La campaña electoral peruana se pone interesante y a la vez insufrible.
No he vivido tantas elecciones, menos aún presidenciales, y ésta es además la primera vez que vivo la campaña electoral desde el extranjero. Eso le da una óptica particularmente extraña, pues uno pasa automáticamente a formar parte de esa abstracta masa de “peruanos en el extranjero” cuyo voto ahora, además, es suficiente masivo como para tener un peso determinante. Particularmente extraño porque, además, en términos generales el peruano en el extranjero está quizás menos informado aún, aunque esto es sumamente relativo (porque, finalmente, en términos generales el peruano promedio a la hora de votar está desinformado). Yo estoy realizando el esfuerzo consciente de seguir la campaña y las variables que giran a su alrededor, y gracias a Twitter en realidad me entero de las cosas que pasan aún antes que mi familia en Lima.
La verdad, mi voto en esta elección ha estado virtualmente dado desde hace bastante tiempo. Desde que me enteré de las opciones existentes, decidí que iba a votar por Toledo, por una combinación de razones anti y pro que terminaron por inclinar la balanza.
Me pareció que sería pertinente compartirlo. No suelo discutir demasiado de política, la verdad, porque mi hígado es particularmente intolerante. Pero me pareció bueno el ejemplo de Martín Valdez de hacer uso de su razón pública, aún cuando no comparto ni sus razones ni, por extensión, sus conclusiones. Me llamó particularmente la atención una de las razones de su lista:
Porque como no podemos predecir el futuro, tenemos que votar por principio; es decir, por las propuestas que consideremos más valiosas.
Se trata de una digna postura kantiana que no puedo personalmente suscribir. De hecho, creo que justamente por eso es que votaré por Toledo. Es cierto que no podemos predecir el futuro, pero siempre tenemos abundantes elementos de juicio como para formularnos diversas configuraciones posibles de cómo se verá el futuro. No sabemos cómo será, pero podemos imaginar múltiples alternativas: imaginamos, por ejemplo, que si ganara Keiko indultaría a Alberto Fujimori. Cosas por el estilo, de las que no podemos estar seguros, pero que podemos asumir que hay cierto grado mayor o menor de probabilidad. Con Toledo tenemos, además, un beneficio adicional, y es que es razonable suponer que su potencial segundo gobierno será en alguna medida parecido a su primer gobierno (2001-2006). No igual, pero que por lo menos tendrán “aires de familia”.
Allí entra, por supuesto, el juicio de valor de que, a diferencia de Martín, el primer gobierno de Toledo no me parece desastroso (Martín no dice que sea “desastroso”, sino que lo infiero yo a partir de sus argumentos). ¿Incompleto? Ciertamente. Imperfecto, también. Muy imperfecto. Como señala Marco Sifuentes, el principal enemigo de Toledo es Toledo. Pero sí creo que el gobierno de Toledo hizo posible la estabilidad económica que vivimos hoy día, a la cual le doy un enorme valor: es cierto que el objetivo ahora se trata de ampliar esa plataforma económica a la gran mayoría de peruanos, pero no creo que eso hubiera sido posible sin conseguir niveles significativos de crecimiento económico como los actuales. Puesto simplemente, para mejorar las condiciones de vida de todos necesitamos una torta más grande que repartir mejor. Esto es, justamente, el eje alrededor del cual ha girado el discurso de Toledo en esta campaña, cuando no ha estado ocupado en estupideces como cortarse el pelo para hacerse pruebas toxicológicas o en dimes y diretes con el PPKuy – que ha sido la mayor parte del tiempo, lamentablemente.
