¿Para qué ir a la universidad?

Pregunta abierta. Pregunta horrible. ¿Para qué va uno a la universidad? Es horrible porque esconde la posibilidad de que uno no sepa bien por qué lo hace (o por qué lo hizo).

Pero, me parece, una pregunta legítima, porque no es tan claro. Porque no es suficiente decir que uno va para aprender, porque, razonablemente, uno podría hacer eso en otra parte. ¿Se trata de adquirir conocimiento? Eso era un requerimiento necesario cuando el conocimiento y la información estaban circunscritos a ciertas instituciones que se dedicaban a cultivarlo y transmitirlo. Cuando una universidad es el único canal viable a través del cual adquirir un conjunto de habilidades y conocimientos, pues tiene todo el sentido del mundo que uno vaya allí para eso.

¿Qué ocurre si deja de serlo? ¿Si, más bien, la información se vuelve un commodity? La pregunta es relevante porque ir a la universidad significa una enorme inversión en tiempo y recursos materiales – no solamente por el costo que uno paga, sino por el costo de lo que uno deja de ganar si se dedicara a cualquier otra cosa. ¿Qué justifica la inversión? Solemos decir o pensar que sólo con una carrera universitaria uno puede tener acceso mejores oportunidades laborales y profesionales – lo cual de entrada parece justo, pues uno dedica una mayor inversión esperando un mayor retorno. ¿Pero qué justifica ese mayor retorno, si el conocimiento puedo adquirirlo en otro lado?

Tomar, por ejemplo, una carrera de filosofía – el único ejemplo que propiamente conozco, y que además se presta bien a mi punto porque lo principal que se intercambia durante muchos años es información. Asumiendo que uno tiene acceso a ciertos recursos, todo el contenido de una carrera de filosofía puede conseguirlo en un lugar que no es una universidad. Los textos que se leen pueden conseguirse en librerías, en la web, o incluso pueden facilitarse reproduciéndolos de bibliotecas. La currícula, la selección discriminada de cosas que uno debería enfocar o revisar, puede conseguirse también en línea: puedo, por ejemplo, ver el plan de estudios de las carreras de filosofía de las mejores universidades y seguirlo por mi cuenta, o utilizar plataformas como el OpenCourseware del MIT para utilizar los materiales en línea, libremente disponibles, de sus cursos de filosofía.

Inmediatamente surgen tres objeciones posibles. La primera es que bajo este utopismo autodidacta, uno no tiene acceso a uno de los principales recursos de valor en una formación universitaria: los profesores. Totalmente cierto. Sin embargo, a uno no le es negado del todo este acceso. De hecho, es mi experiencia personal que cuando uno intenta contactar profesores, aún cuando no sean de la universidad o incluso del mismo país, suele recibir respuestas favorables de gente dispuesta a ayudarlo a uno con sus dudas y preguntas, ofreciendo recomendaciones y sugerencias y dispuestas a mantener una discusión sobre el tema. No ocurre siempre, y ciertamente no digo que esto sea un sustituto, pero se tiene cierto grado de acceso a este importantísimo recurso. De hecho, frente a este argumento uno podría preguntarse si es, entonces, válido involucrarse en toda la inversión que significa una carrera universitaria de cinco años, o si no podría, más bien, vincularse de manera particular con un profesor, de la misma formación (incluso de la misma universidad), por una inversión mucho menor pero para un intercambio mucho más personalizado (de nuevo, regreso a la pregunta por lo que uno está pagando cuando invierte en una formación universitaria).

La segunda objeción es que mucha gente no tiene la facilidad para seguir este tipo de planes de estudios por su cuenta, y participa de la formalidad que ofrece una universidad lo obliga a seguir cierta estructura, cumplir con requerimientos, presentar exámenes y trabajos y recibir notas. La universidad en este sentido es entendida como orden y seguimiento del estudiante. Pero, ¿es por eso por lo que uno invierte? Y si así lo hiciera, ¿consideraría justificada la inversión? En todo caso, podemos decir que mientras exista este público -que probablemente lo haga siempre, porque todos lo necesitamos en alguna medida- la universidad tiene garantizado un público objetivo. Pero creo que cabe preguntarnos si para eso tenemos universidades.

