Una lectura computacional del Informe Final de la CVR, 2

Siguiendo en la línea de mi post anterior, algunas muestras más generadas por el código que tengo y el tipo de preguntas o narrativas que se pueden generar cuando se examinan. En el caso anterior, a manera de ejemplo generé mapeos simples de términos como “PCP-SL” o “MRTA” en el documento de la cronología de eventos que está incluido en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Aunque son interesantes, no son terriblemente profundos.

Pero también podemos hacer otros tipos de mapeos. Por ejemplo, si queremos hacer un poco de historia política reciente, podemos mapear búsquedas de los principales personajes de la historia política durante el periodo de violencia interna en el Perú entre 1978 y el año 2000. A manera de ejemplo, estos son los resultados de mapear en el documento la incidencia de los nombres de presidentes peruanos en este periodo (Belaúnde, García, Fujimori, Paniagua, Toledo), a lo largo del mismo periodo. Mayor o menor frecuencia puede indicar mayor o menor participación en la vida política a lo largo de este periodo, al menos en lo que refiere a lo documentado por la CVR.

Belaúnde:

1978: ##1
1979: ##1
1980: ###################################12
1981: #######################8
1982: ############################################15
1983: ##################################################17
1984: #########################################14
1985: ##1
1986: ##1
1987: ##1
1988: ########3
1989: ##1
1990: ##1
1991: ##1
1992: ##1
1993: ########3
1994: ##1
1995: 0
1996: ##1
1997: 0
1998: ##1
1999: #####2
2000: #################6

García (el término es problemático por ser un apellido bastante común, se presta a usos potencialmente ambiguos):

1978: #1
1979: ###2
1980: 0
1981: #1
1982: ###2
1983: ########5
1984: ########5
1985: #####################################22
1986: ##################################################29
1987: ####################12
1988: #####################################22
1989: ##################################################29
1990: ####################12
1991: ######4
1992: ###############9
1993: ###2
1994: #############8
1995: ########5
1996: ###2
1997: #1
1998: #1
1999: ######4
2000: ########5

Fujimori:

1978: 0
1979: 0
1980: 0
1981: 0
1982: 0
1983: 0
1984: 0
1985: 0
1986: 0
1987: 0
1988: 0
1989: 1
1990: ########################42
1991: ######################38
1992: ###############################54
1993: ##############################52
1994: ###############################55
1995: ################################56
1996: #########################43
1997: ##########################46
1998: ##############25
1999: #############################51
2000: ##################################################86

Paniagua:

1978: 0
1979: 0
1980: 0
1981: 0
1982: ##########1
1983: 0
1984: ##########1
1985: 0
1986: 0
1987: 0
1988: 0
1989: 0
1990: 0
1991: 0
1992: 0
1993: 0
1994: 0
1995: 0
1996: 0
1997: 0
1998: 0
1999: 0
2000: ##################################################5

Toledo:

1978: 0
1979: 0
1980: 0
1981: 0
1982: 0
1983: 0
1984: 0
1985: 0
1986: 0
1987: 0
1988: 0
1989: #####2
1990: 0
1991: 0
1992: 0
1993: 0
1994: #######################8
1995: ########3
1996: 0
1997: 0
1998: 0
1999: #####2
2000: ##################################################17

Cuando vemos los mapeos en comparación, ¿qué tipo de observaciones podemos hacer? Primero que nada, podemos ver que las “estelas” de Belaúnde y García son más extensas que las de los demás. Como podríamos anticipar, Fujimori no existe antes del 89: la data no hace sino validar su categoría de “outsider” al sistema política partidario, y su incremento abrupto y marcado en los años subsiguiente coincide con el descenso en la frecuencia de los demás nombres – coincidente con el desmantelamiento de la clase política tradicional que operó el fujimorismo. Paniagua tiene un rol menor en los ochentas y luego virtualmente desaparece hasta la transición del 2000, mientras que Toledo registra solamente en periodos electorales (1995 y 2000).

En realidad estos cuadros no muestran nada que no sepamos ya – de hecho, a muchas de estas observaciones sólo podemos llegar porque ya sabemos muchas de estas cosas, y apenas comparamos nuestro conocimiento con lo que muestra la data. Lo interesante está, creo, en que la data, sin haber sido diseñado para eso (o para siquiera ser considerada como data) efectivamente valida estos patrones. Si no supiéramos varias de las cosas que ya sabemos, y trabajáramos con documentos menos estructurados, un análisis de este tipo nos mostraría tendencias para poder volver sobre estos vacíos y patrones y examinar en detalle por qué se dan discrepancias o se generan tendencias.

En este caso los ejemplos nos sirven más bien para validar que la herramienta efectivamente arroja datos válidos y por extensión, potencialmente interesantes. Si nos mostrara patrones que no tienen mayor sentido, alrededor de los no podemos construir una narrativa coherente, entonces pensaríamos o que el algoritmo está mal diseñado o que mi capacidad de programación es muy pobre. Felizmente, parece que ambas cosas no son (totalmente) ciertas porque de hecho tenemos resultados en apariencia válidos, con lo cual podemos seguir buscando nuevas cadenas y combinaciones y comparaciones que nos empiecen a insinuar cosas que no sabemos.

Con lo cual vale la pena mencionar algo más sobre el código: por ahora, a lo mucho hay una o dos funciones interesantes y una capacidad muy pobre de representación gráfica. Pero espero ir ampliando esto con el tiempo para darle mayor utilidad. Por lo cual cualquier feedback me sirve para ir pensando en maneras cómo se pueden generar interrogaciones sistemáticas extendiendo el código. Una de las primeras cosas que quiero agregar, además, es la capacidad para generar mejores gráficos que reflejen con mayor claridad los patrones, y quizás incluso con la capacidad de comparar múltiples resultados al mismo tiempo (por ejemplo, la data presentada arriba sería mucho más útil comparada lado a lado que como cinco gráficos separados). También quiero buscar la manera de hacer búsquedas por colocaciones (bigramas, trigramas o enegramas) para poder buscar nombres completos, nombres de organizaciones e instituciones.

Una lectura computacional del Informe Final de la CVR

He estado trabajando últimamente en un proyecto que involucra el uso de procedimientos computacionales para el análisis de datos, trabajando en el desarrollo de programas en Python para catalogar y analizar datos o para procesar textos en busca de patrones. Una de las cosas interesantes que ha salido de esto es un trabajo a partir del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación peruana, que además este año cumple diez años de haber sido publicado. El Informe Final es un esfuerzo masivo de investigación que involucró a un equipo enorme trabajando a través del Perú durante varios años, y es quizás el documento más comprehensivo de nuestra historia reciente sobre nuestra historia reciente. Se trata de nueve tomos más sus anexos, para un total de, si mal no recuerdo, alrededor de ocho mil páginas.

Por ello mismo, es sumamente difícil poder leerlo todo – a pesar de que lo he intentado varias veces, nunca lo he logrado. Existe Hatun Willakuy, la versión abreviada del IF en un solo volumen, pero obviamente no tiene la misma densidad y profundidad de información. De modo que se me ocurrió que el texto mismo del informe podría prestarse para una forma de lectura lejana (lo opuesto a una lectura cercana) donde el texto es tomado como la base de un análisis computacional que procesa el texto en busca de patrones significativos. Esto es totalmente un experimento, pero la idea del experimento es realizar este tipo de lecturas no con la intención de que un algoritmo agote el significado del texto, sino de que podamos utilizar un algoritmo para alzar preguntas y exponer áreas de interrogación que quizás no hubiéramos considerado antes. Esta aclaración es importante porque este tipo de herramientas de análisis basadas en computación o métodos en el ámbito de las humanidades digitales son suficientemente nuevas como para que su uso se pueda confundir o malinterpretar en el sentido de que intentemos dejar que la computadora responda preguntas, cuando en realidad es más interesante que genere posibilidades de interrogación.