Mi voto, al contrario de Martín, no es en absoluto principista. Aunque creo que la ética es muy importante para la política, creo que el moralismo es funesto: si nos ponemos moralistas y principistas entramos en un terreno donde algunas cosas tienen que ser no negociables, y creo que entrar en esas condiciones a la arena política puede fácilmente llevarnos a fundamentalismos y monólogos incesantes pero no discusiones. Mi voto es estrictamente calculado, sopesando cosas que me parecen bien con cosas que me parecen mal. Me parece que el primer gobierno de Toledo es un punto a favor, de entrada porque, política y socialmente, me parece muy superior al despotismo de García en los últimos cinco años. Me parece que su equipo de trabajo es consistente pero, sobre todo, me parece que es el candidato que, de ganar las elecciones, tendría el mayor potencial de convocar a un equipo de trabajo amplio y diverso. De hecho, hasta hace no mucho no me parecía inverosímil que un eventual gobierno de Toledo pudiera convocar de nuevo a alguien como PPK o de los aliados de su sancochado para formar un gabinete u ocupar puestos de confianza. No creo que las demás tiendas políticas tengan esa misma capacidad, y me parece la principal diferencia frente a la Alianza de PPK: el voto A/B hardcore que ahora tanto intenta levantarlo en Facebook parece olvidar, o simplemente no saber, que detrás de PPK hay un equipo absolutamente inconsistente de fuerzas que exigirían cuotas y cupos y pago de favores y demás. Votar por PPK es votar no sólo por el PPC, sino también por Acuña, Simon, Lay, y demás actores detrás de cámaras cuya reunión no tiene ningún sentido más que el oportunismo electoral.
Toledo es un personaje gravemente imperfecto, pero que finalmente me parece que tuvo un buen primer gobierno. En retrospectiva, y luego de cinco años de García, incluso me parece mejor de lo que me parecía hace un quinquenio. Creo que PPK tiene una alianza fallada de fábrica, y una concepción del mundo que en efecto desprende todo a partir de lo económico – y no estoy entre los que creen que un país necesita un CEO, precisamente porque creo que un país es una realidad compleja, multidimensional, cuya gestión (sí, gestión) no debe regirse únicamente porque tengamos utilidades al cierre del año fiscal. Creo que en Keiko no hay nada más que la promesa de reivindicaciones extrajudiciales al fujimorismo (y ya sabemos cómo al fujimorismo le encanta lo extrajudicial). En Castañeda simplemente creo que no hay nada (en serio, nada). Y en Humala hay una serie de contradicciones internas y diferencias de opinión (conmigo) que me hacen descartarlo como candidato. La verdad, de los cinco candidatos grandes sólo las candidaturas de Toledo, PPK y Humala me parecen realmente relevantes y políticamente significativas y que ameriten mayor análisis.
Gruesamente, son esas las razones por las cuales mi voto, aún ahora, a pesar de todo, se sigue inclinando por Toledo. A pesar de todos los muchos, muchos errores que sigue cometiendo, de que dice y se desdice, y demás. Creo que tenía mucho más para ganar cuando sorprendió a todos hablando de uniones civiles homosexuales, despenalización del aborto, legalización de las drogas, y empezó a plantear la agenda de la campaña. Luego, se dejó llevar por rivales menores de manera muy tonta. Pero en fin. Si cambio de opinión les aviso, pero por ahora, quizás estos argumentos le puedan servir también a alguien más.
Hola Eduardo: Me parece equivocado vincular mi motivo “principista” con -cierta imagen- de la ética de Kant. Obviamente los principios por los cuales actuamos nunca están desligados de una consideración honesta e informada de las consecuencias que esperamos. A lo mejor estás leyendo en ese punto más de lo que en realidad hay. Lo que tenía en mente era simplemente que más importa intentar realizar los cambios al “modelo” que la mayoría de la gente quiere al margen de si, digamos, la oposición lo termina impidiendo o si algunos inversionistas se asustan por un tiempo, o quién sabe qué otra cosa.
De esa forma, nuestro desacuerdo es bien pragmático, en realidad, aunque con algunas diferencias de principio. Hay un sector que cree que Toledo tenía que gobernar de derecha en el contexto de su primer gobierno, pero que si embargo ahora (¡por fin!) ya llegó la hora y las condiciones para la redistribución.
Ciertamente el primer gobierno de Toledo no fue desastroso, pero está inserto en la misma línea que el de Fujimori y el de García. En muchos aspectos, es lo que resulta más cómodo (para nosotros, obviamente no para los que menos tienen). Pensar que Toledo ahora sí se va a salir de esa línea y realizar los cambios que la gente clama me parece, la verdad, ingenuo. ¿Acaso Toledo, que ya ha demostrado que miente cuando le conviene, no tiene motivos para mentir nuevamente haciéndose pasar por más “de centro”? La respuesta es que sí los tiene: pues un plan de gobierno de derecha no te lleva a Palacio, sino veamos qué pasó con García. Y ahí mi motivo es menos principista que pragmático. No voy a votar por Toledo porque mienta y eso lo haga malo; sino porque está diciendo algo que no creo vaya a CUMPLIR.