La tercera objeción posible me parece la más determinante, hablando desde mi experiencia personal. Se trata de que la experiencia universitaria es más que la simple transferencia de conocimiento – al menos, más que su transferencia en sentido estrictamente formal. En otras palabras, el acceso a las personas con las que uno estudia, al mismo tiempo y en el mismo lugar, con las que discute, hace preguntas, colabora, se burla de la vida, comparte traumas y demás cosas, es probablemente lo más valioso del entorno universitario. Es quizás en ese contexto donde, al menos como yo lo veo, uno puede tener las conversaciones más gratificantes y las discusiones que realmente lo llevan a uno a descubrir las cosas que uno mismo piensa y quiere hacer (que no siempre suele coincidir, y no debería, con lo que los profesores piensan y quieren que uno haga). Pero si me amparo en que esto es, quizás, lo más irreemplazable (no por eso lo único) de la experiencia universitaria, entonces quizás el significado de ir a la universidad no sea propiamente adquirir conocimiento, pues eso lo puede hacer uno de muchas maneras cuando el acceso a la información se ve simplificado.

¿Entonces para qué vamos? ¿Para interactuar? ¿No podemos pensar en maneras más eficientes, en términos económicos, de generar esas interacciones a través de diferentes tipos de redes de aprendizaje y de intercambio de conocimiento?

¿Y por qué le hemos dado tanto valor a esta formación? Cuando, además, suele ser el caso que uno sale al mundo real y se encuentra con que de todo lo que aprendió, una enorme parte no se aplica, y otra enorme parte uno sólo puede realmente aprenderla experiencialmente. ¿Por qué no nos dedicamos a adquirir ese conocimiento experiencial desde mucho antes?

Permítanme aclarar que soy el primero en considerar que ir a la universidad es una experiencia valiosa (pero mi juicio al respecto está obviamente parcializado). Pero creo, al mismo tiempo, que no sabemos bien por qué vamos, o qué queremos sacar de ello, o qué hacemos allí. Las cosas funcionan más o menos porque así han funcionado siempre, a pesar de que el mundo fuera de las universidades se mueve por completo a otro ritmo. Quizás sea el caso de que uno no pueda plenamente reemplazar una educación universitaria con una conexión a la web y un enlace directo a Wikipedia. De hecho, creo que ése es el caso. Mi pregunta va en otra dirección: si hay una porción que de hecho se puede reemplazar, ¿cuál es el valor del saldo, del valor agregado que resta? Ese valor agregado, ¿justifica la inversión que de hecho hacemos, o deberíamos tener otras expectativas de ese espacio para que la inversión sea realmente justificada? Si no vamos para lo que creemos que vamos, sino que vamos por otra cosa, ¿no deberíamos estar reconsiderando el valor de la inversión que hacemos?

6 thoughts on “¿Para qué ir a la universidad?

  1. Hola Eduardo
    Buen post. Al igual que tú, a mí también me interesan las reflexiones sobre la educación y las instituciónes universitarias. Creo que hay varias ideas interesantes que se pueden ir discutiendo.

    Por el momento (por una cuestión de tiempo), quería señalar dos cosas frente a lo que dices:

    1. En la primera objeción que señalas me parece que no debemos dejar de reslatar el que el acceso a los recursos de internet que mencioas no es tan universal ni accesible, por lo menos en el tercer mundo. Sé que siempre hago esa observación cuando conversamos de estas cosas, sé que no es algo nada difìcil de observar y sé que eres consciente de ese punto. Solamente quería mencionarlo para hacer un matiz con respecto a (a) usar internet y no ir a la universidad y (b) ser un autodidacta y no ir a la universidad.

