Nuevos géneros de la literatura electrónica

Quiero recomendar un enlace interesante que encontré hoy: una compilación introductoria de enlaces sobre literatura electrónica, que cubre una serie muy diversa de temas bastante interesantes. La guía ha sido compilada por Brian Stefans a partir de sus cursos sobre el tema, entre otros lugares en UCLA.

El recurso es interesante por sí mismo, pero el proyecto de Stefans es interesante como estructura:

The website that I am creating for this anthology will contain the essays in .pdf form (reset, since many of these pages are nearly illegible), a .pdf of the edited book with my editorial commentary, a page of videos I often use when teaching, a “ten week course” that is a series of essays, links and assignments based on my course, and other materials such as a bibliography, via Amazon’s “listmania” feature, of electronic literature books.

This is not a complete overview of the state of the field, or an attempt to create a “canon.” If the image here is skewed or flawed, it’s only because it’s meant to be a launching pad for an independent investigation of the genre, either as a scholar or artist. The fact of the matter is, there isn’t a whole lot of great writing on the works themselves — more of the e-lit writing is about its theory and potential — so I tried to include what I could. If you know of better deep readings of a particular e-literature piece, please let me know.

Es decir que esto pretende ser no sólo una colección de links relevantes y libremente disponibles, a textos seleccionados a partir de las clases de Stefans, sino que crece y se convierte en un proyecto más amplio. El proyecto incluye videos, versiones “editadas” en PDF de los textos con comentario, e incluso una estructura de curso para alguien que quiera introducirse en el tema.

Teniendo acceso al contenido, y teniendo acceso a y disposición de los medios de producción, se vuelve posible convertirse en una pequeña industria cultural portátil. El potencial de cosas que se pueden explorar es muy grande, pero se vuelve también necesaria la capacidad técnica para compilar y crear este tipo de recursos como un requisito básico. Sin tener que ser profesionales, para emprender este tipo de iniciativas se vuelve necesario o contar con un equipo multidisciplinario, o poder ser un poco diseñador, un poco programador, un poco editor, un poco autor, un poco curador, etc.

Transferencia tecnológica

Se habla mucho, sobre todo en economías en desarrollo, del tema de la transferencia tecnológica. En esencia es algo simple: hay quienes tienen una cierta tecnología tecnología, que son pocos, y hay quienes no, que son muchos, y se verían beneficiados por utilizar dicha tecnología. La manera como una tecnología pasa de los primeros a los segundos es lo que se conoce como transferencia tecnológica.

Hasta ahí todo bien, pero resulta que es un proceso bastante más complejo en la práctica. Como la tecnología es siempre un constructo complejo que incorpora aspectos estrictamente técnicos con aspectos culturales y sociales (y todo un bagaje de conocimiento), se puede hablar de transferencias tecnológicas que ocurren en diferentes niveles, de maneras más o menos completas.

En el nivel más básico, la tecnología es entendida simplemente como objeto. Llamémosla transferencia unilateral. Yo la tengo, tú no, así que te la doy. Éste es el nivel más nefasto de la transferencia tecnológica, el que no solamente no ayuda, sino que hace daño: no toma en consideración el efecto sistémico que una tecnología ejerce sobre una población, las nuevas necesidades periféricas que genera y la manera como una sociedad no estará en condiciones de adaptarse rápidamente a ese cambio. La transferencia tecnológica así entendida establece una relación de dependencia: en la medida en que tú quieras seguir jugando con el juguete, dependes de mí para conseguir más, para hacer que siga funcionando, para entender cómo se usa, etc.

En un segundo nivel, la transferencia tecnológica incluye a la tecnología misma (en su dimensión técnica, de objeto), y el conocimiento sobre cómo utilizarla. Podemos llamarla una transferencia operativa. Este nivel, sin abandonarla, se aleja del polo de la relación de dependencia. Se trata de incorporar en el proceso el conocimiento que rodea a la tecnología, y a su vez la capacidad para transferir ese conocimiento localmente: la sociedad afectada puede, así, reproducir la cantidad de individuos calificados para operar y utilizar productivamente una tecnología. Sin embargo, aún existe una relación de dependencia, en primer lugar, respecto al mantenimiento de la tecnología, y en segundo lugar respecto a su innovación.