No sé si has visto el documental Lucanamarca, donde Toledo le ofrece tantas cosas al pueblo de Lucanamarca, que verdaderamente ha sufrido tanto, y termina, por supuesto, sin cumplir nada de lo que prometió. ¿Es un hecho aislado? ¿O es más bien un modus operandi que observamos una y otra vez en su figura?
Ahora, Eduardo, no voy a ser tan “inocente” como para esperar que los políticos no nos mientan nin una sola vez. En ese caso mejor tiramos la toalla. Pero lo que veo es una excesiva tolerancia a las mentiras por parte de algunos. Y yo creo que ESO es funesto. Una predicción razonable de un nuevo gobierno de Toledo es que, como ya dijo, “no va a hacer NADA sin consultar las reglas de juego de la economía”, que la gente quiere cambiar en primer lugar! Y a lo mejor algunos van a creer ingenuamente que en realidad intentó, pero que “el contexto” no se lo permitió.
Otra diferencia fundamental es que, como lo dices, no te parecería malo que Toledo convoque nuevamente a alguien como PPK (¡o por qué no al mismo PPK!)… lo que me lleva a inferir que los cambios que esperas son bastante insignificantes.
El único motivo, en realidad, por el que voy a votar por Humala, es que a él sí le creo que vaya a hacer los cambios -por lo general- moderados y -algunos- radicales al “modelo” que la gente pide (aunque no le crea ciegamente, y si me da motivos para cambiar de opinión, no dudaré en hacerlo).
Saludos.
Martín, gracias por tu comentario, tenía la esperanza de que pudiéramos elaborar un poco más las ideas y también te agradezco que precises sobre varias cosas que yo he interpretado sobre tus argumentos donde puedo estar mal. Tomo algunos pasajes de tu respuesta y a su vez los comento.
“Lo que tenía en mente era simplemente que más importa intentar realizar los cambios al “modelo” que la mayoría de la gente quiere al margen de si, digamos, la oposición lo termina impidiendo o si algunos inversionistas se asustan por un tiempo, o quién sabe qué otra cosa.” Yo haría una salvedad aquí de si “lo que la gente quiere” es un modelo diferente, o si es, más bien, ser parte del modelo, de que el modelo se amplíe y tenga sitio para la mayoría. Creo que no tenemos que adivinar sobre esto, porque es precisamente lo que se verá reflejado en el resultado final – obviamente, en la misma dirección de mi voto, creo que se trata más bien de lo segundo, que sí requiere cambios estructurales importantes para ampliar la inclusión social, pero en realidad se maneja más o menos dentro de los mismos principios económicos generales. Allí también la relevancia de los inversionistas: no considero que sean sacrosantos, pero sí considero que los cambios tienen un costo que alguien tiene que pagar, y que el Estado no puede ni debe pagarlos todos. El trabajo conjunto con los inversionistas me parece clave, ciertamente no partir de satanizarlos. Al contrario, creo que uno de los roles importantes por jugar es incentivar la base de inversión desde dentro de la misma economía peruana.
Hay un sector que cree que Toledo tenía que gobernar de derecha en el contexto de su primer gobierno, pero que si embargo ahora (¡por fin!) ya llegó la hora y las condiciones para la redistribución.Una predicción razonable de un nuevo gobierno de Toledo es que, como ya dijo, “no va a hacer NADA sin consultar las reglas de juego de la economía”, que la gente quiere cambiar en primer lugar! Y a lo mejor algunos van a creer ingenuamente que en realidad intentó, pero que “el contexto” no se lo permitió. Efectivamente me parece una predicción razonable, pero la diferencia es que no me parece insensato. Me parece que sería tonto que un gobierno maneje la economía al margen del contexto, y no es que sea un creyente en la primacía de la autonomía económica por sobre todas las cosas. No prestar atención a las reglas de juego de la economía es alimentar burbujas que no dejan de tener un costo real, sino que la factura termina llegando después. En ese sentido prefiero un manejo de la economía que presta atención al contexto, a una politización de lo económico que cree economías ilusorias.