    2. (b) me lleva a la segunda observación: los autodidactas. Siempre sentimos interés y fascinación por esos seres humanos que aprendieron por sí mismos. En nuestro medio, Mariátegui es un caso excepcional. Y creo que ese adjetivo es la palabra clave aquí: la excepción. No sé hasta que punto pueda llegar a ser una norma el ser autodidacta. Realmente suena bastante improbable (lo cual no implica que no sea posible). En relación a esto creo que señalaría algo que la institución universitaria hacer: garantiza. La universidad garantiza que sabes algo porque te da un título, el Estado reconoce eso y la sociedad también. Digamos que es, en buena medida, nuestro garante epistemológico para el mundo laboral o nuestro gran Otro, sujeto supuesto saber y demás palabras análogas.

    Creo que ello debe parecer razonable. Las referencias, vínculos, nexos, relaciones, networking y demás cosas son muy importantes y los sabemos. Creo que una universidad tiene un valor agregado en ello. Obviamente no garanbtiza el 100% de nada, pero creo que pone los odds a tu favor. Asumo que si quieres ser un abogado en Perú, un primer filtro es dónde estudiaste y creo que ello implica en buena medida quién garantiza lo que sabes. Ahora, siempre hay egresados malos, pero si son la excepción (¡como los autodidactas), entonces la universidad está a salvo. No por nada es de sentido común que el prestigio de una universidad lo hacen sus egresados. Creo que la imagen de pagar por un cartón que le promete al Estado y a la sociedad que sabes un par de trucos para ganarte la vida no sería muy desatinada.

    En todo caso, críticar la universidad y buscar aprovechar más lo que tu llamas su “valor agregado” creo que tiene todo el sentido del mundo.

    Seguimos conversando,

    • Daniel, te respondo rápidamente ambos puntos que por supuesto ameritan mayor discusión luego.

      Para lo primero, es totalmente cierto. Por eso hago la salvedad de que asumo el acceso a ciertos recursos. En general, estoy asumiendo cómo debería uno invertir mejor sus recursos – supongamos, por ejemplo, que ambos caminos me llevan a adquirir el mismo conocimiento X, ¿cuál sería una mejor inversión? ¿Comprarme una computadora y pagar mi cuenta mensual de Internet, o pagar cinco años de formación universitaria con todos los costos adicionales? Asumiendo que ambos caminos generen el mismo resultado (algo de entrada discutible), sería lógico asumir que optaría por la opción más económicamente eficiente.

      Sobre el tema de la garantía, mi argumento es precisamente ése: si la principal función social que cumple la universidad es brindar esta garantía, ¿no hay maneras más eficientes y funcionales que podrías usar para crear estas garantías? Por inventarme un ejemplo – imaginemos que no hay facultades de filosofía, todos estudiamos por nuestra cuenta como mejor nos parezca, y cuando nos parezca pertinente, optamos por dar un examen de grado o lo que fuera, peer-reviewed por otras personas de la profesión y todo eso. Los que aprueban reciben el grado académico y son rankeados según su desempeño en el examen. El costo total invertido en un mecanismo así es, probablemente, menor que el de mantener una universidad, y cumple la misma función social en términos de brindar garantías.

      No digo que reemplacemos las universidades por algo así. Sólo digo que, una vez que decimos que la función social de la universidad se ha vuelto la de sellar el cartón, entonces deberíamos preguntarnos si no hay mejores maneras para hacer eso también.

