Nunca se dice suficiente sobre el espacio público

Estoy pasando unos días en Ciudad de México, pero inevitablemente sigo conectado a las noticias peruanas vía el buen Google Reader. Es inevitable que uno empiece a pensar en contrastes, similitudes, semejanzas y diferencias. Lo que más me ha preocupado en los últimos días es esta tendencia preocupante de parte de nuestro querido gobierno de eliminar cualquier noción de lo público en el Perú. Es curioso, no sé, definitivamente no puedo decir que conozco el caso mexicano, pero en la puerta veo un gran paseo en el centro de una avenida que se prolonga hasta el horizonte y conecta con otros tantos similares, y en él encuentro un mercadito, puestos de venta, una feria del libro, árboles, fuentes. Muy bonito para pasear.

Todo este asunto de vender terrenos del Estado, de remodelar la Costa Verde, de destruir nuestras avenidas, en fin. Todo encaja dentro de una lógica bastante perversa, que es la lógica de que todos los espacios en el Perú pasan poco a poco a ser espacios privados. Más aún: muchos de estos espacios pasan a ser espacios mediados por el consumo. Lima nunca ha sido un lugar lleno de espacios públicos, espacios donde poder estar – pero si uno quiere, por ejemplo, sentarse cómodamente a conversar con amigos, pues tiene que ir a un café, un restaurante, algo así, un lugar en el cual tiene que directa o indirectamente pagar para poder permanecer.

El problema de no tener espacios públicos es que eso genera que no haya un discurso público. Todo tipo de discurso, reflexión, conversación termina ocurriendo en espacios privados: en ámbitos cerrados, donde no está bajo la atención del público. Quizás esto termina también reforzando la idea de puertas cerradas que tanto tiene que ver con el problema de la corrupción. Simplemente no desarrollamos una costumbres de sacar las cosas a la calle, porque la calle no es un lugar en el que somos bienvenidos ni que entendemos como propio, como apropiable. La calle no es de nadie, o es del Estado, pero el estado es Otro, es ajeno, porque el Estado tampoco es público, el Estado es del gobierno, de los políticos. La lógica termina replicándose a través de todo el aparato, y soy de la idea de que empieza desde las cuestiones más simples y termina replicándose hacia arriba.

Entonces, ahora se venden ministerios y se privatizan espacios públicos y se perjudican funciones fundamentales del Estado como si fuera una cuestión normal. Maximizar el valor de los bienes del Estado, se dice. Pero el Estado no está ahí para maximizar nada. Osea, claro, el Estado tiene que ser eficiente en el gasto y en su gestión, tener objetivos claros y cumplirlos de manera efectiva. Pero no es una empresa y no tiene por qué ser administrado como una empresa. El Estado no es una entidad privada. Por eso tenemos parques: claro, podríamos privatizarlos todos y construir miles de edificios, pero la vida sería horrible, rodeados de edificios. Esos mismos edificios no valdrían nada.

Soy de la nada modesta y sumamente abstracta y desiderativa idea de que el Estado debería ser algo así como el espacio que se asegurade que seamos felices. Por supuesto que es una idea idiota e irrealizable, pero me sirve como un horizonte regulativo: pienso en los espacios públicos, en el Estado, como si estuvieran al servicio de hacer a la población más feliz. No diciéndoles como deben ser felices, pero brindando las posibilidades y las herramientas para que cada uno pueda más o menos encontrar su manera de ser feliz, y sea capaz de publicarla y compartirla.

Preservar espacios públicos obedece a esa lógica: son espacios de intercambio, de formación de ideas, donde pueden surgir desde nuevas empresas hasta nuevos sistemas políticos. Por eso la idea del espacio público es peligrosa, subversiva, y termina siendo perseguida y eliminada: allí donde los haya habrá también la posibilidad de un espacio cuyo uso no está plenamente regulado y reglamentado – surge la disidencia, el librepensamiento, cuestiones que son peligrosas y problemáticas para los gobiernos de turno y para intereses económicos. De allí que tenga todo el sentido que esos intereses económicos y gobiernos de turno hagan un esfuerzo especial por neutralizar la posibilidad de que un espacio público bien nutrido cobre forma.

Yo estaré entre los primeros en decir que Internet y la web son un espacio público potencial gigantesco – y es cierto, pero sigue siendo un espacio en gran medida privado, y sumamente regulado. Lo será algún día, lo es para mucho, pero por su potencial y relevancia no le quitemos tampoco la importancia a espacios públicos que sean propiamente espaciales: espacios por los que uno pueda caminar. Porque no sólo no los tomamos mucho en cuenta, sino que mientras no lo hacemos, hay todo un aparato dedicado a hacernos pensar que no debemos necesitarlos y que debemos eliminarlos. Freedom is Slavery. Ignorance is Strength.

4 thoughts on “Nunca se dice suficiente sobre el espacio público

  1. Hola, he pasado de visita a tu blog y me ha parecido interesante. Bienvenido a México. Conozco también tu país y encuentro una infinidad de similitudes. La historia común es inmensa. Saludos.

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