#azoteahacker

El otro día se armó una buena discusión en Twitter bajo el hashtag #azoteahacker, cuyo resumen pueden encontrar en el blog del Morsa.

El concepto estaba bueno. Estábamos conversando sobre los espacio de hackeo, de experimentación libre y de aprendizaje colaborativo. Espacios donde uno aprende a fallar, y a resintetizar los fracasos y convertirlos en materia prima de nuevos experimentos. Es lo que en la cultura anglosajona es el garaje: la banda de garaje, el taller en el garaje, incluso la mítica empresa que empieza en el garaje y, como Hewlett-Packard, se termina convirtiendo en una gigantesca corporación.

El garaje es lo que en nuestro contexto cumplió hasta cierto punto la azotea. De entrada, porque en la azotea era donde estaban las cosas que sobraban: no necesariamente basura, porque no se botaba, pero que no tenía una utilidad específica. Para un niño es un espacio ideal, porque uno puede reutilizar lo que allí hay libremente: si se arruina nadie lo extraña, si se pierde nadie lo busca. Uno tiene campo libre para jugar con esas piezas, convertirlas en un refugio, juntarlas, romperlas, separarlas, desarmarlas. Eso, aprender rompiendo, es uno de los principios básicos de la ética hacker.

Pensábamos en laboratorios colectivos que han seguido un poco este modelo, como por ejemplo Escuelab: espacios de aprendizaje sin currícula y sin títulos, llenos de herramientas de gente más y menos experimentada, diversa, de la que uno puede aprender. Estos espacios tienen una gran cantidad de ventajas: empezando porque sirven como semillero para que jóvenes aprendan competencias profesionales/laborales del mundo digital sin necesariamente tener que pasar por una educación formal. Es, por ejemplo, el modelo de Electrocooperativa, en Brasil, donde los jóvenes adquieren habilidades digitales aprendiendo a mezclar música, grabar y editar videos, comunicarse online, y pueden luego utilizar esas habilidades laboralmente.

Lo que empieza a ocurrir es que en estos espacios empiezan a formarse grupos, equipos, y empiezan a surgir todo tipo de proyectos. Algunos de estos proyectos tienen potencial económico, generan innovaciones interesantes, y se convierten en vehículos de desarrollo económico para grupos de jóvenes que muchas veces no tendrían acceso, de otra manera, a un sector altamente calificado del mercado laboral. Es testimonio, además, de que la universidad y la educación superior no es necesariamente el único o el mejor canal para adquirir las competencias y el conocimiento que se requieren en la economía digital. Estos laboratorios, azoteas donde jóvenes y no-tan-jóvenes acceden a recursos y contexto para aprender a “hackear”, se convierten entonces también en incubadoras de todo tipo de proyectos e iniciativas.

Lo más interesante es que estas habilidades empiezan a construir también una ciudadanía más involucrada y comprometida. La azotea-hacker se vuelve también un laboratorio donde uno aprende a apropiarse del espacio público, aprende que uno está rodeado de sistemas complejos que tienen reglas que pueden ser descubiertas e influidas; que uno puede hackear y mejorar esos sistemas. Cuando esas habilidades empiezan a traducirse a lo público, lo que resulta es una ciudadanía activa, un ciudadano-hacker.

A partir de allí hay muchas cosas que podríamos empezar a especular o imaginar. Así como existe Escuelab, todo niño y todo joven debería tener un espacio similar, una azotea hacker, a la vuelta de su casa, a unas cuadras, donde poder juntarse con otras personas, con mentores, con amigos, y simplemente hackear. Lo mejor es que los techos que podrían aprovecharse como azoteas-hacker están ahí, probablemente desaprovechados actualmente: piensen, por ejemplo, en los techos de edificios públicos, municipalidades, colegios, en los cuales simplemente se dejan cosas tiradas para siempre. Todo lo que podríamos hacer con esos espacios: todo lo que un grupo de jóvenes podría vincularse con su barrio, con su comunidad, si empezara a asistir a talleres y a aprender cosas hackeando en el techo de su municipalidad, todo lo que podrían desarrollarse microeconomías locales, mercados de productos y servicios en torno a actividades digitales.

