Dos cosas que no son ciertas

Hay dos lugares comunes que me desesperan y que suelen aparecer recurrentemente, sobre todo cuando se discute sobre regulaciones y distribuciones.

El mercado es siempre la mejor solución

Desde un espectro de lo político, la creencia, que me parece desprovista de fundamento empírico, de que en todos los casos, o incluso en casi todos los casos, un mercado libre de competidores privados asignando valores en función a lo que el mercado de consumidores libres está dispuesto a pagar, es la mejor solución para la distribución de un problema. En otras palabras: siempre es mejor dejar que entren los privados y la cosa se resuelva en función a la oferta y la demanda.

Pero hay, principalmente, dos razones por la cuales esto no cuaja. La primera es que ello quiere decir que allí donde el mercado no tenga suficientes incentivos económicos para alguna actividad, esta actividad simplemente no sucede – piensen por ejemplo en el financiamiento de la investigación en filosofía. La segunda es que hay ciertas actividades y ciertos rubros donde la libre competencia o no funciona (por ejemplo, por la consolidación de los actores) o porque, en todo caso, no funciona a favor del consumidor final allí donde sí debería – como por ejemplo en ámbitos como la salud o la educación.

El mercado nunca es la mejor solución

Desde el otro espectro de lo político, la idea de que tenemos que sacar a los mercados de todas las actividades, pues los incentivos privados siempre se encuentran en contra de los consumidores. La solución en estos casos termina por ser algo así como esperar que algún tipo de regulador externo se encargue de regular una actividad o una forma de producción – puede pensarse, frecuentemente, en el Estado, o en sus formulaciones más abstractas como “la sociedad se encargará de regular la producción”.

Tampoco me parece que esto sea cierto. No porque los mercados sean intrínsecamente perfectos (como acabo de decir arriba), sino porque de hecho los mercados parecen ser mecanismos muy efectivos para conectar productores y consumidores en torno a una enorme cantidad de productos y servicios. Y aunque es cierto que soluciones basadas en mercados libres no son siempre la mejor solución, sí son una excelente, quizás la mejor, alternativa para un enorme conjunto de actividades donde efectivamente consiguen una mejor distribución de los bienes y de los valores.

Finalmente mi punto es, simplemente, que no deberíamos tener que escoger entre una u otra opción. Perfecto, a veces los mercados son la mejor idea, a veces no lo son y debemos buscar otros modelos, y múltiples modelos deberían ser capaces de convivir (competir, coexistir) entre sí sin que toda actividad deba verse subsumida bajo una u otra idea.