El Ciclo Hacker: Presentaciones en Lima, 9 y 12 de setiembre

La próxima semana estaré por unos días en Lima y ha coincidido con la oportunidad de realizar una serie de presentaciones en varios contextos, en las que estoy mashupeando ideas que vengo trabajando y presentando en las últimas semanas aquí en Argentina. Pero estas presentaciones también me dan la oportunidad de ampliar y puntualizar un poco más estas ideas.

Lo interesante del asunto es que ha coincidido también con que la temática de los eventos es más o menos próxima. Así que estoy intentando formular la temática de las tres como un sólo arco continuo, abordando temas de la cultura hacker y el lenguaje y la cultura de los nuevos medios desde varios puntos de vista. De modo que en tres presentaciones estaré elaborando el Ciclo Hacker: una exploración filosófica de la idea de hackear (en una lectura amplia del término) y sus ramificaciones culturales y políticas.

¡Espero verlos por ahí!

La ética hacker y el espíritu del post-capitalismo: Filosofía para épocas de apocalipsis financiero.
Viernes 9 de setiembre, 3:45pm, Auditorio de Humanidades de la PUCP.

Estaré de regreso en el VII Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP, lo cual me encanta porque es volver a un evento en el que he podido presentarme casi todos los años recientes, desde que estaba estudiando en el pregrado. El título de la presentación es obviamente una alusión a Weber, pero ésta no es una presentación sobre Weber. Es, más bien, una exploración de los conceptos que subyacen a la ética hacker (articulados en algunos de sus textos fundacionales). Y lo que quiero hacer con esto es ver cómo algunos de estos principios están manifestándose en las tecnologías que usamos y convirtiéndose en patrones de comportamiento y culturales cada vez más difundidos. Al mismo tiempo, como se están convirtiendo en la base de una re-concepción económica (a su vez posibilitada por nuevas tecnologías) que se está traduciendo en la implementación de nuevas estructuras de interacción económica.

Hackear la educación: Alfabetización tecnológica y ciudadanía informacional.
Viernes 9 de setiembre, 6pm, Salón 402 del Pabellón Z de la PUCP.

La Asociación para la Educación y el Desarrollo, un grupo de estudiantes de psicología educacional, está organizando un evento bajo el título “Formación Ciudadana y Educación“, y me han invitado a formar parte de la mesa sobre “Ciencia, tecnología y formación ciudadana”. Siguiendo en la línea del cambio del modelo de producción de sociedades industriales al de sociedades informacionales, nuestras necesidades en términos de educación y aprendizaje deben ser también significativamente diferentes. ¿Qué, cuándo, dónde, y cómo aprendemos en un mundo altamente hiperconectado? Cuando la escuela, como lugar, deja de ser el eje articulador de nuestro procesamiento de información y conocimiento, ¿cómo respondemos? Hackear la educación quiere decir que en estas condiciones, las sociedades contemporáneas no necesitan formar primordialmente trabajadores que llenen las líneas de producción, sino que necesitan formas ciudadanos capaces de participar mediática y tecnológicamente: necesitan, en esencia, de hackers, en todas las áreas del conocimiento.

Hackers, trolls y memes: El lenguaje de los nuevos medios.
Lunes 12 de setiembre, 7pm, Auditorio de la Fundación Telefónica.

Esto es en el marco del Simposio Internacional: Interpretando los Medios, una de las actividades en Lima vinculadas a la celebración del centenario de Marshall McLuhan. En este caso, quiero explorar un poco los elementos que configuran el lenguaje propio de los nuevos medios y de la comunicación digital, y elaborar algunos de sus efectos sociales y políticos. Esto, claro, en la línea de Marshall McLuhan y la idea de ecosistemas mediáticos (o “media ecology”). El punto de partida es el meme, como el mecanismo de reproducción y circulación de información entre comunidades digitales (y no digitales, también). Así como la capacidad de modificar y producir memes libremente es un rasgo distintivo de la cultura digital, también lo son figuras complementarias que se construyen sobre esta libertad: el troll como subversivo comunicacional y “culture jammer” con efectos diversos; y el hacker como patrón ético de una cultura de remixeo y reinterpretación, donde el código de las gramáticas sociales y técnicas está abierto a su modificación continua y constante. ¿Cuál es, entonces, el valor y el potencial significado político de los memes, los trolls y los hackers?

El lenguaje de los nuevos medios: Presentación en la Cátedra Datos de la UBA

Los últimos días he estado sufriendo de un bloqueo terrible para escribir. Doblemente frustrante porque tenía muchísimos textos que preparar y las ideas simplemente no salían. Muy frustrante. La cosa felizmente ha ido mejorando poco a poco y hoy por fin puedo actualizar el blog después de demasiados días no de abandono, sino simplemente de bloqueo.

Esta semana me dio la excusa perfecta. La Cátedra de Procesamiento de Datos de la Universidad de Buenos Aires me invitó a realizar una presentación en una de sus clases teóricas, en la que también presentó Pablo Mancini. Esta vez presenté una versión ampliada y mejorada de las ideas que había presentado antes en las Jornadas Edupunk en Rosario, hace unas semanas. En el blog de la cátedra hay un resumen de la presentación cortesía de Germán Staricco, junto con las diapositivas que utilicé.

Pero claro, en una presentación nunca alcanza el tiempo para elaborar todos los conflictos o responder a todas las preguntas. Y hay una serie de preguntas y objeciones que han ido surgiendo en los comentarios en el blog de la Cátedra que me dan pie a elaborar algunas ideas y agregar algunos recursos adicionales.

Carlos Sanabria comentó:

Ahora me pregunto, el hackeo más grande a uno de los lugares más importantes del planeta, Wiki Leaks, ¿no perdio todo su sentido al ser brindada esa información a El País, Le Monde, The Guardian, Der Spiegel y The New York Times, 5 medios hegemónicos de europa, que son propiedad de grandes grupos económicos?

