Aterricé ayer en el aeropuerto internacional de Ezeiza, el principal aeropuerto internacional que sirve al área de Buenos Aires, como lo he hecho varias veces últimamente. Pero con la principal diferencia de que ésta será, quizás, la última vez que lo haga por un tiempo. He estado viviendo y trabajando aquí por un poco más de año y medio y ha sido una gran experiencia, llena de gente nueva y mucho por conocer, aprender y hacer. Para una ciudad de la complejidad de Buenos Aires, año y medio termina siendo poco, y mucho más aún cuando uno empieza a mirar más allá de los límites de la General Paz, una de las avenidas que delimitan el contorno de la ciudad, hacia el resto de Argentina.
Pero all good things must come to an end, y así ha llegado el momento de pasar a una nueva etapa. En agosto, volveré a la vida de estudiante y estaré empezando el programa de Comparative Media Studies en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), un increíble programa de posgrado enfocado en el estudio de nuevas tecnologías y medios de comunicación desde una perspectiva comparada entre medios, entre culturas y entre épocas. CMS es una mezcla entre estudios sociales y teóricos de los medios de comunicación y su influencia y relaciones sociales, con un lado técnico y práctico sobre su uso, su construcción y su innovación. Es un programa que vengo siguiendo desde hace varios años – incluso desde antes de terminar el pregrado – y que siempre quise seguir, así que estoy fascinado con la idea de poder integrarme a él y formar parte del ecosistema de estudios de medios y tecnología que existe en el área de Boston/Cambridge, donde están también instituciones como el Berkman Center en la Universidad de Harvard y laboratorios de investigación como Microsoft Research. Eso sin contar, además, con los múltiples proyectos y centros de investigación dentro del mismo MIT, como el Center for Civic Media, el laboratorio de videojuegos GAMBIT, el Media Lab, el laboratorio de innovadores comunitarios CoLab, o el programa D-Lab de diseño y desarrollo de tecnologías sostenibles, entre muchos otros.
Lo cual quiere decir que en agosto estaré mudándome una vez más, hacia el área de Boston, Massachusetts, en Estados Unidos. Y más o menos dentro de un mes estaré dejando Buenos Aires y regresando a Lima para tener al menos un par de meses sabáticos después de casi cinco años de trabajo continuo (que seguramente terminará siendo sabático a medias porque esto del workaholismo va muy bien conmigo), y para finalizar arreglos y trámites antes de mudarme hacia el norte. Claro, también quiero aprovechar ese tiempo “sabático” para algunas otras cosas: mucho de ponerme al día con lecturas pendientes y de ir procesando productos o prototipos aquí en el blog o en algún otro formato; mucho de aprender algunas otras cosas (una introducción intensiva a Python y Django, por ejemplo); mucho de avanzar con proyectos pendientes y de empezar algunas cosas nuevas en las que estoy pensando.
Pero mientras tanto, empiezo también a despedirme de Buenos Aires y de más de año y medio de un intenso proceso de aprendizaje. Aprender a vivir en otra ciudad, con sus propios ritmos, sistemas y procesos, y experimentar todo el espectro de la fenomenología de la migración ha sido un tema en sí mismo (tengo el borrador de un post titulado “fenomenología de la migración”, esperando ser terminado desde que cumplí mi primer año aquí). Yo juego mucho y continuamente con la idea de que el aprendizaje de una tecnología es como el aprendizaje de un lenguaje, y así como una ciudad es en sí misma una tecnología también, aprender a vivir en una es aprender también un lenguaje, entender su gramática e ir poco a poco adquiriendo “competencia lingüística” en su manejo. Claro, así como señala Donald Norman en The Design of Everyday Things, las tecnologías exhiben diferentes affordances, indicaciones en su diseño para anticiparnos su sentido y su uso y la manera como podemos relacionarnos con ellas. De la misma manera una ciudad también tiene más o menos, mejores o peores affordances en la medida en que hace más o menos difícil el proceso de adquirir competencia en su manejo cotidiano.
But I digress. He aprendido mucho de Buenos Aires en múltiples niveles, algo que indudablemente informará mi trabajo y mis intereses en el futuro. Aunque aún no tengo completamente clara la manera como orientaré mi trabajo de investigación en el MIT, al menos tengo algunos parámetros: sé que estará vinculada a nuevas tecnologías, y a la manera como éstas permiten la emergencia de nuevos modelos económicos y nuevos modelos de ejercicios de la ciudadanía con poblaciones que se han encontrado tradicionalmente excluidas de la actividad económica y la participación política. Quiero entender mejor esos modelos para poder explorar cómo pueden utilizarse para crear economías basadas en el conocimiento y sociedades conectadas allí donde más han faltado – por ejemplo, en economías como las que conocemos muy de cerca, basadas excesivamente en la explotación de recursos naturales con poco valor agregado. Y aunque quizás esto escape al alcance de una investigación, me gustaría también buscar la manera de convertir todo esto en plataformas que simplifiquen el acceso y la construcción de estas oportunidades de manera distribuida y sostenible.
Pero ya habrá mucho tiempo para que conversemos sobre esto, y en serio me gustaría que conversemos. Quienes pasen por aquí regularmente pueden anticipar ver más sobre esto a medida que lo voy explorando más a profundidad, ensayando prototipos y tratando de validarlos abiertamente.
Así que estos son algunos de los cambios que quizás empiecen a aparece de a pocos por aquí, a medida que nos vamos yendo de a pocos de Buenos Aires, pasando un rato por Lima, y aprendiendo la gramática de Boston (Go Red Sox!).
Ey, go Red Sox!
Es bacán ver que hay sueños que finalmente se realizan. ¡Sí se puede!
Debo decir que siempre pensé que era tu manera de relacionarte con el mundo, aprender un lenguaje, ganar “competencia lingüística”. Quizá es la manera de todos, claro (es lo que yo creo). Pero tú lo hacías velozmente, quizá conscientemente, quizá evidenciándolo, por eso era entretenido ver el proceso.
No olvides el gallo de Asclepio.
Abrazo.