En un tercer nivel, la transferencia tecnológica resuelve una de estas carencias al transferir también el conocimiento y la capacidad para modificar y brindar soporte a estas tecnologías. Podemos llamarla una transferencia efectiva. De modo que aquí el conocimiento transferido no se da solamente a nivel del usuario, sino que, si quieren, ocurre también a nivel de administrador y desarrollador. Se transfiere el conocimiento no sobre qué hace, sino sobre cómo lo hace. Y esto puede incluir, además, la capacidad para producir soluciones que no dependan de la fuente original de la tecnología: por ejemplo, teniendo la capacidad para producir localmente piezas y repuestos, o de encontrar sustitutos localmente disponibles. De esta manera, además, la introducción de una tecnología empieza a fomentar también otras industrias tecnológicas periféricas, en rubros de capacitación, mantenimiento, así como de producción de tecnologías secundarias que hacen posible la primera.

En un cuarto nivel, la transferencia incluye la capacidad productiva. Es como cuando un fabricante de autos abre una nueva fábrica en una economía emergente: no solamente se transfiere así el uso de la tecnología, sino que se transfiere toda la capacidad para realizar la producción localmente. Llamémosla una transferencia productiva. El efecto en este caso debería ser sistémico, pues se tiene una fuerza de trabajo que adquiere las competencias necesarias para este proceso, y se promueve aún más el uso de una tecnología dado que la producción local debería, idealmente, reducir los costos de acceso a la misma para la mayoría de la población. En otras palabras, un auto debería, idealmente, ser más barato cuando es producido localmente, que importado. Esto, sin embargo, no es necesariamente siempre el caso. Aunque esto posibilita, en teoría, que localmente se puedan hacer también modificaciones al diseño e innovaciones sobre el modelo, esto no es tampoco necesariamente el caso.

En un quinto nivel, entonces, estaría el nivel de la innovación, cuando no solamente es posible la producción local de una tecnología, sino también su transformación e innovación. Podríamos llamarla una transferencia plena. En otras palabras, la transferencia “plena” de tecnología no es sólo la del “objeto”, sus “protocolos” asociados y la capacidad para reproducir ambos, sino también de la capacidad de ir más allá de ellos y hacer con ellos algo diferente. Esto es lo que menos suele transferirse porque es al mismo tiempo donde se encuentra la mayor cantidad de valor: una fábrica de autos puede moverse indistintamente a donde los costos de la mano de obra sean más baratos, pero el talento e inversión que se hace en diseño e innovación es una inversión a largo plazo que no es tan fácilmente reemplazable. Además, la inversión local en estos rubros es lo que haría posible, al mismo tiempo, la aparición de nuevos competidores, algo para lo cual no hay nunca un incentivo externo.

No sé si esta categorización sea necesariamente exhaustiva o completa, pero creo que ilustra un poco la complejidad de la transferencia tecnológica. Puede resumirse en términos de la transferencia de una gramática tecnologica de un contexto a otro, y el grado en el cual el nuevo contexto adquiere voz y voto, capacidad para modificar e influir sobre dicha gramática.

Usar el pasado para impactar el futuro

Además de la cobertura noticiosa cotidiana sobre el mundo de las empresas tecnológicas y los start-ups de Silicon Valley, TechCrunch tiene de cuando en cuando muy buenos artículos describiendo tendencias emergentes en el mundo tecnológicos y analizando cómo cambian diferentes instituciones a partir de cambios en la tecnología (ayer comentaba sobre uno, justamente).