Estoy de acuerdo contigo. De hecho, aunque Wikileaks es un buen ejemplo de fenómeno emergente, como organización o movimiento me genera muchísimo – es un aparato que está demasiado centrado alrededor de un personaje problemático como es Julian Assange. Es cierto que Assange ha sido victimizado y perseguido de manera injusta, pero el tipo tampoco termina de convencer: las declaraciones de los periodistas que negociaron con él la publicación de los Wikileaks (y por los cuales tuvieron que pagar muchísimo dinero, además) han dado múltiples versiones de cómo todo esto es más sobre él que sobre los temas de fondo. Wikileaks es un buen ejemplo, pero no es el mejor ni el más interesante: es apenas uno de los primeros.

Carlos Gómez hizo la referencia al documental RIP! A Remix Manifesto y agregó:

“Lxs consumidorxs son creadorxs del arte popular del futuro. Lxs propietarixs de la cultura que remezclamos representan el pasado.
Para asegurar el libre intercambio de ideas y el futuro del arte y de la cultura se redacto este manifiesto:
1 – La cultura siempre se construyó basada en el pasado.
2 – El pasado siempre intenta controlar al futuro.
3 – Nuestro futuro se está volviendo menos libre.
4 – Para construir sociedades libres es necesario limitar el control del pasado.”

RIP!, es un peliculón y lo recomiendo totalmente. Sobre todo la música de Girl Talk. Lamentablemente no nos dio el tiempo para retroceder mucho en antecedentes históricos, pero cuando metes la lectura del “hacker” en la cultura, puedes retroceder y encontrar que casi todas las actividades culturales han consistido siempre en alguna forma de hackeo. Esto es aún más cierto mientras más te acercas a la oralidad, donde cada re-interpretación de una historia es siempre una nueva versión. La idea de que la cultura debe ser “cerrada” y limitada sólo a “los que saben”, aunque también es una constante histórica, sólo se vuelve un patrón industrial predominante en los últimos 300-400 años.

Valentina Stacco comentó:

En nuestra clase se armo un mini debate porque habia compañeros que habian notado una actitud demasiado inclinada hacia los intereses economicos, el debate fue interesante porque lo comparamos con lo expuesto por Eduardo (quien hablo de lo importante del software libre, etc)

Esta es una discusión que da para largo, muy largo, y es un tema que ha surgido en varios de los comentarios. Es cierto que nuevas tecnologías abren el espacio para la participación ciudadana, pero siguen siendo espacios mediados comercialmente y con dueño – por mucho que parezca lo contrario, Facebook no es un espacio público, y Twitter tampoco, pero nuestras actividades públicas/políticas tienen cada vez más preponderancia allí. Al mismo tiempo no son completamente privados, pues el margen de los propietarios/administradores para hacer cambios está restringido por las preferencias de los usuarios. Al mismo tiempo, estas plataformas están posibilitando un nuevo espacio económico a través del abaratamiento de costos: uno puede llegar a un público “masivo” usando estas redes con un mínimo de inversión, y tener el mismo grado de exposición que una marca trasnacional. De modo que estas plataformas también tienen un poder equilibrante de productores más chicos frente a productores más grandes que hace unos años los habrían absorbido o eclipsado. Lo importante por ahora me parece reconocer que todo esto es conflictivo, y que el mundo digital no es un mundo armónico de paz y felicidad, sino que muchas tensiones políticas y económicas recién están empezando a manifestarse.

Mariel Tellechea comentó:

Pero, por otra parte, algunas de las cosas que se dijeron me parecieron obviedades, unas y generalizaciones, otras. En los perfiles de FB o TW, así como en las interacciones en diferentes lugares y con diferentes personas, nadie muestra todas sus facetas. El hecho de tener identidades virtuales en estos medios no implica que busquemos todo el tiempo la aprobación de los otros, pongamos la mejor música o según cómo respondan nuestros “contactos/seguidores” dejemos de poner o no algo que nos interesa.

Hablar de buscar la “aprobación de los otros” puede ser ambivalente y quizás poco claro. Quizás una mejor manera de formularlo sea de buscar la validación de los otros, que tiene menos de la carga psicológica o de autoestima. Lo más importante es que este proceso, que ocurre tanto online como offline, es algo que opera a un nivel inconsciente y casi automáticamente como capacidad adquirida evolutivamente: nuestra capacidad para leer indicadores en los demás respecto a cómo es recibida nuestra propia conducta es una capacidad fundamental para nuestra vida en sociedad. Esto no quiere decir que nuestro entorno determine indefectiblemente nuestra conducta y las cosas que hacemos, pero sí que en ningún caso presentamos nuestra identidad (como lo formuló Erving Goffman) de manera aislada a un contexto social (como, más bien, lo consideraban las utopías liberales de la modernidad). De la misma manera las conductas en estos nuevos medios, cuyas gramáticas aún se encuentran mayormente en formación, se están moldeando poco a poco a partir de las reacciones y validaciones de las comunidades participantes.

Juan comentó:

Personalmente considero que la forma Broadcast de los medios no va a desaparecer, y esta versión demagógicamente democrática 2.0 será complementaria. Creo que las tres transformaciones de las que se habla al principio son muy relativas. Implican un grado de alfabetización digital que no es tal, al mismo modo que desconoce los usos reales de las tecnologías. Incluso nativos informáticos se quedan atrás.

Coincido en que la forma broadcast no desaparece, pero no en la complementariedad de lo digital. La comunicación broadcast no se mantiene tal cual una vez que aparece la tecnología digital, sino que se ve inevitablemente transformada en sus usos, significados y posibilidades: esto es lo que Henry Jenkins llama la lógica de la convergencia, donde las nuevas tecnologías reconfiguran el significado de las viejas tecnologías. De modo que lo digital tampoco puede ser reducido al lugar del mero complemeto. Respecto a las tres transformaciones, sí, pueden verse como relativas, pero eso no las hace menos interesantes ni menos significativas. El hecho de que estos patrones culturales se puedan empezar a identificar en cada vez más ámbitos de las actividades humanas sugiere, justamente, que hay un cambio de conceptos subyacentes al que hay que prestar atención. Eso hace que el tema de la alfabetización digital sea tanto más importante, justamente porque hay gente que se queda atrás. No es que esto no sea un “uso real de la tecnología” – el problema es lo contrario, que es un uso completamente real del cual muchos no pueden participar por problemas estructurales de acceso a la información. Y ése es un problema que hay que resolver.