Otra diferencia fundamental es que, como lo dices, no te parecería malo que Toledo convoque nuevamente a alguien como PPK (¡o por qué no al mismo PPK!)… lo que me lleva a inferir que los cambios que esperas son bastante insignificantes. Hay dos afirmaciones muy diferentes aquí. La primera es cierta: no me sorprendería, como tampoco me molestaría, que convoque a alguien como PPK o al mismo PPK (opción a estas alturas políticamente inviable). De allí NO se desprenden dos cosas: primero, no se desprende que crea que sea lo único que pueda convocar. De hecho, no solo veo viable sino también deseable que muchas de las personas que apoyan o forman parte del humalismo pudieran también ser convocadas e integradas a un equipo de trabajo amplio (de hecho, muchos son ex-ministros de Toledo o estuvieron vinculado con su gobierno de alguna manera). Por ello mismo creo más en la capacidad de convocatoria diversa de Toledo que en la de cualquier otro candidato actual. Pero tampoco se desprende que, por lo mismo, los cambios que podría esperar son insignificantes. De hecho, creo que la magnitud de los cambios necesarios requieren de una capacidad de convocatoria más allá de los estrictamente partidario o ideológico, y precisamente por lo mismo es que esa capacidad de Toledo me parece deseable en un potencial gobierno.
El único motivo, en realidad, por el que voy a votar por Humala, es que a él sí le creo que vaya a hacer los cambios -por lo general- moderados y -algunos- radicales al “modelo” que la gente pide (aunque no le crea ciegamente, y si me da motivos para cambiar de opinión, no dudaré en hacerlo). Finalmente estamos de acuerdo en los objetivos, pero no en los medios (o los agentes). Creo que la probabilidad de que Toledo se acerque a estos objetivos es mayor que la que tiene Humala, aún cuando soy consciente de que, como en el pasado, muchas de sus propuestas no podrán ser realizadas. Así como uno puede decir, como lo haces, que Toledo es un mentiroso porque las cosas no se dieron como las prometió, no me parece que esto sea del todo exacto ni determinante. De entrada, porque no tiene en consideración muchas de las cosas que sí se dieron y los avances que sí se lograron. No creo que sea posible que un gobierno consiga todo lo que promete, precisamente en muchos casos debido a “el contexto” que tú consideras no debería jugar un factor aquí. No creo que Toledo sea algo así como una efigie moral, como tampoco creo que Humala lo sea, por supuesto. Pero en el gran esquema de las cosas, de nuevo, creo que Toledo tiene mejores probabilidades de llevar un buen gobierno que reduzca la pobreza a amplíe la inclusión social, que las que tiene Humala, que enfrentaría resistencias mucho más grandes que lo obligarían a radicalizar su discurso para poder sacar a delante medidas (es, quizás, injusto, pero fuertemente probable). Finalmente, al igual que tú, si me diera motivos para cambiar de opinión, tampoco dudaría en hacerlo).
De nuevo gracias por tu comentario y estoy seguro de que lo seguiremos discutiendo.
Gracias por tu respuesta. Como bien dices, parece que estamos de acuerdo en los objetivos, mas no en los medios. Aclararía respecto de tus primeros párrafos, primero, que según algunas encuestas que circularon hace unos meses (saqué la fino de aquí: http://blog.pucp.edu.pe/item/124192/el-modelo-neoliberal-en-el-candelero ), la mayoría de personas quiere cambios moderados o radicales al modelo. Por supuesto que eso no deja de ser ambiguo. ¿Un cambio radical sería una salto al comunismo? Obviamente no. Pero tal vez sí a eso que Félix Jiménez, por ejemplo, está llamando Economía Nacional de Mercado, y que en realidad no es algo TAN distinto (en lo absoluto opuesto a la inversión), aunque la prensa derechista nos quiera hacer creer lo contrario ( http://felixjimenez.blogspot.com/2011/02/entrevista-hacia-una-economia-nacional.html ). Probablemente no haya nadie que vaya a votar por PPK (sin duda exagero) que no crea -equivocadamente- que Humala es un Chávez que quiere estatizar.
Pero es verdad que tal vez me esté cerrando mucho a la posibilidad de que Toledo verdaderamente (ahora sí) quiera gobernar con la prioridad no en la macroeconomía, sino en la distribución justa de la riqueza (ojo que, como dije en el artículo que enlazas, no creo que ambos objetivos se opongan de por sí, pero sí creo que siempre se prioriza uno por sobre el otro, y el orden de las últimas décadas le da ciertamente prioridad al segundo objetivo, de lejos). Si sale elegido, esperaré que así sea, y estaré contento en haberme equivocado.