Si empezáramos a cultivar estos semilleros, estas incubadoras, serían la infraestructura que necesitamos para que a mediano plazo se empiece a construir una industria de alta tecnología adecuada para la economía del conocimiento. Estos esfuerzos surgen, de esta manera, “desde abajo”, y se impregnan mejor en la cultural local que otros esfuerzos más bien artificiales, grandes políticas “desde arriba” que no necesariamente logran siempre cuajar debidamente.

P.D.: Una pena que este libro no esté en edición Kindle: Hanging Out, Messing Around, and Geeking Out: Kids Living and Learning with New Media.

Lo-que-se-supone-que-un-filósofo-hace

El post anterior, y en realidad, todos mis posts servirán para delinear la frontera extraña en la que me sitúo y que me genera tantos problemas al intentar describir qué es lo que hago. Soy filósofo, pero para estándares convencionales, no me dedico a lo que se-supone-que-un-filósofo-haga, aunque nadie sabe bien qué es eso. En general, eso suele decir que no me dedico a enseñar, o a investigar, o cosas por el estilo.

Trabajo con tecnologías, varias. Principalmente trabajo con plataformas web construidas con Drupal, pero no me dedico a la programación o al diseño, lo cual lo hace un poco más complicado. Pero sí trabajo mucho con localización (hacer que un sitio web funcione bien en varios idiomas) y a la administración y operación de estas plataformas – ver que todo funcione dentro de lo esperado. Además, trabajo buena parte de mi tiempo con Salesforce.com, una herramienta de CRM (Customer Relationship Management), una gran base de datos de relaciones organizacionales. Ayudo a gente a encontrar la mejor manera de cargar sus datos a esta base de datos en función a lo que quieren saber y rastrear luego, para luego ayudarlos a buscar la mejor manera de sacar y poder operar con esa información continuamente. Es un sistema grande y complejo, y no es particularmente entretenido, así que durante mucho tiempo me he dedicado en dar capacitaciones sobre cómo se usa la plataforma y cómo se le puede sacar el jugo.

Y sí, en términos convencionales, lo de filosofía nada que ver. Es más, mucha gente me pregunta cómo rayos terminé ahí, y en verdad fueron una serie de coincidencias accidentales, junto con mucha disposición de mi parte para querer aprender y trabajar con estas cosas. Quienes pasen por aquí regularmente saben que mi principal tema de interés es la filosofía de la tecnología y de los medios de comunicación, de modo que mi trabajo cotidiano, felizmente, me permite explorar estos componentes de primera mano, y me dan la posibilidad de hablar “desde adentro” en lugar de contemplar estos fenómenos desde afuera.

Luego está el hecho de que mi formación filosófica efectivamente me sirve para muchas de las cosas que hago. Mi cerebro está entrenado para desmontar problemas complejos en sus partes componentes, encontrar sus suposiciones implícitas, evaluarlas, y luego rastrear la cadena argumentativa para encontrarle sentido a las cosas. Eso se supone que más o menos hacemos, aunque nunca nos lo explican como tal. Pero eso es lo que me ayuda a poder adaptarme y entender la lógica detrás de estas plataformas (la lógica de cómo funcionan, así como la lógica de por qué y para qué queremos que funcionen) más o menos rápido. Lo que no tengo en formación técnica lo he podido compensar por facilidad para el aprendizaje y facilidad analítica.

Igual, hay aspectos técnicos en los que se sufre. Hay una serie de dimensiones en las que no nos enseñan a pensar. Armar el plan de un proyecto, por ejemplo, a pesar de ser una actividad completamente comprensible y accesible, se vuelve difícil de navegar porque es prestar atención a detalles puntuales y concretos, a dependencias entre elementos y, lo más grave, a cronogramas más o menos exactos o precisos. Por la naturaleza del trabajo filosófico no estamos acostumbrados a trabajar así, a pesar de que de maneras implícitas lo hacemos. Preparar un artículo o un ensayo, por ejemplo, implica un esquema de trabajo formalizado y operativo que llevamos en el cerebro, y aunque solemos procrastinar hasta el último segundo, lo seguimos bastante bien: buscar fuentes básicas, familiarizarse con el campo, plantear el esquema del trabajo, buscar fuentes más detalladas, revisarlas y procesarlas, redactar, revisar, presentar. Cada cosa tiene una duración y unas dependencias, de modo que cada ensayo bien podría verse como un pequeño proyecto, con una serie de objetivos, recursos y limitaciones.