Florencia Marano hizo mi pregunta favorita:

Otra cosa, realmente hay que hackear todo? Creo que se pueden hallar caminos alternativos dentro de un medio sin necesidad de hackear. Ni el medio me come ni yo lo como a él, creo que pueden verse posiciones de mediación dentro del mismo.

No, no creo que haya que ir por ahí hackeándolo todo o pensando que todo tiene que hackearse. Creo que es más bien la idea de que todo puede ser hackeado, todo refleja un “código” y una estructura que uno puede influenciar y, de ser necesario, transformar. Es importante resaltar que hablar de “hackear” no tiene que ser algo confrontacional o destructivo, como la interpretación popular de los hackers podría sugerir. La ética hacker, más bien, se centra en el hecho de que el mundo está lleno de problemas interesantes, y uno puede dedicarse a resolverlos – en un proceso que siempre involucra aprendizaje y colaboración. Puesto de otra manera, es una lectura tecnologizada de la idea de democracia participativa, y de creer que las estructuras de la sociedad no son “algo” allá afuera, lejos de mi influencia, sino reconocer que uno puede intervenir significativamente en los procesos sociales en los que está inmerso.

Laura Moreno comentó:

En relación a la primera parte de la clase, el hecho de que todo sea hackeable como lo planteó Eduardo Marisca puede abrirnos interrogantes. En nuestra clase práctica surgió un debate sobre cuál es el lugar que le queda a los periodistas o comunicadores dentro de este cambio de paradigma.

Es un tema abierto y que sí, justamente requiere de mucho debate. Lo importante para rescatar es que el rol de los periodistas y comunicadores ha pasado a un momento de renegociación social: si antes su lugar cumplía una función sostenida sobre una escasez de información y lo complicado de su acceso, cuando esas condiciones de escasez cambian por extensión deberíamos suponer también que ese rol y esa función cambian. La discusión se vuelve estéril y poco interesante cuando se formula desde el punto de vista de que el periodismo debería preservarse porque ha cumplido una cierta función valiosa en el pasado que no deberíamos querer perder. Aunque eso puede ser cierto, la idea de preservarlo como existe porque respondía a necesidades del pasado no es muy interesante ni tampoco muy realista: es casi una cuestión museográfica. De modo que, al menos a mí personalmente, me resultan mucho más interesantes los experimentos que están surgiendo en la periferia y en las fronteras de la actividades, que están diseñando y experimentando con nuevos modelos y reinterpretaciones de la profesión que podrían volverse predominantes en el futuro.

En fin, esto es sólo un recorrido por algunos de los comentarios que encontré y que me parecía valía la pena agregar algunas notas. Agradezco a la Cátedra de Procesamiento de Datos por la invitación a lo que fue al final una discusión bastante interesante, y que obviamente ha tenido su extensión transmediática y ha continuado aún después de la clase.

#azoteahacker

El otro día se armó una buena discusión en Twitter bajo el hashtag #azoteahacker, cuyo resumen pueden encontrar en el blog del Morsa.

El concepto estaba bueno. Estábamos conversando sobre los espacio de hackeo, de experimentación libre y de aprendizaje colaborativo. Espacios donde uno aprende a fallar, y a resintetizar los fracasos y convertirlos en materia prima de nuevos experimentos. Es lo que en la cultura anglosajona es el garaje: la banda de garaje, el taller en el garaje, incluso la mítica empresa que empieza en el garaje y, como Hewlett-Packard, se termina convirtiendo en una gigantesca corporación.

El garaje es lo que en nuestro contexto cumplió hasta cierto punto la azotea. De entrada, porque en la azotea era donde estaban las cosas que sobraban: no necesariamente basura, porque no se botaba, pero que no tenía una utilidad específica. Para un niño es un espacio ideal, porque uno puede reutilizar lo que allí hay libremente: si se arruina nadie lo extraña, si se pierde nadie lo busca. Uno tiene campo libre para jugar con esas piezas, convertirlas en un refugio, juntarlas, romperlas, separarlas, desarmarlas. Eso, aprender rompiendo, es uno de los principios básicos de la ética hacker.

Pensábamos en laboratorios colectivos que han seguido un poco este modelo, como por ejemplo Escuelab: espacios de aprendizaje sin currícula y sin títulos, llenos de herramientas de gente más y menos experimentada, diversa, de la que uno puede aprender. Estos espacios tienen una gran cantidad de ventajas: empezando porque sirven como semillero para que jóvenes aprendan competencias profesionales/laborales del mundo digital sin necesariamente tener que pasar por una educación formal. Es, por ejemplo, el modelo de Electrocooperativa, en Brasil, donde los jóvenes adquieren habilidades digitales aprendiendo a mezclar música, grabar y editar videos, comunicarse online, y pueden luego utilizar esas habilidades laboralmente.

Lo que empieza a ocurrir es que en estos espacios empiezan a formarse grupos, equipos, y empiezan a surgir todo tipo de proyectos. Algunos de estos proyectos tienen potencial económico, generan innovaciones interesantes, y se convierten en vehículos de desarrollo económico para grupos de jóvenes que muchas veces no tendrían acceso, de otra manera, a un sector altamente calificado del mercado laboral. Es testimonio, además, de que la universidad y la educación superior no es necesariamente el único o el mejor canal para adquirir las competencias y el conocimiento que se requieren en la economía digital. Estos laboratorios, azoteas donde jóvenes y no-tan-jóvenes acceden a recursos y contexto para aprender a “hackear”, se convierten entonces también en incubadoras de todo tipo de proyectos e iniciativas.

Lo más interesante es que estas habilidades empiezan a construir también una ciudadanía más involucrada y comprometida. La azotea-hacker se vuelve también un laboratorio donde uno aprende a apropiarse del espacio público, aprende que uno está rodeado de sistemas complejos que tienen reglas que pueden ser descubiertas e influidas; que uno puede hackear y mejorar esos sistemas. Cuando esas habilidades empiezan a traducirse a lo público, lo que resulta es una ciudadanía activa, un ciudadano-hacker.