Como un primer experimento dentro de lo espero se vaya volviendo un proyecto más completo con el tiempo (y que espero pueda resultar de interés a otras personas que se quieran ir sumando), he trabajado con la cronología de eventos entre 1978-2000 que forma parte de los anexos del informe. El archivo original en PDF, por supuesto, no está disponible en un formato fácilmente analizable, así que lo primero que hice fue convertirlo en un archivo de texto que pudiera ser analizado. Luego, dividí el archivo en secciones por año, para poder hacer un análisis comparativo a lo largo del tiempo. Todo el código que he generado está disponible en Github como el proyecto CVR Analytics para que cualquiera lo clone o analice. El código se apoya en el módulo NLTK para procesamiento y análisis del lenguaje natural, y es todavía un trabajo en progreso – de hecho, varias cosas importantes como la identificación de eventos y fechas todavía no funcionan como deberían.

Pero incluso en su forma actual se pueden formular algunas preguntas interesantes. La función word_map(), por ejemplo, permite buscar un término específico en el texto y visualizar la frecuencia con la que aparece en la cronología año por año. Esto genera algunos resultados interesantes, aún cuando muchos de ellos pueden ser esperables. Por ejemplo, una búsqueda por “PCP-SL” como término genera lo siguiente:

1978: 0
1979: ###2
1980: ########5
1981: #############8
1982: ####################################21
1983: #####################################22
1984: ##################################################29
1985: ##################11
1986: #############8
1987: #################10
1988: ########################14
1989: ################################19
1990: ######################13
1991: #########################15
1992: ####################################21
1993: ########################14
1994: ######################13
1995: #####3
1996: ###2
1997: #1
1998: ###2
1999: #1
2000: #1

Una búsqueda por “MRTA” genera la siguiente distribución:

1978: 0
1979: 0
1980: ##1
1981: 0
1982: ########3
1983: ##1
1984: ######################8
1985: #################################12
1986: #############5
1987: #################################12
1988: ##############################11
1989: ##################################################18
1990: #################################12
1991: ################6
1992: ###################7
1993: ################6
1994: ##1
1995: #####2
1996: ######################8
1997: #################################12
1998: 0
1999: ########3
2000: #####2

(Soy consciente de que mis visualizaciones son un poco crudas, pero vamos, esto es sólo una prueba de concepto.)

Otra función interesante es la de yearly_collocations(), que utiliza las funciones incluidas en NLTK para generar bigramas frecuentes: palabras que coinciden juntas con una inusual frecuencia. Las colocaciones para los años 1979-1981, por ejemplo, son éstas:

1978
Building collocations list
Asamblea Constituyente; Movimientos sociales; Francisco Morales; Hugo
Blanco; Óscar Molina; Cisneros Vizquerra; Partidos políticos; paro
nacional; Blanco Galdós; Fuerzas Armadas; Molina Pallochia; Morales
Bermúdez; alto nivel; decretos legislativos; las elecciones; origen
político; más alto; Luis Cisneros; Alva Orlandini; Estados Unidos
1979
Building collocations list
Partidos políticos; Morales Bermúdez; Francisco Morales; Junta
Militar; Movimientos sociales; Pacto Andino; Partido Comunista; Bedoya
Reyes; Cuadros Paredes; Raúl Haya; otro lado; Armando Villanueva; Por
otro; movimiento popular; Víctor Cuadros; Víctor Raúl; Luis Bedoya;
garantías individuales; las Fuerzas; Asamblea Constituyente
1980
Building collocations list
Belaunde Terry; Richter Prada; Partidos políticos; Pedro Richter;
origen político; Barrantes Lingán; Movimientos sociales; Manuel
Ulloa; Elecciones Generales; Alfonso Barrantes; Ulloa Elías; José
María; Orrego Villacorta; Silva Ruete; Eduardo Orrego; San Martín;
Armando Villanueva; Mientras tanto; Javier Silva; del Interior

Claramente no es un análisis perfecto – parte de los problemas que he encontrado hasta ahora han girado en torno al trabajo con un texto en español, cuando la mayoría de documentación y cuerpos de análisis disponibles están todos en inglés, de modo que el análisis es muchas veces menos que perfecto. Pero es un punto de partida, y muchos de los problemas seguramente pueden corregirse (seguramente con facilidad por alguien con mejor manejo del código que yo). Lo que quiero señalar con esto es simplemente que este tipo de análisis de textos masivos, como el Informe Final, pueden servir para elucidar preguntas y evidenciar patrones que de otra manera podrían permanecer ocultos en el texto y pasar desapercibidos a una lectura pormenorizada.

De ninguna manera esto es un mejor modo de lectura, o reemplaza al trabajo exegético y analítico que las humanidades y las ciencias sociales están acostumbradas a hacer. Pero ciertamente puede servir como un complemento, ayudando a abrir líneas de investigación u oportunidades de trabajo a seguir explorando. En mi caso, representa un primer experimento para seguir trabajando no sólo como aproximación analítica sino con suerte para luego complementarlo con un trabajo productivo, tomando no sólo la cronología sino también otras partes del informe y procesándolas para generar visualizaciones, archivos, o reinterpretaciones que permitan que un público más amplio pueda aproximarse a esta información y navegarla sin tener que saltar la valla altísimo de enfrentarse al informe en su totalidad.

Y claro, nunca está de más decir que cualquier comentario o pregunta sobre esto es bienvenido, para ir mejorando y ampliando el proyecto en otras direcciones.

Próxima Estación

Empieza a salir el sol en Cambridge, Massachusetts, y empieza a sentirse cada vez más la primavera. La gente sale a las calles y a jugar en los parques, los restaurantes sacan sus mesas a la calle, los veleros salen a navegar por el río Charles. El ánimo de la ciudad cambia por completo a medida que nos vamos librando de la necesidad del encierro para guarecernos del frío.

Y yo me voy. Al invierno del otro lado del mundo.

Pero en fin, debo repetirme continuamente que es por una buena causa. Desde principios de junio estaré aterrizando en Lima la gris, la neblinosa, para pasar ahí varias semanas levantando información para mi proyecto de tesis. Mi intención es trabajar de cerca con la comunidad local de desarrollo de videojuegos, conversar con varios de sus integrantes y participar de sus eventos, para hacer un estudio de las prácticas, los prospectos y los desafíos que tiene la industria de videojuegos en el Perú y cómo está conectada con sectores similares en América Latina. Así que llego con la intención de enterarme de todo lo que esté pasando al respecto: proyectos, tendencias, ideas, problemas, historias, antecedentes, emprendimientos, todo. Me interesa saber no sólo lo que está pasando con videojuegos, sino también otras industrias tecnológicas en software, hardware y servicios, y lo que esté pasando tanto a nivel comercial como no comercial (hackers, hobbistas, amateurs, etc.). El objetivo es no sólo alimentar lo que se convertirá eventualmente en mi tesis de maestría, sino también trabajar con el sector local para elaborar una suerte de diagnóstico para entender el estado actual del sector, y para informar el trabajo de todos los actores involucrados en su desarrollo mirando hacia adelante.

Aunque en principio estoy enfocándome en Lima, estoy bastante interesado también en saber qué está pasando en estos temas en otras ciudades del Perú, y me gustaría enormemente comunicarme con comunidades activas en estos temas para intentar coordinar una visita en algún momento de los próximos meses.

La información (bastante preliminar) de mi proyecto de investigación puede encontrarse aquí (y un poco de la idea original, que ya mutó bastante, aquí), donde además iré agregando más información conforme la tenga y donde hay también un formulario para los que estén trabajando en estos temas y estén interesados en participar del estudio.

Me interesa también ir pensando en aprovechar mi tiempo en Lima para experimentar con algún tipo de evento o taller sobre este tema y otros temas cercanos: algo sobre videojuegos como industrias creativas, humanidades digitales, educación y nuevas tecnologías, o algún otro de los temas en los que he estado trabajando últimamente. Me interesa tanto para enterarme de las iniciativas que están emergiendo en Lima como para compartir un poco de las cosas que estoy descubriendo por aquí y contribuir ideas o recursos que puedan alimentar la práctica local. De modo que si tienen ideas de temas que creen que podríamos explorar, o están interesados en algo de este estilo, avísenme por acá o por correo electrónico para ir tomándolo en cuenta.

Mientras tanto, me voy acostumbrando a la idea de que este año no me toca tener verano.

¿Cómo serán las nuevas instituciones de educación superior?

Cada vez estoy más convencido de que estamos en un curso de colisión acelerado en lo que refiere a educación superior, por no decir educación en general. Nuestros modelos e instituciones ya no dan para mucho más, por múltiples razones, y las alternativas son pocas y no del todo convincentes.

