensar que cada caso es único y excepcional, y de que si nos concentramos lo suficiente para mirar las cosas con suficiente detalle parecería ser cierto, también es verdad que entre múltiples casos similares hay suficientes rasgos comunes como para poder hacer abstracciones y hablar de patrones. Encontrar estos patrones en, por ejemplo, la manera como aparecen y evolucionan organizaciones en un sector, se vuelve especialmente difícil cuando se trata de un sector joven o sumamente diverso. Pero en esos mismos casos, encontrar esos patrones se vuelve doblemente importante porque son aquello que permitirá a las organizaciones existentes crecer más rápido y más efectivamente, y a las organizaciones nuevas tener un panorama del tipo de desafíos y preguntas que probablemente se estarán formulando a lo largo de su ciclo de vida.

Durante mi tiempo en Ashoka tuve la oportunidad de trabajar con una gran diversidad de organizaciones sociales e innovadores sociales en diferentes puntos de su ciclo de vida – algunos que recién estaban empezando, algunos que ya tenían varios años haciéndolo, algunos sólo a nivel local y algunos cruzando fronteras nacionales. Y aunque había una enorme diversidad de objetivos, de estrategias y de modelos, uno podía más o menos hacerse una idea de la manera como el sector funcionaba, y también cómo y dónde dejaba de funcionar: al margen de su grado de éxito e impacto, ciertas preocupaciones comunes emergían gruesamente en el mismo punto en la evolución de una organización. Conocer y documentar esos puntos de tensión se volvía entonces en una clave posible para acelerar el sector social en su conjunto: si yo puedo anticipar con cierto grado de confiabilidad que dentro de dos o tres años tu organización va a tener X o Y problemas o preguntas, te estoy dando dos o tres años de anticipación para planificar tu respuesta. Esa capacidad de anticipación, que no es inusual en una serie de sectores comerciales, es por el contrario muy escasa en el sector social. Esto porque en gran medida el sector social se ha resistido a incorporar herramientas y modelos del sector empresarial, y porque se considera que las organizaciones sociales son tan diversas en sus propósitos que no pueden trazarse puntos de comparación entre sus modelos: si tú trabajas en torno a medio ambiente y yo trabajo con un foco en el tema educativo, la primera suposición es que tus estrategias no serán aplicables a mis problemas. Pero si uno empieza a comparar múltiples casos, empieza a encontrar que los problemas son mucho más parecidos de lo que uno esperaría.

Así, luego de varias conversaciones, visitas y observaciones, compilé un pequeño modelo que por ningún motivo debería ser considerado riguroso. La evidencia que lo informa es más bien anecdótica, pero considera lo siguiente: una innovación social pasa por un ciclo evolutivo más o menos común, donde en cada etapa encontrará diferentes preocupaciones como las prioritarias que deben ser resueltas efectivamente para pasar al siguiente nivel. Así consideradas las cosas, el pequeño modelo anecdótico se puede representar más o menos así:

El pequeño modelo anecdótico supone que el objetivo de una innovación social es maximizar su impacto posible, de modo que pretende tener un alcance global para atender a un problema social. De no ser ése es el caso, como no lo es quizás para la mayoría de iniciativas, su techo de crecimiento es quizás el nivel 2 o el nivel 3. En cualquier caso, el modelo puede desglosarse en una serie de necesidades comunes que enfrentará una innovación social y una serie de preguntas que debería estarse haciendo según su grado de evolución:

  • Nivel 0: desarrollar un prototipo funcional. ¿Cómo funciona el modelo? ¿Cómo genera impacto? Es la etapa de experimentación y diseño, probando variaciones del modelo hasta alcanzar un producto mínimo viable.
  • Nivel 1: llevar el modelo al mercado. Una vez que se tiene un modelo surgen dos preguntas claves: ¿Cómo se van a procurar los recursos para su aplicación sostenida? ¿Y cómo se va a llevar el modelo mismo a su lugar de aplicación, como se van a comunicar sus beneficios? El desafío de consolidar un modelo más allá del prototipo pasa por articular una comunidad que se beneficie de él y le dé respaldo.
  • Nivel 2: con el modelo probado e implementado, ¿cómo se replica en otros espacios y se amplía su impacto? Los desafíos se vuelven diferentes: se necesitan diferentes modelos organizacionales para aguantar el crecimiento, y necesitan mecanismos de evaluación para saber cuándo algo está funcionando y cuándo no. Además, la necesidad de expansión plantea la nueva necesidad de generar redes y alianzas con otras organizaciones que apoyen o dirijan nuevas implementaciones locales.
  • Nivel 3: llevar un modelo replicado a escalas más grandes. El salto en escalabilidad es probablemente un salto cualitativo antes que cuantitativo: no es sólo hacer más de lo mismo, sino cambiar las estrategias. El trabajo con políticas públicas, por ejemplo, ofrece la oportunidad de mucho más rápidamente replicar un modelo a gran escala, y el desarrollo de nuevas herramientas conceptuales y teóricas puede servir para influenciar las estrategias de una nueva generación de actores desde su formación.
  • Nivel 4: impacto global. Es aquí donde los problemas y los modelos se vuelven casi siempre singulares, pues deben navegar diferentes procesos políticos, económicos, sociales y culturales, y en casi todos los casos lo harán siguiendo un camino distinto a través de diferentes realides nacionales y regionales. Pero las necesidades de los niveles anteriores – la construcción de una red de alianzas, la búsqueda de un liderazgo intelectual, etc. – serán todas herramientas importantes a la hora de llegar a este punto.