A partir de allí hay muchas cosas que podríamos empezar a especular o imaginar. Así como existe Escuelab, todo niño y todo joven debería tener un espacio similar, una azotea hacker, a la vuelta de su casa, a unas cuadras, donde poder juntarse con otras personas, con mentores, con amigos, y simplemente hackear. Lo mejor es que los techos que podrían aprovecharse como azoteas-hacker están ahí, probablemente desaprovechados actualmente: piensen, por ejemplo, en los techos de edificios públicos, municipalidades, colegios, en los cuales simplemente se dejan cosas tiradas para siempre. Todo lo que podríamos hacer con esos espacios: todo lo que un grupo de jóvenes podría vincularse con su barrio, con su comunidad, si empezara a asistir a talleres y a aprender cosas hackeando en el techo de su municipalidad, todo lo que podrían desarrollarse microeconomías locales, mercados de productos y servicios en torno a actividades digitales.

Si empezáramos a cultivar estos semilleros, estas incubadoras, serían la infraestructura que necesitamos para que a mediano plazo se empiece a construir una industria de alta tecnología adecuada para la economía del conocimiento. Estos esfuerzos surgen, de esta manera, “desde abajo”, y se impregnan mejor en la cultural local que otros esfuerzos más bien artificiales, grandes políticas “desde arriba” que no necesariamente logran siempre cuajar debidamente.

P.D.: Una pena que este libro no esté en edición Kindle: Hanging Out, Messing Around, and Geeking Out: Kids Living and Learning with New Media.

#edupunkarg

El fin de semana estuve en Rosario, Argentina, para la III Jornada Intercátedras Digicom/Datos, excelentemente titulada “Aprendiendo en tiempos de bárbaros, zombies y post-humanos”. Conocí a Alejandro Piscitelli, quien dirige una de las cátedras involucradas, en el McLuhan Galaxy Barcelona 2011, y por él pude participar de este encuentro de no-docentes y no-alumnos dedicados a “hackear la educación” (además de a los cuchillos, los pandas, los canguros, y discusiones particularmente largas sobre las mejores estrategias para sobrevivir a una invasión zombie. Hardcore-geek-style, en otras palabras). Si quieren ver un poco el tipo y volumen de actividad que adquirieron las jornadas pueden pasear por el hashtag #edupunkarg en Twitter. Fue una excelente jornada, la verdad, con muchísimo que comentar y aún más para procesar.

Hice una presentación durante la sesión inicial de la jornada. Intenté volver sobre ideas que he ido explorando hace tiempo aquí en el blog, en otros textos y presentaciones. intentando explorar la manera como nuestra cultura, o al menos la cultura más próxima y cercana al cambio tecnológico, está progresivamente desplazándose de una concepción que podríamos llamar “ingenua” de la tecnología, hacia una cultura permeada por la ética hacker y articulada en torno a varios de sus principios (ética hacker que, por cierto, no es autónoma, sino que en una medida considerable se articula ella misma alrededor de lo que las tecnologías digitales nos permiten). Hay algo que está pasando, algo que amerita mayor análisis, cuando en una época empezamos a ver que nuestros referentes culturales de certeza y estabilidad empiezan a derrumbarse o cuestionarse.

Creo que se puede hablar aquí de tres “desplazamientos”. El primero es el desplazamiento de un entendimiento de la tecnología como una herramienta, al de la tecnología como lenguaje: siguiendo a McLuhan, entender la tecnología como una forma de lenguaje o gramática implica quitar el énfasis en el objeto o el soporte tecnológico, y empezar a observar con mayor atención las relaciones sociales y los protocolos que construimos en torno y a partir de la introducción de una tecnología. Cuando McLuhan señala que “el medio es el mensaje”, el mensaje del medio es su impacto sensorial y social y sus efectos sobre nuestra conducta como cultura, los cuales se nos vuelven completamente transparentes cuando pensamos que las tecnologías son sólo vehículos para nuestras ideas y nuestra voluntad.

El segundo desplazamiento va en la misma dirección: el paso de los espectadores a los usuarios. La lógica y el lenguaje de los nuevos medios es de espacios de co-creación, o mejor dicho, espacios abiertos donde nadie tiene que pedir permiso para ensayar y exploras nuevos tipos de expresiones. Esto no es posible en el modelo de los medios tradicionales, donde para comunicarse masivamente uno tiene que pedir permiso; esa necesidad de pedir permiso y de recibirlo quiere decir que la comunicación aparecía como si tuviera algún tipo de garantía. Alguien, por alguna razón, tiene que haber aprobado esto. Pero, como vemos en casos como el de Rupert Murdoch y News of the World, toda esa garantía es meramente aparente, una ilusión producto de la escasez de canales: el nuevo ecosistema mediático diluye esa ilusión en la medida que le permite a cualquier persona tener un canal. Cuando el espectador se vuelve usuario, cuando deviene prosumidor, es imbuido con un conjunto de superpoderes que evidencian que, en verdad, no tienen nada particularmente especial: cualquiera puede comunicar mensajes masivamente, sin tener que pedirle permiso a nadie, pero por lo mismo, sin ofrecer ningún tipo de garantía. En este ecosistema se vuelve clave desarrollar las habilidades para navegar un flujo de información sobre el cual, a priori, no podemos formular ningún juicio.

El tercer desplazamiento es consecuencia de los dos anteriores: el paso de los consumidores, a los hackers. O, lo que es más o menos lo mismo, el paso de consumidores a ciudadanos, en la medida en que la ciudadanía empieza a redefinirse en términos hackerísticos. Prometedor, pero también peligroso. La ciudadanía así concebida implica entender la realidad que nos rodea como un gran libro abierto, reinterpretable, hackeable. En lugar de ver instituciones que se consumen, a las cuales uno se adapta, el hacker ve problemas, instituciones perfectibles, procesos mejorables. De esta manera es como el ciudadano empieza a apropiarse del espacio, de lo público, de la cultura. Se vuelve de esta manera en el núcleo de una ciudadanía activa, abierta y transparente.

Pero esto es también peligroso, y es un gran desafío, y se desprenden de eso tres preocupaciones sobre las cuales debemos preocuparnos en los siguientes meses/años, si es que no lo hemos hecho ya. La primera es que, si la lógica y la ética hacker empiezan a volverse tan impregnadas en nuestros procesos sociales/culturales, entonces se vuelve pertinente aprender a hackear (y entender cómo se aprende a hackear). Como proceso cultural, o como habilidad técnica, o en realidad como ambos, ya no es algo que se puede dejar simplemente a “otros”, sino que se vuelve una responsabilidad personal también.