El problema central es que la universidad como modelo organizacional central en la educación superior sufre desde que pierde el monopolio fáctico sobre la creación y sobre todo distribución de conocimiento. No es la única razón, pero es el meollo del asunto: información que antes uno podía solamente conseguir a través de estudios universitarios hoy se puede conseguir por múltiples otros canales. Obviamente no intento sugerir que una universidad sea solamente transferencia de información, pero sí me parece que las demás capas de valor que aporta una formación universitaria empezaron a volverse visibles y a llamar la atención cuando esta capa primordial se vio desequilibrada.

Pero a partir de allí vienen una serie de problemas estructurales de nuestras universidades contemporáneas que son difíciles de equilibrar. Por ejemplo, la diferenciación entre universidades como espacios de formación e investigación, y universidades como espacios de capacitación profesional. Las diferencias entre ambos enfoques son importantes: la primera está más interesada en la exploración y el desarrollo de nuevo conocimiento, mientras que la segunda está orientada hacia el desarrollo de habilidades específicas que sus estudiantes necesitarán en el ámbito laboral. No es que una sea superior a la otra: graduar estudiantes sin capacidades que puedan desplegar para desarrollar sus carreras es tan malo como promover visiones estáticas y estrictamente funcionales de áreas de conocimiento, pero de lejos la mayor de las faltas es intentar vender una de estas ideas para luego realizar la otra. La inspiración “filosófica” de la institución tiene importantes repercusiones operativas: una universidad como espacio de capacitación profesional tiene más oportunidades de financiarse a partir de los ingresos generados por sus estudiantes, mientras que una universidad como espacio de investigación, al ofrecer directamente menor certidumbre sobre el retorno a la inversión, dependerá más de otras fuentes de financiamiento como los retornos sobre nuevas patentes o fondos para financiar proyectos.

Al mismo tiempo, hay una suerte de carrera por encontrar la pieza mágica que resolverá el problema no sólo de manera costeable, sino también escalable. ¿Qué tecnología mágica permitirá distribuir contenidos a más estudiantes, a menor costo, sacrificando lo menos posible de la calidad del contenido? Educación a distancia, objetos de conocimiento reusables, telepresencia, herramientas colaborativas, una mezcla de todos los anteriores – o, últimamente, la idea de que los MOOCs (massively open online course) serán el futuro de la educación. Los MOOCs vienen con una retórica utópica sobre llevar la mejor educación a los lugares más remotos del mundo, sea con una orientación más académica como en el caso de edX, o una más comercial como en el caso de Coursera. La idea es relativamente simple, pero la ejecución sumamente complicada: generar plataformas para distribuir cursos universitarios en línea, que incorporen además espacios de colaboración y comunidad donde los estudiantes puedan comunicarse entre sí para resolver sus propias preguntas – mitigando así en cierta medida el problema de la falta de socialización que genera el espacio virtual frente al curso presencial, y la dificultad de brindar apoyo personalizado cuando la lista de inscritos de cuenta en miles en lugar de decenas.

Modelos como edX o Coursera alzan legítimamente la pregunta, ¿entonces qué valor queda para la universidad si uno puede llevar cursos de las mejores universidades en línea? Bueno, el que las mejores universidades puedan hacer esto es una clara retórica que les permite afirmar que su valor no está en el contenido mismo – el contenido te lo regalo porque me dedico a cosas más importantes, como ofrecer vínculos personales con especialistas de alto calibre, recursos de investigación, oportunidades para participar de proyectos, etc. Y por supuesto, siempre queda la capa de certificación: puedes haber llevado todos los cursos en línea de las mejores universidades del mundo y ser un especialista de facto en la materia, pero eso no te da el título que lo certifique y que te puede servir para conseguir un trabajo. Ese detalle todavía representa una significativa inversión de dinero, y en muchos casos, es el único detalle que le importa a muchas personas que consideran que ir a una universidad de primer nivel es mucho más un tema de branding que de aprendizaje.

Pero ante las posibilidades del MOOC están también los que legítimamente dicen que “no es lo mismo” – que la distribución masiva de contenidos en línea no puede reemplazar la experiencia educativa, que debe entenderse como más que solamente transferir información de una cabeza a otra (argumento que tiene importante sustento epistemológico). Sin embargo, hay que tener en cuenta también cuál es la línea de base con la cual se hace esta comparación. Es muy distinto comparar con una visión idealizada de lo que es la educación que con lo que efectivamente ocurre en los salones de clase, y en este sentido me atrevo a decir que la educación universitaria que reciben muchos de los estudiantes en, por ejemplo, muchas de las universidades peruanas, dista mucho de ser una gran “experiencia educativa”. Es más, incluso en las que se pueden considerar como las mejores universidades peruanas (si nos guiamos por algo como el ránking realizado por América Economía) difícilmente los alumnos participan de esta mística experiencia educativa, algo que observo a partir de mi propia experiencia dictando clase en algunas de ellas y las experiencias que recibo de varios amigos que aún lo hacen. Siempre encuentra uno alumnos excepcionales, pero también una abrumadora mayoría de gente que pasa por el sistema educativo con una perspectiva un tanto fatalista de que “no hay otra opción” o una determinista de que “simplemente lo que hay que hacer”.

El otro polo del espectro es aún peor: el libertinaje universitario de las últimas décadas en el Perú que llevó a la creación indiscriminada de nuevas instituciones sin ningún tipo de control de calidad y la subsecuente serie de historias de terror de universidades funcionando en garajes y demás condiciones inaceptables, que terminó por llevar al Congreso a aprobar una moratoria para la creación de nuevas universidades hasta el 2017. Tanto en el caso anterior, como especialmente en este caso, uno tiene forzosamente que preguntarse si algo como un MOOC no sería una mejor alternativa para muchas de estas personas. No que sea la mejor opción en todos los mundos posibles, sino que allí donde el estudiante realmente no está involucrado con la experiencia educativa, o donde la infraestructura está por debajo de cualquier estándar de calidad, ¿no se pueden contemplar alternativas transicionales más interesantes?

Aún así, el hecho de que las “mejores universidades” puedan darse el lujo de regalar su contenido en la forma de MOOCs es algo que tiene que pensarse en todas sus ramificaciones, pues sí efectivamente se logra consolidar un modelo funcional, no sólo se corre el riesgo de terminar volviendo obsoletas a aquellas instituciones que se encuentran más abajo en el espectro de calidad (como sea que se la defina), sino también por amenazar significativamente a las que están más hacia el medio. Si la disyuntiva entre un MOOC de primer nivel y una universidad local de medio rango se vuelve legítima, se corre el riesgo de volver irrelevante la existencia de un enorme número de instituciones que cumplen, entre otras, una función importante de accesibilidad al brindar más espacios para que la gente reciba una educación. La promesa de accesibilidad absoluta podría generar el daño colateral de terminar elitizando la educación superior al hacer la educación presencial un lujo disponible solamente a unos pocos por el criterio que sea – poder adquisitivo, capacidad intelectual, buena fortuna – mientras que todos los que no cumplan con esa categoría no tengan más opciones que la educación virtual como un “peor es nada”.