No obstante, no creo que así sea. Toledo, como ya dije, tiene motivos para mentir, de la misma forma que Alan tenía motivos para hacerse pasar de centro izquierda y traicionar de forma colosal el voto de la población. Una vez en Palacio, vislumbro a Toledo dándose cuenta, tras pelearla quizás unos meses, que lo más cómodo es el continuismo, quizás no de ultraderecha como fue el gobierno de Alan, pero sí al menos de derecha o centro derecha, como fue su primer gobierno. Lo veo tirando la toalla al año (y si bien no me gusta la dicotomía deontológico-consecuencialista, mis razones en ese punto se asemejan más a lo segundo que a lo primero).
En todo caso, me alegra participar en este tipo de discusiones (por más hígado que se haga), pues supongo estaremos de acuerdo en el deber cívico de explicarnos unos a otros, con razones, cuál es el mejor rumbo para el país, a leguas de distancia de aquella posición según la cual el voto es algo meramente individual, donde nadie le debe nada a nadie. Saludos.
Me parece excelente que se estén discutiendo estas cosas. Obviamente hay muchos temas al respecto, pero me gustaría abordar algunas cosas que se han dicho.
1. Con respecto a lo que Martín señala del “cambio de modelo” es cierto que existen cifras que respaldan esa opinión en gran parte de la ciudadanía, pero ello no se corresponde con el porcentaje de votos de Humala tiene en las encuestas. Esto podría implicar que muchas personas entienden los cambios de manera diferente, es decir, quizá piensan que los “cambios” pueden ser “ajustes” que otros candidatos podrían realizar de mejor manera. En pocas palabras, no se trata de pensar que “lo que la mayoría quiere” tiene un único significado o matiz.
En este punto concuerdo con Eduardo: “inclusión” podría leerse por algunos como algo que puede hacerse desde el sistema. Pero defiendo a Martín con la idea de que la “Economía nacional de mercado” no busca “satanizar” a los inversionistas. Lo que busca son condiciones justas que se dan en otros países que ni siquiera tienen gobiernos que llamaríamos de izquierda.
2. Sobre esta teleología de que primero hay que “crecer” y luego “redistribuir”, es cierto que se puede pensar que es un prejuicio cuestionable o pensar que la promesa de los liberales en economía de hacer esto es básicamente una creencia ingénua. Más allá de eso, podemos apelar a la imagen de Eduardo: es necesario que crezca la “torta” si se quiere repartir (hasta Marx, irónicamente, había pensado esto en textos de divulgación como el bello Manifiesto del Partido Comunista).
Acá me gusta el razonamiento de Eduardo: no tenemos que ser economicistas, pero tenemos que ser conscientes de que hay costos que deben contemplarse y que no podemos vender ilusiones si no son viables o sostenibles a largo plazo. Sin embargo, no creo que va en contra de lo que podría ser la propuesta de Humala (que suscribe Martín), necesariamente. Humala no tiene por qué gobernar como se gobierna en Venezuela. Yo personalmente no creo que lo haría (no tiene el petróleo
). Pero sí creo que en nuestro país la imagen de Venezuela es muy satanizada también. En la última entrega del Latinobarómetro nosotros ocupamos uno de los primeros puestos, sino el primero, en tener una opinión negativa de Chavez. Uruguay, que suele tener los índices más altos de democracia en América Latina es el primero en pensar que Chavez es algo bueno para la región. Como vemos, una vez más, la cosa es compleja.
3. Habría que definir qué es “la misma línea” en la que Martín asocia a Fujimori, Toledo y García. Asumo que se refiere a lo económico, pero esto no es suficiente. La manera como se garantizan, promueven y ejercen las libertades civiles y políticas en ambos regímenes es muy diferente. Yo pensaría que él “más democrático” en esto fue Toledo. Y la democracia liberal no es poca cosa. No te hace rico, eso es cierto, pero como solía decir Levitsky en sus clases, no te mata (en el caso extremos) por criticar al gobierno. Y eso es un logro político.