Armado con esta información, un innovador social puede acelerar el tiempo que le toma llevar su iniciativa desde un prototipo hasta el impacto global anticipándose a las necesidades que muy probablemente encontrará en el camino. Pensado a nivel sectorial, el sector en su conjunto puede acelerarse si se diseñan intervenciones claves orientadas a cada uno de estos niveles, de modo que existan las estructuras de soporte para acompañar a las innovaciones a lo largo de su ciclo evolutivo.

Me parece valioso compartir estas ideas por dos razones. La primera es porque la intención era utilizar esta información para el diseño de esas intervenciones claves que permitieran acelerar el crecimiento del sector en su conjunto, algo que finalmente por una cuestión de tiempo no se llegó a dar. Y tener esta información oculta en mi disco duro, donde no puede compartirse, discutirse ni refinarse, no era particularmente útil para nadie. Creo que al menos compartiéndola puede fortalecerse el pequeño modelo anecdótico para dejar de ser tan pequeño y tan anecdótico y convertirse en una herramienta analítica y predictiva más útil – o incluso, en el mejor de los casos, para validar que las ideas van por buen camino.

La segunda razón es porque mi trabajo actual está yendo en una dirección similar, aunque esta vez orientado más hacia la aceleración de sectores tecnológicos – en particular, trabajando en la aceleración del sector de videojuegos como una inversión estratégica para economías en desarrollo. De modo que volver sobre estas ideas me ayuda a buscar similitudes, diferencias y analogías, e ir refinando el modelo, esta vez con una base documental mucho más sólida que tenga en consideración la historia del sector, la particularidad del medio del videojuego y contando con data que permita respaldar un modelo de similar alcance y pretensiones para un sector diferente.

Sourcerer: la ciencia detrás de la ciencia

Un breve update de la experiencia MIT, en particular sobre uno de los proyectos en los que estuve trabajando el semestre que pasó. De entrada, se trata sin lugar a dudas de la experiencia académica más intensa que he tenido en mi vida. El ritmo de trabajo es intenso y constante, y es no solamente en términos de procesamiento de información sino también en muchos casos de diseño y producción de diferentes tipos de resultados. Al menos en el caso de mi programa, no se trata sólo de diseñar cosas bonitas y brillantes, sino que nos empujan muy seriamente a pensar en profundidad en las cosas que producimos, y responder rigurosamente a por qué optamos por una solución por encima de otra.

Uno de los resultados de este tipo de proceso fue Sourcerer, un proyecto grupal en el que trabajamos para un curso. La idea de Sourcerer era crear una herramienta que fortaleciera y facilitara el trabajo del periodismo científico, especialmente en lo referido a reportar historias que involucran nuevas medicinas y la industria farmacéutica. Pero diseñar una herramienta para este contexto debía responder a una serie de limitaciones estructurales: primero, que en la mayoría de las publicaciones no hay un periodismo científico especializado, sino periodistas cubriendo temas de ciencias sin un conocimiento específico al respecto. Segundo, que esta cobertura a menudo se da dentro de limitaciones materiales y ciclos de publicación que limitan la profundidad de la investigación que se puede realizar. Y tercero, que particularmente frente a la industria farmacéutica, hay mucha desinformación que circula disfrazada de ciencia auténtica, incluso en journals prestigiosos, y es sumamente difícil distinguir la paja del trigo.

Estas fueron las premisas que guiaron nuestro proceso de diseño de Sourcerer, “la ciencia detrás de la ciencia”. Nuestro diseño tenía que permitir a un usuario revisar de manera fácil y homogénea información sobre fuentes científicas, sin interrumpir significativamente el proceso periodístico usual, revelando que detrás de las fuentes científicas existe un contexto institucional que puede influenciar los resultados de un estudio científico. El resultado es un “proof-of-concept”, una ilustración de cómo funcionaría una herramienta de este tipo: Sourcerer funciona como una extensión de Google Chrome diseñada para integrarse naturalmente en el proceso de investigación en la web. Cuando un usuario visita un artículo en un journal científico, el ícono de Sourcerer aparece en el navegador cuando existe metadata disponible en la base de datos, permitiendo al usuario ver rápidamente información general acerca del tipo de estudio y los parámetros bajo los cuales se realizó, el fármaco estudiado, las instituciones y compañías vinculadas, enlaces a otros estudios similares y a cobertura noticiosa previa sobre el mismo tema. De esta manera, sin salir del navegador un periodista científico puede fácilmente evaluar la calidad o los posibles conflictos de un artículo, del mismo modo que las publicaciones podrían, en teoría, brindar metadata codificada para facilitar la cobertura de divulgación sobre artículos científicos.