Por otro lado, para muchos académicos cansados del universo académico tradicional esto se presenta como una increíble oportunidad de experimentación. Para muchas personas en el mundo académico, la promesa de la vida intelectual de investigación y docencia choca con una realidad en la cual hay menos plazas disponibles que gente intentando ocuparlas, donde la gestión de las instituciones es muchas veces poco transparente, los sueldos son bajos y la carga docente alta, y un mundo en el cual finalmente se encuentran frustrados porque no solamente no encuentran ese espacio prometido de gratificación intelectual, sino que tampoco reciben los beneficios materiales que uno podría esperar del mercado laboral. Ante ese prospecto (y ojo que digo aquí que me refiero a ese prospecto, no el de las minorías que efectivamente logran construir una carrera académica satisfactoria) la posibilidad que puede tener un académico de independizarse del mundo institucional y dedicarse a construir su propio islote de conocimiento utilizando herramientas como MOOCs o cualquier otra me parece sumamente interesante. Si uno tiene la capacidad de construir una comunidad de interés lo suficientemente grande como para tener un número significativo de gente dispuesta a pagar por acceso a contenido o por interacciones más personales, uno podría tranquilamente generar una estructura sostenible que le genere por lo menos tantos ingresos como tendría en el sistema tradicional, pero con mayor libertad de contenidos y enfoques. No creo que esto necesariamente vaya a ser un modelo que le convenga a todos o a cualquiera; pero en este momento, si creo que para algunos académicos que encuentren la manera de construir una marca personal y una comunidad de interés puede ser un modelo sumamente interesante. Y a largo plazo y a escala, uno podría imaginarse a sí mismo, como estudiante, armándose carreras ad hoc con currículas personalizadas que incluyan cursos con especialistas que no estén limitados por sus afiliaciones institucionales o por su ubicación geográfica, a costos potencialmente menores. Finalmente, muchas veces olvidamos que muchas de las barreras en torno a nuestra organización del conocimiento no son sólo conceptuales, sino también físicas: organizamos cursos y currículas de tal o cual manera porque debemos concentrar recursos (profesores, salones, alumnos, libros, etc.) en un mismo lugar. Una vez que tiramos por la ventana la barrera física, se vuelve también legítimo cuestionas las demás.

No hay una conclusión final aquí. Solamente son algunas notas sobre temas vinculados a educación superior que quería procesar y compartir, como para ir o seguir armando una discusión.

Aceleración de sectores

A pesar de que nos gusta pensar que cada caso es único y excepcional, y de que si nos concentramos lo suficiente para mirar las cosas con suficiente detalle parecería ser cierto, también es verdad que entre múltiples casos similares hay suficientes rasgos comunes como para poder hacer abstracciones y hablar de patrones. Encontrar estos patrones en, por ejemplo, la manera como aparecen y evolucionan organizaciones en un sector, se vuelve especialmente difícil cuando se trata de un sector joven o sumamente diverso. Pero en esos mismos casos, encontrar esos patrones se vuelve doblemente importante porque son aquello que permitirá a las organizaciones existentes crecer más rápido y más efectivamente, y a las organizaciones nuevas tener un panorama del tipo de desafíos y preguntas que probablemente se estarán formulando a lo largo de su ciclo de vida.

Durante mi tiempo en Ashoka tuve la oportunidad de trabajar con una gran diversidad de organizaciones sociales e innovadores sociales en diferentes puntos de su ciclo de vida – algunos que recién estaban empezando, algunos que ya tenían varios años haciéndolo, algunos sólo a nivel local y algunos cruzando fronteras nacionales. Y aunque había una enorme diversidad de objetivos, de estrategias y de modelos, uno podía más o menos hacerse una idea de la manera como el sector funcionaba, y también cómo y dónde dejaba de funcionar: al margen de su grado de éxito e impacto, ciertas preocupaciones comunes emergían gruesamente en el mismo punto en la evolución de una organización. Conocer y documentar esos puntos de tensión se volvía entonces en una clave posible para acelerar el sector social en su conjunto: si yo puedo anticipar con cierto grado de confiabilidad que dentro de dos o tres años tu organización va a tener X o Y problemas o preguntas, te estoy dando dos o tres años de anticipación para planificar tu respuesta. Esa capacidad de anticipación, que no es inusual en una serie de sectores comerciales, es por el contrario muy escasa en el sector social. Esto porque en gran medida el sector social se ha resistido a incorporar herramientas y modelos del sector empresarial, y porque se considera que las organizaciones sociales son tan diversas en sus propósitos que no pueden trazarse puntos de comparación entre sus modelos: si tú trabajas en torno a medio ambiente y yo trabajo con un foco en el tema educativo, la primera suposición es que tus estrategias no serán aplicables a mis problemas. Pero si uno empieza a comparar múltiples casos, empieza a encontrar que los problemas son mucho más parecidos de lo que uno esperaría.

Así, luego de varias conversaciones, visitas y observaciones, compilé un pequeño modelo que por ningún motivo debería ser considerado riguroso. La evidencia que lo informa es más bien anecdótica, pero considera lo siguiente: una innovación social pasa por un ciclo evolutivo más o menos común, donde en cada etapa encontrará diferentes preocupaciones como las prioritarias que deben ser resueltas efectivamente para pasar al siguiente nivel. Así consideradas las cosas, el pequeño modelo anecdótico se puede representar más o menos así:

El pequeño modelo anecdótico supone que el objetivo de una innovación social es maximizar su impacto posible, de modo que pretende tener un alcance global para atender a un problema social. De no ser ése es el caso, como no lo es quizás para la mayoría de iniciativas, su techo de crecimiento es quizás el nivel 2 o el nivel 3. En cualquier caso, el modelo puede desglosarse en una serie de necesidades comunes que enfrentará una innovación social y una serie de preguntas que debería estarse haciendo según su grado de evolución:

  • Nivel 0: desarrollar un prototipo funcional. ¿Cómo funciona el modelo? ¿Cómo genera impacto? Es la etapa de experimentación y diseño, probando variaciones del modelo hasta alcanzar un producto mínimo viable.
  • Nivel 1: llevar el modelo al mercado. Una vez que se tiene un modelo surgen dos preguntas claves: ¿Cómo se van a procurar los recursos para su aplicación sostenida? ¿Y cómo se va a llevar el modelo mismo a su lugar de aplicación, como se van a comunicar sus beneficios? El desafío de consolidar un modelo más allá del prototipo pasa por articular una comunidad que se beneficie de él y le dé respaldo.
  • Nivel 2: con el modelo probado e implementado, ¿cómo se replica en otros espacios y se amplía su impacto? Los desafíos se vuelven diferentes: se necesitan diferentes modelos organizacionales para aguantar el crecimiento, y necesitan mecanismos de evaluación para saber cuándo algo está funcionando y cuándo no. Además, la necesidad de expansión plantea la nueva necesidad de generar redes y alianzas con otras organizaciones que apoyen o dirijan nuevas implementaciones locales.
  • Nivel 3: llevar un modelo replicado a escalas más grandes. El salto en escalabilidad es probablemente un salto cualitativo antes que cuantitativo: no es sólo hacer más de lo mismo, sino cambiar las estrategias. El trabajo con políticas públicas, por ejemplo, ofrece la oportunidad de mucho más rápidamente replicar un modelo a gran escala, y el desarrollo de nuevas herramientas conceptuales y teóricas puede servir para influenciar las estrategias de una nueva generación de actores desde su formación.
  • Nivel 4: impacto global. Es aquí donde los problemas y los modelos se vuelven casi siempre singulares, pues deben navegar diferentes procesos políticos, económicos, sociales y culturales, y en casi todos los casos lo harán siguiendo un camino distinto a través de diferentes realides nacionales y regionales. Pero las necesidades de los niveles anteriores – la construcción de una red de alianzas, la búsqueda de un liderazgo intelectual, etc. – serán todas herramientas importantes a la hora de llegar a este punto.

Armado con esta información, un innovador social puede acelerar el tiempo que le toma llevar su iniciativa desde un prototipo hasta el impacto global anticipándose a las necesidades que muy probablemente encontrará en el camino. Pensado a nivel sectorial, el sector en su conjunto puede acelerarse si se diseñan intervenciones claves orientadas a cada uno de estos niveles, de modo que existan las estructuras de soporte para acompañar a las innovaciones a lo largo de su ciclo evolutivo.

Me parece valioso compartir estas ideas por dos razones. La primera es porque la intención era utilizar esta información para el diseño de esas intervenciones claves que permitieran acelerar el crecimiento del sector en su conjunto, algo que finalmente por una cuestión de tiempo no se llegó a dar. Y tener esta información oculta en mi disco duro, donde no puede compartirse, discutirse ni refinarse, no era particularmente útil para nadie. Creo que al menos compartiéndola puede fortalecerse el pequeño modelo anecdótico para dejar de ser tan pequeño y tan anecdótico y convertirse en una herramienta analítica y predictiva más útil – o incluso, en el mejor de los casos, para validar que las ideas van por buen camino.

