Anoche, la NASA aterrizó el rover Curiosity sobre Marte. Fue una transmisión espectacular de todo el proceso de descenso del vehículo de casi una tonelada sobre una zona de aterrizaje de apenas 7x20km – una hazaña espectacular considerando que todo fue controlado robóticamente a millones de kilómetros de distancia, y nosotros sólo podíamos enterarnos del resultado 14 minutos después de que hubiera efectivamente sucedido.
Minutos después, en conferencia de prensa, directivos de la NASA y de la política de ciencia y tecnología de la Casa Blanca resaltaron la importancia de la misión y de la contribución estadounidense a la exploración espacial. NASA ha visto como en las últimas décadas su presupuesto se ha ido reduciendo sistemáticamente al mismo tiempo que sus proyectos atraen menos interés del público y atraen críticas de conservadores fiscales que ven la exploración espacial como un área de baja prioridad en tiempos de crisis económica, y consideran además que la innovación tecnológica en materia espacial debería ser lugar para el sector privado y que el gobierno no debería entrometerse. En ese contexto, es tanta mayor la importancia de NASA de llevarse merecidamente el reconocimiento por esta misión y por un resultado que es histórico tanto tecnológica como culturalmente, y que ayuda a la agencia tanto a recapturar el interés del público por la agenda espacial como a comunicar claramente sus capacidades y logros.
Letters of Note comparte hoy una carta del director de NASA en 1970, Ernst Stuhlinger, que responde a la pregunta sobre por qué dedicar recursos a la exploración espacial cuando hay problemas como la hambruna en el mundo. Su argumento es particularmente relevante frente a lo que vimos anoche, y doblemente relevante en economías como la peruana donde estamos hablando continuamente sobre la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación pero sin llegar a encontrar un firme camino hacia ninguna de ellas.
Besides the need for new technologies, there is a continuing great need for new basic knowledge in the sciences if we wish to improve the conditions of human life on Earth. We need more knowledge in physics and chemistry, in biology and physiology, and very particularly in medicine to cope with all these problems which threaten man’s life: hunger, disease, contamination of food and water, pollution of the environment.
We need more young men and women who choose science as a career and we need better support for those scientists who have the talent and the determination to engage in fruitful research work. Challenging research objectives must be available, and sufficient support for research projects must be provided. Again, the space program with its wonderful opportunities to engage in truly magnificent research studies of moons and planets, of physics and astronomy, of biology and medicine is an almost ideal catalyst which induces the reaction between the motivation for scientific work, opportunities to observe exciting phenomena of nature, and material support needed to carry out the research effort.
En nuestro contexto, hablamos continuamente de la necesidad de innovaciones en nuestra economía que nos permitan romper con la dependencia de las exportaciones primarias y convertirnos en generadores de valor agregado. Todo eso está bien. Pero en esta carrera terminamos bajando la valla de lo que significa innovar hacia cuestiones que son de escala muy pequeña (sin necesariamente dejar de ser interesantes o importantes), y terminamos pasando por innovación el uso creativo de redes sociales para la publicidad o que las empresas empiecen a usar search engine optimization. Esto pasa, me parece, por la ausencia de grandes visiones y proyectos a largo plazo sobre en qué sentido y dirección queremos innovar y desarrollar tecnología y, especialmente por qué queremos esos sentidos y direcciones. Ante la ausencia de nortes, cada paso se ve como un gran avance.
La exploración espacial sirvió desde los años sesenta como un gran articulador de la actividad científica y tecnológica, desde que el Presidente Kennedy anunciara el objetivo de poner a un hombre en la luna antes del fin de la década. Como señala Stuhlinger, estos grandes objetivos son imprescindibles para servir de motivación a la investigación y la adquisición de descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas que servirán para todo tipo de contextos y utilidades como formas exaptadas. Pero a Stuhlinger le falta señalar algo: incluso si nuestro objetivo ulterior son esas formas exaptadas de ciencia y tecnología para usos específicos en diferentes campos, no nos es posible en el presente apuntar directamente hacia esos formas porque no sabemos cuáles son. El camino hacia resolver problemas enormes es una serie sucesiva de ensayos y errores donde cada generación innova sobre la anterior, pero en el punto de partida no tenemos manera de predecir la configuración específica de cada una de esas generaciones. Por eso el resultado último, el gran articulador es importante porque provee la direccionalidad por la cual generaremos múltiples innovaciones intermedias que resuelven problemas teóricos y prácticos que no sabíamos, quizás, que teníamos.
Dos puntos más, para regresar el tema hacia nuestro contexto. El primero es que en casos como estos, casi siempre vemos que la direccionalidad y la inversión fuerte de recursos viene del poder político, en líneas directrices que se toman como políticas de Estado a largo plazo. Eso está muy bien. Pero ocurre que, incluso cuando esto es así, estas líneas directrices no son para la ejecución exclusiva de la burocracia pública, sino que requieren de la participación de todos los sectores de la sociedad: del sector privado, del ámbito académico, del sistema educativo, de la sociedad civil, e incluso de las fuerzas políticas. Se trata de grandes proyectos articuladores cuyo éxito no depende sólo del liderazgo político, sino de la medida en que ese liderazgo consigue movilizar una serie de fuerzas. Y ocurre también que, especialmente en contextos como el peruano, si nos sentamos a esperar que ese liderazgo político formule este tipo de líneas directrices, y más aún que lidere el esfuerzo, pues para tal caso seguimos sacando minerales hasta que se acaben y no hacemos nada más. No me parece un camino viable, de modo que tenemos que pensar en mecanismos y proyectos en los cuales este liderazgo y capacidad de movilización surjan desde fuera del Estado y del gobierno, no porque me parezca que eso sea mejor, sino porque creo que no tenemos opción.
El segundo es sobre cuáles tendrían que ser esos objetivos a los cuáles podríamos apuntar. Hace unas semanas pregunté en Twitter cuándo podíamos esperar ver un programa espacial peruano, y creo que me lo tomaron como chiste. Pero no veo por qué tendría que serlo: hace un tiempo, por ejemplo, Bolivia anunció la creación de su propia agencia espacial y su incursión con un primer satélite boliviano (no conozco, eso sí, los resultados posteriores de esa iniciativa). Y ciertamente tenemos todo tipo de enormes objetivos con los cuales podríamos comprometernos que requerirían de la participación de múltiples sectores para desarrollar soluciones innovadores y avances en materia de ciencia y tecnología: aprovechar nuestra diversidad biológica para convertirnos en una potencia biotecnológica mundial; eliminar la desnutrición y la malnutrición infantil antes del Bicentenario; convertirnos en el país líder en alfabetización en la región antes del fin de la década; eliminar sosteniblemente los problemas del narcotráfico y el narcoterrorismo, convertirnos en una potencia mundial en materia de energías renovables y sostenibles, y cambiar toda nuestra matriz energética en un cuarto de siglo; etc. Éstas son sólo ideas que se me vienen ahora a la mente, algunas viables, algunas inviables, al final eso no importa tanto: lo que importa es que consideremos que conseguir dicho resultado sea determinante para nuestra capacidad de crecimiento como nación, que estemos dispuestos a comprometernos en palabra y acto a brindar los recursos durante larguísimos lapsos de tiempo para que eso ocurra.
Para que así dejemos de jugar el juego de la ciencia y la tecnología como espectadores y consumidores, y podamos empezar a participar como jugadores.