Ahora quería recomendar un muy buen artículo de Semil Shah sobre el potencial escondido en la explotación de bases de datos para encontrar información y tendencias relevantes para el futuro. Es un tema interesantísimo, y el punto de Shah es que apenas estamos encontrando las primeras exploraciones en lo que es un campo fascinante:

Now, let’s take big data one step further. Whether we’re all data scientists or not, we understand the scale of the opportunity. We know there’s smart money to invest in data storage, masking, security, retrieval, analysis, and visualizations. But, what about leveraging data for true discovery? Can new techniques in mathematics and physics help computer scientists create a new breed of programs to analyze datasets that traditional approaches cannot? How could our world change if we better understood the underlying mathematics behind the data? If finding insights within data is like finding a needle in a haystack, will the right math-based approaches help us build better magnets to draw out those needles? The conventional wisdom to date has been to apply these new techniques to the online world, where data is generated and stored in robust and zero-cost ways, but there is much, much more to explore.

Cada vez hay mejores herramientas para hacer cosas más interesantes con datos. Hay incluso herramientas abiertamente disponibles como Google Fusion Tables para capturar, ordenar y visualizar datos de diferentes maneras sencillas, y la enorme oportunidad de estas herramientas lo captura una muy buena cita en el artículo: podemos utilizar el pasado para impactar el futuro. Precisamente lo que está haciendo Hans Rosling al explotar bases de datos para informar nuestras decisiones sobre temas de desarrollo, o lo que hacen iniciativas en diversas ciudades para capturar datos que mejoren el diseño de políticas públicas.

Esto aún le genera mucha resistencia a muchas personas. Desde un lado más conceptual, porque tiene un tufillo de regreso al positivismo, al dato duro que norma sobre cualquier otra dimensión, pero no creo que se trate de eso. Tenemos ahora suficiente experiencia y bagaje conceptual para, justamente, evitar que esta exploración de los datos se haga de manera ingenua, y cerrarse ante esto es aún más tonto pues es como dar rienda suelta a que se formulen las peores interpretaciones. Al contrario, tenemos que estar detrás de este fenómeno para explotarlo, y también para encontrar sus limitaciones, sus legitimidades y sus contextos.

Una segunda resistencia, allí donde esto es más transformador, es que teniendo datos en la mano, se cierran ciertos caminos a que, por ejemplo, un político pueda querer hacer cualquier cosa. Es una versión más positiva del “papelito manda”, o mejor dicho, si no hay el debido trabajo de por medio, tenemos mejores herramientas para saber que ciertas obras no deben hacerse, o que deben hacerse de otra manera, precisamente porque podemos explotar la data del pasado para construir un mejor futuro.

El diseño de las cosas cotidianas, 3

Este tercer y último fragmento de The Design of Everyday Things, de Donald Norman, es, sobre todo, divertido, porque intenta proyectarse a qué ocurrirá con la introducción del hipertexto en nuestra manera de aproximarnos a la escritura y la presentación lineal de información. Guarda, por supuesto, una estrecha relación con el primer y el segundo pasaje que compartí antes.

So, what do you think of hypertext? Imagine trying to write something using it. The extra freedom also poses extra requirements. If hypertext really becomes available, especially in the fancy version now being talked about – where words, sounds, video, computer graphics, simulations, and more are all available at the touch of the screen – well, it is hard to imagine anyone capable of preparing the material. It will take teams of people. I predict that there will be much experimentation, and much failure, before the dimensions of this new technology are fully explored and understood.

One thing that does bother me, however,is the belief that hypertext will save the author from having to put material in linear order. Wrong. To think this is to allow for sloppiness in writing and presentation. It is hard work to organize material, but that effort on the part of the writer is essential for the ease of the reader. Take away the need for this discipline and I fear that you pass the burden on to the reader, who may not be able to cope, and may not care to try. The advent of hypertext is apt to make writing much more difficult, not easier. Good writing, that is.

Pero tengo que decir que estoy en desacuerdo con su último punto. Me parece interesante que señale que la carga productiva ya no puede recaer en una sola persona, si no en equipos, pero no creo que la demanda de una estructura lineal se mantenga.