4. Sobre si los “planes de derecha” te llevan a palacio o no, creo que depende del conexto. No siempre la ciudadanía está más inclinada a la izquierda. Por lo menos en nuestro caso ello no parece ser así. Tenemos múltiples candidatos neoliberales y un único candidato que se afirma de izquierda. Y, sin embargo, no parece haber tal polarización ideológica. Recuerda que para la primera vuelta pasada Humala obtuvo más del 30%. Hoy está en 18%. En el Perú, predecir resultados es muy difícil por la volatilidad electoral, pero hasta el día de hoy la cosa no parece avalar esa tesis.
5. Decidir no votar por un candidato por ser “malo” o por no inspirar “confianza” me parecen razones igualmente válidas. De hecho en democracia vale votar por lo que a uno le dé la gana, lamentablemente. Si me gusta la canción, o me dan una bolsa de arroz, ¿por qué eso me haría “inferior” a ser un ciudadano ilustrado que se lee los planes de gobierno? No creo que la cuestión esté zanjada, solamente digo que es problemática. Sin embargo, yo comparto la razón de Martín: yo voto por alguien que me da confianza, por alguien que creo que podría decidir de manera razonable, en contextos específicos, más allá de lo que diga su plan o programa.
6. Me parece que por otro lado, Martín cae en una especie de “doble juego”. Por un lado trata de defenderse de la acusación de “ingenuo”, “principista”, etc. Diciendo lo anterior y sosteniendo que no se deben tolerar las mentiras. Sin embargo, luego pasa a volver a citar a Toledo diciendo que él YA HA DICHO que “no va a hacer nada”. Osea, a pesar de decirse pragmático, esta acción es un argumento contundente para no votar por él. Bajo este esquema, podríamos decir lo mismo de Humala (y ¡ojo que todavía no estoy defendiendo a un candidato, sino solamente aclarando algunos puntos!): tiene investigaciones por violaciones de Derechos Humanos, no queda claro de dónde ha recibido cierto financimiento y hace poco se mostro demasiado condesenciente con el mismísimo Cardenal. Es todo un izquierdista en materia económica, pero conservador en moral (y quién sabe si en política): es la máxima ironía de este país… los líderes de la izquierda y la derecha son conservadores en moral y política, pero no en política, solamente que por razones diferentes. Con estos ejemplos cómo defendería Martín a su candidato. Sabemos que Martín defiende tesis progresistas que podrían ir de la mano con la defensa de DDHH y con la crítica a los grupos religiosos más conservadores del país. En esta perspectiva ¿cómo se justifica o comprende a Humala? Porque él ni siquiera ha estado en el poder y ya busca estar bien con Cipriani. Martín podría decir que no hay evidencia o que ello no es razón suficiente para desmerecer a todo su equipo y proyecto… ¿por qué no podría decirse lo mismo de Toledo?
7. Lo que dice Eduardo sobre el “pluralismo” de Toledo es algo relativo que debe tomarse con pinzas. El contexto es diferente: cuando Toledo ganó no tenía suficientes cuadros técnicos para gobernar, es decir, tuvo también NECESIDAD de ser plural y de convocar. Asimismo, recordemos que sus gabinetes no han sido los más estables de los últimos años. Ahora Toledo tiene mucha más gente no es necesario que tenga que convocar a tanta gente diferente como antes.
Hasta aquí van mis observaciones de lo que se ha venido diciendo, por el momento.
Saludos a ambos,
Daniel, muchas gracias también por tu comentario. Aprovecho para responderte y a través tuyo también a algunas cosas de la segunda respuesta de Martín. Igual que antes, tomo algunos pasajes y les agrego mi propio comentario.
Leí el link que incluyó Martín para entender un poco mejor el asunto. Aquí, de entrada, creo que no es necesario ni tiene sentido especular o intentar adivinar: si lo que “la gente” quiere es ser incluida en el sistema, o un sistema formulado de manera diferente, será justamente lo que decidirán las elecciones.