Así que dentro de todo aún aprendo más o menos a manejarme dentro de estos parámetros, y hay cosas que me cuestan más que otras. En general, como puede ser previsible, creo que los filósofos pueden ser buenos para pensar las cosas, diseñar soluciones y entender problemas, y comunicar los problemas y las soluciones de maneras bastante claras (aunque esto también les puede costar bastante). Somos muy buenos para evaluar, criticar, desmontar, interpretar, argumentar. Todo eso muy bien. Pero nos colgamos un poco cuando eso tiene que convertirse en acciones concretas – actionable items, los llaman, o los populares deliverables – y creo que eso tiene mucho que ver con que simplemente no tenemos idea de qué es lo que se espera de nosotros. Si te digo que me escribas un artículo, muy bien, has escrito uno antes o has leído uno antes, sabes cómo son, qué forma tienen, cuánto pesan, qué significan, etc. Tienes parámetros sobre los cuales reproducir una acción.

Pero cuando a un filósofo le pides que te entregue un plan de trabajo, el esquema de un proyecto o un presupuesto, eso no tiene una forma previa. Y para diluir enfrentarnos al monstro nos enfrentamos a trivialidades como “¿Será mejor si lo armo en Word, o en Excel?” y cosas de ese calibre que en realidad a nadie le importan. No es que seamos fundamentalmente incapaces (aunque sí considero que el cerebro de un filósofo tendrá dificultades para pensar en estos términos), es simplemente que no manejamos el vocabulario, las expectativas, los referentes. Y nos colgamos por la necesidad de procesarlo.

En fin. Sirva esto como consuelo a los filósofos que quieran explorar que cosa es no-ser-propiamente-un-filósofo, que es posible, pero requiere de mucha disposición y de mucho ensayo y error, y de estar dispuesto a repetir continuamente que no entiendes, que no sabes, y que por favor te lo expliquen de nuevo. Algo que tampoco nos enseñan a hacer bien, lamentablemente. Pero, si es algo que te interesa, te conviene mucho más aprenderlo temprano que tarde.

Aprender a vivir de la filosofía

Un breve anuncio, porque me queda poca batería.

Con frecuencia recibo preguntas de diferentes lugares respecto a estudiar filosofía. Que si es buena idea, que cómo hacerlo, que cuál es el campo laboral, que si se puede vivir de eso. Creo que todos los que estudiamos filosofía pasamos por dilemas existenciales y conflictos similares, y siempre trato de hacer lo mejor posible por colaborar. (De hecho, si lees esto y me has enviado una pregunta que no he respondido, por favor insiste pues probablemente se haya perdido en algún lugar de mi bandeja de entrada.)

Tengo varios posts en este blog sobre temas materiales y no-tan-materiales vinculados al estudio y al ejercicio de la filosofía. Para facilitar su acceso, los he reunido y ordenado todos en una sola página: la “Guía práctica para vivir de la filosofía” (O “De cómo vivir de la filosofía y no morir en el intento”). Allí encontrarán enlaces a temas diversos como por qué estudiar filosofía, los conflictos entre filosofía y academia (que algunos podemos tener), la relación entre filosofía y dinero, habilidades profesionales complementarias para salir al “mundo real”, y demás.

Con el tiempo iré contribuyendo allí más ideas y ordenando aún más la cosa, pero espero que pueda ser un recurso de utilidad a cualquier persona que considere estudiar filosofía (o que no deje de considerar por qué lo hizo). Pronto espero también agregar enlaces a otros blogs y artículos relevantes al tema.

Así que quieres un posgrado en humanidades…

El mundo académico no es todo lo que se pinta. Aquí hay toda una serie más de razones que lo explican.

La mejor parte: “I will work hard”. Creer que solamente esforzándose mucho se conseguirá todo es el núcleo que sustenta el sueño dogmático. En el mundo académico, como en cualquier otro lado, es condición necesaria pero ciertamente no suficiente.