Sourcerer es apenas una prueba de concepto – si visitan el sitio web, encontrarán el link para instalar la aplicación en Chrome, una explicación en detalle de nuestro proceso de diseño, así como los artículos científicos que tomamos como muestra para este proyecto. En el estado actual, sin embargo, la extensión solamente funciona con esta muestra de artículos, a modo de ilustración. Pero las siguientes iteraciones harían que la herramienta pudiera funcionar con cualquier tipo de artículo científico: una base de datos dinámica sobre la cual los usuarios pudieran agregar información y ampliando la cantidad de metadata disponible sobre artículos científicos. En un contexto ideal, en el que Sourcerer fuera utilizado masivamente, se podría incluso convencer a las publicaciones científicas de brindar ellas mismas la metadata con una codificación específica, facilitando el acceso y la cobertura sobre sus propios contenidos. El objetivo de todo esto es fortalecer la capacidad del público para acceder a lo que es contenido científico altamente especializado, pero en el cual hay mucho en juego: no solamente enormes cantidades de recursos financieros y poder político, sino también el conocimiento sobre los efectos e impactos que diferentes medicinas pueden tener sobre sus consumidores – un área que es particularmente difícil de divulgar por el alto grado de opacidad que la encierra.

Mejores medios

Estoy jugando con esta idea hace un tiempo: todo empezó con la constatación de que, salvo contadas excepciones, los medios masivos en el Perú son bazofia. Las últimas 24 horas con los principales medios obsesionados con pintas realizadas en la Plaza San Martín durante la marcha en contra de la violencia en Cajamarca (totalmente desproporcionada en comparación a la cobertura que se hizo de los 5 muertos en Cajamarca mismo la semana pasada) son una raya más al tigre. Hace un tiempo, con una preocupación similar en torno al grupo El Comercio, intenté esbozar algunas ideas respecto a cómo podía ejercerse algún tipo de presión más efectiva sobre este tipo de instituciones: apelando a su verdadera base de apoyo, los anunciantes y el directorio, antes que a sus lectores o compradores. Pero Damián Osta, fundador del periódico La Diaria de Uruguay, dejó un comentario que me dejó pensando: “¿y por qué no se juntan y crean un diario?”

Damián tiene toda la autoridad moral del mundo para hacer esta pregunta porque esto es justamente lo que él y un grupo de compañeros suyos hicieron: como no les gustaba la cobertura que hacían los principales diarios de su país de lo que consideraban los temas más importantes, se juntaron y crearon La Diaria, un periódico sostenido únicamente por sus suscriptores, con un enfoque alternativo a la cobertura tradicional. Y funcionó.

De modo que su experiencia y su pregunta eran una interpelación dura. Sí, pues, ¿por qué no hacerlo? La respuesta es, quizás, que no es mi interés personal dedicarme a eso como para comprometerme a ese tipo de proyecto – pero sí me interesa el tema, y la idea de crear mejores sistemas y circuitos que permitan un ecosistema mediático de mayor calidad, diversidad y solidez.

Así que esto es lo que estoy pensando hacer: un programa de incubación de medios. La idea es la siguiente: identificar grupos y proyectos que estén interesados en crear lo que llamaríamos un “media outlet”, algún tipo de canal mediático: un sitio web, un blog, un podcast, un webcast, una webzine, o lo que fuera, y que esté interesado en hacerlo utilizando medios digitales, y llevarlos a través de un proceso intensivo de incubación para convertirlos en emprendimientos sostenibles y de alto impacto. No se trata tampoco solamente de construir mejores megáfonos, sino de armar un proceso integral donde estos proyectos puedan entender mejor lo que quieren comunicar, para aportar a discusiones mejor informadas y estructuradas sobre las diferentes temáticas que les puedan interesar. Se trata de un programa que busca darles las herramientas y el espacio no sólo para diseñar y desarrollar un medio, sino también para formular estrategias de operación, de promoción, de contenido y especialmente de sostenibilidad: encontrar el modelo de negocios apropiado para que el medio pueda operar sostenidamente e incluso, con el tiempo, crecer.

A partir de una convocatoria inicial, se escogería un número reducido de proyectos – digamos, alrededor de diez – que pasarían por un proceso de entre seis y ocho semanas intensivas de desarrollo de competencias y formulación de herramientas. Esto incluye familiarización con herramientas estrictamente técnicas, como manejo de tecnologías, plataformas, redes sociales, y demás, hasta asesorías y evaluaciones de las diferentes estrategias que guiarían al medio. Todo cubriendo tres pilares fundamentales: conceptos teóricos esenciales, herramientas prácticas relevantes al proyecto y prácticas recomendadas y casos de estudio de otros medios similares para aprovechar experiencias previas.

El objetivo es que luego de 6-8 semanas, esos diez proyectos que estaban en etapa embrionaria tengan no sólo un prototipo validado, sino un modelo operativo, listo para empezar a producir contenido, y un equipo capacitado y alineado para empezar a funcionar. La idea es condensar el proceso de experimentación y aprendizaje por el cual podría pasar un proyecto de este tipo por mucho tiempo, en tan sólo unas pocas semanas, para poder ser más efectivos, más rápidamente. Mi expectativa es armar un pequeño equipo (quizás también con algo de apoyo de Apócriphos), que se encargará del diseño, la facilitación, las asesorías y los contenidos, y especialmente de reunir a una buena cantidad de invitados tanto nacionales como internacionales para que aporten sus propias experiencias y compartan sus errores y aciertos cuando pasaron por procesos similares.

Tenía la esperanza de que esto se pudiera realizar en estos meses, pero lamentablemente el tiempo me ha ganado y tengo que viajar ya en unas pocas semanas. Pero más que un problema, creo que eso podría fortalecer el programa, pues me permitirá también aportar mejores herramientas y además construir nuevas relaciones con invitados que puedan aportar experiencias. Quiero compartir la idea desde ya como para invitar a sugerencias, aportes, interesados y demás, como para empezar a diseñarlo en mayor detalle y empezar a buscar fechas y tiempo para poder hacerlo.