La segunda razón es porque mi trabajo actual está yendo en una dirección similar, aunque esta vez orientado más hacia la aceleración de sectores tecnológicos – en particular, trabajando en la aceleración del sector de videojuegos como una inversión estratégica para economías en desarrollo. De modo que volver sobre estas ideas me ayuda a buscar similitudes, diferencias y analogías, e ir refinando el modelo, esta vez con una base documental mucho más sólida que tenga en consideración la historia del sector, la particularidad del medio del videojuego y contando con data que permita respaldar un modelo de similar alcance y pretensiones para un sector diferente.

Por qué “No”

El tema de la revocatoria a Susana Villarán como alcaldesa de Lima me parece, personalmente, el punto más bajo al que ha llegado la política peruana – o más bien limeña, porque no puedo hablar realmente por todo el país – en los últimos años. Y eso es decir bastante. Pero ya nada tiene sentido, es un Juego de Tronos criollo donde los ciudadanos podemos poco más que contemplar y preguntarnos por qué las casas se pelean entre ellas con nosotros de por medio.

No voy a poder votar en esta revocatoria por estar en el extranjero, y sorprendentemente no me considero afortunado por ello. Va a ser una votación muy ajustada y seguramente cada voto hará la diferencia, aunque suene trillado. De modo que mi inequívoco voto por el “No” no podrá ser contado. Pero lo que sí puedo hacer es, al menos, explicar las razones por las que, si pudiera votar, votaría por el “No”.

Las cosas que sabemos

La revocatoria es, efectivamente, una facultad legítima. Mal utilizada con abundante frecuencia, pero finalmente legítima. Pero la revocatoria tiene un sentido que, aunque susceptible a diferentes interpretaciones, apunta a condiciones objetivas: revocar a una autoridad que abusa de sus funciones o comete actos de corrupción. Es un mecanismo cuyo sentido es proteger al ciudadano del abuso de la autoridad.

Pero el argumento que sustenta la revocatoria sobre la base de la eficiencia no es convincente. Primero porque ha sido desmentido repetidamente, en el caso más reciente por un artículo en la revista Poder. Si hacemos las comparaciones respectivas, los primeros años de la gestión de Susana Villarán no sólo no han sido menos eficientes que los de sus predecesores inmediatos, sino quizás han sido hasta más, según varias de las cifras oficiales. Que la capacidad comunicacional de la Municipalidad de Lima haya sido casi nula en el mismo tiempo de gestión es algo totalmente cierto, pero que no invalida por sí mismo lo que sí ha ejecutado. Sobre todo, no es una buena justificación del hipotético “revocador responsable” que dice ser un votante informado pues, si efectivamente lo fuera, conocería la información detrás del vacío comunicacional.

Decir que la persistencia de problemas estructurales, o incluso su agravamiento, como la inseguridad ciudadana o los problemas de tráfico y transporte, son motivo suficiente como para considerar la gestión ineficiente, es también una falta importante de perspectiva. Primero, porque a pesar de que indudablemente le afecta directamente, la MML no tiene toda la injerencia ni capacidad como organismo para lidiar con estos problemas. Recordemos que los serenazgos distritales sólo existen, primero que nada, porque la Policía Nacional no es capaz de darse abasto y responder efectivamente a problemas locales. Pero garantizar el orden interno es primeramente responsabilidad del Ministerio del Interior, el cual por lo menos debería marcar la pauta y llevar la agenda sobre el tema. La MML no puede en este tema sino llevar a cabo reformas superficiales o a lo mucho intentar convocar a los actores responsables, pero el que respondan termina estando fuera de su esfera de influencia (o al menos, así queda a la falta de operadores políticos experimentados).

Algo parecido ocurre con el transporte: Susana Villarán no ha venido a causarte el tráfico de Lima. Años sucesivos de malas políticas de transporte, junto con crecimiento económico y mayor acceso a crédito tienen efectos que se componen durante mucho tiempo. La falta de articulación institucional en la materia no ayuda: que el Ministerio de Transportes pueda sacar adelante un proyecto de tren eléctrico que no esté desde el principio diseñado para articularse con el proyecto ya existente de buses segregados de alta capacidad es una muestra de que la responsabilidad, de nuevo, no recae sólo sobre la MML. Y de hecho, el compromiso demostrado con la reforma de transportes, en contra de continua presión política, es definitivamente un paso importante en la dirección correcta.

¿Quiere esto decir que la gestión Villarán está libre de polvo y paja, y es una gestión maravillosa? No, en ningún momento dije eso. Hay cosas que rescatar, especialmente a nivel de construcción institucional, así como también varias que criticar – el vacío comunicacional siendo una de las más importantes. Pero que se le pueda y deba criticar no quiere decir que se le deba revocar. Por cualquier ángulo que lo mire, la revocatoria NO se justifica sobre la base de los argumentos que se circulan. Y el instrumento de la revocatoria no está diseñado simplemente para expresar tu desacuerdo – para eso están las elecciones. Si no te gustan sus políticas, y aún así gana, pues así como defenderías la revocatoria deberías defender su legitimidad para terminar su periodo de gobierno. El “referéndum” sobre si un alcalde debe seguir o no es su capacidad para postular a la reelección. La revocatoria es un instrumento diseñado para lidiar con el abuso. Y que no esté de acuerdo con tus políticas personales no es una forma de abuso, es justamente la base de la arquitectura democrática.

Las cosas que sospechamos

De modo que, si el voto a favor de revocar a Susana Villarán no está motivado por la eficiencia o efectividad de sus políticas públicas y “obras”, entonces es, a falta de una mejor palabra, un voto estrictamente político, en su sentido de manejo de intereses. No tienen nada de malo que se manejen intereses: pero sí tiene mucho de malo que se me vengan con huevadas a tratar de justificarme el voto revocador por cualquiera de las razones anteriores, o tratar de escudar el “no me cae” o la izquierdofobia debajo de la fachada institucional de la revocatoria como “ejercicio de la democracia”.

Pero esto es contraproducente por dos razones. La primera es que votar por el “Sí” es un autogol. Es no sólo preservar, sino radicalizar todas las razones por las que supuestamente se apoya la revocatoria. En este momento, Susana Villarán, desde su precaria posición política, es el dique de contención de una serie de cosas: el descontrol en el transporte público, el descontrol en el ordenamiento urbano, etc. Si es revocada, sea quien sea que entre no va a tener siquiera el endeble aparato político para continuar y defender estas reformas estructurales. Que una ciudad del tamaño y complejidad de Lima pierda 18 meses durante un momento de transformaciones profundas es indefendible y, a la vez, irrescatable. Todas las razones que se argumentan para estar a favor de la revocatoria son precisamente las razones por las que habría que estar en contra.

La segunda razón es que reventar ese dique de contención va a generar una serie de vacíos de poder por todos lados. Todos los espacios que la MML ha recuperado o ganado quedarían de un día para otro abiertos al mejor postor: las reformasp pueden ser desarmadas por sus opositores, la gestión enflaquecida obligada a recurrir a todo tipo de consultores y proveedores externos para cumplir con funciones básicas sin ningún tipo de fiscalización o control, y, especialmente, el vacío político cooptado por una serie de personajes que hoy dicen no ser los dueños del circo. Pero al final, todo parece estar armado de tal manera que puedan cómodamente deslizarse a esos vacíos de poder, políticos y organizacionales, y enquistarse en todos sus niveles. No hay corrupción en las gestiones previas si no hay quién la investigue, no hay negociados políticos y pactos de no agresión que han durado años si no hay quién los denuncie y enfrente.

Pero por alguna razón, que no comprendo, al que apoya la revocatoria todo esto parece no importarle, porque “Susana no hace nada”, o porque simplemente le cae mal y que se vaya. Por eso la revocatoria es como la democracia deliberativa, funciona todo lindo en experimentos conceptuales donde todos saben lo que quieren y respetan las condiciones dentro de las cuales pueden intentar conseguirlo.

La revocatoria es la paradoja perfecta en la cual nadie sabe realmente qué quiere, y para intentar conseguirlo hacen cualquier cosa con las reglas de juego para finalmente conseguir exactamente lo contrario.

Cómo hacerle preguntas a una computadora

Un video de una (¿nueva?) organización llamada Code.org ha estado circulando bastante en los últimos días, con diferentes personalidades del mundo de la tecnología hablando sobre la importancia de aprender a programar y alertando sobre la brecha en los próximos años en la economía estadounidense entre 1 millón de puestos de trabajo vinculados a la programación y solamente 400 mil personas entrenadas para llenarlos.