Por un lado, porque en el mundo del hipertexto el contenido ya no es lineal, sino interconectado: la carga para el autor no es en cómo devolverle linealidad al contenido, sino cómo orientar a un lector que puede llegar desde cualquier parte, y seguir hacia cualquier lugar. No tengo que brindar una sola linealidad a través del contenido, sino múltiples que se entrecruzan.

Segundo, porque totalmente la carga pasa al lector. El lector es ahora quien configura su camino a través del contenido, y en realidad el autor no puede detenerlo No veo esto como algo malo, sino como el empoderamiento del lector que no nace siquiera con el hipertexto (pensemos nomás en Rayuela, de Cortázar). Totalmente podemos esperar esto y lo veo más como una ganancia que como una pérdida, en la transformación del papel que juega el lector en la configuración del sentido del contenido.

El diseño de las cosas cotidianas, 2

Un segundo pasaje de The Design of Everyday Things, de Donald Norman, que sigue una línea similar al pasaje anterior en la medida en que cambios en nuestro diseño tecnológico cambian aquello que priorizamos o en lo que podemos enfocarnos al realizar una misma tarea, pero en este caso enfocado principalmente en la tarea de la escritura. Es, en cierto sentido, mcluhaniano.

With changes in writing tools, the speed of writing increases. In handwriting, thought runs ahead, posing special demands on memory and encouraging slower, more thoughtful writing. With the typewriter keyboard, the skilled typist can almost keep up with thought. With the advent of dictation, the output and the thought seem reasonably well matched.

Even greater changes have come about with the popularity of dictation. Here the tool can have a dramatic effect, for there is no external record of what has been spoken; the author has to keep everything in memory. As a result, dictated letters often have a long, rambling style. They are more colloquial and less structured – the former because they are based on speech, the latter because the writer can’t easily keep track of what has been said. Style may change further when we get voice typewriters, where our spoken words will appear on the page as they are spoken. This will relieve the memory burden. The colloquial nature may remain and even be enhanced, but – because the printed record of the speech is immediately visible – perhaps the organization will improve.

The widespread availability of computer text editors has produced other changes in writing. On the one hand, it is satisfying to be able to type your thoughts without worrying about minor typographical errors or spelling. On the other hand, you may spend less time thinking and planning. Computer text editors affect structure through their limited real estate. With a paper manuscript, you can spread the pages upon the desk, couch, wall or floor. Large sections of the text can be examinated at one time, to be reorganized and structured. If you use only the computer, then the working area (or real estate) is limited to what shows on the screen. The conventional screen displays about twenty-four lines of text. Even the largest screens now available can display no more than about two full printed pages of text. The result is that corrections tend to be made locally, on what is visible. Large-scale restructuring of the material is more difficult to do, and therefore seldom gets done. Sometimes the same text appears in different parts of the manuscript, without being discovered by the writer. (To the writer, everything seems familiar.)

Vale la pena mencionar que las pantallas de las que habla son los monitores entre los años ochenta y los noventas (en la época en que fue publicado el libro), no las pantallas gigantes con interfaces gráficas a las que estamos acostumbrados ahoras.

El diseño de las cosas cotidianas, 1

Anoche terminé de leer The Design of Everyday Things, un clásico sobre diseño centrado en el usuario para diferentes productos y tecnologías, de Donald Norman. Es un gran libro que resalta una serie de cosas que no son obvias y deberían serlo sobre la manera como el mundo a nuestro alrededor está diseñado, pero es también curioso por la manera como este libro de los años ochenta hace proyecciones o predicciones sobre cómo funcionará la tecnología en el futuro (muchas de las cuales podemos ver realizadas en productos que aparecen en los últimos años).

Quería compartir algunos fragmentos que me llamaron la atención de la última parte del libro, que es la dedicada justamente al diseño centrado en el usuario y a la manera como el diseño de nuevas tecnologías tiene un fuerte impacto en nuestra conducta cotidiana y nuestros patrones sociales, así que este es el primer fragmento de dos o tres que quiero publicar aquí.