La idea de todo esto es que podemos tener mejores medios. Pero que eso no tiene por qué significar esperar que los medios que tenemos mejoren, ni pensar que esto sólo se puede hacer por medio de la regulación. Tenemos todos los recursos y las herramientas ahora para crear nuevos medios que funcionen, crezcan, sean sostenibles e introduzcan nuevas ideas en el discurso público, posicionen conceptos, adopten posturas y las defiendan clara y articuladamente. Creo que nos hace mucha falta un ecosistema más diverso y sólido, y un programa/proyecto de este tipo busca ser un esfuerzo para empezar a construirlo.

¿Tiene sentido?

¿Por qué Quora funciona?

Sí, ya sé que Pinterest se ha convertido en la tercera red social más importante en nada de tiempo, y que Instagram fue adquirido ayer por Facebook nada menos que por mil millones de dólares. Sé que debería interesarme, no tanto por una obligación moral, sino simplemente porque es el tipo de nuevas experiencias que me interesan y sobre las que suelo comentar. Pero no lo logro. Creo que es la prueba irrefutable de que me estoy volviendo viejo.

Me resulta mucho más interesante Quora, un servicio que llamó mucho la atención hace unos meses pero parece haberse calmado luego de eso. Quora es un servicio de preguntas y respuestas – uno puede hacer preguntas y otros usuarios pueden responderlas, o uno puede responder las preguntas de otros usuarios. Así de simple. Las preguntas están categorizadas bajo una cantidad infinita de etiquetas que uno puede seguir, así como puede seguir también a otros usuarios o seguir simplemente las respuestas a una pregunta específica.

Lo más importante que consiguió Quora es no convertirse en Yahoo! Answers, que como Mos Eisley es básicamente uno de los lugares menos recomendables del universo. Y lo más interesante que es ha conseguido armar una red de gente realmente interesante contribuyendo respuestas realmente relevantes – a menudo llegan a ser artículos completos, llenos de referencias y enlaces a recursos adicionales. Gracias a un simple sistema de moderación, los usuarios pueden subirle o bajarle el nivel a las respuestas que consideran interesantes, lo cual consigue que las mejores respuestas se alcen por encima de las demás. No es raro encontrar respuestas escritas por los propios protagonistas involucrados con la pregunta – preguntar por el New York Times, por ejemplo, y que respondan reporteros que trabajan ahí, o preguntar por qué se siente trabajar en la Casa Blanca que recibir respuestas de ex-staffers que estuvieron ahí con bastante detalle.

No termino de entender, sin embargo, por qué funciona. Ni entiendo bien por qué la gente hace las preguntas que hace (no que las tengan, sino por qué las exteriorizan cuando son, frecuentemente, esotéricas). Pero sobre todo me llama la atención que reciban respuestas, y sobre todo de las personas que las responden. Mi mejor hipótesis es que Quora es un mercado donde la principal moneda es el status y la autoridad, y por mucho que uno ya tenga tanto el status como la autoridad, responder las preguntas que encuentra que lo atañen a uno personalmente es un mecanismo para afianzar ambas cosas de manera pública. El trade-off es entre tiempo y atención a cambio de reconocimiento de la comunidad de usuarios de Quora, que a su vez es una comunidad de alto valor.

Es un gran recurso para informarse rápidamente sobre un tema, no a nivel de profundidad (lo que uno conseguiría, por ejemplo, leyendo un artículo de Wikipedia para entender qué es algo) sino a nivel de “estado de la cuestión”: ¿Cuáles son las preguntas y discusiones relevantes sobre un tema en particular? ¿Cómo sé si mis preguntas son relevantes o interesantes? Y así sucesivamente.

No sé si Quora sea más interesante que Pinterest o Instagram, aunque ciertamente es menos popular. Pero los incentivos para los usuarios en Pinterest e Instagram me parecen más claros porque su experiencia de usuario gira en torno a simplificar las transacciones lo más posible – “Pin It”, o eliminar obstáculos para tomar y compartir fotos. Pero Quora en realidad los incrementa, porque el incentivo es hacia generar respuestas más elaboradas y sofisticadas, sin una contraprestación claramente establecida. Y aún así, cada vez que puedo tengo una pestaña abierta con Quora para orientarme hacia las preguntas relevantes del momento. Lo sé, me estoy volviendo viejo.

(Hay un subtexto aquí que se podría elaborar, pero que honestamente no lo tengo claro, respecto al valor de plataformas como Pinterest e Instagram, y es difícil formularlo sin saltar directamente a juicios de valor. ¿Por qué estas plataformas son interesantes? A primera vista parecería que son interesantes porque son interesantes, una especie de círculo que se ha ido retroalimentando hasta alcanzar mil millones de dólares. Pero más allá de eso, no me queda claro cómo representan experiencias mediáticas innovadoras o contribuciones tecnológicas interesantes. Lo mismo, claro, se ha dicho sobre Facebook, pero Facebook es interesante por muchas razones: por sus consecuencias sobre nuestra expresión social de la identidad, por su capacidad para convertirse en un servicio que alcanza 800 millones de usuarios y por las innovaciones que ha generado para poder mantener eso, por ejemplo. Facebook resuelve un problema que no sabíamos que teníamos – como lo hizo también el iPad. Pero no me queda claro cómo lo hacen Pinterest o Instagram o el valor que contribuyen, y es una pregunta que no me parece menor a la luz de los problemas mayores o menores a los que estamos dedicando nuestros mejores recursos tecnológicos. En fin, queda entre paréntesis, hasta que pueda pensarlo mejor.)

