Por recomendación de @andrejcisneros llegué a este libro: “Knowledge-Driven Entrepreneurship: The Key to Social and Economic Transformation”, de Thomas Andersson, Piero Formica y Martin Curley. Recién empecé a leerlo esta noche y aunque no he avanzado mucho, me parece que vale la pena compartir algunos pasajes de la introducción:
The newly coined interest in knowledge as a production factor is, however, gen- erally approached from too restrictive a viewpoint. Knowledge generation is not synonymous with scientific advances. Knowledge in action is not necessarily about diffusing scientific discovery or creating technology-based high-growth companies. Neither is knowledge a “new” factor of production.
Peter Drucker’s and William Baumol’s focus on knowledge and entrepreneur- ship, respectively, has rather thrown the spotlight on the importance of combining inputs in profitable ways. Knowledge creation and knowledge use are fuelled by the combined influence of human creativity and entrepreneurial energy channeled into innovation (Baumol 2002) in ways that enable successful, unforeseen combinations of different production factors. In turn, the effectiveness of the instrumental role played by knowledge creation is attributable to the culture of the institutions involved. An institutional environment that encourages creativity and experimenta- tion is the ultimate determinant of economic growth and renewal.
The flow of knowledge, not technology per se, is the hallmark of technology transfer. To be effective, technology transfer therefore needs trustful and outward- looking knowledge brokers. The fact is that the knowledge revolution, caught up in its own enormous success, has in effect contributed to the rise of an economy which, in its present format, has proven unsustainable. Major problems exist in terms of reliability and accountability in business, while governments and multi- lateral institutions are failing to provide satisfactory cross-border policy frame- works in a range of areas. Finally, it is important that market transactions and innovations are not merely pushed by technocrats and experts, but that they are pulled by the real needs of people, and of society, to produce better responses to real issues.
De aquí nomás, algunas cosas que me parecen resaltables:
- No basta simplemente con “producir más conocimiento” para articular una economía del conocimiento. De por sí cualquier actividad económica produce, aunque sea como subproducto, una cantidad importante de conocimiento. Pero tanto, o quizás más importante, es establecer los circuitos de comunicación e intercambio de información que permitan que ese conocimiento se convierta en nuevas aplicaciones – un ecosistema de reinversión de conocimiento, por ponerlo de alguna manera. Es el ecosistema, más que sus miembros individuales, los que constituyen una economía de conocimiento.
- El papel de los knowledge-brokers es importantísimo, pero rara vez reconocido o apreciado. No se trata de agregar más capas de intermediación al proceso, sino de crear los puntos de captura de información que puedan identificar, sistematizar y reproducir, a través de la cadena de valor. Ahora, parte del problema es que no sabemos bien cómo se ve un knowledge-broker aún – aunque si el libro ahonda más en esta figura más adelante, procuraré revisitar esta idea.
- Un clima institucional es un condicionante fundamental al desarrollo de una economía de conocimiento. Y claro, el clima institucional va más allá solamente del marco legal o la política pública – aunque es ciertamente un componente importante. Aunque desde el ámbito del Estado, en cualquiera de sus niveles, es mucho lo que se puede hacer por incentivar, también es cierto que una política mal diseñada puedo entorpecer enormemente el crecimiento de un sector: Hugo Pardo Kuklinski comentaba hace un tiempo sobre cómo los incentivos al emprendimiento en Cataluña en la práctica pueden terminar atentando contra el emprendedor. De modo que si bien es difícil pedir que el Estado facilite las cosas, lo menos que se pueda razonablemente impedir es que al menos no entorpezca la construcción de una economía de conocimiento interviniendo sin una política clara.
- Pero el clima institucional también apunta a una serie de convenciones y normas sociales que pueden facilitar o entorpecer la innovación y la creatividad en una economía: el ejemplo más claro es quizás la tolerancia social que una economía tiene hacia el fracaso. Un contexto social en el cual el fracaso y el error son fuertemente censurados es un contexto en el cual existen contraincentivos hacia la toma de riesgos y la experimentación, lo cual dificulta la aparición de innovaciones. Un contexto social donde el fracaso es reconocido y aceptado (por ejemplo, con la celebración de “Fail Fairs”) es uno donde los emprendedores tienen mayores incentivos para arriesgarse. Este ámbito es quizás uno de los más difíciles de modificar.
Eso es todo por ahora, pero tendré más novedades conforme haya leído más del libro.
Pingback: ¿Un Ministerio de Magia? | Mutaciones