Carreras del futuro: Etc.

Siguiendo con la onda de pensar en los tipos de trabajos y roles y actividades que empezaremos a ver en los próximos años, les dejo este artículo de Web Worker Daily donde hacen una lista de futuros trabajos que aparecerán en torno al uso de datos.

¿El uso de datos? Hoy día capturamos en todo momento más datos que nunca, y la mayoría simplemente los botamos. Pero con toda esa información podemos empezar a encontrar patrones sumamente interesantes, y valiosos, de modo que uno de los segmentos más interesantes y dinámicos ahora está en el manejo de datos. Y toda una nueva generación de empleos y carreras está a punto de configurarse a partir de esta nueva oportunidad.

La lista de los empleos posibles de WWD incluye:

  • Content Monetization Manager
  • Webmaster 2.0
  • Amplification Manager
  • Game Mechanics Designer
  • Employee Mechanics Designer
  • Metrics Manager
  • Crowd Manager
  • Crowd Worker
  • Life Coach 2.0
  • Personal Trainer 2.0

Me gustó sobre todo el de Employee Mechanics Designer. Por ahí hay más para explorar en torno al futuro del trabajo.

Carreras del futuro: videógrafo

Uno de los segmentos más interesantes de contenido en la web es el video, sobre todo luego de la aparición de YouTube que creó la plataforma perfecta tanto para la distribución como para el consumo. Y con ello, han empezado a hacer su aparición los videógrafos. Pero el videógrafo no es, propiamente, un comunicador audiovisual, o no tiene por qué serlo. En realidad, uno no tiene por qué estudiar cinco años de una carrera universitaria para estar en capacidad de producir clips cortos idealmente realizados para ser explotados en línea. El tipo de habilidades que se necesitan se están construyendo en contextos mucho más cotidianos, como grupos de skaters reunidos en plazas y parques grabando sus propios trucos, o personas que en sus propias casas están grabando sus propio videologs con sus opiniones y comentarios. El video en línea no necesita ser algo profesionalmente producido (aunque no es que eso le haga daño, tampoco). Lo que necesita sobre todo es un entendimiento intrínseco de cómo funciona el medio: el video en línea no es cine, y no es televisión, sino que es su propio pequeño universo, su propio lenguaje con su propia gramática.

A medida que más personas quieren empezar a publicar video en línea, entre todo tipo de organizaciones, las habilidades de alguien cumpliendo el rol de videógrafo estarán más en demanda. Se trata de alguien con la capacidad para capturar eventos en video de manera creativa, pensando que su material tiene que estar optimizado para una serie de clips donde cada uno no debería, en realidad, exceder los cinco minutos de duración. Con algunas habilidades básicas de captura y de edición uno puede producir este tipo de contenidos, que luego deben ser publicados, distribuidos y sobre todo promocionados utilizando medios en línea y redes sociales, de modo que el manejo de ese lado de la ecuación será también una herramienta importante en el arsenal del videógrafo.

Puntos extra recibirán los que sepan hacer uso efectivo de herramientas de transmisión en vivo vía web, de modo que puedan ofrecer a diferentes organizaciones la posibilidad de transmitir en vivo eventos y actividades para compartirlas con sus comunidades en línea.

De modo que el videógrafo es, en realidad, una suerte de híbrido que maneja tanto el lado de la realización audiovisual, junto con el lado de la promoción de contenidos en línea, alguien que sabe publicar videos en YouTube y luego explotarlos para generar la mayor cantidad de vistas. Y que puede ser quien ayude a una organización a empezar a comunicarse en la web utilizando uno de sus medios más efectivos, el video.

Carreras del futuro: curadores de información

Ya sabemos que la cantidad disponible de información crece de manera exponencial, más rápido de lo que la humanidad puede consumirla. Pasan dos cosas: primero, que crece también la presión sobre todos nosotros por mantenernos al día con la información relevante para cualquiera que sea nuestro campo, además de una periferia más amplia de información que guarda relación con el campo en el que nos desarrollamos. Segundo, que a mayor información, más imposible se vuelve con el tiempo esta tarea, sobre todo cuando a eso agregamos que, además, tenemos que efectivamente hacer lo que hacemos, no solamente enterarnos de las novedades de nuestro campo.