En este fragmento, Norman habla sobre la manera como la aparición de nuevas tecnologías para la automatización de tareas mecánicas libera nuestros cerebros para encargarse de tareas más complejas y potencialmente más interesantes, algo que recientemente Clay Shirky ha explorado en su libro Cognitive Surplus.

Don’t these so-called advances also cause us to lose valuable mental skills? Each technological advance that provides a mental aid also brings along critics who decry the loss of the human skill that has been made less valuable. Fine, I say: if the skill is easily automated, it wasn’t essential.

I prefer to remember things by writing them on a pad of paper rather than spending hours of study on the art of memory. I prefer using a pocket calculator to spending hours of pencil pushing and grinding, usually only to make an arithmetic mistake and not discover it until after the harm has been done. I prefer prerecorded music to no music, even if I risk becoming complacent about the power and beauty of the rare performance. And I prefer writing on a text editor or word processor so that I can concentrate on the ideas and the style, not on making marks on the paper. Then I can go back later and correct ideas, redo the grammar. And with the aid of my all-important spelling correction program, I can be confident of my presentation.

Do I fear that I will lose my ability to spell as a result of overrealiance on this technological crutch? What ability? Actually, my spelling is improving through the use of this spelling corrector that continually points out my errors and suggests the correction, but won’t make a change unless I approve. It is certainly a lot more patient than my teachers used to be. And it is always there when I need it, day or night. So I get continual feedback about my errors, plus useful advice. My typing does seem to be deteriorating because I can now type even more sloppily, confident that my mistakes will be detected and corrected.

In general, I welcome any technological advance that reduces my need for mental work but still gives me the control and enjoyment of the task. That way I can exert my mental efforts on the core of the task, the thing to be remembered, the purpose of the arithmetic or the music. I want to use my mental powers for the important things, not fritter them away on the mechanics.

El futuro del libro según IDEO

IDEO, una de las firmas de diseño más importantes del mundo, publica este video con tres re-imaginaciones posibles del futuro del libro.

Pensadas en un mundo donde pantallas y dispositivos portátiles son ubicuos e interconectados permanentemente. Quizás lo más interesante: desagrega la experiencia de los libros, desmontando una supuesta unicidad para revelar que diferentes tipos de lectura son posibles, como experiencias, incluso dentro de un mismo formato. No todos los libros se leen de la misma manera, y no todas las experiencias de lectura se traducen o extienden de manera digital siguiendo el mismo esquema.

Conferencias públicas del LSE

Hace poco, no recuerdo bien por qué, me dieron ganas de aprender más sobre economía. Por culpa de la filosofía, esto para mí significa regresar hasta La riqueza de las naciones, de Adam Smith, y empezar desde allí hacia adelante (estoy seguro que los más extremos estarían dispuestos a volver a la Economía de Aristóteles, o que al menos se atribuye a Aristóteles). Pero como esto sería una empresa, más bien, sumamente difícil de empezar y bastante imposible de terminar, escogí moderarme un poco y buscar otros recursos que me permitieran ampliar un poco más mis conocimientos sobre el tema. Me puse a buscar sobre todo dentro de la librería de iTunes U, un catálogo de charlas, conferencias y cursos de diferentes universidades del mundo, libremente disponibles para descargar a través del programa iTunes de Apple.

Lo primero que encontré de interés fue una conferencia en el MIT del premio Nobel de economía, Robert Merton, muy didáctica y clara donde explica sus investigaciones e ideas sobre una serie de problemas económicos contemporáneos (me gustaría incrustar aquí el video, pero wordpress.com se pone pesado con videos de plataformas no comunes). Merton trabaja en problemas del tipo, cómo calcular, en el presente, la manera como debemos invertir los ahorros de personas que están trabajando hoy, para que cuando estas personas se retiren, el dinero haya rendido frutos como para mantener su estilo y calidad de vida de sus últimos años laborales, sin poder saber hoy día con claridad cuál será ese estilo y calidad de vida, o en qué trabajará esta persona en el futuro. Luego recibe preguntas pintorescas del tipo cómo resolver la crisis financiera o arreglar la seguridad social en EEUU.