      Creo que tienes razón también al señalar que los autodidactas son casos excepcionales, pero esto es también en el contexto en que sólo hemos aprendido a aprender (o a valorar lo aprendido) dentro de contextos de educación formal y sistemática. Nunca nos han enseñado a ser autodidactas, así que no la tenemos a nuestro favor. Aún así, quiero imaginar una universidad cuya función sea más que solamente ponerte deadlines y decirte qué lecturas debes leer. Aquí, también, podríamos imaginar mecanismo más eficientes para eso – por seguir especulando un poco, digamos que me pagas la cuarta parte de lo que te cuesta la universidad, y yo me encargo de darte un seguimiento personalizado sobre tu formación, evaluarte periódicamente como una suerte de coaching. El valor para tu aprendizaje personal probablemente sería mayor.

      Gracias por los comentarios. :)

  2. Hola Eduardo, yo estudio filosofía. Creo que si bien es cierto que en la facultad puedan haber compañeros con motivaciones muy distintas a las nuestra hay un interés de todos en común: la filosofía. Del diálogo se aprende a ver desde otra perspectiva y entendiendo lo heterodoxas que pueden ser las facultades de filosofía creo que de todos se puede sacar algo valioso.

    Recuerdo que cuando estaba en la cola para presentar los documentos para el examen de admisión la encargada le dijo al alumno que estaba delante mío: “¿Derecho, te gusta leer?, el alumno respondió que no pero que prefería eso a las matemáticas”. Me sorprendió la respuesta pero entiendo que hay muchas personas que no van a la universidad por una real motivación personal sino por una presión familiar y social o una búsqueda de estatus.

    La universidad y su relación con la legitimización me parece interesante en tiempos de se cuestiona a todo tipo de autoridad, ¿cómo se legitima la universidad? El hecho que temas considerados marginales para la “academia” occidental como el feminismo, la queer theory o incluso el budismo hoy sean discutidos incluso fuera de las aulas me parece el reflejo de que la universidad no es el único lugar para el diálogo y la reflexión.

    Yo había escrito sobre el tema hace algunas semanas y he visto que algunos otros miembros de la comunidad blogger – filosófica peruana también habían posteado al respecto. Creo que este tema da para mucho en especial la relación entre la universidad y la enseñanza de la filosofía.

    Saludos

  3. Pingback: El desafío cultural: Marshall McLuhan frente al cambio tecnológico « Castor Ex Machina

  4. En primer lugar me presento un poco, para que vea usted mi posición, Salí de bachiller y fue a FP II desarrollo de aplicaciones informáticas.

    Yo antes incluso de hacer bachiller ya empezaba a programar, aprendí de un modo autodidacta como tú dices, un día un tutorial otro un video tutorial, al final acabas comprándote un libro de bolsillo después el libro oficial de 500 páginas.. Así.

    El conocimiento es poder, y por supuesto creo que deberíamos de tener un acceso aun más directo a él.

    Realmente, el ejemplo de la carrera de filosofía es algo anecdótico ya que yo creo que en filosofía, os deberían enseñar a pensar, a reflexionar sobre el mundo, a estudiar el pensamiento profundo de la sociedad, a comprender al hombre, al mundo, la naturaleza. Dejando atrás las historias de platón y demás.
    Pero esto nunca pasara porque el hombre no tiene que pensar, debe de seguir entendiendo que tal y como funciona el mundo está bien, que no existe mejor método inventado, esa la solución, anular la creación de nuevos pensamientos, repitiendo y aprendiendo anteriores borrando opción alguna a las nuevas ideas, ya que inconscientemente damos por buenas estas.

    Porque en realidad, mi idea es que cuando salís de la universidad sabéis como pensaban los hombre de hace mucho tiempo y la verdad solo conozco una empresa importante que busca filósofos IBM (No me preguntes el porqué…).

    Claro la salida de esta carrera es casi nula, y después del esfuerzo porque aun que no tengo carrera sé, que las cosas cuestan… etc. Pues son 5 años que cuesta rentabilizar, en este mundo.
    Consejo: aprender ingles y volar a otro país donde la filosofia se valore más.

    Porque el mundo hace lo que hace……?

    Lo siento solo soy un programador.

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