Esto alguna vez fue cierto sólo de algunos campos: un médico debía mantenerse permanentemente al día de nuevos avances médicos, o un abogado debía estar al tanto de la publicación de nuevas leyes. En los últimos años esto se volvió más cierto de muchas más profesiones y actividades, y en los próximos años se volverá radicalmente cierto de virtualmente todas: la capacidad para consumir la información relevante y darle sentido se vuelve un elemento diferenciador de la competencia de una persona en su determinado campo.

Surge entonces una oportunidad interesante para alguien que quiera no convertirse en un intermediario, sino para alguien que tenga mejores habilidades para la navegación de esta marejada de información. La curaduría de información como un servicio personal: la posibilidad de contratar los servicios de una persona especializada, no para que aprenda y consuma la información por mí, sino para que la navegue con mayor eficiencia que yo y me permita, luego, concentrar mis esfuerzos en aquellas regiones y elementos que son más relevantes para mis intereses y objetivos.

Este sector potencial es especialmente interesante para disciplinas que destacan en su capacidad para el aprendizaje: carreras de humanidades y ciencias sociales, que enfatizan fuertemente el componente de investigación. Una persona cumpliendo este papel podría manejar una cartera diversa de clientes, o una cartera especializada temáticamente, y dedicarse casi exclusivamente a estar al día de toda, o buena parte, de la información relevante para sus clientes: las noticias, los libros, las películas, las conferencias, los artículos, los enlaces, los posts en blogs, los personajes, etc., que sean los más importantes para estar al tanto. Luego, sea en reuniones periódicas o en la forma de compendios o resúmenes, hacerle llegar al cliente la información sobre la información, la guía de navegación para que sepan por dónde comenzar, qué ruta seguir, qué es lo importante y qué no.

Es, además, una manera interesante y sostenible a través de la cual estudiantes o profesionales jóvenes podrían abrirse campo y ganarse la vida, en un segmento que potencialmente podría crecer a medida que la economía consiste cada vez más en el manejo de información y su actualización continua.

¿Debería estudiar un posgrado en filosofía?

Creo que este FAQ (Frequently Asked Questions) titulado “Should I Go To Graduate School In Philosophy?” es de lectura imprescindible para todos los que han considerado, están considerando, o están actualmente estudiando un posgrado en filosofía. Está escrito desde adentro, de manera muy cruda y refleja una serie de las complicaciones prácticas que encuentran aquellos que se enfrentan a los estudios de posgrado en filosofía.

Algunas de las secciones más fuertes/interesantes:

Your enjoyment of reading and learning philosophy counts for approximately nil. Nobody will pay you a dime to read things. You will make a good philosophy teacher only if you are good at explaining philosophy to people who know nothing about it and are much less interested in it than you are. You will make a good researcher only if you have lots of new ideas of your own and you like writing about them. If you regularly have to ask your teachers in your classes what you should write about, then you probably do not have enough original ideas to be a good researcher.

Aún así, hay muchos que creen que son distintos a los demás, tan distintos que tienen algo completamente novedoso para ofrecer y que por eso destacarán frente a otros aplicantes:

However smart you may be, when you apply for that coveted position at the University of Colorado, your application will go into a pile of 300 others, of which at least 20 will look about equally good. All 20 of those people will have been the best philosophy students at their colleges. Think about the smartest person you have ever known. Now imagine that there are 20 copies of that person competing with you for a job. That is roughly what it will be like.

Y quizás el más fuerte de todos, respecto a qué tanto puede uno hacerse un espacio en la disciplina filosófica:

Will I influence the field through my insightful articles?

Almost certainly not.

First, it is very difficult to get published in philosophy. The respected journals reject between 90% and 95% of all submissions. No exaggeration. (If you find a journal with a higher acceptance rate than that, it will be one not worth publishing in.) They typically take three months to evaluate your article before rejecting it. Longer delays are not unusual—I once had a journal take two years to evaluate a manuscript of mine. When they finally got back to me, it was to ask me to revise and resubmit the paper. Your prospects are better if you submit to a less prestigious journal, but then virtually no one will read your article. Your ability to get “A”s on your philosophy papers in college does not mean that you will ever be able to write a publishable paper. (See my page on publishing in philosophy.)