La segunda preocupación es que tenemos que desarrollar la habilidad para identificar patrones rápida y efectivamente. Como ya lo señalaba McLuhan, la habilidad para identificar patrones en la cultura será la marca del futuro: las personas que consigan afinar esta habilidad tendrán una ventaja considerable sobre todos los demás. Esto es claro, por ejemplo, en focos de innovación como Silicon Valley, donde la diferencia entre identificar patrones o de crearlos se diluye casi completamente. Identificar los patrones a tiempo, darles nombre, significarlos, tematizarlos, es básicamente crearlos. Aprender a hacer esto a nivel cotidiano se convierte en una habilidad básica para nuestra adaptación a nuevos modelos culturales.

La tercera preocupación, quizás la más preocupante, es que a medida que más y más procesos se mediatizan digitalmente o adquieren al menos mayor significación digital, el tema de la brecha tecnológica se vuelve infinitamente más importante. Si la ciudadanía requiere cada vez más de aprender a hackear, y aprender a identificar patrones y actuar sobre ellos rápidamente, entonces ese segmento enorme de la población que ya de por sí se está quedando atrás en lo tecnológico, se empieza a convertir en una ciudadanía de segunda categoría. Y para los que más nos interesa explorar estas transformaciones y sus posibilidades, y que además podemos corroborar cómo estos espacios o no-espacios virtuales y comunitarios se enriquecen y vuelven más interesantes mientras más gente participe, se nos impone la responsabilidad de hacer algo al respecto. Empezando por tematizarlo, y por discutirlo, pero sobre todo, aprendiendo lo que significa diseñar tecnologías y protocolos para la inclusión.

Éste es un poco el resumen de lo que presenté en #edupunkarg. Aquí también están las diapositivas de la presentación:

La jornada misma merece un comentario aparte. Las sesiones del primer día fueron, digamos, más teóricas o exploratorias, y revisando varias experiencias concretas de hackeo de la educación, de la evaluación, de lo contenidos y demás. Hackear la educación fue el tema recurrente de toda la jornada, visto desde el punto de vista de investigadores, de alumnos, de docentes, de profesionales, o más bien, visto sobre todo desde no-lugares: no intentando definir perspectivas a partir de profesiones o trabajos, sino ver cómo todas se conjugaban entre sí en colaboratorios.

Surgieron muchas preguntas y muchas propuestas. ¿Cómo actualizar, por ejemplo, lo que es la evaluación en un salón de clase para que deje de ser simplemente un “cumplir con el sistema” y se vuelva una herramienta realmente útil para el alumno? Podemos repensar por completo la evaluación cuando podemos empezar a capturar, procesar y sistematizar datos casi en tiempo real. Aníbal Rossi de la Universidad Nacional de Rosario presentó una experiencia en la que el algoritmo de Google sirvió como modelo para procesar las autoevaluaciones de los alumnos de un curso: en lugar de analizar cómo los alumnos evaluaban entre sí, evaluar cómo los mejor evaluados evaluaban a los demás. Si empezamos a llevar este modelo a niveles más complejos podemos incluir más fuentes de datos, procesamientos más complejos, e incluso cursos que terminan evaluándose y corrigiéndose a sí mismos y brindando información sobre el grupo y sobre cada individuo en cualquier momento, en tiempo real.

Personalmente me tocó participar en muchas de las discusiones que involucraban el uso de los videojuegos como herramientas educativas, algo que me interesa particularmente por mi experiencia con el Laboratorio de Videojuegos de Lima. En sesiones temáticas grupales, el segundo día de la jornada consistió básicamente en una experiencia de diseño: primero explorando un problema y desarmándolo en sus elementos componentes, y a partir de ellos buscando posibilidades de acción y de impacto. El resto del día fue una oportunidad para diseñar colectivamente recursos y productos para, en este caso, la integración de los videojuegos en el proceso educativo, trabajando por un lado con docentes, por otro lado con jugadores. Salieron buenas ideas, que con suerte serán reunidas pronto en un primer prototipo y eventualmente en un producto que podamos mostrar al público. Lo increíble es lo rápido que un grupo de gente puede hackear este proceso: en menos de un día teníamos un contexto, una serie de ideas, diversas posibilidades para un producto, e incluso los principios de un prototipo. Quizás con un poco más de tiempo habríamos podido cerrar la jornada con un prototipo funcional terminado, analizado, y con feedback capturado.

En fin. Fue una sesión sumamente interesante, que a mí particularmente me sirvió para entender mucho mejor lo que está sucediendo en Argentina en términos de estudios de medios y tecnología y cómo se están leyendo y sobre todo aplicando diversas ideas. Mucha gente muy creativa, muy bien informada, con muchos fundamentos, y con muchísimas buenas ideas para explorar y desarrollar. Así que tengo muy buenas expectativas de ver los resultados que saldrán de esto en las próximas semanas.

Más sobre la “extinción de la filosofía”

Algunas notas complementarias a las pregunta del otro día sobre si la filosofía está en peligro de extinción cuando se pone en juego su apoyo institucional universitario (hay, además, buenos comentarios que han llegado al post original).

1. Slavoj Zizek da una buena entrevista al diario El País de España, del cual saco un pequeño fragmento relevante:

Ahora mismo estoy en Londres y tenemos una huelga masiva en la educación superior. El Plan Bolonia es una catástrofe. La derecha quiere suprimir las humanidades. En vez de pensadores, quieren convertirnos en expertos que cumplan los encargos que las élites plantean. Me parece importante defender que los grandes problemas nos conciernen a todos. La derecha debería estar en contra del Plan Bolonia. Convertir la Universidad en una empresa es mucho más peligroso para Europa que el fundamentalismo islámico.

Lamentablemente no entra aquí en más detalle. El Plan Bolonia es un convenio de la Unión Europea para homologar títulos y programas educativos a través de sus realidades nacionales, y fomentar el proceso de una serie de reformas universitarias comunes y alineadas. El proceso ha atraído múltiples críticas particularmente por considerar que elitiza la educación superior y que se concentra en formar trabajadores, en lugar de profesionales.

