Dos cosas sobre la PUCP

Gente mejor informada que yo seguro comentará sobre el acuerdo que han alcanzado los directivos de la PUCP con la Iglesia Católica en torno a la cuestión de sus estatutos y su autonomía. Yo sólo quiero agregar dos notas que me parecen relevantes:

1. ¿En serio? Después de sonar el tambor de guerra, mover a las masas en torno al grito común de la defensa de la autonomía, el final (si es que realmente éste es el final) me parece absolutamente anticlimáctico. Si la postura iba a ser conciliatoria, ¿el tema de la autonomía era solamente una estrategia para fortalecer la posición de negociación? ¿Por qué no negociar desde un primer momento (ignoro si algún obstáculo en particular lo impedía en su momento)?

Mi problema con la resolución del conflicto, sin entrar en los detalles, es la increíble desazón que deja en una comunidad universitaria movilizada como no se veía desde hacía muchísimo tiempo. Incluso asumiendo que sea la mejor solución posible, no deja de ser decepcionante porque había tanta energía de por medio y tanta expectativa de un “lovainazo”, en el cual la universidad prefiriera reafirmarse como autónoma antes que como católica. En otras palabras: si el resultado iba a ser éste, habría sido preferible que lo fuera desde mucho antes de generar expectativas de que iba ser otra cosa. Pero en fin, en realidad…

2. El problema de fondo ni siquiera es la PUCP. El problema con la PUCP es sintomático de un problema más grande en el sistema de educación superior peruano, donde hablar de “universidades” es para muchos hablar de “centros de formación superior”. No tengo nada contra un centro de formación superior, pero no es lo mismo: uno tiene una orientación mucho más pragmática y dirigida, mientras que el otro encierra espacios más fuertes para la exploración y la formulación de nuevos problemas y soluciones. Mi razonamiento aquí no es moralista ni principista, sino que es principalmente económico: necesitamos instituciones que formen a la fuerza de trabajo de una nueva economía, no a la de la economía presente. Y no tenemos realmente eso.

No voy a entrar en un argumento de que la PUCP sea “mejor” ni nada por el estilo, que me parece no tiene fundamento y es además un poco pedante. Pero sí es diferente, como cultura interna, y en realidad mucho de aquello que es caricaturizado desde afuera (p.ej. el alumno que no va a clases por ir a una protesta en el tontódromo) es también mucho de lo que le da valor a su cultura, internamente. El problema no es la PUCP, que finalmente es católica y apostólica y romana por mucho que nos pese a los que a pesar de ello estudiamos ahí: el problema es que no haya otras opciones similares, que además idealmente sean seculares. La universidad pública debería, idealmente, cumplir ese rol de espacio de formación no sólo de trabajadores y profesionales, sino también de visionarios e innovadores y en última instancia de ciudadanos, en un espacio plural y diverso. Pero primero por un tema de gestión, segundo por un tema de políticas públicas (o carencia de tales) y tercero por un tema de recursos – y en ese orden – no lo consigue. Y la universidad privada tiene un conjunto de incentivos y un marco regulativo (legal y social) que privilegian “agitar el gallinero” lo menos posible. En el medio, nada.

Lo preocupante del tema de la PUCP es que socialmente su posición haya sido tan precaria (la “universidad caviar” como descalificativo) como para que le haya sido tan difícil defenderse. El fortalecimiento de un “Tea Party perucho”, como lo caracterizó Alberto Vergara, viene de la mano del antiintelectualismo y el anticientificismo propios del Tea Party original, algo que debería preocupar no solamente a la izquierda, sino también a todo aquel que se precie de ser un verdadero liberal. Pensar diferente, desde cualquier lado del espectro político, no debería ser visto como un “problema” que hay que corregir.

Necesitamos nuevas instituciones y nuevos espacios de pensamiento, de investigación, de creación y de innovación que no van a salir de seguir haciendo las cosas como siempre las hemos hecho. Pero mi principal preocupación es que estos espacios no tienen oportunidad de crecer y desarrollarse en un ecosistema como el que nos ha dado este problema – de nuevo, sintomático – respecto a la educación superior en el Perú.

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