Usar Bootstrap para implementar sitios web simples

Desde hace unas semanas he empezado a utilizar Bootstrap, un framework CSS lanzado por un grupo de diseñadores de Twitter, para maquetar y diseñar varios proyectos web en los que vengo trabajando. Bootstrap brinda una base pre-codificada de HTML y CSS para armar el diseño de una página web o una aplicación web, y al ofrecerse como un recurso de código abierto es fácil de personalizar y adaptar a múltiples propósitos. Al incorporar estilos para una enorme cantidad de elementos utilizados en websites y aplicaciones modernas, reduce enormemente el tiempo necesario para implementar un site al mismo tiempo que mantiene la capacidad para ser flexible y adaptable.

Ahora, en la gran mayoría de los casos recomiendo siempre trabajar con algún tipo de content management system (CMS, sistema de gestión de contenidos) para administrar un sitio web, porque facilita la creación de nuevos elementos y el manejo de los existentes sin  tener que estar actualizando el código manualmente. Para sitios web dinámicos es indudablemente la mejor opción, y según el propósito del sitio, mis opciones preferidas son siempre trabajar con Drupal o WordPress. Pero existen escenarios donde implementar todo un CMS para un sitio web es quizás demasiado: cuando, por ejemplo, se trata de un número reducido de páginas que cambiarán poco, utilizar un CMS y contenido jalado de una base de datos incrementa el costo de mantenimiento (al tener, por ejemplo, que mantener el CMS actualizado con los últimos parches de seguridad) e introduce obstáculos innecesarios al rendimiento.

Especialmente para ese tipo de escenarios es que me he enamorado del uso de Bootstrap porque empaqueta todo lo necesario para empezar a diseñar un sitio web sobre una grilla de 12 columnas (aunque soporta también un diseño fluido). Viene por defecto con una serie de estilos que se ven bien visualmente y que se pueden personalizar para un estilo visual propio y menos genérico – aunque es cierto que, inevitablemente, uno pierde cierto grado de flexibilidad al utilizar un framework como éste. Pero me parece que los beneficios están muy por encima de las desventajas.

La otra gran ventaja, para mí personalmente, es que por ser un framework HTML+CSS te obliga a volver al nivel del código, del cual es relativamente fácil desprenderse cuando trabajas con un CMS. Esto me ha ayudado a reactivar cosas que había olvidado y a descubrir nuevas sobre el uso de HTML, CSS, e incluso empezar a utilizar más cómodamente funciones y código PHP, lo cual es muy bienvenido. Viene además con una serie de plug-ins en Javascript para utilizar algunas funciones de diseño avanzadas que son también muy útiles (basadas en jQuery). Pero, eso también quiere decir que utilizar Bootstrap para montar un sitio quizás no es para cualquiera: cuando menos, uno tiene que tener la disposición para pelearse con el código fuente del sitio web y aprender a operar con el contenido a ese nivel. Aunque es gratificante, ciertamente introduce obstáculos y consume recursos que podrían resumirse optando por usar un CMS.

(Una ventaja adicional es que, por lo mismo que en sí mismo no requiere conexión con una base de datos, un sitio web implementado en Bootstrap corre perfectamente desde una versión local, sin acceso a un servidor. Eso simplifica mucho el trabajo al hacer pruebas iniciales y modificaciones, aunque para utilizar cosas un poco más complejas, como funciones PHP, necesitarás por lo menos algo como XAMPP.)

Aún así, en general lo estoy disfrutando muchísimo. Sin ser real ni propiamente un programador o un desarrollador, sé que no le estoy sacando el jugo al máximo. Todavía estoy trabajando principalmente con contenido estático, pero una vez que logre soltar algunos proyectos en los que estoy trabajando espero poder utilizar Bootstrap para diseñar plantillas para Drupal y WordPress, y entonces el círculo estará completo.

Mientras tanto, aquí tienen algunos recursos adicionales por si quieren saber más sobre cómo utilizar Bootstrap:

Un par de notas finales. Primero, no quiero insinuar que Bootstrap no funciona junto con un CMS – justamente lo contrario, es totalmente posible y espero pronto llegar al punto donde lo pruebo directamente. Segundo, no quiero insinuar que Bootstrap no funcione para proyectos o sitios complejos, sino solamente que hasta ahora lo he usado sólo para eso. Pero por su flexibilidad definitivamente creo que puede utilizarse para cualquier tipo de proyecto, sitio o aplicación (de hecho, está pensado principalmente para aplicaciones web).

En construcción

Venimos construyendo un nuevo proyecto junto a EDLJ, una iniciativa que hemos llamado Apócriphos. Originalmente, era una idea que vinimos incubando por varios meses para construir una editorial electrónica: un servicio para ayudar a autores y editoriales existentes a hacer sus contenidos disponibles en formatos electrónicos y poder venderlos en plataformas como iTunes o Kindle.

