Espacios Creativos

Una de las cosas que noté estando en Lima por algunos meses y buscando espacios donde poder trabajar fue lo difícil que era encontrarlos. Para toda la retórica que se escucha sobre tecnología, colaboración, innovación y demás temas vinculados, no se escucha mucho sobre las infraestructuras menos evidentes que soportan y posibilitan este tipo de procesos. Por ejemplo, infraestructuras como el transporte o el espacio que hacen posible que la gente se encuentre y haga cosas.

Sí, es verdad que muchas colaboraciones pueden funcionar sobre medios virtuales, pero sobre todo en contextos donde la confianza entre pares no es muy sólida (como, me parece, ocurre mucho en Lima), construir relaciones partiendo de interacciones en persona es sumamente importante. Pero los espacios para que esto ocurra son sumamente escasos: uno tiene que optar por tener encuentros en espacios privados como cafés que no están realmente optimizados para facilitar intercambios de trabajo, o bibliotecas que no están optimizadas para colaboraciones grupales, y demás. Los espacios de coworking que están apareciendo últimamente en Lima ofrecen nuevas oportunidades pero sirven para operaciones ya estabilizadas, donde sabes que estarás trabajando en un proyecto con ciertos parámetros, con ciertas personas, y con ciertos recursos.

Pero hay una serie de espacios, sobre todo espacios públicos, que estamos subutilizando creativamente. Si hablamos de la necesidad de espacios que faciliten intercambios entre grupos e individuos, colaboraciones y sobre todo, espacios que requieran una mínima inversión – es decir, donde dos o más personas puedan empezar a juntarse y explorar un interés común sin tener que gastar, por ejemplo, en una oficina – no estamos hablando de grandes necesidades. Algunas mesas, algunas sillas. Wi-fi de buena calidad y de acceso libre. Quizás acceso a cosas como bocaditos, bebidas, y sobre todo café. Y un ambiente que está a medio camino entre una biblioteca y un café: vamos a hacer un poco de ruido, pero estamos todos aquí para trabajar en proyectos. Y especialmente, dadas las condiciones de la seguridad ciudadana en Lima, espacios seguros donde uno pueda trabajar tranquilo, y a donde uno pueda llegar fácilmente. Sobre esa capa básica se pueden agregar una serie de extras según necesidades de comunidades o grupos específicos, como equipos, recursos de información, eventos, etc.

Y estuve pensando ahora que la relación de estos espacios creativos y el espacio público es sumamente importante y poco aprovechada – un poco volviendo sobre las ideas de la #azoteahacker hace un tiempo, o cómo utilizar espacios ignorados, no-lugares, como son las azoteas, para fines productivos y creativos. Y así hay muchos espacios más, por ejemplo en oficinas de agencias del Estado, municipalidades, ministerios, parques, centros culturales, universidades, institutos – todos con espacios que no se utilizan al 100% de su capacidad, pero que tendemos a cerrar para su uso exclusivamente privado sin considerar los beneficios significativos que se podrían generar al convertirlos en espacios creativos.

No es que tenga una idea claramente definida de lo que estoy pensando aquí, pero sí se me ocurre que podríamos empezar a incentivar la liberación y apertura de espacios para fines creativos, y a generar mapas de estos espacios creativos como quien documenta la infraestructura para la innovación que no tenemos y que necesitamos. Tendemos a pensar en las grandes inversiones y transformaciones y a veces dejamos de observar los pequeños cambios que podrían tener una enorme influencia. El aprovechamiento y reaprovechamiento de nuestros espacios públicos sería una puerta que podría dar pie a una ola de nuevos proyectos interesantes (o quizás no, pero el costo de experimentar no es en realidad tan alto como para no probarlo).