2. En otras noticias, un artículo del Harvard Business Review señala que para conseguir ideas innovadoras las empresas deben contratar gente de las humanidades, en lugar de sus canteras acostumbradas. Aunque he comentado antes sobre esta relación, es algo muy diferente que lo diga yo a que lo diga el Harvard Business Review, sobre todo porque el HBR lo leen directamente empresarios y funcionarios que efectivamente pueden hacer algo al respecto. Señala el HBR:

This is because our educational systems focus on teaching science and business students to control, predict, verify, guarantee, and test data. It doesn’t teach how to navigate “what if” questions or unknown futures. As Amos Shapira, the CEO of Cellcom, the leading cell phone provider in Israel, put it: “The knowledge I use as CEO can be acquired in two weeks…The main thing a student needs to be taught is how to study and analyze things (including) history and philosophy.”

People trained in the humanities who study Shakespeare’s poetry, or Cezanne’s paintings, say, have learned to play with big concepts, and to apply new ways of thinking to difficult problems that can’t be analyzed in conventional ways.

No deja de haber un toque de ingenuidad en esto, como si uno pudiera tomar a un humanista recién formado, ponerlo en un entorno corporativo y ver cómo suceden milagros inesperados. Hay una serie de capas intermedias y aprendizajes que explorar y promover para que algo así pueda pasar. Y hay, también, muchísimos prejuicios que reconsiderar que vienen de ambos lados del espectro.

3. Vivek Wadhwa publicó para TechCrunch hace unos días un artículo contraponiendo necesidades educativas desde los puntos de vista de Bill Gates y de Steve Jobs. Para Wadhwa la posición de Gates se ve reflejada no sólo en sus esfuerzos por repotenciar la educación en matemática, ciencia y tecnología en EEUU, sino por extensión en sus productos poco elegantes, poco amigables y con el tiempo cada vez menos populares. En cambio, Steve Jobs ha hablado públicamente sobre cómo el diseño de los productos de Apple son una combinación entre un enfoque de ingeniería y de las humanidades (“liberal arts”) que hace que sus productos sean mucho más inteligentemente diseñados y, en los últimos años, han hecho de Apple quizás la compañía tecnológica más importante del mundo. El mercado, parecería, le está dando más la razón a Jobs que a Gates.

Because I am a professor at the Pratt School of Engineering at Duke University, and given all the positive things I say about U.S. engineering education, The Times assumed that I would side with Bill Gates; that I would write a piece that endorsed his views. But, even though I believe that engineering is one of the most important professions, I have learned that the liberal arts are equally important. It takes artists, musicians, and psychologists working side by side with engineers to build products as elegant as the iPad.  And anyone—with education in any field—can achieve success in Silicon Valley.

En resumen: la crisis de las humanidades en las universidades contemporáneas es trágica, pero real y creciente. Eso es en sí mismo un problema. Pero también empiezan a aparecer espacios de problemas interesantes donde los filósofos y los humanistas pueden encontrar oportunidades para desarrollarse, asumiendo, claro, disposición de ambos lados del espectro.

De todos modos, creo que aquí vemos que se apunta a algo mayor. Hay, claramente, valor en estas ideas, en estos conocimientos y en estos procesos mentales (valor que se puede definir de múltiples maneras). Y hay un espacio que tiene problemas graves para definir su identidad, como es la universidad. De modo que hay, también, una gran oportunidad y mucho potencial para redefinir o recrear espacios de pensamiento, de reflexión, de crítica, que no necesariamente sean académicos o universitarios, que sí exhiban múltiples formas de valor, donde los filósofos puedan hacer lo que más les gusta de múltiples maneras.

No es que sepa cuáles son ni que tenga la respuesta, pero sí empiezo a notar cómo empiezan a aparecer una serie de piezas del rompecabezas.

Zizek, el Plan Bolonia, el Harvard Business Review, Bill Gates, Steve Jobs. Un buen sábado por la tarde.

Nuevos géneros de la literatura electrónica

Quiero recomendar un enlace interesante que encontré hoy: una compilación introductoria de enlaces sobre literatura electrónica, que cubre una serie muy diversa de temas bastante interesantes. La guía ha sido compilada por Brian Stefans a partir de sus cursos sobre el tema, entre otros lugares en UCLA.

El recurso es interesante por sí mismo, pero el proyecto de Stefans es interesante como estructura:

The website that I am creating for this anthology will contain the essays in .pdf form (reset, since many of these pages are nearly illegible), a .pdf of the edited book with my editorial commentary, a page of videos I often use when teaching, a “ten week course” that is a series of essays, links and assignments based on my course, and other materials such as a bibliography, via Amazon’s “listmania” feature, of electronic literature books.

This is not a complete overview of the state of the field, or an attempt to create a “canon.” If the image here is skewed or flawed, it’s only because it’s meant to be a launching pad for an independent investigation of the genre, either as a scholar or artist. The fact of the matter is, there isn’t a whole lot of great writing on the works themselves — more of the e-lit writing is about its theory and potential — so I tried to include what I could. If you know of better deep readings of a particular e-literature piece, please let me know.

Es decir que esto pretende ser no sólo una colección de links relevantes y libremente disponibles, a textos seleccionados a partir de las clases de Stefans, sino que crece y se convierte en un proyecto más amplio. El proyecto incluye videos, versiones “editadas” en PDF de los textos con comentario, e incluso una estructura de curso para alguien que quiera introducirse en el tema.

Teniendo acceso al contenido, y teniendo acceso a y disposición de los medios de producción, se vuelve posible convertirse en una pequeña industria cultural portátil. El potencial de cosas que se pueden explorar es muy grande, pero se vuelve también necesaria la capacidad técnica para compilar y crear este tipo de recursos como un requisito básico. Sin tener que ser profesionales, para emprender este tipo de iniciativas se vuelve necesario o contar con un equipo multidisciplinario, o poder ser un poco diseñador, un poco programador, un poco editor, un poco autor, un poco curador, etc.

Transferencia tecnológica

Se habla mucho, sobre todo en economías en desarrollo, del tema de la transferencia tecnológica. En esencia es algo simple: hay quienes tienen una cierta tecnología tecnología, que son pocos, y hay quienes no, que son muchos, y se verían beneficiados por utilizar dicha tecnología. La manera como una tecnología pasa de los primeros a los segundos es lo que se conoce como transferencia tecnológica.