Hay múltiples razones por las que el código y la programación son importantes, pero aprender sobre código y programación es también muchas cosas y es relevante para todo tipo de disciplinas, no sólo para aquellos en el ámbito de las ciencias y la ingeniería. Programación no es sólo una habilidad estrictamente técnica, sino que va de la mano con otros dos ámbitos: por un lado la idea de pensamiento computacional, o de que hay ciertos problemas para los cuales una aproximación desde la computación es mucho más efectiva y eficiente, o que incluso solamente pueden resolverse computacionalmente, y entender lo que ese tipo de razonamiento significa: una serie estructurada de instrucciones y operaciones ejecutadas en secuencias, iterativamente, y con alta interdependencia entre sí, etc. Por otro lado, programar también significa reconocer las realidades de código que nos rodean en todo tipo de sistemas, entre sistemas técnicos y sistemas sociales, y la manera en la que en su código pueden descubrirse múltiples capas que reclaman análisis. El software que maneja las historias clínicas de pacientes en un hospital, por ejemplo, tiene que haber respondido una serie de preguntas y haber hecho una serie de supuestos que afectan directa y palpablemente la vida de cientos de personas. Esas preguntas, esas decisiones y esos supuestos se traducen en código, que a su vez es susceptible de ser criticado – por ejemplo, la manera como un sistema de este tipo puede excluir o no reconocer a un subconjunto de pacientes. Pero para que ese código pueda ser criticado, los analistas de diferentes áreas temáticas tienen que primero reconocer la dimensión del código como susceptible de análisis, y segundo, saber leer ese mismo código que pretenden analizar y criticar.

A pesar de esta importancia, que es transversal a todo tipo de dominios temáticos, nuestro modelo educativo y disciplinario ha optado más bien por aislar el pensamiento computacional a un sólo dominio restringido (por ejemplo, el ámbito de los ingenieros informáticos) sino además de convertirlo de un modelo de aproximación a los problemas a una herramienta operativa y con dominio restringido. En The Children’s Machine, Seymour Papert habla de la manera como la cultura de la escuela subyugó, arrinconó y finalmente neutralizó la “amenaza” que representaba la computadora:

When there were few computers in the school, the administration was content to leave them in the classrooms of teachers who showed greatest enthusiasm, and these were generally teachers who were excited about the computer as an instrument of change. But as the numbers grew and computers became something of a status symbol, the administration moved in. From an administrator’s point of view, it made more sense to put the computer together in one room – misleadingly named “computer lab” – under the control of a specialized computer teacher. Now all the children could come together and study computers for an hour a week. By an inexorable logic the next step was to introduce curriculum for the computer. Thus, little by little, the subversive features of the computer were eroded away: Instead of cutting across and so challenging the very idea of subject boundaries, the computer now defined a new subject; instead of changing the emphasis from impersonal curriculum to excited live exploration by students, the computer was now used to reinforce School’s ways. What had started as a subversive instrument of change was neutralized by the system and converted into an instrument of consolidation.

Y ésta es más o menos la manera como aprendimos computación aquellos que la experimentamos a nivel escolar: como un curso más, un lugar en la currícula, pero un lugar cuyas herramientas y modelos no se traducían ni extendían a otras áreas temáticas o a otros cursos. Uno iba al laboratorio de computación a trabajar durante un rato con la computadora, y ése era el fin de la experiencia acotada que eso significaba. Pero nuestra interacción con la computación hoy día se da desde el teléfono que llevamos en el bolsillo, los medios que nos transportan, las máquinas con las que interactuamos y los sistemas complejos que informan las decisiones que a su vez forman el entorno en el que vivimos. La computación no es algo que ocurre afuera o aparte, sino algo que se integra y coexiste con múltiples dimensiones de la vida cotidiana. Dicho de otra manera, como lo puso Marc Andreessen en un buen artículo sobre la expansión del software fuera de sus dominios tradicionales, el software se está comiendo el mundo. Y quizás, por lo mismo, no sea coincidencia que los dos dominios que Andreessen señaló como los siguientes desafíos, allí donde el software aún no había conseguido resultados suficientes, eran los de la educación y la salud.

En un taller sobre computación que estoy llevando con Nick Montfort estamos analizando este tipo de problemas respecto a la computación, el pensamiento computacional y la manera como está bien o mal comprendido, y cómo se puede integrar significativamente a diferentes tipos de proyectos. Hemos discutido, por ejemplo, sobre cómo somos introducidos diversamente el mundo de la computación, cómo aprendemos programación y esos modelos de aprendizaje funcionan o no, empezando por los clásicos programas de “Hola Mundo”. Aprendemos elementos de programación pero como vehículo para pensar en otras cuestiones menos evidentes, como el análisis crítico de código o el estudio de plataformas que incorporan desde dimensiones de hardware hasta convenciones sociales y culturales sobre cómo deben o pueden ser utilizadas. Sobre todo, nos obligamos a familiarizarnos con el código como realidad no esotérica, como una dimensión de significado accesible, analizable y discutible, pero con el entendimiento de que, como con cualquier otro tipo de texto, es necesario a aprender a hablar su lenguaje para poder interpelarlo e interrogarlo.

Una vez que se habla ese lenguaje y se entiende ese modelo, los problemas pueden irse volviendo más complicados e interesantes. Y esto es interesante desde el punto de vista informático, pero también desde el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades, donde la computación y el código han tenido lugares tristemente reducidos. No sólo como objeto de estudio, sino también como método de aproximación a los problemas propios de su campo. Las ciencias naturales han empezado a reconocer esto cada vez con mayor intensidad, y así, por ejemplo, físicos o biólogos se ven en la necesidad de aprender a dominar lenguajes de programación y modelos computacionales cuando quieren resolver problemas utilizando conjuntos de datos masivos, con quizás miles o incluso millones de registros. Allí donde la captura de datos masiva es posible pero su análisis pormenorizado humanamente inaccesible, es donde se pueden implementar y utilizar herramientas computacionales con mucho éxito.

Pero en los ámbitos de ciencias sociales y humanidades el acercamiento ha sido más tangencial, aunque esto está cambiando rápidamente. Por ejemplo, mucho de la discusión sobre humanidades digitales se enfoca sobre aspectos externos (y no por ello quiero decir menos importantes) como la manera como los investigadores y académicos comunican su trabajo y sus resultados al público, o cómo conseguir que los humanistas utilicen blogs o Twitter para comunicar sus ideas. Eso está bien, pero son casos en los que la tecnología y la computación en particular son elementos externos a su práctica. Un ejercicio que hicimos en este taller, por ejemplo, exploraba los fundamentos de un uso de la computación como herramienta creativa para la investigación: como introducción al concepto de programación orientada a objetos elaboramos un programa simple capaz de capturar información sobre inscripciones en los edificios a través de un campus universitario, definiendo los parámetros que nos sean interesantes para la captura. El concepto es simple y por sí solo poco interesante, pero una vez que se capturan suficientes datos y se desarrolla una rutina para analizarlos, se puede empezar a revelar información interesante, que sólo sería visible a partir de un conjunto de datos suficientemente grande y un análisis computacional.

Pueden imaginarse fácilmente otras aplicaciones de modelos similares. Un estudio sobre la evolución del concepto de “sociedad civil” podría hacer una lectura de autores centrales para el concepto comparando sus caracterizaciones. Pero teniendo un conjunto de textos grande en formato digital, uno podría simplemente hacer una búsqueda de la frecuencia con la que aparece el término, e identificar otros términos recurrentes con los que aparece, y visualizar la evolución tanto de la frecuencia como de sus términos vinculados a través del tiempo. O podría, por ejemplo, hacer lo mismo con textos de noticias en periódicos. Y aunque esto, no agotaría de ninguna manera el análisis, llevaría inevitablemente a nuevas preguntas: ¿Por qué aparecen picos inesperados en la frecuencia? ¿Por qué aparecen términos inesperados alrededor? Y así.

