
E15, el viejo edificio del Media Lab, donde está CMS
Llevo unas tres semanas ya aquí en Cambridge, MA, y una semana de clases en el MIT. Es un increíble lugar. No sólo por lo genial del clima de Nueva Inglaterra en verano (que nadie se cansa de decirme, pasará pronto al olvido con la llegada del invierno), sino por un entorno increíblemente creativo y lleno de recursos por explorar.
MIT es un lugar muy extraño y con una lógica muy particular, probablemente muy diferente a cualquier otra universidad. Es un lugar raro, lleno de gente singularmente orgullosa de lo raro que es. Los edificios no tienen nombres, sino números, y están dispuestos alrededor del campus de manera más o menos arbitraria. Los números designan el lugar donde uno encuentra una sala o una oficina, y así 9-354 es la sala 54 del tercer piso del edificio 9, y así. Toma un poco de tiempo acostumbrarse, porque además hay que tener en cuenta la posición del edificio en función al campus central: así, W15 no es lo mismo que NW15 que no es lo mismo que E15. Esto es especialmente alterante cuando uno descubre que 14N no es lo mismo que N14 y que, de hecho, están en lados diferentes del campus.
Algo parecido ocurre con los departamentos y las especialidades, que aunque tienen nombre, son identificadas casi todas por su número. “Course 6″ es “Electrical Engineering and Computer Science”, “Course 11″ es “Urban Studies and Planning”, y así. Al principio no tiene ningún sentido, pero de a pocos uno se va acostumbrando. Porque, además, este mismo número designa los cursos que se dictan dentro de un departamento, por ejemplo, 11.301 se vuelve “Introduction to Urban Design and Development” y 6.001 es “Introduction to Computer Science”. De todo se desprenden construcciones aparentemente incoherentes como tener “6.001 en 26-100″, que quiere decir tener clase de Introduction to Computer Science en la primera sala del primer piso del edificio 26. Una vez que uno empieza a entender, empieza a apreciar también la eficiencia del sistema.

La liga interna de StarCraft
La cantidad de cursos, recursos y actividades que existen en el campus es simplemente abrumadora, y es sumamente peligrosa. Uno corre el riesgo de intentar hacer demasiadas cosas y terminar fracasando en todas por estirarse demasiado, o uno corre el riesgo de perderse demasiadas oportunidades por concentrarse demasiado. Es difícil hacer las paces con esta idea. Pero uno podría tranquilamente llevar clases en múltiples departamentos, estudiar idiomas, llevar cursos virtuales de programación, participar de equipos de deportes, ir a clases de baile y luego participar de la liga local de StarCraft, por poner sólo algunos ejemplos. Y eso sin siquiera empezar a contar las actividades esporádicas como conferencias, charlas, seminarios, y los diferentes visitantes que pasan por el campus y que vale la pena ir a ver. Es particularmente abrumador, y para mantenerse al tanto uno termina registrándose en una enorme variedad de listas de correo para poder enterarse lo más posible de todo lo que está pasando.
A esto hay que agregar que la universidad básicamente te abre las puertas de todo. Una vez que ya estás adentro, básicamente ya no tienes que pedir permiso para hacer las cosas – literal o metafóricamente. Puedes pasear libremente por el campus y recorrer diferentes departamentos y visitar laboratorios – excepto, claro, allí donde haya algún tipo de riesgo real y una luz de advertencia enorme de “CUIDADO – LÁSER EN OPERACIÓN”. Pero todo el personal académico y administrativo se muestra mucho más que dispuesto a ayudarte en cualquier cosa que necesites o quieras hacer, lo cual no deja de sorprenderme viniendo de una tradición burocrática donde te hacen pensar que te están haciendo un favor cuando hacen algo por ti. ¿Quieres formar un grupo estudiantil sobre algún tema? Listo, te ayudan, e incluso te dan fondos para organizar actividades. ¿Necesitas fondos para hacer trabajo de campo, o para ir a una conferencia? Boom, listo. ¿Estás pensando en formar una empresa o desarrollar una idea de negocios? Boom, puedes reunirte con gente para que te asesoren y te conecten con mentores, colaboradores o potenciales inversionistas. Y así sucesivamente. La mentalidad imperante parece ser que, una vez que has pasado los filtros de selección y has sido admitido a la universidad, ya no tienes que demostrarle nada a nadie y todo el mundo está dispuesto e interesado en trabajar contigo.
El área principal del programa de Comparative Media Studies, mi programa, está en el viejo edificio del Media Lab, que está junto y conectado al nuevo edificio del Media Lab. MIT es una cultura singular, pero el Media Lab es una cultura singular dentro de una cultura singular. Seis pisos de laboratorios expuestos detrás de paredes de vidrio con todo tipo de juguetes, piezas electrónicas, computadoras y demás. En medio de eso está el área de CMS, donde están algunos de los laboratorios y proyectos de investigación del programa y donde frecuentemente acampamos los estudiantes del posgrado. La actividad semi-oficial de “integración” es Team Fortress 2, de modo que no es raro llegar al laboratorio a cualquier hora y encontrar a un subconjunto de los estudiantes en un 2 contra 2 o un 3 contra 3. Ahí es que uno se da cuenta de que ha terminado en el lugar correcto.

Boston, desde la terraza del sexto piso del Media Lab
Pero aún a pesar del TF2, el ritmo de trabajo es increíblemente intenso. Las exigencias y expectativas de los cursos son brutales e inmisericordes, no sólo en carga de lectura sino en proyectos, presentaciones y entregables. Además de eso, se agregan las expectativas de trabajo en laboratorio, pues todos los estudiantes formamos parte de alguno de los proyectos de investigación y participamos de los proyectos y actividades que se hacen dentro de ellos. Se dice comúnmente que estudiar en el MIT es como tomar agua de una manguera contra incendios, y es en realidad una analogía bastante apta de la carga de trabajo que se experimenta por aquí.
Hay mucho más por comentar, y mucho más que sigo todavía procesando y entendiendo. Espero seguir compartiendo algunas notas y observaciones más, pero sobre todo quiero también empezar a comentar sobre temas y proyectos que se están trabajando aquí, y sobre el trabajo que voy a ir haciendo. Hay muchísimo para aprender aquí a todo nivel, y muchísimas ideas para importar e implementar en Perú y América Latina. Así que seguiremos informando.