Necesitamos complicarnos

Quizás sea el cambio de año el que motiva metaideas. No está de más, nunca, creo.

Acabo de caer en cuenta de que me gustan los autores que complican los fenómenos que me interesan. No que sean complicados, que es otra cosa: no me parece particularmente valioso que un autor se enrede y se pierda en sus propias ideas, ni siento ningún tipo de particular afición por autores que tienen entre sus puntos de interés el hecho de ser complicados de leer, estudiar o investigar.

Lo que me parece valioso es cuando un autor consigue echar luz sobre la complejidad que subyace a un fenómeno, y a la cual no le hemos prestado suficiente o ninguna atención. Justamente, es aquello que más me llama la atención sobre un autor como Marshall McLuhan, quizás el autor que más he trabajado, en la manera como busca expresar que nuestro uso de los medios es mucho más complejo de lo que hemos pensado tradicionalmente.

Tenemos, comprensiblemente, una tendencia hacia la simplificación: hacia la domesticación de fenómenos sumamente complejos a través del uso de categorías más simples que nos permiten explicar y predecir. Consideramos esto como un triunfo y valoramos la elegancia explicativa, la capacidad de poder explicar una multiplicidad de experiencias complejas utilizando una cantidad logarítmicamente menor de términos, conceptos y objetos. Y estoy totalmente de acuerdo con eso.

Pero también pienso que hay momentos, periodos, transiciones, en las cuales esta misma pretensión se vuelve peligrosa. Que es justamente el proceso por el cual estamos pasando ahora: cuando tratamos de leer nuevas tecnologías desde el punto de vista de las viejas, cuando nos apresuramos a formular explicaciones y descripciones para entender mejor las múltiples maneras como nuestra cultura está cambiando, muchas veces no nos detenemos a pensar que es quizás el impulso equivocado. No contamos aún con las categorías, con las palabras para describir una serie de cosas, y en el intento de hablar de ellas no podemos sino utilizar el vocabulario que efectivamente manejamos. Si te agrego como “amigo” en Facebook es probable que no seas mi amigo realmente, y ninguno de los dos lo piense así, pero simplemente no tenemos el espacio conceptual para describir esa relación. Un iPad o una tableta llena el espacio intermedio entre una laptop y un smartphone en términos de funcionalidad y movilidad, pero ese espacio no tiene realmente nombre: es simplemente “el espacio entre una laptop y un smartphone”. Sabemos que existe porque lo podemos experimentar, pero no sabemos cómo utilizarlo o cuál es su gramática.

Y está bien. Es, justamente, la experiencia de lenguajes en formación lo que estamos observando, y por lo mismo no deberíamos rehuirle a la complejidad. Debemos, más bien, explorarla para buscar nuevas categorías, nuevos usos. El peligro de no hacerlo es inmediatamente palpable: el polémico proyecto de ley SOPA en el congreso estadounidense es una de las maneras en las cuales el pasado está secuestrando el futuro. Hace unos minutos escuchaba a Eduardo Villanueva hablando sobre SOPA en el programa de Patricia del Río en ATV+, señalando que justamente en lugar de estar buscando las maneras legales de limitar las maneras que ahora tenemos para comunicarnos y expresarnos, deberíamos estar fomentando nuevos usos y apropiaciones creativas de las tecnologías que están generando mecanismos innovadores de expresión. SOPA es un mecanismo para que las industrias existentes del contenido y el entretenimiento (radio, discográficas, estudios de cine, canales de televisión) limiten la aparición de futuras opciones y posibilidades. Es una excelente manera de hipotecar el futuro para darle la plata a un conjunto de industrias que de por sí están cada vez volviéndose más obsoletas. Y es el tipo de razonamiento propio de una sobresimplificación del problema, y de suponer que el futuro tendrá que ser naturalmente una extensión o recreación del presente y el pasado. Claramente no es así, y necesitamos lecturas, perpectivas, discursos y proyectos que recojan más bien la complejidad de lo que está pasando de maneras navegables y no busquen reducirla a una simplicidad que por ahora es, más bien, engañosa.

Al menos por el momento, y por un buen rato más, tenemos que estar dispuestos a complicarnos la vida para poder entender mejor lo que ocurre y todo lo que podemos hacer con eso.

One thought on “Necesitamos complicarnos

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