Otro ejemplo: si quiero conocer los principales referentes a través de la obra de Marx, puedo dedicarme durante semanas a una lectura detallada de sus textos, sus notas al pie, sus bibliografías, en un intento por reconstruir las fuentes que utilizaba. O, puedo digitalizar todo el texto, y de nuevo hacer un análisis de frecuencia buscando nombres y títulos de obras, y cruzando esos datos con una línea de tiempo y con la obra en la cual se encuentran. Con esto podría tener, hipotéticamente, no sólo una perspectiva a las obras a las que refería, sino además cómo este conjunto evolucionaba en el tiempo.

A veces, un modelo computacional es una manera de descubrir nuevas preguntas, y a veces es un modelo para encontrar un cierto tipo de respuesta. No reemplaza a otros métodos, no desplaza las maneras que conocemos de investigar, sino que las complementa, las amplifica. Pero también nos brinda una vía de acceso para poder leer competentemente un conjunto de realidades que hoy son sumamente importantes pero que nos son en gran medida inaccesibles.

Yo mismo he intentado aprender a programar, sin mucho éxito, al menos una decena de veces, pero de cada una de ellas he ido asimilando un mínimo conocimiento funcional. Pero para aquellos interesados en aprender más, o para aquellos interesados en pensar cómo conseguir que niños y jóvenes puedan introducirse en este mundo, hoy día existen una serie de opciones interesantes: existen lenguajes de programación visuales, como Scratch o StarLogo (una versión visual del popular Logo creado por Seymour Papert) que permiten construir algoritmos y secuencias de instrucciones conectando bloques que tienen diferentes significados. Existen plataformas de aprendizaje en línea como CodeAcademy o Skillshare donde pueden encontrarse buenos recursos para aprender sobre lenguajes de programación. Y existen también lenguajes que son más accesibles para el aprendizaje, como puede ser Python, Ruby o CoffeeScript, o por supuesto, uno puede empezar familiarizándose con el código en HTML.

Tesis, tótem y tabú

Un artículo reciente en el Chronicle of Higher Education presenta la idea de que la disertación, como pieza y resultado central del proceso de educación superior (específicamente, la disertación doctoral), es una institución que exige ser revisada:

Completing a dissertation can take four to seven years because students are typically required by their advisers to pore over minutiae and learn the ins and outs of preceding scholarly debates before turning to the specific topic of their own work. Dissertations are often so specialized and burdened with jargon that they are incomprehensible to scholars from other disciplines, much less applicable to the broader public.

The majority of dissertations, produced in paper and ink, ignore the interactive possibilities of a new-media culture. And book-length monographs don’t always reflect students’ career goals or let them demonstrate skills transferable beyond the borders of academe.

A medida que voy entrando más y más en mi propio trabajo de tesis (que aunque no alcanza el calibre y extensión de una disertación doctoral, va creciendo como un monstruo que todo lo abarca), la cuestión del propósito y sentido de la disertación o la tesis se me hace bastante personal. No creo del todo que la tesis sea un proceso o producto caduco e inviable; pero sí creo que no refleja del todo la experiencia de investigación en el contexto presente, especialmente cuando uno está trabajando en áreas vinculadas al cambio tecnológico y en campos donde la información está cambiando muy rápidamente. Comprometerse con proyectos de investigación sumamente largos tiene sentido en muchos casos, pero existen también otros en los cuales este tipo de proyectos terminan encontrando que la realidad sobre la que comentan simplemente ya no es la misma en el tiempo que tomó formular, responder y publicar la pregunta.

Pero además, puede también ser un limitante a las posibilidades de exploración, experimentación e interacción entre múltiples disciplinas, proyectos e ideas. Es un poco lo que encuentro en mi propia experiencia: conforme encuentro nuevos temas interesantes y me involucro con nuevos proyectos, la posibilidad de explorarlos siempre se tiene que evaluar en función a si contribuye o no al proyecto de tesis, dada una cantidad finita de recursos. Pero la manera como trabajo cotidianamente simplemente no se da de esa manera: lejos de trabajar en un sólo proyecto con dedicación casi absoluta, en la práctica encuentro que estoy participando de múltiples investigaciones de mayor o menor calibre que no necesariamente se articulan bien entre sí, o contribuyendo en proyectos cuyo impacto sobre el proyecto de tesis es mínimo o nulo. El output de mi trabajo académico termina pareciéndose más a una red o una constelación de diferentes nodos con mayor o menor proximidad, que a un corpus articulado y consistente, un tótem de significado cuya expresión “material” es el proyecto de tesis.

En otras palabras: el trabajo en un proyecto de tesis o disertación presupone que existe una sola línea central, articuladora de todas las ideas y posibilidades. Está bien, esa es precisamente su propósito: evaluar la capacidad del investigador para comprometerse con los detalles de realizar un proyecto de investigación complejo y de gran escala. Pero ese propósito, en muchos casos, ya no es igualmente aplicable, con el mismo carácter de necesidad. No sólo mi propio proyecto de tesis crece desmesuradamente a medida que intenta introducir elementos de otros disciplinas, sino además comparar múltiples realidades geográficas e históricas. Pero al mismo tiempo me encuentro a mí mismo trabajando en múltiples otras direcciones: en los últimos meses he estado investigando sobre el uso de espacios urbanos como dispositivo narrativo en los videojuegos, conceptuando herramientas para fortalecer la literacidad científica, construyendo escenarios para la exploración de conflictos de identidad en videojuegos, explorando la operación y significación del pensamiento computacional, construyendo universos narrativos de ficción, o formulando narrativas para el diseño de videojuegos educacionales.

Y eso no termina realmente de agotar el universo de cosas que quiero seguir conectando o en las que me involucro. Aún así, quizás la mayoría de ellas tiene a lo mucho una conexión tenue con un sólo proyecto totémico, central. Desde la lógica de la tesis son, a lo mucho, notas al pie. Y me parece que en ello se pierde muchísimo valor y muchísimas posibles conexiones que podrían a su vez derivar en nuevas oportunidades y posibilidades de investigación.

Así que estoy procesando la idea de cómo concebir mejor este output académico, de manera que no sea un tótem unitario, pero no necesariamente pierda la consistencia y la interrelación. No quiero y no creo que mi trabajo de “tesis” sea una monografía extendida con introducción, desarrollo, conclusiones y bibliografía, porque no me alcanza para cubrir e involucrar todas las entidades que me parece están conectadas. El output es múltiple: es esa monografía, pero es también una serie de proyectos, o de “sondas” como las llamabas Marshall McLuhan – pequeñas o grandes exploraciones conceptuales y what ifs para entender mejor cómo operaban o podían operar ciertos procesos. Estas sondas son proyectos, son piezas de código, son productos audiovisuales, son diseños, son juegos, son historias, que no necesariamente contienen una sola narrativa central, sino que encierran múltiples posibles permutaciones de múltiples líneas argumentativas y exploraciones.

¿Tiene esto el mismo nivel de rigor académico que un proyecto articulado de disertación? No lo sé, y quizás no, no sea el mismo nivel de rigor. Pero evaluar este output solamente en términos de rigor es lo mismo que decir que el output sólo puede o debe ser un producto como la disertación. La pregunta es justamente por qué nuevas formas de valor puede generar la investigación académica y la educación superior, y cómo podemos sondear diferentes maneras de acceder a ese valor.

Complejidad económica y economías en red

Mapa ilustrando los niveles de complejidad económica a nivel global

Hace relativamente poco encontré el trabajo de Ricardo Hausmann (de la Harvard Kennedy School) y César Hidalgo (del grupo Macro Connections del MIT Media Lab) sobre complejidad económica, y se está convirtiendo en uno de los pilares sobre los que estoy armando mi actual proyecto de investigación (que está yendo más o menos en esta dirección).

Según el modelo que han desarrollado, las economías nacionales a nivel global pueden interpretarse como más o menos complejas a partir de un análisis de lo que producen – algunos productos son más complejos cuando requieren de un grado más alto de conocimiento disponible para su producción, y vice versa. Los productos en este modelo son entendidos en función al conocimiento y las habilidades necesarios para producirlos (sólo puedo producir turbinas de avión si en mi economía existen todas las habilidades necesarias para la producción de turbinas de avión), y la presencia de ciertas habilidades en una economía puede constatarse a partir de si dicha economía exporta cierto producto (si un país tiene exportaciones de turbinas de avión mayores a cero, entonces se sigue que en su economía están presentes todas las habilidades necesarias para producir turbinas de avión).