Es curioso, sin embargo, el esfuerzo que pone el humalismo en dejar clara la idea de que en verdad NO es un modelo formulado de manera diferente, y garantizar seguridad y estabilidad al capital, sobre todo en los últimos días. Puede ser. La verdad, el modelo de la economía nacional de mercado no me suena, de por sí, descabellado, pero sí hay algunas cuestiones en él con las que no estaría de acuerdo. No me queda claro, por ejemplo, el grado de autonomía política del BCR (que me parece importantísimo para el crecimiento económico y la estabilidad financiera) y la relación del gobierno respecto a la flotación del tipo de cambio (esto a partir de la entrevista). Por otro lado, creo que la idea de fortalecer mercados internos es clave, y no me parece exclusividad del proyecto de Gana Perú. Sí creo que tenemos que atraer/recibir el capital extranjero a la par que se utiliza para abrir nuevos mercados, de una manera que no se ha hecho lo suficiente en los últimos años. Aunque el modelo de la economía nacional de mercado puede no satanizar las inversiones en su conjunto, sí me parece claro que jerarquiza las inversiones de manera diferente (abogando por un alejamiento del gran capital/capital extranjero) y que esto podría traducirse en barreras financieras que me parecen perjudiciales para la economía en su conjunto (por ejemplo, en términos de restricciones al movimiento de capitales hacia dentro y fuera del país).
Valga la aclaración que no creo que debamos tener un laissez-faire salvaje y aynrandista. Regulación y condiciones de juego bien establecidas, sí, totalmente de acuerdo, pero no de una manera que se convierta en una persecución hacia los instrumentos de financiamiento indispensables para la expansión económica interna.
De acuerdo. Tampoco creo que Fujimori, Toledo y García estén en el mismo eje. Una de las cosas que me parecen más rescatables del gobierno de Toledo es que hubo mucha mayor autonomía de la prensa y los medios. En eso hemos retrocedido con García. La democracia liberal no es el fin de la historia, y no es un modelo perfecto, pero me parece que, mal que bien, es lo mejor que tenemos por ahora. Y que ciertamente es mejor que nuestro escenario actual. Cuando tengamos algo mejor, lo cambiamos.
Personalmente, el tema del espectro ideológico en esta campaña me parece secundario, o terciario. Toledo empezó con una agenda socialmente liberal, luego flipflopeó, Humala ahora se acerca a la Iglesia y se opone a idea tradicionalmente izquierdistas. Creo que nos esforzamos demasiado por encajar a estos candidatos en cuadraditos ideológicos que simplemente no van. No me considero de derecha (tampoco de izquierda, la verdad), y pienso votar por Toledo y encuentro valor en propuestas de Humala. Izquierda y derecha tienen tanto significado como cuando Susana Villarán ganó las elecciones en Lima, osea, ninguno, y terminamos perdiendo el tiempo intentando que las cosas encajen dentro de fórmulas preestablecidas.
Creo que la clave para Martín es más bien la parte de no hacer nada “sin consultar con las reglas de la economía”. A él esto le parece mal, mientras que a mí me parece sensato: no creo que se deba avanzar con el plan al margen de las condiciones ambientales, sino por el contrario, reformular continuamente sobre la marcha en función a nueva información y nuevos contextos.
Es un buen punto, además de que ahora Toledo responde también a sus propias alianzas. De todos modos, por su posición en el espectro político creo que tiene mayor capacidad de convocatoria que Humala. Humala ha agrupado a una serie de personajes de la izquierda de ayer y hoy, y gente muy interesante, como Javier Diez Canseco, Sinesio López, etc. Eso está muy bien. Pero más allá de esta audiencia “core” de gente, su capacidad de convocatoria es muy limitada porque genera muchos anticuerpos con sectores que también son importantes. En otras palabras, confío más en la capacidad de Toledo de captar gente más diversa, que en la de Humala que está más bien limitado a un grupo “core” de figuras de línea política definida. ¿Es necesario, por tanto, que lo haga? No, pero la capacidad existe y los incentivos políticos, con el congreso que resultará de este proceso horrible, también.
Gracias a ambos, de nuevo, por sus comentarios. Y creo que es pertinente también agregar una nota: no es mi intención con esto persuadir ni disuadir a nadie, ni descalificar votos diferentes al mío por apoyarse en diferentes razones. Creo que eso es lo peor que le está pasando a la campaña, la actitud de “obviedad del voto”, como si sólo hubiera una alternativa posibles y los que no la ven son tontos, ignorantes o interesados (especialmente cierto de la fanaticada PPKista, que termina siendo insoportable por esto mismo). No creo que sea así, y creo más bien que lo más saludable es justamente la capacidad de encontrar puntos de encuentro y entender las divergencias de estas razones para que los próximos cinco años puedan ser efectivamente transformadores, y no cinco años de polarización obtusa.
Pingback: Curiosidades electorales | Mutaciones