Second, consider the sheer quantity of philosophy that is published. As of this writing (2008), the Philosopher’s Index, which indexes almost every academic philosophy publication in any of about 40 different countries, reports 14,000 new records every year. That’s fourteen thousand new philosophy articles and books, per year. Since 1940, about 400,000 philosophy books and articles have appeared. What proportion of those do you suppose the average person in the field has read? Now you can use that guess as an initial estimate of the proportion of philosophers who will read your article.

So when that paper you worked so hard on for so many hours and months finally gets published, it is overwhelmingly likely that almost no one will ever notice, and that the scholarly reaction to your article will be nil.

Es importante matizar que esto, claro, está escrito desde el punto de vista de la academia estadounidense. La verdad, no sé si eso hace las cosas mejores o peores para un estudiante de posgrado en filosofía en el Perú o en América Latina.

Para que lo tengan en consideración si lo están pensando, y si lo están haciendo, pues para que puedan hacer algo al respecto.

Cosas que deberías saber

Hace tiempo y varias veces y he comentado sobre el vacío que existe, en general, entre la filosofía (hablando desde mi experiencia personal) y la tecnología, en particular las tecnologías de la información. Digo “en general”, porque obviamente esto no se da en todos los casos, y hay contraejemplos muy significativos e importantes. Pero estuve pensando un poco en esa separación, y en las nuevas habilidades que hoy son cada vez más necesarias para participar de discusiones que a menudo se dan en múltiples formatos y contextos al mismo tiempo. Así que se me ocurrió compilar estar pequeña lista de habilidades tecnológicas que, a mi humilde juicio, un filósofo debería manejar con mediana competencia para formular un mensaje, participar de discusiones y, sobre todo, para poder comunicar y enseñar diferentes ideas. Aunque lo pienso desde el punto de vista de la filosofía, creo que esto en realidad se aplica para muchas otras disciplinas.