Pero las habilidades no mantienen una relación de exclusividad respecto a los productos que permiten producir – por ejemplo, hay cierto grado de similitud en las habilidades necesarias para producir una turbina de avión, y las necesarias para producir un motor de automóvil. Hay habilidades que comparten, y habilidades que serán particulares de cada uno. Eso quiere decir también que si tengo las habilidades para uno, me será más fácil iniciar la producción del otro. Lo cual en su análisis permite explicar por qué ciertas naciones han podido crecer mucho más rápido que otras al diversificar su economía y ampliar su capacidad productiva a partir de su universo de habilidades existente.

Hidalgo and Hausmann have found that GDP correlates pretty well with diversity of outputs, but it correlates much better with diversity of inputs. And the cases where the correlation breaks down could actually be more interesting than the cases where it holds, because they could indicate economies poised for growth. In 1970, for instance, the Korean economy had much greater diversity of inputs, according to Hidalgo’s measure, than the Peruvian economy; but Peru had twice Korea’s GDP per capita. Over the next 30 years, the relative diversity of inputs in the two countries’ economies stayed more or less the same, but by 2003, Korea had four times Peru’s GDP per capita.

A partir de esto se siguen varias cosas. Primero, que las economías de mayor complejidad  generan productos que enfrentan menor competencia porque existen menos economías con las capacidades para producirlos. Lo inverso es también verdadero: los productos de menor complejidad son los que enfrentan la mayor competencia porque las barreras de acceso son tanto más bajas. O lo que es lo mismo: el valor agregado es difícil de reproducir y, por lo mismo, genera retornos mucho mayores.

Segundo, que la adquisición de nuevas habilidades y generación de nuevos productos se vuelve continuamente más fácil para las economías de mayor complejidad. Dado que existe cierto grado de coincidencia entre diferentes productos, la capacidad productiva puede ampliarse continuamente incorporando las habilidades más próximas en el espectro productivo. La capacidad para producir turbinas de avión está más cerca, por ejemplo, de la producción automotriz que de la producción agrícola. Esta es una inversión que resulta mucho más difícil para las economías menos complejas, haciendo que la brecha en complejidad a lo largo del tiempo se vuelva cada vez más difícil de reducir.

Tercero, el grado de complejidad de una economía se vuelve también una medida de su resiliencia. Economías menos complejas tienen un universo de habilidades menor y por lo mismo menor capacidad para readaptarse ante cambios imprevistos en la demanda por sus productos. Economías más complejas, en cambio, sin volverse inmunes a los shocks económicos, tienen una mayor diversidad de habilidades que pueden realocarse en diferentes actividades productivas: por ejemplo, una economía capaz de producir software puedes más fácilmente readaptarse a otras áreas productivas (en servicios informáticos, procesamiento de datos, etc) que una economía dedicada principalmente a la exportación de recursos naturales. El caso del Perú es paradigmático en este sentido: aunque el boom del precio de los commodities ha permitido un crecimiento económico acelerado a partir principalmente de la inversión minera, un cambio repentino en esos precios (si, por ejemplo, el día de mañana se anunciara tecnología segura y accesible para la explotación minera de asteroides) afectaría profundamente la perspectiva de crecimiento de la economía y sería considerablemente difícil de compensar. (Alguien podría argumentar aquí que con más de $50 mil millones en reservas internacionales esto se podría amortiguar, en lo cual estoy de acuerdo, pero el hecho de tener un colchón de seguridad disponible no me parece argumento suficiente como para no contemplar las alternativas.)

Diversidad de las exportaciones peruanas, con data del 2008, según el Atlas

A través del Observatorio de la Complejidad Económica, han compilado un Atlas de complejidad económica que contiene no sólo las ideas principales que se ven reflejadas en el índice, sino hojas de datos para decenas de países formuladas a partir de su data disponible sobre productos exportados (dado que las exportaciones constatan la presencia de un producto, que a su vez constata la presencia de las habilidades requeridas para producirlo). Allí también consideran algunos de los límites de este modelo (por ejemplo, que está limitado por la data disponible a considerar solamente productos y no servicios) y lo comparan con otros modelos disponibles para rankear países. Existe también un paper disponible, “The Network Structure of Economic Output”, que detalla las ideas e implicancias centrales del modelo y contiene todo el aparato matemático utilizado para formularlo.

Identidad y modelos culturales en StarCraft 2

Otro proyecto en el que trabajé en el semestre pasado: la consigna era tomar una tecnología digital que pudiera utilizarse para la presentación de la identidad, e intervenirla críticamente, exponiendo los presupuestos bajo los que operaba y las maneras en las que esos mismos presupuestos podrían ser criticados o subvertidos. Mi grupo de trabajo escogió trabajar con StarCraft 2, precisamente porque estando dentro del género de la estrategia en tiempo real, no suele ser entendido como un juego que facilite o favorezca la expresión o performance de la identidad. Pero parte de nuestro análisis apuntaba a señalar precisamente que aunque esto no fuera una predisposición de la tecnología, no quiere decir que esta expresión no ocurra: tan sólo queda oscurecida detrás de otras capas a las que se les da mayor importancia.

El género de la estrategia en tiempo real en su conjunto trabaja sobre una serie de convenciones normalizadas: por ejemplo, que la legitimidad del conflicto representado rara vez es cuestionada, que la jerarquía de mando del jugador como comandante siempre es respetada o que las unidades individuales carecen en su gran mayoría de significado y son mayormente reemplazables. No se trata de que estas convenciones estén mal: simplemente representan la manera como el género ha ido estableciendo sus parámetros operativos.

A través de la construcción de un escenario personalizado para StarCraft 2, lo que intentamos fue exponer estas mismas convenciones de manera que resultaran evidentes para el jugador, y que esta exposición permita una apropiación crítica de las reglas mismas del juego. Pusimos mucho énfasis en la relación del personaje con sus unidades y con otros grupos de unidades en el terreno de juego: por ejemplo, en el escenario, que llamamos A Few Good Terrans, el jugador controla un sólo pelotón de unidades sin tener la posibilidad de reemplazarlas (pero con un médico capaz de curarlas). Si el jugador no cuida de estas unidades, parando regularmente para reagruparse, sus probabilidades de terminar el escenario exitosamente son muy bajas. Esto afecta directamente la dinámica de juego: el jugador pasa a estar condicionado a una estrategia más conservadora de preservación de unidades y minimización del conflicto, al mismo tiempo que esto permite incrementar el valor relativo de cada unidad individual.

Intentamos además imprimir mayor carga narrativa y personal sobre las acciones de las unidades – asignándoles líneas de diálogo en el transcurso del escenario, pero sobre todo, eventos en los cuales abiertamente se rehusan a cumplir con las órdenes del jugador, o abandonan por completo al pelotón. El objetivo de esta intervención no era sobreponer un tono moralista a la idea del conflicto y la guerra, sino simplemente relativizar todas las posiciones participantes al traer al frente los modelos culturales que están en juego y resaltar su contingencia: el jugador descubre que su causa y sus objetivos no son los únicos legítimos, al punto que al final del escenario recibe la posibilidad de cumplir con un conjunto de objetivos completamente diferente e incluso contradictorio.

El escenario está disponible para descarga en la página que creamos para el proyecto. Debo advertir, eso sí, que no pasamos mucho más de la prueba de concepto y que, aunque la mayoría de cosas que queríamos ilustrar está incluida en el resultado final, no está particularmente pulido como para ser una experiencia “normal” de juego. De todos modos creo que vale la pena porque ilustra no sólo cómo se pueden tomar convenciones dentro de géneros de videojuegos para un análisis más multidimensional del acostumbrado, sino también cómo un mismo juego o una misma tecnología puede reapropiarse de maneras que van contra su propio diseño e intencionalidad.

Es también un primer esbozo a lo que considero un proyecto más grande que estoy explorando: cómo se pueden utilizar videojuegos y simulaciones en escenarios de prevención, mitigación o resolución de conflictos – cómo pueden utilizarse para introducir a los jugadores en situaciones contraintuitivas que permiten desnaturalizar ciertos supuestos y posiciones, y tal como en el caso de A Few Good Terrans, representarlos más bien como cuestiones contingentes, históricas y sujetas a la discusión y la negociación.