Hasta ahí todo bien, pero resulta que es un proceso bastante más complejo en la práctica. Como la tecnología es siempre un constructo complejo que incorpora aspectos estrictamente técnicos con aspectos culturales y sociales (y todo un bagaje de conocimiento), se puede hablar de transferencias tecnológicas que ocurren en diferentes niveles, de maneras más o menos completas.

En el nivel más básico, la tecnología es entendida simplemente como objeto. Llamémosla transferencia unilateral. Yo la tengo, tú no, así que te la doy. Éste es el nivel más nefasto de la transferencia tecnológica, el que no solamente no ayuda, sino que hace daño: no toma en consideración el efecto sistémico que una tecnología ejerce sobre una población, las nuevas necesidades periféricas que genera y la manera como una sociedad no estará en condiciones de adaptarse rápidamente a ese cambio. La transferencia tecnológica así entendida establece una relación de dependencia: en la medida en que tú quieras seguir jugando con el juguete, dependes de mí para conseguir más, para hacer que siga funcionando, para entender cómo se usa, etc.

En un segundo nivel, la transferencia tecnológica incluye a la tecnología misma (en su dimensión técnica, de objeto), y el conocimiento sobre cómo utilizarla. Podemos llamarla una transferencia operativa. Este nivel, sin abandonarla, se aleja del polo de la relación de dependencia. Se trata de incorporar en el proceso el conocimiento que rodea a la tecnología, y a su vez la capacidad para transferir ese conocimiento localmente: la sociedad afectada puede, así, reproducir la cantidad de individuos calificados para operar y utilizar productivamente una tecnología. Sin embargo, aún existe una relación de dependencia, en primer lugar, respecto al mantenimiento de la tecnología, y en segundo lugar respecto a su innovación.

En un tercer nivel, la transferencia tecnológica resuelve una de estas carencias al transferir también el conocimiento y la capacidad para modificar y brindar soporte a estas tecnologías. Podemos llamarla una transferencia efectiva. De modo que aquí el conocimiento transferido no se da solamente a nivel del usuario, sino que, si quieren, ocurre también a nivel de administrador y desarrollador. Se transfiere el conocimiento no sobre qué hace, sino sobre cómo lo hace. Y esto puede incluir, además, la capacidad para producir soluciones que no dependan de la fuente original de la tecnología: por ejemplo, teniendo la capacidad para producir localmente piezas y repuestos, o de encontrar sustitutos localmente disponibles. De esta manera, además, la introducción de una tecnología empieza a fomentar también otras industrias tecnológicas periféricas, en rubros de capacitación, mantenimiento, así como de producción de tecnologías secundarias que hacen posible la primera.

En un cuarto nivel, la transferencia incluye la capacidad productiva. Es como cuando un fabricante de autos abre una nueva fábrica en una economía emergente: no solamente se transfiere así el uso de la tecnología, sino que se transfiere toda la capacidad para realizar la producción localmente. Llamémosla una transferencia productiva. El efecto en este caso debería ser sistémico, pues se tiene una fuerza de trabajo que adquiere las competencias necesarias para este proceso, y se promueve aún más el uso de una tecnología dado que la producción local debería, idealmente, reducir los costos de acceso a la misma para la mayoría de la población. En otras palabras, un auto debería, idealmente, ser más barato cuando es producido localmente, que importado. Esto, sin embargo, no es necesariamente siempre el caso. Aunque esto posibilita, en teoría, que localmente se puedan hacer también modificaciones al diseño e innovaciones sobre el modelo, esto no es tampoco necesariamente el caso.

En un quinto nivel, entonces, estaría el nivel de la innovación, cuando no solamente es posible la producción local de una tecnología, sino también su transformación e innovación. Podríamos llamarla una transferencia plena. En otras palabras, la transferencia “plena” de tecnología no es sólo la del “objeto”, sus “protocolos” asociados y la capacidad para reproducir ambos, sino también de la capacidad de ir más allá de ellos y hacer con ellos algo diferente. Esto es lo que menos suele transferirse porque es al mismo tiempo donde se encuentra la mayor cantidad de valor: una fábrica de autos puede moverse indistintamente a donde los costos de la mano de obra sean más baratos, pero el talento e inversión que se hace en diseño e innovación es una inversión a largo plazo que no es tan fácilmente reemplazable. Además, la inversión local en estos rubros es lo que haría posible, al mismo tiempo, la aparición de nuevos competidores, algo para lo cual no hay nunca un incentivo externo.

No sé si esta categorización sea necesariamente exhaustiva o completa, pero creo que ilustra un poco la complejidad de la transferencia tecnológica. Puede resumirse en términos de la transferencia de una gramática tecnologica de un contexto a otro, y el grado en el cual el nuevo contexto adquiere voz y voto, capacidad para modificar e influir sobre dicha gramática.

Usar el pasado para impactar el futuro

Además de la cobertura noticiosa cotidiana sobre el mundo de las empresas tecnológicas y los start-ups de Silicon Valley, TechCrunch tiene de cuando en cuando muy buenos artículos describiendo tendencias emergentes en el mundo tecnológicos y analizando cómo cambian diferentes instituciones a partir de cambios en la tecnología (ayer comentaba sobre uno, justamente).

Ahora quería recomendar un muy buen artículo de Semil Shah sobre el potencial escondido en la explotación de bases de datos para encontrar información y tendencias relevantes para el futuro. Es un tema interesantísimo, y el punto de Shah es que apenas estamos encontrando las primeras exploraciones en lo que es un campo fascinante:

Now, let’s take big data one step further. Whether we’re all data scientists or not, we understand the scale of the opportunity. We know there’s smart money to invest in data storage, masking, security, retrieval, analysis, and visualizations. But, what about leveraging data for true discovery? Can new techniques in mathematics and physics help computer scientists create a new breed of programs to analyze datasets that traditional approaches cannot? How could our world change if we better understood the underlying mathematics behind the data? If finding insights within data is like finding a needle in a haystack, will the right math-based approaches help us build better magnets to draw out those needles? The conventional wisdom to date has been to apply these new techniques to the online world, where data is generated and stored in robust and zero-cost ways, but there is much, much more to explore.