Pero pasaron los meses y seguimos incubando y conversando sobre la idea “como quien no quiere la cosa”, empezamos a procesar nuevos materiales y a elaborar nuevos conceptos, y la premisa original que estaba medianamente acotada fue ampliando significativamente su enfoque – un ejemplo clásico de “scope creep“. Pero conforme íbamos explorando nuevas ideas inevitablemente se iban volviendo parte del proyecto de lo que queríamos hacer, que terminó pasando de una editorial electrónica a un conjunto de servicios de tecnología orientados al conocimiento y al aprendizaje (dentro de los cuales está la producción de publicaciones electrónicas, por supuesto).

Lo que queremos hacer es ofrecer plataformas para que diferentes tipos de organizaciones puedan empezar a convertirse en organizaciones basadas en el conocimiento. Normalmente cualquier organización (unas más que otras) genera enormes cantidades de información y de conocimiento como parte de sus actividades cotidianas, que fluye a través de las redes que forman su fuerza de trabajo. Pero mucho del valor de esta información se pierde o se diluye, con lo cual se pierden grandes cantidades de valor. Esto va desde cosas simples como documentar procesos y procedimientos repetitivos o sistematizar materiales de capacitación y entrenamiento, hasta cosas más complejas como sistematizar las competencias colectivas de un equipo para reproducir internamente habilidades y fortalecer los recursos humanos de una organización. Este tipo de transformaciones agregan valor a los trabajadores individualmente, a los equipos como conjunto, y a las organizaciones al volver sus proceso más fácilmente replicables y además, al explicitar mucho de lo que es implícito, introduce la posibilidad de optimizar y perfeccionar la manera como se hacen muchas cosas.

Esto empieza a sistematizar el conocimiento en una organización, revelando posibilidades para la optimización y la innovación, pero además explicitando aprendizajes y prácticas que se pueden entonces compartir con el público en el general y con otras organizaciones de un sector. En otras palabras, la captura y sistematización de conocimiento se convierte así en la materia prima para generar contenidos, publicaciones, y recursos que por sí mismos pueden también generar valor para la organización. Nuestro gran objetivo con todo esto es empezar a fortalecer a empresas, organizaciones sociales, instituciones educativas y proyectos de investigación como organizaciones basadas en el conocimiento, que empiecen en sí mismas a generar nuevos emprendimientos basados en conocimiento. Y nuestra aproximación es que esto puede conseguirse de maneras mucho más sencillas que en el pasado implementando nuevas tecnologías: aplicaciones web sencillas de implementar y mantener, infraestructura basada en servidores en la nube fáciles de actualizar y escalar, y un fuerte énfasis en lo que es capacitación y entrenamiento de los usuarios y elaboración de estrategias y contenidos alineados a los objetivos de cada escenario y proyecto específico. No queremos partir de la herramienta y luego ver qué nos permite hacer, sino que queremos partir de lo que un equipo quiere conseguir y capturar, y a partir de eso formular una estrategia y elegir la herramienta y plataforma adecuada para ello: herramientas de colaboración, procedimientos para la captura de datos de trabajo, o elaboración de contenidos digitales y publicaciones electrónicas – cada escenario requerirá de una solución diferente.

Con esto hemos venido jugando las últimas semanas y es una experiencia singular ver a dos filósofos intentando armar el proyecto para un emprendimiento tecnológico, donde además tenemos que hilar muy fino para armar una propuesta de valor clara. Pero creemos que es un buen momento, tanto en el Perú como en América Latina, para empezar a pensar en este tipo de estrategias y transformaciones en nuestras actividades productivas. Por el momento estamos redondeando las ideas generales y nuestra plataforma de servicios, armando una imagen institucional y una página web para promocionarnos y tratando de entender mejor nuestra estructura de costos. Uno de nuestros objetivos más importantes en el corto plazo es, primero, armar una cartera interesante de proyectos, y a partir de ello, empezar a consolidar un equipo de trabajo diverso y creativo para trabajar en estos proyectos – por lo cual, además, estamos empezando a identificar posibles candidatos para trabajar con nosotros cuando empecemos a hacerlo. Si esto es algo que pudiera interesarte, por favor, revisa este link y envíanos tu información.

Es un proyecto ambicioso y donde aún estamos respondiendo muchas de las incógnitas, pero uno en el que estamos profundamente involucrados y que queremos convertir en una plataforma grandes y que opere a gran escala, a largo plazo. Hay mucho que no sabemos, pero que estamos intentando resolver en el camino (y otro tanto que quizás nunca sabremos, así que esperemos que no sea importante). Así que, espero, pronto tendré más novedades sobre este proyecto para compartir.

Si alguien quiere compartir ideas o feedback, o simplemente saber más sobre lo que estamos haciendo, avísenme y estoy más que dispuesto a conversar al respecto.

Cómo uso Google Reader

La actividad a la que dedico más tiempo cada día es probablemente consumir y digerir información. Todo el maldito día. Y la herramienta más importante que utilizo para eso es Google Reader, un servicio poco conocido de Google que permite suscribirse a las actualizaciones de sitios web y blogs y leerlas todas desde una sola interfase, pudiendo marcar y compartir las más interesantes.

Google Reader está abierto en mi navegador todo el día, y en cualquier momento libre que tengo (y en varios no tan libres) salto a la pestaña y leo más noticias de alguna fuente. A través de Google Reader estoy suscrito a 445 fuentes de información, y desde octubre del 2005 he leído más de 97 mil artículos, noticias o actualizaciones de algún tipo.