  • Blogs. ¿Tienes uno? ¿Por qué no? Creo que hay muchas ventajas a tener un blog, aunque debo admitir que aquí hay un poco de contrabando ideológico: el tipo de pensamiento que facilita un blog es uno fragmentado, progresivo, en constante construcción y revisión. Dudo mucho que Kant habría bloggeado a través de su periodo crítico, por ejemplo, en el cual se dedicó a construir grandes catedrales de conocimiento. Un blog, en cambio, es como un laboratorio conceptual, donde uno va soltando ideas, discutiéndolas con otros y refinando los conceptos. Y lo obliga a uno, también, a aprender a hablar en un lenguaje más accesible, menos técnico y oscuro. Cosas que uno debería saber: crear un blog (al menos en un servicio como Blogger o WordPress), actualizarlo, moderar comentarios. Los más osados pueden jugar con el estilo visual.
  • Manejar videos en YouTube. Si no tienes una cuenta en YouTube, créala. Eso te permite marcar videos como favoritos y ordenarlos en listas de reproducción, con lo cual puedes mantener un archivo de videos interesantes que vayas encontrando – por ejemplo, puedes recopilar una lista de las conferencias disponibles en línea dadas por un autor o sobre un tema. También es importante saber bajar videos de YouTube, usando una herramienta como TubeMaster++, que luego se pueden utilizar para reproducir en un salón de clase, o dentro de una presentación. Además, deberías también saber subir un video a YouTube. Lo cual me lleva a…
  • Capturar y editar video. Esto ya es un poco más exigente, pero ahora cualquier celular o cámara de fotos también toma video. Acá lo que importa es saber subir el video a la PC, hacerle algunos arreglos menores (por ejemplo, cortar un pedazo relevante), guardarlo y comprimirlo en un formato amigable para que luego pueda subirse a un sitio como  YouTube. Casi todo lo que necesitas para esto probablemente lo tienes ya: la cámara, y un software como el Windows Movie Maker que viene por defecto con Windows (o el iMovie en la Mac). ¿Por qué querrías crear video? Puedes grabar conversaciones, presentaciones, sesiones de clase, en un formato fácil de manejar y usualmente más efectivo que el texto solo.
  • Seguir blogs usando fuentes RSS. El formato RSS es un formato de sindicación – es decir, es una fuente que envía una notificación cada vez que un blog o un sitio de noticias se actualiza. Usando un lector RSS, uno puede mantenerse actualizado con las novedades de cientos o miles de blogs y sitios web, sin la necesidad de visitarlos todos individualmente. Quizás la manera más fácil de utilizar esto es con el lector RSS de Google, el Google Reader, que es además uno de los mejores.
  • Descubrir y ordenar fuentes de información. Hay dos cosas aquí recomendables, además del RSS que ya mencioné. Lo primero es utilizar un servicio de marcadores sociales, como Delicious, que le permite a uno marcar sus favoritos y guardarlos en línea (de modo que uno puede usarlos desde cualquier computadora). Pero además, uno puede etiquetar sus sitios web favoritos con diferentes categorías, y también ver quién más ha marcado ese mismo sitio como favorito y qué categorías le ha puesto. El resultado es que puedo ver qué otros sitios favoritos tienen otras personas bajo las categorías que a mí me interesan, con lo cual uno termina descubriendo todo tipo de nuevas fuentes. La otra gran fuente de información es, por supuesto, …
  • Twitter. Hay muchas razones por las cuales uno podría twittear, o al menos por las que uno debería saber de qué se trata. Pero me concentro en una: Twitter es quizás la manera más rápida y efectiva de descubrir información. Uno simplemente debe dedicarse a cultivar una lista de personas a seguir que tengan más o menos los mismos intereses, y rápidamente estará descubriendo todo lo que ellos comparten con sus seguidores. Twitter ha desplazado en gran medida a muchos otros canales para compartir y descubrir información. Bonus points por utilizar un cliente Twitter de escritorio como TweetDeck, que además les permitirá organizar sus contactos en grupos, y hacerle seguimiento a términos de búsqueda en la red de Twitter (p.ej., muéstrame cada vez que aparezca un tweet que mencione la palabra “filosofía”).
  • Hacer y compartir buenas presentaciones. La clave aquí es “buenas”. Mucha gente se queja del Powerpoint, pero en verdad, mucha gente lo usa terriblemente mal (a mi humilde juicio). Así que uno debe esforzarse por preparar una buena presentación visual, diseñada como presentación visual y no sólo como una extensión del discurso o del texto escrito. Hay muchas fuentes en línea con tips sobre cómo preparar presentaciones, pero en general, reglas como no usar más de 7 palabras por diapositiva, de no utilizar viñetas ni listas largas, de nunca copiar textos ni leer directamente de la diapositiva, y de utilizar una fuerte presencia gráfica (que no sea de las imágenes predeterminadas de Office), todo ello ayuda muchísimo a preparar una mejor presentación. Bonus points: comparte tus presentaciones en línea usando un servicio como Slideshare.
  • Crear recursos digitales. Esto suena bastante genérico y lo es, y tiene también mucho que ver con manejar un blog. La idea de manejar un recurso digital es aplicar un poco de todo lo anterior para algún propósito específico. Compilar enlaces, videos, blogs, artículos, referencias bibliográficas, sobre algún tema en particular. O empezar a mantener un wiki con información sobre algo que te resulte de interés, con el tema de un curso o con información sobre un autor o un texto. El objetivo de un recurso digital es crear y mantener una capa de intermediación entre el usuario interesado y el viejo oeste que es la web: realizar el trabajo editorial de verificar y asegurar la relevancia de lo que está siendo compilado. La utilidad y los beneficios de recursos de este tipo son altísimos, y es un trabajo relativamente fácil de hacer.

Estoy dando por descontado lo básico: usar la computadora, programas básicos como el Word, el Excel o el Powerpoint, manejo de Internet, correo electrónico, mensajería instantánea, navegación en la web, uso de buscadores como Google, etc. Sí, todo esto es lo básico, y lo que es lo básico se seguirá ampliando con cosas como éstas conforme vaya pasando el tiempo.