Cada vez hay mejores herramientas para hacer cosas más interesantes con datos. Hay incluso herramientas abiertamente disponibles como Google Fusion Tables para capturar, ordenar y visualizar datos de diferentes maneras sencillas, y la enorme oportunidad de estas herramientas lo captura una muy buena cita en el artículo: podemos utilizar el pasado para impactar el futuro. Precisamente lo que está haciendo Hans Rosling al explotar bases de datos para informar nuestras decisiones sobre temas de desarrollo, o lo que hacen iniciativas en diversas ciudades para capturar datos que mejoren el diseño de políticas públicas.

Esto aún le genera mucha resistencia a muchas personas. Desde un lado más conceptual, porque tiene un tufillo de regreso al positivismo, al dato duro que norma sobre cualquier otra dimensión, pero no creo que se trate de eso. Tenemos ahora suficiente experiencia y bagaje conceptual para, justamente, evitar que esta exploración de los datos se haga de manera ingenua, y cerrarse ante esto es aún más tonto pues es como dar rienda suelta a que se formulen las peores interpretaciones. Al contrario, tenemos que estar detrás de este fenómeno para explotarlo, y también para encontrar sus limitaciones, sus legitimidades y sus contextos.

Una segunda resistencia, allí donde esto es más transformador, es que teniendo datos en la mano, se cierran ciertos caminos a que, por ejemplo, un político pueda querer hacer cualquier cosa. Es una versión más positiva del “papelito manda”, o mejor dicho, si no hay el debido trabajo de por medio, tenemos mejores herramientas para saber que ciertas obras no deben hacerse, o que deben hacerse de otra manera, precisamente porque podemos explotar la data del pasado para construir un mejor futuro.

El diseño de las cosas cotidianas, 3

Este tercer y último fragmento de The Design of Everyday Things, de Donald Norman, es, sobre todo, divertido, porque intenta proyectarse a qué ocurrirá con la introducción del hipertexto en nuestra manera de aproximarnos a la escritura y la presentación lineal de información. Guarda, por supuesto, una estrecha relación con el primer y el segundo pasaje que compartí antes.

So, what do you think of hypertext? Imagine trying to write something using it. The extra freedom also poses extra requirements. If hypertext really becomes available, especially in the fancy version now being talked about – where words, sounds, video, computer graphics, simulations, and more are all available at the touch of the screen – well, it is hard to imagine anyone capable of preparing the material. It will take teams of people. I predict that there will be much experimentation, and much failure, before the dimensions of this new technology are fully explored and understood.

One thing that does bother me, however,is the belief that hypertext will save the author from having to put material in linear order. Wrong. To think this is to allow for sloppiness in writing and presentation. It is hard work to organize material, but that effort on the part of the writer is essential for the ease of the reader. Take away the need for this discipline and I fear that you pass the burden on to the reader, who may not be able to cope, and may not care to try. The advent of hypertext is apt to make writing much more difficult, not easier. Good writing, that is.

Pero tengo que decir que estoy en desacuerdo con su último punto. Me parece interesante que señale que la carga productiva ya no puede recaer en una sola persona, si no en equipos, pero no creo que la demanda de una estructura lineal se mantenga.

Por un lado, porque en el mundo del hipertexto el contenido ya no es lineal, sino interconectado: la carga para el autor no es en cómo devolverle linealidad al contenido, sino cómo orientar a un lector que puede llegar desde cualquier parte, y seguir hacia cualquier lugar. No tengo que brindar una sola linealidad a través del contenido, sino múltiples que se entrecruzan.

Segundo, porque totalmente la carga pasa al lector. El lector es ahora quien configura su camino a través del contenido, y en realidad el autor no puede detenerlo No veo esto como algo malo, sino como el empoderamiento del lector que no nace siquiera con el hipertexto (pensemos nomás en Rayuela, de Cortázar). Totalmente podemos esperar esto y lo veo más como una ganancia que como una pérdida, en la transformación del papel que juega el lector en la configuración del sentido del contenido.

El diseño de las cosas cotidianas, 2

Un segundo pasaje de The Design of Everyday Things, de Donald Norman, que sigue una línea similar al pasaje anterior en la medida en que cambios en nuestro diseño tecnológico cambian aquello que priorizamos o en lo que podemos enfocarnos al realizar una misma tarea, pero en este caso enfocado principalmente en la tarea de la escritura. Es, en cierto sentido, mcluhaniano.

With changes in writing tools, the speed of writing increases. In handwriting, thought runs ahead, posing special demands on memory and encouraging slower, more thoughtful writing. With the typewriter keyboard, the skilled typist can almost keep up with thought. With the advent of dictation, the output and the thought seem reasonably well matched.

Even greater changes have come about with the popularity of dictation. Here the tool can have a dramatic effect, for there is no external record of what has been spoken; the author has to keep everything in memory. As a result, dictated letters often have a long, rambling style. They are more colloquial and less structured – the former because they are based on speech, the latter because the writer can’t easily keep track of what has been said. Style may change further when we get voice typewriters, where our spoken words will appear on the page as they are spoken. This will relieve the memory burden. The colloquial nature may remain and even be enhanced, but – because the printed record of the speech is immediately visible – perhaps the organization will improve.

The widespread availability of computer text editors has produced other changes in writing. On the one hand, it is satisfying to be able to type your thoughts without worrying about minor typographical errors or spelling. On the other hand, you may spend less time thinking and planning. Computer text editors affect structure through their limited real estate. With a paper manuscript, you can spread the pages upon the desk, couch, wall or floor. Large sections of the text can be examinated at one time, to be reorganized and structured. If you use only the computer, then the working area (or real estate) is limited to what shows on the screen. The conventional screen displays about twenty-four lines of text. Even the largest screens now available can display no more than about two full printed pages of text. The result is that corrections tend to be made locally, on what is visible. Large-scale restructuring of the material is more difficult to do, and therefore seldom gets done. Sometimes the same text appears in different parts of the manuscript, without being discovered by the writer. (To the writer, everything seems familiar.)

Vale la pena mencionar que las pantallas de las que habla son los monitores entre los años ochenta y los noventas (en la época en que fue publicado el libro), no las pantallas gigantes con interfaces gráficas a las que estamos acostumbrados ahoras.