Buscando un poco más, encontré que el London School of Economics and Political Sciences, el LSE, publica una enorme cantidad, si no todas, sus conferencias públicas en línea. No solamente a través de iTunes U, sino también a través de su sitio web, en formato mp3 para poderlas descargas y escucharlas, y en muchos casos disponibles también en video.

Me he bajado varias y escuchado algunas y son muy, muy buenas. No deja de sorprenderme que tengamos ahora las facilidades de escuchar charlas de primer nivel de las mejores universidades del mundo, virtualmente gratis.

Dejo aquí una pequeña selección, del enorme catálogo disponible, de algunas de las conferencias que me parecen interesantes. Si visitan los links pueden encontrar más información y descargar el archivo de audio correspondiente, en formato mp3.

Y hay mucho más de donde eso vino. Diviértanse.

Datos, visualizaciones y ciudades

Un buen seguimiento al artículo anterior es este video que acaban de pasarme:

Esta es una muestra de cómo tecnologías simples pueden utilizarse para propósitos más complejos. En este caso, se trata de una rueda de bicicleta que mientras circula, captura información sobre su medio ambiente (ruido, contaminación, etc.) y la correlaciona vía GPS con su posición en la ciudad. Cuando se tienen muchas bicicletas haciendo lo mismo, se empieza a tener suficiente data que puede correlacionarse y agregarse entre sí para tener imágenes mucho más claras de lo que ocurre en toda una ciudad. Sobre esta data, luego se puede tomar mejores decisiones a la hora de diseñar e implementar políticas públicas.

Cuando hablamos de implementar herramientas tecnológicas no tienen que ser soluciones mágicas que cambien todo de un día para otro. Tenemos hoy también medios mucho mejores para capturar información que no permita entender mucho más efectivamente nuestro entorno, y por lo mismo, entender mejor cómo transformarlo. La rueda de Copenhagen lo hace para el medio ambiente, pero podrían también pensarse en implementaciones vinculadas al tráfico en una ciudad, o a la seguridad ciudadana también.

Diseño

Otra cosa que he estado estudiando mucho últimamente, y me está gustando bastante, es el pensamiento del diseño. A esto llegué, en realidad, por cuestiones de trabajo, pero he profundizado y ampliado más simplemente porque me parece interesante. Me llamó la atención, sobre todo, un artículo en Smashing Magazine que presentaba al diseñador (web) como artista, como científico y como filósofo – como un poco de los tres al mismo tiempo, pero también como 3 tipos de perfiles de los cuales uno termina siendo dominante para cada diseñador. Obviamente, mi atención se desvió principalmente hacia el perfil del diseñador como filósofo:

Our friend the philosopher sits on a train. He is on his way to meet a company. His laptop is open, and he is reading the business plan — or so it seems. Underneath, the wheels are turning; he is dreaming up a revolutionary way to help the business evolve. The philosopher, a unique breed, incorporates the skills of the artist and scientist while bringing to the table his keen insight into trends and target audiences. He is engaging and friendly, and he shows empathy, that rare and valuable gift.

¿Qué tiene la filosofía del pensamiento del diseño? Y también, ¿qué hay en el pensamiento del diseño que se pueda relacionar con la filosofía? Un artículo en Core77 sobre el mito del pensamiento del diseño me hizo entender un poco mejor la conexión:

What is design thinking? It means stepping back from the immediate issue and taking a broader look. It requires systems thinking: realizing that any problem is part of larger whole, and that the solution is likely to require understanding the entire system. It requires deep immersion into the topic, often involving observation and analysis. Tests and frequent revisions can be components of the process. Sometimes this is done in groups: multidisciplinary teams who bring different forms of expertise to the problem. Perhaps the most important point is to move away from the problem description and take a new, broader approach. Sounds pretty special, doesn’t it?