En fin, quizás vaya ampliando la lista si se me ocurren más cosas (de hecho creo que hay varias más, como para una segunda lista) y si se les ocurre algo más que deba ir aquí, inclúyanlo en los comentarios.

Brokers de información

Un par de ideas. ¿Qué hacemos cuando empezamos a volvernos cada uno más information brokers, y los que antes cumplían ese rol empiezan a perder la exclusividad?

Dos ideas sobre cuya viabilidad real no tengo ni la más remota noción. ¿Qué productos o servicios se pueden ofrecer cuando el costo de acceder a la información colapsa? ¿Qué puede hacer, digamos, un periodista cuando el modelo que antes lo mantenía, ya no se sostiene?

Primero, pensar fuera de la caja y aceptar nuevos modelos. Idea número uno: aquel que funciona, básicamente, como un broker de información, discriminando, seleccionando, contextualizando y comentando lo que pasa, tiene un producto muy valioso en el valor agregado que le da a la información. Pero ese valor agregado es suficientemente interesante en la medida en que está alineado lo más cercanamente con los intereses de lo que un público quiere saber. Uno puede pensar en periodistas, pero en verdad esto se aplica a cualquier persona que consiga dominar bien el arte de procesar, transformar y comunicar información de una manera efectiva. Existe un mercado de gente cuyo trabajo requiere de mantenerse informados acerca de muchas cosas, pero cuyos requerimientos de información exceden sus posibilidades de dedicarle tiempo a todo ese proceso: entonces pueden tercerizar. Imaginen brindar el servicio de consumir, entender, contextualizar las noticias, y que alguien pague por sesiones altamente personalizadas donde ese contenido me es devuelto, con la capacidad de hacer preguntas y repreguntas y la confianza de que la persona que me informa está en capacidad de responderlas. Algo así como un asesor, un analista personal, pero a un costo mucho menor. Alguien se encarga de interpretar el mundo por mí, de una manera mucho más completa de lo que yo lo podría hacer por mí solo. Ahora, a esa misma mezcla agrégale una cartera de clientes que encuentran esto mismo valioso, escálalo, y tienes un modelo básico con el cual alguien se puede ganar la vida. En la medida en que el broker representa mejores resultados, su status aumenta así como también su valor.

Segunda idea, que me viene a partir de leer la crítica de Malcolm Gladwell al nuevo libro de Chris Anderson (la cual, de por sí, amerita su propia discusión). La cuestión es la siguiente: servicios como YouTube enfrentan una paradoja, porque al abrir la puerta a que cualquiera suba su contenido, la gran mayoría de este contenido es basura, y una enorme cantidad de este contenido, aunque no sea basura, no es rentable: en el sentido de que, los anunciantes que generan los ingresos no quieren ver su publicidad allí. Entonces, YouTube se ve en la necesidad de mejorar el nivel del contenido, licenciando contenidos profesionalmente producidos como series de televisión, películas, y ese tipo de cosas. Pero eso agrega aún más a sus costos. Entonces: ¿qué pasa si YouTube, en lugar de hacer eso, invirtiera considerablemente menos en financiar que productores profesionales de contenidos se dediquen a brindar entrenamiento y asesoría a productores amateur para mejorar el nivel de los contenidos del sitio? La idea es, en vez de licenciar contenido profesional, le pago menos a un profesional para que ayude a desarrollar habilidades y mejores productos de los amateurs que normalmente participan de YouTube. A YT le conviene, a los amateurs también, al entrenador también. Incluso, es concebible que lo mismo pueda hacerse sin YT de por medio: ¿podría funcionar un taller de producción de video orientado no a comunicadores audiovisuales, sino a personas de a pie? Jóvenes aficionados, activistas, gente de diversas especialidades dispuesta a invertir tiempo y dinero a aprender a expresarse en un lenguaje que no saben manejar. De nuevo, agrega varios clientes, varios proyectos, y tienes un modelo con el que se puede concebir a alguien ganándose la vida.

Si el principal activo es la información, y la información es básicamente libre y también gratuita, hay que encontrar las maneras a través de las cuales podemos imprimirle un valor agregado.