La escuela ideal…

…probablemente ni siquiera es una escuela.

Caterina Fake escribe sobre un incidente en el que un profesor universitario descubrió a más de un tercio de su clase plagiando en un examen. Es indignante, pero no sorprendente: por un helado, porque hayan tenido la intención; por otro lado, porque el examen haya permitido que algo así ocurra. En realidad, gran parte del problema está del lado de que la educación, industrialmente hablando, no penaliza y quizás hasta recompensa que algo así ocurra: preguntas fáciles de corregir en masa engendran respuestas fácil de formular en masa, y por lo tanto, fáciles de plagiar también.

Conforme la situación se agrava, con más alumnos en cada clase, con menos profesores, con más información que debe ser procesada, con mayores desafíos en la época, la cosa solamente puede ponerse peor. De modo que de manera casi inevitable la escuela, en cualquiera de sus formas o niveles, terminan por dejar de cumplir sus funciones anticipadas en nuestras sociedades, y empezamos a perderle la fe. En otro artículo señala también Fake:

College works on the factory model, and is in many ways not suited to training entrepreneurs. You put in a student and out comes a scholar.

Entrepreneurship works on the apprenticeship model. The best way to learn how to be an entrepreneur is to start a company, and seek the advice of a successful entrepreneur in the area in which you are interested. Or work at a startup for a few years to learn the ropes.

Cuestionaría aquí su noción de “scholar”, o en todo caso al menos señalaría que pareciera que su concepción de “scholar” viene de entrada completamente desacreditada (y es algo que más bien habría que desempacar con cuidado). Como también creo que habría que elaborar aquí con mayor cuidado la manera como los emprendedores aportan al crecimiento de una sociedad.

Pero mi punto va, más bien, hacia cómo imaginamos una forma más deseable de modelo educativo, y al valor que Fake le otorga al modelo aprendiz/mentor – o mejor aún, padawan/maestro. Aunque no es un modelo que hayamos desaparecido, es ciertamente uno que hemos despriorizado a favor de modelos industriales donde menos educadores puedan brindar más educación a más educandos – pero no necesariamente por eso el aprendizaje brindado es mejor, simplemente más fácil de proveer y distribuir. En el modelo de la educación universal es claramente lo que tiene mayor sentido, pues es inviable pensar que a gran escala podría mantenerse esa misma vinculación personal entre maestros y padawans.

¿O lo es? Quizás sea algo que hemos dejado de lado demasiado, y que deberíamos buscar la manera de recuperar. Porque es, además, la contraparte que sabemos que la educación industrial es incapaz de proveer, por su misma concepción. Pero podemos imaginar, por ejemplo, escuelas ideales donde los alumnos trabajan en grupos pequeños de aprendizaje, en relaciones cercanas con maestros que los orientan brindándoles más que solamente información.

Que son escuelas, además, donde los alumnos aprenden a experimentar, y adquieren también la capacidad para desafiar al maestro, para ayudarlo a él mismo a aprender. El problema es que para los que nos hemos dedicado en alguna medida a enseñar, a pesar de que reconocemos el valor real y tangible de pensar en estas cosas, reconocemos también la dificultad de efectivamente implementarlas. Cuando uno le enseña a un grupo de 40 o 60 personas, la idea de corregir exámenes es tortuosa por lo menos. Todos los incentivos son negativos: el examen se estructura para ser lo más fácil posible de corregir, los alumnos por tanto brindan lo menos de sí para responder a una prueba que no está pensada para permitirles explorar lo que han aprendido. Todos pierden.

Quizás con la cantidad y el tipo de recursos que tenemos disponibles hoy día, organizar y articular los esfuerzos para conseguir modelos de este tipo debería ser un poco más fácil. Las herramientas están ahí, en realidad, sean de software, hardware, metodológicas, o lo que fuera, lo único que falta son los usos creativos y los incentivos adecuados para conseguir que se implementen a escalas mucho más grandes.

¿Qué significa armar un curso en la época actual? Definitivamente más que preparar un syllabus y armar una bibliografía. Es quizás dedicarse a mantener un blog o un wiki, un canal de “soporte” virtual permanente, foros de discusión, espacios fuera del aula para trabajos y experimentos en grupo, etc. El esfuerzo real requerido para hacer las cosas bien es mucho mayor, pero, ¿ese trabajo extra es reconocido? ¿Las horas extra invertidas son pagadas, recompensadas de alguna manera? Lo más probable es que no, y que por lo mismo, aún siendo deseable, encontremos que no son muchos los que pueden darse, en este caso, el “lujo” de hacer de esta manera las cosas.

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