Pero este mismo artículo es sobre el mito, y en él mismo se señala que, en realidad, este es el proceso propio de cualquier otra actividad o disciplina creativa, y es lo que se ha hecho desde mucho antes de que tengamos tal cosa como el “diseño”. Lo interesante del pensamiento del diseño radica, quizás, en el hecho de que reúne una serie de diferentes concepciones sobre el trabajo creativo bajo un mismo contenedor, bajo un mismo proceso. (Otro artículo en Core77 respondía al anterior con un argumento similar.)

Aquí vale la pena hacer una salvedad con una aclaración a lo que me refiero con el pensamiento del diseño – el “design thinking”. No es sola, estricta o únicamente el acto o la actividad de diseñar. Este fue quizás mi descubrimiento más grande – uno puede diseñar, en realidad, cualquier cosa. El diseño no está limitado a ilustraciones, ni a edificios, ni a interiores, ni a objetos cotidianos. El diseño podría perfectamente aplicarse al sistema hegeliano de la naturaleza, o a la forma perfecta del Estado platónico, o en fin, a cualquier cosa. Así como soy de la firme creencia de que no hay propiamente problemas filosóficos, sino simplemente problemas, que pueden ser vistos de una perspectiva filosófica, similarmente pienso que no hay, propiamente, objetos diseñables, sino que el diseño es algo que puede aplicarse a cualquier cosa. Implica, como señala más arriba el mito del diseño, una perspectiva sistémica, de entender los objetos en su contexto, en su uso cotidiano, en sus impactos en el tiempo. Entender, en esencia, que el medio es el mensaje, y que el objeto, como medio, tiene consecuencias sociales más grandes que las inmediatamente visibles.

Otra salvedad que vale la pena hacer aquí también, entonces, es que por objetos podemos entender un universo sumamente amplio. Coincidentemente, puedo respaldarme un poco en Ian Bogost quien recientemente comentó sobre el diseño en su relación con las ciencias y las humanidades, como una especie de “tercera vía” que se distingue por enfocarse sobre el mundo de objetos artificiales – algo que Bogost desde la ontología orientada a objetos critica precisamente porque distingue el estatuto ontológico de diferentes ámbitos de la experiencia, en lugar de mantener todas las cosas en el mismo plano de los objetos (entendiendo, por supuesto, objetos en un sentido bastante amplio también).

Entonces empieza a encantarme el diseño y el pensamiento del diseño, cuando empiezo a entenderlo desde este punto de vista: menos desde el punto de vista de manejar Illustrator (aunque no enteramente desconectado), y más desde el punto de vista de trabajar con la experiencia, diseñar modelos, resolver problemas, evaluar hipótesis contrastándolas con la realidad, iterar. Porque siento que, al mismo tiempo, eso describe bastante acertadamente lo que la filosofía significa para mí: aunque no necesariamente se trate de resolver problemas, sí se trata de diseñar modelos, estructuras, conceptos que responden a diferentes necesidades conceptuales o reales. Conceptos que se arman y se desarman según las circunstancias lo requieren. Y, particularmente, porque eso significa también pensar en modelos, diseño, conceptos, filosofías que están más orientados hacia el futuro que hacia el pasado – en la posibilidad de imaginar o diseñar futuros posibles. Odio esta horrible imagen hegeliana del búho de Minerva que levanta vuelo cuando cae la tarde, de que la filosofía solamente llega cuando todo ya pasó, como si no pudiera o no tuviera nada que decir sobre lo que está pasando ahora, o sobre lo que podría pasar después.

Todo lo contrario, creo que la filosofía puede y hasta cierto punto debe (no por eso exclusivamente) enfocarse hacia el futuro. Hacia diseñar conceptos que nos permitan entender mejor nuestros propios problemas, que nos permitan formular soluciones interesantes. Ésa es la filosofía que me gusta, una filosofía que diseña y que, por lo mismo, está llena de errores y vacía de toda certeza. Y debe ser por eso mismo, también, que el pensamiento del diseño me resulta tan interesante.