Este video explica qué es Google Reader y cómo se utiliza:

Se me ocurrió compartir algunas notas sobre cómo utilizo el Google Reader:

  • Suscribo primero, hago preguntas después. Si encuentro una fuente potencialmente interesante, prefiero suscribirme y probarla durante en tiempo en lugar de leerla en detalle primero. Si luego de un tiempo encuentro que las actualizaciones no me llaman la atención o no las leo, me desuscribo. Pero casi todas las fuentes – a menos que sean claramente malas – reciben el beneficio de la duda.
  • Alterno entre Star, Like, y Share. Por alguna razón GReader tiene tres maneras de destacar contenido: marcarlo con una estrella (Star) para agregarlo a una lista, indicarlo como “me gusta” (Like) como en Facebook, y marcarlo para compartir (Share) que lo publicar a otros usuarios de GReader suscritos a mi fuente. La distinción no tiene mucho sentido para mí. Casi todo lo que marco con una estrella para poder encontrar después lo comparto, y casi nunca uso el like pues no me parece que sirva para mucho.
  • Es cierto, no lo leo todo. De hecho, ni siquiera leo todos los titulares. Paso por encima de los títulos en cualquier fuente, me detengo un poco más en lo que llama mi atención, y todo lo demás lo marco como leído. Incluso lo que leo no lo leo siempre en detalle.
  • Sigo a casi todos los que me siguen. Pero nunca me he molestado en buscar gente para seguir, ni presto mucha atención a lo que comparte la gente que sigo (lo siento). De vez en cuando encuentro cosas interesantes allí, pero de por sí tengo tantas cosas por leer que no me da tiempo para leer lo que leen los demás.
  • Un pequeño grupo de fuentes concentra toda mi actividad de lectura. Según el propio GReader, las fuentes que leo con más frecuencia son:
  • Integro GReader con otras cosas. Utilizo Reeder y Flipboard para leer mi contenido del GReader en dispositivos móviles. Y cuando un artículo es muy bueno, lo envío directamente desde GReader a Twitter.
  • No intento ni por asomo leerlo todo. Leo todo lo que puedo, pero sobre todo me sirve para tener una imagen panorámica de todo lo que está pasando a través de mis fuentes. Además, encuentro que no me sirve para lectura profunda – me cuesta mucho leer ensayos y artículos largos en el GReader, así que normalmente tengo que marcar el enlace para poder leerlo luego.

Parece que pronto habrán algunos cambios en el diseño del GReader, incluyendo la eliminación de algunas de sus opciones sociales. Como señala la reseña de TechCrunch, somos muy pocos los que notaremos la diferencia. Nunca me puse a pensar mucho en cómo son los patrones de uso de otras personas del GReader (que es una herramientas bastante solipsista) hasta que leí esto, así que se me ocurrió compartir mis propias costumbres.

Organizaciones virtuales

Uno de mis puntos recurrentes es que hacer cosas es hoy mucho más fácil que nunca, y esta posibilidad abre la puerta para todo tipo de nuevos emprendimientos. La base de esta posible nueva economía viene del abaratamiento de costos de transacción que hace posible la aparición de nuevas formas de organización para la acción colectiva, un punto inteligentemente desarrollado por Clay Shirky (sobre todo en su libro, Here Comes Everybody):

Hace tan sólo unos años, para emprender cualquier tipo de iniciativa se necesitaba de una cantidad significativa de recursos. La capacidad de convocar y reunir un equipo de trabajo y brindarles el acceso a los recursos y la información que necesitan para poder sacar adelante un proyecto tenían una valla de entrada mucho más alta: si las opciones de comunicación son limitadas, entonces tengo que reunir al equipo en un mismo espacio físico donde poder reunirse, que además esté habilitado para trabajar. El costo de adquisición de información era también más alto: para acceder a ella debo invertir en libros, en suscripciones a revistas, en cursos o seminarios, lo cual eleva el costo de mantener al equipo informado. Si, además, el propósito es comunicar ideas al público, eso tiene otro costo adicional: si la oferta mediática es limitada (pensemos en los medios impresos, la televisión y la radio), acceder a su capacidad limitada de transmisión es sumamente costoso – una de las principales razones por las cuales la profesión del relacionista público pasó a ser tan importante. Si quiero imprimir un libro con ideas, debo también llevar ese libro al mercado, distribuirlo, promocionarlo, y el costo de todo ese proceso será directamente proporcional al alcance que quiero que tenga mi mensaje.

La sumatoria de todos estos costos elevados se traduce en que hay un enorme desincentivo para hacer cosas por simple interés propio. Emprender un proyecto quiere decir poder asumir estos costos, lo cual a menudo se traduce en requerir de inversiones externas de capital que usualmente se darán sólo bajo la condición de ofrecer un cierto retorno sobre la inversión. Las organizaciones que mejor se posicionen para reducir sus costos de operación y brindar el mejor retorno posible se convierten en aquellas que son más capaces de recibir estas inversiones, y con ellas asumir los costos que tienen sus iniciativas.

Esto hoy ha cambiado por completo. Pero a pesar de que los costos para organizarse para un proyecto se han reducido enormemente, la percepción pública se mantiene en gran medida dentro de los viejos parámetros (hay gente, incluso, que piensa que uno tiene que pedir permiso o enviar una solicitud para hacer algo como crear un #hashtag en Twitter). Lo cual hace que la valla percibida que tiene el hacer cosas sea bastante mayor de lo que es realmente.

Ensamblar una operación virtual, de hecho, es relativamente fácil, incluso de una manera que sirve para empezar a comunicar ideas al público. Es muy rápido, y además gratuito, inaugurar una presencia web creando un blog en una plataforma como WordPress, a través de la cual, además, por unos US$17 anuales se puede registrar un dominio .com, .org o .net que le da una apariencia mucho más “profesional” al blog (lo mágico de este es que, para muchas personas, tener tu propio dominio .com es entendido incorrectamente como algo reservado para organizaciones o empresas “grandes”, no como algo al acceso de potencialmente cualquier persona, lo cual eleva aún más el valor percibido de una acción simple como ésta).

Una vez que tienes el dominio, hay un beneficio adicional que puedes conseguir para tu proyecto: Google ofrece una versión gratuita de Google Apps para grupos de trabajo de hasta 10 usuarios. Es decir que, si tienes menos de 10 personas participando del proyecto puedes acceder a la colección de herramientas profesionales de Google que incluyen, especialmente, cuentas de correo electrónico que funcionan con tu propio dominio (otro valor importante en términos de comunicación con el público), la posibilidad de crear y editar documentos colaborativamente a través de Google Docs, y de manejar calendarios compartidos utilizando Google Calendar.

Cuando lanzamos el Laboratorio de Videojuegos de Lima hace alrededor de dos años y medio, teníamos poco más que esta infraestructura, y no necesitábamos mucho más tampoco. Con esto nos era posible circular ideas entre el equipo de trabajo y comunicarnos con otras personas manteniendo una imagen integrada (todos con el mismo dominio), coordinar eventos y actividades entre nosotros, y publicar artículos, ideas y comentarios utilizando nuestro blog. Incluso hoy, es poco más que esto lo que tenemos o necesitamos. Funcionamos como una organización totalmente virtual, sin una base fija de operaciones (de hecho, coordinamos ideas y actividades entre Lima y Buenos Aires), sin un espacio físico, teniendo reuniones por Skype y comunicando ideas con un blog. Pero incluso este mínimo de infraestructura tiene un importante valor psicológico cuando presentamos la iniciativa: la percepción de que hay todo un aparato complejo y articulado detrás, una inversión de recursos propia de grandes estructuras. No es que nos presentemos como tal, pues no lo hacemos: es simplemente un hecho inductivo, de asumir por asociación que esta apariencia de complejidad debe requerir una cierta infraestructura a su vez compleja. Pero la realidad es que las herramientas a nuestra disposición nos permiten una infraestructura mucho más versátil y mecanismos organizativos mucho más dinámicos.

En realidad, es poco más lo que se necesita para empezar un proyecto. Ese valor psicológico externo sirve también internamente: el otro día, me quejaba en Twitter de que mi solución a cualquier problema es crear un sitio web, aún cuando no necesariamente venga al caso. Es mi mecanismo de entrada para empezar a pensar en cómo hacer algo, cómo movilizar un proyecto (cómo “hacer cosas”): establecer este tipo de presencia virtual es también decirse a uno mismo, y a un equipo de trabajo, que un proyecto va en serio. Es una forma de hacerlo público, lanzarlo al mundo: una especie de acto fundacional. Como poner la primera piedra. Esta primera piedra, además, sirve como eje de articulación para todas las actividades del proyecto.

Es también relativamente fácil complementar esta infraestructura básica con otros canales de comunicación y de articulación de una comunidad: crear una página en Facebook o una cuenta en Twitter ayudan, también, a difundir públicamente actividades e ideas, son relativamente fáciles de mantener y aportan colectivamente a la idea de que hay un esfuerzo articulado y planificado detrás del proyecto.

No estoy intentando decir que haciendo todas estas cosas, uno ya haya hecho todo lo que tiene que hacer. Ése no es el punto. El punto es que uno puede hacer estas cosas, relativamente fáciles, y estar en excelentes condiciones para la operación de un proyecto, sin tener que esperar (o utilizar como excusa) a contar con herramientas más sofisticadas o infraestructura más compleja para poder empezar a implementar ideas. Hoy tenemos más flexibilidad que nunca para iniciar proyectos, pero solemos utilizar las herramientas como excusa para no sacarlos adelante; o un apego demasiado fuerte hacia manera tradicionales de hacer las cosas como razón para no experimentar con nuevos modelos organizacionales y formas de trabajo. De hecho, tenemos mucho más que ganar experimentando con nuevos modelos y herramientas. Y aunque también es cierto que la facilidad para implementar ideas nos introduce a un contexto donde, también, serán más las ideas que fracasen, esto nos da también la posibilidad de fallar a un costo muy bajo que nos permita reformular, reevaluar y reconsiderar ideas y proyectos antes de que nuestro costo hundido sea demasiado significativo. Aquí es, más bien, nuestro soporte cultural el que no se está viendo actualizado suficientemente rápido: seguimos dándole mucho más valor a un camino costoso hacia el éxito antes que a uno muy barato hacia el fracaso. Pero la ventaja estructural de valorar el fracaso barato es que nuestro proceso de aprendizaje y refinamiento es muchísimo más acelerado pues aprendemos continuamente a partir de un proceso de prototipado rápido. Es parte de una lógica operacional, popularizada, entre otros, por organizaciones como Google, de “release early, release often, iterate” (“publica temprano, publica seguido, e itera”).